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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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No place like home. [Pipper Hoffman]

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No llegaron nunca a recoger las plantas medicinales y Angelique había regresado a La Fábrica herida. En definitiva, el viaje de exploración había sido un fiasco.

Marianne estacionó la Chevrolet Silverada en la explanada de entrada del edificio y solo entonces se permitió respirar hondo y tranquilizarse. Al final, se podía decir que no había pasado a mayores: el fuego no las había alcanzado y ambas estaban vivas.
Ya sé que no crees que sea nada grave y que puedes sola —dijo volviendo la vista a su acompañante con cierta curiosidad, había aprendido mucho de Pipper esa tarde— pero de todas formas te acompaño hasta la enfermería, si no te importa —la miró convencida de sí misma y el azul de sus ojos brilló por su seguridad. La de Boston tenía eso, ya desde chica era bien cabeza dura y hacerla cambiar de parecer era todo una batalla perdida.

Marianne se relamió los labios; tenía la boca seca después de la aventura y las horas de manejo. Cuando salió del coche el sol empezaba a bajar para esconderse y a penas si unos pocos cohabitantes salieron a ver quién era que había llegado. Al parecer las médicas no eran las únicas que habían salido esa mañana. Richard no estaba en la entrada, y aunque se fijó a ver si lo veía en la torre de vigilancia, no pudo ver más que a Jonas que miraba al frente. La bostoniana volvió la vista a Pipper.
—¿Estás segura de que estás bien? —preguntó, pero no se refería a la herida específicamente—. Por cierto, creo que aún quedaban inyecciones la última vez que hice el recuento... —y empezó a andar hacia el dispensario.

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En un comienzo la herida ni la sentía; tenía cosas más importantes de las cuales preocuparse como salir vivas de aquel incendio, que lastimosamente consumiría mucho porque tendría que apagarse por sí solo. Mas ahora, el dolor en la herida parecía ligeramente importante, y sí necesitaba ser revisada. Al bajarse del auto sonrió al ver el trailer... Al menos se habían logrado quedar con ello.

Miró a Marianne aún presionando su herida con la mano derecha y parte de la camisa. Allá estaba destrozada una buena camisa de Leon... Debía recordar buscarle ropa la próxima vez que salieran. Asintió a las palabras de Marianne y en realidad prefirió ceder a ella. -Sí podría sola, o hasta podría ir a molestar a Jean y sé que me atendería, pero si tú me atiendes tampoco voy a poner peros, prefiero que otro me haga la sutura para que quede bien y quede la menor marca posible. - admitió. No es que tenga problemas con las cicatrices, es que tenia problemas con las cicatrices que quedan por hacer suturas a los golpes, en serio... Las odiaba.

Pipper notó la mirada de Marianne en busca de alguien... De alguien que ya ella había notado en los días anteriores de quien se trataba. Escuchó su pregunta y suspiró mientras echaban a andar. - Estoy bien, el susto se me terminará de pasar cuando abrace fuerte a Michael y me acurruque con Rocky y Salem. - Su tono era ligero y lleno de cariño hacia sus tres machitos. En la fábrica muchos pensaban que Michael es su hijo. Incluso una vez la señora Maria le formó una buena al niño por entrar a la cocina llamando a Pipper, y según la señora era una falta de respeto llamar a su madre por su nombre y no decirle mamá. No le dio tiempo a ninguno de los dos de explicarle que él de hecho no es su hijo, aunque lo tratara como tal.

-Quizás tú deberías hacer lo mismo con tu novio ¿no? - le sugirió mirándola de reojo y esperando su reacción. - Para mí es la mejor forma de dejar ir el miedo, con un buen abrazo. - La sonrisa de nuevo adornaba su cara como es costumbre y empujó suave la puerta de la enfermería al llegar. - No voy a decirte como hacer tu trabajo, pero si luego de limpiarme pasas un imán por encima te aseguras que no queden trozos de óxido. - Se lo estaba diciendo con ese tono de complicidad profesional que muchas veces se da entre doctores. - Cuando Leon se entere que no te extrañe si viene corriendo y casi tumba la puerta, la última vez que pasó algo así, llegó al hospital vestido de Hamilton porque nada más acabar la obra salió corriendo. Por suerte Jean y yo estábamos atendiendo a Michael y sólo tenía un esguince. - Aquel día era una marea de recuerdos agridulces y cómicos, pero ya solo quedaba recordarlo con cariño.


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Marianne le devolvió una sonrisa a su acompañante y asintió una sola vez decidida. Siendo que era una herida poco profunda y limpia, sería todo bastante más fácil. No tenía problemas para ese tipo de intervenciones; sus manos habían sanado bien después de las torturas. Era la finura quirúrgica que le había representado antes lo que había perdido. La razón por la que ahora, en verdad, prefería salir fuera con Pickton a buscar cosas que quedarse en un consultorio médico. Si lo hacía era simplemente por su naturaleza protectora y facilitadora.
Bien —dijo nada más, antes de salir del coche.

Sonrió cuando escuchó sobre Michael. Sabía de quién se trataba, pero igual que con Pipper la bostoniana no había tenido contacto con el niño, tampoco con el padre.
Michael es el niño que anda detrás tuyo, ¿verdad? —se quedó pensativa y recordó— que le gustan las galletas. Sí, claro. ¿Es tu hijo? —preguntó volviendo la vista a ella. Tristemente ya no tenía ni que esforzarse por no pensar en la familia que había perdido, en vez solo pensó en que Pickton estaría dentro del edificio, así que se dirigió hacía la enfermería, siguiendola. —Es un buen plan —confesó convencida de ello. A veces estaba bien relajarse, en muchas ocasiones era necesario.

Se fijó rápida en Pipper cuando habló de su novio y sonrió divertida porque, en verdad, nunca se habían dicho nada. Un día había ocurrido y listo; había sido tan natural después de tanto tiempo juntos que en realidad ninguno es capaz de recordar cómo y cuando comenzó lo que tenían.
Eran, simplemente, Marianne y Pickton. Un único par. Así que no pudo hacer otra cosa más que darle la razón con un efusivo sentimiento de cabeza y un brillo bromista en su mirada.
No voy solamente a acurrucarme, ¿sabes? —dijo, con un brillo cómplice.

La enfermería era simplemente un cubículo grande con todo lo que habían recolectado en el último tiempo, incluyendo el carrito que habían conseguido con Gilbert.
¿Tienes un imán? —le preguntó al escucharla mientras buscaba entre los cajones lo necesario para suturarle el corte del brazo, no sin antes desinfectarla. Se lavó las manos como debía y se dispuso a limpiarle la herida mientras escuchaba a Pipper. León... casi no lo conocía, no más que como el padre de Michael. Sí a Jean— Que la tumbe si es lo que quiere, siempre y cuando tenga la voluntad de volver a encajarla. A la puerta, digo ¿Siguen juntos desde antes de todo esto? —preguntó, convencida de que era así.

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La aceptación por parte de su colega mantuvo en su rostro esa sonrisa suave que marcaba lo bien que estaba todo. Aún cuando su brazo laserado y sangrante aparentara lo contrario. El comentario causó una mueca de diversión en su rostro, aquello de "el niño que anda detrás tuyo", causó que su mente le diera una rápida imagen de Michael como si fuera Salem. Divertido en verdad.

-Le gustan no... Le encantan las galletas, uno de estos días voy a tener que hacerle un lavado estomacal por ellas. - Mientras hablaba no pudo evitar reír suavemente por aquello. - Pero no, Michael no es mi hijo. Es complicado, en realidad es el hijo de Leon con su ex esposa. - Existía una historia bastante larga y más complicada detrás de lo que contó pero para ella aquella situación se convirtió en algo normal, la historia de los dos era un tanto turbia en ovaciones y con altibajos. Pero aún así... adoraba a aquel hombre con total locura y a su hijo también.

No pudo evitarlo... Y probablemente es algo que jamás podrá evitar. Sonrojarse cuando se hacen insinuaciones a temas sexuales o cuando directamente se habla de él. Esa será para siempre su maldición. Jamás se ha debido a tabús o algo por el estilo, y mucho menos a falta o miedo de su propia sexualidad; fue y será siempre un reflejo natural. Una risita nerviosa se escapó de sus labios mientras sus mejillas se coloreaban. - Eso sí que podrá regresarte la tranquilidad. - El nuevo comentario de su parte, regresó a ella recuerdos recientes de Leon y ella... Recuerdos... No aptos para menores. Mismos recuerdos que solo contribuyeron a aumentar el sonrojo que ya lucía en su rostro.

Negó con suavidad por la pregunta del imán. Más tarde recordaría meter uno en el botiquín; aunque significara robarselo a la señora Maria de las piezas del refrigerador. Se sentó en un taburete cerca de la pequeña mesa que allí se encontraba para dejarle un espacio cómodo para trabajar en su brazo. Mientras Marianne se listaba Pipper retiraba la camisa de la herida y mantenía la presión con sus dedos.

Suspiró justo a una pequeña risa con el comentario de la puerta. Él lo haría... O ella lo obligaría. Al escuchar su pregunta y casi afirmación negó suave mientras hacía un divertido mohín con la nariz. - La verdad es más complicada que eso... Leon y yo nos reencontramos hace unos meses. Unos dos o tres meses en realidad. Pero nos conocemos desde que teníamos ocho años. Y fuimos novios en la secundaria antes de que me fuera a estudiar medicina. - Y la historia era más larga, allí... Solo comenzaba lo lindo. Dejaría en los siguientes momentos trabajar a la mujer en su herida y tampoco es que se negaría a responder cualquier pregunta que le hiciera sobre Leon y ella, pero no quería soltar información su colega no quisiera escuchar.


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Marianne estiró una sonrisa ladeada al escuchar a Pipper hablar sobre el pequeño Micheal. A la médica herida se le notaba que lo amaba, y no por lo que decía sino por la forma en que su rostro se iluminaba al hablar sobre él. Sin querer especular ni preguntar por algo que tal vez no quisiera dar detalles, la de Boston simplemente asintió varias veces al escucharla. Había aprendido a no inmiscuirse en la vida de los demás simplemente porque detestaba que lo hicieran en la suya.

Ajá, ya veo. Supongo que cada familia es un mundo distinto, ¿no? —preguntó mirándola sin darle mucha importancia, como para aligerar el tono de conversación. Todas la familias eran complicadas y mucho más aún las ensambladas. Nadie estaba exento a las excentricidades de lo que la unión de la sangre podía significar. Se preguntó por su hija, pero era incapaz de decir su nombre. ¿qué clase de peligros podría conllevar aquello? En vez de quedarse pensando, volvió a concentrarse en Pipper y la herida que tenía en el brazo. Y como Marianne había sido desde siempre muy observadora, fue imposible que pasara por alto que el comentario sobre Richard le había encendido el rostro a su compañera. Marianne esbozó una media sonrisa divertida que intentó disimular, mordisqueandose la cara interna de la mejilla izquierda.

Estaba limpiándole la herida con solución fisiológica para prepararla antes de la sutura, cuando la historia que había comenzado a contar empezaba a ponerse interesante. Marianne se encontró dejando de limpiarle la herida para escucharla divertida por lo que acababa de confesar.
¡No me lo puedo creer! —dijo volviendo a su tarea—. Aclarame una cosa. Cuando te fuiste a estudiar... dejaron de verse... ¿hasta el reencuentro hace dos/tres meses? —preguntó ligeramente confundida pero muy, definitivamente muy, intrigada.

Por primera vez en mucho tiempo Marianne vivió la liviandad del refugio como algo bueno. No estar preocupada por la seguridad de sus acompañantes, de forma constante, y permitirse la preocupación y el interés por trivialidades era relajante; más aún teniendo en cuenta el día que habían tenido. Por eso también se moría por ir a buscar a Richard y quedarse con él lo que quedaba del día.

La bostoniana hiló una aguja de sutura esterilizada y se acercó a Pipper.
Solo te dolerá un poco —dijo haciendo burla a los propios médicos, y ya con los guantes puestos atravesó por primera vez la piel de la mujer. Y lo hizo otra y otra vez.

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Su compañera tenía razón... Cada familia es un mundo y cada una de ellas tienen su particularidad. En el caso de ellos... Era ese ir y venir en medio de una tormenta que no terminaba de explotar jamás, únicamente porque Pipper es demasiado buena. La normalidad que le estaba dando aquella charla la reconfortaba y nutria en muchos aspectos, era casi como si el mundo fuera de aquellas paredes no estuviera sumido en el caos más absoluto. En su vida Pips no puede negarse de estar sola, pero tampoco fue una mujer de muchos amigos; por el contrario era de tener pocos amigos pero muy buenos, y salvo por unos pocos que quedan de su vida pasada en La Fábrica estaba conociendo a los mejores de todos.

Estaba más concentrada en la charla que en su herida, y la solución no le molestaba ni en lo más mínimo pero si notó cuando Marianne se detuvo y soltó una ligera risa al escucharla para negar. - Oh no, casi pero no. - Suspiró antes de reír de nuevo. - Como te decía... Es una historia complicada, te la voy a contar, pero debes creerme cuando te digo que no es sacada de ninguna telenovela. - Aquel comentario venia de una de las conversaciones que ha tenido con Leon sobre aquello y han terminado los dos riendo.

Soltó un pequeño quejido con la primera puntada, porque por estar riendo no se la esperaba, pero las demás solo las ignoró. - Ajá, como te dije, Leon y yo nos conocimos a mis ocho años, cuando me mudé de DC a NY. Y ambos conocimos a Thilda a nuestros once años cuando ella llegó al colegio. Leon y yo comenzamos a ser novios desde los trece años, y mis padres lo adoraban tanto... Que papá fue quien le enseñó a manejar y estoy segura que en su testamento le hubiera dejado el auto si hubiera hecho uno. Leon, Thilda y yo éramos los mejores amigos, desde que nos conocimos, pero Leon y yo siempre tuvimos algo especial. Cuando cumplí mis dieciocho gané una beca para Harvard y no podía perderla, así que Leon y yo decidimos terminar aunque aún nos amabamos. Para mi tercer año en la carrera me enteré que Leon estaba esperando un hijo, pero no sabía con quien. Yo no pude regresar a NY en mis veranos anteriores por los estudios y porque mis padres regresaron a DC y ya cuando me enteré de lo de Leon... No valía la pena regresar. Unos nueve años más tarde ya estaba trabajando en un hospital en NY junto a Jean, y un día llega Thilda de emergencia con su hijo que se había caído de un árbol. Jean y yo lo revisamos, le puse una férula y todo bien. Me alegré mucho al volver a verla. Cuando ya habíamos terminado llegó Leon aún vestido de Hamilton buscando a Michael que había entrado por emergencias. Pues... Resulta que el hijo de Thilda es Michael, también hijo de Leon. Me enteré ese día quien era la madre del hijo de Leon... Y honestamente me devastó. Thilda ya tenía mi número pero pasamos un año más sin vernos o hablar, por la tensión y la pena supongo, aunque Leon me invitó a su obra y de hecho fui con Jean. - Al recordar aquel pequeño detalle negó más que divertida... Oh que cosas se hacen a veces por despecho.

-Después de que el virus brotó nos encontramos por puras cosas del destino en Mayo quizás... En primavera. Y simplemente... Volvimos a estar juntos. Yo no le guardo rencor a ninguno de los dos, solo... Me hubiera gustado que me contaran que pasaba entre ellos, y no solo dejaran de enviarme cartas. - Para cuando terminó la historia miró a Marianne para segurarse de que seguía despierta y no la había aburrido con tanto.


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Marianne escuchó atenta a la historia que su compañera le contaba. Con las pertinentes muecas frente a cada episodio, la bostoniana siguió con lujo de detalles las explicaciones y también las propias muecas de la que contaba, como buscando indicios que hablaran más allá de las palabras.
Al final, había terminado de suturarle la herida casi en sincronización con la historia. Se quedó los primeros segundos y prolongó un silencio ameno sin ninguna doble intención de nada.

No quiero decepcionarte, Pipper, pero tu vida es más bien un drama Shakesperiano que una telenovela —le cedió una mirada un poco preocupada y cariñosa: todos sabían cómo terminaban las obras de Shakespeare— Es casi increíble que se hayan encontrado, pero yo soy mucho más rencorosa que tú, creo, y eso que no lo soy tanto...—comentó pensativa—. Aunque no soy nadie para opinar sobre tus elecciones, lo único que voy a decirte es... ¡Que me gustó el detalle de que fueras con Jean a la obra! ¡A eso me refiero! Bien por ti. —Soltó por fin una suave risilla— disculpa, ¿sí? Pero... ¿soy muy entrometida si te pregunto qué sucedió con Thilda? —sí, Marianne, tendrían que haberle dicho. Lo eres. En el fondo (se daría cuenta después), ya lo había comprendido: qué había sucedido y lo entrometida que era. Marianne tenía eso. Era muy observadora y detallista, pero a veces, solo a veces, le costaba diferenciar algún que otro límite.

Cortó el hilo de la sutura y se fijó en ella con la intención de que quedase lo menos grotesco posible, pero el hilo negro y grueso nunca ayudaba a pasar desapercibido nada.

Suena a que de verdad lo quieres —estaba, todavía, pensando en la historia. Intentó ponerse en el lugar de Pipper antes de juzgarla. Al fin y al cabo, Marianne había terminado enamorándose del mejor amigo de su esposo y se había convertido en su único cable a tierra. La de Boston había encontrado en él a un amigo que la conocía mejor que nadie, saberse vivos era un empujón para mantenerse con vida, unidos en la necesidad para soportar el gran cambio. La nueva gran guerra. Se habían convertido en una única unidad, eran Marianne y Pickton mucho antes de serlo carnalmente. Era tan solo natural que sucediera— A León, pero claro, también a Michael. El pequeño necesitará a alguien además de su padre en este momento. Se nota que se entienden bien y me imagino que haber llegado aquí es una tranquilidad para todos. La estabilidad de un asentamiento—y le sonrió de medio lado.

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Al escuchar la mención a Shakespeare no pudo hacer más que reír, pero reír de verdad. Dormía con un actor... Y fue su novia durante sus primeros años de formación... Y no podía negarle a Marianne aquello, era una verdad absoluta, solo esperaba que no terminaran ambos muertos y Michael solo en medio de aquel horrible mundo. - Oh, tienes tanta razón. - Soltó aún entre risas. - Duermo con un actor, no tengo como contradecirte eso. - admitió mientras miraba su brazos y sonreía suave; cuando se quitaran los puntos quedaria mucho mejor.

Suspiró y apretó suave su mano en un gesto cariñoso. -¿Cómo puedo guardarle rencor a dos personas que amo y solo porque fueron felices? -Aquella pregunta respondía de muchas formas su forma de pensar y sentir sobre aquello aunque aún guardaba un pequeño secreto sobre ello, solo para no ensuciar la memoria de Thilda. Río con ella de nuevo a lo de Jean, eso tenía tela atrás. - En realidad esa noche... La del teatro... Jean y yo terminamos enrollandonos y creo que sino fuera por el apocalipsis podríamos haber terminado juntos. - Aquel pensamiento se cruzó en su mente días atrás mientras hablaba con su viejo amigo de aquello.

Cuando preguntó por Thilda, solo pudo suspirar y sonreírle algo triste. - Murió... Al comienzo del brote, la mordieron y Leon tuvo que terminar con ella, por lo que me dijo Michael, casi lo muerde a él. - Movió suave sus manos para asentir ante su conjetura sobre querer a Leon. -Si que lo quiero; aunque nunca se lo diré yo prometo; para mí es difícil dejar de querer a la gente. Y aún más por cosas que a la larga... Se puede pensar que fueron mi culpa, yo decidí irme, y no podía pretender que él me esperara toda la vida. Y sobre Michael... Adoro a ese niño, no es mi hijo pero como si lo fuera, y yo podía seguir de un lugar a otro, pero Micky necesitaba estabilidad y seguridad luego de todo. Y su sonrisa cada mañana me hace feliz. Así que no importa que pase, para mi, ahora todo está bien. - Pipper no sabe que tiene la gente de ese lugar que le transmite tanta confianza y hasta ganas de hablar. No es que ella sea el ser más callado del mundo, pero no suele contar cosas con tanta facilidad a las personas.


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Marianne no supo qué responderle a su compañera cuando habló de rencor. Desde luego que se hacía aún más difícil tenerle rencor a una amiga muerta. Por eso apretó los labios en un gesto dubitativo y terminó encogiendo los hombros. No es que el rencor fuera algo muy premeditado tampoco, ni que ella fuera terminantemente rencorosa, sino que en realidad...

No, tienes razón, de hecho... me expresé mal —dijo retractándose— No sería capaz de atentar contra la felicidad de nadie. Quiero decir que, aparentemente, soy bastante más orgullosa. Pero, hey, el fin del mundo es caótico. Y reencontrarnos con gente del pasado es más que reconfortante, de eso no hay dudas. No sé si sabías, pero Richard era el sargento del pelotón al que yo asistía hace años —se quedó en silencio porque volvió a pensarse a sí misma en los zapatos de Pipper, sin subjetividades. Le hervía la sangre de solo pensarse en ese hospital, encontrándose con León de esa manera. Pero en su imaginación, León no era León y tampoco era Richard. Tal vez fuera porque se situaba en el pasado, pero el rostro que se dibujaba en su mente era el de quien alguna vez fuera su esposo, y cargaba a una niña que debería haber sido suya. Marianne, terca como ella sola, se apresuró por salir de aquel ensueño.
¿Sabes? Antes de todo esto, ¡jamás hubiera pensando que estaríamos juntos! —dijo en un momento de debilidad tras aquel pensamiento— Con Richard, quiero decir.—con una risa final descontracturó el ambiente y retomó las preguntas—. Pero, Pipper. ¿Estás diciéndome que estás aquí con León y ahora está también Jean, tu potencial algo antes de que todo sucediera? ¡No puede ser! —y la risa, que aún no la había abandonado, volvió a florecer.

La bostoniana había empezado a acomodar las cosas mientras hablaba con la castaña. La verdad, tras todo el movimiento y la aventura, estaba empezando a darle hambre. Prefirió dejar los temas que parecían más delicados a un lado y terminó todo quitándose los guantes y volvió la vista a Pipper entre alarmada y confundida.
¡No! Eso sí que no, Pipper. Tu culpa, nada. Te fuiste y él fue libre de estar con quien quería, sí. No se los detalles, pero de culpa, nada. Estuvieron mal en no decirte y basta. Sin rencores. —aclaró lo último con un retintín divertido— Y me imagino que Michael tardará en sacarse la imagen de su madre convertida en esos seres sin conciencia, pero con el gran labor que están haciendo, podrá dejarlo atrás sin tener que olvidarla por completo. —sin más, y evitando que le toque el turno de devolver los cuentos con unos propios, propuso:

No sé tú, pero después de nuestra pequeña aventura me ha entrado un hambre terrible. ¿Crees que la señora María tenga algo preparado que podamos... tomar prestado? —su rostro había adquirido un gesto ligeramente travieso, como una adolescente que está a punto de llevarse una botella de vodka de un supermercado chino.

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Solo por aligerar el ambiente alzó sus cejas divertida y traviesa para todo responderle. - Vaya... Saliendo con el jefe... Que fuerte Marianne. - seguido a ello le soltó una pequeña risita para hacerle saber que bromeaba y que todo estaba bien, que de hecho comprendía bastante bien sus comentarios y tenia ningún problema con nada de eso. Rió de nuevo ante su comentario sobre Richard y asintiendo le dijo. - Yo no pensé volver a besar a Leon en mi vida... Y bueno. - Su encogimiento de hombros era un claro... "Estoy haciendo más cosas".

El rubor atacó su rostro de nuevo, pero no pudo evitar reír con ella mientras asentía y se agarraba el estómago por la risa. Que buen rato estaba pasando con ella, se sentía como si fueran amigas de toda la vida que se ponen al día luego de algunos días sin verse. - Te puedes imaginar mi cara cuando me di cuenta de eso, porque encima no pude evitar correr a abrazar Jean, y hubo un movimiento raro y casi nos besamos, pero se evitó la catástrofe; lo que me falta es que aparezca Stein por arte de magia y allí si que me trague la tierra. - Solo de imaginarse en aquella situación se sentía morir, y no porque tuviera algún problema decidiendo por alguien. No. Esa decisión estaba tomada y Leon era el ganador por mucho, pero igual le parecía algo sumamente incómodo; sin embargo Jean y ella eran buenos amigos, unos muy buenos en realidad y los dos estaban bien con ello.

Las palabras de Marianne la hicieron levantarse y sin preguntarse si le molestaría o no le dio y cálido abrazo; un abrazo de gracias, un abrazo de esos que dicen más que palabras. La miró con una sonrisa y asintió de inmediato ante la sugerencia. - Todos acaban de cenar, así que estoy segura que si debe quedar algo, si vamos sutilmente seguro ni nos escucha, le gusta acostarse temprano. - Con aquello dicho casi como plan, abrió la puerta para ir directa a la cocina junto a Marianne.

Buscando ser rápida, tomó uno de los Tupperware de la señora María y sirvió en el dos grandes porciones de ensalada y en otro un revuelto de huevos y verduras que olía divino. Le dio los Tupper a Marianne antes de rebuscar y conseguir una botella de Whisky y sonreírle a Mary. - Nos lo merecemos luego de la aventura de hoy. - Le dijo pícara mientras tomaba dos vasos.


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Se encaminó entonces detrás de Pips. Ya estaba imaginándose un buen platazo de la cosecha de Marcus ¡Las mejores verduras que había probado en años! Además, parecía que las gallinas habían dado sus huevos. Siempre había optado por una comida mucho más natural frente a la industrial y procesada. Por eso, a pesar de que las opciones de menú se habían acotado , Marianne disfrutaba de los alimentos frescos y recién cosechados, libres de agroquímicos y demás venenos.

A juzgar por los platos que repartía su compañera, la señora María se había pasado con la cantidad de comida. Pero no era la primera vez que sucedía, ni tampoco sería la última.

Marianne se río ligeramente entre dientes y con un salto se saltó sobre la mesada de la cocina, acomodándose y agarrando el tupper que había recibido. Con el tenedor en la mano, clavó un par de veces sobre la ensalada y se llevó todo a la boca. Solo después del primer bocado, volvió a retomar la conversación.
¡Mmmm! Esto está buenísimo. Bueno, espera. A ver ¿Dónde estábamos? ¡Ah, sí! Stein. Stein... ¿Quién rayos es Stein? —a él sí que no lo conocía. Marianne se llevó a la boca otra vez el tenedor y se percató, entonces, de la botella de whisky que Pipper había traído. La médica abrió bien grandes los ojos y alzó ambas cejas a modo de sorpresa.  Por un momento olvidó la ensalada e incluso los huevos revueltos que había pinchado.
¡No jodas! ¿De dónde lo sacaste? A ver, dámelo. Déjame verlo... —dijo estirando un brazo para que se lo pasara.

La etiqueta estaba tan gastada que no llegaba a reconocer la marca, pero por donde se encontraban y el color ligeramente más oscuro y acaramelado (más que el escocés), adivinó que se trataba de bourbon.

Con un movimiento de su muñeca abrió la botella y el click del sellado de seguridad quebrándose le supo tan placentero como un trago. No es que fuera muy dada a la bebida, ni mucho menos, pero no podía recordar la última vez que había bebido alcohol. Menos aún un buen whisky. La botella parecía fina, buena. Marianne ayudó a la castaña, y sirvió tres dedos de whisky en ambos vasos.
Por el trailer. Que no te quede cicatriz. ¡Y porque... porque estamos aquí! —alzó el vaso para un brindis pero acabó riéndose demasiado; se tapó la boca con la mano libre para que la Señora María (ni nadie, en realidad) las escuchara. Una vez calmó su risa, bebió un generoso trago para completar el ritual.

Sintió el whisky escociendole la garganta, pero sucedía algo mucho más importante en su cabeza. Marianne había pasado tanto tiempo a solas con Richard que había olvidado lo que se sentía una noche amena entre mujeres.

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No dudó ni un solo segundo en tomar un tenedor y echarle diente a la deliciosa comida que preparó la señora Maria. Desde que tenia conciencia sus padres siempre se preocuparon el enseñarle a comer con ingredientes frescos y preferiblemente orgánicos, de hecho su madre cosechaba alguna que otra cosa solo para que fuera más sana, aunque jamás dejaron de comer carnes o demás. Sin embargo en el tiempo que vivió sola en Cambridge también se acostumbró a comer comida chatarra por salir del paso y ganar tiempo para estudiar; y ya sin mencionar los años en los cuales en medio del apocalipsis comía lo que encontraba y nada más. Pero ahora que podía disfrutar a diario de comida deliciosa y sana, agradecía a todo lo bueno que pudiera quedar en el universo por aquello.

Asintió sobre la comida para seguir atacandola antes de detenerse para tragar y reír, antes de poder responderle. - Stein, que en realidad se llama Steinslav es mi ex. Un marine, nos conocimos mientras prestaba servicio en Irak y bueno... Comenzamos a salir. - Se echó a reír sonoramente ante la sorpresa de Mary para darle la botella a gusto mientras le señalaba el armario donde la señora Maria tenía por costumbre esconder el licor.

-Lo pone abajo y al fondo, dentro de bolsas de frijoles ya vacías para que no se note. Según ella para evitar que todos en este lugar terminen como una cuba, pero le fallaron los cálculos, no hay suficiente para que todos lleguemos a ese estado. - Se encogió de hombros divertida mientras ponia dos vasos para tomar junto a ella. Una vez Marianne sirvió los vasos, tomó el suyo para brindar y reír junto a la cual estaba segura era su nueva amiga. - Y porque tengamos una buena noche. - Con su sonrojo y su mirada divertida le dijo a que se refería sin necesidad de nada más.

Tomó un trago corto para probarlo y luego uno más largo para realmente saborearlo. Estaba muy bueno, y su garganta ardía por ello. Pipper jamás ha sido una mujer de beber, ni siquiera bebia demasiado en fiestas del trabajo o en la universidad, aunque de joven si tiene una que otra anécdota subida de tono que involucran licor y a Leon. Pero muy a pesar de todo aquello, siempre ha disfrutado de un buen trago y buena compañía; por suerte en aquel momento contaba con las dos.

-Hablando del trailer, vamos a revisarlo, no tenemos ni idea de quien tiene dentro. - Le instó antes de bajar el vaso para devorar un poco más de la exquisita comida.


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La señora María tenía un don para las comidas. Aunque fuese siquiera una ensalada básica y sencilla, la cocinera de La Fábrica se ganaba el cielo a cada uno de sus platos. Marianne disfrutó especialmente de un bocado bien distribuido y dejó el tenedor sobre la ensaladera que compartía junto a Pipper.
No podía recordar la última vez que se había visto envuelta en semejante situación tan antiguamente cotidana, pues lo que ocurría le recordaba mucho a aquellas largas noches de guardia en las que se quedaba junto a algún colega en sus años de estudiante.
Había olvidado un poco de qué se trataba todo eso, de la ligereza de la vida, de no estar constantemente mirando tras sus espaldas, o manteniendo un ojo en vilo por las dudas. La Fábrica estaba devolviéndole la vida poco a poco, y le sabía como una nueva oportunidad de ser ella misma una vez más. O al menos lo que durase ese tentempié tardío del que tanto disfrutaba con una de las mejores compañías hasta el momento.

Stein, ex novio. León ex y actual pareja. Jean... lo que pudo ser —aprovechando que tenía las manos desocupadas, simuló anotar en una libretita imaginaria aquel repaso de nombres con una mirada pícara y divertida— Todo apuntado, prometo no equivocarme ni meterte en líos apesar de todo este embrollo que tú misma creaste —se burló sumamente entretenida con los amores y desamores de Pipper Hoffman.

Novelesco, eso era. Y aunque su propia vida podría ser también alimento de dramas literarios, prefirió dejar pasar el aire. A pesar de que no hubieran entablado una relación tan cercana antes de la misión, la mayoría de los miembros conocía la animosidad de Marianne para hablar de su pasado abiertamente.

Pero además de la lista amorosa de Pipper, apuntó mentalmente el escondite del licor. Claro que después de descubrir que le faltase alguna botella, la señora María probablemente cambiase de lugar el refugio tras haber puesto el grito en el cielo. Era una reconocida exagerada.
¡Salud! —dijo, antes de chocar finamente los vasos.

Recargada sobre sus codos en la mesada, la de Boston se alzó al escuchar la idea de Pipper. Sí que se tragó lo que quedaba del vaso en un movimiento rápido y mecánico, casi como necesitando el alcohol después de haberlo probado la primera vez. El escozor en su garganta la obligó a carraspear y tras haber comido un poco más,  guardó lo que quedaba de la ensalada en el refrigerador y recogió lo poco que habían ensuciado para darle una rápida lavada. Se la veía interesadísima por lo que habría dentro de su nueva adquisición.

Esta vez solo se hizo con la botella y con un movimiento de mano instó a Pipper para descubrir qué era lo que habían traído dentro del refugio. Los pasillos de La Fábrica estaban mayoritariamente en silencio, pero un haz de luz se coló por los oscuros pasillos de pronto, y aunque Marianne no pudo descubrir quién era el responsable, imaginó que muy probablemente se trataría de Max. Por lo poco que lo conocía sabía que era un lobo solitario al que bastante le costaba hacerse un hueco en un grupo, más por su gusto a la soledad que por otra cosa. La médica caminó junto a su compañera, botella en mano, haciendo ademanes entre risas adolescentes y sinceras, no sin haber pedido silencio tras algún que otro ruido.
Oye Pips, ¿no crees que tendríamos que haberlo revisado antes de meterlo dentro de La Fábrica? Al trailer, digo... — susurró justo antes de salir a la explanada. Siendo sincera, no es que dentro podría haber una gran horda de caminantes al mejor estilo caballo de Troya, pero sí tendrían que tener cuidado al abrirlo por primera vez. Con los muertos levantándose al mejor estilo Hollywood era muy posible que a pesar de no haber escuchado nada en lo que fuera el trayecto de vuelta, al abrir la puerta del trailer quién sabría qué habría dentro.

Un nuevo haz de luz la alumbró desde la torre de vigilancia al salir. Con la mano libre en forma de visera sobre la frente, alzó la mirada en busca del responsable. Era Jonas, que estaba aún de guardia y, seguramente, esperaba el relevo para ir a descansar.

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Como siguiera riéndose al ritmo que iba le dolería el estómago y encima despertaría a todo el mundo. Estaba roja y no solo de la vergüenza por los comentarios de Marianne, también por la risa. La última vez que había reído tanto, fue cierta noche de... Reconciliación con Leon. Al recordar aquello su cara se encendió aún más; la tapó con sus manos para agitarla suavemente de lado a lado, buscando de esa forma dejar ir su vergüenza. -Hey, hey. - Replicó al quitarse las manos de la cara. - Yo no hice nada, las cosas solo pasaron, esas cosas solo pasan. ¿Verdad? - Su tono era algo dudoso pero aún se notaba divertida con todo aquello. Entre la bebida y las risas terminaron de comer y ayudó a Marianne con sus propios platos, dejando todo listo y ocultando una botella vacía donde estaba la anterior que ahora se llevaba. Se encogió de hombros antes de mirar a Marianne. - Así tarda más en darse cuenta. - Dicho se salió con su amiga, si así la considera ahora.

Los pasillos de la fábrica estaban oscuros y solitarios, sin embargo lucían en calma, nada lúgubres... O no del todo. Unas pocas luces de veían a través de las rendillas de las puertas pero todos parecían dormir. Se mordió el labio algo nerviosa y asintió suavemente, pero en aquellos momentos tampoco era una opción eso de pararse a revisar. - Si, pero bueno tampoco era una opción pararnos y revisar a mitad de un incendio forestal, así que todo estará bien, creo. Igual las dos estamos armadas, y Jonas puede ayudarnos desde la torre. - Le dijo señalandolo con la mano mientras entraban. Se acercó rápido al trailer y se puso junto a la puerta. - Yo abro y tu estas atenta. - Le hizo señas a Jonas para que las ayudara. - A la de tres. - Le avisó a Mary mientras desenfundaba su espada y comenzaba a contar. - Uno. - Espada el alto y atenta. - Dos. - Mano apretando el mango para abrirlo. - Y tres.- Suena un chasqueo y Pipper hala la puerta para luego empujarla con la mano. Rápidamente un caminante vestido de payaso sale directo a Marianne, y Pipper en una reacción rápida mueve la espada clavándosela en el cráneo desde la parte de atrás de la cabeza, causando que caiga inerte de inmediato. - ¿Estás bien? - Le pregunta de ipso facto poniéndose a su lado, pero detrás del payaso venían dos caminantes más. - Parece que tenemos fiesta. - Le indicó mientras alzaba de nuevo su espada preparándose para atacar.

Una vez los muertos estuvieron neutralizados Pipper se dispuso a entrar con Mary al trailer, pero un pequeño objeto de metal brillando en el suelo del trailer, justo en la entrada llamó su atención. Al alzarlo se echó a reír de nuevo. - Oh dios, no puedo recordar cuando fue la última vez que utilicé esto. - Dijo mostrándole el labial a Marianne y esperando a que ella subiera.


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Marianne miró a Pipper con una carcajada incipiente escondida detrás de una sonrisa temblorosa a punto de estallar. Dentro suyo tenía la sensación de que por fin las cosas empezaban a acomodarse después de todo por lo que había pasado. Y aunque era cierto que había perdido mucho antes del brote, haciendo el recuento había conseguido otro tanto también.
La médica ansió que esa sensación de plenitud no desapareciera, pero algo adentro suyo la mantenía aún en vilo como todas esas noches en las que había pasado (junto a Richard) a la intemperie. Y es que al final la vida le había enseñado que, cuando todo parece ir bien... es porque en algún momento se torcerá de nuevo. Con un movimiento de su cabeza intentó despejarse de todos esos fantasmas que se aferraban a su alma con furia y procuró estar simplemente ahí. Junto a Pipper. Y no en el oscuro abismo del que intentaba escapar cada día.

Para escapar de sus garras, Marianne soltó por fin la carcajada llenándose de la alegría que en ese momento amenizaba el fin del mundo.

Sí, pero no pretenderás que recuerde todo tan fácil, ¿eh? —la miró divertida. Iba a recordarlo así de fácil, pero no por eso iba a dejar de picarla aunque fuera un poco.

¡Qué oscuro y triste había sido el mundo sin amigos!

Tras el tentempié nocturno, ambas mujeres se encaminaron para descubrir qué había dentro del trailer y desde la altura de la torre de vigilancia Jonas supervisaba lo que estaba apunto de ocurrir. Marianne asintió una vez al conteo de su compañera para darle su consentimiento pero, justo antes de poder reaccionar tras la apertura, un muerto se acercó con rapidez y hambre hasta ella. Si no fuera por Pipper, las cosas podrían haber terminado muy mal.
Tuvo que respirar hondo antes de reaccionar porque el caminantes había sido abatido a unos pocos centímetros de ella—. Dios santo. Mierda, mierda... —murmuró antes de levantar la vista a ella— Gracias, en serio. —Y la hubiera abrazado pero bastó con media sonrisita nerviosa. Se había encontrado en la obligación de asentir rápido: dos más de esos muertos se encaminaban hacia ambas.

En su cabeza escuchó la voz de Pickton, exigiéndole. Nunca bajar la guardia.

Con el cuchillo en alto se acercó a uno de esos seres que vagaban en círculos y hundió el filo en su cráneo a través de la oreja. Por el estado del mismo —más bien por el buen estado de su vestimenta— y un charco de sangre fresca, entendió que el muchacho que había atacado, preso de aquel virus, no se había convertido hacía mucho.
Había sido realmente una gran imprudencia no haber revisado el tesoro que se habían encontrado. Y se sentía un poco culpable por no haberlo hecho antes. Mirando a los tres cuerpos inertes, Marianne se sentó en uno de los espacios que se amontonaban cosas y que hacían de silla, abstrayéndose en el trío abatido por un momento.

En lo efímero de la vida.

Oye, ni se te ocurra ponerte eso, que a saber quién lo ha utilizado antes que tú —dijo en alerta, poniéndose de pie y espantando algunas moscas que seguramente habían sido atraídas por el olor a muerto que había ahí dentro. Ahora que las veía...— Apesta aquí dentro. A esto habrá que darle una buena lavada antes de que salga el sol... o apestará por los siglos de los siglos...

¿Se puede saber qué están haciendo?—reprimió una voz, desde abajo del trailer. Tenía los binoculares de la torre en la mano. Era Jonas y miraba a las cuerpos con cara de horror— ¿Quuuéeeeeeeeee? ¿Están bien?

Sus ojos se posaron en ambas, más preocupado que acusatorio.

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El tener amigos es una maravilla y el tiempo que estaba pasando con Marianne lo agradecería hasta el fin de sus días. Incluso el tiempo acabando con los muertos y teniendo que oler semejante pestilencia. Realmente debieron revisar aquello antes, pero ya no podían hacer más que librarse de los muertos y seguir adelante. Agradecía de corazón el tiempo que pasó a la interperie para mejorar sus reflejos o aquel ataque pudo ser peor. Le regresó la sonrisa suave a Marianne antes de que las dos terminaran con todo aquel asunto.

A Pipper le dolió darse cuenta que el último en caer no tenía mucho tiempo de muerto, quizás aquel mismo trailer había sido su sentencia de muerte; y quien sabe, quizás los locos del camino con los cuales se toparon fueron los verdugos. Suspiró negando aunque le mostró que aún tenía el sello de seguridad. - Estaba nuevo, pero tampoco es que ahora tenga muchas ocasiones para usarlo. ¿No crees? Lo guardaré por allí, pero dudo usarlo de nuevo alguna vez. - Admitió guardandolo en su bolsillo. Hizo un gesto de dolor dado que la herida en su brazo comenzaba a resentirle; se sobó un poco entretanto le asentía a lo que estaba proponiendo. - Huele a la morgue en verano la verdad. En mis tiempos detestaba ir, pero me tocó unas veces y el olor siempre ha sido nauseabundo, por supuesto me acostumbré, pero jamás deja de molestar. - Admitió entre lo que Jonas se acercaba a ellas.

Se rascó la nuca nerviosa mientras cerraba un ojo y sonreía culpable. - Debimos revisar antes... Pero todo salió bien. - Se apuró en confirmar mirando de Marianne a Jonas. - Verás conseguimos esto, pero nos encontramos con unos bandidos y ellos incendiaron casi todo el bosque cercano a donde estábamos, por supuesto a causa de eso no pudimos revisar lo que había dentro, y estaban esos tres. Pero lo controlamos y no pasó nada. - Aunque se notaba nerviosa y poco segura, intentaba transmitir confianza para evitarse un gran regaño por lo que acababa de suceder. Aunque realmente... No llegó a suceder nada.

-Mary...si quieres voy buscando algunos productos de limpieza para ir arreglando esto, mientras terminamos... Ya sabes qué... - Miró a Jonas. - Y si eres tan amable de ayudarnos a librarnos de eso... Estaremos eternamente agradecidas. - Dicho eso salió corriendo en busca de lo ya dicho para regresar algunos minutos más tarde.


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En cambio a Marianne se le ocurrían muchas situaciones para ponerse el lápiz labial, pero no quería avergonzar más a Pipper de lo que lo había hecho ya con sus ideas para una noche con el sargento. Así que se guardó las ideas junto a una sonrisa ladina y una mirada juguetona que terminó en el suelo.
¿"Por supuesto me acostumbré"? —volvió los ojos a ella entonces, citándola, todavía un poco divertida— Perdona, yo jamás me acostumbré al olor de la morgue —se jactó recordando sus tiempos de estudiante, con una pequeña mueca en su comisura izquierda. Y sin embargo había acabado acostumbrándose al olor que emitía el soldado Hewitt, cuando lo asesinaron y dejaron pudrir frente a ella en pos de que contara secretos nacionales, en una celda en los confines del mundo.  

Increíblemente parecía que a Jonas le había gustado la idea, eso de ayudarlas en "tierra firme", pero antes de que Pipper se fuera corriendo le echó una última mirada y después se fijó en Marianne.

Estoy de guardia, lo siento. Creo que no hablo solo por mi si digo que no queremos una visita sorpresa, ¿verdad? Sé que lo harán estupendamente bien —lo último lo dijo con un ligero tono burlón al que Marianne replicó con una mueca. La bostoniana también prefería la guardia.

Dicho lo dicho, Jonas saltó del trailer y se encaminó rumbo a la torre de vigilancia, para subir y perderse en la distancia y la oscuridad. Sola, Marianne arrugó la nariz en disgusto y se agachó para agarrar a uno de los caminantes por un brazo y arrastrarlo, pero a los pocos tirones la articulación del brazo se abrió y la médica casi cayó al suelo por la fuerza que empleaba para mover al muerto.

Al volver su compañera, la de Boston se encontraba de pie en la puerta del trailer. La estaba esperando a ella, recargándose en la puerta.
Propongo que saquemos el trailer y terminemos con esto afuera. Será más fácil para lidiar con los cuerpos y quemarlos luego —propuso mirándola desde la altura que le daba el vehículo. Sin más bajó de un salto con las llaves en la mano—¿Abres tú el portón?

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Pipper se encogió de hombros divertida y sin saber que más decir con respecto a aquello de la morgue, en Harvard habían sido lo bastante poco delicados como para hacerles comer pasta mientras veían una autopsia e inmediatamente hacerlos entrar para que lidiaran con el olor, así que ella aprendió a ignorarlo y seguir adelante con sus clases. Y hay que admitir que esa habilidad le ha ayudado mucho en estos tiempos llenos de cadáveres y putrefacción ambulante.

La traumatologa regresó cargada de varios productos de limpieza y otros artículos dedicados al aseo en general, los cuales puso dentro del trailer al escuchar a Marianne. Asintió mientras le dedicaba una nueva sonrisa y miraba como las llaves tintineaban al chocar unas con otras. - Claro, me parece lo mejor, aunque debimos tener suficientes incendios por hoy ¿Eh? - El último de los comentarios salió cargado en sorna y haciendo alusión a los eventos ocurridos en el medio día.

Ayudó a Marianne a cargar los muertos de nuevo al trailer antes de cerrar la puerta y darle dos toques para que avanzara con el vehículo mientras ella trotaba suavemente a abrir el portón. Con un gesto de su mano siniestra le indicó a Marianne que podía avanzar. Cuando la camioneta estuvo fuera cerró el portón de nuevo y troto por segunda vez en pocos minutos para acercarse a ayudarla. - ¿Te parece si voy limpiando esto mientras tú quemas los cuerpos? -  Le consultó al tiempo que abría de nuevo la puerta para bajar los cuerpos.


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Nunca le había tenido especialmente miedo al fuego y tampoco es que se hubiera visto en aprietos en el pasado. Aunque sí que había visto su destrucción masiva y sentido de cerca las explosiones que aún la despertaban de las pesadillas que le había dejado la guerra. Así y todo, ya a salvo sí que se permitió una sonrisita que bordeaba los límites del humor negro y asintió una vez en réplica a las palabras de su nueva buena amiga. Si tan solo con la primera misión juntas habían logrado incendiar la carretera y robar un tráiler de carga de las manos de un grupo de sureños, ¿quién sabía qué podrían lograr con el tiempo? Confiar en un extraño...

La médica se metió por la puerta del conductor en la camioneta y lo puso en marcha, avanzó suave bajo la mirada juiciosa de Jonas y, mirando por el retrovisor, se fijó también en que el trailer hubiera salido por la entrada antes de detener el coche. Al hacer lo último no le pasó por desapercibida una enérgica Pipper que trotaba como maratonista. Marianne se sonrió a sí misma justo antes de descender y acercase hasta la puerta del remolque. Traía la botella de whisky olvidada en la mano, así que plantándose frente a ella, le dio un buen trago y después se la tendió por si quería.

Sí, perfecto. Por cierto, a riesgo de que los amantes del whisky me manden a la mierda, ¿te parece si utilizamos un poco para encender el fuego? Un poco. Puede ser nuestro secreto, nadie tiene que enterarse —se burló un poco en serio. El alcohol no representaba mucho ya.

Era mejor que gastar gasolina, después de todo. Marianne empezó a descargar los tres cuerpos ayudándola y una vez que estuvieron lejos del coche y cometió el gran pecado de rociarlos con whisky. Eso sí, se permitió guardar tres dedos de la botella para después. De su bolsillo trasero sacó una cartera de unas veinte cerillas y prendió una antes de dejarla caer sobre los muertos. La canadiense se alejó unos pies de la nueva pequeña hoguera, y desde donde estaba saludó a Jonas con una mano. Había sentido su mirada desaprobatoria al traspasar el portón.

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Lograron hacer todo bastante rápido y con facilidad, a pesar de la mirada acusatoria de Jonas todo el tiempo sobre ellas. Cuando Marianne propuso la idea de gastar el whisky en vez de la gasolina no dudó ni un segundo en asentir mientras reía y buscaba entre su ropa el encendedor que siempre traía. -Me parece hasta más responsable incendiarlos con Whisky que con gasolina, porque bueno, la última no crece en los árboles y el whisky si podemos prepararlo luego, o algo parecido al menos- Comentó con una suave risa mientras se apartaba para dejarle espacio a su colega de incendiar todo y tomaba otro trago de whiskey, el olor a carne quemada era un tanto peor que el de descomposición pero al menos ese se disipaba con mayor rapidez.

Hizo un gesto con su nariz de desagrado que se parecía más al gesto de un bebé molesto que a la de una adulta hecha y derecha, miró a su compañera para hacerle un gesto con la cabeza. - Vamos, este trasto sí lo limpiamos dentro, no me quiero arriesgar a que venga uno de los muertos y nos muerda el trasero. - Todo aquello iba en clara broma, primero porque era difícil que un muerto se acercara sin que lo vieran, y segundo porque para que logrará morderles el trasero la situación sería realmente... Extraña.  

Esperó hasta que su compañera le indicó para trotar de regreso al portón y abrirlo para dejarla pasar al patio con la camioneta y el trailer. Rato luego ya con el trailer lleno de detergentes varios y ella un tanto cansada del día le empujó un hombro divertida a Marianne. - Yo te conté todo mi lío romántico, pero aún no me dices bien como terminaste con Richard, ya sabes... Terminar sin ropa y todo eso. - Su cara se encendió en rubor mientras una nueva risa brotaba de su boca y seguía fregando la pared del trailer con en pequeño pañuelo totalmente empapado en lejía y demás desinfectantes. Debia admitir que toda la historia de las personas con las cuales ahora compartía hogar le intrigaba enormemente, y ya conocía la historia de varios, pero la de Marianne en específico era una que le intrigaba mucho.


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