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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Un empujón farmacológico para continuar [Pipper]

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Recuerdo del primer mensaje :


Un empujón famacológico para continuar

   
29/03/2015 ♦️ Calhoun, Georgia ♦️ 2 semanas a pie ♦️ B.S.O.
Había llegado hasta el cartel que marcaba el desvío hacia Calhoun. Allí curiosamente, había una pequeña caseta de información turística; Calhoun siempre había tenido un gran nombre para el turismo, al menos del que a mí me gustaba, pues no había nadie. Tomé un folleto de “Qué hacer en Calhoun” y en él estuvo mi suerte, pues poco después del desvío de la carretera, tal y como había indicado la cartelería, se encontraba el inicio del pueblo con distintos establecimientos, tanto culinarios como el que yo estaba buscando: una farmacia.

Tras la gran explanada de aparcamiento, se sucedían las pequeñas naves con los establecimientos: pizzería, restaurante asiático, supermercado.... En realidad, no pensaba acercarme a la pizzería, sabía de primera mano que la carne ya no era del día ni el resto de los ingredientes serían tan frescos como indicaban sus folletos. Sonreí al tiempo que acariciaba a Niebla y di gracias por aún mantener un poco de humor.

Estas dos últimas semanas no había dado con ningún tipo de rastro de Vernice, tal como iba siendo habitual. Las primeras salidas habían sido cortas, pero con esta me había propuesto alcanzar los ochenta kilómetros de distancia desde la base e ir haciendo un barrido de todas las zonas, para ver si encontraba algo que me pudiese dar norte.

-Bueno Niebla,- dije a mi pastora belga -esperemos que ese pequeño centro comercial no esté de rebajas y haya demasiada “gente”.

Saqué mi beretta del chaleco para comprobarla una vez más, la rutina: sacar cargador, comprobar carro, meter cargador, acerrojar una bala en la recámara, volver a sacar cargador e insertar una bala más. Volví a guardarla e inicié mi paso, pegado al arcén en un principio, y después andando por la frontera del bosque.

No había demasiado movimiento y en algo menos de quince minutos, a lo lejos podía ver la gran zona de estacionamiento y las tiendas. Estaba contento pues había un supermercado que, aunque estuviera saqueado, la experiencia me había demostrado que siempre se podía encontrar alguna lata debajo de las estanterías. Pero mi principal alegría era la farmacia, una gran farmacia.

La gente entraba a las farmacias buscando antibióticos, vendas, gasas... todo lo necesario para paliar gripes o hacer primeros auxilios, yo sin embargo, había encontrado cosas de más utilidad allí. El hecho de que nadie estuviese a dieta en estos días, no significaba que los sobres de comida liofilizada sustitutiva no fuesen más que suficiente para tomar energía y un buen aporte calórico llegado el momento, sobre todo, si en vez de un batido te tomabas tres. Eran como barritas energéticas que había que disolver en un poco de agua. Y como no, medicación para el dolor.... si allí pudiese encontrar algunos analgésicos podría continuar algunos kilómetros más.

Llegué al borde del bosque y me acuclillé detrás de una frondosa conífera, resté allí unos diez o doce minutos inspeccionando la zona. Niebla permanecía tumbada a mi lado, expectante, me golpeó varias veces con la trompa y sí, ya los había visto. Había como cuatro caminantes rondando por el aparcamiento; no era un grupo grande, pero eso significaba que el interior podría tener sorpresas.

Apenas serían las doce de la mañana, tiempo más que suficiente para entrar, coger lo que necesitara y volver a buscar refugio. Los días ya eran largos pero aún así había que buscar un sitio donde refugiarse para pasar la noche. Pero qué suerte la mía, porque frente a todo el complejo comercial justo a la entrada de Calhoun, había un pequeño residencial con varias casas en las que no sería muy complicado entrar y adecuarlas como “centro operativo y de control” por si era posible revisar el pueblo. Puede que esta vez tuviera suerte y Vernice se encontrase allí, aunque había demasiadas cosas que no entendía (si seguía con vida) de su comportamiento.

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La verdad es que la idea de un gato explorador en un principio me había perturbado, pero al ver como con una caricia y un beso, lanzaba su gato a explorar los inhóspitos rincones de una casa que le habría dado miedo hasta a mí mismo, me dejó en jaque. Ahora miraba a Niebla de otra forma.... me faltaba enseñarla a saltar por las ventanas.

La doctora siguió hablando y yo, mientras tanto siendo aún incrédulo a que el explorador gatuno nos diera un resultado del cien por cien, rebusqué con la mirada todo lo que nos pudiera servir para preparar una buena defensa en la casa donde mantendríamos, al menos, un par de horas de descanso. Aunque por el dolor que se iba abalanzando sobre mi rodilla, quizá lo mejor sería fortificarse ahí.

Antes de poder decir qué iba a pasar Salem, el gato de Angelique, se asomó por la ventana y al lamerse su patita entendí... ¿Sería cierto? ¿Había revisado la casa y no había nadie dentro? Sin que pudiera volverme a la doctora para confirmar que era así, ella soltó una broma y abriendo la puerta de la casa me invitó a pasar. Joder, era cierto.

Tras abrir la puerta no quise dejar mi destornillador más que en mi mano, y sin parecer desconfiado, lo apoyé en mi pecho como si se tratara de una flor, pero en realidad esperaba que algún caminante se abalanzase sobre mí.... no fue así. La casa no olía a muerte, allí no había ningún podrido y si lo había, debía de ser el podrido más pulcro de todo el apocalipsis. Niebla, por su parte, al llegar al umbral olfateó y entraba a la casa como si realmente su nuevo amigo, Salem, ya le hubiese dicho que allí no quedaba nada de peligro o mejor aún, nunca lo había habido.

La entrada a la casa era a través de un hall de nueve metros cuadrados y estaba decorada con muy buen gusto. A la derecha se abría una gran puerta de dos hojas que mostraba el salón, un salón enorme y decorado sin demasiadas cosas en las repisas, una pantalla grande, un equipo de música, algunas fotos en un collage justo sobre el sillón. A la izquierda una puerta que debía dar a la cocina y al frente, unas escaleras que salvaban la doble altura del hall.

-Vaya Niebla, este gato vale su peso en oro.- dije volviendo a colocar mi arma en su lugar, quitándome los guantes y guardándolos en el bolsillo de mi chaleco, señal de que estábamos a salvo. -Y ahora, ¿crees que deberíamos explorar el resto del pueblo o....? ¿El gato podría enseñar a Niebla a hacer esto?

Sonreí puesto que me había sorprendido la buena relación que tenía con su mascota y lo obediente que era con ella, sin menospreciar por supuesto, todo lo que Niebla había hecho por mí durante todo este tiempo.

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Sus ojos brillaron de felicidad pura al ver los champiñones, tenía tanto tiempo sin comerlos que le pareció todo un milagro de parte de él. –Por aquí cerca antes de llegar vi un conjunto residencial y parecía nuevo, ya sabes de esos que recién construían antes de que todo se viniera abajo, podría ser peligroso pero lo más probable es que estuviera deshabitado y podemos probar suerte allí ¿Te parece? –Le preguntó dulce luego de contarle en lo que ella había estado pensando mientras vigilaba que no se acercara ninguna amenaza a ellos. –Muchas gracias Gilbert, sé que no es usual, tenía años sin comerlos, desde que todo este desastre comenzó. Parece mentira pero no los había visto desde entonces, creo que los otros amantes de champiñones me ganaron para saquear. –Comentó en pura broma para mantener todo el buen humor que reinaba entre los dos. En definitiva Gilbert era una de esas personas que con facilidad pudo ser un gran amigo de ella… antes del apocalipsis y bueno… esperemos que después también.

Al escuchar su comentario sobre la dietética le sonrió casi a punto de reír mientras negaba suave con la cabeza y acomodaba las barras de chocolate en uno de los bolsillos laterales de su morral. –Oye, soy traumatóloga no nutricionista, así que puedes darme todos esos consejos nutricionales que tengas bajo la manga porque me caerán de perlas. Al menos si consigo algo sabré que no voy a morirme. –La verdad era que nunca se interesó por su comida, le gustaba comer bien y ya, hasta allí, contar calorías o si debía comer más proteínas o menos carbohidratos… jamás fue algo que le interesara, probablemente si eso le hubiera importado un poco más en si misma se intentaría alimentar mejor en medio de todo aquello.

–Claro, no hay problema, igual viajo ligero, prefiero ir saqueando de poco en poco que tener mucho peso que me impida moverme o me complique más todo. En el ejército siempre ponen a cargar más armas, pero cuando eres tan menuda como yo… ese es un mal plan. –Esperó pacientemente que él acomodara las cosas antes de comenzar a caminar guiándolo a donde vio la entrada a la residencia que antes le comentó. –La verdad no, estuve de paso alguna vez; pero realmente no pasé tiempo o me detuve en este lugar. Y ahora de nuevo solo estoy de paso, viendo a donde me lleva la vida. Me separé del último grupo hace poco por… conflictos de intereses y moralidad sobretodo. –El hombre le daba tan buena vibra que no le importaba hablar de todo como los locos y comentar un poco más sobre ella. –Estaría bien seguir mañana ¿A dónde vas tú? ¿O de dónde vienes? –Le preguntó buscando seguir con la conversación mientras Salem los seguía de cerca aún sin pedir ser cargado.


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