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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Tiempos Remotos | Alexia Blackwell

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23 de Agosto del 2011

Penitenciaría Administrativa de Máxima Seguridad
(Colorado, EE.UU)


Los ánimos estarían caldeados dentro de las instalaciones mientras que los primeros rayos de luz se vislumbraban a través de las rejillas, mostrando un espectáculo de siluetas a lo largo del pasillo donde las primeras celdas comenzaban a abrirse, otorgándole a los reos una breve instancia para atender sus necesidades básicas como lo era la higiene personal. En filas, las mujeres debían caminar dentro de una línea amarilla que se dibujaba en el suelo, marcando el límite de sus pasos hasta las duchas, mientras los oficiales desde atrás, les hacían un seguimiento como si se tratase de arriar un ganado.

Mientras marchaban hacia los baños, se podía escuchar uno que otro cuchicheo entre las mujeres sumado de un par de risas debido a las bromas que se hacían entre ellas, pero por algún motivo, la tensión parecía no desaparecer como si hubiese algo más entre esos simples murmullos. Una vez dentro, la mayoría comenzaba a hacer su rutina normal dentro de las duchas, aseándose en bloques donde no existía separación alguna entre un espacio y otro, dejando expuestos los cuerpos al desnudo ante los ojos ajenos, como si se tratase de una exhibición postmodernista. Entre ellas, Alexia destacaba por su figura curvilínea y sus aparentes dotes que le hacían perder toda clase de pudor ante esas situaciones, limitándose únicamente a seguir el régimen carcelario.

Entre tanto, por el lado donde se ubicaban los inodoros, se desarrollaba otra clase de panorama alterno al que se daba en las duchas. Conforme el vapor invadía la habitación y el sonido de las duchas desviaba la atención de terceros, un grupo de a lo menos cuatro personas se adueñaban de uno de los cubículos en el fondo, acorralando a una joven de no más de veintitrés años de la cual poco y nada se sabía. En cosa de segundos, una cuerda improvisada por una sábana anudada rodeó el cuello de la muchacha, azotándola de golpe contra la cerámica donde luego sería arrastrada hasta una de las paredes, anclándola cual adorno navideño a unos pocos metros del suelo, donde lo único que se sostenía era su espalda contra la pared del baño. En su desesperación, azotaba con la poca fuerza que le quedaba las paredes donde apenas y emitía uno que otro golpe con sus pies descalzos sobre el metal.

El estruendo proveniente desde los baños terminó por captar la atención de Alexia, quien aún se encontraba al pie de las duchas, y en su curiosidad por saber de dónde venía aquel sonido, comenzó a avanzar lentamente a través de los cubículos donde los golpes se transformaron en arcadas y las arcadas en jadeos, lo que continuó en una respiración prácticamente quebrada que terminó alertando a la mujer. Alexia pateó la puerta casi de golpe topándose de frente con la escena.. Era horrible, la víctima parecía aferrar sus uñas a la sábana que rodeaba su cuello en un intento por aflojarla mientras que su rostro palidecía y se tornaba de un color morado debido a la falta de aire, sus ojos por otro lado, parecían desorbitarse en dirección al techo como si fuesen a estallar de un momento a otro. No pasó demasiado tiempo para que Alexia atinase a desatar el nudo que pendía desde el otro extremo de la pared, dejando que la muchacha cayera como peso muerto sobre el suelo. Se puso de cunclillas a un lado de ella mientras parecía resguardar a la víctima sobre su cuerpo desnudo como si la vergüenza fuese lo de menos en ese momento.

Vamos mocosa, despierta—Abofeteaba de forma leve y repetitiva la mejilla de la muchacha con tal de reanimarla, mientras sacudía su rostro a la par de sus manos.

Una gárgara de saliva casi como un cuajo brotó desde la boca de la víctima, dando paso a una respiración casi forzada que infló su pecho como si se tratase de una paloma, indicando que la vida de ésta no se habría escapado de sus manos. Aliviada, Alexia dejó el cuerpo de la mujer tendido cuidadosamente sobre el suelo mientras que con cierto morbo, detallaba las marcas recientes que aún permanecían en el cuello de la víctima.

Gracias..—Murmuraba la joven desde el suelo, con una voz quebrada que parecía desgarrar su garganta en su intento por soltar una simple palabra.

Más atrás, el mismo grupo que habría acometido en contra de la desconocida aguardaba tras la salida, siendo testigos de lo que acababa de ocurrir y lo que ésto podría significar para la intrusa.

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25 de Agosto del 2011

Penitenciaría Administrativa de Máxima Seguridad
(Colorado, EE.UU)

“El sótano” como le dirían los guardias, se trataba de un cuarto aislado de la superficie donde la corriente de aire se escapaba por los estrechos espacios entre la ventana y las rejillas metálicas, que se encontraban recubiertas por una espesa capa de moho debido a la humedad de las paredes y el escaso acondicionamiento del sitio. Éste debido a su ubicación, había sido utilizado como lavandería para los presos, facilitándoles toda clase de utensilios y maquinarias para el lavado y planchado de telas. Uniformes de todas las tallas pendían desde hilos que cruzados, recorrían todo el cuarto mientras que a los costados también se podían identificar unas estanterías chapadas a la pared con varios productos de limpieza, designados con sus respectivas etiquetas.

Al rincón, de espaldas a la entrada, se encontraba la morena que en su momento de sosiego y reposo, pasaba ciertas horas de la tarde planchando una que otra prenda para luego apilarlas sobre el tablón una por encima de otra, como siguiendo alguna especie de obsesión, ordenándolas según sus tallas. Mientras que del otro lado de la puerta, un grupo reducido a tres personas se debatían entre lidiar o no con el problema teniendo en cuenta el historial de la susodicha, rebatiendo sus ideas y opiniones entre ellas con tal de llegar a alguna conclusión.

¡Está bien, está bien! Haremos ésto… vamos a sortearlo—Comentaba una de las mujeres a las otras dos mientras retiraba una especie de destornillador envuelto en una tela desde su vientre ,que humedecida, daba una vaga idea de su dudosa procedencia.—Venga ya, vamos a hacerlo—Repitió mientras apoyaba el destornillador sobre el suelo para luego hacerlo girar con una de sus manos.

El instrumento comenzó a girar cual flecha de brújula una y otra vez hasta que frenó en un punto fijo señalando a la “afortunada” que cometería el acto homicida. Ésta al verse sorprendida ante la súbita elección, tragó un poco de saliva mientras tomaba el destornillador entre sus dos manos disponiéndose a caminar en dirección a la puerta. Sus manos no paraban de temblar, y a través de sus crispados nervios, corría a cada instante un escalofrío latente, no por miedo razonado y consciente sino por cierto pavor indefinible y sagrado que parecía entumecer su cuerpo. Conforme iba internándose cada vez más adentro con el puñal improvisado en mano, terminaba por toparse de espaldas a aquella figura femenina, quien solo cuando oyó sus sandalias rechinar sobre el suelo, se volteó lentamente hacia ésta observándola de pies a cabeza, donde la primera, consternada, frenó sus pasos a mitad de camino. Alexia por su parte, destacaba por su temperamento linfático con el cual desechaba todo vano miedo ante la idea de una muerte segura, posándose de frente a la mujer.. donde una vez cerca, detalló las manos de ella, recorriendo toda la visión hasta donde terminaba la punta del destornillador.

¿Qué pasa..? ¿Te han enviado a matarme?—Murmuraba Alexia con cierta calma en su voz, mientras observaba por sobre el hombro de la mujer como rebuscando algún tercero detrás de ella. —Clava aquí entonces—Levantaba parte de su camiseta, mientras daba dos fuertes palmetazos sobre con su mano sobre su abdomen para luego indicar con su dedo el lugar donde debía clavar el puñal—Aquí, en la vena cava—Seguía—Me desangro en 2 o 3 minutos—Insistía asintiendo con la cabeza sin borrar esa expresión mesurada en su rostro.

La mujer por el contrario no podía dejar de temblar, vacilando en su accionar ante la reacción inesperada de la “víctima” que le infundaba más miedo que otra cosa. De un tirón, Alexia sostuvo la muñeca armada de la mujer, acercando el destornillador casi de golpe, amagando un movimiento recto hacia su abdomen—¡Clava, vamos!—Forzaba cada vez más la mano de la mujer, mientras que su mano libre parecía sostener la cabeza de ella como si la estuviese remedando por su falta de coraje.

No puedo.. no puedo—Susurraba la mujer mientras negaba con su cabeza de lado a lado, ante la presión a la que estaba siendo sometida—¿No puedes..?¿no puedes?....—Respondía Alexia casi respirándole al oído, intimidándola.

La respiración de la mujer que portaba el pequeño utensilio se volvió constante y el sudor parecía dificultar el empuñamiento del destornillador mientras sentía como si su cuerpo comenzase a encogerse cada vez más ante la postura que estaba tomando la segunda, terminando por soltar el elemento punzante.

Ahora si podemos hablar—Terminaba por acotar Alexia, mientras presionaba como una pinza la muñeca desarmada de la mujer, contemplando su rostro como si el terror en sus ojos causara cierto morbo en ella.

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26 de Agosto del 2011

Penitenciaría Administrativa de Máxima Seguridad
(Colorado, EE.UU)

El sonido repetitivo de un clap resonaba al interior de una de las lavadoras como si un saco de papas chocase una y otra vez contra el tambor de la máquina lo que más tarde terminaría desencadenando una hilera de acontecimientos desfavorecidos para Alexia.

La pelinegra se encontraba sentada, reclinada su espalda contra el respaldo del asiento mientras las patas traseras de la silla se tambaleaban hacia atrás y hacia adelante en un vaivén contínuo conforme echaba su cuerpo hacia atrás como si se tratase de un columpio, a la espera de que la puerta del cuarto se abriese. Tan pronto pasaron unos minutos, la puerta se azotó contra la pared abriendo paso a un uniformado aparentemente joven, que llevaba la “cara de perro” casi como estampilla en su rostro.

¡Hey.. qué tal..!—Recibía con una sutil bienvenida al hombre que ingresaba al lugar como si su presencia fuese totalmente de su agrado.

Antes de que pudiese continuar, la palma del hombre golpeó con fuerza la mesa delante de Alexia para luego arrojar lo que sería una especie de archivo frente a sus narices, desplazando un par de imágenes en fila para que ésta pudiese contemplar las escenas fotográficas. En éstas, se podía ver el cuerpo de una mujer tendida a los pies de una lavadora mientras que de su boca escurría un fluido mezclado entre saliva y cloro burbujeante que parecía desembocar hasta el suelo donde aún corría agua desde el interior de la máquina.

¿Me puedes explicar esa mierda, Blackwell?—Exclamaba el hombre fijando su vista en ella, mientras tomaba una de las sillas para sentarse frente a la mujer, teniendo la mesa con las fotos recopiladas como punto de separación entre ambos.

Haciéndose la desentendida y con cierta arrogancia como si le restase importancia al asunto, comentó Pierde quien parpadee En donde luego su sátira conllevaría una represalia por parte del oficial.

De un momento a otro, el rostro de Alexia se azotó casi como en un efecto rebote contra la mesa de madera, causándole un dolor punzante desde su tabique hasta su frente. La mujer carraspeando, comenzó a erguir lentamente su espalda mientras la sangre brotaba como borbotones desde sus orificios nasales y sus manos solo atendieron a presionarlas con la intención de aliviar la molestia.

Agh.. carajo—Murmuraba por lo bajo mientras entrecerraba sus ojos, alzando la vista hacia la lamparilla que pendía desde el techo.

¿Sabes cuánto detergente había en los pulmones de esa pobre mujer?—Recalcaba, haciendo notar la molestia en sus palabras—Te caerán 7 años más por ésto, maldita enferma..—Cerraba sus palabras para luego retirarse del cuarto, dejando a la mujer a merced de sí misma.

Que día..—Resumía lo jodida que estaba en esas simples palabras mientras seguía echada en el asiento como si no tuviese nada más que hacer.

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