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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Marcus Wright

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Jugando a El Gato y El Ratón | Alice Stephens

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Jugando a El Gato y El Ratón | Alice Stephens  Wf1v1Gy

4 años atrás...

El mismo mes en que volvió de Europa, Scott aterrizó en su ciudad natal y consiguió un puesto dentro de la unidad científica del Departamento de Policía de Raccoon City, asentándose en el lugar por un tiempo indefinido amén de dedicarse a su nueva carrera. Su repentino regreso había coincidido por aparente casualidad con aquella oscura temporada en que una serie de siniestros se dieron, sucedidos unos de otros y posiblemente vinculados entre sí, con lugar en las montañas de Arklay. Podía parecer extraño que un hombre joven como él, con saldos bancarios bastantes satisfactorios y que con una educación como la suya tendría una paleta de ofertas laborales mucho más amplia, solicitase un puesto como funcionario público. Aunque, de momento, tampoco es que tal información fuese de conocimiento público. Únicamente la comisario O'Hara lo sabía, la mujer que movió los hilos necesarios para que él obtuviera el puesto sin mayores contratiempos.


───※ ·❆· ※───


Miércoles, 28/08 - 8:24 am | Instituto Forense del R.P.D

Al igual que todos los miembros de los distintos entes de seguridad a estas alturas, Scott se encontraba inmerso en la investigación en curso de Arklay. Todas las mañanas las pasaba en el instituto forense del R.P.D, realizando análisis, leyendo los informes médicos de las autopsias y la de esta ocasión no fue la excepción. Pero algo había cambiado... y es que en vista del crecimiento exponencial de las desapariciones, la subdivisión S.T.A.R.S fue incluida en la fórmula para resolver los casos, confiriéndosele igual o mayor autoridad que a los policías de la municipalidad.

El tic tac del reloj marca el pasar del tiempo; donde muchos hallarían enloquecedor tal ruido, sólo la mente de un compulsivo como él encuentra serenidad y una herramienta que su subconsciente usa para trabajar eficientemente al ritmo del compás sin perder concentración. La tetera puesta en una pequeña hornilla eléctrica aún no chilla, pero en cualquier momento lo hará. Aquél laboratorio era uno de varios más, pero particularmente ese estaba a su cargo en el horario diurno. Lucía impecable, meticulosamente organizado, como cabría esperar de su persona. Mientras tanto, en el reposo de su escritorio, Harker sostiene entre manos un sobre de manila simple, contenedor de documentos que empezó a leer entre líneas para sus adentros. Perfiles laborales, nombres, direcciones, domicilios y números telefónicos. Nada que no tuviese precio en billetes, algo con poco que ver con la labor científica que prometía ejercer en aquél lugar. —Vaya, talento y belleza juntos —Dejó de escarbar entre una página y otra para observar una de ellas con especial atención. En principio, parecía querer saber con quién colaboraría para la resolución de los casos—. Lástima que rechazaste ese puesto en Umbrella, todo un desperdicio —La forma en la que obtuvo aquellos archivos... Bueno, ese sería un relato para otro momento.

Oportunamente, la imagen de quien leía y opinaba en soledad se materializó cuando por la puerta entró aquella joven morena de ojos cerúleos escoltada por un oficial. —¿Qué hay, Doc? Tienes visita del Servicio Especial de Tácticas y Rescate, algo que ver con esas malditas desapariciones que nos tienen locos a todos —Tratándose de un patrullero novato con el aspecto de un campesino, se expresaba sin formalidad alguna, desvergonzado y con un acento foráneo, tal vez del sur del país.

Como si de un camaleón se hablase, todo del bioquímico cambió con perfecta sutileza en ese preciso instante. El semblante, su mirada, su tono de voz. —Así me informaron, Dewey, gracias. ¿Te quedas con nosotros? Te noto un poco estresado —Al ponerse de pie se acomodó la bata de laboratorio que traía puesta y asentó un par de gafas para miopía, que no necesitaba, sobre el puente de su nariz. La carpeta que leía antes, fue guardada en un cajón con el trato que se le daría a un documento cualquiera.

Para nada, Doc. Debo atender la recepción. No les quito un segundo más de su tiempo.

Servicial, imbécil, como un burro de carga que cumple su función sin hacer preguntas. Cuando el patrullero que trajo a la agente especial se hubo retirado, Harker vio la oportunidad de presentarse y la tomó. —Espero que Dewey no te haya incordiado con su particular forma de ser. Por favor, no me llames doctor. Ese mote tan anticuado y formal, y yo con mi poca experiencia laboral equivalente a la de un pasante... Jajaja, mejor sólo Scott, ¿vale? —Se mostró modesto entre risas y ofreció su mano para estrechar la de ella—. ¿Café? ¿Con leche, negro, doble azúcar, con crema? ¿O prefieres té? —Se aproximó a la encimera de una esquina donde la tetera disparó un chirrido, al costado la cafetera eléctrica conectada a la toma de corriente aún mantenía caliente la oscura y amarga sustancia de su contenido.

Lo que ella hubiese pedido, él lo serviría en una taza que depositaría con cuidado en sus manos. En su caso, optó por la bebida de infusión a la que le había cogido apego tras su paso por Rusia. —Tal vez te suene a cliché, pero de niño siempre quise formar parte de tu unidad. Mi abuelo sirvió en ella por tres décadas y ese fue mi ejemplo a seguir. Quería ser como él, pero ya ves —Gesticula casi burlesco y en lamento con una ceja y su taza de té en alza, para referirse a la realidad del presente—. Terminé siendo el tipo aburrido de las ciencias. Las duras pruebas de admisión demuestran que no es una profesión para todos, pero aquí estamos. Me alegra tener a alguien de STARS en mi laboratorio, será un placer colaborar contigo para resolver todo esto.

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Como todas y cada una de las últimas mañanas el terrible tono del despertador comenzó a sonar con furia, Alice lo odiaba, pero era la única forma de levantarse. Quiso golpearlo con la mano y entonces se dio cuenta de que no estaba en la mesita de noche. Se levantó bruscamente y se odió a si misma al recordar que su yo del pasado lo había colocado en la otra esquina de la habitación para obligarla a despertarse. Descalza avanzó como lo haría un elefante, con bruscos pisotones debido a su mal humor hasta el maldito despertador, del cual se vengó con un pesado manotazo.

Se dejó caer en la cama boca abajo, volviendo a cerrar los ojos.

¿Por qué había sido tan idiota de poner el desper...? ¡La reunión! Claro, esa reunión que tenía a primerísima hora con el departamento, Alice se levantó de un salto, como siempre se había vuelto quedar dormida. Avanzó por la habitación recogiendo el uniforme, tropezando, yendo hasta la cocina, tomando algo rápido para desayunar... casi ni se había peinado. Pero salió corriendo hacia la comisaría.

La reunión fue como de costumbre seria, aburrida... Chris la miró fatal nada mas llegar, porque entraba un par de minutos tarde, con una taza del departamento STARS entre sus manos, bostezando... avanzó en silencio hasta su mesa y escuchó al capitán.

Más tarde le pedían que bajase a los laboratorios y eso hizo. Aprovechó ese tiempo para ir al baño y asearse algo. Alice podía ser un auténtico desastre en su vida privada, pero su trabajo era algo que se tomaba demasiado a pecho. Se arregló el uniforme, se peinó y ya en unas condiciones mucho mejores bajó a la recepción, allí la esperaban para acompañarla a los laboratorios, donde le habían dicho que la esperaba un tal Scott Harker.

- Buenos días - sonrió ampliamente. - Gracias Dewey - se despidió con la mano y se acercó al tal Harker para estrechar su mano. - Alice Stephens, mucho gusto - miraba de reojo el lugar. Se conocía a la perfección la comisaría, pero aún así había espacios que apenas había podido explorar.

- No debería, pero... no, mejor un té - estaba tratando de reducir la cantidad de café que tomaba al día, pero cambiarla por té no era algo que precisamente le fuese a ayudar con su nerviosismo. Decían que la teína era hasta peor.

- Gracias - sujetó la taza con ambas manos mientras soplaba esta ligeramente y daba algunos sorbitos. - Bueno, ¿qué necesitas de mi? - Alice se acercó a la mesa donde había dejado una pequeña maleta. - A parte de lo que venía a hacer yo, me dijeron que tenías que revisar unas cosas... - decía mientras abría la maleta. - Tengo que tomar las fotografías del último cuerpo para tratar de averiguar quién es - sacó una cámara, un flash y posteriormente una tablet que fue colocando en la mesa, de forma muy ordenada. Resultaba curioso como podía vivir en un auténtico caos y luego sin embargo para otras cosas, su trabajo, era tan meticulosa.


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Le sorprendió de buena manera su disposición y cómo sus primeras virtudes salieron a flote con rapidez.

Bueno, más bien se trata de "qué necesita el departamento de nosotros" —aclaró con una sonrisa gentil en su rostro— y lo que necesita de ti y de mí es... —pausaba para abrir una caja de guantes quirúrgicos de la que sacó un par para revestir sus manos con ellos— que usemos estos, y tengamos estómago para lo que te voy a mostrar en unos instantes —Finalizó con el ruido del látex azotando la piel de su muñeca y una mascarilla tapándole el rostro.

Se impulsó con la silla de ruedas desde su escritorio hacia un extremo del laboratorio, donde se paró, justo frente a un imponente cajón de acero inoxidable que le doblaba en altura y robaba el reflejo de los potentes focos de luz del lugar. Al accionar una de las múltiples compuertas del artilugio, Scott fue devorado por un manto nebuloso y difuso de aire frío, revelando la verdadera naturaleza de aquella estructura que no sería otra que una cámara mortuoria.

Durante un inquietante minuto que parecía tener intenciones de eternizarse, la única forma que tuvo la agente especial de saber que, en efecto, Scott seguía allí, eran los ruidos metálicos que provenían de su posición, como si estuviera acomodando algo pesado... hasta que salió repentinamente de la niebla gélida empujando una camilla con un cuerpo tapado hacia su posición. —¿Estás lista? —No creía que lo estuviese. O quizá la subestimaba... A pesar de aparentar una edad similar a la de él, Alice no tenía apariencia de haber visto muerte en su vida... al menos, no como la que vería en ese momento, o como las que él llegó a presenciar.

Abrió la bolsa negra y lo primero que se pudo apreciar fue un cadáver de piel mortecina, casi morada, al que le faltaba la cabeza, completamente cercenado, con múltiples heridas profundas en todo el cuerpo y laceraciones sanguinolentas e hinchadas. En el torso, por supuesto, una cicatriz cosida que no fue sino producto de la autopsia realizada algunos días atrás. —Dudo que puedas reconocer algo de lo que quedó —Declaró con un tono lamentable en su voz—. Un hombre de mediana edad, entre cuarenta y cincuenta años, malos hábitos alimenticios y una gran debilidad por el alcohol. Hasta ahora se ha podido determinar que no fue obra de un humano, pero estas heridas... —Se apartaría de la camilla para señalar un tablero que él mismo había armado con gráficos e imágenes de cuerpos de los casos anteriores—. Si bien sabemos que coinciden con las de los otros desaparecidos, aún no hemos podido determinar que animal hizo esto. ¿Linces? ¿Lobos? Algunos creen que pudo haber una migración de estas especies a las Montañas de Arklay, pero... ¿Linces y lobos? ¿En la ciudad mapache? —Se quitó la mascarilla y arrojó una mirada escéptica a los azulejos de su compañía, esperando lo que tenía para aportar al dilema de todo aquél asunto.

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