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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Mensaje por A. Edith Bonham el Lun 25 Mayo 2020, 19:57

A. Edith Bonham


En un pasado no tan distante, que si intentas, puedes traer nuevamente a la vida, Edith era de aquellas personas que simplemente, esparcían luz, por donde quiera que estuviesen. Podía pararse en medio de la noche, y sin embargo, podrías distinguirla por su esplendorosa bondad. A sus ojos, los errores podían enmendarse, los temores se disolvían, entendía que no todo mundo debía ser cómo ella y que el mundo esta lleno de un sin fin de colores y todos tienen su derecho a ser cómo son. A dar segundas, terceras y cuartas oportunidades porque el ser humano nace para errar incluso con la misma piedra. Adoraba el mundo, porque en él estaban las personas que más amaba que aunque sus progenitores fueran severos con ella tenía ese lugar al que escapar entre los brazos y las risas de su mellizo. Sonreía, y se mostraba gentil, amorosa, cercana lo suficiente para considerarla pesada en el mejor sentido de la palabra, pues ella quería sin medias tintas si no de verdad, al igual que nunca tuvo pelos en la lengua para decirte lo que se le pasaba por la cabeza.
Sonreía y el mundo se iluminaba a su paso, los que la rodeaban deseaban unirse a esa felicidad contagiosa o provocaba ese rechazo que no llegaba a afectarla, y de esa manera, comenzó a tener una personalidad a ser un cliché infantil de un niño feliz. De a poco, sin apuros, tenía todo el tiempo que precisaba para hacerlo. La justicia brotaba de sus palabras, como el agua que corre violenta en un rió caudaloso. No temía mas que a sus propios impulsos, a su osadía que la hacía parecer un monito saltando de un lado al otro, por suerte siempre estaba junto a su mellizo para calmarla.
Siempre sería observadora, algo metiche también, pero no lo suficiente para resultar cansina si no para resultar curiosa antes de demostrarte su más sincera indiferencia. El ser observadora era un rasgo que favorecía el que fuese avispada, que captase las cosas con rapidez y que fuese decisiva para con sus decisiones.

Pero todo cambia. Somos el producto de años y años de cambios, ya sean estos buenos, o malos. Y para Edith todo cambió con el estallido de una alarma que hizo que todos corrieran despavoridos y mostrando la auténtica naturaleza del ser humano; sobrevivir. Jamás volvería a ser la misma ¿Cómo serlo? Su mundo se redujo a lo que sus ojos y oídos captaron. Edith fue sumergida en una oscuridad que no llegaría a imaginar la magnitud que llegaría a tener ¿Cómo iba a convivir la luz, con la oscuridad? A fuerza. Pero se extingue, lenta y dolorosamente. Dejó de ser quien era, dejó de mirar al resto con ese rostro afable y entrañable, comenzando con la sensación amarga de haber perdido algo de sí misma con la caída de la ciudad y con todos aquellos a los que perdió con ella.

Resurge de las cenizas como el fénix maldito que nunca quiso ser. Es fría y distante, cómo siempre debería haber sido o quizás cómo estaba destinada a ser. No llega a tener esa frialdad congelada de no importarle el resto o de no sonreír cuando siente que necesidad de hacerlo; sólo ha perdido la alegría innata esa que le hacía sonreír hasta dormida, convirtiéndose en alguien que sonríe cuando puede; Se mostrará distante pero atrayente tiene ese pequeño defecto que al intentarse parecer invisible se hace más visible aún, cómo si el mundo no quisiera que lo fuese si no que los pares de ojos se detuviesen en ella y recordarle que existe y que cómo ser humano, ha de ser encontrada. Es socarrona y sobre todo, sarcástica, pocas respuestas encontraras sinceras en ella sobre todo cuando lo necesitas y es que sigue siendo esa niña, ahora mujer,  indiferente que no le importa realmente tu vida, ni tus problemas pero lo suficiente para escucharte.

La dulzura y cordialidad de su sonrisa siempre están presente pues si de algo se caracteriza es de ser educada, hasta rozar lo excesivo. Quizás por la educación que recibió o simplemente le sale de forma natural. Y si ella cree saberlo todo, o casi todo, en algunos otros aspectos es tan inocente cómo la que más. Puede que se equivoque o que con pensamientos como esos se revele su genuina inocencia, su ingenuidad latente. Lo que la convierte en una persona tímida y reservada, si no más bien lo contrario, ese lado de ella la hace levantar un muro, una máscara de sinceridad y palabras tajantes e incluso groseras; Ya que es un lado que no le gusta enseñar pues la hace sentir ingenua e inferior y ese sentimiento nunca le ha gustado. Por eso mismo la cordialidad de Edith se ha convertido en una cordialidad desconfiada, pues no confía en cualquiera que se acerque a ella, no se dejará mangonear por nadie ni esperes que sea tu amiga por una sonrisa o algún favor; necesitarás mucho más para considerarte incluso existente para ella. Es la ley del ojo por ojo, y aunque Edith no había planeado caer en esa ley para sobrevivir, hoy en día en su realidad; cree que la redención es posible pero que en ocasiones la justicia no es justa y no hay que conformarse con ello. Es rencorosa, demasiado rencorosa y devolverá los golpes con golpes, el dolor con dolor; sin contenciones, sin medias tintas.
Y junto a todo esto y a un sin fin de cosas que dejaremos en el tintero, Edith conoció el odio. El odio pr la facilidad del ser humano de hacer daño a otros, y junto con el odio nació ese sentimiento de justicia de intentar enmendar sus propios errores que habían convertido a ese mundo en lo que hoy en día es.

Valiente y sacrificadora por aquellos a los que ama. Capaz de enfrentarse al mismísimo demonio si se atreviese a resurgir con tal de proteger a los que quiere, sin importarle su vida ¿Quién es ella al fin y al cabo? Avariciosa, pues aveces es un rasgo tan importante en su personalidad puede llegar a ser algo que consiga llamar la atención ¿Cómo alguien frío e indiferente puede sentir tanta avaricia por aquellos que considera cercanos? Egoísta, celosa, rencorosa siendo algo en lo que no tiene control, probablemente la parte más descontrolada de su carácter sea esta pues nunca sabe por donde va a venir cómo va a llegar, hasta que es demasiado tarde para frenarla. Es así, sin más.

Si será fría, mezquina y sarcástica pero también misteriosa, hermética de esas tipo de personas que sabes que conocerla te dará dolores de cabeza y sin embargo ahí vas, dispuesto a hacerlo. Pues hay otra cosa que también existe en ella, algo que creció bajo esa capa de piel, músculo y huesos: Es amiga, es hija, hermana; alguien con quien puedes contar, alguien que incluso cuando parece que le importas una mierda te la encontrarás defendiéndote, aceptando tus errores y tus meteduras de pata, y es por eso quizás que su personalidad es confusa, pues toca todos los extremos y algunos medios. Lo es todo y no es nada, es complicada incluso para sí misma.

Condenada a sentir nada, y a la vez todo. Humillada por aquellos que multiplican la oscuridad que lleva dentro. Si la guían por ese camino, terminará por ser el demonio que todos esperan que sea. Se niega a convertirse en ello, y prefiere arder en las llamas del infierno antes que verse a sí misma como un monstruo. La inocencia es aun palpable en todo su ser, y es la delicia de los que planean aprovecharse. Está confundida, herida. Ve en penumbras y camina a tientas. La mujer justiciera está en algún lugar de su subconsciente, encerrada por la sumisión a la que ahora se acostumbró.

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