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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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El zulo está muy bonito en esta época del año (Erin)

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Lunes 21 de septiembre, 00:30 am.
Temp: Desconocida. Clíma: Desconocido


Lancé un cubo de agua a su cara para despertarla. Aún no conocía su nombre pero se había convertido rápidamente en un espécimen muy importante para mi. La había recogido de un experimento exitoso en Georgia, todo había salido muy bien. Simplemente la había capturado para tener una muestra viva del virus T, mi sorpresa fue mayúscula cuando no sufrió el cambio, no se había convertido en una infectada. Tras eso mi actitud fue clara y contundente. Utilicé los recursos de la Corporación para sanar sus heridas a la mayor brevedad y mentí diciendo que no había sobrevivido a ellas. La tomé para mi y adecenté una de las habitaciones más profundas del complejo. Una que no se utilizara hacía mucho tiempo, sin sistema de vigilancia informatizado. Un lugar donde no pudieran encontrarnos fácilmente.

Un par de colegas de confianza, tras una buena paga me ayudaron a montar el chiringuito. Una mesa, una silla y un par de grilletes en pierna derecha y ambos brazos para evitar su huida para poder controlarla con facilidad. De esta forma comenzó el interrogatorio y la toma de muestras. Mi objetivo era bastante claro, la inmunidad al virus T, mi deseo era conseguir transmitir esa inmunidad de forma permanente a mi mismo y para ello debía entender más sobre esta inmunidad ¿Era algo innato o se podía desarrollar? ¿El virus desaparecía completamente o se creaba una nueva cepa que no podíamos detectar que carecía de efecto activo? Muchas preguntas y pocas respuestas, respuestas que por supuesto Umbrella no me daría con facilidad, era mucho más rentable conseguirlas por mi mismo.

Era una prisionera difícil, aún no sabía nada de ella pero esperaba terminar con esta racha hoy mismo. - Bueno, buenos días amiguita. Hoy tengo un nuevo divertimento para ti.- dije mientras cargaba la droga con una aguja intramuscular en una jeringa metálica.- Esto es pentotal sódico, ¿te suena? También conocido como suero de la verdad. Te sentirás un poco mareada, pero tranquila, eso es totalmente normal.- dije mientras agarraba su brazo inmovilizado con fuerza y clavaba la aguja en la vena de la flexura, infundiendo en ella la medicación que contenía.

Tras esto me senté en mi silla y esperé, la medicación tardaría unos segundos en hacer efectos y yo no tenía ninguna prisa, mi jornada laboral hacía tiempo que había terminado. Aquí dentro no era perceptible pero ya había pasado la medianoche, cuando todos dormían es cuando mi espectaculo comenzaba.

-Bien, ahora,... ¿Cómo te llamas?.- dije proyectandome hacia delante en la silla, deseoso de oir su respuesta.- ¿Por qué no me cuentas un poco de tu vida?¿O toda tu vida?¿Sabías que eran inmune al virus?.- muchas preguntas pero indudablemente las respondería todas y me daría mucha más información de la que necesitaría, esta droga daba bastante verborrea, entre otras cosas.

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Los rostros descompuestos se acercaban a ella, estirando sus manos para intentar alcanzarla mientras continuaba corriendo por ese angosto pasillo. No había puertas, cuadros, muebles... Solo un largo túnel que parecía no acabarse nunca. Una mano consiguió aferrarse a su chaqueta. Sus pasos se detuvieron y su cuerpo cayó hacia atrás sintiendo el duro suelo contra su espalda. Aquellos rostros de amigos y compañeros sonrieron formando una macabra expresión en sus caras agujereadas. Gritó con fuerza al sentir los dientes en su cuerpo y...
Despertó bruscamente, tosiendo entrecortadamente mientras pestañea de forma rápida, entrecerrando los ojos por la fuerza del foco que iluminaba la habitación. Mueve la cabeza desorientada y mareada, notando aún los síntomas de que el virus este cruzando su cuerpo. "¿Dónde estoy?" - Pensó mientras miraba el blancuzco suelo que ahora brillaba por el agua que lo manchaba. Levantó la vista y recorrió la sala despacio hasta que cruzó la vista con el hombre de rostro inexpresivo. Los recuerdos llegaron de golpe. El grupo, el ataque de la horda, los hombres uniformados... Hijos de puta...

El hombre le habló pero ella apenas entendió mucho de lo que dijo. Se encontraba mal y, si no había vomitado ya, poco tardaría en hacerlo. Echa la cabeza hacia atrás para tratar de enfocar mejor al rubio y, al ver la jeringuilla en su mano, lo primero que hace es intentar sacudirse para librarse de la prisión, algo totalmente inútil ya que, ni al 100% de sus capacidades conseguiría librarse y, estando como estaba que le dolía todo el cuerpo y cualquier movimiento brusco la mareaba, lo mejor era estarse quieta.
Él vuelve a hablar y ella no puede evitar reírse de forma débil. -¿Suero de la verdad? A buena persona has venido a atrapar... - Su voz suena baja pero lo suficientemente alto para que él le escuche. Si esperaba conseguir información sobre, lo que sea, ella era la persona menos indicada. Sus recuerdos se limitaban a tres años de apocalipsis, de ahí para atrás no había absolutamente nada.

Sus ojos se posaron en los movimientos del hombre y levantó las cejas ante la primera pregunta que le suelta tras varios minutos de silencio. Se queda callada notando como la habitación empieza a moverse con ligeras ondas. Estaba jodidamente mareada y, como un impulso, sus labios se abren para hablar pero, justo cuando trata de enderezar la cabeza, se encorva hacia delante vomitando los pocos restos de comida que quedaban en su estomago. -Erin Taylor... - Dijo con voz rasposa, tosiendo bruscamente mientras mantiene la cabeza agachada. -Quiero agua... - Era increíble lo que podía hacer la mierda que le había metido. Todo, absolutamente todo lo que pasaba por su mente aturdida salía por su boca instantáneamente, sin filtro... Y cuando le lanza las otras preguntas, levanta la cabeza despacio y la vuelve a echar hacia atrás, apoyándola en la fría pared. -No, no sabía que era inmune hasta hace poco. - Se ríe entrecortadamente -¿Sabes que eres el tío con más mala suerte que conozco? - Abría y cerraba los ojos con fuerza para intentar no marearse tanto, pero si mantenía mucho tiempo los ojos cerrados era peor y si fijaba la vista en un punto, era muchísimo peor... -No soy nada ni nadie. Erin no es mi verdadero nombre, ni tampoco Taylor mi apellido. No se cuales son, no los recuerdo. Este nombre me lo pusieron un grupo de chicos que me encontraron en un garaje... - Y así comenzó a hacerle un resumen de su vida que solo constaba de esos tres tristes años. No sabía que buscaba ese tipo, pero lo que tenía claro es que ella no le iba a servir para encontrarlo.


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Cuando la joven vomitó ni siquiera me inmuté, no es que me importara demasiado. Tampoco tenía la mínima intención de limpiarlo, era culpa suya el haber vomitado y ahora tendría que pasarse unas cuantas horas con eso ahí. De todas formas era algo bastante esperable, el pentotal marea bastante y seguramente su mente no estaba en la mejor de las condiciones en el momento de la inyección, probablemente debí  haber esperado unos minutos más a que su cuerpo se hubiera recuperado un poco más. Debía aprender un poco más de paciencia, seguramente me iría mucho mejor.

-Erin... Puedes llamarme Thor, así me llaman mis amigos- no era su nombre y la verdad es que esto era algo que me decepcionaba bastante, ahora no podría saber fácilmente si había pasado algo en su pasado que fuera relevante para todo esto. Esto me ponía en un membrete, podía seguir preguntando normal y seguro que sacaría datos de interés o podía utilizar ciertas técnicas para evocar algún recuerdo pasado, lo mejor sería combinar ambas opciones.

La joven me contó su vida, por lo menos lo que ella recordaba, que eran apenas unos 3 años de viaje. Para ella no existía nada anterior al apocalipsis, tal vez aquello fuera lo mejor. Ciertamente yo no era la persona más apegada, no tenía una fortísima relación con mis padres ni familia, pocas veces me había planteado el cómo estarían mis familiares después del apocalipsis y mucho menos me entristecía por su desaparición en mi vida. Aún con esto podía reconocer que no recordar y no tener que pensar en esto podía representar una ventaja para sobrevivir a todo esto.

- Dices que ya sabías que eras inmune ¿Cómo lo descubriste?.- Tal vez esto fuera lo que más me podía interesar de toda esa perorata que se estaba marcando la joven fruto de las drogas. Tal vez toda esta verborrea fuera lo más desagradable para mi de la utilización de estas drogas. Eso era algo que los torturados no solían tener en cuenta, uno también sufría mucho con estas torturas, era muy aburrido oír y oír cosas que no tenían ningún interés para mi.

Cuando terminó de hablar me tocaba empezar la siguiente fase. No le dije nada, simplemente me acerqué a la mesa y cogí unas palas metálicas, los cables que parecían de un teléfono antiguo apenas llegaban a la cabeza de la joven. Daba igual cuanto se revolviera, de nada le iba a servir. Tardé un poco pero en el mismo instante que ambas placas metálicas tocaron su cabeza una fuerte corriente eléctrica recorrió su cerebro, apagándolo durante un par de segundos. La terapia electroconvulsiva había sido eficaz en el pasado para recuperar parcialmente la memoria.

-Mierda.- fue lo único que alcancé a decir cuando me di cuenta de que había olvidado el gel en las palas al oler el hedor de pelo quemado que salía de la cabeza aún inconsciente de la joven.

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El hombre se presenta por el nombre de Thor y sus palabras hacen que una sonrisa cansada se forme en su rostro. El pensamiento tal cual pasó por su mente, salió por sus labios -Tu y yo no somos amigos...- Pero a pesar de eso, por lo menos ya tenía algo con lo que identificarlo y no por el seudónimo de "El cabronazo de la bata blanca" que le había puesto ella.
Pero él siguió a lo suyo, escuchando su historia en silencio con la misma cara inexpresiva que no dejaba ver más allá de sus cristalinos ojos azules, tan claros y fríos como el hielo... Mientras todo esto iba sucediendo, el mareo continuaba en su cabeza dificultando toda su explicación que podía resumirse en cuatro palabras: correr, esconderse, matar y La Prisión... Le preocupaba hablar de ese sitio, pensar que podrían ir allí también y hacerle lo mismo que le estaba haciendo a ella o, quien sabe, cosas peores, la ponía enferma, así que intentaba no pensar y tener cuidado con las palabras... si es que eso era posible.

Su siguiente pregunta hizo que la joven le  mirarse fijamente para luego tratar de responder de la forma más simple posible... Cosa que no ocurrió y toda la información salió de sus labios como quien deja abierto el grifo del agua. -Me lo dijo el chico que me llevo al refugio, Drake. Hizo una cosa extraña y me dijo que era inmune...- Y no fue capaz de espeficiar que fue lo que hizo porque ni ella sabía exactamente que había pasado. Estaba segura de que Drake no le había dicho ni la mitad de las cosas que sabía pero, mejor así, ya que si no ahora mismo, estaría cantando como un pajarito en su jaula.
Aún así, Thor tenía otros planes para ella, puesto que la joven le sigue con la mirada una vez termina de hablar y, al ver como coge unas palas metálicas y las aproxima a su cara, comienza ha zarandearse empeorando su mareo, haciendo sonar las cadenas que la mantenian contra la pared para que, en el momento en el que las palas tocan la piel de su cien un fuerte grito sale de su garganta a la vez que todo su cuerpo se tensa ante la fuerte descarga electrica que recorre su cuerpo. Puede notar perfectamente como todos y cada uno de sus músculos se tensan los segundos que dura el acercamiento y, cuando las aparta, cae inconsciente.

No supo cuanto tiempo pasó así, pero cuando abrió los ojos el agotamiento la azota con fuerza. Un fuerte dolor recorre todo su cuerpo y levanta la cabeza poco a poco intentando situarse de nuevo. Allí seguía, encerrada entre esas cuatro paredes blancas con aquel hombre que empezaba a aterrarla... Dirige la vista a sus muñecas amoratadas y luego al hombre, hablando con gesto cansado y en un susurro débil.

-¿Q-Qué quieres de mi?


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Aún se resistía, era lo normal, tardaría en doblegar su mente y que hiciera y se comportara como yo querría. Ciertamente tampoco era mi objetivo, era mucho más pragmático que eso. No quería una esclava drogada, no me interesaba que siguiera mis ordenes ni nada parecido. Si quisiera eso podría utilizar un sinfín de drogas para ello, podría doblegar su espíritu de forma artificial pero ahora mismo lo que me interesaba no era su espíritu sino su cuerpo. La inmunidad era algo difícil de encontrar y que yo supiera no era algo posible de duplicar. Es verdad que habían algunas medicaciones dentro de la farmacopea de Umbrella que podía volverte inmune durante una franja de tiempo, pero por definición no era algo que fuera eterno. En mi opinión esto no era más que una estrategia de Umbrella, seguro que se podía transmitir una inmunidad permanente, simplemente esto era algo que no le interesaba a la Organización. Por lo menos esa era mi tesis a demostrar.

- Aún no somos amigos.- dije, recalcando el inicio de la frase, con una sonrisa.- Pero tranquila, no soy mala gente, seguro que dentro de un par de meses de sólo hablar conmigo te empezaré a caer bien.- Esta frase tenía su razón de ser, quería que supiera que no saldría de aquí pronto. No se iría de aquí hasta que yo consiguiera lo que quería y que si no lo hacía no saldría de estas paredes. Realmente incluso pudiera ser que en esa consecución ella no saliera más de estas cuatro paredes.

- Además, estoy seguro de que te portarás bien y no intentarás huir ni nada.- sentencié con cara de seguridad, sin mostrar ninguna emoción real.- Evidentemente si tu te fueras yo no voy a terminar mi investigación ahí. Simplemente buscaría más información. Y si para ello, al no tenerte ahí, tengo que ir a ese refugio y capturarlos a todos lo haré. Realmente ese sería un experimento muy interesante ¿sabes? Encerraríamos a cada uno de los refugiados con un zombie y el que sobreviva pues es inmune. Tengo la duda con los niños y bebes, ¿a lo mejor a esos debería simplemente inyectarles el virus y ver que pasa?¿Tu que crees?.- Esta amenaza nada velada evitaría que se fuera. Honestamente, dado que lla estaba escondida aquí sin el conocimiento de la farmacéutica, no podría hacer nada con lo que la había amenazado. Eso no era algo que ella necesitara saber.

- Lo que busco es tu inmunidad Erin. La posibilidad de garantizar mi seguridad ahí fuera y la de los mios. Una empresa más que loable ¿verdad?.-
dije mientras me sentaba en la silla delante de ella. De su cabeza aún salía un poco de humo, ¿habría recuperado algo de memoria ya? Era poco probable que funcionara.- Bueno, dime, ¿qué te hizo ese tal Drake?.

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Cada palabra que salía por la boca del hombre estirado y repeinado la hacía sentir cada vez peor ya que, visto lo visto, no iba a poder hacer nada. Se quedaría allí encerrada hasta que él se aburriese de jugar con su juguete y lo acabase tirando a la basura... Suspiró con fuerza mientras pestañeaba lentamente sintiendo como aún se le iba la cabeza para los lados y el olor a pelo quemado le azotaba la nariz... Ese hijo de la gran puta le había metido una descarga que casi la hace estallar en llamas y; por muchas ganas que tuviera de partirle la boca ahora mismo; no sería capaz de asestar el golpe. Si no fuera por los grilletes que le aprisionaban las muñecas contra la pared y la obligaban a estar de pie, estaría tirada en el suelo sin ser capaz de reaccionar.
No se veía capaz de decir nada pero, cuando hablo de la gente de La Prisión, una fuerte angustia se formó en su pecho, creando una ligera presión que le dificultaba el respirar. No podía permitir que ese loco llegase allí, no podía permitir que le hiciera algo a la gente que allí había, ellos no habían hecho nada y, aunque el error de ella había sido estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, les debía lealtad a muerte a esa gente y a Drake, él que la había rescatado y la había llevado allí.

-Esta bien... - Dijo con un leve movimiento de cabeza comenzando a resignarse. Moriría allí abajo, encerrada en esas blancas paredes bajo la vista de ese hombre que no parecía tener alma. Había visto gente despiadada pero él se estaba llevando el oro con sus palabras. Lo sigue con la mirada y frunce el entrecejo mientras habla de lo que quiere y que ella no comprende del todo. -¿Mi inmunidad? ¿No sé supone que sois vosotros los que habéis hecho todo esto? - Pregunta ligeramente alterada -Deberíais saber como contrarrestarlo o como crear un antídoto o una píldora que te hace inmune ¿no?... ¿Para que me necesitas? - Y por el efecto de las drogas, su enfado se vio apartado a un segundo plano para responder a su pregunta según lo que recordaba. -El día que nos encontramos yo había sufrido un golpe de calor. Recuerdo estar tirada en la hierba y aparecer él. Le vi la cara pero no recuerdo como se puso aquel casco que parecía de última generación... Aquel día me salvó la vida y me llevó al refugio y allí... - Recordó la escena en su habitación, como él le había hablado con toda naturalidad sobre su inmunidad y había cambiado parte de su vida. -... Allí me dijo que era inmune. Dijo que por el tiempo que llevaba allí con ellos sin atacar a nadie estaba seguro de que yo no tenía el virus y que no me afectaba... No hablamos nada más de eso...

La cabeza le viene y le va y siente unos fuertes mareos aún. Ya le había dicho todo lo que sabía sobre él y, por suerte o por desgracia, no podía decir nada más. Por un momento agradeció silenciosamente el no haber tratado más con él, así no daría más detalles y no lo metería en problemas si ella dejaba de serles útil. Ahora solo esperaba tener una muerte rápida...


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- Se puede hacer que una persona sea inmune al virus temporalmente.- dije tomando las formas de un profesor de facultad, como si de verdad pensara que realmente tenía un interés sincero por la forma de control y transmisión del virus.- pero una inmunidad permanente es otra cosa. Además, aunque pudiéramos recrearla, saber eliminarla también es importante. Si todo el mundo fuera inmune se nos acabaría el cuento ¿verdad?.- sentencié más que pregunté, levantándome de la silla enfrente de la cautiva y volviendo a aproximadamente a la mesa. Muchos maestros de tortura hablaban de mostrar las herramientas al cautivo e incluso explicarles detalladamente las torturas al individuo en cuestión. Mi opinión era un poco diferente a eso, en mi opinión el desconocimiento y el miedo que nace de este es algo muy útil para la tortura. No era la primera vez que me acercaba a la mesa a tomar una herramienta sin decir nada, la anterior vez le había causado gran dolor con ello. Por eso era fácil imaginarse su reacción al coger, entre otras cosas, las mismas dos palas y volver a acercarme a ella en silencio, con una sonrisa tranquila en los labios.

Una corriente de alto voltaje volvió a recorrer su cuerpo, de nuevo generada a ambos lados de su cráneo. Aunque este método era útil para intentar evocar algún recuerdo, la autentica razón para haberlo usado en este momento no era otro que contener su fuerza y de esa manera poder extraerle una muestra de sangre sin mayor incidencia. 5 tubos de ese liquido rojo serían suficientes para ya no solo detectar rastros del virus T, sino además secuenciar todo su genoma y crear un buen perfil génico y virológico. Era un necesario punto de partida.

Dejé los tubos dentro de un pequeño cubilete encima de la mesa para posteriormente meterlos en el bolsillo de la bata y sin mediar palabra me acerqué a la entrada de la habitación. La abrí y salí por un momento. La dejé abierta, aposta. Sabía que su cuerpo estaría demasiado débil para moverse, que su mente lucharía por salir y que en ese fútil esfuerzo recordaría que no tenía escapatoria, que tan pocas eran sus posibilidades de salir de aquí que ni siquiera tenía problemas en dejar la puerta abierta. A los pocos segundos volví a entrar y dejé una bandeja tapada en medio de la sala, demasiado lejos de su alcance.

Las viandas quedaron a relucir delante de ella. Poca cosa. Un pan entero, un pequeño filete de cerdo y unas gachas. Sabía que era poca cosa en el mundo anterior, pero un buen festín en el actual. La manzana que coronaba el plato la tomé con mis dedos y le di un buen mordisco antes de volver a dejarla en la bandeja con el resto de alimentos.- A un preso no se le niegan sus últimas cenas. No soy un animal.- dije mientras le daba la espalda, saliendo por la puerta.

Podía ser una persona cruel, muy despiadado, pero siempre cumplía con lo que decía y justamente por eso, un par de segundos después de que la puerta se cerrara la cadena de las cadenas que sujetaba sus extremidades aumentó su recorrido pasmosamente. Lo suficiente como para poder alimentarse e incluso alejarse algo de la pared. Ni de lejos para acercarse siquiera a la puerta.

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La expresión de miedo volvió tan rápido como las descargas eléctricas que Thor le propinó tras sus últimas palabras, volviendo a sumir a la joven en un doloroso sueño con el olor a pelo quemado pegado a la nariz. ¿Qué había hecho ella para estar allí? Ya le había dado toda la información que poseía y esperaba que una muerte rápida acabase con ella pero no, parecía que aquel hombre tenía otros planes diferentes para ella porque, cuando abrió los ojos y levantó la cabeza, sus avellanados ojos dieron la con puerta abierta de par en par.
Primero intentó moverse pero tras la segunda descarga le dolían mucho más todos los músculos, notándolos cargados como si hubiese estado levanto rocas de miles de toneladas y, aunque ya no estaba tan mareada que antes, no tenía fuerzas para intentar gritar, emitiendo así un quejido similar a un gato pequeño abandonado. Se sentía ridícula... Al parecer su suerte no había cambiado y seguía teniendo a la muerte acompañándola allá a donde fuese... Solo esperaba no causarles problemas a la gente que vivía en La Prisión...

Su captor no tardó en volver pero, esta vez, venía envuelto en un delicioso aroma que hizo a Erin recordar el hambre que tenía. Thor dejó el plato de color metálico en el suelo frente a ella, a una distancia a la que jamás conseguiría alcanzarla... Si de verdad pensaba volverla loca, lo estaba haciendo bien. Su estomago rugía como lo hace un volcán en erupción y las ganas de suplicarle se agolpaban en su garganta... Observó como mordía la manzana que crujió con un hermoso sonido y sus cejas se arquearon como lo hacen las de un perro que pide comida a su amo... Pero ve como sale por la puerta y ella sigue sin alcanzar la comida y, cuando esta a punto de pedirle que vuelva, las cadenas crujen y la dejan caer por el peso de su cuerpo justo al lado del plato.

Lloró en silencio mientras sus manos doloridas temblaban con fuerza de camino al plato, agarrando la comida con los dedos y luego arrastrándola hasta su boca. Le dolía cada movimiento y la fuerte y blanca luz que se proyectaba sobre ella le daba dolor de cabeza. Los ojos le ardían y solo le apetecía dormir y dejar de sentir...

Retiró los restos de comida de sus labios y, con severa lentitud y dificultad, se arrastró por el suelo todo lo que las cadenas le permitieron para alejarse del foco de luz. Abrazó su torso y se encogió hasta ponerse en posición fetal dando la espalda a la puerta. ¿Por qué no intentaba escapar? Porque en su situación y sin nada con lo que defenderse, no sería capaz ni de romper las cadenas...
Con el pensamiento de un posible escape en la mente, los ojos oscuros de la joven se cierran y el sueño la acoge rápidamente, sucumbiendo al fuerte cansancio tanto físico como mental.


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