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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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26 de Octubre de 2015. A la hora de levantarse de la siesta (Obviamente las 7PM).

Mall of Georgia, Buford, Georgia.


Si era su salvación llegar hasta ahí, lo desconocía, pero venía huyendo de algo que no podía asesinar. Esa maldita niebla avanzaba a una velocidad impresionante y le pisaba los talones, amenazándola. Unos minutos atrás había visto cómo se retorcían los dos asaltantes de caminos que habían intentado atracarla. Sola, tumbada en el suelo, no dudó en morder con fuerza a quien la mantenía apresada mientras su compinche revisaba en su mochila. Causando un gran revuelo logró tomar el control de la situación cuando se hizo con la cuchilla de uno de ellos y se la colocó en la yugular, amenazando al otro con deslizar el filo por el cuello de su compañero. No hubiera dudado en hacerlo y dejar que la sangre brotara a borbotones, mas no tuvo necesidad. Cuando el otro le tiró la mochila, la densa niebla que se comenzaba a formar de la nada lo arropó. Maeve pateó a su amigo hacia adelante, preparada para cualquier giro de los acontecimientos, menos para el que se presentó. Allí, a unos escasos metros de ella, los hombres gritaban, clamando por oxígeno. Su piel se tornó azulada y a lo mejor era todo a causa de la paranoia espontánea, pero juraba que hasta la dermis se despedazaba. La irlandesa salió corriendo de allí, impresionada y asustada a partes iguales por lo que acababa de presenciar. No tenía claro al cien por cien si ese extraño fenómeno era el causante, pero no tenía pensado quedarse quieta a averiguarlo.

Las afueras de Buford estaban más vacías de lo que esperaba, generándole aún más ansiedad. Una vocecilla en su cabeza le repetía que algo no iba bien en ese lugar. En el interior de los coches abandonados había zombies que golpeaban los cristales. Sus mandíbulas temblaban frente al cristal, intentando alcanzar a la rubia. Pero no podía pararse a rebuscar algo de utilidad, no si quería seguir viva. Le llevaba cierta ventaja.

Y de pronto estaba allí, frente a las puertas del centro comercial de Georgia. Como una suerte de maleficio, la niebla comenzaba a rodear el polígono, obligándola a refugiarse en el edificio central. Corrió como alma que lleva el diablo por el parking, esquivando los coches. Un par de manos de debajo de un vehículo se cerraron sobre su tobillo, causándole un traspié que derivó en caída. El cuero de su chaqueta se raspó con el pavimento. Con un ágil movimiento y empuñando la cuchilla, amputó las cadenas de carne y putrefacción que no le permitían moverse. Los dedos se tensaron alrededor de su pie y volvieron a relajarse, cayendo los apéndices. No perdió el tiempo, se recompuso y siguió corriendo, ignorando las advertencias de madre sobre que no se debe correr con un cuchillo en la mano. Atravesó el extenso estacionamiento y alcanzó una salida de emergencia. Con cuidado de no hacer demasiado ruido bajó la barra que desatrancaba la puerta y se coló en el edificio.

Dentro todo estaba muy vacío, muy muerto. En su cabeza no dejaba de rondarle la idea de que se metía en la boca del lobo, pero no tenía otro sitio al que huir, estaba rodeada. Cerró la puerta tras de sí, a su derecha se encontraba una tienda de deportes que parecía saqueada. Intentó no hacer demasiado ruido, con la ausencia de personas cualquier sonido podía retumbar y atraer atención no deseada. Quedarse allí quieta tampoco era una opción. Se podía decir que alguien había limpiado el lugar. A lo lejos, unos cuantos cuerpos descansaban sobre la cerámica. ¿Eran muertos de los que se levantaban? Afinando la vista comprobó que varios estaban totalmente destrozados.

Para su desgracia, o a lo mejor suerte, no era la única en esa situación.


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Había salido de la Prisión días atrás para ir a buscar provisiones, lo típico, nada del otro mundo. De hecho, había tenido suerte incluso, y aunque no se llevaba una gran cantidad de cosas para su gente, sí que era algo que les sería de mucha ayuda: Comida, medicamentos... Incluso ropa, que era algo que había que tener en cuenta hasta en el apocalipsis, porque ir con ropa desgastada y rota significaba no ir abrigado, y estaban en unas fechas en las que ir desnudo tampoco era una gran idea. Así que sí, consiguió algo de ropa, de todas las tallas que le fueron posibles, incluso para niños.

Y ya estaba volviendo cuando lo inesperado y desafortunado ocurrió, y es que Drake parecía ser de las personas más desgraciadas que podía pisar la Tierra: Bien podía sonreírle la fortuna con un buen tesoro, que ésta le daría su parte de arena también.
Así pues, a mitad de camino, el rubio hizo una pequeña parada en un centro comercial que ya había visto a la ida, lo hizo sólo para echar un vistazo, por si encontraba algo más interesante. A fin de cuentas los centros comerciales ofrecían una variedad de productos increíble, así que probó suerte. Sí que se encontró con algún que otro caminante, al cual hizo pedazos sin mucho esfuerzo y procurando no hacer ruido, sin armas de fuego, nada de eso. Y cuando parecía que más o menos estaba limpio todo, empezó a rebuscar en una y otra y otra tienda, teniendo más o menos suerte... Pero ah...

Una densa niebla comenzó a cubrir el edificio, Drake pudo verlo a través de la enorme cristalera que había en el techo, y en principio parecía inofensiva, por lo que decidió salir. Pero cuando puso el primer pie en la calle y esa niebla le tocó, su piel comenzó a sufrir los terribles efectos, haciéndole soltar una maldición y pegar un enorme brinco de vuelta al interior del centro comercial. El ardor del brazo era intenso, mucho, y cuando le echó un vistazo, entendió qué niebla era aquella, entendió que la quemadura que acababa de sufrir era producto de algo incluso más peligroso que un caminante. Lo habían estudiado en Umbrella, porque era algo que salía fuera de todo eso del Virus y de los B.O.W.S... Eso era una auténtica mierda.

Suerte que acabaría curandose pasado un rato.

Así que ahí venía su dosis de desgracia: Quedarse encerrado allí hasta que la niebla desapareciese, por eso, y con un suspiro, sacó su pistola y se empezó a pasear por el lugar. Y entonces, escuchó barullo en la planta de arriba, por lo que, arma en mano, subió las escaleras mecánicas, que de mecánico ya tenían poco, y se encontró de cara con una nueva visitante, a la cual no dudó en apuntar: Desconfianza lo primero.
-Quietecita ahí... ¿Cuánto tiempo llevas por aquí?-Preguntó, aún atento por si escuchaba algo más.


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Para existir en un mundo muerto la existencia de Richard estaba transcurriendo muy rápidamente. Ya no había televisión ni internet, pero ¿quién los necesitaba cuando cada minuto es una lucha por sobrevivir?

Si sobrevivía  a una horda en plena ciudad de Georgia terminaba con caperucita en su cabaña del bosque y rodeados por zombies, si conseguía salir bien librado de eso a los pocos días caperucita terminaba siendo devorada por los mismos muertos. Las personas iban y venían en su vida, las encontraba y pronto morirían era la ley de la vida o la ley de la no-vida en este caso. Lo fácil siempre era continuar solo y evitarse funerales, o metafóricos funerales ahora nadie tenía verdadero tiempo para enterrar a sus muertos como era debido. De milagro conseguían destruir su cerebro para que no lo devoraran o se marchará andando hasta fundirse en uno con la masa de muertos.

Por fin había encontrado a alguien de su pasado y lo más curioso es que viajaban juntos, aunque tampoco sabía cuánto duraría. Parecía que Tiffany Rose había sabido defenderse muy bien durante ese tiempo pese a todo, pero aún así no podía confiarse. Puede que el día menos pensando terminará convertida en zombie y tuviera que pegarle un tiro en el cerebro también a ella.

En ese momento se encontraban viajando por la carretera en su vehículo cuando hicieron un alto en el camino en un lugar que parecía despejado de criaturas. Así Richard pudo relajarse y encender un cigarrillo, ahora fumar era algo que necesitaba siempre para mantenerse calmado.

Fue entonces cuando Richard vio algo en la distancia. Una especie de niebla sólo que era más gris de lo habitual y se movía demasiado rápido para ser una niebla habitual.

-¡Al coche! ¡Rápido! -ordenó con voz imperativa mientras se movía rápido para sentarse en el asiento del conductor y arrancó el coche cuando estuvieron listos.

Pronto arrancó el coche huyendo de esa niebla que no había visto que fuera peligrosa, pero los supervivientes para los que había trabajado hablaban, muchas historias algunas puras tonterías pero otras con un peligroso deje de verdad. En algunas de esas historias se hablaban de peligrosas nieblas que no eran lo que parecían.

Richard aceleró el coche con la niebla siempre persiguiendolo, no podía contar con que un coche medio destartalado les ofreciera la protección suficiente para protegerlos de algo así. Por lo que simplemente continuó moviéndose con la esperanza de dejarla atrás, pero no sucedió, así que se adentro en el primer lugar que podría conducirlos a un lugar relativamente seguro: la entrada para coches de un centro comercial que seguramente les conduciría a un aparcamiento subterráneo.

Todo en aquel aparcamiento eran coches abandonados y mal aparcados como si el caos se hubiera adueñado de aquel lugar antes de que todos murieran. No tardó en ver zombies de la que solo les separaba esos mismos coches abandonados.
-¡Olvídate de ellos, corre! -le dijo a Tiffany mientras la tomaba de la mano y echaba a correr, mientras con la otra mano sujetaba su bolsa de viaje donde llevaba sus cosas. Corrió esquivando coches y muertos por igual, mientras la niebla se iba internando en el garaje, con la esperanza de encontrar la puerta que les conduciría a las escaleras que les llevarán a los pisos superiores del centro comercial.

La encontró y la abrió rápidamente para que Tiffany se metiera y luego él seguirla cerrando la puerta tras él. Cansado por la carrera se apoyó contra la escalera mientras respiraba hondo. Le dedicó una mirada seria y preocupada a su compañera:
-¿Te encuentras bien?



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Llevaba un par de días viajando con el capitán Ford desde que nos encontramos en aquella comisaría de pueblo. Él había aceptado mi compañía sin que yo se lo pidiera, simplemente terminamos en el mismo automóvil viajando hacia la misma dirección. El capitán Ford no se había vuelto muy conversador, por lo que en estos dos días apenas y habíamos cruzado algunas palabras. Me entristecía verlo así, tan... sin vida. Lo peor de todo es que esa actitud depresiva era contagiosa, incluso para mí. Aunque, quizás, mi estado de ánimo había decaído no tanto por la presencia del capitán sino porque se acercaban las épocas de frío.

Una de las cosas buenas que tenía el apocalipsis es que puedo ir vestida como me salga de los ovarios y nadie me va a decir nada. A los zombis les interesa comer mi carne, no juzgarme por mi manera de vestir. Incluso puedo andar por el mundo desnuda y nadie me va a ver. Desde que comencé a aceptarme a mí misma y a mi cuerpo tal y como era, prefería ir ligera de ropa, incluso antes del apocalipsis; también, desde que llegó el apocalipsis, le había dicho adiós a los incómodos sostenes.. Por eso odiaba las épocas de frío, porque me obligaban a arroparme más de lo que me gustaba. Aunque ahora, todavía resistiéndome a la temperatura, llevaba un top para hacer deporte, unos pantalones ajustados estilo militar, una bufanda para cubrir mi cuello y unos guantes de cuero. Era suficiente para mantenerme cubierta ante el capitán.

En algún punto de nuestro viaje terminamos huyendo de una niebla gris. No entendía por qué el capitán estaba tan asustado por esa niebla, pero yo me limitaba a seguirlo y acatar sus órdenes. Se notaba que él sabía algo que yo no con respecto a la niebla. Para cuando estuvimos dentro de ese centro comercial, tuve la oportunidad de pedirle explicaciones.

Estoy bien, pero, ¿qué es eso, capitán? ¿Por qué huimos de una simple niebla?


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No completó ni los tres pasos cuando ya tenía la trayectoria de una bala marcada hasta su sien. Puso las manos en alto. Ahora entendía porqué estaba todo tan callado, aquel sujeto era responsable de la limpieza y a Maeve no le hacía gracia ni que le estuvieran apuntando con un arma, ni la idea de que hubiera más allí dentro. Apretó la mandíbula y sus fosas nasales se dilataron cuando inhaló tanto que aire que llenó sus pulmones, para después soltarlo de golpe.

Por el mundo unos veintiséis años. Al centro comercial acabo de llegar, no me digas que ya se han acabado las rebajas... —Dio un paso más hacia él, fingiendo un falso y desubicado sentido del humor, intentando hacerle bajar la guardia. Temía que si se acercaba acabaría con una bala en su organismo. Sí, quería intentar desarmarlo, pero no quería acabar con su aventura en un instante. Además, no continuó avanzando, sino que retrocedió lo poco que había acortado de camino y señaló algo con su dedo índice, con un deje de desaprobación en su expresión.

Yo no dejaría que eso entre en tu oreja. —Se refería a un bicho que se arrastraba por el hombro del hombre, por encima de su ropa. Era un gusano de tamaño considerable, como los que aparecían en los documentales de televisión sobre la fauna de la selva. Era una larva de algo, seguramente no exótico, porque no podría haber llegado allí, pero excepcionalmente grande como para dejar una cría tan asquerosa. O puede que fuera la repulsión que sentía la irlandesa hacia esa clase de criaturas lo que la hiciera ver al pobre animal más enorme de lo que en realidad era. Como fuera, sus patitas parecían llevarle hacia la oreja del desconocido—. Pégale un zapatillazo ya. O mejor un tiro. —Miró a los alrededores. Definitivamente era de esos gusanos que se refugiaban en la necrosis de los zombies, alimentándose de ellos. Había tenido algunas experiencias parecidas y de no haberse acostumbrado, aún le daría un escalofrío como la primera vez. Lo que sí notó fue una pequeña quemadura en su brazo, con una areola de un color distintivo, como las quemaduras de los asaltantes—. ¿Y esa herida?


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Pese a estar siendo apuntada con un arma, la desconocida se mostró irónica, sarcástica. La culpa era suya por haber preguntado cuánto tiempo llevaba ahí, era obvio el tiempo que llevaba ahí. Además no es que le importase demasiado, simplemente quería asegurarse de si estaba sola o no, y por el momento parecía ser así.
El rubio no dijo nada cuando la desconocida dio un paso hacia él, simplemente se mostró decidido, porque en esas situaciones lo estaba, y amartilló el arma, dejando además el dedo muy cerca del gatillo. Esa táctica de acercarse era muy vieja, y solamente era útil en las películas.
-Yo que tú ni lo pensaría.-Pero ella volvió a retroceder, buena chica.

Pero si lo hizo no fue por otra cosa que por miedo, quizás.

Y no hacia él.

Y es que por su hombro había algo correteando con toda naturalidad, dispuesto a... A saber qué, y lo notó solo cuando ella se lo dijo. Frunció el ceño con desagrado al ver de reojo de qué se trataba: Un gusano, uno de esos bastardos que salían en los cadáveres y no hacían más que alimentarse y poner huevos, que asco. Sin soltar el arma y sin dejar de apuntar, lo cogio con dos dedos y lo tiró cerca de la chica, no se molestó si quiera en pegar un tiro a esa cosa asquerosa.
-Gracias por el aviso.-Pero eso no cambiaba nada.

Lo que si lo hizo fue lo que ocurrió a continuación.

No le dio tiempo a responder a la pregunta ajena cuando de nuevo volvió a escuchar ruido, o más bien la voz de dos personas. ¿Pero qué coño estaba pasando ahí? Claro, era lógico teniendo en cuenta que una peligrosa niebla estaba cubriendo probablemente toda la zona. Lugares como ese eran entonces como faros para los supervivientes, lo que significaba más peligro aún.
Drake soltó una maldición, pero mantuvo la calma, siempre se le había dado bien hacerlo. Debía pensar en algo, una forma de tener a esos tres controlados... ¿Y cómo se controlaba a tres personas siendo solo uno en contra?
-Ahora te vas a portar bien y vas a ir hacia esas voces, despacito y tranquilita, sin intentar hacer ninguna estupidez.-Enfundó la pistola y tan rápido como lo hizo, ya tenía en sus manos la escopeta, un arma más efectiva a cortas distancias y para controlar multitudes... Pobre el que se pusiera por delante.-Iré detrás de ti, vamos.-Volvió a apuntarla, tranquilo, firme. Por su bien, ya podría colaborar.


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Soltó la mano de Tiffany Rose, por un momento había sido como los viejos tiempos. Cuando ambos eran Stars de Raccoon city y le importaba que sobreviviera, cuando realmente la aprecia y la consideraba alguien de confianza que le agradaba. Muchas cosas habían pasado desde entonces y entre ellas una traición que era difícil de olvidar o perdonar, sobretodo cuando lejos de sentirse culpable y luchar por una “rendición” no eran parte de sus preocupaciones. En verdad por muchas lágrimas de cocodrilo que vertiera y por muchas disculpas falsas que le diera había demostrado que era mentira, realmente no lo sentía, simplemente le hacía sentir mal el daño colateral que fue Brad o intentar asesinarlo. En su mente todo estaba justificado y si tuviera la ocasión de repetirlo o simplemente matar  a Alice lo haría. De eso estaba seguro. Se lo había demostrado es por eso que no podía confiar en ella y desconocía si en algún momento haría algo que supusiera tener que pegarle un tiro. Pero si algo estaba claro es que ya no eran compañeros ni tampoco amigos, solo viajaban juntos y su vida no tenía que ser algo que realmente le importara. Mucho menos su responsabilidad.

-No era una niebla normal, ¿no te has fijado? Surgió de la nada y se movía demasiado rápido. Ese gris tampoco es habitual.
Dijo recuperando al aliento mientras permanece apoyado contra la puerta recuperándose de tan intensa carrera. Luego se incorpora con una postura recta y erguida su expresión neutra sin reflejar miedo u otra emoción, pero hablando con total seriedad. Camino hacia delante.
-Ya había escuchado rumores de una niebla así, se dice que quién entra en ella jamás vuelve a salir. No deseo comprobar si es cierto.

Paso al lado de Tiffany y subió varias escalones antes de voltearse para volver a mirarla:
-Y, Rose, no vuelvas a llamarme capitán. Ya no estamos en los Stars y si Umbrella nos captura más nos valdría estar muertos.  

Dijo mientras la miraba con severidad y volvía a estar frente a ella, a poca distancia, para dejarlo sumamente claro:
-Chris Ford y Tiffany Rose están muertos. Recuérdalo, yo soy el mercenario Richard Jackson.

Lo dijo de forma tajante era algo sumamente importante pues ir diciendo sus verdaderas identidades por ahí solo facilitaría que Umbrella les encontrara y con suerte les metiera una bala en el entrecejo, a lo peor los capturan y a saber que les harían esos malditos enfermos.

-Tú puedes ser quién te dé la gana.

Dijo finalmente sin admitir discusiones antes de subir las escaleras para subir a la primera planta del centro comercial.



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Era la primera vez que cruzábamos palabra desde lo que había ocurrido en la comisaría de aquel pequeño pueblo. Sabía que él estaba enojado conmigo, y con razón, después de lo que hice hace años, pero me demostró toda su rabia interna cuando me habló. Bajé la mirada y sentí una presión en el corazón. No se trataba de sus palabras, sino de la manera en que me las decía; era como si me clavaran un cuchillo helado en lo más profundo del pecho.

Está bien, capit... Richard...

Me parecía ridículo cambiar nuestros nombres en un mundo donde los nombres de las personas es lo que menos importa. Trabajé en Umbrella y sabía perfectamente que ellos tenían una extensa base de datos donde no sólo aparecían los datos básicos de cada persona de interés, sino también los rostros, y las caras no se pueden cambiar, capitán; además, si Umbrella nos quisiera muertos, hace tiempo que lo estaríamos, créame. Eso me hubiera gustado decirle, pero preferí cerrar la boca para no avivar todavía más la llama de su ira hacia mí.

Mientras subíamos las escaleras, quizás demasiado confiados de estar solos, escuchamos pasos que se dirigían hacia nosotros. Como los policías profesionales que éramos, en un abrir y cerrar de ojos empuñamos nuestras armas y nos quedamos inmóviles contra la pared. El capitán me miró y me hizo las típicas señas policiacas que me pedían que cubriera su espalda. Él salió a descubierto apuntando hacia el frente y de inmediato yo hice lo mismo estando detrás de él.

Frente a nosotros había una mujer y un hombre armado con una escopeta. Parecía que ella era una rehén o algo así.

¡Quietos! ¡Baja tu arma ahora mismo! ¡¡Dije ahora, maldita sea!!— ordené con voz autoritaria.


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Off:
Debido a la desaparición de Maeve del foro, procedo a continuar el tema, Maeve pasará a ser un NPC que no tiene por qué ser Maeve, ya le daremos un final en el tema.

La chica hizo caso finalmente, al menos era lo suficientemente lista para saber que estaba en desventaja y que arriesgarse a siquiera acercarse era un suicidio. Así que, una vez ella se colocó en la vanguardia, él la siguió, ésta vez alerta a las voces, por si le tendían una trampa de algún otro lado. Aunque de ser así, la primera en recibir el disparo sería la chica, y aunque no era de los que mataban a sangre fría, sabía que eso le podría dar unos instantes para cubrirse de los posibles compañeros que tuviera, aprovechando la conmoción, él tampoco era estúpido y no iba a arriesgarse estando en desventaja numérica.

Entonces, llegaron al origen de las voces.

La chica que estaba hablando con el otro individuo no tardó en apuntarle y darle órdenes... ¿Órdenes? ¿A él? Lo más curioso, por llamarlo de alguna forma, era la ropa de la chica, más que nada por lo ligera que iba... ¿Pero estaba en el apocalipsis o en un desfile de verano? Bueno, el caso era que le estaba apuntando y dando órdenes como si fuera alguna especie de agente de la ley, ¿pero de qué iba? Drake hubiera dejado de apuntar y decirle algo a esa desconocida de no ser porque precisamente le estaba apuntando, pero desde luego... Era un poco raro.
-¿Qué tal si tiras tú la pistola y te pones algo más de ropa?-Entonces negó con la cabeza y chasqueó la lengua. Desenfundó la pistola y con una apuntó a la primera chica, a la que se encontró en el piso superior, y con la escopeta a los otros dos: Al fin y al cabo era una escopeta, el disparo tenía un radio amplio.-O podemos liarnos a disparos, marcarnos un Romeo y Julieta pero con más gente y cuando despertemos, lo haremos muertos y con ganas de comernos a otros.-Eso si no impacta a alguna bala contra alguna de las cristaleras e hiciese que la niebla entrase allí, entonces morirían igualmente.


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No había muchas cosas que le preocupaban en el mundo pero una de ellas era toparse directamente con Umbrella. Podría enfrentarse a cualquier criatura de aspecto aterrador o a situaciones que hace años le hubieran parecido sumamente insolitas. La muerte no suponía ninguna problema a él, ya se había concienciado de que era inevitable que en un momento u otro ocurriera. Sin embargo, ser capturado y sometido a saber a que tipo de experimentos por esos cerdos endemoniados era algo muy diferente.

Sin embargo, ¿esa era la verdadera razón para no querer volver a usar el nombre de Chris Ford? Lo cierto es que no. No quería llamarse así porque la vida que había llevado antes del apocalipsis había quedado muy atrás; la persona que había sido, Chris Ford, había muerto el mismo día que le había pegado un tiro en la cabeza a su esposa, tras que ella le mordiera siendo una no-muerto viviente.

Por lógica tendría que haber muerto y sin embargo no había sido así. No comprendía la razón, lo cierto es que no había ninguna. Solo sabía que había regresado a la vida sin recordar claramente lo que había sucedido tras aquella mordida; no sabía si su hija o su hermana habían sobrevivido a aquello. Solo sabía que aquel día Chris Ford había muerto.

Ya no quería ser él, esa vida, ni pasar el tiempo pensando en todo lo que había perdido. Solo quería dejar el pasado atrás. Algo que últimamente le estaba resultando muy difícil. No hacía tanto tiempo se había encontrado a una gran amiga del ejército, luego a una de sus viejas enemigas en Umbrella y ahora la única stars que hubiera preferido jamás volver a ver.

Ya era puñetera la vida que en lugar de reencontrarse con stars que realmente hubiera apreciado   volver a ver, tuviera que haberse encontrado a la rata del equipo. Una rata que no se mostraba ni la mitad de arrepentida de lo que debería estar.

Ni siquiera sabía porque viajaba con ella, pues su presencia no era tan solo un recuerdo constante de su traición, sino de toda aquella vida que quería dejar muy atrás. Porque sí, Chris Ford había muerto y prefería pensar que Tiffany también había muerto  junto con Elizabeth, pues de otro modo significaría que siempre había sido una rata traidora, y él había estado tan ciego que ni siquiera se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.

Richard casi la fulmino con la mirada cuando casi lo vuelve a llamar capitán, pero se tranquilizo cuando desistió del intento.

Comenzaron a subir por las escaleras cuando escucharon ruidos que les mostraron que no estaban solos,  y rápidamente se pusieron en alerta y preparados para la ofensiva. Richard se armó con su nueva pistola y se preparó para lo que pudiera encontrar.

Salió para encontrarse a un hombre rubio con barba, que con una escopeta apuntaba a una chica.  Richard salió armado con su arma y le apuntó, esperando poder llegar a entenderse con aquel hombre y que las cosas no pasaran a mayores. Sin embargo, Tiffany se le adelantó, haciéndolo como si aún fuera un apocalipsis capturando criminales en Raccoon city. De una manera tan sobreactuada que Richard terminó poniendo los ojos en blancos y emitiendo un resoplido.  Como no podía ser menos el hombre terminó alterándose mucho más, aunque su comentario sobre la ropa a Tiffany le hizo mostrar una sonrisa divertida. Aunque pronto la borró de su rostro.

-¿Qué quieres que te diga? Le gusta sobreactuar y llamar la atención. -dijo con la voz tranquila y segura de sí mismo -Pero por muchas ganas que tengas de pegarle un tiro y yo de contemplarlo, no creo que ninguno de los dos quiera tener eso en sus conciencias; ni mucho menos que ocurra la situación que acabas de describir. Así que, ¿por qué no bajamos todos las armas, nos tranquilizamos y hablamos de lo verdaderamente importante? -dijo antes de usar una mano y señalar con el dedo pulgar los cristales de aquel lugar, y culminar de forma rotunda: -la niebla de ahí fuera.

Pero tras eso devolvió la mano a la pistola, para sujetarla con las dos manos y tener mayor precisión.
-O podemos liarnos a tiros y simplemente acabar con todo. -dijo antes de encogerse de hombros de forma casi despreocupada, como si realmente no le importará el resultado, antes de añadir: -Tú decides.
Tras decir esto le dedico una mirada penetrante al hombre rubio con barba, dejando claro que la suerte estaba en sus manos. Aunque obviamente esperaba que todo acabará bien, pero si tenía que acabar mal pues así sería. Esperaba que el hombre no se decidiera por lo peor, pero no menos de lo que esperaba que Tiffany Rose no hiciera o dijera una tontería que los llevará a todos al infierno.



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El hombre se veía relajado a pesar de tener una rehén y estar siendo apuntado por las armas de dos policías entrenados para este tipo de situaciones. No era lo normal en una toma de rehenes, donde por lo general el criminal está más nervioso y alterado que el mismo rehén, lo que lo lleva a cometer errores. Los nervios de acero de este hombre eran propios de alguien que ha tenido que pasar por el peor de los infiernos durante el apocalipsis, como todos nosotros.

Tanto él como el capitán cruzaron algunas palabras sensatas intentando cada uno aliviar la situación a su manera, aunque ambos terminaron sus discursos dando la alternativa de matarnos todos a tiros ahí mismo sin importar nada. Ambos bandos estábamos en jaque y ahora dependía de mí resolver la situación, ya sea volándole la cabeza al sujeto o bajando mi arma en señal de paz. Me sentía segura con esa segunda opción, porque el arma del capitán seguía apuntando y él no iba a permitir que me dispararan, ¿o sí? La verdad es que ya no conocía a mi propio capitán, era una persona distinta a ese policía amable que trabajaba en Racoon City. En parte era mi culpa por haber traicionado su confianza, pero ya le había dejado claro antes que esa no había sido mi intención y que lo ocurrido fueron efectos colaterales de mi verdadero objetivo que era acabar con Alice y exclusivamente con ella. Me arrebató al amor de mi vida y debía pagar por eso, pero ni el capitán ni ningún otro miembro del equipo debieron haberse visto envueltos en mi venganza... Fue un accidente...

Está bien, tranquilicémonos todos. Dime qué esperas lograr con una rehén que ni siquiera conocemos y por qué la tienes capturada, luego nosotros determinaremos si hacer una fiesta de pólvora o bajar nuestras armas.

Levanté mi mano izquierda mientras seguía sosteniendo firmemente el arma con la derecha.

Nosotros estamos aquí para refugiarnos de esa niebla y, de paso, para encontrar ropa nueva para mí, así que puedo poner algo más, como tú dices.

Aclaré nuestros propósitos, pues era lo justo si yo le estaba pidiendo lo mismo a él.

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Los etiqueto para que sepan que respondí. Lamento la demora. @Chris Ford @Drake Ackerman


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Como era de esperar, ambos le apuntaron, pero era el hombre el que parecía más sensato en cuanto a sus palabras. ¿A quien se le ocurría alterar a alguien que le estaba apuntando con un arma? ¿Acaso no sabía que él también podía disparar si se pasaba un poco? En fin, al menos estaba ese tipo, que mantenía la calma a diferencia de su compañera. Pero si algo no parecían dispuestos era a bajar las armas primero, pero es que Drake mucho menos: No se fiaba de esos dos... Encima tenían una pinta como de... Policías... Sí, seguro que antes de todo el infierno eran maderos, y seguro que, por la forma de hablar del hombre, habían sido pareja profesional. Pero era algo que en ese momento al rubio le importaba bien poco, de hecho, lo que le interesó fue lo que dijo la chica respecto a la rehén que llevaba: Ellos no la conocían, y se lo creía.-¿Ah, sí? Mejor.-No, no la iba a disparar, lo que hizo fue retroceder unos pasos para ganar una distancia de seguridad con ella y evitar que le desarmase y entonces apuntó a los dos que iban armados.

Ahora era cuando venía el momento de la negociación.

Él no quería abrir fuego, no quería hacerlo principalmente porque pese a haber limpiado toda la entrada y una parte de las escaleras de caminantes, no estaba seguro de si habría algo más oculto en alguna tienda, oculto, esperando.
-Bajad las armas vosotros primero.-Dijo, con toda la tranquilidad, pero dejando claro que tenía muy firme la decisión de no ser él el primero.-Sois dos, tres si contáis a esa otra, tenéis ventaja en caso de que abra fuego: Uno acabaría malherido o muerto, en el peor de los casos, pero el otro entonces podría aprovechar para dispararme o desarmarme.-Porque por mucho que a uno le estuviera apuntando con una escopeta y a la otra con la pistola, no se le olvidaba a la rehén, que por mucho que fuera desarmada, podría intentar distraerle.-Pero precisamente porque estoy en desventaja, no pienso dejar de apuntar hasta que dejéis de apuntarme a mi.-Echó un rápido vistazo a la cristalera que había arriba, donde se podía ver la niebla, pero luego volvió a mirarlos.-Ah, y el centro comercial no está totalmente limpio, así que si alguno dispara, podría estar avisando a algo que haya oculto, eso y la ya mencionada niebla, que con cualquier ventana rota, está dentro.-Las condiciones eran jodidas, desde luego.


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Se alegraba de que Tiffany Rose no hubiera dicho algo que hiciera que todo se fuera al infierno. Se podría decir que sus siguientes palabras ayudaron a suavizar la situación al explicarle que solo habían acudido al centro comercial para refugiarse de la niebla. Sin embargo, sus palabras anteriores le desconcertaron.

¿Rehén? Esa palabra le resultaba tan extraña en el mundo en que vivían, era una palabra que Richard sentía que no pertenecía al mundo en que vivían. Un mundo donde solo imperaba la ley del más fuerte, un mundo donde solo había muerte y todos debían luchar por un poco más de recursos solo para seguir llevando una vida que solo tenía un final claro: la muerte. Daba igual lo que hicieras al final todo conducía a la muerte. Ese era un mundo muerto después de todo. Por eso le resultó extraño que comentará que no sabía para que el rubio de la escopeta quería un rehén. Le sorprendía que no supiera la mayor razón por la que alguien apuntaría con una escopeta a otra persona, que no se hubiera visto en esa misma situación otras veces. Antes podría haber muchas razones para apuntar a alguien con una escopeta, ahora casi siempre era la misma: usabas tus armas para apuntar a otros para que no te matarán a ti. Porque no las conocías y las personas desconocidas se habían vuelto en algo mucho más peligroso que los zombies. Al menos ellos eran predecibles.

Richard no supo si esas palabras eran una buena o mala señal. Por un lado parecía que no se había dejado arrastrar por toda la mierda en la que vivían y por el otro parecía demostrar una dificultad para adaptarse al mundo que podría matarlas. Pero eso no era asunto ni tampoco había razones para preocuparse, después de todo no era más que una cuestión de tiempo que todos terminarán muertos.

Todos estaban de acuerdo en bajar las armas, en lo que no se ponían de acuerdo era en quién debería bajarlas primero. Estaban en un punto muerto y así podían pasarse todo el día. El rubio de la escopeta dio sus puntos, aunque Richard consideraba que bien podría dispararles a los dos a la vez pero discutir eso solo haría que la situación se alargará mucho más. Su instinto le decía que ese tipo no era mal tipo pese a que estuviera apuntandolos con una escopeta. Como él mismo había dicho sólo tenía miedo de que lo asesinaran. Y lo cierto es que tampoco perdía nada si se equivocaba acabando con una bala entre ceja y ceja. Casi era mejor que el de la escopeta los asesinara a seguir así todo el día.

-Es razonable -dijo mientras bajaba el arma esperando que el rubio también lo hiciera. Realmente tenían cosas más importantes en las que pensar como esa niebla o lo que quisiera que hubiera por ahí pues el rubio les confirmó que el lugar no estaba completamente limpio. -Mejor usemos nuestras balas para los bichos que puedan aparecer, en lugar de para dispararnos entre nosotros. Soy Richard.



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Bajo mi punto de vista, el hombre bien podría dispararnos a Richard y a mí al mismo tiempo, así que de desventaja nada, porque la rehén ni siquiera estaba armada y tampoco era seguro que estuviera de nuestro lado, aquí hasta ella podría ser peligrosa y estar guardando un cuchillo en su tobillo o algo peor. De todas maneras, yo no quería disparar, no estaba dispuesta a manchar mis manos con la sangre de alguien más, pero tampoco quería que me disparasen a mí por ser tan confiada. Si hay una cosa que me haya enseñado el apocalipsis es a no fiarme de nadie, mucho menos si me están apuntando con una escopeta.

Pero el capitán bajó su arma instando al otro a hacer lo mismo. Yo me tardé, sin saber qué hacer, indecisa, pero finalmente también bajé mi arma con sus suspiro de fastidio. Si me mataban ese día, todo sería culpa del capitán, ya estaba dictaminado eso, si es que no me mataba él con sus propias manos, viendo que al parecer me odiaba tanto y ahora tenía la oportunidad perfecta.

No importa que el edificio no esté limpio, sólo nos refugiaremos aquí pocas horas mientras pasa la niebla, no es como si nos fuéramos a instalar en el lugar, así que tranquilo. Déjanos a nosotros andar en paz por aquí y tú anda en paz en cualquier otra parte, la rehén en una parte distinta y ala, todos felices. Cuando pase la niebla cada quien irá por su camino, incluida yo, y no volveremos a vernos las caras nunca más en la vida. ¿Está bien?

Esas últimas palabras iban dirigidas especialmente al capitán, informándole de antemano que quería separarme de él y no volver a verlo, y sospechaba que él compartía el mismo sentimiento hacia mí.


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