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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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[FB] Jugando al ratón y al gato [Vernice Valdeviras]

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Mensaje por Gilbert White el Mar 19 Nov 2019, 19:55

Recuerdo del primer mensaje :

Debíamos movilizar a tanta gente en tan poco tiempo, y fueron unas horas, no sólo tensas, sino de un trabajo extenuante.... podía sentir el latir de mi corazón en la cabeza, quizás los nervios me traicionase, pero intentaba mantenerme en calma, yo no era el líder de esta gente, no quería serlo. Mi compromiso no iba más allá de Emma y Leonard, dos jóvenes con los que viajé durante largos meses.... curiosamente, nos habíamos mantenido alejados de todo y todos durante mucho tiempo, pero en ocasiones las cosas se pueden liar, y es entonces cuando la casa se te llena de gente y te das cuenta de que el frigorífico está vacío.

Mis manos ayudaban a la gente a cargar sus pertrechos, e intentaba que no cargasen de más, algunos le habían cogido tanto apego a este lugar en tan sólo dos días que casi podían haber firmado unas escrituras, si en este loco mundo aún quedaran bancos.

De nuevo busqué con mi mirada a la bombera, allí estaba, encima de su camión montando a toda la gente que llevaba como equipaje.... No podía tragar, de pronto me vi envuelto encabezando un convoy y atropellando a muchos caminantes, más de los que en las incursiones anteriores había visto por esta zona, caminos o carreteras. Es como si ellos también se estuviesen trasladando a un lugar donde hubiera más provisiones.... La ambulancia derrapó bruscamente cuando giré por un camino de tierra que se abría paso por la derecha, la carretera principal estaba intransitable, quince o veinte de ellos andaban por medio, como intentando decir “ey, parad, dejad que os probemos un poco”.

Era tan amargo mi recuerdo, que en vez de sonreír, que era lo que tocaba ahora, dos lágrimas se asomaron a mis ojos, empecé a no poder respirar bien, a contener mi respiración mientras tomaba curvas de difícil control, esta vez miré por el retrovisor, pero no pude verla, ni a ella ni a más de tres coches atrás. El camino estaba levantando una polvareda demasiado densa a nuestro paso. Conduje durante veinte largos minutos que por algún extraño motivo fueron apenas segundos en mi cabeza, ¿le habíamos sacado suficiente ventaja a esa horda para llegar a salvo a nuestro destino? Todos estaban muy contentos porque nos dirigíamos a una pequeña fábrica de conservas que estaba en muy buen estado, y que anteriormente, algunos de nosotros habíamos limpiado, quemado todos los cadáveres y comprobado que podríamos estar aislados del mundo exterior, al menos mientras podíamos encontrar un sitio mejor. Pero después de tanto tiempo, no creo que lo hubiera, esto lo tenía todo.





Desperté con un fuerte dolor de pierna, sobresaltado y sudoroso. Tras unos cuantos segundos de intentar calmar mi corazón y que mi ritmo cardíaco volviera a la normalidad, me incorporé como pude eché mis dos últimas pastillas a la boca, e intenté beber agua de una botella en la que no quedaba nada. Respiré profundamente guardando todas mis provisiones en una mochila vieja y gastada, la botella vacía y una manta totalmente desaliñada y que ya casi no me hacía entrar en calor.... No había encontrado el menor rastro, y esta vez, aunque había estado casi dos semanas fuera, no había conseguido siquiera insulina para Emma. Ya no me sentía parte de ese grupo, ya no me sentía parte del mundo, mi posesión más preciada era mi dolor.... con un poco de suerte, estaría de vuelta al mediodía. Apenas cinco millas para llegar a mi destino.

Silbé en señal de buenos días a Niebla, mi querido pastor belga que desde el inicio de todo siempre se mantuvo a mi lado. Mis pasos fueron creciendo su ritmo hasta llegar a una buena marcha, mis articulaciones habían calentado, y el resto del trabajo lo habían hecho los analgésicos, así que ahora seguía el sendero de vuelta, por ahí jamas había encontrado ninguna pista, y mis viajes se alejaban cada vez más del campamento base. ¿Qué habría sido de ella? Quise interrogarme a mí mismo, pero no salían palabras de mi garganta, mientras, niebla se acercaba y alejaba vigilando todos los puntos muertos desde cualquier cosa de esas podría sorprenderme, a pesar de llevar dos días sin comer aún tenía fuerzas suficientes...

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Mensaje por Gilbert White el Dom 08 Dic 2019, 20:38

Niebla corría de un lado a otro buscando con qué entretenerse, mientras y ahora con bastante más luz que cuando llegué, recorrí de nuevo los alrededores del camión buscando alguna pista, ya no de qué había ocurrido allí, sino la evidencia de que ella no estaba mal.... A intervalos no armónicos un pequeño gemido o rugido, no sabría distinguirlo, de la pequeña Sally llegaban atenuados hasta mis oídos, y me helaban el alma. Yo había conocido a esa niña jugando, corriendo y siempre feliz a pesar de lo que ya había vivido a su corta edad, no entendía como pudo pasarle algo así, y cómo Vernice, que se desvivía por todos nosotros, había sido incapaz de protegerla. Eso me llevaba a otra pregunta que me angustiaba más aún. ¿Y ella? ¿Qué había sido de ella? No encontré ningún rastro que después de cuatro meses de búsqueda insaciable no hubiese tenido la más mínima respuesta a mis súplicas.... me encontraba tan agotado que tan sólo quería tener la certeza de que ya no debía seguir buscándola.



Era un edificio de paredes blancas, ella estaba herida, y yo con mis pocos o muchos conocimientos sanitarios, era lo más parecido a un médico que había, así que me atreví a coser por primera vez. Su herida empezaba apenas un par de centímetros por encima de su cadera y llegaba casi quince centímetros hacia el muslo, aunque no parecía excesivamente profunda, a todos nos impresionó.

No contaba con anestésico así que tras una fuerte carga de analgésicos y antibióticos procedí a coserla
torpemente. Recuerdo haber pasado varios días junto a ella, vigilando constantes, comprobando que no hubiera fiebre y cambiándole el suero para que estuviese hidratada, ya que permanecía inconsciente.

Tras el accidente me sentía como en casa, quizás el cielo tras mandarnos toda esta incertidumbre nos hubiese querido dar un descanso después de casi conseguir que la perdiera. Alguno de los chicos encontraron provisiones y en la terraza del edificio hacíamos pequeñas barbacoas incluso con comida enlatada.....

Tras recuperarse levemente, ocultando el dolor bajo una pausada cojera que yo quería imaginar que era por la tirantez de los puntos, en una de esas fantásticas barbacoas en las que todo se nos había olvidad, recuerdo que me dio las gracias sentada tras de mí. Estuvimos hablando durante bastante rato, mientras el fuego se iba consumiendo, y avivaba mi esperanza porque algún día, pudiésemos compartir.....

....Podía sentir incluso el calor de mi cara cuando pensé esto por primera vez. Ella acariciando mi pelo, dijo sonriendo:

-No te preocupes Gilbert, pronto mejoraré, y ha sido gracias a tu valentía al detener la infección que se hubiese causado si no hubieras actuado.

Esas palabras fueron las que me lanzaron a buscarla, ella sabía que lo que nunca se conseguiría era lo que nunca se intentaba. Ella me hizo ver que tenía que seguir adelante, hasta encontrarla viva, o una muestra de que ya no lo estaba.





Volví a la realidad, y tras comprobar que no había ningún casquillo de bala, comprendí que por extraño que pareciese no había podido disparar. Eso si era típico de ella. Lo más fácil hubiera sido correr en dirección opuesta a donde había caído el camión, aunque también es cierto que continuar en dirección por donde había venido el camión me llevaría de vuelta a la fábrica. Suspiré varias veces antes de tomar la decisión y di gracias porque la pistola no funcionase.

Gilbert White

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Dom 08 Dic 2019, 20:46

Recordé la carta que había dejado sobre la mesa de la cocina y volví a por ella, di un par de vueltas por la habitación hasta dar con un rotulador y escribí en el sobre, justo encima de la anotación ya existente:

"No es necesario que entres, ya no queda nada Karen."


Lo más seguro era que esa persona jamás volviera por aquí, puede que pasaran lustros o décadas antes de que alguien volviera a entrar en esta casa, pero si por algún casual venía, y era, tal y como suponía, familiar de los caminantes de la casa, no se merecía ver lo que ahí dentro había pasado. Nadie se merecía ver algo así.

Con la carta en la mano volví al dormitorio. Me puse la chaqueta, que no había perdido del todo el olor pero al menos no tenía ya residuos encima, y guardé también las dos latas de cerveza que habían sobrado de la noche anterior, en los bolsillos, ahora mismo no me apetecía ni siquiera tenerlas cerca pero seguramente más adelante las podría echar en falta. Busqué entre los cajones y repisas hasta dar con un rollo de cinta adhesiva, y salí al porche de la casa.

Cerré la puerta apalancada, antes o después era posible que se abriera con el viento, pero intenté dejarla todo lo encajada que pude, y con la cinta dejé el sobre pegado sobre la puerta, sujeto por todos los extremos para asegurarme de que permaneciera allí durante bastante tiempo.

Saqué de uno de los bolsillos de la chaqueta el spray de pintura, y lo lancé al aire dando un par de vueltas mientras decidía si hacerlo o no. Al principio, solía elegir muy concienzudamente los sitios en los que dejar la marca: que fueran bien visibles desde lejos, superficies despejadas, que contrastara bastante el color de la pintura... ahora, casi había cambiado el motivo por el que lo hacía y dejaba las marcas en cualquier punto que yo pudiera reconocer del sitio en que había estado. Suspiré observando el bote de pintura girar en el aire, y volví a cogerlo al vuelo. Agité el bote de spray y comencé a marcar el graffity sobre la fachada del porche de la pequeña casa, cubriendo con la pintura puertas, paneles de madera e incluso el vidrio de las ventanas. Me alejé un par de metros para contemplar el dibujo desde lejos, cualquiera que se acercara a la casa lo suficiente podría verlo, pero muy pocas personas en el mundo podrían entender qué quería decir.


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Eran apenas las 18:22 de la tarde cuando el volvíamos por fin al parque. El aviso nos había hecho salir antes de la una del mediodía y por tanto, de la hora de almorzar, así que mi estómago rugía furioso y sentía tanta hambre que me habría comido hasta una piedra. Observé por la ventanilla lateral y me relamí inconscientemente viendo el Porshe Cayenne aparcado en las inmediaciones del parque.

Bajé de un salto del camión, me quité apresuradamente el uniforme dejándolo en la percha correspondiente y corrí hacia el comedor pensando en el festín. Nada más atravesar al umbral pude ver la gran caja de pasteles vacía, ni migajas habían quedado, y Gilbert de espaldas a mí, se rascaba la cabeza contemplándola.

-No me lo puedo creer... ¿No ha quedado nada?

Gilbert me miró como si le hubieran dicho que tenía que correr delante de fieras salvajes, y no lo decía por su pierna, sino por lo poco adicto al peligro que era.

-¿Qué? ¿Me pongo en medio y digo que no? ¿Con cuántos crees que podría...? De uno en uno, sin hacerme daño.- habló encogiéndose de hombros.- Aunque pudiera detener a cuatro abriendo los brazos, saldrían manos de todas partes cogiendo pasteles. Ha sido un horror, la visión me la llevaré a la tumba.

-Vale, esto no puede seguir así.- los compañeros dormitaban en su mayor parte en la sala de descanso, y los demás se habían ido a las duchas, por si acaso, busqué un folio en blanco, un rotulador y tiré de la mano de Gilbert hacia una esquina del pasillo lejos de la mirada de todos.- Mira, esto será así a partir de ahora...- hablé con media lengua por fuera mientras dibujaba la señal en el folio. - Lo colgaré en mi ventana todos los días antes de que llegues. Si la VV está boca arriba significa que puedes entrar... Si está boca abajo, es porque he salido, da un par de vueltas hasta que nos veas entrar o haya cambiado la orientación de folio.
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A día de hoy, todas las marcas que dejaba, tenían el símbolo boca abajo...

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Mensaje por Gilbert White el Lun 09 Dic 2019, 20:06

Saqué de mi bolsillo una hoja de papel de calco, tomé la ramita pequeña que llevaba a modo de lápiz en el bolsillo y volví a hacer una rayita, las conté: 17. Había estado andando en una dirección durante siete días, y otros siete de vuelta. Ahora aún sin saber dónde estaba, sabía que me había, no sólo desviado un día de camino, sino que además, aún podían quedarme varios antes de llegar a mi destino, que no era otro que la fábrica. Así que suspiré profundamente intentando oxigenar mi cerebro y esta vez no equivocarme ni tomar una decisión que me perdiera, era importante no volver a hacerlo....



-Ey Gilbert, ponte aquí con nosotros, rápido.- dijo el capitán de la compañía 27.

Todos los chicos incluida Vernice, estaban al lado del camión tres, la autobomba grande y majestuosa, donde solían sacarse fotos siempre que volvían de una gran intervención....

Al parecer y según venían contando con euforia, las llamas se extendían desde el segundo al noveno piso. La escala colocada a media distancia intentando refrescar los pisos superiores, y desde abajo con grandes mangas, seguramente de 40 o más pulgadas, anegando en agua los pisos inferiores. Tampoco entendía mucho del tema. Sólo sé que no hubo víctimas, que consiguieron apagar el fuego pasando de una azotea a otra y atacándolo desde arriba y desde abajo. Todo en menos de seis horas. A pesar de ver sus caras de cansancio, para ellos era importante sacarse esa foto..... Los servicios de emergencias tanto sanitarios como de la policía, tan sólo estuvimos presentes viendo la gran actuación de estos equipos de bomberos.

-Vamos Gilbert, no remolonees.- insistió ahora Lenny, al que quizás, sin poder llamarlo amistad, era el que más veces me dirigía la palabra.

“Gilbert, has traído pasteles?” “Gilbert, has venido tarde” “Oh el día que traigas café será perfecto” Qué cabrón, pensé mientras me negaba a ponerme en la foto.

Lenny cogió la gran cámara y dijo:

-Esta primera la saco yo, rápido.- y me empujó para que me pusiera.

Todos abrieron lugar para que me colocara al lado de ella, que no decía nada, y aunque no creo que le importase, tampoco dijo nada al respecto. Sólo sonrió al acercarme y Lenny empezó a sacar fotos.

-Quietos, no os mováis por favor, un segundito. Joder Carl, he dicho que no te muevas...- Me extrañó, y de repente gritó. -¡Ahora!

Y todos salieron corriendo empujándonos uno contra el otro. Ella me miró extrañada moviendo la cabeza. Al llegar arriba, Lenny me dio la foto, cuando todos salieron corriendo disparó la cámara sacándonos tan sólo a ella y a mí. Me sentí avergonzado y la escondí rápidamente en mi bolsillo. ¿Por qué lo había hecho? Me sonrojé sin saber por qué y me dio tanta vergüenza que....

-Chicos, tengo cosas que hacer, ya nos vemos la semana que viene.- sin siquiera despedirme de ella salí
corriendo escaleras abajo.

Aún recuerdo que quince minutos después aún seguía rojo, avergonzado, y esa sensación volvía a mí al
contemplar la foto. Al empujarnos parecía que su cabeza estaba apoyada sobre mi hombro.




Volví a mirar la foto, vacié mi cartera dejando todo lo que tenía dentro allí, tan sólo guardando mi carnet de sanitario y mi preciada foto dentro. Sonreí, volví a tomar aire, y continué por la dirección en la que ella debía haber huido. La misma línea que marcaban la cabina del camión y la pistola.

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Lun 09 Dic 2019, 20:09

Dejé la pequeña casa y me dirigí hacia el primer cobertizo, el más pequeño, no estaba dispuesta a marcharme con las manos vacías y dos latas de cerveza no eran un buen botín como para darme con satisfecha. Apalanqué la puerta con el martillo y tras un par de crujidos cedió abriéndose de par en par hacia el interior de la pequeña caseta. No se veía demasiado bien el interior a causa del polvo acumulado en los ventanucos, pero cuando mis ojos se habían adaptado a la penumbra, di con una repisa cargada de tarros de cristal con conservas caseras.

-Oh, sí, ¡gracias parientes de Karen!- grité girando la cabeza hacia la casa de granja, como si intentara que ambos caminantes muertos me escucharan.

Abrí uno de los tarros y metí los dedos rebuscando alguna pieza de verdura en su interior, la salmuera hacía que me escocieran las gritas de los dedos, pero no me importó demasiado. Conseguí pescar un pepinillo y me lo llevé a la boca con desesperación. Ni siquiera me di tiempo para comprobar si estaba bueno o no, masticaba rápido tragándome los trozos casi enteros, y luego volvía a buscar otro, repetidamente hasta terminar el tarro.

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Desde que había cumplido ocho años, solíamos pasar todos los veranos en la finca de los abuelos, eso fue después de que mi abuelo materno muriera, de otro modo, papá nunca se había atrevido a volver al pueblo. Aunque era muy pequeña para entenderlo, solía escuchar las historias sobre cómo papá había tenido que salir huyendo mientras el Abuelo Francisco lo perseguía escopeta en mano gritándole que era un ladrón y un malnacido.

Aquella tarde, la tía María Estrella se había puesto a preparar conservas, y yo maldecía por lo bajo. Hacía un día perfecto, soleado y no demasiado caluroso, y los primos jugaban al fútbol en el patio o trotaban a caballo en el picadero. Demonios, ¿por qué las niñas teníamos que quedarnos toda la tarde en la cocina a meter verduras en tarros?

-Humgf.... me aburro...- refunfuñé entre dientes.

-No seas así Vernice, aprende lo que te está enseñando tu tía que algún día te será útil.- me regañó mamá, quien hacía lo que fuera por intentar volver a reconciliarse con la familia.

Mientras pelaba y dejaba caer las verduras en los tarros, no podía quitar la vista de la ventana, la gran planicie cultivada se extendía más allá y me estaba llamando con todas sus fuerzas. Mis tías y mi madre se habían enfrascado en una conversación sobre una tal Rosita Linda Gutierrez que era una ligera de cascos y nosequé más, así que aproveché la ocasión y me dejé escurrir debajo de la mesa sin que lo notaran demasiado, y salí corriendo al patio, antes de que tuvieran tiempo de darse cuenta para gritarme que dejara de llenarme el vestido de tierra. [FB]_______________________________________________________________________________




Mis dedos tocaban ya el fondo del tarro y comenzaba a dolerme el estómago por comer tan rápido, así que me detuve y frené el deseo de abrir otro bote más. Rebusqué por la caseta hasta dar con una vieja cartera de cuero, la llené con unos cuantos botes más, no demasiados, sólo los que cupieran sin resultar demasiado pesados, y me la colgué a la espalda.

Salí de nuevo al exterior y reemprendí la marcha hacia el este, dejando pronto la granja a mis espaldas, antes de decidir si dirigirme o no a la fábrica quería comprobar si el maldito laboratorio seguía dónde lo había dejado dos meses atrás.

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Mensaje por Gilbert White el Dom 15 Dic 2019, 20:35

Si había algo que me hiciera falta más que un par de analgésicos, era un trago de agua. Mi boca estaba seca así que cogí una piedrecita del suelo recordando lo que decía el doctor Andrew: que cuando se le secaba la boca chupaba una pequeña piedra y eso le hacía salivar. Soplé una piedra varias veces, no fuera que con tanto salivar hiciera barro, y me la eché a la boca. No sé si eso me hizo salivar, pero sí que mientras sacaba todos los sabores que recorrían mi boca, recordé que todavía llevaba el conejo en mi mochila.

Hice una pequeña parada, y metiendo la palanca por los agujeritos de los dientes intenté despellejar el conejo. Siempre había escuchado que la carne de conejo había que dejarla orear algunas horas antes de comérsela, pero yo era incapaz de tomar nada. Miré varias veces la pieza, y aunque no tenía ninguna intención de comerla, el asco fue superior a mí.

-Toma Niebla.- dije totalmente convencido.

Niebla moviendo su cola, tomó la pieza y se alejó hasta una colina, donde empezó a comer y comer, seguramente hasta no dejar más que la piel. No pasarían veinte minutos cuando volvió a darme alcance, saltando y trotando a mi alrededor, necesitábamos un sitio en el que poder beber....



Estuvimos hasta altas horas de la madrugada en la barbacoa de la que sin duda fue la última noche que pasamos juntos. Hacía casi cinco meses de esto.

Ella sonreía con su pelo cayéndole en la cara mientras mordía un perrito caliente. Lo único que habíamos podido echar al fuego eran las últimas quince latas de frankfurts que habíamos encontrado en un pequeño pueblo, su supermercado había sido asaltado un par de veces, y ahora que los probábamos, sabíamos por qué habían dejado las salchichas allí, ni siquiera estar en un estado de sitio justificaba el comerse esas salchichas.... Pero era lo único que teníamos, era lo que nos había sentado a todos alrededor del fuego.

Algunos cantaban y otros sonreían y contaban historias como si no hubiese ocurrido nada. Yo no dejaba de mirarla, el fuego hacía que estuviera más preciosa aún. No sé si quedó dormida en mi hombro, pero apoyados contra la pared cogí mi chaqueta y nos tapamos con ella. Fueron los últimos momentos felices que recuerdo. No estaba seguro del tiempo que había pasado, quizás fui yo el que quedé dormido, ella me dio un beso en la mejilla y tiró de mí, yo la seguí hasta donde ella me dirigía sonriéndome con los ojos afilados....




Sería media mañana. Tenía que controlar mi mente, dejarme de recuerdos y ponerme al día con lo que estaba haciendo. De pronto, cometí un error más, había seguido andando por una llanura demasiado grande, sin resguardo, sin sitio donde poder esconderme, y la colina más cercana que me guareciera de la mirada de intrusos o del olfato de los caminantes se alejaba de mí más de media milla. Reparé en lo que había ocurrido, y oteé a todos lados. Al norte se veían un par de pequeñas casetas, quizás tres o cuatro, pero aún se veían bastante lejos, y el sol casi de cara no me permitía interpretarlo con claridad. A la derecha, el este, se podía observar un pequeño bosque y a la izquierda una colina suave, por la que ascendía un pequeño camino.

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Jue 26 Dic 2019, 17:08

Aunque todavía era temprano, ya había suficiente luz como para que la resaca martilleara mi cabeza dándome ganas de volver a vomitar. Me encaminé hacia una zona arbolada que iba poco a poco introduciéndose en un profundo bosque, cuanto más lejos me mantuviera de la luz del sol tanto mejor, y puse rumbo al este.


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Había salido corriendo de aquel maldito laboratorio a toda prisa, ni siquiera me había fijado en si había aparcamiento fuera o una carretera asfaltada que llevara a algún sitio, llevaba tantos meses sin ver la luz del sol que en cuanto vi la puerta abierta simplemente eché a correr sin mirar atrás. Seguí las indicaciones que me había murmurado pocas horas antes el forense, y al llegar a la valla publicitaria, me agaché a recoger la bolsa que me había dejado preparada con provisiones, sin casi dejar de correr, para luego seguir mi camino. Por nada del mundo iba a permitir que volvieran a encontrarme, o al menos, no iba a ponérselo fácil.

Había seguido corriendo un buen rato más, llegué a un tupido bosque y comencé a atravesarlo, pensando que si había alguien siguiéndome le sería más difícil encontrarme entre las sombras y la vegetación. Fui bajando la marcha, el cansancio y el agotamiento ya hacía que notara un pinchazo en la cintura, demasiado tiempo sin correr debía de llevar ya.

Llegué exhausta al cauce de un pequeño riachuelo, no se veía demasiado bien a través de las copas de los árboles, pero debía de ser ya mediodía. Me senté sobre una roca y comencé a investigar en la bolsa que me había preparado para la huida: algo de comida, un martillo, algo de ropa limpia... Me quité las botas de seguridad, la planta de los pies se me había molido en la desenfrenada carrera, y hundí los dedos en la corriente de agua casi helada. Y ahora... ¿dónde debía ir? Había estado tanto tiempo encerrada, que ahora el mundo se me hacía inabarcablemente enorme.

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Llegué al cauce del riachuelo. Recordaba que la primera vez que estuve ahí el camino se me había hecho casi interminable, aunque cierto era que esta vez lo hacía en sentido contrario, igual quedaba todavía mucho por recorrer. Esta vez el cauce era mayor, seguramente a causa del deshielo de primavera que ya prácticamente había terminado.

Me agaché en la orilla quedándome de rodillas e incliné la cabeza sobre el agua. La corriente se dirigía de norte a sur, si mal no recordaba el laboratorio debía de estar al sureste de aquel lugar, así que, si hacían algún tipo de vertido al río debía de ser más allá de este punto. De todos modos medité la decisión un segundo, pero luego tomé agua entre las dos manos y bebí ávidamente, para acabar metiendo la cabeza dentro de la misma corriente del riachuelo, el agua fría y limpia me ayudaría a despejarme y quitarían los rastros de olor que quedaban aún de la casa de la granja.

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Mensaje por Gilbert White el Mar 07 Ene 2020, 21:23

Dirigí mis pasos lo más rápido posible hacia la base de la colina, pero en dirección a las casas del sur. Intenté no hacer mucho ruido, y cuando estaba apenas a unos doscientos metros aguardé más de una hora viendo el movimiento que ahí había.

Si había alguien ahí no había notado ningún movimiento, ese era mi trabajo, mi especialidad, observar y
descubrir los movimientos por pequeños que fueran, que se producían en un escenario, en una localización. Vigilar y dirigir a mis equipos por radio. Había pasado casi una hora, o quizás fueran dos. Y tras repetir cuatro veces la misma operación escudriñando centímetro a centímetro de la lontananza, volví a confiar en mi cuarto veredicto. Allí no había nadie.

Empecé mi camino lentamente, y envié a Niebla bordeando la colina, alejándose de mí, si veía algo ladraría. Llegué hasta la parte de atrás de la primera casa, era pequeña, unos veinte metros cuadrados. Asomé mi cabeza lentamente, no se veía nada, aunque la puerta parecía abierta. Un poco más a la izquierda, había otra pequeña caseta, algo más grande que en la que estaba apoyado, y en frente a mi izquierda, lo que sería una casa de granja. De repente algo perturbó la tranquilidad con la que estaba realizando mi operación. En la fachada de la pequeña casa había una señal....



-Ey Gilbert,- dijo ella saltándome alrededor y poniéndome la mano en el hombro- fue una gran idea.- sonrió de nuevo.

Asentí mientras que lo que pasaba por mi cabeza era haberla abrazado fuertemente.

-Tienes razón Vernice- dije con voz suave y tranquila mientras le daba los pasteles en la mano- de todas formas los tuyos estaban a buen recaudo.

Sonreí y le entregué un paquete con las tres caracolas de canela que tanto le gustaban. Las horas que pasaba con la señora Margarita, su madre, estaban dando su fruto. Ella me lo contaba todo, sus gustos, cuales eran los pasteles que más le gustaban y cuales odiaba, los que intentaba no meter en la caja por mucho que los pidiera Lenny. Y sobre todo, si es que alguna vez me atrevía, dónde le encantaba pasar los fines de semana. Pero quién era yo para pedirle una cita, si ni siquiera se daba cuenta de que venía por ella.

Me sonrojé ligeramente, al darme cuenta de que estaba siendo un tramposo, y que estaba usando a su mamá, la señora Margarita, para que ella no notara que no era capaz de pedirle siquiera una cita, menos aún preguntarle por sus gustos. Subimos las escaleras juntos hasta la cocina del parque de bomberos.




Volví a mirar la fachada, efectivamente, era su señal. Miré varias veces, señalé a Niebla la otra casa, haciendo una señal circular con la mano derecha y apuntando hacia la otra casa. Niebla corrió tras de ella para yo ir hasta donde estaba la señal con la que Vernice y yo nos comunicábamos. La VV hacia abajo significaba que no estaba, que había salido, y ahora intentaba recordar cuantas cosas más podría querer decir: volveré, no volveré, espérame aquí hasta que vuelva aunque ahora mismo no estoy....

Busqué sin muchos resultados cualquier otra señal, ¿cuánto tiempo hacía que estuvo aquí? Quise pensar que era nuestra señal y que me quería decir algo. Fui a entrar, pero en la puerta había un sobre. No era para mí, pero podía tener cualquier información dentro. Era su letra, en el sobre, se veía claramente que era la letra de Vernice y le había dejado la nota a alguien, igual era importante, pero no era yo quien debía abrirla. Así que abrí la puerta e invité con un ligero silbido a Niebla para que entrase. Pocos segundos después, un ladrido me indicó que podía pasar. Lo que allí vi era indescriptible, más de lo de siempre: alguien que había perdido un ser querido y había tenido que quitarle la vida y la no vida el uno al otro. Difícil de entender si no estabas viviendo lo que los que aún quedábamos con vida habíamos visto. Cerré la puerta tras de mí, sin saber cuánto tiempo había pasado ahí.

Me dirigí al primer cobertizo, la puerta parecía rota, había sido forzada y abierta a la fuerza, así que debía ser la primera. Me acerqué y volvimos a repetir la operación, tras el amistoso ladrido de Niebla entré, casi arrastrando mis pies, serían las doce del mediodía aproximadamente.

Era un pequeño cobertizo donde se guardaban las herramientas, aunque ya no quedaban muchas. Tenía una especie de encimera donde debían prepararse conservas, en una estantería se podían ver unos cuantos botes aún de conservas. No me paré a mirar si estaban o no en mal estado, si tendría que pagar un juicio o prestar atención por mis malas acciones, si había un dios o habría otra cosa que me haría pagar por ellas.... abrí una de las latas de conserva, y sin pensarlo mucho, poniendo el dedo para no tragar ninguna verdura bebí todo el líquido. No era lo mejor que había probado, aunque podía recordar cosas peores no hace mucho. Bebí con ansias salpicándome la cara y la camisa, necesitaba más, así que abrí otro y repetí la misma operación, bebiendo todo el líquido que tenía. ¿Demasiado salado? Daba igual, todo lo que repusiera en mi cuerpo estaba bien. Intenté abrir el grifo, pero aparte de ruidos, no salía agua. Volví a cerrarlo por si en algún momento volvía, que la factura del agua..... Sonreí al ver lo que estaba haciendo ¿Factura? ¿Vuelta a la normalidad? Al parecer haber bebido un poco de líquido me había afectado más de lo que ya lo estaba.....

-¿Conserva de pimientos?- dije en voz alta.

Tomé uno llevándomelo a la boca, si esta gente era hipertensa yo lo agradecía, porque nunca había probado una conserva más sosa. Abrí un tercer bote y terminé de beber todo el líquido, esta vez sin derramar una sola gota. Ahora que había bebido me sentía exhausto, aunque, si ese líquido me lo hubiera echado en la herida, habría sido capaz de cauterizarla.

Sin darme cuenta, mientras revisaba la habitación, me había comido un bote de pimientos, quedaban dos sin abrir y dos sin líquido abiertos. Volví a poner la tapadera en ellos y los dejé allí, aún me quedaba un cobertizo por investigar.

Me acerqué al cobertizo que se hallaba cerrado, necesitaba encontrar algo para curar mi herida. La puerta estaba cerrada, no parecía un mecanismo complicado pero no quería hacer más ruido. Lo observé durante algún tiempo de nuevo y coloqué la palanca en lo que sería la cerradura, una vez hice palanca salté y dejé caer todo mi peso sobre ella. "Clonck". Sonó una sola vez, no estaba abierta pero sí había sido desplazada de su enganche, la madera de toda la puerta había perdurado sin ser abierta durante todo este tiempo. La luz que dejaba la puerta tras haber movido la cerradura fue suficiente para volver a meter la palanca, girarla, empujarla con mi cuerpo y al soltar la presión que yo mismo ejercía, tirando de la barra hacia arriba. "Clonck", sonó secamente y la puerta cedió....

Tiré de la hoja hacia fuera y miré hacia un lado, alzando la barra y entrando hacia el otro..... Sin saber por qué, quedé mirando las paredes: estanterías, herramientas oxidadas, mucho material que en su día hubiese servido para echar a funcionar una granja, ahora parecían piezas de un extraño y antiguo museo, piezas que antaño fueron muy útiles y que hoy, con lo que estábamos viviendo, con el peligro que se corría estando fuera, y quizás también dentro, eran basura.

Empecé a revisar todo lo que podía servirme, por arriba y por abajo, empecé a buscar cualquier cosa que pudiera ser útil, necesitaba curarme la pierna, necesitaba agua, necesitaba.... tantas cosas necesitaba que cualquier cosa que pudiera buscar me vendría bien.....

Gilbert White

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Civil

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