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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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The road I walk [Keith's Memories]

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The road I walk [Keith's Memories] Empty The road I walk [Keith's Memories]

Mensaje por Keith Hansen el Mar 12 Nov 2019, 01:42

Keith Hansen


25 de Diciembre de 2010.
— ¿Entonces el trabajo bien cariño? — Miré hacia mi derecha mientras Ellie se abrochaba el cinturón y se inclinaba hacia los asientos de atrás para dejar el bolso, después arranqué el coche tranquilamente, las calles de Racoon estaban tranquilas y no había mucho tráfico. — Bueno, ya sabes, no es el trabajo más emocionante del mundo... pero me vale — Susurró, colocando su mano sobre la que yo tenía en la palanca de cambios, mirándome con una sonrisa que podría iluminar cualquier día.

— Ya, es que eso de las emociones fuertes no pega mucho con lo tuyo... pero oye que eso lo arreglamos rápido, vamos un finde a hacer puenting y ya verás tú la adrenalina — Ya estaba riéndome solo con imaginarme su cara de terror, negando con cada parte de su cuerpo — ¡No no no! Creo que prefiero ir al parque y tirarle comida a las ardillas o algo así — Negué con la cabeza sin parar de reír, ya sabía yo que iba de farol con eso de querer emociones.

Nos estábamos riendo, escuchando algún programa tonto en la radio, y entonces... Unas luces nos cegaron por un momento y después, nada. Sentí un fuerte mareo, la cabeza me iba a estallar y había sangre en el airbag. — Ellie... — Murmuré, peleando como podía por liberarme del cinturón, después abrí la puerta y corrí cojeando hasta abrir su puerta, soltándola del cinturón y bajandola hasta el suelo en mis brazos. — Ellie, Ellie, Ellie — Pero sus ojos estaban cerrados.

— ¡ELLIE! — Me había despertado empapado en sudor, clavando las uñas en las sábanas. Subí las rodillas y enterré mi cabeza entre las piernas unos largos minutos. Aquellas pesadillas me mataban, yo ni siquiera estaba ahí cuando murió y aun así tenía esas pesadillas tan... vivas. Unos días hablábamos de otras cosas, otros días nos chocábamos nada más arrancar, pero siempre, siempre se moría en mis brazos. Ya había pasado un año y medio, pero las pesadillas seguían ahí. Era el día de Navidad, posiblemente el día en el que más solo me sentía, con Mia y mamá lejos, el año anterior y este había puesto excusas para no ir a cenar con ellas. No quiero que me vean así. Una ducha me despejó la cabeza, al menos un poco, me vestí y salí para la comisaría. Era la única forma de distraerme.

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The road I walk [Keith's Memories] Empty Re: The road I walk [Keith's Memories]

Mensaje por Keith Hansen el Dom 24 Nov 2019, 05:50

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14  de Enero 2012.
Quité las llaves del contacto, por fin había encontrado un sitio donde aparcar, una tarea complicada a estas horas de la noche. Aguanté en el coche unos largos minutos, agarrando con fuerza la empuñadura de la pistola bajo la chaqueta sin parar de comprobar todos los espejos. Había pasado muy poco tiempo desde la mansión y... tengo que admitir que las noches me aterraban. Veía a esos monstruos por todos lados, tenía la sensación de verlos por el rabillo del ojo cada minuto pero no era así, era solo mi mente jugándome una mala pasada. Abrí la puerta del coche y lo cerré de un golpe, echando a andar hacia mi portal cuando una figura salió doblando una esquina. Me quedé congelado por un momento, ese movimiento errático me aterró y saqué la pistola apuntándole pero levantó las manos de golpe. — ¡No tengo dinero señor! — Dijo el hombre, oliendo a alcohol que tiraba para atrás. Por una vez en mi vida me alegré de tener el seguro puesto, estuve a punto de matar a alguien por nada. — Vete — Gruñí, cabreado conmigo mismo. No le faltó tiempo para salir corriendo.

Una vez en el portal me calmé un poco, subí en el ascensor hasta mi planta y llegué hasta mi puerta. Saqué las llaves y las acerqué al cerrojo pero... con empujar con un dedo la puerta cedió, abriéndose completamente. Todo el piso estaba revuelto, saqué la pistola y crucé el umbral, con tan solo un par de pasos dentro una figura apareció de la nada golpeándome las manos, la pistola se cayó fuera de mi vista. — Has cometido un error — Dijo con una voz profunda antes de placarme y lanzarme encima de la mesita de cristal, reventándola en mil pedazos. Me retorcí de dolor en el suelo, podía notar cada pequeño cristal clavado en mi espalda pero era levantarse o morir. El tipo se me echó encima antes de poder hacer nada, levantándome del suelo y pegándome en las costillas mientras yo hacía el esfuerzo de mi vida por seguir de pie. Aguanté hasta poder bajar el codo a tiempo de parar uno de sus puñetazos, entonces llegó mi turno golpeándole en la cara y haciéndole retroceder. — Tú sí que la has cagado subnormal... — Me puse en guardia avanzando, él hizo lo mismo hasta que nos empezamos a llenar de puñetazos. En uno de estos se echó para atrás, sacando una pequeña navaja de debajo de la chaqueta, después se echó hacia delante lanzando puñaladas que esquivaba lo mejor que podía y multitud de tajos, las manos y los brazos me ardían notando cada pequeño corte hasta que por fin conectó una puñalada. Grité de dolor, aun así le agarré la mano con la que me estaba apuñalando, impidiendo que sacara la hoja y golpeándole en la cara con la otra hasta que soltó la navaja y se echó un par de pasos para atrás. Tiré la navaja a un lado soltando otro grito mientras la sangre empezaba a bajar por mi vientre. Estaba con la adrenalina por las nubes, era matar o morir. Me lancé sobre él, tirándole al suelo y colocándome encima suya. — ¡Quién eres! ¡Qué quieres! ¡Quién te manda! — Grité sin parar de pegarle puñetazos en la cara. Realmente me podía imaginar a qué venía todo esto, era un problema para Umbrella y querían atar todos los cabos sueltos. Apretó los dientes con fuerza y ahí comprendí lo que acababa de hacer. — ¡No hijo de puta! — Le abrí la boca y traté de meter los dedos en la garganta pero tardé demasiado, su cuerpo empezó a convulsionar. Me quité de encima, cansado, herido y posiblemente desangrándome. Con mucho esfuerzo recuperé mi pistola, me tapé la herida para evitar morir ahí mismo y salí a duras penas del piso. No sé muy bien cómo pero llegué hasta el coche y una vez ahí sabía bien a quién podía recurrir con una herida así a estas horas de la noche.

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Mensaje por Keith Hansen el Lun 02 Dic 2019, 02:11

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21  de Mayo 2009. Raccoon City.
Solo habían pasado un par de días y el dolor seguía igual o peor. Solo estaba yo en esa capilla, los invitados estaban fuera, había pedido unos minutos para estar a solas con el féretro de mi prometida. La verdad es que no tenía fuerzas ni para acercarme siquiera. Simplemente me senté en uno de los bancos, jugando con el anillo de prometido entre mis dedos. Todo estaba todavía tan fresco que resultaba algo irreal, como un mal sueño. No era la primera persona que perdía, en el ejército esto ocurre y te acostumbras en cierta manera pero con ella era distinto. Era horrible. Hice un esfuerzo por mantenerme sereno y me acerqué colocando la mano sobre el ataúd. Respiré varias veces conteniendo las lágrimas antes de apartarme. — ¿Estás bien, hijo? — De repente los curas se habían vuelto sigilosos. Ni siquiera le había escuchado salir del interior de la iglesia. — Sí, padre. No se preocupe. — El cura suspiró, pasando la mano por el féretro y mirándome después. — Ahora está en un lugar mejor, descansando. — Me dio una palmada en el hombro, como si eso fuera a tranquilizarme. A mi lo que me preocupaba era quedarme solo en este infierno en vida. — Ya. — Me giré y eché a andar hasta abrir las puertas de la capilla, listo para tener que saludar a mucha gente que no quería ver.

La gente fue pasando, familia de Ellie que no conocía, compañeras de la universidad, un par de amigos comunes del ejército... Ni siquiera tuve el valor de hablar con su madre. Sentía que lo único que iba a conseguir era derrumbarme. No había podido cuidar de su hija. También vino mi madre, y Mia, al menos que ellas estuvieran aquí me reconfortaba un poco. También vino la comisaria de la policía, Harper o algo así, por lo visto conocía a algún amigo en común del ejército. — Lo siento mucho... — Me estrechó la mano con fuerza. — Cuando la ayuda llegó ya era demasiado tarde. — Quería romperle la mano ahí mismo, si hubieran sido todos más rápidos quizás ahora Ellie estaría viva. Aun así hice un esfuerzo por esbozar una sonrisa. — No es vuestra culpa — Apreté los labios antes de soltarle la mano. — Si necesitas algo, llámame. Raccon City siempre necesita a gente como tú. — Me pasó una tarjeta con su nombre, su puesto y su teléfono. Me la guardé en el bolsillo y ella pasó a sentarse en el banco más próximo a la puerta.

Me giré para entrar ya pero antes de hacerlo un coche con los cristales tintados se paró delante de la iglesia, un hombre en sus cuarenta se bajó de los asientos traseros, estaba seguro de que su traje valía más que todos los míos juntos. Caminó directamente hacia mi y al llegar también me estrechó la mano.
— Hansen, ¿cierto? — Había algo en su voz, una calma que conseguía todo lo contrario. — Así es, ¿y usted es...? — El hombre sonrió, quitándose las gafas de sol para guardarlas en la chaqueta. — Bueno, el superior de su prometida... He supuesto que era usted pues ya le había visto en un par de fotos que tenía en su mesa. Siento lo de la chica, una mente privilegiada. Le aseguro que Umbrella le pagará una buena suma por la póliza de su seguro, además nos encargaremos de enviarle lo que se hubiera dejado en su puesto. — Me sentía un poco desbordado, ¿solo había venido aquí para eso? ¿Para hablarme de dinero y tonterías? — No sabía ni que tenía una póliza, la verdad... gracias por sus palabras. Era una persona increíble, sí. — Pude notar cómo miró hacia el interior de la capilla, como buscando a alguien. — Puede pasar si quiere. — Hice un gesto con la mano, invitándole a pasar. Cualquiera era bien recibido. — No, no... No soy un hombre de Dios. Cuídese, Hansen. — Entonces se giró, volvió a ponerse las gafas de sol y se montó en su coche donde su chófer seguía esperando y se marchó. No iba a pelear su decisión, me parecía perfecto que se marchara. Me giré y pasé dentro de la iglesia cerrando las puertas tras de mi cuando el cura empezó a hablar y yo fui directo a sentarme en el primer banco junto a mi familia.

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