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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica]

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El punto de encuentro


12/09/15 - Granja abandonada - Norte de Georgia - 12:00 - "Exit Music"


El cielo plomizo parecía engullirnos mientras avanzábamos en el "gigante rojo" en dirección a la suave colina sobre la que se asentaba la vieja granja avícola. No hacía mucho que esas coordenadas concretas habían sido marcadas como el punto de encuentro en el caso de que algo terrible e inabarcable ocurriese. Y había ocurrido.

Casi como un fallo sistémico, la historia volvía a repetirse. De nuevo una huida hacia adelante, un sálvese quien pueda intentando acomodar a tantos pasajeros en los vehículos como fuera posible, de nuevo la amenaza de los muertos y de... ¿los vivos? Por lo menos, esta vez habíamos pensado en la posibilidad de que ocurriese lo peor y teníamos un plan de contingencia para ello, pero eso no quitaba el que fuéramos a pasar en vilo las próximas horas mientras esperábamos que, uno a uno, los vehículos de nuestro convoy fueran llegando a la granja abandonada.

Alternaba la mirada entre la luna frontal y el retrovisor, en cuya superficie especular, se reflejaba la imagen desesperada de Wilhelm y Sinitar intentando detener la hemorragia de la señora Von Bernsteinbachtal, aunque casi todos los que íbamos a bordo del "Gigante rojo" ya sabíamos cuál iba a ser su destino. Las ruedas pasaron sin problema a través del pequeño riachuelo que, a estas fechas, ya estaba prácticamente seco, y en lo alto de la colina, empezaba a divisarse el depósito de agua sobre el que meses atrás había dejado mi marca con pintura en aerosol.

-Ya casi estamos llegando, aguantad.- dije echando la vista hacia atrás un instante.

La pendiente decrecía notablemente pasado el riachuelo y la granja se asentaba en una pequeña llanura artificial en la cima de la colina. Sólo el telón de fondo de aquel lugar parecía haber cambiado, permitiendo que los bosques que lo rodeaban se empezasen a teñir de colores dorados y marchitos; a par de eso, aquel lugar parecía haber permanecido congelado en el tiempo desde la primera vez que estuvimos ahí.

La torre del agua dominaba el centro de la planicie y de ella crecían múltiples tuberías y canalizaciones aéreas que llegaban hasta el interior del resto de edificios. De la casa principal poco quedaba, había sido consumida por las llamas mucho antes de que Gilbert y yo llegásemos allí, el tejado y el suelo del segundo piso se habían desplomado sobre el primero, y ya sabíamos de buena tinta que no había nada de interés en su interior. El viejo pozo de boca ancha, que estaba desplazado a un lado del complejo, ocultaba un siniestro secreto... y en la medida de lo posible no recurriríamos a él si había otras opciones. La gran nave avícola era, junto con la torre, lo más destacado de la granja y las fuertes puertas de madera parecían haber resistido bien los últimos días, además, ya habíamos comprobado que tenía el potencial de ser un refugio seguro, al menos durante cortos periodos de tiempo. Y el complejo se completaba con tres almacenes de distintos tamaños que quedaban dispersos pero cerrando en un semicírculo la explanada. Un buen sitio para defender.

Aminoré suavemente hasta detener el camión forestal delante de la torre de agua, intentando cubrir el acceso que podía quedar libre ante la gran nave de los gallineros. Ahora mismo, mi preocupación y mi atención estaba con los ocupantes de las plazas traseras, y me colé entre los asientos para comprobar el estado de la anciana Lana.

-Oh mein Gott ... Lana ... Liebes, verlass bitte nicht.- murmuraba Wilhelm entre sollozos.

Saqué el pequeño botiquín de debajo del asiento del copiloto y me arrodillé frente a ellos, intentando hacer algo por salvar su vida. Entregué a Sinitar un paquete de gasas para que taponase la hemorragia del abdomen con ellas, pero al posar la mano sobre el cuello de la mujer intenté disimular el gesto de decepción. Ya nada se podía hacer por ella y Wilhelm no tardaría en entenderlo, pero no quería ser yo quien le diera la noticia. Lancé una significativa mirada a Koi Sinitar, el dependiente de la tienda de cómics había leído las suficientes novelas de ciencia ficción durante su vida como para saber qué hacer, y carraspeé antes alzar la voz.

-Eso es, seguid parando la hemorragia. En cuanto lleguen Jean, o Marianne, o Gilbert, o Pipper... la atenderán, ¿vale?- dije esperando encontrar un atisbo de aprobación en los ojos de Wilhelm, el marido de la ya difunta Lana Von Bernsteinbachtal. -Ya sabéis el protocolo. Ventanillas abiertas y no bajéis del vehículo.

Volví al asiento delantero y, con una agilidad felina, me encaramé al techo del gran camión forestal, desde donde tenía una vista privilegia de todo lo que rodeaba la granja. Si algo se movía, ya fuera vivo o muerto, lo vería llegar. Aún así, tragué saliva mirando al horizonte, sintiendo como el tiempo se hacía cada vez más lento y, en mi espera, las imágenes se alternaban con escenas que habíamos vivido hace poco menos de unas horas en el que durante muchos meses había sido nuestro hogar. Otra vez un ataque, una masacre, una huida...

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Realmente no se encontraba con el humor para bromear con su hermana, estaba devastado por las pérdidas y por volver a estar a la intemperie, pero prefería usar una máscara de bienestar para sacarle una sonrisa en compensación por el susto —No te preocupes, sabes que soy inmortal, muñeca.— dijo en un tono exageradamente galante cuando Ryuko expresó su preocupación por su apariencia. Se le formó una sonrisa nerviosa por el comentario hacia la enfermera puesto que últimamente se habían llevado bien. Antes habría reído con ganas, pero ahora sólo se sentía culpable por hablar a sus espaldas. —Estoy seguro que si escucha eso, a mi es al que va a golpear.

Al llegar a la parte trasera de la ambulancia, asentó a Mary Jane en el piso para que no estorbara su tren de pensamiento. Miró por la esquina del vehículo, cerciorándose de que nadie les prestara atención, además de Lucy, quien se quedó esperando donde los demás. Finalmente se viró hacia Ryuko, —Necesito tu ayuda, pero más que nada, tu opinión.—dijo después de señalar al muerto en medio de ambos. Con los ojos le suplicó que terminara con el desafortunado antes de que se vuelva un caminante.

Después de neutralizar la amenaza antes de que esta se presentara, se quedó mirando a su hermana. Jugueteaba con sus dedos tratando de ordenar las palabras en su mente, después de todo, antes de tener la mente frita por los sucesos, no sólo era médico, sino también un científico y como tal, no iba a dejar pasar la oportunidad, —¿Soy un carroñero desalmado si quiero aprovecharme del cuerpo de los muertos?— se detuvo un segundo a analizar lo que acababa de decir, no pudo evitar sonreír por medio segundo antes de continuar, —Eso sonó muy mal… Me refiero a que en estos días, mientras se estabiliza la situación, tenemos que hallar un lugar donde pueda hacer pruebas… pero no se va a poder si no tenemos un muerto “fresco” y este no va a estar tan “fresco” cuando regreses.— hizo comillas con los dedos para enfatizar.

Presentía que, por su profesión, se vería obligado a quedarse con los demás médicos para revisar y monitorear a los heridos durante el ataque. Ryuko, al ser la más fuerte de los del grupo (aunque estos no lo supieran) seguramente sería llamada a hacer un reconocimiento de la zona e inclusive regresar por lo que se quedó dentro de lo que fue su hogar. —Cuando vayas a buscar lo que quedó de la fábrica, necesitaré dos cosas: Necesito que traigas una hielera pequeña que dejé en la enfermería, tiene tubos de ensayo y algo de instrumental… igual dejé un microscopio por ahí, ¿recuerdas cómo era el que me traje de una expedición?— le faltaría equipo aún así, pero trabajaría lo que tuviera a su alcance. Volvió a detenerse para pensar cómo plantear lo siguiente, puesto que era un tema algo sensible. Al menos para él, porque tal vez Ryuko no recordara o no quisiera contarle del todo para no alarmarlo, pero a Jean le inquietaba bastante no saber exactamente qué fue lo que le hicieron.

Tomó las manos de su hermana y se acercó más a ella, mirándola directamente a los ojos para que supiera que hablaría muy en serio, —La otra es, bueno… por favor, no me juzgues. Eres la última persona a la que debería pedirle esto por lo que te hicieron… pero si hallas a alguno de los agresores con vida, captúralo para que pueda… experimentar. Necesitamos saber qué es lo que te hace diferente de los muertos... No nos ayudará mucho una muestra de sangre, pero en lo que hallamos algo más sofisticado, será lo único que tendremos.— Desde que se reencontraron, habían mencionado la posibilidad de estudiar su condición, pero con toda la gente de la fábrica necesitándoles constantemente, iba a ser imposible hacerlo con discreción.  Ahora todos estaban dispersos, distraídos y más preocupados por sobrevivir sin los altos muros como para percatarse si se ausentaban un par de días. Después de que atendiera a los heridos, todos trabajarían para establecerse hasta encontrar un sitio más confortable para los supervivientes.

Cuando estaban de regreso donde los demás, Lucy se acercó a ellos con una sonrisa que le provocó escalofríos al médico. Miró estupefacto como la enfermera invadía su espacio personal como si tuvieran esa confianza, es decir, se llevaban bien, pero no era para tanto aún. En cuanto le limpió la cara, apretó los dientes sinceramente… aterrado. ¿Qué hizo mal ahora? No lo sabía, pero el aura que percibía de Lucy era como la de un depredador jugando con su cena, haciéndole creer que todo estaría bien antes de asesinarla a sangre fría… —¿Uh?— murmuró con una expresión confundida cuando le pidió sonreír. Pensó que a lo mejor escuchó su conversación con Ryuko. Si escuchó su conversación con Ryuko, probablemente sospechaba que algo andaba mal con ella y si algo andaba mal con ella, su deber como profesional de la salud, sería informar a los demás de la situación, y si los demás se enteraban, expulsarían a Ryuko por la ignorancia y el temor a lo desconocido, y si expulsaban a Ryuko, por consiguiente, él también tendría que irse, porque no iba a abandonar a otra hermana, y si se iban, tendría que regresar a comer fruta podrida y lo que encontrasen, volviendo a enfermar y a…

Jean no pudo evitar sobresaltarse cuando sintió los labios de la enfermera sobre su mejilla. Era algo que no se había esperado en ningún momento, en ninguna situación. Ni siquiera cuando estaban detrás de los muros. Tan espontáneo que rompió la ansiosa cadena de pensamientos dejándolo totalmente en blanco. Una de dos, había perdido la chaveta o aquella situación le había hecho darse cuenta del tipo de sentimientos que en realidad tenía por él… aunque eso era lo más estúpido que habría podido pensar. Luego le preguntaría si los había escuchado, —Uh, claro…— dijo arrastrando un poco las palabras aún desconcertado por la actitud de Lucy.

Mención e interacción: Ryuko y Lucy.

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Las caras y reacciones de Jean estaban siendo épicas y Lucy las estaba disfrutando en silencio sin perder su papel en ningún momento. Tenía que admitir para sus adentros que estaba disfrutando todo aquello mucho más de lo que había imaginado, quizás y solo quizás era preferible joder de Ryuko de aquella manera. Aunque claro... No es como que ella vaya a soportar ser así mucho tiempo con Montana. Pero no todo era fingido... La sonrisa de Montana si le parece linda y también es cierto  que no le gusta verlo alterado o en mal estado; si, le parece insoportable la mayor parte del tiempo, pero no es una mala persona y están comenzando a llevarse mejor también.

Sin perderle pista al asunto que estaban planeando todos, se quitó la camisa manga larga bastante sucia de sangre que tenía puesta, para limpiarse con un pañuelo las manos lo mejor que pudo, junto con una botella de agua y comenzar a evaluar y calmar a los heridos. Si bien, el asentamiento sufrió perdidas pero menos de las que podrían darse en una situación así. Aquello en específico sólo habla de la buena organización que tienen como comunidad, de la maravillosa comunicación que hay entre todos, y por supuesto de la sensación de familiaridad que hay entre todos. Puesto que todos están sufriendo de una u otra forma las pérdidas y cada quien hizo lo posible por salvar a alguien más de la "familia".

Luego de evaluar de forma rápida a los pacientes, le pareció que lo mejor es que se distribuyeran de la siguiente forma. Ella atendiendo a los adultos de heridas menores. La Doctora Hoffman a todos los heridos por trauma que eran algunos, entre esos un brazo roto, una bala rozando un hombro que dejó una herida bastante grande y debía ser atendida de inmediato y por supuesto Jean a los niños, que varios tenían cortes y heridas. Ni corta ni perezosa le hizo gestos tanto a la Doctora Hoffman como a Montana para explicarles aquello, también le hizo señas al pequeño Bradley dado que lo veía con todas las ganas de ayudar.

-Vale este es el recuento general de heridos, hay dos con heridas de trauma que necesitan ser tratados con urgencia, uno con una herida de bala en el hombro derecho y otro con una fractura en el peroné. Me parece lo idóneo que los atienda usted doctora Hoffman. Así mismo hay varios niños con cortes profundos que necesitan sutura y algunos podrían incluso sufrir de infección sino se atienden de inmediato. Esos deberías verlos tú Montana. Quedan otros adultos con heridas menores que yo puedo suturar y limpiar. Y varios niños con solo raspones que Michael puede tratar ¿Cierto? - La última frase fue directamente al niño, porque estaba segura que él era quien hablaría de sus capacidades y nadie más.

Mientras ellos se organizaban, algunos otros, los que habían salido ilesos se encontraban siguiendo las órdenes de Verenice para poner todo el lugar en orden.

Mención: @Ryuko Tachibana .
Interacción: Pipper, Jean y @Michael Bradley

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Lucy de verdad estaba rara, pero no era algo de su incumbencia y además acababan de quedarse sin hogar otra vez; tal vez esa era la forma de la enfermera de desahogarse. ¿Pero con Jean? Los volvió a observar mientras seguía a Pipper. No era un experto en actuación como su padre, sin embargo, aunque había algo de exageración en lo que Lucy hacía, también naturalidad. ¿Y si a Lucy le gustaba Jean y por eso peleaban todo el tiempo? Era muy pronto para asegurar nada, mas en su mente el primer pensamiento que vino fue: «Si Jean y Lucy salen, él va a pasar menos tiempo con Pipper». Eso eran buenas noticias. Michael podría haber estado llorando en un rincón o con los otros chicos, pero no era ese tipo de niño. Desde que perdió a su madre había entendido que las personas no eran desechables como lo había hecho parecer su padre, por eso se sentía mal por todos los que ya no iban a estar con ellos, no obstante, el que su familia estuviera bien lo tranquilizaba; podía darse el lujo de ser un poco egoísta. También eso le daba fuerzas para intentar ser útil en lugar de un estorbo en ese momento, así que como otras veces escondió lo que en verdad sentía y se enfocó en ver cómo podía ayudar a Pipper con el trabajo.  

En la zona en la que estaban los heridos, no parecía funcionar demasiado ser egoísta. Esa gente estaba sufriendo. Se le aceleró un poco el corazón y se quedó pasmado. Ya se había acostumbrado a la sangre y a las masacres de infectados  —porque a él le gustaba dejar abierta la posibilidad de una cura— que veía cometer a su padre cada que estaban en peligro. También había visto atender a Pipper a diversos enfermos, pero esto era diferente, un caos porque tenían que limitarse a lo que pudiera haber de suministros y porque se trataban de varios al mismo tiempo. La voz de Lucy lo despertó como de una pesadilla. La miró a los ojos y asintió con la cabeza. Su rostro se había enrojecido un poco. ¿En verdad no lo había dejado de lado? Unos cuantos raspones no era algo de lo que no pudiera encargarse después de ver a los médicos trabajar en la fábrica. Si repartían actividades como ella proponía, acabarían más rápido.

Muy bien, yo lo hago —Michael llevó al frente su mochila sin quitarla de su hombro y la volvió a revisar casi de manera automática. Si le hubieran preguntado qué había en ella, lo habría respondido de memoria porque le puso menos atención que otras veces. Tras hacerlo se sintió más relajado y se preparó para hacer lo que le habían pedido—. ¿Dónde están las gasas y el desinfectante? —preguntó a la enfermera y volvió a observar alrededor para saber cómo habían acomodado todo. En su manía por orden, le pareció que era una buena opción poner dos variables como prioridad a sus "pacientes": La edad y la gravedad de la herida. De esa forma pondría atención primero a los niños más chicos, pero no dejaba de lado la posibilidad de ayudar antes a otro que pareciera necesitarlo más. Como siempre, comenzaba a adelantarse, después de todo lo primero antes de empezar era limpiarse las manos. «Mi padre se va a sentir orgulloso», se aventuró a pensar, pero enseguida se sintió un poco molesto de darle importancia a algo como eso.


Mención: Jean, Pipper y Leon.
Interacción: Lucy

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—No te preocupes, sabes que soy inmortal, muñeca.—no pude evitar sonreír de lado al escuchar esas palabras, me gustaba ver que mantenía una lucha interna por no desmoronarse y la estaba ganando. Se había hecho mucho más fuerte, más valiente y seguro de sí mismo, pero todavía quedaba mucho camino por recorrer, y no lo haría solo, lo haríamos juntos.
Escuché como decía que quería analizar el cuerpo del fallecido, y me preguntaba que si por ello era un desalmado.
—No eres ningún desalmado o carroñero, eres un médico excelente y necesitas trabajar e investigar para poder ayudarme. No entiendo qué es lo que me está sucediendo y no logro recordar determinados momentos, todo es borroso, pero sé que lo que me está pasando no es algo normal, y si se enteran es probable que no se fíen de mí ni me quieran cerca si quiera, y es totalmente comprensible. Lo único que puedo pensar, es que todo esto tiene relación con el virus T o con Umbrella...—le dije para tratar de que no se culpara y de que viera las cosas desde otra perspectiva.
Jean me pidió que si me tocaba volver a la fábrica, le trajera de paso unas cuantas cosas, aunque para eso debería llevarme al menos un coche conmigo.
Asentí diciéndole que si me mandaban allá de nuevo, haría todo lo que me pedía, y si me cruzaba con alguno de esos hijos de puta, iba a ser todo un placer traerlo aquí para que fuera nuestro juguetito...

Tras terminar de hablar con Jean, crucé mi mirada con la de Lucy durante unos instantes y tenía que decir que no pude evitar poner los ojos en blanco ante su penosa actuación. Si creía que eso me molestaría o me pondría celosa, no me conocía en lo más mínimo. Yo quería muchísimo a Jean, pero de un modo fraternal.
Somos hermanos, nunca lo vería con otra clase de intenciones, pero la verdad es que me divertía verla cómo actuaba de manera "amable" con Jean por ver cuál sería mi reacción.
Cuando pasé por su lado para continuar con mis quehaceres, apoyé una mano sobre su hombro, de una manera amigable.
—Lucy, me alegra mucho ver cómo tu relación con Jean ha mejorado tanto, espero que trabajéis muy bien juntos y ayudéis a la gente que se encuentra herida.
Me alegra ver que al fin te has vuelto amable, pero mejor pierde el tiempo en otro momento y ponte a trabajar. Justamente no nos sobran médicos. —
tras eso, miré a mi hermano le sonreí y me aparté de ellos viendo cual sería mi siguiente tarea.

Antes de que pudiera perderme en mis pensamientos, escuché que gritaban mi nombre. Me giré de inmediato y vi a a una de las chicas nuevas  agitando los brazos para llamar mi atención. Me contó que Verni me estaba buscando. Agradecí la información de manera algo seca y me dirigí hacia donde se hallaba mi amiga.
Caminé hacia donde se encontraba ella con Gilbert, al cual saludé de manera amistosa dándole un "puñetazo" en el hombro.
—Morena me dicen que no puedes pasar ni un minuto más sin mi maravillosa presencia, Gilbert se va a poner celoso...—dije bromeando para tratar de distraer un poco a mis amigos.
—Ahora ya en serio, dime qué es lo que necesitas y lo haré.

Interacción con Jean, luego Lucy, luego un pnj, y por último, Verni y Gilbert  ::3::  


El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica] - Página 2 SbNKSYK

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El autobús había llegado a una granjita, que nada más verla desde lo alto de la colina, me encantó. ¿Ese era el tan hablado convento...? No, no, espera... no era convento, era... Era un internado, eso... eso. Aún recuerdo que, sin haberlo visto, podía imaginar a las novecientas niñas corriendo por ahí. Pero pronto eché cálculos y por el espacio, no debía de ser el sitio al que íbamos. Sin duda, allí no habría podido guarecerse tanta gente, y aunque había sitio suficiente para sembrar, el lugar que quedaba para una residencia era ínfimo.

Las puertas del microbús se abrieron. El techo del vehículo estaba completamente cubierto con pequeñas macetas a las que habíamos transplantado los plantones más sanos de cada uno de los cultivos que hasta ahora habíamos cultivado con tanto cariño y dedicación. Era toda una suerte que no hubiésemos perdido la mitad en alguna curva a lo largo del camino, y me recorrió un escalofrío nada más pensarlo. Si eso hubiese sucedido, yo mismo habría hecho a Robert dar media vuelta para recuperarlas.

-Esperad ahí- dije -y eso va también por ti Madelaine. Esperad a que Gilbert nos dé la señal para poder salir.

Pero aunque pareciera mentira, ahí no estaba Gilbert aún. Vernice y alguna de las chicas lo revisaban todo rápidamente. También pude observar que mi amigo Marc Holly no había llegado, y si no fuera porque habría sido poner a los chicos en peligro, me hubiese vuelto para ver qué les había ocurrido y por qué no estaban ya allí. Aunque conociéndolos, no habrían abandonado el lugar hasta que todos estuviesen a salvo. ¿Y Clarisse? ¿Qué había ocurrido con Clarisse?

Tenía todo el plan en mi cabeza, anotado en una libreta, y en mis descansos y tiempo libre del huerto, había hecho un croquis de cómo debía desarrollarse todo, pero lo que había ocurrido no había sido nada tal y como lo habíamos planeado. En la historia, una buena mañana tras un copioso desayuno, terminábamos de cargar las cosas en los vehículos y nos marchábamos como una familia que se mudaba de casa. Así no podía olvidarse nada, pero habíamos sufrido un ataque, el mayor que yo podía recordar. Incluso en el campamento de Atlanta, la fiereza de los caminantes había sido tan virulenta.

-Discúlpame Madelaine, si quieres bajarte puedes, pero espera que esté todo bien. ¿Alguien ha visto mi ballesta?-
Pregunté bastante preocupado. -Necesito que estéis atentos, mientras voy a preguntarle a Vernice, al parecer Gilbert no ha llegado aún.

Permanecí en la puerta sin ni siquiera atreverme a molestar a nadie y por fin Gilbert llegó. Al igual que anteriormente lo habían ido haciendo más vehículos: Ryuko, Ryan, Pipper... Me iba tranquilizando, fue entonces cuando decidí salir e hice la pregunta más tonta del mundo.

-¿Qué ha pasado?

Pero cada cual seguía haciendo lo que mejor se le daba: asegurando edificios, haciendo recuento de personal, porque... no iba a ser yo quien les recordara que nadie iba en el vehículo en el que en un principio debía ir... Allí cada uno se montó donde buenamente podía y "sálvese quien pueda".

-Ey, ¿nadie va a contestarme? ¿Dónde están los que faltan?-
volví a arrepentirme de haber hecho esa pregunta, porque sabía la respuesta: "vienen andando detrás... para comernos." -¿Nos marchamos ya o vamos a parar a comer? ¿Saco la comida del microbús? ¿Sabes Vernice? Se nos han olvidado las mesas. Nadie ha metido los tableros, ni las burriquetas, ni las sillas...- Sé que quizás no era el detalle más importante... pero quería colaborar. -¡Ey! ¿Os habéis dado cuenta de que pasa un río cerca? ¡La autopista está al fondo! ¡Qué bien...!

Sin darme cuenta, me vi ubicando edificios y había una multitud de salas de usos múltiples. El granero podría haber sido el comedor... ya que era demasiado grande para ser la escuela. No me gustaba nada la torre de alta tensión que se encontraba a pocos metros de la casita a medio derruir y de la que alguien se había olvidado apagar la chimenea, seguramente en una noche de mucho frío. Qué se le iba a hacer.

-¡Oh dios mío! ¡¡Un pozo!!-
Había un pozo y me acerqué a mirar cuán profundo era -De niño me caí a uno.- Me giré hacia el microbús cargado de niños y grité a Robert -¡¡Cierra las puertas que hay un pozo!!

Cuando me caí de niño tuve que pasarme horas nadando en el fondo del pozo hasta que vinieron a sacarme. Quizás los nervios no me dejaron darme cuenta de la cuerda que colgaba y que podría haber usado para salir de ahí dentro.

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Vernice y Gilbert dieron indicaciones de lo que sucedería a continuación. Se estableció que el tiempo de espera serían seis horas, tiempo suficiente para que los que quedaron dispersados encontrasen el camino hacia la granja. —Iré a revisar el perímetro y a poner las trampas entonces.— me ofrecí e inmediatamente aparecieron más voluntarios a la tarea. Supuse que eran quienes todavía no tenían pista alguna del paradero de sus familias, pensando que recorrer el área les daría más posibilidades de ser los primeros en dar con ellos. Sentí un poco de compasión por ellos, pero en el fondo me sentía dichoso de aún ser lo suficientemente fuerte y ágil para defender a los míos.

Una vez que se designaron las tareas, Pipper me informó en voz baja que era necesaria una charla privada. Quise rechinar los dientes, pero no quería evidenciar que no me emocionaba mucho la idea, sobretodo cuando sabía que no estaba muy contenta conmigo, —Lo que sea, puede esperar. Tengo que volver esto un lugar seguro para ti y para Michael.— pospuse el tema una vez más, pero mi torpeza, o mejor dicho, la costumbre, me hizo recalcar el peso que cargaba sobre mis hombros al autodeclararme su protector. Sabía que mi trabajo era proteger a mi hijo porque Pipper era fuerte, pero me era inevitable el sentirme responsable por su seguridad. Perdí a Thilda y no me permitiría perderla a ella. Antes de partir con los voluntarios, revolví con cariño los cabellos de Michael, —Obedece a Pipper en mi ausencia.— agregué volviendo a acomodar su cabello como antes. Confiaba en que mientras aseguraba la zona, los que estaban allá podrían echarle un ojo por mí.

Mención: Vernice y Gilbert.
Interacción:Pipper y Michael.

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-Encárgate tú Vernice, ya sabes, como lo hicimos en Atlanta, como lo hemos planeado mil veces. Los vehículos deben estar colocados en formación de echelon, para que ninguno pueda bloquear la salida de los demás.

En realidad no me sentía nada bien, la noticia de la muerte de Kaley me había destrozado, y no se trataba solo de una muerte más, sino de el hecho de que la hubiéramos conocido en esta misma granja. Aquí había empezado y terminado nuestra historia con ella. Hacía unos pocos meses a escasos metros de donde ahora nos encontrábamos, la joven muchacha estuvo a punto de ser devorada por unos caminantes, y qué irónico, aquí fue donde la trajimos a morir... Lo habíamos marcado como un punto de reunión, para que en cualquier caso, si algo salía mal, este fuera el sitio para salvarnos. Kaley no era uno más, significaba muchas cosas. Kaley significaba un nuevo rumbo en nuestro campamento y nuestro modo de vida. La república amistosa que había empezado a reinar en el asentamiento. Ella era alguien dulce y jovial que ayudaba a todos los que se encontraba y siempre agradecía, por pequeño que fuera, cualquier gesto que se tuviera para con ella.

A mi mente, mientras caminaba junto a Vernice, venían las imágenes de cuando había ido Kaley a recoger fruta, y Vernice y yo habíamos descubierto las huellas de vehículos que esa misma noche habían llegado a la granja. Como un corderito, la joven siguió nuestras instrucciones sin hacer más preguntas. Como curó mi herida de la pierna... Pasé una mano por mi cabeza, algo me tenía embotado.

-No bajes la guardia Ryuko, aún no estamos todos.-
Sonreí la ocurrencia de Ryuko cuando apareció con un puñetazo como saludo, aunque mi ánimo ahora mismo era bastante negro y fácilmente me volvía a perder en mis pensamientos con facilidad. -Tienes que tener cuidado con la moto Ryuko, cualquier despiste te puede tirar al suelo, aunque al menos, no llevas a nadie detrás. Lleva siempre el depósito lleno de combustible.

En verdad no sabía qué decirle, Ryuko era relativamente reciente en el campamento pero se había adaptado como si llevase ahí toda la vida. Había entendido los fundamentos de nuestra "sociedad" y había hecho por ella mucho más que otros que se jactaban de sus galones.

-¿Sabes Vernice? La gente no está entendiendo lo que está pasado aquí. Hoy hemos perdido a mucha buena gente que se ha quedado en La Fábrica, gente que había compartido nuestros últimos meses, incluso años, en este nuevo mundo que aún nadie ha logrado entender. A estas alturas sólo hemos sobrevivido los que pretendemos dar un buen sentido a lo que queda de humanidad en nosotros, y aquellos que ya sin gozar de su antiguo poder, tienen de su lado la fuerza y las armas.... ¿Sabes cariño...?-
dije ahora tierno, y sin saber por qué, melancólino. -Hay un tecer grupo. Los caminantes. Los caminantes están a medio camino entre los que intentan sobrevivir y los que intentan sobrepasar.

No sabía si me estaba entendiendo, a veces ni yo mismo me comprendía. Ahora que había visto morir a Albert ya no sabía si importaba o no dar la noticia, pero la di lo más sincera y cruel que podría haber imaginado.

-Albert murió.-
dije esperando algún tipo de respuesta por parte de Vernice -Y tuve que matar a Monty. No, no estaba infectado. Simplemente, empujó a otra persona para hacerse un hueco en el coche....

....En ese momento los disparos y explosiones volvieron a mi cabeza. El olor a Napalm y hojas verdes chamuscadas seguía en mi memoria, y con el simple hecho de recordar las viejas imágenes que me aterrorizaban todas las noches, las podía revivir. El dolor cruzó mi pecho y secó mi boca, agrió mi garganta y humedeció mis ojos.

-Debí haberlo hecho hacía mucho tiempo. ¿Qué hacemos con toda esta gente Vernice? No podemos defenderlos a todos. Y no puedo cargar con tantas vidas.

Al fondo, Leonard y Emma ayudaban con las tareas pendientes. Éramos un grupo de los que no quedaban. Éramos un grupo de los que aún enterrábamos a nuestros caídos y aunque eso ya no tuviera ningún sentido, lo seguíamos haciendo.

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Las malas noticias parecían haber afectado a Gilbert en sobremanera, no era difícil notarlo. Con la mirada perdida y el gesto ausente parecía querer concentrarse en asuntos prácticos, pero sin duda parecía no encontrarse bien con todo lo sucedido. Aún estábamos "calientes" tras el "accidente", con la adrenalina corriendo por nuestras venas, inyectada por el propio cuerpo para poder escapar y sobrevivir al ataque, aún  ninguno habíamos tenido tiempo de hacernos conscientes de todo lo que había sucedido. Era muy pronto para racionaliza cuánto habíamos perdido. Pronto despertaríamos a la realidad de vernos de nuevo errantes en un campamento provisional e inseguro, y entonces sería cuando la amargura de la pérdida nos golpearía de lleno. Ahora nos conformábamos con sentir que conseguíamos sobrevivir un poco más, y teníamos aún por delante la tregua de seis horas para ver volver a quienes continuaban desaparecidos.

Asentía a las indicaciones respecto a la colocación de los vehículos cuando Ryuko, por quién había estado preguntando, apareció ofreciéndose dispuesta para trabajar. Mientras Gilbert la saludaba corrí apresuradamente hasta el "gigante rojo" y saqué de la guantera del copiloto un conjunto de mapas y un rotulador rojo, ya casi gastado del todo.

-Supongo que imaginarás de qué se trata.- comencé a explicarle a Ryuko, sujetando la tapa del rotulador entre los dientes, mientras empezaba a remarcar una ruta sobre el mapa haciendo que la punta de fieltro chirriase sobre el papel -Ahora mismo nos podemos guarecer aquí, pero puede que este sitio no sea seguro durante mucho tiempo. Tú te mueves rápido con tu harley, necesitamos que vayas al internado, al hogar de Silvia, y le cuentes lo que ha pasado. Seguramente necesitaremos su ayuda para que todo el convoy llegue hasta allí arriba. Tenemos muchos heridos y...

"Y seguramente no todos puedan soportar el viaje". Pensé, pero no dije, mirando en todas direcciones y comprobando rápido el panorama y todo el trabajo que quedaba por hacer. Pero siempre a una situación urgente se le superpone otra que todavía lo es más, y Marcus llegó irrumpió de pronto bajándose del "plantobús" (tal como algunos niños habían bautizado al pequeño autobús con el techo cubierto de macetas), profiriendo gritos y llamando la atención de todo el mundo con respecto al pozo.

Mi mirada se dirigió rauda hacia Gilbert, ambos sabíamos lo que había ahí debajo, o al menos parte de ello, porque ni siquiera habíamos inspeccionado por completo la galería de túneles, y no era poca preocupación el pensar en qué podía ser lo que llegase desde el otro lado aún ignoto.

-¡¡Eh!! ¡¡Eh!! ¡No, no no no!-
grité echando un par de pasos hacia el bus, y entregando el mapa y el rotulador a Ryuko -¡Tienes razón Marcus! Ese pozo es un peligro y no deberíamos dejar que nadie se acerque, porque alguien podría caerse al interior. ¿Puedes asegurarte de que nadie se acerque a más de tres metros del pozo hasta que tengamos tiempo de cegarlo?

Volví con Gilbert y Ryuko tras la corta interrupción del pozo. El primero le pedía a la segunda que tuviese cuidado con el viaje, y no era para menos. Mi vehículo había sido el primero en escapar de La Fábrica así que no sabía muy bien cómo había ocurrido, pero hacía varias horas que nuestro sistema de comunicación no emitía más que ruido blanco, y no teníamos otra forma de mandar la "llamada de auxilio" al internado, que enviando a nuestra más rápida mensajera.

-Sí, ten cuidado.-
asentí -Y toma de los vehículos los suministros que puedas necesitar para el viaje. Si te extravías en la ruta, es mejor que desandes el camino andado y vuelvas aquí a que te quedes perdida sin saber dónde estamos. Confiamos en ti, pero sobre todo queremos verte de vuelta.

Mientras me despedía de Ryuko, Gilbert había vuelto a perderse en sus pensamientos, pero no tardó en empezar de nuevo a hablar, haciéndome partícipe de su dolor y desconcierto ante todo lo sucedido. Sujeté su mano intentando darle algún consuelo, pero entonces, su confesión me sobresaltó y lo miré directamente a los ojos.

-Ssshhhh... Sssssshhhhhhh... No. No creo que sea el mejor momento para hablar de eso ahora mismo.- le dije mirando alrededor, buscando las decenas de orejas que ahora me parecía sentir pendientes a nuestra conversación. -Oye, no estás sólo, lo sabes. No tienes que cargar con nada. Estamos todos juntos en esto y lo sabes. ¿Te encuentras bien...?- Añadí intentando buscar algún rastro de daño en él, aunque bien sabía que sus heridas solían ser internas y emocionales. -¿Cómo tienes la pierna? Deberías ir a ver a Pipper o Jean mientras yo me encargo de los coches. Por favor.- Dije de inmediato, sabiendo que seguramente se negaría -Hazlo por mí, necesito que estés bien. ¿De acuerdo? Por cierto, toma.- dije sacando el arma descargada de la funda y entregándosela. -Es la abollada y no tiene balas, pero seguro que a ti te servirá más que a mí.

Me despedí de él con un abrazo, robándole unos pocos minutos más a las tareas pendientes, antes de dirigirme al primer vehículo que había que recolocar para asegurar las rutas de huida en caso de que fuera necesario.


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Poco a poco iban llegando todos, o casi todos. Al menos, el gran número de caras conocidas se estaba volviendo a ver allí. Vernice me aclaró que el pozo era un peligro, y aunque no íbamos a permanecer mucho tiempo ahí si seguíamos el plan que previamente se había hecho, igual esperábamos algún tiempo tal como había escuchado en las conversaciones de algunos. Era normal, teníamos heridos, pero ahora yo tenía un importante encargo: que no se acercara nadie al pozo, y eso era lo que iba a hacer.

Busqué con la mirada el coche en el que venía Rose, con los remolques y las motos, y no pude verlo. En la parte de atrás de su pick up estaría mi ballesta, y aunque no tenía munición, me reconfortaba pensar que no la había perdido. Era un artículo que tenía su historia, y aunque nadie me la había preguntado todavía, yo sabía que la contaría en algún momento. En realidad, tampoco había lanzado ninguna indirecta... "La historia de mi ballesta..." "Si supiérais cómo conseguí mi arma..." En fin, no era momento para distraerme.

Mi misión era vigilar el perímetro del pozo, y eso comencé a hacer. A tres metros de distancia, aproximadamente los que me habían indicado, empecé a describir círculos concéntricos alrededor del pozo. Cuando llevaba veinte, o quizás treinta vueltas, tuve que cambiar el sentido de la marcha porque notaba un ligero vaivén en mi deambular giratorio. Sonreí. ¿Me había mareado? ¿Eso era lo que sentía la gente cuando se mareaba? ¿Acaso la amplitud de mi movimiento era un vaivén armónico simple? Sabía que había cambiado el orden de las palabras, pero yo sabía de lo que estaba hablando.

Muchos de ellos caminaban con heridos llevándolos al granero central. Lugar donde intuí que se iba a establecer la enfermería. Por lo que había visto en el combate probablemente muchos no pasarían la noche, por eso, donde mejor estaba era cuidando a los niños o en labores como esta, donde no tuviera que ver la cara de quienes probablemente estuvieran sufriendo por lo inevitable. Gilbert era tajante en eso. El que estuviera mordido dejaba de formar parte de nosotros, y aunque nunca vi en él una cara de odio, sabía que la fuerza de sus palabras terminaba por darle el golpe final.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aún no me creía todo lo que había ocurrido, de lo que tanto nos hablaban y estaba ocurriendo. La imposibilidad de defender un campamento, y aunque fuéramos a grandes pasos, había sido infructuosa toda la rapidez que nos habíamos dado. El ataque había llegado antes de tiempo y yo no sabía qué decir: si había sido peor el ataque por parte de los caminantes o si, como los entendidos decían, el daño lo habían causado miembros de otros asentamientos, los cuales sin lugar a dudas habían atraído a la horda hasta nosotros. ¿Pero qué mal le habíamos causado nosotros a esa gente? Si nos conocían, debían de saber que estábamos dispuestos a darles todo lo que necesitaran. En alguna ocasión, yo mismo había salido a llevar de nuestros suministros excedentes a otras localizaciones. Sea como fuere, deberíamos tener pronto una reunión, pero lo primero era ponernos a salvo. Si bien los caminantes no podían seguirnos hasta aquí, seguramente los que los llevaron hasta nosotros, sabrían cómo alcanzarnos.

Marcus vigila el pozo y medita sobre la situación.

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¡Oh por Dios! ¡No! —dijo queriendo erguirse, pero era imposible.

Las piernas de Ryan temblaron, fallándole, impidiéndole que se moviera de donde estaba. Lo que acababa de suceder con Lana lo había dejado medio meditabundo. Ido. Apenas si recordaba quién había hecho semejante brutalidad a la mujer de Wilhem. Cuando por fin se levantó, solo le temblaron las manos, y sin hacer caso a nadie de los presentes tuvo la inmensa necesidad de alejarse con un vacío enorme y un malestar que le revolvía las tripas.

Llegando hasta el Scirocco verde sintió el reflujo ácido del vómito subiéndole por el esófago. Quemándole. Abriéndose paso por su garganta hasta que de pronto...
¡BLUAGH! —vomitó sobre el césped lo poco que tenía en el estómago. Nada, en efecto, solo agua.

Ryan no era especialmente asqueros pero la imagen de la roca deshaciendo bajo su peso el rostro de Lana era demasiado para él. Más lo era aún la sangre de ella en su rostro. Había maneras más misericordiosas de acabar con los que no merecían la muerte aún y él creía que todos sabían eso. Pero una vez más la vida le demostraba que se había equivocado.

¿Cómo habían llegado hasta ahí?

Ryan se apoyó en el capó del coche, viendo a los demás en un estado anonadado, tanto incluso que ni siquiera notó qué era lo que hacía Vernice. Todos esos años él había aprendido a luchar y escapar de los muertos, pero no creía tener estómago para huir también de los vivos.
Los heridos, los que se habían ido. Los que estaban enteros. ¿Qué habían hecho para merecer eso? Ryan Dalton, "La Saeta", como le decían en Stanford, sintió un enojo inmenso creciéndole desde adentro. Y, entonces, llegó Julio para compartir el peso. Le debía la vida.

Ayudemos a Vernice. —dijo el mexicano animándole—. ¡Vernice! Tú dime cómo te ayudamos, que para eso estamos —se ofreció con una sonrisa, palmeando a Ryan en la espalda, para que entrase al coche y acomodar los que quedaban como debían.

Ryan se aleja de todos en un principio y después junto a Julio interactúa con Vernice, para acomodar los coches.

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La supuesta charla con Leon fue totalmente infructuosa para ella; pero realmente prefería pasar de discutir en aquellos momentos y concentrarse en los heridos. Lo miró sería antes de dejarlo ir para decirle. - No te pongas tú una carga qué nadie más te está poniendo. - Dicho eso le soltó el brazo para ir con el resto, llegando justo a tiempo para escuchar a Lucy.

Prestó atención a todo y asintió mirando a Michael con cariño. - Cielo, tú sabes que hacer, no preguntes nada salvo que realmente no tengas idea, de resto confío en ti. Y gracias por ayudar. - Le acarició la mejilla con cariño antes de mirar a Jean para esperar que Lucy se fuera a hacer su trabajo y acercarse a él a darle un suave abrazo como antes, acurrucandose en su pecho. - No voy a preguntar que le hiciste a Lucy para que esté tan cariñosa. Pero bien hecho. - Era una clara broma lo que le decía pero no podía perder aquella oportunidad. Se apartó de él con una sonrisa y comentó divertida y dulce como es ella siempre. - Me alegro que estés bien, porque ya sabes, si las cosas no hubieran terminado con zombies... Probablemente serias el padre de mis hijos ahora mismo. - Le apretó suave la mejilla con su mano diestra buscando transmitirle cariño y trotó suave a comenzar a hacer su trabajo con cada uno de los heridos.

Rato siguiente cuando ya había inmovilizado la fractura y suturado la herida de bala. Le sonrió a Gilbert al verlo llegar. Él era la persona a la cual necesitaba para buscar algunos implementos para inmovilizar del todo a esos dos heridos que eran los que ella consideraba estaban en mayor estado de gravedad. - Gil ¿estás bien? ¿Necesitas asistencia médica? Porque necesito ayuda para buscar hace unas camillas improvisadas necesito que esos dos descansen y si debo amarrarlos lo haré. Pero primero te reviso a ti ¿Si? - Miraba seriamente a sus pacientes mientras comentaba el reposo a su amigo con una sonrisa dulce mientras se acercaba a él dispuesta a comenzar a revisarlo; sobretodo por aquel inconveniente con su pierna.

Interacción: Leon, Michael, Jean y Gilbert.
Mención: Lucy y heridos.


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No había llegado a ser consciente de todo lo ocurrido hasta que el traqueteo del Scirocco por los caminos de tierra empezó a resultar incómodo. Mi cuerpo se bamboleaba y saltaba, sentado en el asiento trasero del vehículo, a causa de los baches del camino, y no sabía exactamente cuánto tiempo llevábamos en marcha, pero no era demasiado.

Llevaba las manos apoyadas sobre la empuñadura del palo del golf que había salvado mi vida, mientras que el extremo, aún manchado de sangre, reposaba sobre las alfombrillas del coche. Cuando levanté una de las manos para empezar a buscar mis efectos personales, fue cuando me di cuenta de cuánto me temblaba el pulso. Hasta ahora había sido afortunada y no me había tenido que enfrentar a esas cosas salvo en situaciones relativamente bajo control, pero lo que habíamos vivido en el ataque estaba completamente fuera de mis competencias y habilidades. Una masacre.

-Gracias.- dije quedamente a los dos ocupantes de la delantera del vehículo. Ryan y Julio.

El resto del trayecto continué en silencio, recordando los últimos segundos de vida con Rosemary y cómo sus ojos se habían ido apagando mientras soltaba mi mano. Seguramente no iba a poder sacármela de la cabeza durante mucho tiempo.

El vehículo se detuvo en una granja abandonada en el culo del mundo y todos salieron prestos a ocuparse de distintas tareas, mientras yo intentaba controlar el temblor de mis manos en cuanto dejaban de estar apoyadas sobre cualquier superficie firme. No podía permitir que me viesen así. Pasé un par de minutos, o puede que muchos más, intentando relajarme en el coche y recuperar la compostura, hasta que descubrí que no iba a conseguirlo sin actividad, así que descendí del coche decidida a encontrar alguna tarea ligera con que poder entretener la mente. Para mi fortuna, escuché de soslayo una conversación muy interesante que apartó de un plumazo la imagen de Rosemary de mi cabeza.

"Albert murió. Y tuve que matar a Monty. No, no estaba infectado. Simplemente, empujó a otra persona para hacerse un hueco en el coche.... Debí haberlo hecho hacía mucho tiempo. ¿Qué hacemos con toda esta gente Vernice?"

Las palabras de Gilbert me hicieron sentir el impulso de fijar la mirada directamente en él y me provocaron un escalofrío, pero tuve que contenerme con todas mis fuerzas y fingir que me acurrucaba en la rebeca de lana, ausente de todo lo que estaba teniendo lugar. Tuve que tragar saliva para asimilarlo, pues aquella información podía ser una buena "moneda de cambio" para el futuro, pero debía ser paciente y utilizarla en el momento adecuado.

Aún estaba metida en mis ensoñaciones cuando Ryan llegó junto al wolkswagen scirocco y se agachó a vomitar. Parecía compungido y destrozado por lo sucedido, así que me acerqué discretamente al chico para ver cómo se encontraba.

-Ryan, muchacho, ¿estás bien?- dije, aunque yo no fuera un modelo de entereza. -¿Necesitas un descanso?

No tardó Julio en llegar para ayudar a su compañero y ambos se dirigieron a Vernice para tener alguna indicación de qué hacer a continuación. Yo no iba a ser menos y les seguí para ofrecer mi escasa ayuda, quizás la proximidad era el mejor modo de disimular.

-Yo también quiero ayudar. Decidme en qué puedo ser útil e intentaré llevarlo a cabo.

Mención: Gilbert, Vernice, Ryan y Julio
Interacción: Ryan y Vernice

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Llegué al cobertizo que Pipper y Jean habían convertido en un hospital de campaña, y aunque no me sorprendió ver a tanto herido, me alegró saber que el 90% eran heridas y no mordeduras.

-Hola chicos. Creo que necesitabais ayuda por aquí.- La joven doctora me puso al día de lo que necesitaba mientras yo saludaba con un gesto nimio pero afable a Jean, el otro médico que tanto nos estaba ayudando.

Aún llevaba en mi mano la pistola que me acababa de entregar Vernice. Tenía un claro arañazo al que ella llamaba "abolladura" pero que no dejaba de ser eso: un simple pero profundo arañazo, recuerdo de cuando nos volvimos a encontrar por primera vez. Aún estaba fresco en mi memoria. Ella había vaciado el cargador sobre un mismo caminante, sin acertar ni una sola vez, para terminar atinando de pleno con el arma al lanzarla contra su cabeza. Cómico, pero real. Sacudí la cabeza en el pensamiento al tiempo que volví a referirme a Pips.

-¿Camilla? Sí no te preocupes, la haré en un par de... pero antes, me gustaría hablar contigo. ¿Puedes salir?- le dije señalando la puerta de atrás, la que daba a los sembrados colindantes a la granja.

Todos los cobertizos estaban situados haciendo un semicírculo y separados unos de otros por unos cuatro metros y este era el único que tenía una puerta trasera. A la derecha había un pequeño jardín de árboles frutales que me trajeron el recuerdo de Kaley, cuando fue a recoger fruta la mañana después de conocernos. A la izquierda, una basta extensión de terreno ahora sin cultivar, pero que antaño debió ser una frondosa y provechosa tierra de cultivo. Al salir cerré la puerta ligeramente.

-Necesito algo para el dolor. Escúchame ahora, no digas nada por favor. Ya tendremos tiempo después de revisar mi pierna. Ahora solo necesito unos analgésicos fuertes.- Saqué del bolsillo de mi chaleco táctico un pequeño bote de tiras reactivas gastadas que le había cogido a Emma tras haberse agotado. -Por favor, si puedes echa unas cuantas aquí. El dolor me mantiene vivo pero este ya ha conseguido invalidarme y mermar mis capacidades.

En mi mano aún estaba el arma. Había sacado el cargador y la había revisado como solía hacer. Ya no necesitaba una pequeña mesa como en la academia, sino que sabía hacerlo manteniendo todas las piezas en la mano con una rapidez tremendo. Cuando el cargador era lo último que faltaba por anclarse al arma, metí la mano en el bolsillo del pantalón y conté once balas. Empecé a meterlas rápidamente en el cargador para tener el arma preparada en menos de seis segundos y dirigir su cañón hacia la funda del pecho.

-Hemos perdido a mucha gente, ¿verdad?- Dije aunque conocía la respuesta. Yo mismo fui el último que salí de allí. -No he encontrado a Marianne, ni a Marc... no había rastro de Allyssa y es raro porque siempre estaba con los niños.... De los niños no falta ninguno, lo pude comprobar antes y ahora...- Sentía como si todo el peso de la operación recayera sobre mí y pasé una mano sobre mi nuca intentando buscar algún alivio de esa presión.

Un chasquido sonó justo detrás de las cajas que había apenas a diez metros de nosotros, una gran pila de cajas de madera ahora carcomidas y podridas por el agua y el sol que las había estado maltratando durante tanto tiempo, es lo que tiene la intemperie. Apenas había pasado unos segundos en su funda cuando volví a sacar mi arma. El crujir detrás de las cajas, que no tenían una extensión mayor a seis metros ni una altura superior a seis, hizo que el pelo se me erizase y, por si acaso, empecé a caminar lentamente hacia ellas, tras hacerle un gesto con el dedo a Pips para que se mantuviera al margen.... Comencé a andar hacia el lado derecho.

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Todo estaba moviéndose como debía, casi como si estuvieran aún en la fábrica. Los especialistas en salud que quedaban... junto a Michael; estaban atendiendo a todos los heridos y se movían como una máquina, estaba sorprendida de ver al pequeño ser tan eficiente, pero lo dejó hacer en todo momento. Sin querer notó el abrazo entre la doctora Hoffman y el doctor  Montana, y aunque parte de ella quería hacer un gesto, decidió ignorar por completo aquello y dedicarse fielmente a limpiar y atender cada herida de cada paciente a su cargo.

Si bien ya no estaba en el hospital y no contaba con recursos ilimitados para atender a todos, si que buscaba dar lo mejor de ella y dejar todo de la mejor manera posible, aunque tuviera que inventar sobre la marcha por las circunstancias apocalípticas en las cuales se encontraban. Lucy es una de las personas más entregadas a su oficio y sin duda una enfermera de corazón que ante pone todo a sus pacientes.

Mientras pasaban los minutos veía a todo haciendo sus labores buscando recuperar y restablecer lo que quedaba de su comunidad, preparándose para la noche en pos de esperar a los faltantes, hacer cuenta de los daños materiales y llorar y despedir a los que no volverían más con ellos. Los autos de rodaban como Verenice lo pedía, los niños eran puestos en un lugar seguro con varios adultos que los mantenían bajo control, los heridos poco a poco regresaban con sus seres queridos y otros se quedaban a ser supervisados por la gravedad de sus heridas. A ella podían verla simplemente en su labor y ayudando a Michael en lo que este le pidiera. Pero cuando sus pacientes estuvieron listos buscó con la mirada a Jean... Después de todo son un gran equipo y una muy recóndita parte de ella deseaba que la necesitara para hacer bien si trabajo.

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Aunque le gustaría seguir hablando con Jean tenían cosas que hacer y ella sobretodo por las clase de herida que tenían los pacientes que a ella le correspondían; por supuesto heridas de trauma. Le apretó con suavidad la mano a Jean mientras iba con sus pacientes. No pasó mucho tiempo luego de tener a estos bien atendidos para que llegara Gilbert a ella y me pudiera salir un momento. Pero...¿Cómo podía decirle que no? A pesar de que no estaba de acuerdo con sus formas, si entendía el por qué lo hacía y como funcionaban las cosas para él.

Se cruzó de brazos para mirarlo fijamente antes de mover su mano izquierda a su bolsillo dispuesta a sacar unos analgésicos y dárselos. Pero como no puede ser de otra manera en un mundo tan caótico, justo en ese instante algo sonó y debían averiguar qué era. Puesto que de tratarse de una amenaza debe ser eliminada de inmediato en pos de la protección de todos.

Lo siguiente que le dijo Gilbert causó en ella un mohín. ¿Es que acaso todos los hombres a su alrededor iban a tener la misma mala costumbre de quererla dejar en un segundo plano para "protegerla"? Aún un tanto molesta por lo de Leon, sacó su cuchillo para seguir a su amigo y ayudarlo con lo que fuera. Como ya es común en ese mundo, el causante de ese ruido era un caminante, que parecía atrapado entre las cajas y estibas. Pipper bajó la guardia a sabiendas que Gil querría encargarse, pero lo que ninguno de los dos notó en ese momento fue que ese no era el único caminante.

Sin estar segura de donde salió... Pipper se enteró de la existencia del segundo al sentir la mordida en su hombro siniestro. Su grito de dolor fue inmediato pero de poca duración porque tuvo el tino de callarse y usar su cuchillo para atravesarle el cráneo liberándose de él. A nivel médico sabía que no tenía ningún daño grave, si fuera una herida normal, en un mundo normal, unas suturas bastarían y un vendaje... Pero no es un mundo normal y acaba de ser condenada a la peor de las muertes. Ahora estaba infectada... Y podría dañar a su familia.


Interacción: @Gilbert White


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Crucé el destornillador en mi mano izquierda por debajo del cañón de la beretta y al ver que el caminante estaba atascado entre las cajas, no quise hacer el disparo para no alertar al resto. Lancé el destornillador que se clavó con precisión en la sien del caminante, quedando inerte y desplomándose sobre las cajas, un ligero ruido fue lo único audible del desgraciado, pero cuando volví la cabeza Pipper había clavado su cuchillo en la cuenca ocular de un segundo caminante.

No lo había visto, y de no ser porque ella se había acercado, éste me habría atacado por detrás. Tras el sonido del desplome del caminante, vi que del hombro de Pipper manaba un poco de sangre. Su rostro era muestra del terror que estaba viviendo. ¿Le había mordido?

-¡Joder Pipper! ¿Te ha mordido?


Saqué del caminante abatido por Pipper una palanca halligan como la que había perdido durante el ataque y la colgué de la cinturilla de mi pantalón.

-¡Sígueme!-
le dije -Sígueme y no digas nada. Voy a revisarte esa herida.

No salía una palabra de sus labios, se había quedado perpleja pero no iba a dejar que nada le pasara a mi buena amiga.

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Vi a Gilbert alejarse hacia el ambulatorio de campaña con un suspiro de alivio, pues sabía que siempre esperaba hasta que el dolor fuera insoportable antes de tomar medidas, y eso en cualquier situación de emergencia, podía suponer algún fallo fatal e irremediable. Por lo menos, ahora sabía que estaría bien.

No tardaron en aparecer nuevos voluntarios para realizar todas las tareas pendientes.

Marcus se tomó muy a pecho lo de proteger el pozo y había comenzado a montar guardia alrededor del mismo. Lo más seguro habría sido cegarlo de inmediato, incluso antes de haber elegido la granja como punto de encuentro en caso de alguna catástrofe, pero bien sabíamos que lo que había en su interior nos podría ser necesario algún día y nos convenía que estuviera accesible cuando ese momento llegase.

Julio y Ryan se presentaron poco después, listos para encargarse de la reorganización de los vehículos del campamento, y lo cierto es que aunque no fuera una tarea difícil, sí que se hacía larga y pesada por la necesidad de mover tantos coches distintos.

-Gracias chicos,- les respondí -la idea es que dejemos los coches de modo que no se corten las trayectorias si tenemos que volver a huir. Vamos a dejarlos colocados en forma de flecha, uno en la cabecera y dos a cada lado. Dejando siente metros entre un vehículo y el que esté a su "lado" y quince metros con el que esté delante. Así, a la hora de salir todos pueden girar hacia el "exterior" y escapar por distintas rutas sin llegar a colisionar. Vamos a colocar primero los que están más adelantados, para ir dejando suficiente espacio. Y... Clarisse...- dije mirando a la mujer que acababa de presentarse también como voluntaria para ayudar, pensando en qué tarea podría desempeñar. -Realmente necesitamos alguien que empiece a hacer un censo de los presentes y... bueno, de los que no están.

Me dirigí hacia el Gigante Rojo para empezar a organizarlo como punta de la flecha exterior, pues si las cosas se ponían feas, siempre se podía intentar usar el agua a presión del interior para apartar grandes masificaciones de zombies si nos cortaban el paso.

Cuando todos los vehículos estaban ya convenientemente situados, volví al gigante rojo acordándome del alambre de espinas que había guardado hacía algunos días, y que seguramente, ahora nos sería muy útil para asegurar el perímetro del campamento. Tenía entendido que León estaba ocupándose de ese tema y tenía la intuición de que Pipper sabría donde estaba, así que me dirigí hacia la enfermería provisional intentando dar con ella.

-Uhm... ¿Perdón? ¿Pipper?-
pregunté echando un vistazo al interior, intentando que los ojos se me adaptasen a la oscuridad del interior del cobertizo.

No pude reconocer a Pipper entre las siluetas, pero tan sólo vi a Jean, Lucy y el pequeño Michael, que se ocupaban de atender a los heridos.

-Bueno, Michael, ¿sabes dónde está tu papá? ¿Alguno habéis visto a Leon? Si estaba preparando las defensas seguro que esto le podrá ser útil.-
dije dejando en el suelo el atillo de alambre de espinas, pero inmediatamente recogí pensando que no era la mejor idea dejar eso en el suelo de la enfermería. -Bueno, lo pondré por aquí fuera del cobertizo, para que nadie vaya a tropezar por error. ¿Necesitáis ayuda por aquí?

Mención: Gilbert, Marcus, Julio, Ryan, Clarisse, Pipper, Jean, Lucy, Michael y Leon.
Interacción: Ryan, Clarisse, Jean, Lucy y Michael.

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El chico intentó hacer caso a lo que Pipper le había pedido. Jean y ella trataban de organizarse y atender a los heridos más graves, por lo que no podía hacerlos perder el tiempo con preguntas  cuando a él le tocaban unos cuántos raspones, unos peores que otros, pero al final heridas que no se comparaban con las de otras personas en aquel cobertizo. Michael sintió un pequeño reflejo de nausea al mirar a la gente que ellos atendían a lo lejos, mas no por la sangre, sino de pensar que era otro grupo el que les había hecho eso, más que los infectados.

No va a doler, no te muevas —dijo a una niña de nueve años con la que estaba en ese momento. Tenía varios moretones, sin embargo, de lo que el adolescente se ocupaba era de un fuerte raspón en una de sus rodillas, en la que le aplicaba antiséptico después de haberla lavado con la debida atención.

Auch —Se quejó la pequeña por el ardor de toda la piel que tenía levantada y volvió a llorar como lo hacía mientras esperaba su turno. Avergonzada intentó detenerse, pero se le notaba el esfuerzo en el rostro.

Listo. No fue tan malo, ¿cierto? —Aunque él no se había permitido llorar, comprendía que otros chicos lo hicieran, pero en lugar de consolarlos de más o pedirles silencio, los trataba con tranquilidad, lo que hacía que se calmaran un poco. Su obsesión por hacer las cosas bien servía en ese momento para curar las heridas de forma cuidadosa, aunque eso también lo hacía ser más lento por asegurarse todo el tiempo de no haberse brincado ningún paso. A veces observaba a Lucy con la intención de que ella le dijera si había hecho algo mal, pero parecía que de momento no había problema. También le pedía algún medicamento en especial, en su mayoría tópicos, aunque en algunos casos analgésicos. A los que necesitaban otra revisión o aplicación, les pedía que regresaran en unas doce horas.

Al momento que Vernice entró y preguntó por Pipper, pero ella no aparecía, Michael se puso alerta. Había estado tan concentrado que no se dio cuenta de cuándo la traumatóloga abandonó el cobertizo y dejó a Jean a cargo de los heridos. Observó a Lucy muy confundido.

¿Y Pipper? —preguntó a la enfermera como ya lo había hecho Vernice y por alguna razón tuvo un mal presentimiento, que trató de ignorar—. Mi padre dijo que iba a revisar el perímetro —respondió, no muy seguro de su localización exacta. Seguro el alambre le funcionaría para las trampas que quería poner. A Michael ya sólo le quedaba un niño por atender, así que seguro podría buscar a Leon al acabar—. Yo ya casi termino; podría llevárselo —Quedó pensativo unos segundos tras hablar y mientras pasaba al último infante dejó que fueran Lucy y Jean los que respondieran en dónde se necesitaba ayuda, pues él no estaba seguro. En su cabeza seguía la misma duda sobre por qué Pipper no regresaba. No podía haberle sucedido algo, ¿o sí? Esperaba que entrara de un segundo a otro, pero como no lo hacía, se preocupó. Tal vez era a ella a la que debía encontrar y no a Leon. Claro que lo primero era atender al niño, eso era lo que Pipper habría hecho si estuviera en su lugar.


Mención: Jean, Pipper y Leon.
Interacción: Lucy y Vernice.

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Ryan alzó la vista a Clarisse con la mirada perdida cuando escuchó su voz como un eco que lo envolvía cual manto de lana. Había olvidado que había venido con ellos. Había olvidado todo lo ocurrido inmediatamente, exceptuando la imagen de Lana destrozada bajo una piedra. Era algo recurrente en su cabeza, y aunque apenas si habían transcurrido unos pocos minutos, sentía que lo había revivido ya unas mil veces. Las gotas carmesí salpicando a su alrededor eran una pesadilla, pero más aún el recuerdo de la voz cantarina de aquel demonio de cabello crespo. El muchacho de Kansas clavó la mirada en los azulinos ojos de aquella mujer que poco conocía a pesar de haber compartido el refugio tantos meses ya. Sin ser capaz de agilizar una respuesta para recomponerse a sí mismo y no preocuparla, solo fue capaz de afirmar con la cabeza en un movimiento lánguido.

Quiero decir, sí, estoy bien —alcanzó a murmurar con la lengua trabada y seca. No estaba bien, claro que no estaba bien. Pero, ¿de qué serviría hacérselo saber al mundo?
Evitó devolverle la pregunta; el rostro de Clarisse decía todo lo que ella jamás le diría.

Vamos, chico, no pierdas la cabeza ahora —le animó Julio, frotando su espalda justo antes de levantarse del capó del coche más cercano.

Él parecía mucho más entero, creyó Ryan, pero la sangre de Lana no le había manchado el rostro, ni había visto la barbárica escena que se había montado aquella mujer que apenas había llegado a visualizar. Ryan se pasó la manga larga del buzo por la boca, justo en el momento en que Julio le alcanzó una botella de agua del interior de alguno de los coches. Con un rápido buche de agua se enjuagó del reciente vómito en un intento de recomponerse para no bajar la moral de todos sus compañeros. Asintió un par de veces a las órdenes de Vernice y se encaminó con Julio hacia el interior de los coches estacionados para ponerlos en la posición que habían hablado ya.

Ryan acomodó uno a uno los coches que faltaban sin perder la vista del camino de ingreso y egreso de la granja. En silencio aguardaba la entrada de una motocicleta de la que reconocería el motor a lo lejos. Sin embargo, no es escuchaba nada. Nada más que lamentos y gritos que no comprendía si solo pertenecían al interior de su mente o no.

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El papeleo burócrata para la rata burócrata, supongo que era lo natural. Realmente, sabía y esperaba que no me asignasen ninguna tarea pesada en que fuera necesario un mayor desempeño físico, así que próntamente me afiancé como voluntaria para las tareas de censo y registro de la población superviviente.

-Muy bien, me ocuparé del censo.- respondí a las palabras de la bombera, que tan rápidamente desapareció a hacer otras cosas, apresurada como siempre.

El rostro de Ryan estaba visiblemente roto, como el de todos los demás, pero igual que tantos, también se notaba el esfuerzo por aparentar tranquilidad y firmeza, así que me limité a esbozar un gesto de asentimiento cómplice en su dirección, justo antes de que el mexicano y él se marchasen a la tarea de acomodar los vehículos del campamento.

Fui hasta el wolkswagen scirocco con la intención de buscar algo de papel y lápiz con que empezar a realizar mi tarea, cuando caí en la cuenta de que aún iba vestida con la ropa manchada con los sesos y la sangre de mi amiga. Con un ademán rápido y nervioso me deshice de la rebeca, tirando tan fuerte y violentamente de las mangas, que una de ellas se descosió del cuerpo de la prenda. La tiré al suelo del asiento de atrás deseando, con todas mis fuerzas, no volver a verla nunca, enterrar el recuerdo y no dejar que me lastrase para el futuro, tal y como siempre pretendía que sucediese.

Tras dar al vuelta por delante del capó del coche verde, busqué en todos los compartimentos y guanteras hasta dar con un rotulador y una pequeña libreta de notas a la que le quedaban pocas páginas. Alcé la vista unos instantes contemplando a la gente que realizaba sus tareas en la explanada de la granja... La libreta tenía pocas hojas, pero la intuición me decía que serían suficientes para anotar a todos los que quedábamos con vida.

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