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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Perdido y atrapado (Alexys Blake)

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Mensaje por James J. Yeager el Dom 01 Dic 2019, 18:25


Perdido y atrapado


Marzo de 2013 - Colorado - Carretera secundaria

Al primer grupo con el que James se cruza después de la muerte de su hermano apenas se le puede dar ese nombre. Son escasas diez personas, atrincherados en una colina cerca de Harrisburg con poco más que unas cuantas tiendas de campaña y un par de coches viejos. Son más mujeres y niños que hombres armados capaces de protegerlos, pero le dan refugio, comida y no le hacen preguntas.  Los días se convierten en semanas y James hace poco más que remendar un par de cortes y limpiar algunos arañazos. Vive con esas personas pero nunca es uno de ellos, alejando a cualquiera con chasquidos silenciosos, respuestas monosilábicas y miradas que no se molesta en devolver.

En los últimos días del invierno las horas son cada vez más largas y los segundos demasiado cortos. Los días cada vez duran más, y aunque James no tiene ninguna prueba, la inquietud le atenaza con cada puesta de sol y puede sentir como permanece en el aire entorno a él. A medida que el invierno se convierte en primavera la indiferencia de James se aleja de su tristeza hermética y se parece más a ira monocromática, cada vez que los cardenales de la mujer de uno de los hombres aparecen con más frecuencia y las marcas de dedos, lágrimas y miedo empiezan a ser demasiado obvias como para pasarlas por alto. El marido de esa mujer es la clase de bestia nacida para este mundo, y cuando su hijo se acerca a James una tarde, no tiene que preguntar cómo se ha hecho ese corte en la cara. El chico es una criatura pequeña y huesuda, labios cenicientos y un ojo hinchado. Tal vez está intentado sonreír, y los restos de esa sonrisa tiran tristemente de las comisuras de sus labios.

A la mañana siguiente James se ofrece por primera vez para un viaje a por suministros con aquel hombre. Ninguno de los dos vuelve.

.

James es emboscado por tres hombres en un pequeño pueblo en algún punto entre Pittsburg y Columbus. Tienen un coche en buen estado y van demasiado ligeros para estar de paso. Solo uno lleva un arma de fuego y entonces James se pregunta porqué gente así es la que sobrevive. Él es el único que habla, para pedirle con una sonriente amenaza que le entregue su pistola y todo lo que lleve en la mochila. James no responde a sus preguntas, pero el silencio que le sigue a la última es lo más ruidoso que ha escuchado en su vida. Finalmente, aquel hombre mira hacia otro lado con un suspiro y una mueca exasperada. James observa como su nuez sube y baja, y no vacila en arrancarle la vida de los huesos con un disparo antes que el otro tenga oportunidad de acabar de desenfundar.

Cuando James se defiende de los golpes de los otro dos hombres, sus movimientos llevan cierto retraso, no demasiado significativo, suficiente para llegar hasta el coche con poco más que un labio roto y el hombro adolorido, pero retraso al fin y al cabo. Es como si sus músculos estuvieran esforzándose para llegar a algo pero sus tendones los retuvieran, y James sabe que ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que tuvo que usar su cuerpo para proteger su vida.

Los muertos que se acercan atraídos por el disparo y los gritos se encargan de los dos hombres, y James se aleja a toda velocidad, intentado luchar contra el coctel de humo y fuerte olor a alcohol que hay en el coche. El martilleo del disparo anida bajo sus dedos y se extiende bajo su piel y James aprieta el volante con tanta fuerza que sus nudillos se vuelven blancos. Sus ojos están rojos. El silencio es negro.  

.

Una noche James se despierta de un sobresalto. La salida del sol anuncia el comienzo de un nuevo día, y una ráfaga de primavera disipa los últimos rayos de luz de la Luna. El corazón se le tuerce por el esfuerzo de bombear oxigeno por su cuerpo y le arden los ojos por la fatiga, pero James no se atreve a volver a cerrar los ojos. La imagen de la cara de su hermano en el cuerpo del hombre al que James disparó días atrás le persigue incluso hasta horas después de haber reanudado su viaje.

.


Entre los días y los segundos, James pierde la noción de las horas y olvida como leer relojes y calendarios. Se le acaban olvidando las fechas y otras veces mira y se pregunta en qué estación está. No sabe cuántas horas lleva sin dormir y sin comer, pero detiene el coche solo para bombear gasolina y rellenar el tanque.
James no sabe dónde está ni adonde pretende llegar. Tampoco ve al ciervo que le corta el camino hasta que lo tiene encima, y cuando da un volantazo y las ruedas del coche se despegan del asfalto, James siente en su interior, de manera vaga, que quizá es mejor que esto acabe así. Su corazón se estremece pero no está sorprendido.

Unos segundos después es solo él, y un silencio sepulcral.

James J. Yeager

James J. Yeager
The Old Red Umbrella

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