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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Viejos recuerdos

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Mensaje por Jacqueline Hale el Miér 27 Mayo 2015, 17:30

Jacqueline Hale


14 de Enero de 2008 - Raccoon City.
Me arreglé como mejor pude, el pelo recogido, un vestido negro sencillo y elegante con unos tacones a juego ni muy llamativos ni tampoco de aquellos que daban asco ser mirados, en realidad un buen conjunto para la ocasión. Odiaba aquellas cosas, pero sabía que siempre una buena impresión era imprescindible, por que la gente de la agencia se molestara en decir que era falso, no me había caído de ninguna parte, sabía que esas cosas seguían llevando. Avancé por la oficina dejándome ver por toas esas miradas que me analizaban como si fuera un bicho raro, o tal vez como si en su vida jamás hubieran visto a una mujer.

- Tome asiento señorita Bay... - era tal vez una de las primera veces que me llamaban por mi verdadero nombre en un despacho, sonreí, de forma forzada, no me apetecía sonreír, pero simulé bien lo que de verdad pasaba por mi cabeza y esa sonrisa pareció sincera. - A ver... - el tipo comenzó a rebuscar información en sus carpetas hasta que finalmente dio con aquello que buscaba. - Seré breve señorita Bay, me temo que le han rechazado la ciudadanía estadounidense y lo cierto es que no lo entiendo, recuerdo que me sorprendió mucho verlo, pues... es usted ejemplar según sus informes, no ha cometido ningún delito, su familia no tienen antecedentes... - me perdí en sus palabras cuando dijo que había sido rechazada, daba igual que aquel tipo siguiera hablando, yo no le prestaba atención, me quedé allí agarrando fuertemente mi bolso que se encontraba sobre mis rodillas. - Podríamos presentar un recurso, puede que se hayan equivocado, es que no lo entiendo, debería haber sido coser y cantar... - me puse de pie de golpe, él se sorprendió.

- No... Da igual - Empecé a negar pero tal vez más seria que nunca, no quería derrumbarme allí, él insistió en que posiblemente hubiera habido un fallo, yo sabía que no había sido así, cierta gente no me quería en su país, seguramente la Agencia, o tal vez mi propio país se hubiera metido en ello y no quisieran que me largarse, pero volver a Londres no era un opción. - ¡Señorita Bay! - exclamó el tipo desde la oficina cuando yo ya me largaba de allí. - Deberá marcharse en una semana entonces, ¿lo sabe no? - me preguntó él, claro que lo sabía, así que asentí y salí a toda prisa de aquel lugar, bajé las escaleras con los tacones en la mano y cuando por fin salí a la calle respiré hondo con fuerza, pensar en regresar a Londres me revolvía el estómago, los recuerdos volvieron, los golpes, los gritos, negué, no iba a volver allí, jamás, deberían hacerlo sobre mi cadáver.

No fue fácil asegurarme de que nadie me seguía y que ya los había perdido de vista, tuve que hacer un sin fin de estupideces, pero por fin era libre y no sabían de mi paradero, gracias a la ayuda de gente en la que confiaba de verdad, viejos amigos que sin duda no me traicionarían, porque eran detalles de haberse jugado la vida en antiguas ocasiones por ello, bajé del autobús con toda la tranquilidad del mundo, sujeté la botella de agua en mi mano y avancé hacia la ventanilla de la oficina, le di el carnet a ella y esta lo miró con tranquilidad, pero entonces me miró a mi y luego a la fotografía varias veces, eso me puso algo nerviosa, jamás me olvidaré de ello.

- Bienvenida a Raccoon City señorita Hawkins - sonrió de forma amable y yo por fin pude respirar también. - Aquí tiene las llaves del coche que alquiló, ¿se quedará por aquí mucho o está de paso? - preguntó ella mientras señalaba un precioso audi que había en el aparcamiento. - Espero quedarme mucho, si... - sonreí y esta vez fue de forma sincera, arrastré la maleta y me despedí con la mano mientras iba a por el coche y me detenía apenas unos minutos contemplando a lo lejos los edificios de la ciudad. Jacqueline Bay aislada del mundo en Raccoon City y no me pareció tan malo como a otros les hubiera podido parecer, necesitaba alejarme de aquel infierno personal en el que me habían metido aquellos en los que llegué a confiar, pero quien me iba a decir, que aquella ciudad si que acabaría siendo un auténtico infierno...


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Mensaje por Jacqueline Hale el Mar 02 Jun 2015, 16:46

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28 de Abril de 2012 - Raccoon City.
- Tu pelo es muy bonito - susurró él en voz baja mientras con ayuda de sus manos y el cepillo peinaba mis cabellos, le miré de reojo con una sonrisa, no sería yo la que le diría que ese color de cabello rojo intenso no era mío... - Tú también - cuando terminó me puse de pié y aparté sus rizos a un lado para que no le taparan los ojos. - Deberíamos cortarlo algo, ya lo tienes muy largo Sam - Sam sonrió y asintió. - Es cierto, a veces me molesta en los ojos - y sin más se acercó a la cómoda de la habitación y regresó con unas tijeras ofreciéndomelas.

- ¡Ah no, yo no! - empecé a decirle mientras alzaba las manos.  - ¿Quieres que te haga alguna barbaridad? - pero él se negó y siguió ofreciéndome las tijeras. Yo también negué, a ver si resultaba que aquel pequeñajo iba a tener más narices que yo. - Jack, porfa... - Sam alzó sus ojos azules en mi dirección, los pequeños rizos cayeron sobre estos y medio me reí al verle. ¿Cuántos años podía tener?, ¿cuatro, tal vez cinco? Cogí las tijeras y su mano con la otra mía libre.  - Anda ven... - ambos fuimos hasta el baño, donde puse una pequeña banqueta en el suelo para que el pequeño alcanzara el lavabo.  - Pero no me hago responsable de lo que pueda ocurrir - el asintió riéndose y me hizo también sonreir a mi, abrí el grifo y comencé a mojar el peine y algunos de sus mechones. El pequeño Samuel estaba solo, me había costado bastante que empezara a hablar de nuevo, cuando le encontré en aquella calle de la ciudad tan asustado y sucio... Me dejó helada, la policía fue a su casa y se encontró a su padre muerto, aún se desconocía la causa de la muerte, pero el pequeño Sam no tenía a nadie más, había perdido a su familia y visto muerto a su padre, la policía me pidió que me quedase con él hasta que llegaran los servicios sociales y aunque me negué en un principio ahora sentía que me daría hasta pena cuando se lo llevasen.

Ahora que su pelo estaba húmedo comencé a cortar algunos rizos, principalmente porque lo tenía muy largo y como él había dicho le molestaba en los ojos. Además se empeñó de que lo hiciera yo. - Mi mamá también me cotaba el pelo - dijo él haciendo que parase por completo con la tarea, me quedé mirándole fijamente, en concreto a su reflejo en el espejo y él se giró para darme un abrazo. - Jack no quiero irme, quiero quedarme contigo - abrumada sería decir poco, el pequeño me abrazó con tanta fuerza que a mi fue como si se me cayera el mundo encima, lo peor fueron sus palabras, el peine y las tijeras cayeron al lavabo y me quedé ahí completamente paralizada sin saber muy bien que hacer, aunque finalmente le devolví el abrazo al niño lentamente, ¿sería yo capaz de cuidar de alguien que no fuera yo misma, alguien como Sam?


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Mensaje por Jacqueline Hale el Sáb 18 Jul 2015, 22:37

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28 de febrero de 2015 - Faro.
Aquella era una de esas noches en las que el cielo estaba lleno de estrellas. Gracias a que ya no había contaminación lumínica se podía ahora disfrutar de aquellas estampas casi de cuentos de hadas. Al parecer no había mal que por bien no viniera. Ahora las noches eran más oscuras de lo normal, pero esta lo era especialmente. La luna brillaba escasamente en el cielo, pues era menguante. Las estrellas si que brillaban en el cielo, pero apenas se podía dstinguir gran cosa aquí abajo.

Sería aproximadamente media noche y LJ dormía. Decía que no era capaz de dormir demasiado cuando viajaba sola, la primera noche conmigo durmió bien, a partir de ahí caía rendida todas y cada una de las siguientes. Era un halago para mi, pues significaba que conmigo se sentía segura. Jamás pensé que volvería a contar con otra persona a mi cargo, era una sensación que detestaba y por ello aún me costaba entender como era posible que ella se sintiera a salvo tras todo lo que había pasado en el campamento.

Observé mi brazo derecho. Había una cicatriz en él que me recordaba día sí y día también lo que pasó. Lo de Atlanta era como una enorme roca que arrastraba conmigo y cada vez pesaba más y más. Algo que sumar a los horribles recuerdos, la muerte de Sam, mi caída, la traición del MI6, mi huída... ¿Había algo para mi en aquel mundo?, ¿algo que fuera más allá del mal estar?, estaba cansada de arrastrar aquella enorme roca conmigo y cada vez parecía que crecía más y más...

Los últimos días habían sido diferentes a la vez que extraños para mi. Había pasado de contarle mis penas a un gato a hablar con una adolescente y su rata ascota, aunque ella decía que era una cobaya, para mi seguía siendo más bien una especie de rata/conejo enana. Tampoco hablaba demasiado con ella, era más bien la propia LJ la que se encargaba de iniciar largas conversaciones que más bien parecían monologos. No hablaba demasiado, ni tampoco estaba por la labor. Mirarla era otro recuerdo aún mayor de lo que ocurrió en Atlanta y recordar a Thiago o a su hijo pequeño no ayudaba mucho.

Me encontraba sentada sobre el tejado del alto faro. Michelle correteaba por ahí cazando arañas o tal vez algún que otro ratón. Tan solo esperaba que no le diera por hacerlo contra la rata de LJ. Observaba el mar, como las olas chocaban con furia contra las rocas de la costa o la arena a lo lejos. En la arena, a metros y a metros de distancia del faro se veía ocasionalmente alguna figura humana, tambalearse de un lugar a otro. Igual que si me volvía y miraba en la dirección de la ciudad, los zombies avanzaban lentamente por algunas de las calles. Pero desde aquella distancia no suponían ningún tipo de problema.

Me deslicé hacia abajo y me colé en el interior del faro. LJ seguía durmiendo profundamente, junto a su cobaya o lo que fuera. Me apoyé en el antiguo panel del faro y me crucé de brazos observando a la joven dormida. Me encontraba de espaldas al cristal y por ello no lo vi venir. Tan solo percibí una extraña forma que se movió rápidamente en el interior del lugar. Me giré para mirar por la ventana al tiempo de ver como la extraña criatura rompía el cristal con una especie de látigo, que posteriormente identifiqué como su propia lengua. Me aparté hacia un lado a la vez que llamaba a gritos a LJ para que espabilase y al girarme no había ni rastro de la criatura, los ruidos provenían del techo. La maldita había subido arriba aprovechando las sombras. Avancé lentamente por la estancia llamando a LJ, las viejas lámparas sonaron y las enfoqué con una linterna. Se movían lentamente sin rastro alguno de la criatura, pero estaba ahí arriba escondida entre las vigas.

- ¡LJ, vamos, tenemos problemas! - Trataba de no hacer mucho ruido mientras que recogía nuestras cosas y miraba a la vez hacia arriba, atenta por si volvía a atacar. Esa cosa estaba jugando conmigo para cazarme cuando menos me lo esperase.


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Mensaje por Jacqueline Hale el Lun 03 Ago 2015, 21:10

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12 de Diciembre de 2007 - Londres.
Al abrir los ojos la iluminación provocó que me echara hacia el lado contrario de la cama, aún me sentía rara, extraña en aquel que si era mi mundo, tan acostumbrada a la oscuridad, la humedad, el frío, la suciedad... Sin embargo estaba en un lugar cálido, seco, bien iluminado y limpio... Ese olor característico de los hospitales me envolvía por completo y era algo que odiaba, no me gustaba estar en aquellos lugares demasiado tiempo y menos desde que tal vez los peores momentos de mi vida hubieran ocurrido en lugares así, primero la muerte de mi madre y más tarde la de mi padre, en ambas circunstancias me trajeron a un lugar como aquel y ese olor invadió mis fosas nasales, lo sentía casi como si fuera un mal presentimiento, algo que me traía malos recuerdos.

Cuando ya no podía dar más vueltas por la cama y me sentía tan agobiada como si fuera un pájaro encerrado en una jaula hice llamar a mi médico para pedirle el alta, este se quedó sorprendido. - Señorita Bay, no creo que sea lo mejor, ha recibido varios golpes y preferimos que esté en observación algo más de tiempo... - La doctora se acercó para observar que todo estuviera en su sitio, me cegó con una linterna e hizo todas esas cosas que solían hacer los médicos. - Me encuentro perfectamente, y sé que estaría mejor en mi casa, así que por favor... - no tuve necesidad de discutir más con ella, me hizo levantarme y caminar por la habitación para revisar que estuviera bien y algunos ejercicios más que consideré estúpidos... Por el amor de Dios, había estado encerrada durante casi cinco mesas recibiendo palizas a diario, si no me había muerto allí antes no me iba a morir ahora. Tras firmar el alta y atender a sus consejos y recomendaciones, comencé a vestirme con cuidado, pues me sentía dolorida aún por los golpes que me habían ocasionado, andaba ensimismada en mis pensamientos, tal vez en cosas muy estúpidas estilo que iba a comer esa tarde o que darían en la tele, seguramente para no pensar en aquello de lo que quería olvidarme, pero al parecer no me iban a dejar ni un momento para olvidar.

- ¿Se puede? - me volví al par que terminaba de vestirme para ver al jefe de operaciones del MI6 entrar por la puerta, hice una mueca. - Ya estás dentro - respondí sin más acercándome a por mis cosas, al menos las pocas que tenía allí. - Me han avisado de que habías pedido el alta, ¿no crees que deberías...? - me volví hacia él cargando con la pequeña mochila al hombro. - No - fui muy seria con aquello y fui hacia la puerta hasta que él se interpuso entre esta y yo. - Jacqueline... - desvié la mirada de la suya, que no hacía más que recordarme lo mucho que me había traicionado. - ¿Vas a casa?, puedo llevarte - cambió rápidamente de parecer, y por esas acabé subida en el lujoso mercedes de aquel tipo, como una acompañante un tanto aburrida, no mediamos palabra alguna en ningún momento, tan solo recordaba como me reveló aquella información hacía tan solo un par de días atrás, su traición. - No has dicho nada en todo el viaje Jack... - susurró él en voz baja cuando detuvo el coche por fin delante de mi apartamento, al que llevaba ya meses sin ver.

- ... - suspiré y él también lo hizo, por lo que me volví para mirarle. - ¿Qué quieres que te diga?, ¿te cuento lo inútil que me sentí cuando me capturaron?, ¿cuándo creí que habían muerto todos los que estaban a mi mando?, ¿lo estúpida y decepcionada que me sentí cuando al inicio me sentía tan preparada y fracasé con algo que estaba más que preparado?, decepcionada porque soñaba ser como mi padre de buena y que a la primera de cambio todo saliera mal porque me traicionaste... Pero eso no fue lo peor - hice una pausa al sentir aquel nudo en mi garganta. - Lo peor fue no dormir durante meses creyendo que podían venir en cualquier momento para acabar conmigo, la soledad de esos meses, la oscuridad, pensar que jamás volvería a ver la luz, las palizas, los interrogatorios... - tragué saliva, sentía como me costaba seguir hablando. - Los continuos debates internos y desesperados por lograr escapar... Y lo peor seguramente no volverme loca porque estaba sola y había veces que no sabía si era de día o de noche, ni cuanto tiempo llevaba allí siquiera... - parecía sentirlo de verdad, pero eso no era suficiente. - Y aún así el jarro de agua fría me lo llevé cuando por fin pude escapar y sentía que por fin lo estaba haciendo bien... Lo preparé todo tan bien, era escapar o morir, quería que me mataran si no lograba escapar, no quería volver a irme y entonces te vi a ti en esa nave llamándome como si nada, alzando las manos y diciendo que todo había terminado por fin... No puedes ni imaginar como me sentí - me limpié la cara y me obligué a no romper a llorar al recordar aquello. - Tenía pensado suicidarme si me volvía a atrapar, ¡¿sabes lo que es eso?, no quería volver! - susurré entre dientes. - ¿Cuándo me ibais a soltar?, ambos sabemos que seguiría ahí si no me hubiera escapado, ¡¡¿VERDAD?!! - grité furiosa finalmente. - Aún no me ibais a soltar pero se te fue de las manos... - añadí rendida, él se quedó en silencio mirándome como si se hubiera quedado sin habla.

- He presentado mi dimisión, no sé como pedirte disculpas... - dijo finalmente. Le devolví la mirada y negué. - Eso queda en tu conciencia, a mi me da igual ya lo que hagas - abrí la puerta del coche y salí con un portazo, dejando allí al jefe de operaciones del MI6, entré en mi edificio como si nada y al verlo todo igual, como siempre, como si todo siguiera igual supe que tenía que marcharme lejos, no podía seguir allí.


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Mensaje por Jacqueline Hale el Lun 12 Oct 2015, 22:29

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Madrugada del 27 de Noviembre de 2012 - Nueva York.
Giré sobre mis pies para mirar a mi alrededor, acababa de bajar del avión, por fin Nueva York, era mi noche de suerte, ganaría suficiente dinero con aquello como para poder levantar de nuevo mi pequeña tienda, ansiaba poder localizar de una vez al comprador y hacer la entrega, una pequeña joya muy cara y particular, traída desde Washington ni más ni menos, había logrado pasarla por el control sin problemas. Caminaba con paso ligero, traje de ejecutiva negro, tacones altos, falda de tubo, chaqueta de ese mismo color, bolso, camisa blanca, pelo recogido elegantemente hacia atrás y el maletín con la joya en cuestión en mi derecha, en la izquierda mi enorme bolso con mis cosas. El tipo decidió hacer el pago en la cafetería del mismo aeropuerto, no me pareció mal, así que allí que iba.

El lugar estaba atestado de gente, faltaba ya poco para la media noche y a mi me parecía extraño, pero no le di demasiada importancia, iba con total calma hasta que me agarraron del hombro y me giré sorprendida, para ver a un tipo sujetando lo que parecía ser un pasaporte. - Hmmm... ¡Ah! - Por un principio dudé porque no sabía que era hasta que vi mejor que aquel era mi pasaporte, se me había caído y él lo había recuperado, sonreí de forma amable. - ¡Muchas gracias, habría estado en problemas de no haberlo encontrado, ¿verdad? - Sonreí mientras me hacía con el y comprobaba que fuera el mío, solo por si acaso, asentí al ver la foto y lo guardé seguidamente en el fondo del bolso, para que no volviera a ocurrir algo similar.  

- Y la cafetería está... Por ahí, voy hacia ella, así que venga conmigo - Le hice un gesto al hombre y fui dirección hacia ella.  - ¿Acaba de llegar o se marcha? - Pregunté por decirle algo mientras que avanzábamos y visualizaba de lejos al tipo que me había encargado aquel huevo de faberge. Estaba sentado en una mesa, cruzado de brazos con la cabeza hacia adelante como dormido en el sitio, pero lo que me interesó más fue el maletín que había justo al lado de su pierna derecha, mi paga, no pude evitar que la sonrisa creciera en mi rostro.

- Bueno, muchas gracias, pero me están esperando... - No le di tiempo a que me respondiera simplemente fui directa hacia la cafetería tomando el asiento que había justo en frente del comprador cuando resonó un mensaje en megafonía. - Se avisa a los usuarios de que se han suspendido todos los vuelos, pueden pasar por información para enterarse de la situación y de los próximos vuelos de llegada, se aceptarán todos aquellos que lleven más de la mitad de camino, el resto regresarán de nuevo a su punto de partida  - El revuelo que se armó de golpe con aquel mensaje fue bastante grande, yo me quedé por un momento sorprendida, ¿qué estaba ocurriendo?, aún así decidí centrarme en mis cosas. - Aquí tiene, ahora deme lo que me pertenece - Fui tajante mientras con cuidado colocaba el maletín sobre la mesa, pero el viejo ni se inmutó. - ¿George? - pregunté, no tenía muy buen aspecto y entonces dio un respingo con una larga bocanada de aire, que terminó por tranquilizarme. - Maldita sea... Me ha asustado, le estaba diciendo que aquí tiene lo que me pidió - Le repetí mientras él alzaba lentamente la cabeza y yo echaba un vistazo hacia mi alrededor, había mucho movimiento y gente molesta, un tipo en un lado, sentado en la cafetería que temblaba, parecía muy enfermo, se cubría todo el rato el brazo, estaba sentado en una silla, cerca de la pared y apoyaba su cabeza en ella, pero no le presté mayor atención, simplemente me giré para mirar al viejo que terminaba de alzar la mirada, mostrando un rostro más demacrado de lo normal y nos ojos que no eran normales. Fue entonces cuando gruñó y se abalanzó a por mi cayendo ambos de la silla, sin darme tiempo a reaccionar.

-¡George!, ¡¿pero qué...?!-Empecé a gritarle justo cuando se lanzó a por mi y pensaba en que habría podido hacer para molestarlo, si aún no había visto ni el maldito huevo. Pero eso fue durante una fracción de segundo, tal vez esa en lo que tardé en mirar sus ojos fuera de si y comprender mientras forcejeaba con él que no quedaba en su persona ningún rasgo de George y lo más preocupante es que humano tampoco. -¡Mierda!-Grité furiosa mientras trataba de apartarme de él y aún más de que no me hiciera daño, no entendía que estaba ocurriendo, pero mi cerebro tan solo podía preocuparse ahora en dar las ordenes necesarias para defenderme. Pateé contra el anciano, que ahora bien poco parecía tener de anciano y traté de zafarme de él sin esfuerzo alguno, hasta que un chico trató de ayudarme. ¡Menos mal que alguien se digna! Y George dejó de atacarme, pero solo para lanzarse sobre el chico, acto seguido me erguí rápidamente y traté de apartarle, golpeándole con fuerza en el cuello, eso a aquel viejo debería de haberle molestado algo, pero no, prefirió hundir sus dientes en el cuello del chaval, dejándome a mi de piedra. Y fue ese justo momento en el que la sangre hizo su brillante aparición cuando todo el mundo pareció por fin despertar de aquel estúpido letargo, la sangre los hizo moverse, huir, gritar de puro pánico, mientras que el anciano también corría y yo me dejaba caer para ayudar al chico, pero era tarde, estaba muerto... Y George atacaba de nuevo esta vez a una anciana, ¿qué... qué coño está pasando joder?

No pude responderme básicamente porque alguien tiró de mi, tan solo me dio tiempo de reaccionar para tirar del asa de mi bolso y llevarmelo conmigo, aún así di otro tiró para acercarme de nuevo a la mesa y coger el maletín que el viejo había traído consigo, la entrega quedaba hecha, ¿no? Al volverme para seguir a quien había tirado de mi vi al tipo de antes, el del pasaporte. Al salir al exterior no había diferencia alguna, más gente en el mismo estado de George, no pude evitar mirar hacia todas partes, todo el mundo corría y aquel tipo me instó seguir, no pararnos, algo me decía que era lo mejor y más cuando al mirar hacia la cafetería vi al chaval que me había ayudado antes, se paró en la puerta, con la garganta ensangrentada al igual que sus ropas. ¡Estabas muerto!, quise gritarlo, pero no, el chico parecía "curiosamente vivo", solo que ahora estaba igual que George.

-¡FUERA, SALGAN FUERA!-Empecé a gritar mientras corría con él, aún ni sabía como se llamaba, pero nos habíamos aliado de igual forma en aquella pequeña fuga, la gente corría con desesperación, yo aún por aquel entonces apenas comprendía lo que estaba pasando con esa gente, o tal vez si pero no deseaba creerlo, el caso es que par no terminar de saber que pasaba decidí correr, huir. Ayudaba conforme la gente pasaba a que siguieran, pues habían algunos cuantos que empujaban y nos golpeaban para pasar por encima si era necesario, una mujer casi se cayó al suelo si no hubiera sido por mi, me aparté, o al menos traté de hacerlo mientras seguía a aquel tipo hacia afuera creía, hasta que comenzó a moverse en dirección contraria a la gente, hacia las tiendas. -¡Eh!-Traté de llamar su atención porque no distinguí lo que dijo entre los gritos, pero en vez de largarme como podría haber hecho decidí ir tras él colándome entre la marea de gente como me era posible tratando de no perderle de vista, conforme nos acercábamos a las tiendas parecía haber menos gente, pero si esos gruñidos y gritos de dolor, algunas de esas personas, como George, se abalanzaban sobre otras tratándolo, o mordiéndolas con fiereza, una chica corría entre sollozos de una de esas, en cuanto pasó a mi lado gritándonos que nos marchásemos me coloqué entre ella y el tipo que la perseguía, que para "variar", iba lleno de sangre. -¡Eh!, ¡¿a dónde te crees que vas?!-Le espeté a aquella cosa, pues ya había logrado decirme que poco tenían de humanos, y sin miramientos alcé el maletín metálico que le había quitado a George y le golpeé con todas mis fuerzas en todos los morros, provocando que tal vez hasta le saltara algún diente, pero el tío ni se inmutó, cayó hacia atrás perdiendo el equilibrio y se ponía de pie con gruñidos.

Hijo de puta... Me dije al ver como se terminaba de levantar y volvía a por mi. Apreté la mandíbula, molesta, porque aún no entendía como era capaz de levantarse tan tranquilo, me puse a la defensiva y le volví a golpear con el maletín, girando para pegarle un codazo de nuevo en la mandíbula, seguido de un puñetazo, empujándole hasta que cayó hacia atrás golpeándose contra el borde de uno de esos maceteros macizos en la cabeza y ahí se quedó impresionándome tal vez un poco. Con la respiración acelerada me acerqué poco a poco para ver que parecía estar muerto, le di con la punta del tacón en su pierna y ni se movió por lo que miré más tranquila hacia mi alrededor buscando a aquel tipo, una de esas cosas devoraba literalmente a una persona ya muerta, por lo que decidí no llamar su atención demasiado y entrar en la tienda buscándole a él, pero me detuve de golpe ante una de las televisiones de la entrada, tenía el volumen apagado, aún así se veían imágenes del centro de Nueva York, bajo el titular: Nueva York en caos. No parecían mostrar mucho, tan sólo hablar de que al parecer estaban habiendo altercados con rebeldes... Rebeldes no era la palabra exacta, esa gente estaba devorando a otras personas, como... Como si fueran zombies. Y ese acabaría siendo el inicio del fin.


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Mensaje por Jacqueline Hale el Lun 09 Nov 2015, 21:52

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Mañana del 15 de Mayo de 2012 - Nueva York.
Sonreí satisfecha, aquel golpe me daba una buen ventaja, con él podría reparar las ventanas de la tienda cuando regresase a Raccoon, incluso ya tendría el dinero justo para comprar el dormitorio del pequeño Sam, con su escritorio para que trabajase, como él solía decir refiriéndose a los deberes del colegio, o para que colorease, incluso me llegaba para unos cuantos caprichos de demás.

Miré el reloj que llevaba de muñeca, eran apenas las nueve de la mañana, así que decidí llamar a la niñera que se había quedado en casa cuidando de Sam. Había tenido que coger un vuelo para ir a Nueva York y realizar aquel trabajo y eso me ocupó varios días fuera. Hoy por fin regresaba a casa, mi vuelo salía en media hora. Con ese tiempo justo caminé por la terminal mientras que sacaba de mi bolsillo el teléfono móvil y comenzaba a buscar el número de casa, la niñera ya estaría despierta y aunque Sam siguiera durmiendo quería saber que tal había pasado la noche,  al menos para pasar la hora y media de vuelo tranquila sin preocupaciones, en unas horas estaría de nuevo con aquel pequeñajo.

Iba pulsando el número mientras que caminaba en dirección a una de esas tiendas de los aeropuertos, había una zona llena de peluches y osos para niños, me acerqué mientras que llamaba y me llevaba el móvil a la oreja, sujeté uno de los peluches, el que me pareció más bonito y pensé que tal vez a Sam le gustaría. Era un oso bastante gracioso, así que mientras trataba de hablar con Agnes la niñera, me acerqué al mostrador.

- Por favor, ¿me lo podría envolver para regalo? - le pregunté a la dependienta que asintió volviéndose para buscar los útiles necesarios. - Muchas gracias - sonreí y luego miré extrañada el teléfono, me había despistado, ¿Agnes no se habría dado cuenta? La dependienta se acercó con el oso envuelto finalmente pidiendo el dinero que este costaba. - ¡Oh si claro! - rápida saqué la cartera y le di el dinero a la muchacha, cogí la bolsa junto a mi cartera y me volví para volver a intentar llamar a Agnes. Tras un momento de silencio que a mi me pareció eterno el móvil me indicó que el número marcado no estaba disponible, enarqué una ceja y volví a intentarlo, antes de que la típica voz de operadora me diera la mismo la voz de las dependientas me hizo volverme.

- Oh Dios mío... - susurró la que me había envuelto el regalo con la mirada fija en la televisión de en frente. - ¡Sube el volumen! - exclamó la otra acercándose al televisor, otros clientes hicieron lo mismo y yo les imité mientras que me hablaba la operadora a través de mi teléfono móvil indicándome de nuevo que aquel número no estaba disponible. Pero apenas le presté atención, la televisión mostraba imágenes desde un helicoptero de una ciudad destrozada en la lejanía; el titular rezaba: Tragedia en Raccoon City. - ¿Señorita?, ¿se encuentra bien? - la dependienta se acercó conforme el móvil y la bolsa se resbalaron de mis manos cayendo al suelo, aquel ruido provocó que todos los que estaban en la tienda se girasen hacia mi, pero yo no me percaté de nada, tan sólo en la televisión y en las imágenes de la destrozada ciudad de Raccoon, donde Sam me estaba esperando.


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Mensaje por Jacqueline Hale el Sáb 02 Ene 2016, 14:04

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14 de mayo de 2014 - Atlanta.
Shane y yo íbamos detrás de aquel extraño, mi amigo no me miraba muy contento por la decisión tomada, pero es que no iba a matarlo así por así, eso si, tenía unas ganas terribles de acabar con él de un buen mamporro y dejarle ahí tirado por la forma en la que atacó a Shane que nada más ver a lo lejos algo avanzó con rapidez a por su amigo, era sin duda Sam por su expresión, me quedé ahí de pie observándolos a ambos mientras que yo continuaba sujetando el palo de golf contra la nuca de aquel extraño, dispuesta a hundirlo sobre su piel a la primera de cambio. Sam estaba muriendo, la herida de su garganta tenía muy mala pinta y seguramente no podríamos hacer nada ya por él. ¿A cuanta gente iba a ver morir? Era la pregunta que me hacía constantemente una y otra vez, no podía más con aquello, era la muerte por todas partes, te acosaba siempre de una forma u otra, ya estábamos marcados por ella al nacer y ahora más que nunca.

Fue en ese momento justo, aquel en el que Sam pronunció tal vez sus últimas palabras que ocurrió todo y fue tan rápido... Lo peor fue como no lo vi venir. El extraño logró escaparse de mi, lanzándose contra mi cuerpo con fuerza, el palo de golf se fue a tomar por culo mientras aquel desgraciado me empujaba contra el tronco de uno de los árboles con tanta fuerza que sentí casi como si me fuera a partir ahí mismo. Por lo que gruñí molesta devolviéndole el ataque, le agarré por los hombros con fuerza mientras me golpeaba y buscaba con la mirada a Shane, al hacerlo me vine abajo por un segundo, una de esas cosas se había lanzado a por él. Me quejé de dolor con el siguiente golpe y esta vez fui más útil. Me espabilé por así decirlo empujando al tipo y golpeándole con la rodilla en el estómago repetidas veces para tratar de zafarme de él. Asestándole varios puñetazos en plena cara con la coronación de una perfecta patada en el estómago me lancé luego sobre la tierra para tratar de alcanzar mi estúpido palo de golf.

Apenas logré acariciar con mis dedos la punta del dichoso palo cuando el extraño tiró de mis pies arrastrándome por el suelo y levantándome con otros tantos golpes que medio asimilé, el que no fui capaz de asimilar fue el último, cuando me lanzó contra el árbol con todas sus fuerzas seguramente. Con este me llevé un buen golpe en la cabeza y ni fui capaz de reaccionar, simplemente caí como si fuera una muñeca rota, hasta quedar sentada sobre el suelo, todo me daba vueltas y era borroso. Lo único que pude distinguir fueron las dos figuras de en frente peleando, sabía que una era la perteneciente a Shane mientras que la otra era del caminante. Pero no sabía quien era quien, mi respiración estaba agitada y sentía que la boca me sabía a sangre. Entonces escuché el grito, era Shane. - ¡Shane! - logré pronunciar con esfuerzo y nada más, el peso de mi propio cuerpo podía más que yo por más que tratara de levantarme.

La cabeza me daba vueltas, iba a caerme en cualquier momento, así que gruñí, traté de ponerme en pie y no pude hacerlo. Me quejé, incluso sollocé al escuchar gritar a Shane. - ¡SHANE! - pude distinguir como la voz se me quebraba al llamarle, le mordió, el zombie le había mordido y se acabó para él, no pude hacer nada, me quedé ahí, cayendo de rodillas derrotada, aquel hijo de puta, por culpa de aquel desgraciado, debí acabar con él cuando tuve oportunidad y no lo hice. Shane me miró aterrado, igual que yo a él, al par que aquel desgraciados e acercaba y sin más acababa con su vida de la forma más brusca posible. - ¡NOOO! - me puse de pie tambaleándome y salí corriendo contra él que me golpeó haciéndome caer al suelo. - ¡Desgraciado! - sentí los ojos húmedos pero me prohibí llorar delante de aquel cabrón. Pero cuando sacó el walkie y escuché me di cuenta de que esto no era nada, lo peor estaba por llegar.

Me obligó a seguirle y lo hice porque él tenía todas las armas, yo iba delante, en dirección al campamento, como antes, solo que las tornas habían cambiado. No dejaba de repetirme lo idiota que había sido, Shane estaba muerto ahora por mi culpa, debí acabar con él, no habría llamado al resto, tan solo de pensar en que podían llegar más... ¿Cómo él? Había escuchado la conversación, estaba claro el tipo de escoria que estaba atacando el campamento.

Y de la nada aquel ser me dio la oportunidad de huir y así lo hice, el caminante se lanzó a por el tal Lee y aproveché para salir corriendo, sin mirar atrás, escuchaba los ruidos de la pelea y los rugidos del zombies, tan solo deseaba que aquel ser lo matara de forma lenta y muy dolorosa. Respiraba con fuerza de forma agitada mientras que corría, todo para evitar romper a llorar, no iba a hacerlo. Pero no paraba de vislumbrar a Shane muerto y su cara de horror, esa expresión se quedó en mi cabeza y sentía la sensación de que no se iría fácilmente. Esa sombra a lo lejos me hizo casi pararme, pero no, era alguien del campamento, un chico, huía y un caminante le estaba persiguiendo, así que pese ya a correr con todas mis fuerzas traté de ser más rápida y de ayudarle, en el último momento cuando el zombie se lanzó sobre el chico yo salté imitándole y caí sobre ambos.

El grito del chico me indicó que llegaba tarde, el caminante mordió de forma feroz al muchacho en la nuca con tanta fuerza que el chico casi dejó de gritar al instante, tensé la mandíbula al verlo y empujé al muerto con todas mis fuerzas de tal forma que ambos rodamos por el suelo hasta que yo quedé en cima y él trataba de arañarme o morderme. No tenía armas y estaba desesperada, respiré hondo y casi temblando golpeé su cráneo con mis manos varias veces contra el suelo sin lograr nada hasta que hice de tripas corazón y hundí mis dedos con todas mis fuerzas en sus cuencas lo más adentro posible viendo la sangre coagulada brotar, podría vomitar incluso, apreté con fuerza, el tiempo parecía eterno y no acababa, pero finalmente se quedó quieto y yo me aparté levantándome con esfuerzo y tambaleándome. Tosí asqueada y traté de evitar las arcadas hasta que sentí como me agarraban del brazo y estuve a punto de lanzarme a por la persona de no ser porque me llamó por mi nombre.

- ¿Jack? - me paré en último momento, era alguien del campamento, la mayoría me conocía y cuando vi a la mujer y esta me abrazó estuve me derrumbé, yo no lo habría hecho, porque no era yo de ir dando a abrazos a completos extraños, pero ella lo hizo y aunque no dije nada lo necesitaba y le devolví el abrazo al par que rompía a llorar en silencio. - ¡Vamos, nos están persiguiendo! - dijo él dándonos prisa, ella se apartó y me agarró por los brazos. - ¿Estás bien? - preguntó asustada al verme así.

- Shane, Samuel, ese chico... - la voz me temblaba y ella tiró de mi, ambas fuimos escoltadas por el bosque por el otro tipo, ahora no recordaba su nombre pero sabía que estaba en el campamento. Había visto cosas horribles a lo largo de mi vida, pero aquello estaba siendo demasiado. - Al borde de la colina hay unas cuevas, las tenemos como escondite de emergencia por si el campamento era atacado por caminantes, si han logrado escapar más irán allí - se llamaba Tiago y tenía un hijo pequeño que no veía con nosotros. - ¡Jack, estás herida! - ella posaba mi mano sobre mi nuca y al apartarla vi la sangre, lo cierto era que estaba mareada y todo me daba vueltas, fue por culpa de los golpes de aquel loco, no me dio tiempo a decir nada, yo simplemente me desplomé sobre ella, se llamaba Emily y era la mujer de Tiago.


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Mensaje por Jacqueline Hale el Vie 26 Ene 2018, 19:21

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27 de abril de 2014 - Snellville.
El sonido del primer disparo hizo que Tiago tirase de mi hasta el punto de que caí con él en el suelo, ambos nos arrastramos por el deteriorado asfalto hasta quedar cubiertos tras un pequeño muro de piedra que no mediría más de un metro. - ¡Agacharos maldita sea! - empezó a gritar mi compañero realmente furioso, ¿pero furioso por qué?, tal vez el enfrentamiento, la situación, el ruido, que alguien pudiera salir herido...

- ¡Jack, Jack! - empezó a gritarme como si estuviera demasiado lejos para escucharle, como si me hubiera ido a la otra punta del lugar, donde estaban los demás, pero no, físicamente estaba a su lado, y mentalmente ni esas voces conseguirían traerme de vuelta. - ¡Jack mira es un león! - exclamaba Sam en mi cabeza mientras que miraba fijamente aquel dibujo de cera que ya estaba medio borrado, era un dibujo que algún niño habría hecho en esa pared hacía ya mucho tiempo, costaba algo diferenciarlo, pero estaba claro que era un león, como el que Sam dibujó en una de las facturas de mi tienda hacía ya varios años atrás. Le prometí que le llevaría al zoo a mi regreso de Washington, pero jamás pude volver.  - ¡Jack joder estás sangrando! - Tiago se colocó literalmente encima mío zarandeándome, haciéndome volver en si, me miré el brazo, la bala apenas me había rozado. - No, no es nada joder... - el tipo se dejó caer hacia el lado, ambos agazapados cubiertos por el pequeño muro.  - ¿Y ahora qué? - me preguntaba él mientras que yo cogía el cuchillo de mi bota. - No llevamos armas para enfrentarnos a ellos... Y esto es una locura, ya quedamos pocos para que encima nos matamos entre nosotros... - agarré el cuchillo en mi mano con fuerza, maldita la hora en la que todos eligieron acercarse al puñetero almacén de Snellville, todos argumentaban que una de las mayores cadenas alimenticias del país tenía su almacén ahí y ahí estábamos, apenas pudimos abrir la puerta cuando desde dentro del almacén empezaron a dispararnos.  - Pues si no nos matan esos nos mataran estos... - Tiago apretó los dientes cuando el primer zombie atraído por el ruido se abalanzó sobre nosotros, ambos le pateamos como pudimos sin llegar a levantarnos, yo hundí e cuchillo sobre su cabeza y Tiago le empujó lejos, aquellos idiotas estaban atrayendo a los caminantes.

Eramos cinco, a mi izquierda había un espacio que era la entrada y luego empezaba ese pequeño muro, allí estaban tirados en el suelo ocultos tras este los otros tres. Nos miraban serios, les hice un gesto para que se quedaran ahí. - Cúbreme con los muertos... - le pasé mi cuchillo a Tiago, no era momento de seguir ahí tirados, él trató de sujetarme pero antes de que pudiera salté hacia arriba colocándome sobre el muro de pie con los brazos estirados. - ¡Eh!, ¿qué pasa con vosotros? - empecé a gritarles a los del almacén. - No venimos buscando problemas, necesitamos comida y nos marcharemos - silencio.

- ¡Esto es nuestro, largaros! - y esta vez fui yo la que reaccionó rápidamente ante esas palabras, me dejé caer hacia atrás cubriéndome con el muro antes de que me disparasen. - ¡Dejad de disparar maldita sea os estáis buscando vuestra propia tumba! - grité ahora más furiosa, estaban atrayendo a los zombies y eso complicaría que hasta nosotros pudiéramos largarnos. - ¡No, entraréis si dejamos de disparar, esto es nuestro! - Tiago me miró bufando. Si, estaban locos.  - ¡¿Y cómo coño queréis que nos larguemos entonces joder?! - Tiago era de esos que se enfadaban muy fácilmente. Hubo una pausa tras su pregunta. Me devolvió el cuchillo. - ¡Ese no es nuestro problema, nosotros estamos bien refugiados, vosotros no! - exclamó él chalado que nos estaba disparando y Tiago me miró con su cara de pocos amigos, si, estaban como una puta cabra. El grito nos hizo mirar hacia nuestra izquierda, uno de nuestro grupo luchaba con un caminante, y lo peor era que no podíamos acercarnos, los otros dos le ayudaron acabar con él, pero venían más. - ¡Esto es absurdo! - exclamé molesta al par que todos sentíamos aquello. La tierra tembló, apenas fue perceptible, pero lo sentimos los cinco que nos miramos perplejos. ¿Qué diablos era aquello? - Jack... ¿Estás viendo lo mismo que yo? - me preguntó Tiago mientras que miraba hacia el horizonte, asentí lentamente. - Creo que es hora de largarse... - respondí rápidamente. - ¡Si! - exclamó él. - ¡Vamos! - susurré haciéndole un gesto a los otros tres para que los dele dificio no nos escucharan pues lo que faltaba era avisarlos y que se pusieran a dispararnos, que ya teníamos bastante con aquella cosa que se acercaba y que no tenía pinta de ser muy buena compañía.

Avancé en silencio por el interior de esa casa en la que me había escondido, el cielo se había nublado por completo y apenas entraba luz por los huecos de las ventanas que quedaron libres al ser tapados con los tablones, los disparos resonaban fuera al igual que los gritos y los golpes que eran provocados por los idiotas del almacén y esa bestia que estaría dando buena cuenta de ellos. - ¿Tiago...? - susurré, pero él no estaba. Nos habíamos perdido todos al huir de aquel lugar y estábamos esparcidos por el pueblo como conejillos de indias, esperando a que aquel ser fuera acabando uno a uno con nosotros.


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