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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Hasta el confín del mundo (Erica Ashcroft)

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21 de octubre de 2015, Georgia

Richard abre la puerta de la cabaña y mira en su interior antes de entrar, casi como si alguien fuera a salir para recibirlo.

No es así, la chica miedosa que vivía ahí ya no está. Sucedió lo previsible y murió devorada. Tampoco encontró señales en el exterior de la cabaña de que otros supervivientes tomarán su lugar.

Algo que no era tan extraño, pues esa cabaña se encontraba en lo más recóndito del bosque.  No había demasiadas personas que pasarán por ahí cuando existía la civilización,  ahora podría ser que algún superviviente pasará por ahí como fue el caso de Richard o Alexia antes que él, pero no era lo más habitual.

¿Y en cuanto a los zombies? Esas malditas cosas llegaban a todas partes, pero no eran tantos como en otros lugares y Richard podía limpiar el terreno con su machete. Para llegar hasta ahí ya había tenido que clavar su machete en la cabeza de unos cuantos.

Era una suerte que la cabaña en el bosque aún conservará un aspecto tan habitable, espera que durará todo el invierno; Richard desconocía un sitio mejor para refugiarse en las temporadas más frías.

Richard rebusco entre las cosas que había en la cabaña y las que había dejado en ella la última vez que estuvo. Encontrando varias latas de comida que había dejado para el invierno, una cuerda y un hacha para cortar leña para encender la chimenea.

Con el hacha apoyada en el hombro, Richard vuelve a salir con el hacha al hombro y camina por los terrenos cercanos; zombie que ve, zombie al que clava su hacha en toda la cabeza. Así se aseguraba que las cercanías estaban limpias y seguras para cuando cayera la noche, aún recordaba el dolor del segundo mordisco que se llevó cuando tuvo que hacer esa limpieza en plena noche porque los zombies rodeaban la cabaña y apunto estuvieron de entrar.

Acto seguido se dirigió a uno de los árboles que había en el exterior de la cabaña y dirigió hacia él toda su furia con contundentes golpes para talarlo. Tras eso preparó la leña y la metió en la cabaña para dejarla en el suelo al lado de la chimenea. Así se aseguraba de tener leña para un tiempo.

Richard metió la leña en la chimenea y la encendió para que el fuego calentará la casa, tras el tiempo de abandono donde no hubo ni un alma en el interior. Con el sabor del trabajo realizado se echó en el sofá dejando que el calor de la chimenea le acariciara la piel.

No supo cuánto rato pasó antes de que se quedará dormido, solo se dio cuenta que cuando despertó se escuchaba el golpeo de las gotas de lluvia sobre el tejado de la cabaña. Parecía que finalmente estaba comenzando la tormenta, por suerte esa vez le pillaba a buen resguardo.

Richard estuvo a punto de encenderse uno de sus cigarrillos pero un fuerte ruido que venía del exterior llamo su atención. En alerta tomó su hacha y se dispuso a ver qué era ese ruido no le gustaba ni un pelo.

Tal vez un alma más asustadiza se hubiera asegurado de que todo estuviera bien cerrado y se hubiera metido debajo de la cama sin querer saber nunca que había sido ese ruido pues en el mundo actual podría ser cualquier cosa; pero Richard no. Él abrió la puerta para ver que había sido, confiado en su experiencia en situaciones difíciles y peligrosas y en su propia letalidad.

Pero de ningún modo hubiera estado preparado para lo que se acercaba. Aparte de los zombies que vio acercarse de los lindes del bosque, lo que llamó su atención fue una criatura mucho peor.

Una de esas raras creaciones de Umbrella ¿bio-mutante mucho más sofisticada de lo que solían ser las creaciones de la corporación? ¿Una robot sexy muy puñetera? No importaba, lo único que importaba es que esa pequeña criatura del mal con cabellos rubios les había hecho pasar difíciles momentos a su hermana y a el persiguiendolos en varias ocasiones mientras investigaban a Umbrella. Uno pensaría dado la obvia diferencia de tamaños que Richard no tendría problemas para dejarla sentada en el suelo de una palmada o dejarla colgada de un árbol sin embargo esa criatura había demostrado ser letal en el combate y compensar su tamaño con una gran rapidez y agilidad. Por eso y su destacable mala leche su hermana y él llegaron a sospechar que era una nueva creación de Umbrella, una que combinaba dos miedos muy comunes de las historias de terror: las niñas siniestras y las muñecas siniestras. Sí es que haciendo ese tipo de cosas Umbrella tenía muy merecido el nombre de:  “La corporación del mal”.

El caso es que esa pequeña diabla los había perseguido; pero tras todo el apocalipsis siendo Chris dado por muerto y supuestamente Umbrella habiéndose destruido así misma, Chris considero que nunca más volvería a  ver a esa criatura, sin embargo la película de Terminator no parecía tan alejada de la realidad y lo había seguido hasta el confín del mundo. ¿Skynet responsable de crear a la Terminatrix? Qué va, eso lo hizo Umbrella. ¿Quién si no?

-No puedo creer que me hayas seguido hasta aquí.
Profirió Richard con resignación mientras baja un poco la mirada con cansancio, luego volvió a dirigirla a la criatura:
-Eres Nemesis en versión miniatura, rubia y con cara de muñeca diabólica-dijo mientras sujetaba el hacha con firmeza preparándose para entrar en combate, finalmente simplemente hizo un leve movimiento a modo de encogimiento de hombros: -¡Qué remedio!

Tras eso avanzó con energía dispuesta a entrar en un intenso combate con su antigua enemiga a la que no pensó que fuera a volver a ver. Los zombies no le preocupaban pues aún les quedaba cierta distancia para llegar hasta él y prefería centrarse en la criatura más peligrosa y letal.



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Las gotas de lluvia caían sobre sus rostro, Erica estaba empapada y pese a ello seguía avanzando entre los árboles. Horas atrás la vieja camioneta la había dejado tirada en una carretera secundaria de mala muerte, había tratado de buscar gasolina, pero la única que había encontrado hacía mucho tiempo que quedó inservible. Eso era un autentico problema si el combustible comenzaba a ponerse malo, esperaba que fuera por las condiciones en las que estaba. Lo comentaría a su regreso a La Prisión. Hablaría con el resto, pues cada vez era más complicado encontrar combustible.

Su día había resultado de lo más decepcionante, pero sobre todo agotador, y cuando cayó la noche se sintió aún más molesta por aquel fatídico día, no podría regresar a La Prisión para descansar en su cama.  Y eso le hizo cambiar drásticamente su humor, para colmo comenzó a llover y eso no ayudó nada. Erica pagó su enfado con todos aquellos zombies con los que se cruzó en su camino. El bate estaba ensangrentado cuando sus ojos se posaron en una luz en mitad de la noche.

— ¿Tal vez algo de suerte? — se dijo en voz baja, en perfecto alemán. Con un suspiro comenzó a caminar en aquella dirección, no le importaba coincidir con nadie, quería secarse y dormir. Pero no, parecía que el día no mejoraría. Nada de nada.

— Tienes que estar de broma... — susurró entre dientes, en su propio idioma. Aferró entre sus manos el bate con más fuerza y su cuerpo se tensó. No esperaba para nada encontrarse con él. Frunció su ceño y analizó sus movimientos con calma. Chris Ford no era un cualquiera a quien poder enfrentarse y mucho menos en aquella situación.

Enarcó una ceja ante aquellas palabras.

— Claro, como si no tuviera nada mejor que hacer... — su cuerpo se relajó y avanzó hacia él soltando el bate, lo dejó en su mano derecha. — No te tires tantas flores Ford... — avanzó pasando al interior de la cabaña, prácticamente dándole un codazo para que la dejase pasar. Conocía a aquel hombre, el policía idílico que debía luchar por lo correcto, por proteger a los indefensos, bla, bla, bla...

— Relájate, ya no trabajo para Umbrella — dejó caer la chaqueta mojada en el suelo junto a su bolsa de deporte y se agachó frente a la chimenea para tratar de entrar en calor.


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No podía creerlo. La mayor parte de las personas sobre la faz de la Tierra estaban muertas, encontrar a alguien era una lotería y ya que fuera alguien que conocieras del pasado prácticamente una Utopía. Y de todas las personas con las que se podía topar era alguien de Umbrella.

Esa chica había sido todo una molestia cuando su hermana y él investigaban a Umbrella. Los había intentado matar en varias ocasiones, obviamente sin éxito alguno. Por eso no era extraño que si se la encontraba, Umbrella tuviera algo que ver o que viniera a terminar lo que había empezado antes del apocalipsis.

Sin embargo, estaba completamente mojada y con el bate ensangrentado. No parecía más que una superviviente más de aquel mundo de mierda. Algo que resultaba irónico pues Rachel y él siempre habían bromeado con que tipo de criatura sería su enemiga.

Sin embargo, su falta de interés en el conflicto fue evidente cuando mostró una postura relajada y le entregó su bate cubierto de sangre en señal de rendición.
-Eres una persona -comentó Richard con sencillez pero sin perder el tono serio ni sonreír
-siempre pensamos que serías una bio-mutante o una robot sexual.


Aunque le sorprendió la despreocupación con la que se metía en su caballa y se ponía cómoda ante la chimenea… un poco más y le faltaba tiempo para echarse a dormir en su sofá. Sin embargo, a Richard no le caía demasiado bien que una antigua enemiga que pertenecía a la corporación más maligna y causante de la mierda en la que estaban metidos se tomará tantas confianzas.

No perdió tiempo, se internó en la cabaña cerro la puerta detrás de él y colocó el hacha y el bate de beisbol en el suelo, a un lado de la entrada. Luego se acercó con decisión a la recién llegada y la tomó de los hombros para voltearla y colocarla contra la pared, alzándola del suelo para de esta manera poder mirarla directamente a la cara y estando a la misma altura. No estaba para juegos.
-Dame una buena razón por la que no debería echarte de aquí a patadas. Para no dejar que tus propios monstruos te devoren.

Richard la observó teniendo su rostro a poca distancia del de ella, así pudo percatarse mucho mejor de que verdaderamente era una belleza, razón por la que Rachel había comentado que tal vez fuera una robot con más funciones que simplemente pelear. Pero eso no venía a cuento, era de Umbrella, o por lo menos había trabajado para esa maligna corporación, así que la desconfianza era algo natural.



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Erica abrió la boca para decir algo, pero en lugar de eso se quedó con el ceño fruncido y pronunció una queja de asco ante sus palabras. Lo más asqueroso de todo es que no era la primera vez que la confundían con la amante de Eldritch Ashcroft. Pero claro, para aquel viejo engreído decir que tenía una hija era más que complicado, así que prefería tener a una joven las veinticuatro horas del día pegada a sus espaldas, con todo lo que eso suponía.

— Yo siempre pensé que eras muy cortito... — empezó a decir con todo el sarcasmo del mundo. — ...y ahora es más que evidente que sigues siéndolo... — se puso en pie. — ¿Dónde se ha quedado la inteligente de los hermanos Ford? — estaba tan cansada que ni opuso resistencia cuando la estampó contra la pared, se limitó a resoplar. — Definitivamente prefiero tratar con tu hermana... era más divertida — sonrió.

— Vamos Chris, he hecho una pequeña tregua y tú ya te estás acercando demasiado para mi gusto... — las últimas palabras las dijo con cierta molestia. — ¿Seguro que quieres iniciar otra pelea? — se limitó a preguntar eso, ni más explicaciones, ni argumentos que esos... Lo miró fijamente, desafiante.

Aquel lugar era seguramente el único en kilómetros seguro y cálido. ¿Le agradaba aquello? Claro que no, aunque sí que le parecía divertido, como si el destino fuera un cachondo sarcástico. Para ella sería mucho mejor quedarse en su mugrienta cama de La Prisión, la cual por más que limpiase seguiría con aquellas marcas asquerosas... ahora se conformaba con poco. Sacó como conclusión.

— Que si quieres... — soltó su mano y comenzó a deslizarla por la muñeca de él, podría usar la llave perfecta para zafarse de él y no dudaría en iniciar aquella pelea si él seguía sujetándola.


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Pese a las palabras de chucky rubia y en miniatura, Richard no se mostró molesto.
-Soy cortito -dijo de forma pensativa y con una sonrisa burlona, luego encaró directamente a la rubia -y, sin embargo, te has demostrado completamente incapaz de acabar conmigo ¿eso en que te convierte?

Preguntó con sorna antes de poner cara de fastidio ante lo que acababa de decir sobre su hermana.
-No puedo creerme que tengamos algo común. Yo también hubiera preferido encontrarme con mi hermana,  en vez de con la versión oxigenada de Annabelle.

Teniéndola contra la pared Richard reflexiono sobre sus opciones. Todo podía ser un engaño, pero si la muñeca diabolica trabajará para Umbrella no la hubiera mandado de esa forma. Sería una mala estrategia mandarla a ella que más allá de pegar patadas no podría ganarse la confianza de nadie. Seguro que una maligna corporación como Umbrella tendría efectivos muchos más encantadores y aparentemente inocentes para mandarlos de espías. Obviamente no estaba en condiciones de un ataque directo y lo cierto es que de todas ella era muy burda para andarse con engaños. Así que no había muchas más opciones que fuera verdad que no era de Umbrella. Sin embargo, tampoco la veía con la conciencia suficiente para desertar jugándose la vida. Así que de seguro no estaba en mi buena posición.

Otra cosa es que podía sacarla de ahí pero no sin levantar un escándalo que lanzará a todos los caminantes de los alrededores en plan orda. Así que como iniciará un conflicto ya podía olvidarse de ese lindo refugio. Puede que la pelea fuera entretenida pero no valía la pena tener que salir en plena noche y volver a buscar un refugio confortable.

-Supongo que no. No mereces la pena. -dijo mientras la soltaba y le daba la espalda para caminar hacia el sofá. -Si ya no vales nada para Umbrella, menos para mí.

Dijo antes de llegar hasta el sofá, y sentado cómodamente se encendió un cigarrillo. En verdad, aunque su intención primordial fuera fastidiar a la muñeca diabólica no estaba lejos de la verdad. Lo cierto es que cuando era un miembro de Umbrella tal vez hubiera merecido la pena enfrentarse a ella y tal vez cargarsela, pero si no era de Umbrella ya no era nada. Nada por lo que mereciera la pena el esfuerzo, y eso en una situación normal. Si un enfrentamiento le costaba su cabaña que fuera por algo que valiera la pena, no por ella.

Sin más, se quedó sentado en el sofá mientras daba caladas a su cigarrillo e ignoraba cualquier otra presencia que no fuera la suya.



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— En alguien con muy mala suerte... — susurró haciendo rodar los ojos. Ya que Ford había pasado por fin de ella, Erica pudo volver a sentarse en el suelo frente al fuego. Necesitaba de veras entrar en calor después de haber estado caminando durante horas bajo la fría lluvia. Pese a su orgullo, pasó por completo de las palabras de él acerca de que ya no valía nada para Umbrella. Eso le hizo recordar, aquella última vez con su padre en Alemania, su mirada cuando la empujó fuera del helicóptero.

Sus ojos se quedaron fijos en las llamas de fuego, Erica no observaba nada en concreto, simplemente parecía hipnotizada. Aquello parecía una broma bastante mala del destino. Ambos se quedaron en silencio, cada uno en su pequeño espacio al cobijo de la lluvia. Cuando en antaño habían tratado de matarse en numerosas ocasiones. Pero ella siempre había sido guiada por su padre y ahora, por primera vez en toda su vida podía elegir sus propios pasos. Le molestaba que Ford tuviera que estar ahí para verla en su peor momento. Aunque él tampoco es que estuviera precisamente en una nube. No, definitivamente ninguno de los dos. Solo hacía falta ver sus pintas.

El trueno resonó con violencia en el exterior, como si no hubiera caído muy lejos de allí. La rubia siguió en silencio sin decir absolutamente nada. Apoyaba sobre sus rodillas la barbilla y continuaba mirando el fuego, esperando que sus ropas se secasen algo, al igual que sus cabellos. ¿Qué era lo que quería? Toda su vida había girado en torno a su padre y Umbrella. Y ahora, que por fin superaba eso, volvía a girar en torno a él. Se decidió a viajar a Estados Unidos solo para darle caza, solo para vengarse de él por cómo la había tratado, por como la repudió cuando ella más le necesitó. ¿De verdad quería eso? No pudo evitar mirar de reojo a Ford. ¿A caso los buenos ideales se pegaban? No llevaba ni diez minutos a su lado y comenzaba a replantearse su vida. Maldijo para sus adentros. Si fuera por ella se largaría de aquel lugar, comenzaba a sentirse cada vez más malhumorada. Después de todos los insultos, los golpes... y ahora, allí estaban ellos dos, compartiendo un sucio espacio para resguardarse de la lluvia.

¡Y los motes! Casi se había olvidado de esos malditos motes, era como si Ford tuviera una larga lista que se preparaba para cada ocasión que se veían y no volver a repetir nunca ninguno. La versión oxigenada de Annabelle... ¿Se estudiaba esas cosas? Erica resopló a la vez que hacía rodar sus ojos de nuevo y miraba hacia otro lado, volviendo a apoyar la barbilla sobre sus rodillas.


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No importaba. Ya pocas cosas importaban. Habían sido enemigos, habían peleado y luchado por llevar a cabo objetivos sumamente opuestos, ahora ambos estaban ahí atrapados sin vida ni esperanza y con un único objetivo: seguir con vida. Eso era todo lo que se había reducido la existencia humana.

Había escapado del pasado y se lo había encontrado de frente en aquel campamento de Nevada, con aquellos muertos a causa una vez más de Umbrella. En tiempos pasados hubiera importado, tal vez se hubiera obsesionado con detener a Umbrella una vez más, sin embargo ahora ya nada importaba.

Tras tanto tiempo de huir ahora compartía la cabaña confortable que acababa de encontrar con una sombra de su pasado. Era irónico porque en otra ocasión tal vez su carácter borde le hubiera agradado, el carácter de una mortífera luchadora a la que era divertido molestar. Pero cuando la conoció no importaba, Rachel y él tenían su propia carrera por detener a Umbrella y salvar al mundo de ellos antes de que una tragedia como la de Raccoon city se repitiera. Obviamente desconocían la gran escala que tomaría esa futura tragedia o lo que estaba por suceder; solo sabían que debían detener a Umbrella antes de que fuera tarde y esa rubia era un obstáculo del que debían librarse. Eso llevó a unas fuertes peleas, la rubia daba al punto hasta el punto de que realmente se permitieron la posibilidad de que fuera algo más que una simple humana medio en broma medio en serio, pues no se podía
descartar cualquier cosa viniendo de Umbrella.

Las criaturas de Umbrella no tenían conciencia, solo hacían lo que estaban creadas para hacer, una existencia simple que era fácil de comprender. Sin embargo, una humana era mucho más difícil, una humana debía responder de sus actos y era difícil de comprender porque hacían esas cosas. Porque trabajaban para una compañía dispuesta a cometer genocidios por un supuesto bien mayor. Chris no había llegado a comprenderlo y ya no importaba. Simplemente Chris y Rachel habían fracasado en su lucha, y ella había conseguido lo que su empresa se proponía, y sin embargo no parecía estar mejor que ellos. Lo cierto es que debería estar peor de lo que parecía, Richard al menos había luchado por evitar un gran mal, y se había cansado de luchar en vano; en cambio al ser una humana racional las manos de la rubia estaban manchadas de sangre hasta el hueso pues al ayudar a esa compañia del mal era responsable del mundo en que vivían y de todas las personas que habían muerto desde entonces y morirían en el futuro.

Realmente debería quitarle la vida en nombre de todas las vidas que se había llevado, sin embargo Chris no lo habría y Richard… prefiere mitigar su rabia y odio tomando una cerveza de su bolsa de viaje y dándole un trago. No merecía la pena pues ya no trabajaba para Umbrella, había dejado de ser importante o una amenaza, posiblemente viviría una vida miserable sobreviviendo y terminará teniendo una muerte mucho peor a manos de esas criaturas algún día del que él podría darle. En un mundo como ese la muerte podría ser una liberación, un descanso, y la rubia no se merecía tal cosa.

-¿Y bien? ¿Cuál es tu historia? Dudo que Umbrella te dejará marchar sin más. Eso suponiendo que tuvieras la conciencia suficiente para desertar, lo cuál dudo.


Le preguntó Richard directamente, mientras daba un trago a su cerveza y se limitaba a observarla desde el sofá. Luego dio una calada a su cigarrillo. Realmente no preguntaba porque le importará, pero tampoco era capaz de ignorar a la única persona con vida en aquel lugar, no cuando los seres vivos era algo que solía escasear mucho en ese nuevo mundo.



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Por fin entró en calor, tanto que incluso el fuego comenzó a picar en su piel, así que se apartó apenas un poco y se giró para que el calor diera en su espalda. Al hacerlo se encontró con que Chris la estaba mirando fijamente y eso llevó a Erica a enarcar una ceja.

La pregunta la pilló por sorpresa hasta tal punto que la molestó. ¿Había desertado, se podía considerar así? Realmente fue su padre quien la echó sin darle la oportunidad de nada. Ella ahora no quería saber nada de la corporación, pero aún así le molestaba la situación por la que pasó.

— ¿En serio, nos vamos a poner sentimentales y contarnos nuestras historias? — frunció los labios. — Porque la tuya ya me la sé, ¿te olvidas de que Umbrella sabía prácticamente hasta la talla de tu pantalón? — y aún así ni se terminaba de leer las fichas de la gente a quien debía buscar. Recordaba que con Chris fue igual, leyó cuál era su anterior empleo, por qué Umbrella le quería dar caza y poco más. Ella solía hacer a pies juntillas lo que le mandaban y había confiado en su padre plenamente. Mintió, pero no le apetecía tener que dialogar con el hombre que casi se había matado sobre sus cosas.

— Claro que imagino que a ti te puede la curiosidad, ¿no? — le miró de nuevo. Seguramente que igual que muchos de sus compañeros creía que era la amante de Eldricht, por haber estado pegado a él casi las 24 horas del día. Eso siempre la había molestado.


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Su situación era propia de una comedia. Cuando por fin encontraba un buen lugar para pasar el invierno tenía que aparecer una apestosa comadreja con cara de muñeca diabólica. Realmente una opción sería matarla pues el mundo sería un lugar mejor sin ella; o echarla de la cabaña a patadas para que la devoraran los zombies pero intentarlo supondría un escándalo que pondría en peligro el bonito refugio que había conseguido.

Richard emitió un resoplido burlón ante las palabras de la muñeca diabólica sobre Umbrella.
-Me lo imaginaba.
Soltó sabiendo que Umbrella era la mayor mierda del puto mundo y era normal que supiera tanto de sus enemigos; aunque Chris era una de las personas que más sabía sobre Umbrella en aquellos tiempos así que estaban a la par.

-No te equivoques, hasta ahora incluso tu nombre me importaba una mierda.

Dijo mientras le daba una calada a su cigarro y la observaba fijamente.

-Pero en el mundo actual las personas se han convertido en un bien muy escaso, lo que nos convierte en los dos únicos seres medianamente inteligentes y con capacidad de hablar kilómetros a la redonda. Ya que te vas a quedar aquí sería una pena desaprovecharlo ¿No crees?



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Tras un breve silencio en el que Erica observaba el fuego, decidió por empezar a hablar con algo que llevaba prácticamente siglos queriendo decir en voz alta.

— Eldritch Ashcroft es mi padre — terminó por decir y curiosamente sintió algo en el interior de su pecho que se relajó. ¿Padre? Esa palabra tabú en su particular familia, ni siquiera cuando ellos dos estaban a solas él le permitía llamarlo así, como si se avergonzara de que Erica fuera su hija. Respiró hondo a la vez que estiraba su cuello, aquella confesión había sido más reconfortante de lo que jamás hubiera creído, por más que se tratase de Chris Ford su interlocutor. — No hay nada de ciencia ficción detrás de mi, no soy un bio-mutante, ni una robot sexual, ni una amante fiel, ni una loca obsesionada con él, ni siquiera uno de esos proyectos descabellados de Umbrella... solo su hija — y quien lo admiró mucho tiempo atrás. Pero ese pensamiento se lo guardó para ella.

— Así que se podría decir que las peleas entre los Ford y los Ashcroft eran viejas rencillas familiares — empezó a reírse en silencio, con auténtica diversión por su comentario lleno de sarcasmo. Parecía mentira, incluso una broma del destino que tiempo atrás, él, su hermana, ella y su padre hubiera tenido tales peleas.

— ¿Sabes? Aunque no lo creas espero que Rachel esté bien, tenía su rollo... — se quedó un momento pensativa, como recordando viejos momentos. — De haber tenido una hermana, puede que una amiga... me habría gustado que fuera como ella — y no mentía. Siempre le pareció una persona interesante. De los encuentros que habían tenido le resultaba de lo más entretenido dialogar o pelear como solían acabar siempre.

— ¿Satisfecho con mis palabras? — se giró hacia Ford a la vez que enarcó una ceja. — ¿Y tú, puedes contar algo interesante que Umbrella no supiera de ti? — Erica se levantó a la vez que hizo un estiramiento. — En cuanto pare la tormenta me iré, no te preocupes, tengo un refugio y gente que me espera — sonrió satisfecha de eso, como el que presumía de tener amigos, pero dado que Erica jamás los había tenido, resultaba ser hasta un logro para ella. Aunque en realidad fuese ella misma quien solía pasar de todos los de La Prisión, claro que eso Chris no lo sabía.


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Richard escuchó cosas que nunca hubiera esperado escuchar. Desde el mismo instante en que entró por la puerta de la mansión de las montañas Arklay siempre había visto a los de Umbrella tan monstruosos como sus criaturas, personas sin alma en su interior solo un pozo negro en su interior. No alma, no vida, solo destrucción.Y esos pensamientos solo se hicieron mucho más intensos tras el apocalipsis.

Sin embargo, ahora las palabras de Erika le transmitieron algo extraño. Ella había sido su enemiga durante todo su tiempo que había estado en Europa tratando de desenmascarar a Umbrella. Nunca había hecho el esfuerzo por saber nada de ella, pues como todos no era más que un monstruo que derrotar. Supongo que por eso su hermana era capaz de arrancarle la sonrisa a la hora de bromear sobre que clase de criatura sería. “Una bio.mutante” “no, no, una robot sexual”. Pese a todo Rachel siempre le había atribuido una humanidad que Chris jamás había podido otorgarle debido a todo por lo que Umbrella le había hecho pasar.

Aunque lo otro que dijo sí que no le sonaba, pues ellos nunca habían planteando las otras posibilidades, no eran tan divertidas como estar enfrentándose a una bow muy poderosa con forma humana.

Richard no pudo hacer más que reír de forma irónica y cansada, antes de guardar silencio durante unos momentos mientras asimilaba todo y la gran ironía que suponía todo. El hecho de que personas a las que Chris no atribuía ninguna humanidad pudieran tener familia, tal vez una vida normal, después de todo. ¿Hijos? Quién pudiera pensar que unos simples monstruos pudieran tener descendencia. Descendencia real, no solo sus criaturas monstruosas. Sin duda todo se sentía como una broma del destino.

-Vaya, nunca lo hubiera imaginado… que los de Umbrella pudieran tener familia.


Richard escuchó las palabras de su antigua enemiga sobre Rachel, y no pudo más que dedicarle una sonrisa sincera, una sincera de verdad, de las que no eran tan frecuentes en Richard desde todo lo que había vívido en Washington D.C. Realmente esperaba que su hermana y su hija estuvieran bien. Ojalá pudiera tener más claro sus últimos momentos con ellas escapando la ciudad, estar 100% seguro de que consiguieron escapar pero no fue así. No fue hasta que menciono lo de que le hubiera gustado tener una amiga como ella que reflexiono sobre sus palabras anteriores y ato cabos. “¿ni una amante fiel, ni una loca obsesionada con él?” ¿Qué clase de basura era esa? Richard estaba seguro de que si alguien hubiera dicho algo así de su hija ya le faltaba tiempo para correr antes de que le pegará una ostia, descargara su mala leche vaciando su cargador en dicha persona. Aún si fuera directivo de Umbrella se habría encargado de que todos respetaran a su hija como sucesora, la habría guiado para seguir sus pasos y habría estado orgulloso el día que llegará a lo más alto. Eso le hacía pensar que aunque alguien de Umbrella fuera padre no necesaria quería decir que fuera buen padre.

-Gracias, Erika. Estoy segura de que a ella también le hubiera gustado ser tu amiga. Se reiría solo de imaginarnos a los dos en esta cabaña tras todo lo que hemos pasado.

No pudo sentir cierta alegría al escuchar que Erika tenía gente que la esperaba, un refugio. Parecía que al final había salido adelante. Bueno, también cabría la posibilidad de que todo fuera mentira y siguiera en Umbrella por lo que todo se complicará más adelante. Pero prefería creerla a llevarse por la desconfianza una vez más.

-¿Algo que Umbrella no pueda saber? -dijo pensativo antes de incorporarse del sofá -En el fondo nunca he tenido nada personal contra ti, solo contra Umbrella. De hecho  enfrentarme a mi fue divertido pese a la situación en la que nos encontrábamos. Eres muy buena, así que espero que esté donde esté mi hija Kiara sea tan buena defendiéndose como lo eres tú. Me sentiría mucho más tranquilo.

Pensar en Kiara o en Rachel hizo que todo se sintiera mucho más pesado por lo que tuvo que sentarse en el sofá casi sin energía y sacar la botella de bourbon que guardaba para darle un trago.
-¿Quieres? -le dijo mientras estiraba el brazo para ofrecérsela -Todo apunta a que la tormenta tardará bastante en pasar.



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— No todos en Umbrella tienen por qué ser personal sin escrúpulos, que odian el mundo y están ahí porque quieren destruir vidas... — Erica hizo rodar sus ojos ante aquellos cliché que pronunció con aburrimiento. — Tú trabajabas para un bando, nosotros para otro, la diferencia eran las instrucciones — le miró fijamente. — Muchos de los soldados de los que tanto te enorgulleces de haber matado eran padres, hijos... gente desesperada por sus familias, gente que igual ni si quiera sabía que estaba del lado correcto, luchando por un día más de trabajo, de sueldo... en este juego todos somos peones prescindibles, hasta tú y yo — no pretendía nada con aquellas palabras realmente, pero sí en cierta manera recordarle que quienes trabajaban para Umbrella eran personas como él, igual eso se le había olvidado también. — Pero es más sencillo vernos como monstruos, eso lo entiendo Chris — se encogió de hombros.

— Vaya, un cumplido... — sonrió con cierta ironía, sin embargo disfrutó de sus palabras. Negó lentamente a su oferta de alcohol. — No bebo — Erica había recibido un largo y duro entrenamiento, eso suponía una dieta estricta en la que alcohol, drogas... eran impensables. Jamás se sintió interesada por ellas tampoco, ni siquiera cuando era más joven. Su padre se había molestado mucho en que fuera lo más responsable posible y dentro de ese concepto, para ellos, era el rechazo a toda clase de estupefaciente o bebida alcohólica.

Erica se estiró y se puso en pie para acercarse al sofá, donde estaba Chris, se acercó con cierto cuidado sin apartar la mirada de él.

— Solo quiero esto — estiró su mano para recoger un cojín y se apartó para volver cerca de la chimenea, dormiría ahí y se marcharía cuando pasara la lluvia. Ni siquiera desconfiaba de Chris, ella sabía que era de esas personas que ya no quedaban, incluso después del mundo seguro que seguía siendo alguien en quien se podía confiar, pese a toda la de veces que ella le había jodido. Chris no atacaría por la espalda a alguien dormido y eso hacía que no le preocupase por acurrucarse a un lado de la chimenea dispuesta a dar una cabezada.

OFF: por mi si quieres podemos cerrar ya, creo que ha sido una conversación interesante entre ambos.


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Nunca se había enorgullecido de matar a nadie. Desde siempre prefería evitarlo, incluso si eran soldados de Umbrella, pero muchas veces no había tenido otra opción. Las veces que había matado era porque realmente no había opción y había cosas demasiado importantes en juego.

Sin embargo, todo lo que era Umbrella le enfermaba, las palabras de su antigua enemiga hacían ver los engañados que habían estado todo. Umbrella una vez significó algo bueno, algo que daba esperanzas, que curaba enfermedades y salvaba vidas. Así que no era tan difícil pensar que en esos tiempos hubiera gente que luchará creyendo que hacían lo correcto y que lo hacían por pensar que estaban creando un mundo mejor. Todos habían sido engañados, tanto los que estaban dentro como los que estaban fuera.

-No les envidió, debe ser horrible golpearse tan directamente con la realidad y darse cuenta de que en sus manos se encuentra la sangre de millones y millones de inocentes. Sentirse responsables de la destrucción de todo cuanto conocían. Definitivamente no me gustaría ser uno de ellos.
Pero lo era. Richard Jackson da un amargo trago a su botella mientras su mente se encuentra completamente sumergida en el pesar. La idea de que no había trabajado nunca para Umbrella, pero que si simplemente hubiera sido mejor tal vez nada de eso se hubiera evitado. Tal vez si hubiera sido más rápido o más habilidoso se hubieran salvado todas las vidas que se perdieron.

A pesar de hablar de su hermana o su hija prefería no pensar en ellas, la idea de que jamás volvería a verla resultaba demasiado pesada. Muchos menos en esa persona que había significado tanto para él, que había sido su brújula moral porque recordar que ya no estaba era como si un fuerte veneno le recorriera pudriéndolo poco a poco, pero no mataba su cuerpo sino su alma. Prefería no pensar en ello, caminar ese horrible mundo zombie que ya estaba condenado a caer en pedazos y nunca jamás mirar atrás, hacia el pasado.

Richard se sintió decepcionado cuando ella rechazó su trago, ese trago que pretendía ser una oferta de paz entre ellos. Al menos, parecía que cualquier conflicto entre ellos había quedado atrás.
-Tú misma.
Dijo encogiéndose de hombros, aunque realmente le apenaba que simplemente fuera a dormirse. Espera poder hablar algo más con ella pues no era frecuente tratar con muchas personas y sentía que había descubierto una parte de ella muy alejada de lo que una vez había conocido. Su parte más humana que le dio curiosidad por seguir conociendo. Pero si ella no quería socializar no la iba a obligar. Así que simplemente dejo que tomará el cojín y vio como se acurrucaba al lado de la chimenea.

Por un momento, Richard tuvo tentación de dejarle el sofá para que durmiera pero algo tan caballeroso no pertenecía a la persona que era ahora, ni ese gesto tan caballeroso era propio de un mundo muerto en el que estaban viviendo.

Así que simplemente se limitó a acabarse el solo la botella de alcohol. Tras eso le entró sueño y, a pesar de lamentar amargamente creer en la palabra de la rubia y saber que no la encontraría cuando despertara, se tumbó en el sofá para dormir.

Parecía extraño, pero confiaba en la antigua enemiga que había intentado matarlo decenas de veces. En este último rato que pasaron juntos supo que en el fondo podía confiar en que era una buena persona y no lo asesinaría mientras dormía.
Off:

Vale, me parece bien. Un gusto rolear contigo. Cuando quieras podemos repetir Very Happy



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