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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Tocado y hundido • Mathias Andersen

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Tocado y hundido

20/11/15 ♦ Los Angeles ♦ Mañana ♦ Edificio Green Arrow ♦ B.S.O.
Math me había hecho prometerle que le avisaría al día siguiente de nuestra partida si tenía algo que hacer y no lo hice, fui incapaz de ello. Ni siquiera fui a hablar con él. Estaba molesta, porque no le entendía, después de todo lo ocurrido no entendía qué narices estaba haciendo con su vida.

Aquel día debía salir a la superficie, en esa ocasión era una salida diferente. Acababa de solicitar volver a formar parte de la unidad SSU, y no tardaron en asignarme una misión interesante. Nada extraño, debía acercarme a un edificio de Los Angeles, unas antiguas oficinas y comprobar que estaba todo en orden, si había supervivientes o de lo contrario limpiar las amenazas. Al parecer habían llegado un par de alertas de socorro y querían asegurarse de que alguien ayudaba.

Aún no era oficial mi ascenso, primero me estaban poniendo a prueba, ya que después de lo ocurrido con Andersen en las placas solares... suspiré a la vez que cerraba los ojos con fuerza al recordar a Marcus.

¿Preparada? — alcé la mirada hacia Rodríguez, sería mi acompañante en aquella salida. — Claro — respondí poniéndome en pie, terminando de equipar mi chaleco. — Toma — sonrió al entregarme los parches y cuando los vi fue terriblemente satisfactorio. — Guau... no debería pero esto me encanta — sonreí también mientras colocaba el parche del apellido Køhler en mi pecho, después uno de Pandemonium en mi hombro izquierdo y el último de la unidad SSU en el derecho. — Cuando estaba en la unidad no nos daban estas cositas... había que pasar desapercibidos — Rodríguez reía. — Las cosas cambian Køhler... — no hicieron falta explicaciones, ambos sabíamos a qué se refería. — Que le den a Umbrella — el hombre me guiñó un ojo.

Avanzaba hacia el jeep cuando me fijé en que portaba más parches en su mano, enarqué una ceja y cuando leí el apellido se me paró el corazón. A causa del enfado y ni yo comprendí por qué fue.

¿Andersen viene también? — Rodríguez era el líder de la salida, pero yo pensaba que solo estaríamos nosotros dos. — Sí... pensé que lo sabías... está a prueba también — tragué saliva. No, no me parecía bien, tal vez en otro momento habría adorado aquello, pero no después de todo lo ocurrido. Comenzaba a pensar que de verdad Math estaba tocado, y por más que me doliera, hundido.


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Habían pasado unos días desde que Harley y Math habían vuelto a hablar, pero tras el día de la muerte de Marcus se habían estado ignorando por completo. Él quiso hablar con ella en numerosas ocasiones, pero no quiso hacerlo al final.

Aquella mañana, al despertar su mano chocó contra contra los tarros anaranjados que descansaban en la mesilla de noche. Todos cayeron estrepitosamente al suelo. Encendió la luz y miró la hora en el reloj, aquel día saldría al exterior de nuevo. Su mano alcanzó uno de los frascos llenos, sus ojos azules observaron las pastillas en el frasco, suspiró y rápidamente se llevó un par a la boca. Como si hacerlo deprisa fuera a ser menos real.

Creía que podría regresar al SSU. Y lo echaba en falta, tal vez hasta que perdiera el otro ojo, un brazo... o a saber. Pensó con sarcasmo. Necesitaba salir y estar al pie del cañón. Tras vestirse salió de su dormitorio con aire cansado, bostezando. No había dormido mucho, para variar. Vestía unos pantalones negros tácticos y camiseta gris. Cuando se adentró en el hangar y vio a Harley abrió los ojos con sorpresa.

- Buenos días - saludó. Se mostró en apariencia tranquilo, pero no le hizo ninguna gracia que ella estuviera allí. ¿Ya estaba otra vez metiendo la mano para querer "ayudarlo"? Frunció el ceño con desaprobación, si no fuera porque había dado su palabra de que se esforzaría, Math se habría marchado. No quería seguir siendo el pobre desgraciado que ella creía, podía verlo en su mirada y no lo aguantaba más. Odiaba esa lástima.

Saludó a Rodríguez y fue directo a recoger sus cosas. Sonrió al ver los parches y tras vestirse con las protecciones se los colocó. Una vez listo terminó de ayudar a Rodríguez a llenar el maletero. Posteriormente subió en la parte trasera del jeep.


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No tardé en terminar de colocarme la equipación mientras Andersen hacía lo propio. No pasaron ni cinco minutos cuando los tres estábamos listos ya.

Eh — en un despiste de Rodriguez, fue a la parte trasera del jeep y abrí la puerta de Math. — Me parece genial que quieras rehacerte, pero te necesito centrado o juro por Dios que seré la primera en pedir que te degraden — me quedé unos segundos mirándole fijamente, me acababa de arrepentir de mis palabras. Pero estaba furiosa con él, aquella bipolaridad con la que me trataba... o él mismo, estaba diferente, estaba... hecho una mierda y odiaba verle así.

¿Rodríguez? — pregunté cuando el hombre se acercó a nosotros. — Nos vamos ya — cerré la puerta de Math y me subí en la del copiloto. El líder del equipo sería quien nos llevase.

Cuando el jeep salió a la superficie me coloqué mis viejas gafas de sol, la luz solar era cegadora y más al no estar acostumbrados a ella. No pude evitar buscar a través del espejo retrovisor a Math. ¿Estaría bien, le molestaría el sol, lo que yo le había dicho...? Suspiré demasiado alto de lo que me habría gustado, aborrecía sentirme así con él y más cuando no se lo merecía.

¿Nos queda mucho para llegar? — pregunté por preguntar, ya que el silencio comenzaba a hacerse incómodo y yo conocía perfectamente la localización de aquellas oficinas. Diez minutos más a lo sumo. Aquella zona de la ciudad estaba bastante despejada, Pandemonium solía cuidar de que fuera así para evitar las aglomeraciones de zombies cuando sus efectivos salían a la superficie. Todo muy sencillo.


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- Muy bien Harley - si ella esperaba que Math reaccionase, él se limitó a cerrar la puerta en cuanto ella acabó la frase. No quiso escuchar más. Respiró hondo cerrando su único ojo sano y se tranquilizó. No le había hecho ninguna gracia ninguna de sus palabras. ¿Qué pretendía? Después de toda la brasa que le había dado porque regresara y ahora le trataba de aquella forma. Ya había tenido suficiente. ¿Quería volverle loco, echarlo, que lo dejase...? No entendía nada.

Se mantuvo en silencio durante todo el trayecto hasta que el vehículo comenzó a aproximarse a las oficinas de Pandemonium en Los Angeles. Math que había ignorado hasta el momento todas las palabras de sus dos compañeros, como si él no estuviera... se adelantó, asomando su cabeza entre los dos asientos delanteros.

- Para por aquí - ordenó, pese a que no fuera su papel. Aún en su mal estado, después de todo... Mathias Andersen había sido un buen agente, un buen soldado y sabía que acercarse más de la cuenta con el vehículo sería llamar la atención de forma innecesaria. - Deberíamos seguir a pie hasta las oficinas, ocultarnos en las calles... - por un momento podía verse a quien fue. Concentrado en la misión, sereno... le había venido bien no entrar en el juego de su compañera y calmarse.

Rodríguez asintió e hizo lo que él había pedido. Aparcó el jeep en la entrada de un callejón.

- Aquí estará bien, oculto - Andersen asintió y fue el primero en bajarse del vehículo. Acto seguido desenfundó su arma, él no trabajaba bien en distancias cortas cuerpo a cuerpo y después de su accidente... se sentía algo nervioso. Una cosa era recuperar su puntería y otra enfrentarse directamente a un zombie después de lo ocurrido. Era consciente de que no debía abrir fuego, al menos no en las calles, eso sería un suicidio. Sacar el arma había sido casi un acto reflejo. - Si seguimos este callejón llegaremos antes - aclaró. Se conocía muy bien aquella zona de Los Angeles, había trabajado allí, junto a Harley. Math se quedó mirándola de reojo, aún se acordaba de la última vez que fueron a aquel lugar. Aquella mañana, como atravesaron el parking riendo tras su partida de golf, como iban a trabajar ajenos a que sería el último día de normalidad que tendrían.

Negó rápidamente volviendo al mundo real. Andersen avanzó por el callejón en dirección a las oficinas. No le gustaba estar enfadado con Harley, era algo superior a sus fuerzas, por mucho que deseara seguir así, no podía. Le había molestado, sus palabras le habían molestado. Se obligó a seguir en silencio.


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Al bajar el vehículo mis ojos fueron a parar de nueo hacia Math. Obviando que estaban enfadados, que parecíamás demacrao de lo normal... él actuaba como en antaño. Parecía muy seguro de sus movimientos y eso me tranquilizó.

Eh Harley, te quiero aquí — Rodiguez se acercó y pasó una de sus manos por delante de mi rostro de tal forma que yo desbié la mirada de Mathias. Asentí, sin poder ocultar la rustración en mi rostro porque me hubieran regañado por algo que yo misma sabía que estaba haciendo mal.

Avanzamos por el callejón, poco a poco para ir hacia los oficinas de Pandemonium. Trataba de mentalizarme en aquel momento en mis objetivos. Tenía que regresar al SSU y aquella era la misión que me daría mi billete. Las oficinas de Pandemonium se encontraban en una antigua calle de Los Ángeles muy concurrida. Eran zonas que no se podían limpiar por más que los alrededores a la base sí.

Atentos, entramos en una zona roja — susurré, pero en un tono que ambos pudieran escucharme. — Deberíamos entrar por la parte trasera del edificio y desde ahí acceder a la entrada, la calle en las que se encuentran las puertas principales son muy peligrosas — Rodriguez asintió e hizo una señal para avanzar rodeando el edificio. Yo le seguí por aquel callejón hasta lo que era la zona del personal junto a un pequeño muelle de descarga. Ambas puertas estaban cerradas. Fui directa hacia la puerta principal, esta había sido reforzada en otras ocasiones para evitar que entraran zombies o gente. Pandemonium se había llevado la información sensible, pero aún así querían mantener las instalaciones seguras. Rodríguez se acercó y utilizó unas llaves para abrir todas las cerraduras. — Pasad rápido debo volver a cerrar — avisó.


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Después del accidente le costó un tiempo adaptarse a su nueva situación. Todo el mundo le decía que había vuelto a nacer y él simplemente veía que lo habían matado y que debía acostumbrarse a su nueva y miserable vida. Se sentía roto. Pero poco a poco parecía que las cosas mejoraban, al menos que se acostumbraba a su condición... todo hasta que se llevaba un nuevo palo. Porque sí, cuando creía que más capacitado estaba metía la pata.

Una vez dentro de las instalaciones de Pandemonium, tras que cerrasen de nuevo la puerta tras ellos, Andersen iluminó el largo pasillo con su linterna.

- Esto debería estar despejado - Pandemonium cuidaba sus viejas oficinas para evitar problemas. Avanzó tranquilo por el pasillo hasta las escaleras y comenzó a subir. Toda esa zona era muy aséptica, pues era el ala de trabajadores, no daba cara al público.

- ¿Solo tenemos que pasearnos por todo el edificio, no? - dejó su pistola en la funda y esta vez avanzó más relajado. No era necesario un arma, no de momento, ya que se suponía que estaban seguros. Si algo le hacía cambiar de opinión desenfundaría.

Pasear por aquellas instalaciones no hacía más que profundizar en sus heridas. Por aquellos pasillos en los que había pasado horas y horas junto a sus compañeros, Harley... hablando de tanto, e incluso pensando en las posibilidades de un nuevo ascenso. Y ahora estaba ciego, incapacitado hasta para el SSU, por más que se esforzara. ¿Le dejarían de verdad entrar o aquello simplemente era para contentarlo? Tragó saliva, era un miedo que no había dejado de rondarle en los últimos días. Aprovechando que iba delante, revisó uno de los bolsillos de su chaleco para sacar un bote de pastillas. Disimuladamente se tomó dos.


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Sí, pero recuerda que no estamos de paseo — Rodríguez se adelantó a ambos para encabezar el ritmo y yo me posicioné a la derecha de Mathias. — Bueno, con atención y rápidez, estaría bien regresar a la base para la hora de comer — sabía que eso no iba a ser posible, si nos habían enviado allí sería por algo. Pero de momento esa era la misión.

Caminaba en silencio sin decir nada. Revisábamos cada estancia, esperando no encontrar nada fuera de lo normal y hasta ahora todo parecía tranquilo. Efectivos de Pandemonium habían limpiado las instalaciones y simplemente parecían abandonadas. Habían algunas manchas de sangre que no se podían haber limpiado del todo y quedaban los restos, pero poca cosa. Algunas ventanas habían sido tapiadas con tablones y los muebles se habían apartado a los extremos de las habitaciones en algunas alas para utilizarlos como topes de esos tablones, por si algo trataba de entrar desde la calle.

Por otro lado en las plantas superiores todo era más normal. Todo tal cual había estado antes. Había más luz natural gracias a que las ventanas seguían ahí. Los cristales estaban sucios de la lluia, pero se podía ver mucho mejor y no hacía falta del uso de las linternas.

Que locura — susurré alacercarme a uno de los ventanales y observar la calle principal atestada de zombies. Un escalofrío me recorrió de arriba a abajo. Aquello era como una pesadilla. Tanto tiempo que había pasado en aquellas instalaciones, esas calles... verlas así parecía irreal, pormucho que hubiéramos vivido todo el proceso del fin.

Aún me cuesta asimilarlo... — con un suspiro me volví hacia Rodríguez y Andersen. Aún nos quedaban tres plantas más por revisar. Nos localizábamos ahora en una sala de oficinas y todo parecía en orden.


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