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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Hojas sueltas || Ranza's Diary

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Mensaje por Ranza Díaz el Miér 25 Sep 2019, 06:41

California
28 de Diciembre, 2013
Hey there, Leroy!

Te llamaré Leroy para que sea menos pendejo el andar contándole cosas a un montón de hojas.

Supongo que pasar tanto tiempo sola ya ha comenzado a joderme la cabeza en forma. Hace unas semanas atrás no me hubieran agarrado muerta con un puto diario entre mis pertenencias. Por supuesto, hace unas semanas atrás tampoco estaba completamente sola.

He tratado de todas las formas posibles de excusar a mi madre por abandonarme, pero lo único que he logrado es causarme más daño con la negación de la maldita realidad que me tocó. Madre nunca me quiso para empezar, seguro sintió que se quitaba un peso de encima al verme ahí "muerta". Hija de su puti... Nah, abuelita siempre ha sido una santa y no merece que hable mal de ella a sus espaldas.

Llevábamos tres meses con esa nueva caravana y a la gente le gustaba mi capacidad sobrevivir a pesar de mi corta edad, me usaban de ejemplo para los más jóvenes, vaya vuelo. Pobrecillos, vaya mundo de mierda al que tuvieron que venir a parar. Lo que más me sorprende es que aún hay gente teniendo hijos, ¿qué puto popó tienen metido en el cerebro? Seguro los zombies ya se los comieron y no nos hemos dado de cuenta ¡Debo proteger mi cerebro a toda costa!

Hablando de zombies y cerebros. Faltaban solo unos días para que se cumpliera el primer año desde que todo este mierdero empezó (se siente como si hubiese sido ayer, pero ya son como dos semanas o algo así). La verdad es que no habíamos viajado mucho para ser que pasábamos los días y las noches movilizándonos. Ya habíamos sobrevivido un ataque masivo a la caravana anterior y esta gente nos había salvado y tomado bajo su refugio. Tuvimos suerte, dimos con buena gente, pero esta no duró mucho tiempo.

Durante uno de los ataques sorpresa por el camino varios de los protectores de la caravana habían caído heridos y tuvimos que detenernos para poder sanarlos. Sabíamos que la zona era peligrosa, pero no quedaba mucho más por hacer o perderíamos mucha fuerza de combate, así que paramos. Hicimos todo lo posible para no atraer zombies u otras criaturas, pero no sirvió de mucho. El olor a sangre fresca era más fuerte que todos nuestros mejores intentos, pronto estábamos rodeados de una horda tambaleante de caminantes.

Todo hombre, mujer y joven que pudiera pelear debía hacerlo, así que me armé con un machete cualquiera y me uní a la defensa. Nunca antes había peleado directamente, siempre me habían dejado atrás con los niños; aquello era hilarante, por decir lo menos. Sin embargo, la falta de entrenamiento se notó más temprano que tarde y tres zombies cayeron sobre mi enterrándome bajo su peso y comenzando a morder de inmediato. Mis ropas grandes me protegieron en un principio. Mientras escuchaba los gritos y golpes de mi madre y otros miembros de la caravana pensé por un momento que estaba salvada hasta que sentí el punzante dolor de un mordisco en una de mis piernas.

El grito de dolor se me atoró en la garganta a la par que sentía los golpes que uno de los zombies me propinaba en la cabeza, como si intentara abrírmela como un huevo o un coco, pronto perdí el conocimiento.

No supe cuántas horas estuve ahí tirada en medio del camino, para cuando abrí los ojos la caravana ya se había ido y yo estaba rodeada de los cuerpos sin vida de media docena de miembros de la misma. Cuerpos que comenzaron a ponerse de pie uno a uno solo momentos más tarde. Entré en pánico, el dolor que recorría todo mi cuerpo era insufrible y moverme parecía una proeza imposible. ¿Por qué se fueron sin cortarle la cabeza a los cuerpos? Aún no lo comprendo, partida de inútiles. Claro que, el que no hicieran la labor correctamente me tenía ahí, con los ojos abiertos, estaba viva.

¿Acaso era así cómo un zombie veía al mundo? Me pregunté en ese momento. Quizás aún tenían consciencia pero sus cuerpos los obligaban a hacer esas cosas horribles, debía de ser aterrador. Sentí miedo, tanto miedo, Leroy, pero ninguno de aquellos nuevos zombies me atacó a pesar de estar ahí sentada en medio de ellos. Fue demasiado extraño. La herida en mi pierna se veía horrible y correr, o siquiera pensar en caminar era, como dije antes, imposible. Para "escapar" me arrastré como pude en busca de un refugio. Tal ves la consciencia se iba yendo de a pocos, pensé, no quería olvidar, me negaba a olvidar y me aferré a mis memorias como a nada en el mundo, fue entonces comencé a crear pretextos para mi madre.

¿Por qué iba a quedarse a esperar que su hija se convirtiera en un zombie? Seguramente yo habría hecho lo mismo, para qué negarlo. Eso no la hace menos hija de... Ay abuelita, que difícil es respetarte en estos momentos.

Los dolores duraron muchas horas, una eternidad, pensé que explotaría, quise haber muerto en verdad tantas veces. Y luego... simplemente desperté y estaba bien. Nada dolía, me sentía con más energía, las heridas curaban demasiado bien para lo mal cuidadas que estaban y tenía hambre, tanta hambre... Aún tengo hambre, por eso estoy escribiendo este montón de mierda, para tratar de concentrarme en algo más que en mi hambre... tanta. hambre.

Han pasado ya un par de semanas, aun me movilizo a solas, pero me ayuda que los zombies suelen pasar de mi. No así las otras horripilantes criaturas mutantes salidas de las alcantarillas de Nueva York, pero poco a poco voy aprendiendo a evadirlas lo mejor posible o correr más rápido que ellas, ocultar mi olor a cena y simplemente seguir moviéndome. Por supuesto que necesito una nueva caravana, pero hasta entonces solo necesito seguir caminando.

Extraño a mi madre, aunque sea una desalmada sigue siendo mi madre y... estoy tan sola, supongo que es mejor ella que nada, que esto. Te extraño, Leroy, ojalá pudiera encontrarte y dejar de andar escribiendo, pero hasta entonces...

Bueno, hasta aquí el momento pendejo del día,

R.


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