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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Las malas noticias siempre rompen el alma [Priv, Ryan, Lucy y Michael]

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25 de Agosto de 2015
9:21 am
Carretera de Tennessee a DC Washington


Cerró la puerta del piloto luego de despedirse con un beso largo y algunas caricias en el rostro de Leon. Era la primera vez en meses que salía del asentamiento y ciertamente estaba nerviosa; aunque contaba con la suerte de ir junto a Lucy, , al cual se ofreció de buena gana a acompañarla, al igual que Ryan, al cual le tocaría ir de pasajero. El motivo de esa peluliar misión era nada más y nada menos... Que buscar a su amiga Marianne. Tenía aproximadamente una semana desde que la susodicha había salido junto a su novio Pickton de La Fábrica y aún no tenían noticias de ellos. Lo preocupante radicaba que ellos dos tenían la misión de ir a DC y regresar, era un viaje de unas dieciséis horas ida y vuelta, habían calculado que se tardarían máximo unos tres días, pero había pasado más tiempo desde eso y todos estaban ya preocupados. Si bien es cierto Pipper no es la persona más valiente del mundo, si es una persona decidida y con mucho coraje, que aprendió a defenderse en su tiempo sola en el apocalípsis y que por sobretodas las cosas... Adoraba a sus amigos y haría lo que fuera por ellos.

Por aquello, la noche anterior a su salida le pidió el favor a Lucy y Ryan de acompañarla, también habló con Jean sobre esto y lo más importante... Habló con su Rocky para calmarlo sobre su salida; no fue nada fácil, pero después de mucho rato hablando llegaron a un punto donde los dos estaban más o menos cómodos con lo que sucedería; y es que nada impediría que Angelique saliera a buscar a su amiga, porque estaba segura que Marianne haría lo mismo por ella.

Para aquel momento ya estaba todo listo, ellos iban equipados unas raciones de comida, sus armas, agua y gasolina para los viajes. Miró a su pareja por la ventana antes de arrancar el auto y tomar la interestatal con destino a su ciudad natal Washington DC. Esperaba que el camino fuera tranquilo y no tuvieran demasiados problemas. Estaban viajando en el auto que ella encontró el mismo día que ingresaron al asentamiento, ella y Luci cuadraron para tomar turnos de tres horas cada una en el manejo y así evitar el cansancio. - Lucy... Ryan.. Gracias por acompañarme, sé que no es fácil regresar a este infierno luego de estar seguros en la fábrica, pero Marianne es mi amiga... Y es necesario. - Su tono estaba lleno de agradecimiento y dulzura, expresando como es siempre; aunque también podía notarse en este la preocupación latente por la canadiense.


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Aunque en un comienzo le pareció extraña a petición de la traumatologa, no dudo ni un segundo es aceptar ayudarle; aquella podría ser su oportunidad para alejarse de la fábrica y con ello de Montana y Tachibana y regresar a lo que ya se había acostumbrado... Estar sola afuera y sobrevivir por su cuenta, aunque en los últimos tiempos parecía haber una mejora entre la relación de ella y Jean... Tampoco era nada que celebrar. Aquella mañana antes de salir la informó a Montana de su salida para que no se extrañara al verla salir con un bolso cargado de sus cosas, lo subió pronto al auto de la doctora para evitar preguntas de lo necesario.

Luego de que ella se despidió de su ¿novio? ¿esposo? Salieron en camino al auto. Abrió unas botanas que tenía guardadas desde hace algunos días para ofrecerle a sus dos compañeros mientras la doctora manejaba. El viaje iba a ser largo, aunque realmente esperaba que no fuera tan tedioso, aunque con buena compañía nunca es así. - No es nada doctora, a mi me gusta salir de cuando en cuando también. Es agradable no tener muertos cerca, pero el encierro me perturba luego de vivir tanto tiempo aquí afuera sola. - La ventaja de estar de viaje con Pipper es que la conocía de antes del apocalipsis, la asistió en varias oportunidades en New York y ahora que estaban juntas de nuevo era todo muy agradable. Miró por el retrovisor como la fábrica comenzaba a alejarse y el camino se hacía cada vez más salvaje y lleno de plantas.

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-Toto, creo que ya no estamos en Kansas...

Ryan citó una de sus películas preferidas cuando niño sin intención de que alguien lo escuchara. Y es que ahí iba él, en el coche medio colado, viajando en búsqueda de respuestas.

Pickton y Marianne le habían salvado la vida en más de una ocasión, y aunque él ya había hecho lo suyo para devolver aquellos favores, en cuanto escuchó que Pipper preparaba la gran misión rescate, no dudó en enfrentarla para que la llevase consigo a como de lugar. La buena noticia era que Ryan era de las mejores compañías, un poco pesado si se quería espacio, pero entrañable al fin y al cabo.

¡Y yo no pensaba dejarte sola! —la voz de Ryan, exaltada después de escuchar a la doctora, se coló entre los asientos hasta la parte de adelante del coche. Y él también se inclinó sobre el agujero que quedaba en medio, con una de sus sonrisas inocentes y divertidas—. Sí, ya sé, no quieres acostumbrarte a la quietud sabiendo lo que hay aquí afuera, ¿verdad? —sus ojos se desviaron de la carretera a Luci, y por la ventana tras ella, vio un coche que había volteado sobre la banquina y yacía todavía a un costado del camino. Las puertas estaban abiertas y el parabrisas lleno de sangre seca. El de Kansas se volvió a acomodar en su lugar cruzando los brazos después de semejante imagen y suspiró.

Aunque tampoco será bueno acostumbrarse a todo lo que pasa aquí fuera. Digo yo.


La Fábrica quedó atrás y así lo haría por un tiempo, el objetivo era... entramado.

¿Podemos repasar el plan una vez más? —preguntó desde su lugar.

Ryan no era militar ni médico, no era bombero ni un asesino perfecto. Sin embargo... tenía dos cualidades que lo habían destacado en la vida previa y post apocaliptica. Primero que nada era rápido. Realmente rápido. Mucho más que la media... como una flecha, La Saeta. Y, además, lo era para aprender y aceptar nuevas ideas. Los planes los comprendía a toda velocidad y cumplía las órdenes casi como un soldado... o eso le había dicho Richard una vez. Pero él no pensaba así de sí mismo, y de ahí su gran inseguridad...

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Pipper dijo que iba a salir de la fábrica sin Leon y sin Michael, a lo que el segundo sintió un escalofrío en la espalda. Iba a ir con Lucy y con Ryan, pero eso no era suficiente consuelo para el adolescente, quien no paraba de pensar que podía pasarle algo. Aterrado, aprovechó una distracción para verificar que trajera las cosas importantes en su mochila y empacar otras que pudiesen serles útiles a todos o que por lo menos no lo convirtieran a él en un estorbo: Agua, latas con comida, hacha, cuchillo y unos cómics que la traumatóloga le había dado, como si eso ayudara a que hicieran una tregua cuando ella se diera cuenta de que se había escapado para acompañarla.

El plan de fuga era bastante básico, mas no por ello menos efectivo. Todo lo que Michael debía hacer era entrar al automóvil y esconderse hasta que estuvieran bastante lejos del asentamiento, lo suficiente para que no pensaran en regresar a dejarlo. Lo que menos quería era escuchar uno de los regaños de su padre. Había decidido ir a proteger a Pipper y eso era lo que haría sin importar el tiempo que tuviera que pasar oculto en un rincón bajo el equipaje que ellos llevaban.

La primera parte funcionó, pues nadie lo había descubierto y sintió que el auto arrancaba para alejarse presuroso de la fábrica. Claro que no había tomado en cuenta otras cosas, por ejemplo, que no podía volver a revisar su mochila para asegurarse de que en verdad no le faltara nada, lo que lo ponía nervioso; y mucho más importante, no había desayunado y su estómago comenzaba a gruñir desesperado. Ya se había hecho a la idea de que la posición era incómoda, pero la falta de comida era otra cosa. ¿Cuánto tiempo iba a soportar?

Michael sabía que todavía no estaban tan lejos, pero decidió confiar en su decisión de acompañar a Pipper para protegerla con la esperanza de que ella no quisiera abandonarlo. Lucy le ofrecía unas chips a la doctora y él no pudo soportarlo más. Además, también quería ser parte del plan por el que Ryan preguntaba.

¿Podrían darme un poco? Olvidé desayunar… —dijo mientras salía de su escondite, con la espalda adolorida. Creía que no iba a asustarlos, así que estiró la mano avergonzado y con el entrecejo fruncido, un poco desilusionado de sí mismo por no esconderse más tiempo.

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