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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Quien no ha mentido alguna vez... no es de fiar [HB's Memories]

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Harvey Black


17 de octubre de 2015.
¡Arriba! — Grité golpeando en un costado al tipo. Bueno golpeándole... Le empujé con el pie hasta que rodó por el sofá y acabó cayendo al suelo. — ¿Se puede saber qué haces? se supone que llegas como... — Miré mi reloj mientras hablaba, este estaba parado desde hacía ya mucho. — Bah... No lo sé, pero llegas tarde, el resto se han repartido ya las tareas para arreglar el establo y tú ayer le prometiste a Roderick que le ayudarías con ello, ¿no cumples tus promesas? — Le miré enarcando una ceja. — No me gusta la gente que no cumple sus promesas — Le señalé con un dedo a la vez que pronunciaba muy lentamente las palabras. — Podemos ser de mil y una formas... Pro cumplimos nuestras palabras — Me fui girando lentamente. — Maldita sea Harvey... ¿Cómo has entrado? — El tipo comenzó a erguirse mientras se frotaba la cabeza y yo me paseaba por la desordenada sala de estar. Me acerqué a la mesa y descubrí una jarra que parecía tener agua, sin darle tiempo a actuar lancé el contenido a su cara para que se espabilase. — Tal vez si anoche no te hubieras pasado bebiendo te habrías acordado de cerrar — Me giré en su dirección cruzando los brazos. — Puede que hasta te hubieras acordado de que tienes una cama donde dormir en la planta de arriba... — Señalé con el indice arriba. — ¿Para esto os conseguí un hogar?, ¿para que vivas como un cerdo en una cochiquera? — Le recriminé notablemente molesta. — Por dios... Dúchate, limpia un poco y... — Moví la mano abanicándome porque el olor comenzaba a ser muy desagradable. — Ve a ayudar a Roderick, o haber cerrado la boca — Y fue una orden. Sin más salí de la casa mientras escuchaba como él me prometía que lo haría. Me molestaban aquel tipo de cosas. Él era amigo de Roderick y a los amigos se les ayudaba, pero principal era cumplir las promesas y no prometer aquello que no pudieras cumplir.

Comenzaba a hacer frío. Al salir al porche de Mike subí la cremallera de mi abrigo y avancé por la tierra en dirección del centro de la plaza. — Buenos días — Saludé a una de mis compañeras que andaba intercambiando algo que creí que era pan. Nos habíamos adaptado bastante bien al lugar. Me acerqué al pozo lentamente, algo sorprendida por una cola que se había organizado, en un principio pensé que se trataba de algo normal hasta que me fijé en un tipo que discutía con otro de mi grupo. — ¡El agua es de todos! — Gritó el primero. — ¡El pozo es mío y si queréis agua deberéis darme algo a cambio!, tú tienes tu granja, yo mi plaza... — Ante aquella locura no pude contenerme. — ¡¿Cómo?! — Casi grité a la vez que me acercaba y me interponía entre ambos, sujetando al tipo el por el cuello, el que decía ser dueño del pozo. — ¡Harvey, gracias a Dios!, les estoy diciendo que el pozo es mi parte... — Empezó a decir mientras que me daba cuenta de que a su lado contaba con una mesa llena de comida, pan, harina... — ¿Has ganado todo esto a cambio del agua? — El tipo asintió y nada más hacerlo le golpeé en plena cara con un buen puñetazo. Cuando cayó al suelo le propiné una patada.

¿Quién te ha dado derecho a cobrar por el agua? — Le di una segunda patada. — Todos aquellos que le hayan dado algo recuperarlo — Señalé la mesa mientras que me agachaba y la gente comenzaba a coger sus cosas y a llenar sus cubos de agua libremente. — Te asigné una casa, si necesitas comer trabaja, pero el agua es de todos... — Me acerqué a su rostro a la vez que le obligaba a mirarme y le soltaba bruscamente. Le di un empujó soltándolo y me puse en pie para dirigirme a todos. — A todos se os asignó una casa, granjas a unos y comercios a otros, todos tenéis donde vivir y muchos oficios a los que dedicaros, quienes no contáis con un oficio deberéis ir a las granjas o a los comercios para buscar trabajo, incluso buscaros la vida por vosotros mismos, algo podréis ofrecer al resto y así ganar comida y útiles para intercambiar... — Giré sobre mis talones para mirar en todas las direcciones y así mirar los rostros de todos los presentes. — Pero no se hace negocio con lo que es de todos — Pronuncié con cierta rabia las palabras, a modo de aviso, señalando al tipo que estaba en el suelo, para que aprendieran la lección.


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Harvey Black


12 de mayo de 2014.
Pareces cansado... — Miré a Mike con tranquilidad mientras que avanzaba por la calle con calma. Roderick alzó una ceja, se encontraba a mi izquierda. — Seguro que te has pasado la noche entera bebiendo como un cerdo... — Le di un empujón para apartarlo de mi lado. — Puedo oler a vodka desde aquí — Roderick se burló de Mike, mientras que este se indignaba y mostraba un rostro lleno de rabia. — Normal, Mike no puede aspirar a que una mujer lo acompañe por las noches, por ello se desquita con el alcohol — Silver no tardó en hacer acto de presencia, si se podía burlar de alguien no iba a desperdiciar el momento. — ¡Repite eso! — Mike se lanzó a por Silver dispuesto a golpearle, pero antes de que pudiera tocarle yo me lancé a por su espalda y coloqué la afilada hoja de mi cuchillo sobre su nuca. — Ahorra tus fuerzas para esos descerebrados — Solté las palabras casi escupiéndolas. — Y si te amarga la falta de sexo usa esas manazas que Dios te ha dado... — Sonreí con malicia y sarcasmo mientras apartaba el cuchillo. Un par de carcajadas sonaron a mi espalda, pero al menos conseguí que Mike se calmara.

Y ya basta, estamos llegando a la ciudad — Ordené y los tres tipos se mostraron más tranquilos. Habíamos iniciado una larga caminata, pero queríamos ahorrar combustible, si hacía falta pasaríamos la noche en aquel lugar, pero no nos marcharíamos sin provisiones y algún nuevo vehículo. El poblado cubría nuestras necesidades básicas, pero no nuestros caprichos. — Espero encontrar una buena botella de algo... Roderick, no quiero ofenderte, pero tu alcohol destilado es una mierda... — Silver se adelantó. — Pues a mi me gusta — Mike avanzó junto a Silver dejándome al lado de Roderick, quien además de ser tal vez una de las pocas personas en las que confiaba, por no decir la única, había sido mi compañero en Umbrella junto a Silver y Mike. Este último no me daba demasiada confianza, sabía que era capaz de vender a su madre por una botella de alcohol, pero hasta cierto punto podías confiar en ellos y al menos nos cubríamos los unos a los otros. — Tú te beberías hasta el agua de váter si tuviera alcohol... — Le di un ligero golpe en el hombro y los cuatros quedamos frente a la entrada del primer edificio del lugar. — ¿Nos repartimos la zona? — Asentí. — Vamos Mike, tú conmigo — No me hacía especial gracia ir con él, pero tampoco le iba a dejar ir con Rod y Silver o acabarían pegándose de hostias. Así que nos dividimos en dos grupos de dos y nos fuimos a inspeccionar los comercios.

Respiré hondo mientras terminaba de vestirme. — Cuenta algo de esto y juro que desearás que te mate rápidamente — Miré fijamente como con toda la parsimonia del mundo Mike comenzaba a vestirse, sin quitarme los ojos de encima. — Tranquila, no ha sido gran cosa — Sonrió con socarronería. — Que te jodan gilipollas... — Espeté. — Pero para no haberte parecido gran cosa parecías disfrutar bastante... — Le dediqué una mirada burlona. — Touché... — Terminé de vestirme mientras que él se colocaba la camisa. — No quería que se te subiera demasiado — Sonrió. Dejé de mirarle y me acerqué a la ventana de la puerta. Estábamos en el despacho de un supermercado, aquella oficina habría pertenecido al gerente del local. — He escuchado un ruido... — Tras cargar con las cosas me asomé por la puerta para echar un vistazo. Iluminé con ayuda de la linterna y salí con el objetivo de dar con el origen del ruido. — Yo también, pero creo que ha sido de la otra puerta — Mike señaló la puerta del despacho que daba a un callejón trasero y yo asentí. Una vez listos, los dos nos asomamos a esa calle en busca de respuestas.

Cuando salimos fuera vi de lejos a Silver y Roderick. Entraban en una tienda. — Han debido ser esos dos capullos, vayamos a saludar — Mordí mi labio sin darme cuenta. Comencé a caminar en la dirección de la tienda, con paso tranquilo y las manos en los bolsillos de la chaqueta. A simple vista no se veían zombies en aquel callejón, pero eso no me hizo bajar la guardia.

Atento, esos cabrones salen de la nada a veces — Avisé mientras revisaba por enésima vez en aquel día el tambor de mi revólver. Estaba cargado, lo dejé de nuevo en su funda y coloqué mi mano derecha sobre el mango del cuchillo que también descansaba en mi cinturón. Siempre preparada: esa era mi principal regla, nunca sabías cuando te podían sorprender.

La distancia entre ambos y la puerta de aquel establecimiento se acortó. — ¿Se puede saber qué coño hacéis ahí parados? — Pregunté de mala gana mientras me acercaba. Roderick y Silver estaban ahí parados como si nada. Al aproximarse me di cuenta de que no estaban solos. Logré a alcanzar a escuchar las últimas palabras de una voz muy femenina.

¿Qué parece buena? — Pregunté para ver como Roderick estiraba las manos para coger una botella que la mujer había pasado. Una mujer asiática se encontraba sentada en lo alto de un estante. Tranquila, como si toparse con cuatro desconocidos no le pareciera peligroso, parecía totalmente confiada con la situación: así que era muy estúpida o nosotros debíamos tener cuidado con ella. Dado que seguía con vida a aquellas alturas se podía dar por hecho que sabía más o menos que estaba jugando con fuego.

Escruté mejor su rostro, la escasa luz del local no me dejaba apreciar sus rasgos al completo, aún así había algo en ella que me resultaba bastante familiar. — ¿Les haces un regalo a mis hombres en los tiempos que corren?, eres muy generosa... — Dije con sarcasmo.

No me fiaba nada de ella.


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