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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Mensaje por Luna López el Sáb 09 Mar 2019, 06:44

6 de junio de 2012

She's Gone

Su espalda estaba encorvada, sus rodillas sostenían sus codos, y sus manos escondían su rostro en sombras. La luz fluorescente luchaba por filtrarse por la rendija entre sus dedos para descubrir la expresión que su rostro recelosamente escondía. Una enfermera corrió por lo largo del pasillo a toda velocidad al responder a un código azul en la habitación a su izquierda. Era el tercer aviso que la paciente en esa habitación se veía incapacitada a respirar y con cada episodio Luna sentía que perdía la batalla contra las lágrimas. Un médico pedía a gritos un desfibrilador mientras que un montón de estudiantes de medicina rebuscaban en sus cansados cerebros una manera para revivir la paciente una vez más. Las manos de Luna cayeron de su rostro descubriendo a una mujer cansada, pero que no cedía al llanto bajo ninguna circunstancia. Los ojos azabache de ella escanearon el suelo lustroso barriendo hasta la puerta a su lado aunque sólo llegara a ver el marco de esta. Sin percatarse de sus acciones, se levantó de la incómoda silla para arrastrar sus pies a la escena que ya imaginaba.

-Mandy...-

Una enfermera bloqueó la entrada a la habitación. Ella explicaba la razón por la cual Luna no podía estar presenciando la escena, pero las palabras no registraban ningún sentido cuando lo único que podía ver era a Amanda caer en el sueño eterno de la muerte. La propia voz de Luna ordenaba el personal como si tuviera algún tipo de autoridad. La enfermera tocó su hombro para sacarla, sólo para que Luna no tuviera que ser testigo, pero la morena se resistía. Un fornido enfermero se acercó para escoltarla de nuevo al pasillo, pero en cuanto sintió el tacto brusco del tipo Luna llevó sus manos a la cabeza para removerse a si misma. Se volvió para apartarse sin poder soportar más la visión de su amor allí tirada en una fría camilla llena de cables y manos desesperadas. Una fugaz mirada se le escapó en esa dirección captando el anillo de compromiso.

El suelo la recibió cuando cayó rendida contra la pared. Su rodilla volvió a dar apoyo a su codo y su mano regresó a su rostro en un desesperado intento de recuperar su compostura. El caos de los monitores le narraban la batalla contra la muerte, pero no indicaban que iban ganando. El pitillo del monitor que marcaba sus latidos continuaba constante. El róbotico sonido taladraba por los oídos de Luna hasta que se detuvo. Simplemente se detuvo. Luna levantó la mirada a la puerta esperando que una de las tantas personas en el interior saliera a dar una noticia. Una mujer de coleta negra se acercó a Luna mientras desenmascaraba una mueca de tristeza y compasión.

-No...- murmuró levantándose del suelo como podía con las pocas fuerzas que tenía. Las lágrimas escocían sus ojos. -¡No! ¡Haga su maldito trabajo!- explotó la mujer empujando al personal alertando a todos. Una enfermera captó su acento y, pensando que hablarle en su lengua natal la haría entrar en razón, se dirigió a ella. -¡Es su jodio trabajo! ¡Dejen de estar jodiéndome a mi y vayan a salvarla! ¡Puñeta! ¿Hablan chino?- la rabia, la pena, la pérdida, todo se juntó en el pecho de Luna. Empujó a varias personas que parecían ignorarla hasta que sintió una molesta presión en su brazo.

* * *


Una pesadilla... Era una pesadilla.

Un tintineo le perseguía. Quería moverse, pero Mandy la sostenía. Luna levantó sus párpados en busca de Mandy, la luz fluorescente de las lámparas del techo lastimaron sus sensibles pupílas. El reflejo ante esa incómoda sensación fue rascar sus ojos. Tintineos. Se forzó a mirar la razón por la cual no podía alcanzar sus ojos para ver una pulsera metálica atándola a la camilla. Toda la pesadilla inundó su mente, la revivió en un segundo, y sólo pudo gritar rompiendo en llanto. Una eternidad pasó antes que las lágrimas se controlaran, pero al final dejó de llorar. Una enfermera entró luego que diez minutos de silencio pasaran.

-Yo...-

Era la misma que intentó calmarla en su pesadilla. Ella guardó silencio entonces para avisar al sujeto de seguridad que soltaran a la miserable mujer.

-Lo siento mucho...-

-Yo también...-

La enfermera se volvió para marcharse.

-Le pedí que se casara conmigo... Lo hice en San Juan... Antes de ir pa'l aeropuerto se lo pedí. Yo... eh...  - suspiró para no llorar. -no entiendo nah... Yo no sé qué hice... Yo no sé...-

La enfermera se había sentado a su lado.

-No es culpa tuya, bonita. Cosas así suceden y no tiene sentido martirizarse. Sólo llora... así se cura esto.-
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Mensaje por Luna López el Jue 14 Mar 2019, 23:39

DOS SEMANAS DESPUÉS

Troublemaker

Luna reposó sus codos sobre el mostrador exhalando un suspiro para controlar su creciente irritación. Su frágil paciencia se tambaleaba con cada segundo que malgastaba con Jessica, la secretaria, que sólo servía para repetir que Mark estaba ocupado a esas horas y escribir en su teclado. La mirada oscura, opaca, y cansada de Luna se clavó en la mujer detrás del monitor cuando sus manos abandonaron su rostro y se plantaron con un golpe contra la superficie del mostrador. Las siguientes palabras fueron pronunciadas despacio y con cuidado, ya que la mecha de su explosivo humor estaba en candela. -Debo hablar con Mark en este mismo instante. Estoy perdiendo mi tiempo explicando una y otra vez que debo verlo. Necesito verlo ya, Jessica.- Los ojos azules de la secretaria titubearon bajo la intensidad de las palabras y poco a poco descendieron hasta sus dedos adornados con uñas rojas sobre el teclado. Entonces fue Jessica quien suspiro resignada a molestar nuevamente a su jefe y puso la mano sobre el teléfono antes de que sonara y lo respondiera casi por reflejo. Luna bajó la cabeza poniendo su frente en el mostrador mientras su pie inquieto golpeaba el suelo en lo que esperaba que la secretaria acabara la llamada.

Tres largos minutos transcurrieron hasta que Jessica volvió a prestar su atención a la mujer adelante. Luna levantó la vista a la rubia con ciertas esperanzas de que la escucharían y observó como marcaba con sus largas uñas el número de Mark. Un leve golpe al mostrador señaló contentura de parte de la latina y esta se alejó unos cuantos pasos con su audición enfocada en la comunicación de detrás del escritorio. Esa llamada no tardó demasiado, quizás unos 30 segundos en los cuales Jessica sólo asentía verbalmente. La secretaria se despidió y como si llamara a Luna por su nombre esta reapareció delante del mostrador.

-Lo siento... Está ocupado, pero puedes dejar un mensaje.-

La paciencia de Luna se derrumbó en ese instante.

-¿Un mensaje?- Luna soltó un bufido incrédula ante el descaro. -¡Claro! Sí, quiero dejarle un mensaje.-

Jessica tomó un bolígrafo de una taza para escribir la nota, pero la desconfianza era obvia.

-Dile a Mark: "Eres un maldito cobarde sin huevos que se esconde en su oficina y se pone a inventar excusas baratas para no darme la cara. Lamento que mi inesperada renuncia hiriera tus frágiles sentimientos de mierda, y es más, mi propósito de esta visita era reinstalarme en mi antiguo trabajo, pero ya que ni siquieras tienes los cojones de verme puedes meterte el puesto por el- -

-López.-

La cadena de obscenidades se rompió con la gruesa voz de Mark Shuffer. Otra persona hubiese sentido los colores subir a su rostro, pero Luna sólo se volvió al hombre con aire desafiante.

-Jess, puedes borrar el mensaje.- dio un golpecillo con sus nudillos sobre el escritorio de ella. -¿Podemos hablar ahora, Mark?-

El hombre debía tener una gran paciencia pues hizo un ademán para que pasara a las oficinas traseras. Luna encontró su oficina sin problema y se instaló en una de las sillas adelante del escritorio de Mark cruzando su pierna. Mark entró y cerró la puerta para tomar su trono detrás del escritorio con una expresión severa.

-Quiero mi puesto de vuelta.- espepitó la mujer sin titubear.

-No.- respondió el mayor.

-¿Porqué? Puedes revisar mi expediente, es excelente. ¿Cuándo te he fallado?-

-Ahora mismo, Luna. Eras una excelente agente sin duda alguna, pero estás fuera de control. No te regaño, para eso debes tener un padre y efectivamente no soy yo, pero ¿estás siendo consciente de cómo actúas? No quiero ningún agente así aquí. - tomó una pausa para ceder la palabra a la mujer, pero esta no dijo nada por lo que prosiguió. -Estoy al tanto de lo sucedido, el porqué renunciaste, y puedo decir que lo comprendo. No es fácil lo que pasó y entiendo como trabaja la culpa, Luna. Iba a darte tu puesto de vuelta en cuanto estuvieras preparada, pero luego sucedió esa otra tragedia y mis peores miedos fueron confirmados aquí y ahora. Luna estás mal, herida y triste... pero insultando el mundo no se resolverá tu problema. No te dejaré trabajar si no vas a terapia y buscas ayuda. Puedo renovar tu contrato, pero irás a un psicólogo o psiquiatra. -

Luna observó a Mark. Era viejo, quizás sabio, pero estaba colmando su paciencia.

-¿Es un trato?-

La mujer se levantó de su asiento sin pronunciar nada. Mark pensó que era para cerrar el trato con un apretón de manos, pero se sorprendió al verla darle la espalda. Llevó su mano a su espalda para verla caminar hasta la puerta, abrirla, y detenerse para mirarlo.

-Váyase a la mierda usted y sus psicólogos.-

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Mensaje por Luna López el Miér 27 Mar 2019, 00:09

Octubre 1999

First Kiss
El portón que daba a la cancha de la escuela estaba cerrado con un pesado candado imposible de romper a pesar de lo viejo que lucía. El óxido estaba adherido a su piel gris dando la falsa impresión que con una roca podría ceder, pero Luis iba por el tercer golpe y aún seguía firmemente cerrado. El pequeño grupo de jóvenes perdían la esperanza de escapar de clases para jugar en la quebrada que se escondía detrás de la escuela. Luis dio un cuarto golpe que hizo que uno de los maestros de primer grado se asomara por la puerta frunciendo el ceño al ver la pandilla sospechosamente cerca del portón. La piedra fue arrojada a la tierra en cuanto el maestro dejó de estudiarlos con la mirada y aquello fue el punto final a la misión de escape. Nashalie se sentó en el suelo junto a Kiara y Luis agitó el portón con frustración en lo que Javier y su hermano planificaban otra ruta de escape.

Cada minuto que esperaban por que uno de ellos tuviera una gran idea era un minuto perdido. En cuanto el timbre que diera fin al recreo sonara, todos ellos serían prófugos de la justicia educativa y su sentencia sería una llamada a sus padres. Las esperanzas iban muriendo cuando Víctor, Nadia, y Luna regresaron con una expresión heroica en sus jóvenes rostros. La chica del medio apretó el paso pues la emoción no le permitía guardar el secreto un minuto más y al plantarse adelante del grupo de amigos sacó las llaves del conserje del bolsillo de su uniforme. Nadie se detuvo a cuestionar cómo lograron aquello, sino que cedieron el paso a la joven bajita para probar cuál iba a abrir el candado. Sólo bastó dos intentos para que el candado cediera y la manada de estudiantes fugitivos cruzaron sin mirar atrás.

Al otro lado del portón, una larga rampa serpenteaba colina abajo. Al final de la rampa, un estructura rectangular se erectaba para dar lugar a un par de baños y un gran salón de educación física. Delante de allí la cancha de baloncesto con un set de bleachers yacía desierta. En otro momento, la manada de estudiantes se hubiera ido allá a correr y fastidiar, pero la idea que tenían en mente era más emocionante. Luis fue el primero en saltar la baranda de seguridad de la rampa seguido por el par de hermanos, Nashalie, Víctor, y Kiara dejando en la retaguardia a la joven deportista y la "modelito" del salón.

Luna cedió el paso para que Nadia saltara la valla, pero ella era lo opuesto a una muchacha ágil y aventurera y se preocupaba demasiado porque su falda se levantara. Los otros se perdieron en el matorral para no malgastar más de su tiempo ya que llegar a la quebrada tomaba unos diez minutos. Nadia se tardó un poco, pero al caer al otro lado pudo ver la sonrisa divertida de su acompañante.

-¿Qué?- dijo con cierta actitud aunque entre risas ligeras.

-Lindos calzoncitos de flores.- respondió Luna cruzando la baranda sin problemas y recibiendo un golpecito en el hombro cuando llegó al lado de la morena de cabello largo.-Vamos... estamos atrás.- añadió Luna para descender la cuesta en dirección al denso matorral de árboles y arbustos. La más alta alcanzó unas ramas para apartarlas y se asomó sobre su hombro notando que Nadia no se movía. -¿Ahora qué?- arqueó una ceja al verla nerviosa.

-¿Hay iguanas? Ya sabes... de esas grandotas.-

Luna la miró sin poder creerlo.

-Sí y serpientes y culebras y probablemente veas el chupacabras.- su sarcasmo sirvió para calmarla y se acercó dudosa como un cachorro que recién regañaban para tomar la mano de Luna, la cual de pronto sufría el raro síndrome del tomate.

Las jovencitas se adentraron entre los árboles. Luna espantaba animales con una vara que había encontrado mientras que Nadia apretaba su mano al punto que, a no ser de su inhabilidad de sentir aquello, sentiría dolor. Las sombras de los árboles escondieron el rubor de las mejillas de la aventurera. El trayecto iba en orden siendo el único ruido audible sus pasos sobre las hojas muertas, o al menos así iba hasta que un grito desgarrador casi mató del susto a Luna.

-¡¿Pero qué rayos te pasó?!- gritó Luna volteándose a Nadia que la apretaba aún más.

Al darse la vuelta, Luna vio a Nadia perder el color del rostro.

-Cre-o... que... tengo... al...go... en-ci-ma...- dijo muy despacio mirando impulsivamente sobre su hombro. Luna miró aquello sobre su hombro y agitó levemente su mano para que la soltara. La jovencita más alta se acercó un poco a Nadia, con cautela, no iba a asustar lo que descansaba en su hombro. Nadia apretó los ojos. Luna aprovechó para dejar que su seria expresión se quebrara en una sonrisa, pues no quería ceder a la risa, y quitó del hombro de su amiga la hoja que había caído para esconderla en su mano. -Ya está...-

Nadia abrió los ojos como si las palabras de Luna la hubieran descongelado.

-Ya...- se quejó al ver la mano cerrada de la otra. -¡Aleja eso de mí, ponlo por allá o algo, Lu!-

Luna rompió en risas al abrir su mano para enseñarle la gran amenaza que era la hoja seca. La otra estaba aliviada, pero se sentía como una tonta, y empujó juguetonamente a Luna que aún se reía. Ambas estaban riéndose de lo ocurrido avanzando de poco a poco ya que se lanzaban hojas y piedritas. El agua de la quebrada se escuchaba entonces y Luna dejó los juegos para avanzar, pero Nadia seguía molestando. De pronto, un quejido hizo que Nadia se callara de una vez.

-¿Ahora qué te pasa?-

La otra estaba en el suelo. Sin duda que aquel corto viaje a la joyita era toda una aventura de Tolkien para Nadia. La levantó para caminar los pocos metros que faltaban hasta que llegaron a su destino, sólo que para entonces el grupillo ya no estaba. Luna suspiró al suponer que ellos bajaron por la quebrada en busca de los charcos más hondos para nadar, pero ella se negaba a llevarse a Nadia por esa ruta por lo que se sentó sobre una piedra.

-¿Ya se fueron?-
-Debieron ir a los charcos joyita abajo. -

No fue buena idea ser honesta con ella. La más baja insistió en seguirlos sin pensar que la ruta podía ser aún peor. Luna negaba con la excusa que estaba cansada, pero la otra cruzaba la línea de insoportable cuando se fijaba en algo. El agua del pequeño riachuelo empezó a salpicarle a Luna por culpa de Nadia. No se tardaron en ceder al juego de chapoteos y la presencia de sus amigos no fue tan importante. Acabaron sobre una roca reviviendo la broma de la hoja, lo cual parecía que sería su chiste interno. La risa en algún momento se cansó de flotar por el aire para dejar que el agua susurrara sus secretos.

A simple vista ellas dos eran tan diferente. Nadia se había desarrollado demasiado rápido contando entonces con una presencia casi de una mujercita que la hacía la chica más codiciada entre los chicos, pero Luna era la deportista que practicaba boxeo y a pesar que su cuerpecito estaba creciendo había algo en su forma de ser que dejaba fuertes rasgos masculinos. Quizás era su crianza entre muchachos con tantos hermanos, pero así era ella. Nunca hubiese pensado que algo mal había en ella, en su forma de ser, en sus gustos, hasta que la amigable mirada de Nadia cambió a una de asco cuando Luna se atrevió a poner un beso en sus labios.

Después de ese día, todo cambió.
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Mensaje por Luna López el Vie 05 Abr 2019, 18:54

Octubre 1999

Aftermath
El coro de burlas aún la perseguía remendando esas heridas invisibles a lo largo de la caminata a su hogar. Luna subía la cuesta con la mochila encima de su hombro cansado que debía estar adolorido si no fuera por su rara condición que le prohibía sentir esa supuesta desagradable sensación. Sin embargo, esa condición no adormecía el dolor que no fuera físico por lo que eso que sentía crecer en su pecho continuaba carcomiéndole despacio. Esa sensación que crecía en el centro de su pecho era una mezcla de humillación, rabia, y tristeza, cosas que la joven Luna desconocía hasta aquella tarde. Apesar que desconocía el significado de todos los nombres que fue llamada, sabía en sus entrañas que estaba manchada por un suceso que fue distorsionado por el beneficio del drama. La rabia era cultivada por la impotencia que sentía la joven boxeadora de no poder explicar lo sucedido exactamente como había sucedido. Luna quería desbaratar las mentiras que orbitaban alrededor del simple beso que hubo entre Nadia y ella, pero ¿Quién iba a creerle a "la pata esa?"

De pronto, Luna era algo extraño en la escuela. No era deportista porque le agradaban los deportes, sino porque es algo que un niño hace. Esa lógica irracional era la explicación para justificar su cabello corto y despeinado, su despreocupada forma de ser, su amor por la aventura, y su inhabilidad de encontrar muchachos guapos. Estudiantes y maestros, por igual, consideraban que Luna estaba infectada con algún trastorno mental que explicaba el porqué a ella le gustaban las chicas. La situación comenzó con rumores, cuchicheos, y risillas, pero acabó en burlas las cuales los adultos preferían ignorar pues Luna "lo merecía."

Luna era demasiado joven para entender el problema entero. Ya había experimentado parte de la gravedad que era la rechazo de los que una vez la quisieron como su amiga y compañera de clases, pero no sospechaba que un simple toque de labios iba a afectar su familia. Al llegar a su hogar esa tarde se dio cuenta que su madre y padre la esperaban en la sala de la casa con expresiones severas como si esa jovencita de trece años hubiese cometido una falta imperdonable. Su madre la trató con cierta suavidad pidiéndo que se sentara en el sofá anunciando que gritos y lágrimas estaban por venir.

- Mrs. Perez llamó hoy porque le preocupaba lo que escuchó decir de ti, Luna. ¿Sabes de qué se trata? -

Luna, atrevidamente, negó.

-Luna, nos contaron que pasó algo entre tú y una compañera. -

Las palabras se negaban a producirse en la boca de Luna. Un confuso conflicto nacía en ella al no ver aquel beso como una falta tan grave, pero a su vez no se atrevía a admitirlo pues su instinto le decía que le regañarían. Luna era terca cuando se proponía algo y se había propuesto guardar silencio ante esa interrogación. Luis, su padre, corto de paciencia se marchó para dejar que su madre manejara la situación. Ella comprendía la situación aunque dudaba que su pequeña hija se atreviera a comportarse de manera indecente como los distorsionados rumores proponían. Como madre sospechaba que su pequeña niña no estaba interesada en conseguir un príncipe azul, lo suponía desde que la encontró admirando modelos de revista con tan sólo diez años. Aquel beso con la compañera de clases era de esperar, sin embargo, su madre rezaba que sucediera un poco más tarde en su vida... sólo para evitar las burlas y nombres.

La confianza que su madre le ofreció sirvió para que Luna aceptara la verdad. Pero vaya el momento en el que lo hizo, su padre entraba justo cuando su cabeza se agitaba. El hombre avergonzado por los actos de su hija, no se contuvo y abofeteó su mejilla.

Eso marcó la tensión que llevaría a Luna a marcharse lejos de esas personas.
Esa bofetada la dejó sin un padre y con una madre que se esforzaría en cambiarla, algo que sería imposible.
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Mensaje por Luna López el Miér 01 Mayo 2019, 03:03

Marzo 5, 2012

....
Una nube de humo espeso se concentró en el rostro del ruso que forcejeaba contra la indestructible cinta adhesiva. La densa cortina gris lo cegó por un cruel instante. Dmitri esperó ansioso que el dolor llegara, pero sólo cuando su guardia tomó un descanso fue que el cigarro siseó contra la piel de su frente. Se retorció, gritó, y suplicó hasta que Luna retiró el cigarro de su piel lastimada. Para entonces, el humo se había dispersado y la sonrisa ladina de la mujer se pudo ver. La latina suspiró borrando esa sonrisa sádica de su rostro en lo que rebuscaba en el bolsillo de su chaleco una bolsa plástica para guardar el aromático cigarro. Dmitri se recuperó más rápido de lo esperado para escupir insultos en su lengua natal que sólo hicieron que Luna soltara un bufido mientras que sus dedos doblaban la pequeña bolsa para guardarla en su bolsillo.

-Calma.- Luna pronunció en ruso para que Dmitri comprendiera. El hombre atado se sorprendió que la mujer de adelante supiera su lengua y no reaccionara a las obscenidades que dijo. -No es personal así que no te preocupes en buscar una razón para todo esto.- Luna continuó con una serenidad perturbadora. Ella caminó por la pequeña habitación hasta llegar al maletín sobre la mesa redonda en la esquina. Dmitri no entendió sus palabras. No tenía contexto suficiente para entender a qué se refería aquella misteriosa mujer. -¿Qué prefieres?- preguntó la mujer que miró sobre su hombro por encima de sus lentes de espejo.

Dmitri jamás pensó tener miedo de una mujer, pero aquella era una excepción. Luna se volvió recostando su peso sobre la pequeña mesa de madera para poner una sonrisa en sus labios que no debía estar allí. -No es personal, Dmitri. Debo matarte de una manera que parezca que lo hizo uno de tus asociados italianos. ¡Si fuera por mi, te disparaba en la frente con un silenciador y listo! ¿Porqué deben ser tan creativos? ¿Porqué sacar ojos, quemar con cigarros, cortar lenguas, orejas, y partir huesos si al final los van a matar? ¡Doy punto al sadismo! Pero... hace complicado mi trabajo...- Luna se acercó a Dmitri y se acuclilló adelante a una distancia que podía ver parte de su cráneo en su quemadura. -Entonces, elige: te corto la lengua, corto la garganta o te saco un ojo e improviso un poco.-

-Hay una llamada para ti.-

La voz apareció de la nada por el pinganillo de Luna.

-Estoy ocupada ahora.- habló en inglés esta vez.
-¿Cuál es el estatus?-
-Casi termino. ¿Atiendes mi llamada y les dices que respondo en diez minutos?-
-Entendido.-

Luna suspiró de manera pesada. Ya no había tiempo para darle a elegir a Dmitri si quería morir de una manera u otra. Ella regresó al maletín para rebuscar entre sus cosas otra bolsa que contenía una navaja. Con cuidado sacó la navaja, la abrió y se dirigió al ruso con una mueca que decía que era una lástima pero su tiempo acabó. El ruso esperó sentir su garganta abrirse, pero sólo sintió la suave textura de los guantes de Luna sobre su ceja cuando esta intentó abrir su ojo. No supo cuál era su plan hasta que la navaja cortó la visión de ese ojo. Ella dejó que sufriera un instante, esos químicos que el cuerpo producía ante el estrés debían estar presentes en la autopsia. Unos minutos pasaron antes que la navaja actuara de nuevo esta vez en su cuello.

-Pasa la llamada.-

Luna fue a construir la escena. Ella dejó el cigarro con el ADN del mafioso italiano sobre el cenicero y la navaja con las huellas dactilares debajo de la cama. La llamada se tardó lo suficiente para que ella acabara de montar su escena, pero finalmente la voz llegó desde América. Un espejo capturó el cambio en Luna... Su rostro relajado marcó sorpresa ante la tragedia narrada en su oído. La pena se endureció para darle las fuerzas para moverse y salir de esa habitación que la sofocaba. Ella avanzó a toda prisa con largas zancadas al vehículo acordado, pero ordenó al chofer ir a la pista de aviones para regresar. Mark no se enteró de ese inesperado cambio hasta que Luna apareció en América esa noche.

De camino al hospital, Luna respondió la llamada de Mark.

-Renuncio.- fue lo único que dijo antes de cortar la llamada y apagar su móvil.

Luna dejó su trabajo sin pensarlo dos veces. Ella sólo hizo lo que su instinto proclamó correcto. Luna sólo partió al hospital, cruzó cuanto pasillo había para encontrarla, y cuando lo hizo sostuvo la máscara que le evitaba llorar con fuerzas.

-¡Cariño, estoy aquí!- Luna se quitó el chaleco para saltar a la estrecha camilla para abrazar a Mandy. -Ya estoy aquí, mi vida... Estoy aquí y no pienso ir a ningún lado. Nunca más. Dios...- plantó un beso en la frente de su novia y otro en sus labios. -Lo siento, Mandy... Debí estar aquí... Pero prometo que no iré a ningún lado. Estaré aquí para ti y te cuidaré... - susurró apretándola con sumo cuidado contra su pecho.

-Moony... estoy bien. Estoy viva. Es suficiente para mi. Aunque creo que deberé cambiar de profesión.-

Amanda sonrió.

-Te amo, Mandy...--
-Yo lo se... no me sofoques.- ella soltó una risita.

¿Cómo podía reír en esa situación?

-También te amo, nena...-

Luna acarició su rostro dándose cuenta allí que si esa mujer le faltaba alguna vez ella moriría. Amanda era su felicidad. Amanda era todo para ella.
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Mensaje por Luna López el Jue 16 Mayo 2019, 16:38

Mayo 17, 2012

Answer the question

-Vamos a llegar tarde, Mandy.-

Luna puso sobre la cama la maleta rosa de Amanda para aplicar presión contra la ropa para poder cerrarla.

-¡Tenemos media hora para hacer checkout, Amanda!-

El pequeño candado se cerró para aprisionar el montón de ropa y chucherías dentro de la maleta. Luna se alejó de la cama del hotel para asomarse en el baño donde Mandy estaba dando sus últimos toques a su maquillaje. Los hermosos ojos caramelo de Mandy se encontraron con la mirada ansiosa de Luna en el espejo, pero en vez de mostrar prisa ella le sonrió con el labial entre sus dedos. Luna entró al baño sin contener el impulso y puso un beso en su mejilla sacándole unas risas antes que fuera a revisar la habitación por tercera vez. Rebuscó por las almohadas, las gavetas, la mesa de noche, y aseguró de llevar todo lo que trajo para vacacionar. El reloj marcaba un poco más de la mitad de las diez obligando a Luna a apurar a su novia.

-Amor, recuerda que quedamos con Emma y Frank. Nos esperarán en San Juan para entretenernos hasta que sea la hora del vuelo y son casi dos horas de viaje sin tráfico.- Luna puso su peso en el marco de la puerta con sus brazos cruzados sobre su pecho. Amanda asintió apresurando su tarea. El montón de maquillajes hicieron ruido a medida que ella sacaba un producto y arrojaba otro en la cartera. Se tardó unos cinco minutos, pero se dio la vuelta en su silla luciendo radiante. Luna se quitó del medio para dejarla pasar, se adelantó para tomar el bulto violeta en su hombro. Mandy exclamó con un susto llamando la atención de Luna que se volvió para ver el bolso de maquillajes en el suelo derramado.

-¡Lo siento! ¡Se me resbaló!-

Luna dejó la mochila en la cama para agacharse adelante de Mandy. No se tardó en poner todo en su sitio robando un beso a la rubia antes de levantarse para quitarle esa expresión de culpa por eso.

-Lo pondré en la mochila, ¿Si?- Ella asintió.

Salieron del hotel ponceño justo a tiempo para cargar el carro rentado con sus pocos motetes. Luna manejaba y Amanda se dedicaba a tomar fotos del último día en Puerto Rico. Comieron en el carro para no perder tiempo. Amanda se conformó con una avena mientras que Luna comía frituras con una malta.

-¿Cómo puedes comer eso a esta hora?-
-¿Qué tiene de malo?-
-Es tanta grasa... te va a irritar...-
-Pfft... Aquí se come así. Tu eres sensible.-

Ambas rieron y se acabaron su desayuno para subir a la autopista. Mandy tomaba fotos de las montañas, serros, y cada iguana que veía. Ella también tomaba fotos de Luna mientras manejaba. Una vez llegaron a Caguas, Luna pudo respirar porque estaban cerca. Esa era el comienzo de la zona metropolitana de la isla, donde ya no habían jíbaros y las empanadillas eran llamadas pastelillos. El gran debate. No se detuvieron hasta llegar a la capital donde las calles rotas no faltaban pero las estructuras estaban mejor cuidadas. Llegaron a las entradas de un club, La Respuesta, donde esperaban los dos hermanos de Luna para despedirla. Se bajaron en las calles de San Juan para saludarse. Caminaron por el lugar charlando de cosas de poca importancia antes de llegar nuevamente a La Respuesta. Esta vez entraron al local que era de la novia de Frank.

Eran las dos de la tarde y La Respuesta tenía un ambiente casual. No se servían bebidas fuertes a esa hora ni ponían música para bailar en la pista. A esa hora, La Respuesta daba una oportunidad a los bohemios para dar un poco de su arte. Luna y Amanda con Emma y Frank se sentaron en una mesa cerca de la tarima para gozar unas dulces piñas coladas. Amanda no tardó en revelar la nueva profesión de Luna y sus hermanos la obligaron a sumarse a aquellos bohemios en la tarima. La mujer de flanel y tatuados brazos tomó la guitarra para cantar una canción original. Se tardó en vencer los nervios de cantar adelante de extraños, pero en fin de eso se trataba la vida ahora. No esperaba ganarse la vida con la música ni convertirse en famosa, sólo ganar lo suficiente para no agotar los ahorros tan rápido. La primera canción acabó en poco tiempo y la clientela pidió que cantara otra. Luna se notó nerviosa ante esa inesperada aceptación, pero Amanda lanzó un beso en su dirección haciendo que ella se decidiera a qué cantar.  

Luna comenzó a cantar una melodiosa canción son la ayuda de la guitarra que apenas usaba para esa actuación. Dejó el instrumento colgar de su cuello para tomar el micrófono entre sus dedos cantando de manera íntima aquella canción que Amanda desconocía. Luna señaló a la rubia que se tornó tan roja como tomate cuando se fijaron en ella. Sin darse cuenta, el momento que buscaba se dio. El último verso fue cantado dejando que los aplausos interrumpieran la serenata que daba a su mujer.

-¡Esperen, esperen!- dijo al micrófono y al público. Hubo un silencio expectante. -Esa canción era para mi novia, Amanda. Ahora tengo una pregunta para ella... ¿Ustedes tienen idea de qué puede ser?- Luna era carismática con el público y ganaba su atención. Ellos gritaron como respuesta, una porra, y Luna rebuscó en su bolsillo la cajita que cargaba a todos lados.

-Sé que ando en Puerto Rico, pero mi nena es gringa. La pregunta va en inglés, ¿Okay? ¡Dale!-

Luna se bajó de la tarima para correr a Amanda.

-¿Quieres ilegalmente casarte conmigo?-

El matrimonio del mismo sexo no tenía valor en ese país ni en Estados Unidos, pero no importaba.

Amanda escondió su rostro en sus manos al no poder soportar el rubor. Ella asintió suave y descubrió su rostro,

-Pídelo en español.-
-¿Quieres ser mi esposa?-

Hubieron porras a favor.

-¡Sí, idiota!-

Hubieron más porras y una ronda de tragos por la casa. Luna se comió a besos a Mandy mientras ponía el anillo en su dedo con la promesa.

-Quiero una boda con dos vestidos de novia...-
-Puedes cambiarte luego de la ceremonia, claro.-

Luna primero iba a caer muerta antes de ponerse un vestido. Ella se sentó en las piernas de su chica para ser tan empalagosa como siempre celebrando con todos esos desconocidos que se sumaron al compartir. Ese día fue el más feliz para Luna.

La calma antes de la tormenta.
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Mensaje por Luna López el Mar 04 Jun 2019, 03:48

Junio 8, 2012

Final Goodbye

La campanilla sobre la puerta sonó llamando la atención del joven recepcionista que se apresuró a detener la mujer de negro con la excusa de que estaban cerrados. Luna ignoró las palabras del muchacho atrapado detrás de un escritorio. El recepcionista miró a su padre, el dueño, quién negó dando permiso a la adolorida mujer pasar a la sala cuatro. Luna no se percató de la escena que dejó atrás porque debía concentrarse en no dejar correr libre las lágrimas, si era que aún tenía. Los episodios de llanto eran tan largos y tan frecuentes que era imposible que sus rojos ojos soportaran otro, pero para eso llevaba en el vodka.

La cuarta sala no era más especial que las otras, pero estaba al fondo de la funeraria. Esta sala poseía el mismo tapizado rosa viejo en las paredes que el resto y la misma alfombra gris. Tenía un montón de sillas de madera oscura en fila adelante de un ataúd blanco que brillaba por el barniz. Rosas rojas adornaban el lugar, sólo rosas rojas porque eran las favoritas de Amanda. Luna dio un trago a la botella plástica de agua que contenía alcohol cuando sintió su mirada arder tanto que necesitó un poco de coraje líquido. Ella se acercó por entre las sillas como un espectro condenado a revivir su peor momento. Luna llegó al lado del ataúd dónde Amanda descansaba en su vestido favorito que era negro y tenía un largo escote que daba espacio suficiente para llevar el rosario de plata que Luna le regaló alguna vez. Su novia tiró de una silla, se sentó, y dio otro largo sorbo del vodka y una sonrisa amarga apareció en su rostro.

¿Recuerdas que me preguntaste cosas que no respondí ese día?

Nadie estaba allí para escucharla excepto Amanda, o el cuerpo de esta. Luna dio un trago final a su bebida hasta que drenó el contenido.

Siempre fuiste mejor que yo y nunca comprendí porque me elegiste a mí. No lo comprendí porque eras tan sensible, dulce, y cariñosa mientras que yo tenía tantos esqueletos en el armario que eran obvios. — Luna suspiró. —Me preguntaste si extrañaba mi trabajo y te mentí, pero lo supiste de inmediato. Lo extrañaba mucho. Lo hago aún. No quería aceptarlo porque mi deber era asesinar esos que el gobierno deseaba fuera del tablero. Treinticinco bajas confirmadas. Dormías junto a una asesina en serie o peor... No quería que supieras eso de mi. No queria que pensaras que sería capaz de dañarte o que me temieras. — Luna bajó la mirada. —Por eso sentí tanta culpa con el accidente, porque creí que era el mundo haciéndome pagar por algo que tú no tenías culpa. Quizás así es... Y me odio, ¿Sabes? Me odio porque debí estar demasiado ocupada mirando hacia otro lado y no vi las señales... no escuché cuando eso debía hacer. —  

Luna rompió en llanto. Sólo podía llorar. Sólo eso.






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