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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Jugando a El Gato y El Ratón | Alice Stephens

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4 años atrás...

El mismo mes en que volvió de Europa, Scott aterrizó en su ciudad natal y consiguió un puesto dentro de la unidad científica del Departamento de Policía de Raccoon City, asentándose en el lugar por un tiempo indefinido amén de dedicarse a su nueva carrera. Su repentino regreso había coincidido por aparente casualidad con aquella oscura temporada en que una serie de siniestros se dieron, sucedidos unos de otros y posiblemente vinculados entre sí, con lugar en las montañas de Arklay. Podía parecer extraño que un hombre joven como él, con saldos bancarios bastantes satisfactorios y que con una educación como la suya tendría una paleta de ofertas laborales mucho más amplia, solicitase un puesto como funcionario público. Aunque, de momento, tampoco es que tal información fuese de conocimiento público. Únicamente la comisario O'Hara lo sabía, la mujer que movió los hilos necesarios para que él obtuviera el puesto sin mayores contratiempos.


───※ ·❆· ※───


Miércoles, 28/08 - 8:24 am | Instituto Forense del R.P.D

Al igual que todos los miembros de los distintos entes de seguridad a estas alturas, Scott se encontraba inmerso en la investigación en curso de Arklay. Todas las mañanas las pasaba en el instituto forense del R.P.D, realizando análisis, leyendo los informes médicos de las autopsias y la de esta ocasión no fue la excepción. Pero algo había cambiado... y es que en vista del crecimiento exponencial de las desapariciones, la subdivisión S.T.A.R.S fue incluida en la fórmula para resolver los casos, confiriéndosele igual o mayor autoridad que a los policías de la municipalidad.

El tic tac del reloj marca el pasar del tiempo; donde muchos hallarían enloquecedor tal ruido, sólo la mente de un compulsivo como él encuentra serenidad y una herramienta que su subconsciente usa para trabajar eficientemente al ritmo del compás sin perder concentración. La tetera puesta en una pequeña hornilla eléctrica aún no chilla, pero en cualquier momento lo hará. Aquél laboratorio era uno de varios más, pero particularmente ese estaba a su cargo en el horario diurno. Lucía impecable, meticulosamente organizado, como cabría esperar de su persona. Mientras tanto, en el reposo de su escritorio, Harker sostiene entre manos un sobre de manila simple, contenedor de documentos que empezó a leer entre líneas para sus adentros. Perfiles laborales, nombres, direcciones, domicilios y números telefónicos. Nada que no tuviese precio en billetes, algo con poco que ver con la labor científica que prometía ejercer en aquél lugar. —Vaya, talento y belleza juntos —Dejó de escarbar entre una página y otra para observar una de ellas con especial atención. En principio, parecía querer saber con quién colaboraría para la resolución de los casos—. Lástima que rechazaste ese puesto en Umbrella, todo un desperdicio —La forma en la que obtuvo aquellos archivos... Bueno, ese sería un relato para otro momento.

Oportunamente, la imagen de quien leía y opinaba en soledad se materializó cuando por la puerta entró aquella joven morena de ojos cerúleos escoltada por un oficial. —¿Qué hay, Doc? Tienes visita del Servicio Especial de Tácticas y Rescate, algo que ver con esas malditas desapariciones que nos tienen locos a todos —Tratándose de un patrullero novato con el aspecto de un campesino, se expresaba sin formalidad alguna, desvergonzado y con un acento foráneo, tal vez del sur del país.

Como si de un camaleón se hablase, todo del bioquímico cambió con perfecta sutileza en ese preciso instante. El semblante, su mirada, su tono de voz. —Así me informaron, Dewey, gracias. ¿Te quedas con nosotros? Te noto un poco estresado —Al ponerse de pie se acomodó la bata de laboratorio que traía puesta y asentó un par de gafas para miopía, que no necesitaba, sobre el puente de su nariz. La carpeta que leía antes, fue guardada en un cajón con el trato que se le daría a un documento cualquiera.

Para nada, Doc. Debo atender la recepción. No les quito un segundo más de su tiempo.

Servicial, imbécil, como un burro de carga que cumple su función sin hacer preguntas. Cuando el patrullero que trajo a la agente especial se hubo retirado, Harker vio la oportunidad de presentarse y la tomó. —Espero que Dewey no te haya incordiado con su particular forma de ser. Por favor, no me llames doctor. Ese mote tan anticuado y formal, y yo con mi poca experiencia laboral equivalente a la de un pasante... Jajaja, mejor sólo Scott, ¿vale? —Se mostró modesto entre risas y ofreció su mano para estrechar la de ella—. ¿Café? ¿Con leche, negro, doble azúcar, con crema? ¿O prefieres té? —Se aproximó a la encimera de una esquina donde la tetera disparó un chirrido, al costado la cafetera eléctrica conectada a la toma de corriente aún mantenía caliente la oscura y amarga sustancia de su contenido.

Lo que ella hubiese pedido, él lo serviría en una taza que depositaría con cuidado en sus manos. En su caso, optó por la bebida de infusión a la que le había cogido apego tras su paso por Rusia. —Tal vez te suene a cliché, pero de niño siempre quise formar parte de tu unidad. Mi abuelo sirvió en ella por tres décadas y ese fue mi ejemplo a seguir. Quería ser como él, pero ya ves —Gesticula casi burlesco y en lamento con una ceja y su taza de té en alza, para referirse a la realidad del presente—. Terminé siendo el tipo aburrido de las ciencias. Las duras pruebas de admisión demuestran que no es una profesión para todos, pero aquí estamos. Me alegra tener a alguien de STARS en mi laboratorio, será un placer colaborar contigo para resolver todo esto.

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Como todas y cada una de las últimas mañanas el terrible tono del despertador comenzó a sonar con furia, Alice lo odiaba, pero era la única forma de levantarse. Quiso golpearlo con la mano y entonces se dio cuenta de que no estaba en la mesita de noche. Se levantó bruscamente y se odió a si misma al recordar que su yo del pasado lo había colocado en la otra esquina de la habitación para obligarla a despertarse. Descalza avanzó como lo haría un elefante, con bruscos pisotones debido a su mal humor hasta el maldito despertador, del cual se vengó con un pesado manotazo.

Se dejó caer en la cama boca abajo, volviendo a cerrar los ojos.

¿Por qué había sido tan idiota de poner el desper...? ¡La reunión! Claro, esa reunión que tenía a primerísima hora con el departamento, Alice se levantó de un salto, como siempre se había vuelto quedar dormida. Avanzó por la habitación recogiendo el uniforme, tropezando, yendo hasta la cocina, tomando algo rápido para desayunar... casi ni se había peinado. Pero salió corriendo hacia la comisaría.

La reunión fue como de costumbre seria, aburrida... Chris la miró fatal nada mas llegar, porque entraba un par de minutos tarde, con una taza del departamento STARS entre sus manos, bostezando... avanzó en silencio hasta su mesa y escuchó al capitán.

Más tarde le pedían que bajase a los laboratorios y eso hizo. Aprovechó ese tiempo para ir al baño y asearse algo. Alice podía ser un auténtico desastre en su vida privada, pero su trabajo era algo que se tomaba demasiado a pecho. Se arregló el uniforme, se peinó y ya en unas condiciones mucho mejores bajó a la recepción, allí la esperaban para acompañarla a los laboratorios, donde le habían dicho que la esperaba un tal Scott Harker.

- Buenos días - sonrió ampliamente. - Gracias Dewey - se despidió con la mano y se acercó al tal Harker para estrechar su mano. - Alice Stephens, mucho gusto - miraba de reojo el lugar. Se conocía a la perfección la comisaría, pero aún así había espacios que apenas había podido explorar.

- No debería, pero... no, mejor un té - estaba tratando de reducir la cantidad de café que tomaba al día, pero cambiarla por té no era algo que precisamente le fuese a ayudar con su nerviosismo. Decían que la teína era hasta peor.

- Gracias - sujetó la taza con ambas manos mientras soplaba esta ligeramente y daba algunos sorbitos. - Bueno, ¿qué necesitas de mi? - Alice se acercó a la mesa donde había dejado una pequeña maleta. - A parte de lo que venía a hacer yo, me dijeron que tenías que revisar unas cosas... - decía mientras abría la maleta. - Tengo que tomar las fotografías del último cuerpo para tratar de averiguar quién es - sacó una cámara, un flash y posteriormente una tablet que fue colocando en la mesa, de forma muy ordenada. Resultaba curioso como podía vivir en un auténtico caos y luego sin embargo para otras cosas, su trabajo, era tan meticulosa.


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Le sorprendió de buena manera su disposición y cómo sus primeras virtudes salieron a flote con rapidez.

Bueno, más bien se trata de "qué necesita el departamento de nosotros" —aclaró con una sonrisa gentil en su rostro— y lo que necesita de ti y de mí es... —pausaba para abrir una caja de guantes quirúrgicos de la que sacó un par para revestir sus manos con ellos— que usemos estos, y tengamos estómago para lo que te voy a mostrar en unos instantes —Finalizó con el ruido del látex azotando la piel de su muñeca y una mascarilla tapándole el rostro.

Se impulsó con la silla de ruedas desde su escritorio hacia un extremo del laboratorio, donde se paró, justo frente a un imponente cajón de acero inoxidable que le doblaba en altura y robaba el reflejo de los potentes focos de luz del lugar. Al accionar una de las múltiples compuertas del artilugio, Scott fue devorado por un manto nebuloso y difuso de aire frío, revelando la verdadera naturaleza de aquella estructura que no sería otra que una cámara mortuoria.

Durante un inquietante minuto que parecía tener intenciones de eternizarse, la única forma que tuvo la agente especial de saber que, en efecto, Scott seguía allí, eran los ruidos metálicos que provenían de su posición, como si estuviera acomodando algo pesado... hasta que salió repentinamente de la niebla gélida empujando una camilla con un cuerpo tapado hacia su posición. —¿Estás lista? —No creía que lo estuviese. O quizá la subestimaba... A pesar de aparentar una edad similar a la de él, Alice no tenía apariencia de haber visto muerte en su vida... al menos, no como la que vería en ese momento, o como las que él llegó a presenciar.

Abrió la bolsa negra y lo primero que se pudo apreciar fue un cadáver de piel mortecina, casi morada, al que le faltaba la cabeza, completamente cercenado, con múltiples heridas profundas en todo el cuerpo y laceraciones sanguinolentas e hinchadas. En el torso, por supuesto, una cicatriz cosida que no fue sino producto de la autopsia realizada algunos días atrás. —Dudo que puedas reconocer algo de lo que quedó —Declaró con un tono lamentable en su voz—. Un hombre de mediana edad, entre cuarenta y cincuenta años, malos hábitos alimenticios y una gran debilidad por el alcohol. Hasta ahora se ha podido determinar que no fue obra de un humano, pero estas heridas... —Se apartaría de la camilla para señalar un tablero que él mismo había armado con gráficos e imágenes de cuerpos de los casos anteriores—. Si bien sabemos que coinciden con las de los otros desaparecidos, aún no hemos podido determinar que animal hizo esto. ¿Linces? ¿Lobos? Algunos creen que pudo haber una migración de estas especies a las Montañas de Arklay, pero... ¿Linces y lobos? ¿En la ciudad mapache? —Se quitó la mascarilla y arrojó una mirada escéptica a los azulejos de su compañía, esperando lo que tenía para aportar al dilema de todo aquél asunto.

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Alice siguió el mismo ritual que su compañero, tras dejar sus herramientas a un lado, se colocó guantes y mascarilla, para seguirlo. Se mantuvo algo alejada de la cámara, hasta que el hombro deslizó el cajón, revelando la camilla con aquel sudario negro, típico de la comisaría. Las siglas del RPD resaltaban en un lateral. Sus ojos azules se fijaron en las estrellas hasta que Harker llamó su atención. No era el primer cadáver que veía y después de los restos que encontraron en julio... ya estaba curada de espanto, aquella vez vomitó por todas las futuras veces que fuera a tener que trabajar con restos humanos. Así que se mostró bastante tranquila.

- ¿Un mapache muy cabreado tal vez? - comentó con sarcasmo mientras se asomaba para observar al difunto decapitado. - Pues sí que va a resultar un problema... - añadió en un susurro, más para ella misma. - ¿No hay ninguna marca identificativa diferente? - cuestionó mientras sus ojos recorrían la piel del cuerpo. Si encontraran un tatuaje por ejemplo, ayudaría notablemente a la investigación. - Las huellas que aparecen en el informe apenas son nítidas - había tomado la carpeta para revisar lo que habían anotado. Claro, para complicar aún más las cosas, las heridas y laceraciones impedían obtener huellas legibles.

- Tal vez pueda realizar una reconstrucción con lo que hay... cotejarlo con la base de datos y acercarnos a su identidad con tus estimaciones - Alice depositó la carpeta en una de las mesas y regresó a esta con su tablet, para fotografiar las manchas de tinta que había sobre el papel. Se suponía que eran huellas.

- No has encontrado restos de ninguno de esos animales, ni pelo, ni saliva... es raro - comentó mostrándose algo distraída, ya que se concentraba en jugar con los fragmentos de huellas que tenía en la tablet. - A ver - interrumpió su propia tarea para mirar al hombre. - Tú eres el experto, ¿crees que de verdad han podido ser animales del bosque? - Alice lo creía así al principio, pero en aquel caso, cada vez que investigaba más, más extrañas se volvían las pistas y hallazgos que realizaban. Con los primeros cadáveres, los del matrimonio que desapareció, encontraron tan solo restos del hombre y en esos restos la única pista que tuvieron, fue que identificaron sangre coagulada de la mujer, por ello la declararon muerta, pero nada más. Tras fruncir un rato los labios, pensativa, regresó a la pantalla de la tablet.

- ¿Y los alrededores a este cadáver, encontraron algo más? - preguntó. Alice no solía salir a las escenas, ella era más de quedarse en la oficina y trabajar con lo que le llevaban, así que quería hacer una lista con todo lo que tenían, eso ayudaría a sus compañeros con la investigación.


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Ni mapaches rabiosos, ni linces ni lobos...Tiró aquellas teorías por la borda y se obligó a guardar un sabio silencio reflexivo.

Se lo veía inmerso en sus propias cavilaciones, frotaba sus dedos entre el roce del látex como si buscase las respuestas correctas, una y otra vez, y en el proceso volcaba el malestar que le provocaba sus ansias compulsivas sobre su labio inferior, al que castigaba hincándole los dientes sin temor a hacerlo sangrar.

«Debo tomar una decisión...» Sólo él era conocedor de los conflictos que libraba dentro de su cabeza para lidiar de la mejor forma posible con la realidad, tal y como le había demandado siempre su trabajo...

Tenía la mirada perdida en las fotos pegadas al cartel cuando la morena detectó con el instinto de un sabueso de caza el mal olor de las inconsistencias del caso, interrogándole y por consecuente, robándole una sonrisa ladina que pinceló con la cabeza gacha antes de volverse a ella para responder—. El diablo está en los detalles, ¿no? —Seguía mostrando sorpresa por la perspicacia de Stephens. Ahora empezaba a entender porqué habían asignado a los STARS—. Este pobre desgraciado no tuvo tatuajes o cicatrices. Ni tan siquiera una cirugía, muy a pesar de que con la calidad de vida que llevaba quizá hubiese necesitado alguna —Pero, independientemente de todo, las palabras en boca de Scott no hacían sino remarcar lo estancada que estaba la investigación frente a la suba exponencial de casos con personas desaparecidas en las mismas circunstancias durante el segundo trimestre de aquél año tan fatídico para la Ciudad Mapache.

Entonces, la sensación de que estaban dando palos de ciego en un vacío oscuro sólo podía normalizarse, mientras que la luz al final del túnel se volvía difusa...

No sé qué tan lejos podamos llegar con esas huellas. Pero, es que ya ni es eso... Si no estuvieras de servicio te pediría dejarme apostar una cena contigo a que si no le hubieran arrancado la cabeza, y tuviéramos parte de su dentadura, no encontraríamos sus registros dentales en el sistema —Audaz y desvergonzado, ni un muerto entre manos le quitaba la oportunidad a Harker de hacer un guiño al coqueteo con una mujer bella como lo era la detective—. ¿Te vas haciendo una idea, no? —Apoyó las manos sobre la camilla desde el otro extremo contrario a Alice, mirándole directamente a los ojos, y aparentemente sin saberlo, con un hilo borgoña brotando de su labio herido... Lo relamería extrañado, con el ceño fruncido y un gesto desentendido, si es que ella hacía señalamiento de ello.

Contando con que no traía identificación sino una botella de vodka entre sus pertenencias, sin llamada alguna de familiares reportando una desaparición que encaje con él, además de alcohólico... —La suspicacia con la que había empezado a plantear una duda tras otra, y arrojar datos que de forma intuitiva conducirían a una concluión, fue aplicada también a su accionar, mismo en el cual tomó una pinza de la bandeja de instrumentos sanitarios para levantar un pliego colgante de piel del hombro cadáver—. Te lo digo, a este tipo no lo va a extrañar nadie. Estoy convencido de que era un vagabundo que vivía en las zonas remotas de Arklay. En cuanto al rastro de nuestro animal responsable, ¿ves esto? —Al área señalada de la herida, puso mayor énfasis sosteniendo una lupa sobre esta y acercando la lámpara. Emanaba un olor nauseabundo y tenía mal aspecto—. El hombre murió hace 48 horas, sin embargo, el proceso de descomposición es particularmente acelerado en estas heridas. Esto significa que en los dientes de su predador hay algún agente o toxina capaz de causar necrosis en las heridas, lo cual carece de sentido porque sólo las arañas y las serpientes son capaces de ello. Y estas heridas no son ni de insectos ni de reptiles...

Esperaba que aquella explicación hubiese bastado para ponerla en perspectiva del dilema y el panorama completo del fenómeno acontecido en los casos. De lo que sí estaba seguro, es que la mujer caería en el terreno exacto en el que él quería que cayese, cuya naturaleza convergía de los misterios que rodeaban los lugares del siniestro.

Y así fue.

Dejados los instrumentos en su lugar, y en un gesto casi de resignación, el bioquímico desnuda sus manos de los guantes deshaciéndose de ellos igual que con la mascarilla. Mientras tallaba sus manos escrupulosamente con jabón y un cepillo estéril, Alice le interrogó sobre las escenas de los ataques y ello le hizo volver a mirar aquella cartelera con fotografías de las distintas zonas montañosas de Arklay donde fueron encontrados los cuerpos, esta vez con una idea clara de lo que haría. —El R.P.D no ha tenido la ocasión de peinar la zona como se debe. Cuando tienen el tiempo para hacerlo, aparece un cuerpo nuevo y se llenan de más trabajo. Es una de tantas otras razones por las que ustedes de los S.T.A.R.S ahora encabezan el caso.

Pero te propongo algo —Usa un paño para secarse las manos, le da un sorbo al té que ya había enfriado, y con una mueca descendiente en su boca del asco, continúa—. ¿Qué te parece si vamos a investigar el sitio? Nada riguroso, más bien algo preliminar. Chequeamos algunas zonas, hacemos reconocimiento y ¿quién sabe? Capaz encontremos algo. Tú necesitas al tipo aburrido de las ciencias para tratar las pistas y yo necesito una heroína ruda y de armas tomar que me proteja.




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- Entonces, aunque tuviéramos su identidad no serviría de nada... - alzó la mirada con cierta frustración. Pero Alice no pudo evitar reírse en silencio ante las palabras de él. - Cuando ceno no suelo estar de servicio - puntualizó ella, dejando caer las palabras en el aire, al igual que él había hecho. Aún así siguió en su tarea, ya que no se quitaba de la cabeza ni sus pensamientos, ni los hallazgos de Harker, ni mucho menos sus teorías. - Aún así deberíamos tratar de averiguar su identidad... - Alice avanzó en su dirección, a medio camino sacó un pañuelo de papel de su mochila y se lo entregó una vez que ya se había lavado las manos él. - Tienes sangre - se señaló el labio. Él ni parecía haberse dado cuenta, estaba tan concentrado en su trabajo... que Alice simplemente pensó que se trataba de ello y de una forma de liberar tensión por las incógnitas que los atormentaban.

- Oh... ni siquiera una serpiente muy cabreada, ¿no? - volvió sobre su broma, aunque en esta ocasión Alice señalaba el cuello de la víctima. - ¿Qué me dices de eso? ¿Qué le arranca la cabeza a una persona? - sus ojos azules observaban las heridas del cuello. - Son uniformes, tal vez demasiado uniformes... - alzó la mirada hacia él, Alice anotaba todo lo que iban hablando en un pequeño cuaderno que tenía siempre en el bolsillo trasero del pantalón, cualquier cosa por pequeña o estúpida que fuera ella la escribía, más tarde podrían aportar algo de lucidez a todo aquello. - Hay un programa en la ciudad que se dedica a ayudar a los sin techo, suelen tener registros de todos ellos, básicamente porque es el único lugar en el que pueden comer... tal vez su base de datos nos pudiera ayudar con su identidad - pero eso lo dejaría más adelante, ya que él parecía tener otros planes, a los que Alice no pudo evitar volver a reírse. - Creo que te equivocas de persona, pero bueno, prometo intentarlo y cuidar de ti, siempre y cuando no aparezca un mapache cabreado, esas manitas me ponen muy nerviosa - alzó los dedos y los abrió y cerró varias veces.

Aquel plan le parecía una idea interesante, por lo que la joven no tardó en volver a recoger todas sus cosas, para llevarse el equipo a Arklay. - Le dejaré un mensaje a Crawford y nos vamos en el jeep, ¿tienes que llevarte algo? - preguntó mientras acababa y se colgaba la bolsa al hombro. Ella ya estaba lista y con su teléfono móvil escribía un mensaje de texto al jefe de su unidad. Crawford le había pedido a Alice que le fuera avisando de todo, sus palabras fueron: "Tienes vía libre, pero no la líes, mantenme informado". Ellos estaban siguiendo la investigación desde otros puntos de vista y por tanto querían saber de los avances de Alice para ir atando cabos.

- Vamos, no hay tiempo que perder - la joven estaba bastante animada con la idea de viajar hacia Arklay, ella creía de verdad que podría aportar claridez sobre la investigación. Por lo que en cuanto el bioquímico estuviera listo se irían al garaje de la comisaría a por uno de los vehículos que el departamento tenía preparados para su unidad. Ella avanzaba casi sin mirar apenas hacia su alrededor enfrascada en el informe, buscando las coordenadas exactas del lugar donde encontraron al cadáver para introducirlas después en el GPS. - ¡Perdón! - exclamó con cierto pasotismo cuando se chocó un par de veces con algunos de sus compañeros. Keith Hansen incluso se tomó la libertad de despeinarla a modo de "venganza" por su tropiezo, pero ella ni se inmutó, seguía avanzando enfrascada en su lectura.


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Perdona —Aceptó la servilleta con un deje de aparente vergüenza—. Aunque suene terrible decirlo dadas las circunstancias, los casos enigmáticos como estos me apasionan al mismo nivel en que pueden llegar a consumirme —Justificó la herida en su labio. No quería dar la impresión de ser un masoquista que tantos se veían por aquellos días de antaño.

En medio de las observaciones, ella hizo otra acotación suspicaz respecto a la herida del cercenamiento y él no tardó en remarcar la opción de visitar Arklay como una posible solución. —La herida del decapitamiento que mencionas, las toxinas inusuales presentes, todo es un misterio. Podría haber sido un animal el que matase este hombre y horas después algún lunático le pareció buena idea llevarse un trofeo... Mil cosas podrían haber pasado. Sólo podremos saberlo si vamos allí —Si no era genuina la chispa de emoción en sus ojos al hablar de temas relacionados a su especialidad, entonces tendrían que darle un premio por su actuación.

Alice volvió sobre la idea de averiguar la identidad de la víctima y propuso visitar el albergue de indigentes. Para Scott, aquello era secundario en una escala de prioridad. Daba la impresión de que el joven científico estaba más decantado por hacer un descubrimiento académico antes que hacer justicia tal y como quería la detective, y no en vano... Había llegado a donde estaba por méritos, por cumplir su trabajo como policía que era, mientras que él parecía más un muchacho ansioso por descubrir a Santa en Noche Buena. Sin embargo, sus motivaciones también pudiesen haber servido para fines compartidos, y posiblemente eso fue lo que ella tomó en cuenta para aceptar su sugerencia.

El programa de la ciudad no se irá a ningún lado, pero las pistas de Arklay puede que sí —Razonó—. Además... no quiero que algún "mapache cabreado con manitas raras" nos arruinen todo —Imitó el ademán de manos de ella acompañando con una breve sonrisa.

El semblante del bioquímico cobró un aire hosco de un momento a otro, similar a cuando eran sólo él y el archivo de la mujer. Ella se dispuso a llamar uno de sus compañeros de equipo para avisar sobre la situación de la investigación en curso y eso le dijo a él mucho sobre la buena comunicación que había en el equipo STARS asignado, despertando además otra serie de incógnitas que se propondría resolver más adelante... —Sólo mi mochila, allí tengo todo y... Ah, mi chaqueta. Salir sin mi chaqueta de la suerte me resulta aterrador —Agregó con cierta gracia cuando ella preguntó si debía llevarse algo más, sustituyendo la bata de laboratorio por la prenda mencionada.

Adelántate. Te alcanzo en un minuto —Lo primero que hizo cuando obtuvo ese espacio de oportunidad que pidió, fue salir al exterior, cruzó la calle al frente e hizo un pedido en un establecimiento de comida rápida. Pero además, aprovechó para llamar cierto número fantasma desde un teléfono descartable—. No he conseguido nada aún —Respondió a secas a una voz que sólo él podía escuchar a través del móvil—. Quiero el expediente de "Crawford" y el resto de la unidad para hoy. Corto y fuera —Colgó. Rompió el teléfono en dos pedazos, separó la batería y el chip y desechó todo en el bote de basura más cercano.

¿Qué había sido aquello? ¿Con quién había hablado? ¿Por qué o para qué? No habían indicios de que la respuesta a alguna de aquellas incógnitas fuera ver la luz por el momento.

Al regresar para abordar el jeep, Harker se presentó con un par de emparedados envueltos y botellas de agua respectivamente para cada uno. —Escoge, ¿jamón de cerdo o pavo? No sé si quieras desayunar, si ya desayunaste o si quieres desayunar por segunda vez —Sus topacios se fijaron en los cerúleos de ella en silencio por unos segundos, pero antes de dejarla responder, siguió—. Digo... sé que no es la comida más sana, pero tienes buena genética, no acumulas grasa en tus caderas y te mantienes en forma. No quiero que te de un bajón de azúcar en Arklay —Rió sin quitarle seriedad a lo que decía y mordió el sándwich. Mientras ella tripulaba el 4 x 4, él actualizó las coordenadas del lugar a explorar en el dispositivo GPS del vehículo. No las sacó de un papel para copiarlas o algo. Curiosamente, las tenía memorizadas.


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- Hola... no, tranquila... mañana si quieres almorzamos juntas, perfecto. Un abrazo - Alice respondía una llamada de teléfono mientras avanzaba al jeep. Ya había pedido las llaves de un coche en la centralita y avanzaba por el garaje haciendo malabares para colgar el móvil, sujetar las llaves del coche, la carpeta del informe, cargar sus dos bolsas, una de sus cosas y la otra de las cámaras. Afortunadamente nada se cayó, aunque su amiga la estuvo escuchando maldecir durante unos largos segundos más. - ¡Hey, ya estás aquí! - exclamó cuando apenas acababa de subir al coche tras dejar las cosas en la parte de atrás.

- ¡Jamón! - no le dio tiempo a que dijera nada más, Alice le arrebató el sándwich con una amplia sonrisa. - Gracias, la próxima invito yo - le guiñó un ojo a su compañero mientras introducía la llave y arrancaba. Pisó el embrague a fondo, puso primera y se dispuso a salir de allí, con calma, ya que en aquel garaje las columnas parecían moverse a su antojo para molestar. - Siempre hay hueco para uno de estos... - se rió y es que Alice, siempre comía bastante. En la unidad tenía fama de tragona, pero disfrutaba mucho de la comida, tanto o más que de las bebidas energéticas, café o té. Si no se bebía cinco tazas al día no tomaba ninguna y eso como mínimo.

- Vale, marca veinte minutos - dijo mirando de reojo el GPS. - Espero que este viaje nos ayude, la verdad es que tengo un buen presagio - parecía bastante animada. Aquella idea que él había propuesto le resultaba muy interesante y bien pensada. Crawford en su tono de voz también lo anunció, estaba satisfecho con la labor de Alice, aunque fuera un caos como persona, aunque su última recaída casi acabara con todo. Ella prefirió no pensar en ello y seguir hablando con Scott, sin llegar a apartar la mirada de la carretera.

- Por cierto, ¿eres de Raccoon? - ya que iban a estar tanto tiempo en el coche, podrían hablar de algo más que del caso, solo para despejarse un poquito. En nada volverían a sumergirse en ello de nuevo. Las calles de la ciudad mapache iban quedando poco a poco atrás. Alice se detuvo en los últimos semáforos y salió por la carretera, dirección hacia la autovía, viendo como la torre del reloj desaparecía por el espejo retrovisor. - ¿Sabías que fue un museo? - preguntó. - La comisaría digo, antes fue un museo - era un dato que siempre le resultó curioso, aquello explicaba por qué la entrada y otras zonas del edificio eran tan peculiares. Los bosques de Arklay no tardaron en comenzar a aparecer en la carretera.

- Sé que está feo... y además, prohibido, ¿pero te importa si mientras conduzco como? - preguntó. - Preferiría hacerlo antes de llegar a Arklay y... ¿No me vas a multar, no? - le miró de reojo sonriendo.


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Vaya, vaya, agente Stephens. ¿Acaso me está pidiendo permiso para infringir la ley? —Cuestionó en tono serio y pausó para tomar un sorbo de agua. Esperó a ver la reacción ajena pero antes de permitirle tomárselo en serio, se le adelantó para aclarar el sentido de sus palabras—. Si no te lo comes sí que te ganarás una multa —Le echó una mirada de complicidad.

Muy cierto, fue un museo. ¿Te gusta la historia? De hecho, el sótano donde están los laboratorios conectaba con una red de túneles pre-coloniales que surcan todo el subterráneo de la ciudad. Fue clausurada, por supuesto. No son seguros.

A medida que el traslado se convertía en una suerte de paseo con las hermosas vistas que ofrecía el camino de salida de la localidad, cierto silencio que guardó le permitió echar miradas insondables y reflexivas hacia el exterior a través de la ventanilla. Los alrededores fungían para su conciencia un punto de regresión hacia su infancia, que no fue interrumpido sino reforzado cuando su nueva compañera al volante hizo una capciosa pregunta sobre su origen. —Me crié aquí, pero nací en Grecia. Adoptado internacional, refugiado de conflictos extranjeros. Ya sabes... uno de esos huérfanos de guerra que tanto se veían en los diarios de los ochenta —Narraba con la mirada perdida en la carretera, no totalmente convencido de sus propias palabras. Jamás había recordado nada antes de su vida en norteamérica, por lo que lo único que le quedaba contar era lo redactado en su informe de adopción—. Hey, igual es una historia larga y aburrida —Se interrumpió a sí mismo, dándose cuenta al instante de su ensimismamiento—. No creo que te entretenga con eso. ¿Por qué no me cuentas de ti? ¿Naciste aquí? ¿O naciste en otro lugar y fuiste criada aquí, como yo? Tienes más pinta de citadina , muy refinada ¿tal vez?, para ser del medio oeste, quiero decir —Agregó algo jocoso y con una ceja arqueada, poniendo especial atención en el retrovisor donde podía ver reflejadas las expresiones de ella con cierto disimulo—. ¿Qué hay de tu carrera? ¿Te sientes a gusto con ella? Todos los STARS tienen familia militar o del mismo cuerpo y se unen para continuar el legado familiar. ¿Tú seguiste esa tradición?

Parecía bastante interesado en saber lo que diría ella más allá de lo que fuese cierto o no. La verdad era que él ya conocía todo lo que un sobre particular con información sobre la morena podría permitirle saber. Su origen, carrera, domicilio y más. Y todo gracias a lo susceptible que podía ser el sistema... la susceptibilidad de la burocracia y el metástasis que generalmente la corroía. —Son unidos, ¿no? Tú y tu unidad. Parecen tener un buen feedback. Supongo que es necesario para ser eficaces en el trabajo.

La motivación de sus preguntas conducía a algo distinto aquella vez, caracterizada por un afán que rozaba más el morbo de comprobar si ella sería capaz de mentirle, tal vez evadirle con una respuesta vaga, o si por el contrario, ofrecería algún dato adicional. Después de todo, Alice podía llegar a ser enigmática, y Scott curioso. Pero además, este último parecía traerse algo entre manos que por los momentos se escapaba de los ojos cerúleos y pueriles de la morena.



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