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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Mensaje por Luna López el Dom 14 Abr 2019, 01:14

Septiembre 27, 2015
Carson City, Nevada

Era oficial.

El escuadrón Redline estaba afiliado directamente a la directora del White Umbrella, Freya Skarsgård. Una misión bastó para probar que el escuadrón era la definición de eficacia capturando a varios sujetos para que la rubia ejecutara sus experimentos. Los lazos fueron atados, el contrato firmado en algún momento luego de la misión, y en el presente la cabeza del escuadrón iba de camino a su querida capital Carson City con su compañera para planificar una majestuosa estrategia para la siguiente redada.

Los detalles del escuadrón iban definiéndose con el tiempo. Comenzaron como una imagen borrosa, un concepto abstracto, pero para entonces ya sabían su propósito y estilo. Luna, que anteriormente tenía escasas oportunidades de servir de líder, definía su forma de hacer su tarea sin caer en el estereotipo militar que siempre lideraba. Ella no era una mujer tosca, bruta, seria, que carga un rifle sobre su hombro para intimidar al resto; No, ella era de complexión delgada aunque firme y no podía borrar de su rostro esa ladina sonrisa que le restaba importancia al mundo. Luna no gritaba para hacerse oir sino que se echaba a reír antes de conversar. Era una líder peculiar sin duda, pero cumplía.

La puertorriqueña miró al espejo retrovisor por encima de sus gafas de sol con una expresión de preocupación por el tono tan tenebroso del cielo esa tarde. Las nubes no tenían color y se confundían con el tono sepia del cielo del desierto. La brisa era otra cosa que parecía ser diferente ya que ráfagas de arena cruzaban por la desolada calle de la capital. Luna puso su mirada en el camino en un intento de ignorar aquellas claras señales y subió el volumen de la musica.

El pesado vehículo fue azotado por una fuerte ráfaga al punto que el trayecto en la calle fue alterado. La aguja que marcaba las millas por hora bajaba estable a un número seguro. La ruta se alteró para ir por los edificios para evitar el viento que levantaba demasiado polvo.

-Joder... Preciosa, tengo malas noticias.- anunció la chofera para detenerse en medio de la calle.

-Viene una tormenta de arena y lo mejor es esperar a que pase antes de continuar. Puedo seguir manejando, pero la visibilidad es poca y puede causar que nos estrellemos en algo. - dijo a la rubia bajando la música de nuevo hasta apagarla.

La latina recostó la espalda en el asiento esperando que la otra dijera algo. Su deber tenía importancia, pero no era lo suficientemente importante como para arriesgarse en una tormenta.


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Se había dado cuenta de los métodos que tenía la líder del escuadrón para hacer las cosas, unos métodos para nada convencionales pero que, a fin de cuantas, daba los resultados que estaba que diese. Había sido eficiente a ese asalto a la iglesia, había traído buenas presas y posibles militares que sumarse a su lista de condenados, si se ponían tontos. No sabía cuales eran los motivos que le hacían sacar lo mejor de sí misma, no estaba segura de si quería saberlos. ¿Realmente le hacía falta? Hacía su trabajo que era lo que realmente importaba. Si lograban encontrar un buen estratega, seguramente tuvieran todo hecho. Había estado ella como suplente de esa posición, pero eso no le correspondía al cargo de la Skarsgård, quien tan sólo quería formar parte de eso cuando estuvieran en la base. Tenía que hablar de esos asuntos con la Sra. López.

Podía notar como las ganas de llegar a casa aumentaban a medida que veía carteles que indicaban que estaban ya en Nevada, aún quedaba camino para la base y eso le irritaba. Sobretodo se irritaba más de no poder poner la música que realmente deseaba, pues no era ella la que estaba conduciendo y, aunque era superior en aquel vehículo, no quería romper ese ambiente porque debían trabajar. Suerte que podía hacer oídos sordos y ponerse a lo suyo. No tenía nada en contra de la música que estaba, pero tampoco era la que a ella le apetecía en aquel momento.

¿Qué era lo que le apetecía a la científica en aquel momento? Un buen baño de espuma, un lujo que muchos no tenían al alcance en tiempos como aquellos, y que escasamente podía tener ella. Las sales eran realmente codiciadas en la gente de dicho mundillo, pues... ¿Quién iba a fabricarlo por amor a las burbujas?

Todas aquellas banales preocupaciones desaparecieron cuando salió de su pequeña habitación blanca de su cabeza y vio aquello que le estaban rodeando. Sabía de la rebelde temperatura de Nevada, sus altas temperaturas. ¿Una tormenta de arena? ¡Lo que le faltaba! Pudo escuchar a la líder del RedLine informando de la situación, soltando esos típicos piropos que le incomodaban tanto, más viniendo de una mujer. — ¿Entonces a que esperas para ir al refugio más cercano?, encuentra uno antes de que se ponga peor el asunto. — Y así es como se dejaba el peso por completo en otra persona. Lo único que le importaba a la Directora de White Umbrella era llegar a base, el cómo fuera, en aquel momento, le daba exactamente igual.

No era más que otro reto para la contraria de demostrar a la científica que valía para algo más que para tener ovarios y plantarse ante supervivientes, algo que muchos hoy en día se estaban acostumbrando. Agilidad mental, recursos... Cosas que todo líder debía tener, y ahora debía demostrar a su superior. Cuya superior comenzó a desabrocharse la chaqueta de misiones que tenía de Umbrella, pues tenía realmente mucho calor, pues las mínimas estaban en 19ºC. Estaba sudando, el vehículo no ayudaba y la tormenta de arena menos.


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Permanecer dentro del vehículo era demasiado peligroso para ambas con las ardientes temperaturas del desierto que era Nevada así que debían encontrar un refugio en cuanto antes para sobrevivir. La tormenta se acercaba deprisa nublando el día con ese desértico tono sepia soplando cada vez más polvo entre los edificios. Luna asintió con su cabeza para poner el pesado Humvee en marcha ya que la responsabilidad cayó sobre sus hombros. El Humvee viajó por la desolada calle siendo atacado por esos pequeños granos de arena que dejaban pequeños raspones en la pintura negra. La visibilidad se tornaba opaca con la densidad de la arena en el aire, pero la conductora podía definir siluetas aún. Un cartel verde anunció el nombre del área, una que bien conocía Luna, y sintió un poco de alivio al saber que tenía un buen lugar para refugiarse de la tormenta con pocas ventanas ya selladas con madera, comida, agua, entre otras cosas para actividades recreacionales.

Luna tomó una curva casi brusca para acelerar en un vago intento de ganarle a la tormenta. Un inesperado golpe al Humvee señaló que un infectado fue atropellado sin misericordia y el vehículo continuó por su camino sin preocuparse. La tormenta estaba llegando a uno de sus intervalos fuertes y la visibilidad casi fue nula, pero Luna sabía la ruta lo suficiente como para acertar en el callejón haciendo que el Humvee se sacudiera al subir por la acera. Aparecerían por la parte trasera del local al cual Luna utilizaba como refugio, base, o lugar para despejar su mente de los problemas. Sin poder ver muy bien, se detuvo cerca del local para mirar a la rubia que era su responsabilidad.

-No se ve demasiado, pero hay un edificio allí. Confía en mi, es seguro.- comenzó mientras rebuscaba algo por el Humvee.

-Vas a salir, mira el suelo para evitar que la arena entre a tus ojos, y caminarás en línea recta. - Luna le dio una máscara de gas que la protegería un poco de la arena. Ella bajó su bandana roja de su frente para cubrir su boca y nariz para avisarle. -Eso es si te separas de mi o no me encuentras. Ahora vamos.-

Un suspiro abandonó la morena antes de apagar el Humvee acallando el motor para dejar el viento silbar y susurrar. Luna abrió la puerta del conductor para salir sintiendo el toque de la arena sobre su uniforme. El viento era fuerte y revolcaba su cabello corto en todas las direcciones mezclándolo con la arena. Luna avanzó despacio mirando alrededor por si encontraba la silueta de la rubia. Ella continuó en línea recta en dirección al local pero la distancia se sentía eterna.

-¿Freya?-

Luna casi se golpeó con la pared del local.

-¡Freya!-

Luna pegó una patada a la puerta para avanzar a abrirla, pero no iba a entrar hasta saber que la rubia estaba adentro.







Off:
Foto del lugar


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No estaba segura quién le había enseñado a conducir pero quería pensar que se trataba más por culpa de la tormenta que de las irresponsabilidad de la que llevaba el volante. Respiró hondo, se agarró de la asas que no muchos usaban de los coches y esperó a llegar donde pudieran refugiarse. Por mucho que Freya quisiera salir de aquella situación, no sabían ni donde estaban ni era la que conducía. Había interferencia en las señales y sólo estaban ellas dos en el coche, porque así lo había pedido la Directora con la finalidad de poder charlar a solas en el automóvil, sobre temas de trabajo. ¿Cómo acabó saliendo todo? Se encontraban en una situación pésima, los demás seguramente hubieran parado también, aunque fuera en otro sitio. Ya cuando todo se calmase, se pondrían en contacto de nuevo. Siendo todo mucho más seguro.

Finalmente, tras curvas o movimientos muy cuestionables, se detuvo el coche y el cuerpo de Freya, como la sorpresa de tal detenimiento, se dejaron llevar hacia delante. Se tuvo que detener así misma con la mano apoyada en el respaldar delantero. Tenía los ojos cerrados y poco a poco los abriría con un rostro de pocos amigos, tomando la mascara de gas que le estaba dejando la contraria. Para ser sinceros, no le hacía ni una pizca de gracia. Sentía que esa mascara de gas era peor que comerse toda la arena, pues no sabía los virus o bacterias que pudiera tener. ¿Respirar por ahí realmente era algo bueno? Seguramente no, no a ojos de la sueca.

Se lo colocó encima del rostro, pero no se la puso por completo, salió del coche y buscó aquel edificio, sobretodo se dejó guiar por los seguidos gritos de la contraria que parecía saber lo que hacía.

Se chocó al principio con el coche, en el costado, pero siguió hacia delante y logró encontrarse con la puerta, y a su vez con la Sra. López. — Ya, estoy aquí. — Entonces entró hacia dentro de lo que sería prácticamente un... ¿Puticlub? ¿Pub? ¿Cómo se le llamaba? Había pasado tantos años sin saber de ellos, aunque nunca visitara uno, que realmente había olvidado de que seguían existiendo. — ¿A donde me has traído, señorita? ¿Cuanto de seguro es? ¿Hay zombies de los que tengamos que ocuparnos? — Se había retirado ya la máscara de gas, acercándosela a su dueña mientras se ponía en postura recelosa a seguir caminando más hacia dentro. Puede que ya hubieran entrado definitivamente, incluso con la puerta cerrada a sus espaldas, pero no sabía cómo era aquel lugar y ni sabía cómo habían acabo en un sitio así. Eso sí, no iba a cuestionar el porqué sabía que ese lugar existía.

Le costó unos minutos para llegar a acostumbrarse a la iluminación, retirándose la chaqueta para quedar en una simple camisa fina y de tirantes, típica básica que normalmente se utilizaba debajo de otras camisas. Hacía demasiada calor, así que aquella era su mejor opción, recogiéndose seguidamente su corto cabello. Estaba que le iba a dar algo. — La temperatura encima, aquí, no mejora...


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El aullido del viento calló cuando la puerta se cerró. La ausencia de luz las cegó por un momento en el cual se mantuvieron en la entrada. Luna arrancó la bandana y las gafas de su rostro para recuperar su aliento y tomó la máscara que devolvía la rubia con esa cadena de preguntas a la cual respondió con un leve movimiento de cabeza sólo para darse cuenta que era probable que no fuera capaz de verla.

-No te preocupes. Estamos seguras aquí. -

La seguridad en las palabras de la latina revelaban que conocía el lugar y confiaba en la estructura. Las pupilas de Luna se dilataron adaptándose a la oscuridad del club lo suficiente para poder caminar al corazón del edificio. El pasillo daba a una gran espacio central con mesas, bancos, un bar con su típica pared llena de botellas semi-llenas, pero todo estaba sumido en esa cortina de oscuridad que convertía a todos en ciegos. Luna avanzó con lo poco que podía definir en las penumbras hasta el mostrador del bar para encender una lámpara que trajo tiempo atrás de la base de Umbrella. La luz blanca se esparció por toda la estancia para revelar la magnitud del edificio y Luna se volvió para invitar a Freya a pasar.

-No hay zombies aquí porque limpie el lugar hace mucho y es seguro porque lo he preparado desde... ya hace tiempo.- confesó a la directora dejando la bandana y la máscara de gas sobre el mostrador.

Las altas temperaturas de Nevada eran normales para la puertorriqueña, pero cuando vio a la rubia en camiseta cayó en cuenta de cuán caliente estaba el ambiente. Con todo el ajetreo no se percató que sudaba debajo del uniforme y acto seguido bajó la cremallera de su uniforme para quedarse en una camiseta sin mangas parecida a la de su compañera.

-El lugar está limpio... lo he cuidado desde que lo descubrí. Arriba hay unas camas, pero no aconsejo ir allá porque quiero sacarlas, pero hay unos sofás buenos. Hm... También hay comida, alcohol, agua, más chucherías que he encontrado y traje aquí. -

Luna se cruzó de brazos reposando su espalda en el mostrador de la barra.

-Sólo digo porque la tormenta puede pasar en 10 minutos o puede tardar hasta 5 días... aunque eso fue un caso extremo, pero lo leí en algún lado.- añadió encogiéndose de hombros.

¿Porqué tenía que ser tan parlanchina?

Así era ella. Luna suspiró mirando el lugar sólo por mirar otra cosa que no fuera a la hermosa directora, a la cual creía que no le iba cayendo tan bien. Freya era seria y Luna creía que no soportaría demasiado su forma de ser.



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No sabía hasta qué punto confiarse de las palabras que venían de la boca de una mujer. Hacía tiempo que dejó de confiar con tanta facilidad en sus palabras, de las mujeres en sí. No había tenido buenas experiencias, incluso tenía en ocasiones recelos a los contactos físicos. No siempre eran recibidos del mismo modo, aunque fuera de la misma persona. Luna no iba a ser una excepción conociéndola de tan poco, tan poco que no tenía ni ganas de estar a sola con ella por el momento. No encontraba motivos para ello, había destacado en su trabajo pero seguía viendo en ella una mente mediocre. No le gustaba las mentes mediocres porque no tenían nada que ofrecerle. Podía cambiar de opinión, por supuesto, pero por el momento la cosa estaba así.

Además que no parecía callar, hablaba y seguía hablando. Los ojos claros de la sueca se sintieron atados cuando la luz blanca invadió el local. Antes podía ver con dificultad, pero podía distinguir cosas en la oscuridad.. ¿Ahora qué era lo que veía? Lo que se había estado imaginando antes. Ya no había duda alguna que aquellas barras de bar, las sillas y esas escaleras. Típica de un local nocturno. No es que ella hubiera estado en muchos, y si alguna vez lo estuvo fue por compromisos sociales, no por placer. Aquellos lugares nunca le habían causado placer, sobretodo desde que las mujeres dejaron de ser un atractivo de primeras para ella, por la desconfianza.

Fuera como fuese, se mantenía aún callada escuchando todo lo que la otra tenía que decirle y, ciertamente, debía darle el punto por la información de la tormenta, estaba claro que no iban a estar poco tiempo y llenarse la tripa siempre era algo de lo que no iba a rechazar, por mucho que no tuviera ganas de mucho acercamiento con la contraria.

¿Has terminado de hablar? — Preguntó toda borde ella, pero es que a veces no tenía remedio.

Se acercó a la barra de bar y se sentó sobre la misma mirando las botellas que había por ahí colocadas, todas, en su mayoría, eran alcohol. No encontraba el agua a la vista, imaginó que lo tenía guardado en su sitio o quizá de bajo de la barra. Miró también de bajo y entonces encontró algunas botellas de agua sin abrir, pues cuando cogió una estaba con el tapón todo molesto que le costó abrir y todo, quizá por la sed que tenía. Tras eso, bebería gran parte de su contenido para echarse en otro por encima del cuerpo con la esperanza de que aquello le refrescase. — ¿Dedicas tu tiempo libre en un lugar como este? Entonces no debemos estar lejos de la base, ¿no? — No es que quisiera saber realmente la historia detrás de todo este sitio, pero sí saber la situación en el mapa mental que tenía.

Se tumbó entonces en la barra que estaba bastante fresco, viéndose en el rostro de Freya la pequeña felicidad que le daba aquello. Estiró los brazos por encima de su cabeza y llevó las manos tras la cabeza para tenerlas apoyada en un sitio cómodo. — Debo admitir que es un buen refugio de las tormentas de arena, me complaciste. — Le miró entonces con una medio sonrisa, reconociendo que le había sorprendida y de buena manera, pero eso no significaba que confiase en ella del todo, aunque ya hubieran trabajado unos días juntas, o trabajado ella para la sueca.


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Consciente estaba de que muchas veces causaba esa exasperación en los demás y esa mujer parecía más propensa de encontrar a Luna insoportable por que eran polos opuestos de la misma corporación. Luna tomó asiento en la barra sin preocuparse por el latigazo verbal de la rubia que por un breve e indecente instante la encontró deliciosa. El pensamiento dejó de ser importante cuando la vio en busca de algo bajo del mostrador del bar pues la latina cerró la boca por los inesperados nervios. Junto a las botellas, en una caja de cartón, descansaba su pequeña colección de revistas eróticas de mujeres hermosas mostrando todos sus atributos. El local aumentó su temperatura con los nervios, pero aún cuando Freya peleaba con la botella de agua Luna moría de calor. No creyó que viera nada de sus pasatiempos mundanos, aunque estos pasaron a otro plano cuando la sueca echó el resto de agua por su camiseta. Esta se apretó aquí, se ajustó allá, y Luna sólo puso los codos en el mostrador y guardó su rostro en sus manos.

-Estamos bastante cerca de la base, par de horas hacia el desierto y listo.- dijo quitando las manos de su rostro para salirse del banco.

Luna camino unos pasos sólo por moverse. Ella estiraba sus brazos llenos de tatuajes para aliviar sus músculos porque la lengua se la comió un hipotético gato que decía que podía perder el contrato si irritaba a la rubia o si se pasaba de raya con sus comentarios. Luna torció una sonrisa para agradecer el cumplido mordiéndose la lengua para no decir lo que cruzó por su mente.

-Trabajo para ti, debo complacerte.-

Tomó asiento en una de las mesas del local cruzando sus pies con la mirada en la rubia.

-Entonces... si debemos esperar quizás par de horas... ¿Quieres un trago? Yo invito. -

Sí, ahí iba Luna cruzando la raya probablemente.


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Tampoco te acostumbres a complacerme. — Cortó, tajante y fría como el hielo cuando se dispuso a cerrar los ojos.

Todo esto antes de que la contraria le ofreciera unos tragos, a lo que no descartaba porque tras el duro trabajo se lo merecía, o eso sentía, pero que tampoco se fiaba. ¿Por qué le ofrecía alcohol en un momento como aquel? Sólo se le pasaba por la cabeza de que quería aprovecharse de la Directora, así de desconfiada podía ser. Poco a poco abriría los ojos y giraría el rostro hasta poder ver a la contraria, ajustándose la camisa porque se le había subido, mostrando parte de su tripa. Tras eso, se volvió a sentar en la barra con cada pierna a los lados de la barra del bar para así poder estar cómodamente sentada mirando a la contraria.

Ladeó lentamente la cabeza hacia un lado mientras le analizaba con la mirada a la mujer contraria, quien era a su ver una amenaza a clara vista. No sabía porqué tan a la defensiva, cuando claramente no le había hecho nada. Había una estrecha relación con aquella vez, hace muchos años, pero no todas las mujeres eran iguales. ¿O quizá si?¿Desde cuando los solados se han vuelto tan afanes de complacer? — Pues para ella sólo buscaban el dinero, o su símil en la actualidad, y la protección. Lo peor para ella era que se estaba planteando seriamente ese trago, quizá para pasar el momento de manera rápida y olvidar que aquello había pasado. Suspiró, no era fácil en presencia de la fémina.

El agua del cuerpo de la sueca se acabó por esfumar, volviendo a esa incómoda sensación de sequía que el agua no le había quitado. — Está bien, pero tomaré solo una copa. — Acabaría cediendo porque encontró en el alcohol la solución de poder ignorar el calor, pero antes tomaría otra botella pequeña que se bebería, para estar bien hidratada. Esta vez no se volvería a mojar, porque tampoco encontraba apropiado hacer un concurso de camisetas mojadas con aquella presencia frente a sí, pues acabó al otro lado de la barra frente a la puertoriqueña. — Espero que no tengas malas intenciones, debes saber que no notas las sorpresas me las tomo muy bien...


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¿Porqué debía ser tan amargada?

Luna daba su milla extra para agradar a la hermosa directora, pero recibía una ventisca del Himalaya como respuesta.

¿Qué había en esos asientos en el tope de la jerarquía que hacía que todos fueran amargados?

No había forma de contestar esa pregunta desde su diminuto asiento de líder de un escuadrón. No existía comparación de perspectivas entre Luna, la líder de un escuadrón militar, y Freya, la directora de todo el sector del White Umbrella.

La latina se resignó a la frialdad de la mujer. No iba a sentarse a llorar porque la directora parecía no tragarla. A decir verdad, muchas personas adoptaban esa actitud con Luna por ser tan diferente al estereotipo de un miembro del Red Umbrella. Sí, la puertorriqueña se encogió de hombros e ignoró la tormenta de hielo de la directora ya que de consuelo tenía el panorama de su cuerpo en la barra recostado. Era poco profesional que se fijara en la camiseta empapada de Freya, pero ella tenía los ojos cerrados más debía estar consciente que llamaba la atención. Sin embargo, la diosa nórdica aceptó el trago abriendo sus ojos y reacomodando su camiseta más forzando a Luna a comportarse un poco más decente. Ella invitó así que se apartó de su cómodo asiento que era una mesa para dirigirse a la barra para buscar un vaso y una botella y a su paso lanzar una toalla sobre las revistas de mujeres.

-No soy un soldado.- respondió Luna poniendo el vaso sobre la lisa superficie del bar. -Nunca me agradó el ambiente militar y por eso no me convertí en soldado.-

Freya estaba delante de Luna. La puertorriqueña sostuvo la mirada mientras la rubia le advertía como si pudiera leer los pensamientos de la otra. No era que Luna pretendiera acabar entre las piernas de Freya, pero no podía evitar pensar en "¿Y si...?" Sería un pecado no pensar de esa manera cuando la directora estaba adelante con su camiseta ajustada al punto que se podían ver sus pezones. Luna negó con la cabeza desenroscando la tapa del licor que de entre sus dedos se escapó. Una maldición se le escapó en un mero susurro, pero se dignó a servir el trago primero a su compañera.

-¿Qué crees que te haré?- preguntó antes de agacharse para recoger la tapa del licor.

Luna se levantó con la tapa plateada en su izquierda mientras que en su diestra tenía la botella de la cual tomó un trago.

-Me agrada complacer porque, si no leiste mi documentación, vine de la CIA y esa agencia se trataba de complacer a mis superiores y nada más. - se dio otro trago antes de caer en cuenta que aquello se escuchaba un poco doble sentido. -Y no me refiero a "complacer," sino que seguir órdenes y mantener mis superiores contentos.- corrigió dejando la botella al lado de Freya.

-No te agrado mucho, lo sé. Pero no te haré nada que no quieras y que no sea por tu bienestar. Debo regresarte con vida a Umbrella.- le lanzó una guiñada a la rubia antes de retomar la botella.


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Dijera lo que dijese aquella mujer, la científica veía en ella un soldado más de RedLine por el momento. Bueno, quizá no tan exagerado porque le había demostrado ser una buena líder de escuadrón, pero sólo en una ocasión. Claro que le llevase la contraria de aquel modo le había gustado, al menos en ese tema en concreto. Luna no se había definido como soldado, y aseguraba no gustarle los rangos militares, y aquello fue algo que llamó la atención y curiosidad de los ojos claros de la sueca para mantener la mirada sobre ella. Si así era sus afirmaciones, se preguntaba cómo es que había llegado hasta a Umbrella. No era tan sencillo de especular, tendría tantos motivos, o no, como los que la contraria quisiera y no podía entrar en su cabeza con tan pocos detalles.

Observó como la torpeza tomaba forma al quitar el tapón de la botella que se iban a servir, pero no le culparía porque antes había sido ella quien tuvo problemas con otro tapón. Lo suyo tenía una solución sencilla, y que se resbalase era totalmente comprensible. Con respecto a la pregunta de la misma, mientras se agachaba a por el tapón y observaba su trasero con una curiosidad inquietante que duró poco porque sabía que se levantaría, se encogió de hombros mientras se arreglaba el cabello en un moño pequeño mejor hecho de lo que se pudiera haber echo antes. — No soy adivina, pero si me gusta advertir. Dicen que quien avisa no es traidor, ¿cierto? — Pues ahí tenía la respuesta, aunque lo cierto se trataba más de desconfianza pura, no tenía como objeto principal prevenir.

Que desconfiase de las mujeres no significaba que no le gustase contemplarlas, lo cierto es que la señorita Skarsgård le gustaba todo tipo de cuerpos, hombres o mujeres por igual. Y el cuerpo de la contraria era de buen ver, algo que le dolía reconocer porque estaba en esa etapa de desconfianza, en la que se estaba dejando llevar por las curiosidades contraria. ¿Iba a ser fácil? Todo dependía de la persona contraria y de lo que dijera, pues poco a poco la visión sobre la mentalidad contraria iba cambiando de una mediocre a una interesante sin que la sueca se diera cuenta.

Y por supuesto que había hecho sus deberes, lo había leído. — Una cosa es que sepa que vienes de allí y otra saber lo que pienses de la CIA. No todos tienen las mismas aspiraciones, ni si quiera en Umbrella. — Algo que realmente le entristecía, muchos eran motivados por la sangre y otros, como ella, por el avance de la ciencia y la salvación del mundo: a su modo.De igual modo, me gusta que me complazcan, así que no seré yo quien te lo impida. — Admitiría, incluso viniendo de una fémina. Fue entonces que tomó la botella y se sirvió una copa en el vaso para darle de nuevo la botella, dando su primer trago al vaso mientras se acomodaba junto a la contraria en la barra, sentada como de costumbre porque era toda una señorita. Dejó su brazo contrario al de la copa - el que daba a la otra mujer - apoyada en la superficie de la barra para acercarse a la misma, sintiéndose que se la estaba jugando con respecto a sentimientos del pasado. Pero no podía vivir siempre en el pasado...

No es que tú no me agrades. — Rodó los ojos, pues para ella no tenía demasiada importancia eso. — Por cosas de la vida, las mujeres me dan mucha desconfianza y por ahora no eres una excepción. — Pues fue sincera, porque rara vez no lo era. — ¿Y qué consideras que es para mi bienestar y que acompañas con ese guiño? — Sus labios se volvieron a mojar de aquel alcohol que pasaría lentamente por la garganta. — ¿Eres de esas que le tira los tejos a todo lo que se mueve? Llámalo curiosidad.


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Una sonrisa se dibujó en el rostro de la latina mientras negaba las acusaciones, o al menos sospechas, de ser de ese tipo de mujeres que coqueteaban a todo lo que tuviera un buen par de tetas y nalgas firmes. Luna no creía que ella clasificaba en ese simple estereotipo, pero era sensata suficiente para aceptar que parte de ella bien gozaba de un par de tetas y nalgas firmes. Sin embargo, si quería ser honesta consigo misma debía de admitir que detrás de cada encuentro que tenía con una mujer había una razón terriblemente deprimente. Debajo de su picardía y su piel sólo había un corazón lleno de soledad que extrañaba los viejos tiempos en el que podía sentir amor. Luna no iba a aceptar ser del club de lesbianas que secretamente tenían una lista que llevaba cuentas de cada cuerpo que tocó por no querer pasar la noche en una cama vacía.

Luna puso la mano sobre la lisa superficie del mostrador del bar para apoyar su peso en esa dirección acortando la distancia que existía entre ella y la directora.

-No "tiró los tejos" a todo lo que se mueve.- respondió para tomar de la botella de licor. -Admito, por otro lado, que he coqueteado sólo por sexo otras veces.- la mirada oscura de Luna se clavó en el incoloro licor cuando sintió la amargura de los recuerdos que era peor que la del mismo sabor de la bebida. -Pero eso fue después de que mi ex-prometida se suicidara. - levantó la vista a la otra para tomar de la botella otro sorbo que mojó sus labios. -Claro, coqueteé con cuanta mujer se cruzó por mi camino y obtuve sexo suficiente, si era eso lo que te preguntabas. - le señaló con el cuello de la botella para dar un último trago antes de dejarlo sobre el mostrador. -Pero ya que me estoy desahogando, ese tipo de vida tan... meh... aburre. Al final del día sigues estando sola y a nadie le importas.-

Luna esperó un instante para soltar un bufido porque cayó en cuenta que era probable que si tenía una oportunidad para divertirse con la sueca con esa sesión de terapia se había saboteado.

-¿Sobre eso de qué considero tu bienestar?- retomó aquel tema que se quedó en pausa por un momento. -Mantenerte con vida, cariño. - dijo con su típica sonrisa ladina que demostraba más picardía de lo que en realidad se proponía.

-Creo que eres una amargada, pero por ser tan honesta y directa me caes bien. - confesó de pronto con una leve risa.


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No estaban allí para contarse las penas, no de primeras. Sin embargo, así se habían tornado las cosas que la curiosidad de la Skarsgård le llevó a eso. Saber de los problemas que tenían los demás le ayudaba a la rubia a saber cómo conseguir su lealtad, dar donde duele y fidelizar, quisieran o no sin necesidad de estar gastando los componente que se les suministraba a los condenados. La contraria tampoco es que pareciera necesitarlo, parecía bastante fiel a Umbrella con sus actos y sus palabras, ¿pero hasta que punto era aquello verdad? Había llegado a sus oídos tantos trabajadores fugitivos, proyectos que se marchan al conocer la realidad. ¿Qué les hacia quedarse a aquellos que no era ella? Necesitaba saber sus motivaciones para mantenerlas latentes en ellos.

Por el momento lo único que veía en la soldado, que no se sentía soldado, es que le daba mucho a sus instintos básicos, o eso era lo que pensaba con las palabras de la contraria. Puede que no fuera un 24/7, pero si una alta cantidad de relaciones sexuales. « Espera, ¿por qué me pongo a calcular las probabilidad de la cantidad de rel.. Da igual ». — No, ciertamente no me interesa las veces que te hayas llevado algo a la boca o a tu parte íntima, sólo quería saber sobre tus tendencias a los piropos. — ¿De verdad estaban hablando de eso? ¿Freya hablando de eso? No sabía ciertamente donde meter la cabeza, pues le recordaba a ese tacto incómodo de aquella mujer de aquel día, pero también recordaba el tacto de Skuld, quien pareció desaparecer sin más. Pensamientos que le confundía en aquel momento, ¿debía confiar en ella? Sabía que lo de su prometía debía ser cierto, porque había leído en el informe cosas sobre una pareja, aunque tampoco se detuvo a leer mucho ese detalle.

Fue entonces que llegó la frase estrella que confundiría más a la rubia que daba un trago a su bebida para disimular su desconcierto. "Al final del día sigues estando sola y a nadie le importas". Se sentía tan identifica con aquella palabra que tuvo miedo, pues así era la realidad de una mujer que se ha dedicado en vida a ser la mejor en todo lo que pudiera, porque así le enseñaron en el laboratorio cuando era pequeña, cuando era ella el experimento.

Que le llamase cariño le produjo una sensación de no saber si sentirse alagada o, por contrario, sentirse incómoda. Estaba teniendo una interesante conversación, o eso parecía con una copa de alcohol en el cuerpo, no sabía si realmente le había hecho tanto efecto la copa pero se lo atribuiría a ello. — No eres la primera que me llama amargada, así me dicen todos los días esos seres indeseables. — Claramente haciendo referencia a las presas insoportables que llegaban a los laboratorios de Umbrella. — Y ya que somos sinceras, tú me pareces una inapropiada. — Miró su reloj y ya habían pasado quince minutos, pero aún se podía escuchar la tormenta a fuera, por lo que sin duda durarían horas mínimo. — Pero como vamos a estar aquí bastante tiempo, tomaré otra copa y ya te diré que me pareces más adelante. — Y así fue, se sirvió otra copa porque sabía que todavía se controlaría con esa copa en el cuerpo, pero solo daría un trago pequeño al servirse.

Bueno, ¿piensas hacer algo? ¿Enseñarme quizá el local? No sé, me aburro. — Y lo único que no quería hacer era estar callada en aquel momento con ella, no porque se hiciera incómodo, sino quería olvidar aquella frase que la contraria había dejado atrás. Bajándose de la barra de un pequeño salto, comenzó a caminar hacia el interior dirigiéndose hacia los asientos, con su movimiento natural de caderas porque, ante todo, ella era una mujer de etiqueta y elegante, que disfrutaba de su figura y coqueta. Acarició el tejido de los sofás con la mano libre y siguió caminando hasta estar delante de lo que parecía ser un escenario, esperando que la contraria le entretuviese. — Adelante, aprovechame. Te doy la oportunidad de entretenerme, ¿qué me ofreces? — Y ahí iba su pequeño voto de confianza, algo que consideraba que debía darle si iban a seguir trabajando juntas. Y como era claro, con la intención de mejorar resultados en futuro.


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Luna estalló en una divertida carcajada por la cruda honestidad de la directora cuando esta empató en las confesiones llamándola "inapropiada." Ella era inapropiada, más evidencia de esa tendencia no podía dejar al aire. Luna contaba con un refugio apartado de la base que una vez fue un bar de mujeres desnudas sólo ese simple y pequeño detalle daba lo suficiente para saber que Luna no se trataba de ser "apropiada." Cuando la risa dejó de atacarla, negó con su cabeza despacio para sí misma y acercó la botella para que la rubia se satisficiera su necesidad de alcohol. Luna puso su otro brazo sobre el mostrador para apoyar todo su torso y miró a Freya para lanzarle una guiñada para aceptar los términos y condiciones. No quería ser pesada, pero al final al menos un poco le iba a agradar a esa directora.

El silencio del breve lapso acabó cuando Freya se declaró aburrida sugiriendo que dieran un tour por el exótico local. La sueca no dio tiempo que la otra se reincorporara, para cuando Luna se irguió del mostrador con la botella de licor transparente en mano, la otra estaba sintiendo la textura del sofá con una sensualidad delicada que sorprendió la latina. La botella fue a los labios de Luna para mojarlos con su fuerte sabor en lo que caminaba despacio en la misma dirección de la rubia. El trago de licor se cortó cuando la otra se acercaba a la tarima que se levantaba al final del sistema de sillas y mesas, al otro extremo de la barra.

-Puedo entretenerte de muchas maneras, pero luego me llamas "inapropiada."- Luna debió dejar la botella sobre una de las mesas para hacer con sus dedos las marcas imaginarias alrededor de la última palabra.

-¡Tsst, tsst, tsst!-detuvo las palabras de la rubia. -Ya es tarde para cancelar tu pedido, lo primero sólo fue una advertencia.- Luna estiró por la esquina izquierda de sus labios una sonrisa tan difícil de leer que podía significar que la iba a engatusar o asesinar. Era una sonrisa ambigua que no delataba nada o delataba tanto que era imposible saber con certeza que cruzaba por la cabeza de la mujer.

Los pasos lentos la llevaron hasta quedar al frente de la seductora belleza de la directora que sólo con esa mirada poderosa tentaba a cualquiera a caer a sus pies. Luna se atrevió a poner sus manos sobre sus hombros descubiertos sintiendo por primera vez su electrificante tacto por sus dedos y le "sugirió" que tomara asiento en una de las sillas junto a una mesa. Atenta a cada expresión que se reflejaba en el rostro perfecto de la directora, leyendo en silencio si había miedo, incomodidad, o curiosidad... Luna retrocedió despacio para poner una distancia entre ellas que sólo aumentó cuando esta se dirigió a la tarima y de un salto estaba sobre el suelo negro pobremente pulido para que sólo reflejara con opaques la luz de la barra. Algo en los pasos de Luna señalaban que sabía qué hacía cuando se dirigía al tubo de metal y esto se confirmó cuando sus dedos se enroscaron alrededor de la cilíndrica figura. La latina sólo dio una vuelta, esa típica vuelta que las bailarinas usaban para probar si el tubo era seguro para hacer acrobacias sin partirse una pata.

Luna sacó algo de uno de sus tantos bolsillos y lo arrojó a Freya antes de partir en una ligera risa que delataba su acto.

-No tengo ni puta idea de como bailar aquí.- confesó poniendo la espalda sobre el tubo y cruzando sus brazos tatuados aún divertida. -Pero te lancé un Snicker que tenía guardado.-

Luna volvió a reír para sentarse al borde de esa pasarela cerca de Freya.

-Arriba tengo una radio con varios discos por si quieres ver. Esto es más o menos una discoteca es que el ruido no pasa las paredes.-


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No estaba segura de si estaba haciendo lo correcto en aquel momento en el que el alcohol pidió algo de entretenimiento a la contraria, dejando en manos de la mujer su diversión. Debía admitir que en los primeros minutos de pensarlo mejor no estuvo muy segura de si hizo lo correcto. Luego cuando llegó al escenario, vio la mujer acercarse y sentir sus manos por los hombros con cuidado: sintió una mezcla de sentimientos entre incomodidad y tranquilidad. No le gustaba por lo normal que le tocasen, más sin su permiso. No puso cara disgustada, más bien no sabía que cara poner a aquello, pero acabaría por hacer caso a la contraria y se sentaría en uno de los sillones con su copa para observar lo que la contraria tenía por ofrecerle.

Sintió que no le hizo daño, que no fue algo malo realmente. No estaba segura de si aquello era algo bueno o malo, no sabía distinguirlo. Sus manos eran suaves, no era el tacto de aquella mujer con aliento de olor a tabaco. Pocos segundos fueron donde tuvo un flash de aquella época, pero estaba embobada mirando a la líder de escuadrón dando una vuelta en la barra para luego recibir el sniker que le había lanzado, sacándola de ese pequeño trance de confusión que no le dejaba pensar con claridad, o quizá era la bebida. Lo único que sabía es que no podía negar lo guapa que era aquella mujer que tenía frente a sí, igual que no lo había negado de otras. Sabía que lo que tenía era miedo a volver a pasar por lo mismo, de ahí tanto recelo. Le estaba costando dar ese voto de confianza en la contraria, pero tampoco podía ser así. También estaba el factor de que hacía unos meses le habían roto el corazón, era un cúmulo de cosas.

Cuando le escuchó: arrugó la nariz mientras abría el sniker para darle un bocado.Toda una pena, creí que me iba a sorprender con uno de esos bailes que se hacen ahí. Nunca vi uno antes. — Se encogió de hombros y, por primera vez en aquel encuentro, sonrió porque no estaba ni incómoda y se dejó llevar un poco. No era una sonrisa plena donde se vieran sus dientes, pero era ya un avance que podía servir de señal a la contraria de que tan mal no lo estaba haciendo con la superior. — Pero me parece bien eso de la música, hace mucho que no escucho algo, ¿por dónde es? — Preguntó mientras se levantaba con comida en una mano y la bebida en otra, de la cual no quería separarse para seguir dando tragos. Una vez le señaló por donde debía ir, caminó por las escaleras señalizadas.

El local era bastante amplio, y no dudaba de la insonorización. Caminó tranquilamente, yendo delante mientras miraba las vistas desde la escalera, no tenían prisa realmente. — Puede que a lo mejor, después de todo, puedas llegar a caerme bien. — Dejaría caer como la que no quería cosa, haciéndose la loca mientras seguía caminando. Negaría haber dicho aquello, y cuando finalmente llegó a la zona de la radio, dejó el plástico de la barra de chocolate que se acababa de comer y bajaría lo que tenía en la boca con un último trago de alcohol, que hacía poco a poco efectos en el cuerpo de la delgada mujer. Dejó el vaso sobre el escritorio del lugar y se giró sobre sus puntas para mirar a la contraria con una medio sonrisa y el mentón ligeramente alzado. — ¿Y bien? ¿Qué música me vas a poner? — Preguntaría mientras se colocaba bien las ropas, y con ello la camisa ajustada. — Ah, una cosa... ¿Tienes algo para el calor? — Le preguntó mientras se acercaba más a la contraria y le acariciaba los hombros del mismo modo que la puertoriqueña había hecho con ella, igual. ¿El motivo? Quería saber qué se sentía ser la otra parte un momento así, y no le disgustó. — ¿Tienes más agua aquí? ¿Un abanico? ¿Algo?


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Luna clavó los ojos en la escalera que daba a la segunda planta del estrambótico local antes de hacer un ademán con su cabeza en esa misma dirección. Freya se adelantó con la golosina y su trago de licor dando miraditas sobre su hombro en lo que escalaba a la otra planta con ese vaivén de caderas que hipnotizaba a la latina que no dudo en seguirla. El segundo piso de la discoteca contaba con más sofás en forma de C con mesas con más tubos para bailes más íntimos, al final, la oficina de quien debía ser el dueño apenas se distinguía por la falta de puerta y allá acabaron. Freya se giró con esa pregunta de música y la otra aún no se decidía en qué clase de música sería adecuada para los gustos de la sueca. Al final, Luna encendió el radio que vivía por un varios pares de baterías con y agachada delante del aparato apretó varios botones antes de que la música comenzara a sonar, una canción de la época dorada, Tainted Love. Luna se enderezó para encarar a la rubia que se quejaba del calor que se negaba dejarla en paz mientras recibía un tacto por sus hombros inesperados. La latina hizo una mueca que respondió que no tenía nada en concreto que la salvara de esas temperaturas, sin embargo, llevó los dedos al borde de la camiseta de Freya esperando un segundo, alguna seña de aprobación, antes de subir un poco la tela.

-This tainted love you give me... I gave you all a boy could give you... take my tears and that’s not nearly all.- la camiseta fue subiendo despacio dando oportunidad a la otra por si se arrepentía de darle esa confianza. -Tainted love oh-oh-oh Tainted love-cantó en susurros dejando su camiseta rozando su abdomen con su índice cuando intentó retirarse.

Luna se atrevió a llevar su mano al rostro de la directora y rozó su pulgar contra la esquina de su boca con una mezcla de picardía y ternura para limpiar una manchita de chocolate. El dedo fue a la boca de Luna para quitarse el chocolate cuando la canción acabó para dejar otro clásico de la era sonar. Ella puso las manos por su cadera para mecerse al ritmo de la canción con una sonrisa un poco más amplia de lo que era usual en ella.

-Tengo más discos si quieres ver que más hay o podemos... seguir escuchando ese.- comentó para darle la opción de escapar de allí aunque en realidad a Luna le empezaba a agradar estar así de cerca de Freya. -¿Ayudé con la calor? Se que no hice mucho, pero sin electricidad no hay abanicos.-


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Estaba ocurriendo, en ese mismo instante estaba ocurriendo algo para lo que la sueca no estaba preparada hasta el punto de tener un escalofrío. No sabía si era el destino o qué, pero quizá un tuerto le había maldecido. Una mujer le estaba tocando la cintura. Para ser exactos, estaba posando las manos sobre el final de la camisa que llevaba, pero que no le sobraba porque significaría ir en cueros. Unas manos que peligrosamente subían al no ver una respuesta de la contraria, en este caso Freya no sabía realmente cómo debía reaccionar porque seguía igual de confusa ante aquello. Optando por la postura de: a ver hasta donde es capaz de llegar. Una postura que no tomaría en cuenta de no ser por las dos copas de alcohol a palo seco que se había metido entre pecho y espalda.

Sintió sus manos deslizarse a la par que la camisa, encogió inevitablemente su cuerpo por el tacto. Estaba más confusa todavía, no era desagradable, igual que antes, pero seguía con ese miedo irremediable al dolor, al sufrir. Su rostro seguía igual de neutra como había estado antes de cualquier atisbo de sonrisa. Por dentro se preguntaba porqué no estaba parando aquellas manos, pero daba igual porque ni pensarlo le ayudaba a ello. Dejó caer ligeramente su cabeza hacia un lado, mirando atentamente a cómo se comportaba. Había ocasiones donde no comprendía el comportamiento de otros, partiendo de que todo lo que Freya sabía hasta la fecha fue porque aprendió con el paso de los años y porque cuando era joven le obligaron a aprender de las interacciones sociales, básicamente fue obligada a relacionarse y vivir aquello para no ser una máquina como podría ser cualquier ICE. Ella no dejaba de ser un experimento pero de otra época y no de Umbrella.

Tampoco es que la sueca pudiera reaccionar de algún modo mientras la contraria le cantaba a la par que le acariciaba y le retiraba el chocolate. Más confusión para el cuerpo. Pero no podía dejar las manos colgando, así que su mejor opción era dejar las manos apoyadas en los brazos de la contraria cuando esta dirigió sus manos a las caderas para comenzar a mover las caderas de la Directora. Ésta comenzó a moverse con la música, siguiendo el ritmo de la contraria mientras le miraba a los ojos con sorpresa, pero una sorpresa agradable porque andaba procesando aquello. La Freya serena que dormía seguramente estaba para tirarse de los pelos. — No me importa quedarme más rato aquí, es más entretenido que esperar sentada a que pase la tormenta. — Algo tan cierto como que se llamaba Freya. — Y sabes perfectamente que no querías ayudar a mi calor. — Diría sin tapujo alguno, pues menos pelos en la lengua tendría en ese ligero estado con toque de alegría . —Pudiste haber hecho otras cosas para ayudarme, pero decidiste subir mi camisa. ¿Hasta donde te hubiera gustado subirla? No me digas que fue para ayudarme con el calor... — Se aguantó una carcajada.

La curiosidad que movía a la científica era algo tan natural en ella como su caminar, necesitaba realmente comprobar sus dudas de porqué seguía teniendo miedo, hasta que punto tenía ese miedo y hasta que punto se sentía cómoda con la contraria. Por ello haría lo mismo que ésta para darle con la misma medicina, que supiera lo que provocaba y lo poco creíble que era su excusa. Así que decidió seguir el movimiento del baile, no se detuvo, pero llevó sus manos por dentro, entre los cuerpos de ambas, para tirar de la parte baja de la camisa contraria y levantar la misma, así luego subiría la camisa a la misma altura que lo dejó la contraria y del mismo modo, sólo que Freya era más cruel y acariciaría la tripa de la contraria con descaro hasta su ombligo. — ¿Ves? Yo también sé ayudar con el calor, ¿no? — Entonces se giraría, dando la espalda a puertoriqueña, y comenzaría a caminar hacia la botella de alcohol mientras seguía moviendo las caderas al ritmo de la canción, para dar otro trago. Necesitaría unos cuantos de eso para no pensar demasiado en lo que estaba haciendo y si se arrepentiría de ello.


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En ese vaivén de caderas, Luna estalló en una sonrisa cuando las manos de Freya tomaron la confianza de subir su camiseta. Al contrario de la latina, Freya sabía que no tenía oposición alguna al acercamiento.  La camiseta se quedó descansando al mismo nivel que la de la rubia exponiendo su abdomen que fue rozado por las manos de la sueca dejando atrás un rastro eléctrico sobre su piel. Los dientes encontraron el labio de Luna cuando Freya se alejó por más licor de su copa que descansaba sobre el escritorio. Las caderas de la rubia no dejaban de mecerse al compás de la música sensual del album que sonaba por la estancia. Luna avanzó despacio en su dirección mientras que su mirada delineaba las curvas descubiertas de la sueca. Cada paso que daba hacia la rubia era una duda menos y debajo de esa neblina de preguntas estaba la atracción que tenía por esa diosa nórdica.

¿Qué eran sus dudas? ¿Era una mujer más, no?

No lo parecía. Luna no se hubiera esforzado tanto por una mujer más.

¿Por ser su jefa?

Las dudas se fueron por completo cuando la yema de sus dedos tocaron su suave piel un tanto húmeda por el sudor. La mordida contra su propio labio se apretó al punto que su boca de pronto sintió ese sabor metálico de la sangre. Las manos de Luna se encontraron por el ombligo de la rubia para encerrarla en ese dulce y tentador abrazo. Su nariz quitó un mechón de cabello que se interponía entre sus labios y la oreja de la sueca y entonces pudo susurrar:

-Si tienes tanta calor,- se detuvo subiendo despacio una de sus traviesas manos hasta el borde de su camiseta. Su índice jugó con el borde de la camiseta y una sonrisa llena de picardía se le escapó ante el morbo de la situación. -siempre puedes quitarte esto...- finalizó con una risa tan ligera que pareció ser un respiro. Esa mano se tardó en decidir qué dirección iba a tomar, pero se deslizó por encima de la camiseta echando su seno hacia arriba ante la firme caricia. Se cerró esa mano capturando el seno en un apretón provocativo. Luna rozó la comisura de sus labios por el hombro cruzando el manguillo de la camiseta hasta que llegó de nuevo a su oreja.  

-Sólo dime si me detengo, Freya...- susurró restregando despacio su pecho por encima de su camiseta que se iba corriendo hacia arriba. Entre sus dedos pudo capturar su pezón, el pequeño botón que se marcaba a través de su camiseta pidiendo atención. Luna se sintió mal por su otra amiguita y su mano cambió de seno para apretujar el otro en lo que su mano libre dibujaba círculos por su abdomen. -Puedes decir que me detenga o puedes...- se detuvo para resoplar con cierta diversión. -entretenerte.- mordió suave su oreja sin dejar la atención a sus pechos.


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No sabía bien lo que estaba pasando, aquella copa que se había servido le ayudaba a no pensar demasiado en ello, ni en ella. Podía ser malo, estaba siendo algo malo. Sus sentidos se durmieron, dormirse hasta el punto que pudo escuchar a la mujer acercarse a ella y no hizo nada para ver la distancia que había entre ellas. No tenía miedo, no con ella. Dio un trago, quizá el último que diese aquella tarde, y luego sintió las manos femeninas sobre el cuerpo, alterando las hormonas de su cuerpo. ¿Aquello estaba bien? ¿Realmente quería aquello o lo quería el alcohol? Todo lo derivaba a lo mismo, como si realmente fuera ese el problema. Había sido su decisión beber, y no beber solo una copa. Había sido su decisión dejarse por la contraria, y todo porque se sentís cómoda.

Sintió aquellas manos como le asaltaban el cuerpo, como le tocaba y provocaba esas bocanadas de calor que hacían que la rubia quisiera respirar, más de lo que ya hacia. Al principio estaba tensa, no sabía si quería eso. Poco a poco su cuerpo se relajó, dejó caer la cabeza hacia un lado, el contrario al de la mujer. Freya dejó el vaso al verde incapaz de concentrarse en sostenerlo. Las manos ajenas estaban siendo demasiado insistentes hasta el punto de provocar un suave suspiro para liberar tanta tensión del cuerpo. El mismo cuerpo que estaba sudando y encima lleno de calor por la excitación que le provocaba. ¿Cómo iba a poder controlar esa situación? No debía estar bien, de nuevo no podía tener algo con alguien de Red Umbrella. ¿Pero realmente había algo? ¿Algo solo físico? Pero si no tenía eso con alguien de Umbrella, ¿con quién?

Freya detuvo las manos de la mujer en un pequeño impulso de serenidad, no porque no quisiera, sino porque no quería ser una mujer fácil después de todo. — Si me dejase desnudar así de fácil, ¿donde estaría la gracia? — Se giraría lentamente y tomó de las caderas a la otra mujer para acercar la boca al cuello contrario, besando lentamente hasta llegar a los labios y darle una pequeña mordida en el inferior. Nunca había tenido experiencia con las mujeres en ese ambiente, pero no debía ser muy distinta a las experiencias de los hombres. Subió entonces las manos por la espalda ajena, acariciando y apegándose más al cuerpo contrario, pegando los pechos contra los de ella. — Tu tienes algo que yo no, no puedes jugar conmigo haciendo trampas... — Y tras eso retiró el enganche del sujetador ajeno y luego ayudó a retirar el mismo, ahora ambas estaban en mismas condiciones.

Sin duda le encantaba tener el control, ser la que mandaba. Fue por ello que caminó con la mujer entre sus brazos, acariciando el cuerpo mientras besaba el cuello hasta llevarle a uno de los sillones, sentándole. — Como la que manda soy yo, seré yo quien empiece a jugar. — Todo estaba siendo impulsivo, las ganas que le había provocado y lo extrañamente a gusto que se sentía. La curiosidad le motivaba a más. Nunca había tocado unos pechos pero se sentó sobre las piernas de Luna y comenzaría a masajear ambos por debajo de la ropa y dejando pequeñas mordidas en el cuello. Se sentía muy bien, tanto que quería explotar más ese cuerpo. — ¿Quieres que siga? Puedo detenerme si lo pides... — Pero no podía detenerse, y sentía que el contrario tampoco, tras lo que sintió por el cuerpo por culpa de ella.

Fue eso lo que le llevo a quitarle la camisa poco a poco para dejarlo a un lado. Ver su torso desnudo le provocó más, besando sus pechos y buscando provocar más a la contraria. — Esto es mucho más interesante que una tormenta de arena.. ¿Crees que sigo siendo una amargada? Porque tú sigues siendo igual de inapropiada. — Entonces se acercó al odio de ella para morder su lóbulo. — Pero debo confesar que comienza a gustarme.


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Ambas manos acabaron encima de sus pechos para dar el tratamiento de apretones a los dos simultáneamente con el simple propósito de que Freya suspirara más y más hasta derretirse en los brazos de Luna. La combinación del estruje y los pequeños besos que dejaba por el largo de su cuello parecían alcanzar esa meta, pero quería más de ella. Luna quería ver su rostro mientras entretenía su cuerpo con toda sus atenciones y Freya, casi por telepatía, se giró para participar con unos besos que acabaron en la boca de Luna. Y esa mordida. Luna se apegó a ella con hambre de comerla a lascivos besos por todos lados, todos.

El sostén que llevaba dejó su cuerpo para que Freya enseñara lo que había aprendido y dejándose llevar acabo sentada en uno de los sofás con su pecho agitado debajo de esa camiseta blanca. Freya se sentó en sus piernas y Luna se aferró a sus caderas para no perderse entre esas caricias y besos. Luna levantó el rostro hacia Freya, -Estoy aquí para complacerte, Freya.- respondió apretando sus nalgas por encima del pantalón. Freya le devolvió la opción de detener todo, pero Luna sólo sonrió subiendo las manos a su cintura para besar sus labios.

La camiseta salió disparada a un lado de la oficina exponiendo por completo su torso. Era cuestión de tiempo para que Freya descubriera todos sus tatuajes, ya que en la espalda contaba con dos que sólo algunos ojos llegaba a ver. Freya dejaba besos por su pecho, caricias, y Luna sólo podía respirar con dificultad mientras sus dedos se enroscaban al borde del pantalón de la rubia. Cada pequeña cosa que hiciera Freya llevaba a Luna a esa locura lasciva que sólo pedía más, esos susurros y en específico esa mordida, enloquecieron a la latina con un deseo incontrolable. Luna dejó el pantalón para deslizar sus manos por debajo de la camiseta de Freya para quitarla y arrojarla a algún lado. Ante la presencia de sus pechos desnudos, Luna sólo murmuró “Ay Dios mío” en su acento caribeño como si fuera una oración antes de una gran cena. Besos y suaves mordidas los cubrieron antes de que entre sus labios se escabullera el pezón. Luna presentó su lengua al pequeño intruso en lo que su mano apretaba su gemela. La mirada azabache subió al rostro de Freya y la tentación fue tanta que dejó sus pechos para besar sus labios con deseo para bajar su guardia. Tumbó con una risita a Freya al sofá. Luna se puso sobre ella dejando besos por su abdomen y lentamente subiendo por sus pechos hasta llegar a sus labios. La pierna descansaba entre las de ella ejerciendo una leve e inocente presión sobre el tesoro que sus pantalones escondían, pero su atención estaba en su boca y en sus labios y en su lengua.

Luna probó el terreno dejando su mano deslizar por entre sus pechos hasta el borde de su pantalón.

-Jefa... pido permiso para explorarte.- susurro con una sonrisa pegada a los labios de ella.


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No estaba segura de cuales eran las verdaderas intenciones de la otra mujer, ni si quiera sabía qué era lo que buscaba con todo aquello. La cuestión estaba en que aquello era algo real y que no parecía que fueran a retroceder al estado anterior de estar sólo escuchando música. Ahora estaba la directora entretenida con los pechos ajenos mientras sentía las manos inquietas de la latina por su cuerpo, por su espalda. El tacto era suave, el sabor poco importaba pero sabía a la misma bebida que se había llevado a la boca antes. Las manos estaban deseando tocar aquel cuerpo de formas que nunca había imaginado antes. Hacía una hora atrás que quería quitarse a esa mujer de encima, y ahora era ella la que no se quería quitar de encima suyo. No quería separar la boca de aquellos pechos que se estaba llevando a la boca, mordiendo los mismos con suavidad mientras los trataba de devorar con cierto cuidado, pues ante todo: Freya era una mujer delicada y de formalidades.

No se sorprendió por los tatuajes que se dejaban ver, se imaginaba una cosa así de una mujer como ella. Ella estaba tan feliz así que no quería cambiar, y si cambiaba era para más, aunque realmente no supiera por donde seguir todo aquello. Tan sólo podía pensar en lo que le gustaría que le hicieran a sí misma. Sin embargo, ya se preocupó Luna de eso a la hora de retirar su camisa y estar en igual de condiciones que la contraria. Tras eso, su cuerpo sería nuevamente el asaltado hasta el punto de sentirse obligada a cerrar los ojos y suspirar cada vez más excitada por aquella mujer. Aquello no tenía nada que ver con la experiencia que tuvo con la mujer que un día le hizo sentir como una basura. Ahora se sentía una Diosa que podía pedir lo que se le antojase a aquella mujer que seguramente lo hiciera.

La parte íntima de Freya ya estaba preparándose para que algo llegase, sus caderas buscaban moverse en busca de fricción. Volver a sentir los labios contrarios fue como un alivio en su cuerpo, pero que mantenía la llama que tenía dentro. Estaba dejándose llevar tanto por la contraria que cuando quiso darse cuenta era ella la que estaba debajo. — Por lo que veo, utilizas la boca para más cosas que para hablar... diciendo tonterías. Poco pudo hablar a continuación cuando los besos subían por su cuerpo hasta que llegó a la boca, callándola y obligándola a querer explorar más la boca ajena al punto de jugar con su lengua, llevando las manos a la nuca de la misma para mantenerla cerca. No podían parar ahora.

Sentir sus manos bajar pusieron en alerta la intimidad de Freya, que era provocada por la pierna de la contraria y que hacía humedecerse cada vez más. Cuando Luna pidió permiso, Freya bajó las manos al pantalón para desabrochar el mismo y tomar esa mano de la puertorriqueña. Iba a dirigir la mano hacia la intimidad, pero Freya buscaba jugar más, por ello fue que le separó poco a poco mientras mantenía un intenso beso hasta estar ambas de pie. — ¿Estás segura? — Preguntó, juguetona y estando una frente a la otra. Llevó la boca a succionar ambos pechos de la mujer, atrayéndola con ansias. — No sé si estarás preparada... — Entonces poco a poco se separaría de la mujer tatuada para caminar lentamente hacia afuera de aquel despacho, retirándose el pantalón y dejándolo en el suelo, bajando la escalera con un contoneo de caderas intencionado mientras miraba de reojo a la mujer con una sonrisa.

Su ropa interior era básica, de color verde militar. Llegó hasta la anterior barra donde se dio una vuelta anteriormente Luna, sólo que esta vez Freya se la apoyó en la espalda mientras miraba a Luna acercarse. Sólo llevaba para aquel momento calcetines y sus braguitas. Freya dejaría una mano en la barra y con la otra se tocaría el cuerpo lentamente a la par que bajaba abierta de piernas, llevando su propia mano hacia la intimidad por encima de ropa íntima. — Dime lo que quieres de mí y puede que te lo conceda. — Pasaría entonces unos dedos por debajo, rozando con su propia intimidad mientras, con una mirada que lo decía todo, se mordía el labio inferior para frotarse muy lentamente. — Sino tendré que hacerlo yo sola... ¿Realmente quieres explorarme? ¿Cuánto?


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