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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica]

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El punto de encuentro


12/09/15 - Granja abandonada - Norte de Georgia - 12:00 - "Exit Music"


El cielo plomizo parecía engullirnos mientras avanzábamos en el "gigante rojo" en dirección a la suave colina sobre la que se asentaba la vieja granja avícola. No hacía mucho que esas coordenadas concretas habían sido marcadas como el punto de encuentro en el caso de que algo terrible e inabarcable ocurriese. Y había ocurrido.

Casi como un fallo sistémico, la historia volvía a repetirse. De nuevo una huida hacia adelante, un sálvese quien pueda intentando acomodar a tantos pasajeros en los vehículos como fuera posible, de nuevo la amenaza de los muertos y de... ¿los vivos? Por lo menos, esta vez habíamos pensado en la posibilidad de que ocurriese lo peor y teníamos un plan de contingencia para ello, pero eso no quitaba el que fuéramos a pasar en vilo las próximas horas mientras esperábamos que, uno a uno, los vehículos de nuestro convoy fueran llegando a la granja abandonada.

Alternaba la mirada entre la luna frontal y el retrovisor, en cuya superficie especular, se reflejaba la imagen desesperada de Wilhelm y Sinitar intentando detener la hemorragia de la señora Von Bernsteinbachtal, aunque casi todos los que íbamos a bordo del "Gigante rojo" ya sabíamos cuál iba a ser su destino. Las ruedas pasaron sin problema a través del pequeño riachuelo que, a estas fechas, ya estaba prácticamente seco, y en lo alto de la colina, empezaba a divisarse el depósito de agua sobre el que meses atrás había dejado mi marca con pintura en aerosol.

-Ya casi estamos llegando, aguantad.- dije echando la vista hacia atrás un instante.

La pendiente decrecía notablemente pasado el riachuelo y la granja se asentaba en una pequeña llanura artificial en la cima de la colina. Sólo el telón de fondo de aquel lugar parecía haber cambiado, permitiendo que los bosques que lo rodeaban se empezasen a teñir de colores dorados y marchitos; a par de eso, aquel lugar parecía haber permanecido congelado en el tiempo desde la primera vez que estuvimos ahí.

La torre del agua dominaba el centro de la planicie y de ella crecían múltiples tuberías y canalizaciones aéreas que llegaban hasta el interior del resto de edificios. De la casa principal poco quedaba, había sido consumida por las llamas mucho antes de que Gilbert y yo llegásemos allí, el tejado y el suelo del segundo piso se habían desplomado sobre el primero, y ya sabíamos de buena tinta que no había nada de interés en su interior. El viejo pozo de boca ancha, que estaba desplazado a un lado del complejo, ocultaba un siniestro secreto... y en la medida de lo posible no recurriríamos a él si había otras opciones. La gran nave avícola era, junto con la torre, lo más destacado de la granja y las fuertes puertas de madera parecían haber resistido bien los últimos días, además, ya habíamos comprobado que tenía el potencial de ser un refugio seguro, al menos durante cortos periodos de tiempo. Y el complejo se completaba con tres almacenes de distintos tamaños que quedaban dispersos pero cerrando en un semicírculo la explanada. Un buen sitio para defender.

Aminoré suavemente hasta detener el camión forestal delante de la torre de agua, intentando cubrir el acceso que podía quedar libre ante la gran nave de los gallineros. Ahora mismo, mi preocupación y mi atención estaba con los ocupantes de las plazas traseras, y me colé entre los asientos para comprobar el estado de la anciana Lana.

-Oh mein Gott ... Lana ... Liebes, verlass bitte nicht.- murmuraba Wilhelm entre sollozos.

Saqué el pequeño botiquín de debajo del asiento del copiloto y me arrodillé frente a ellos, intentando hacer algo por salvar su vida. Entregué a Sinitar un paquete de gasas para que taponase la hemorragia del abdomen con ellas, pero al posar la mano sobre el cuello de la mujer intenté disimular el gesto de decepción. Ya nada se podía hacer por ella y Wilhelm no tardaría en entenderlo, pero no quería ser yo quien le diera la noticia. Lancé una significativa mirada a Koi Sinitar, el dependiente de la tienda de cómics había leído las suficientes novelas de ciencia ficción durante su vida como para saber qué hacer, y carraspeé antes alzar la voz.

-Eso es, seguid parando la hemorragia. En cuanto lleguen Jean, o Marianne, o Gilbert, o Pipper... la atenderán, ¿vale?- dije esperando encontrar un atisbo de aprobación en los ojos de Wilhelm, el marido de la ya difunta Lana Von Bernsteinbachtal. -Ya sabéis el protocolo. Ventanillas abiertas y no bajéis del vehículo.

Volví al asiento delantero y, con una agilidad felina, me encaramé al techo del gran camión forestal, desde donde tenía una vista privilegia de todo lo que rodeaba la granja. Si algo se movía, ya fuera vivo o muerto, lo vería llegar. Aún así, tragué saliva mirando al horizonte, sintiendo como el tiempo se hacía cada vez más lento y, en mi espera, las imágenes se alternaban con escenas que habíamos vivido hace poco menos de unas horas en el que durante muchos meses había sido nuestro hogar. Otra vez un ataque, una masacre, una huida...

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Long Journey


12/09/15 ♦️ Granja Abandonada ♦️ Norte de Georgia ♦️ 12:00 ♦️ B.S.O.



Cuando por fin parece que logras tener una vida "normal", amigos, tranquilidad, un asentamiento estable, un hogar...
Todo vuelve a truncarse nuevamente dando un inesperado giro de 180 grados. Aunque por suerte para todos nosotros, ésta vez habíamos sido muy precavidos y habíamos creado un plan de emergencias para situaciones como esta.
Nos vimos obligados a abandonar repentinamente nuestra Fábrica, la cual había sido nuestro hogar durante tanto tiempo. Allí, lo quisiera reconocer o no, había surgido una nueva familia tanto para mí como para Jean, sobretodo para él, pues le había hecho mucho bien obtener un mayor contacto humano y entablar nuevas redes de sociabilización. Ahora creía más en sí mismo, y de cierto modo, había logrado recuperar "un poco" de aquel Jean Montana que fuera antaño. Incluso yo, que siempre me quería mostrar fría como un témpano de hielo y con una coraza impenetrable, habían derrocado parte de ella y me habían hecho creer en las personas una vez más. Sobretodo Vernice, ella me había ayudado muchísimo con todo, sobretodo durante mi proceso de adaptación.

Y ver cómo ahora todo se había ido de nuevo a la mierda, me enfurecía bastante. Ahora, no solo los "no muertos" eran un puto grano en el culo, sino que ahora lo eran también los vivos, que asaltaban a la más mínima de las ocasiones para hacerse con todo, eso en cierta manera, me recordaba a mí antaño, cuando había sido una vulgar ladrona que anteponía sus intereses sobre el resto de personas.
Ahora me encontraba circulando a alta velocidad con mi querida Harley D. a 200 km por hora, sino más, tampoco me importaba. Necesitaba sentir la corriente del viento en mi contra, mientras mi melena ondeaba salvajemente mecida por su contacto.
No debía de quedar mucho para llegar al "punto de encuentro" que habían declarado Gilbert y Vernice, una vieja granja abandonada al norte de Georgia en la que, cuando nos viésemos separados y obligados a darnos a fuga, pudiésemos reencontrarnos en ella de nuevo.
Así que esperaba llegar a tiempo, sabía que habría heridos, por lo que a regañadientes, había cedido a que Jean fuera en una de las camionetas para atender por el camino a los heridos. No me gustaba quitarle el ojo de encima, pero sabía que se podría guardar las espaldas y que contaba con ayuda de nuestros amigos.

Me desvié por una de las salidas y pude divisar, al fin, la granja en la que debíamos encontrarnos todos tras lo acontecido. Aminoré la velocidad y observé la zona, buscando con la mirada gente que hubiera llegado ya y esperando a que todos se encontrasen sanos y a salvo.
Viel gran camión forestal en el que había huido Vernie con un gran grupo, "El Gigante Rojo". Me acerqué y acabé de frenar para a continuación, bajar rápidamente de la moto. Pude ver que la latina se hallaba encima del techo del camión para tener una mejor panorámica de todo.
Agité la mano hacia los lados a modo de saludo.
—¡Hey Vernie! ¿Soy de las primeras en llegar?—pregunté mientras me acercaba a ella subiendo al techo. Trataba de sonar tranquila, pero en nuestro estado actual, no era nada sencillo mantener la calma.
—De los demás...
¿Sabemos algo? Esto es una jodida putada, ahora que habíamos logrado normalizar nuestra jodida situación...
Menuda mierda...—
me quejé mientras me sentaba al lado de ella.


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El Volkswagen Scirocco, modelo del '75 y de color verde, aunque ahora la trompa estaba lleno de restos de zombies y toda su mierda putrefacta, parecía que volaba por la ruta y de miras a un pequeño pozo, Ryan señaló la carretera para que su compañero le pusiera la atención debida. Era un automóvil viejo, con mucho uso y poco cuidado que Robert, Julio y Ryan habían reconstruido con piezas encontradas en las búsquedas de suministros y exploraciones de terreno.

¡Cuidado! —alarmó el ex atleta esperando un gran bote, pero Julio esquivó el vasto agujero a último momento— Ni siquiera sé porque me he subido al coche contigo, Mex —reclamó molesto, sin perder ese tinte bromista que lo caracterizaba. Si no lo llamaba por su nombre se debía simplemente a que el jardinero se burlaba de él cuando pronunciaba la jota. Al final, le había quedado de mote Mex, sin la intención de parecer racista ni, mucho menos, despectivo.
Era eso o que te atraparan esos tipos, ¿recuerdas? —dijo el mexicano ya acostumbrado a su manera de ser. Y era cierto.

Ryan todavía sentía los gritos en su cabeza, el miedo en su cuerpo. Cómo habían salido de ahí con vida era un misterio aún para Ryan, que en un momento de desespero se había entregado al mismísimo universo para que El Todo hiciera con él lo que quisiera. De verdad creyó que moriría en manos de esos bandidos que se habían colado en el asentamiento, si no fuera porque Julio apareció con el Scirocco y condujo por encima de ellos, atropellándolos sin importarle nada.

Sí, respecto a eso... ¿quieres que lo hablemos, o...? —era la primera vez que Julio mataba a una persona. Persona con vida. Y encima habían sido dos. Pero Ryan no sabía cómo lidiar con ello... así que lo había ignorado hasta el momento. Cuanto pudo.
No hace falta, Ryan. Eramos ellos o nosotros. Y no hubieran dudado en degollarte a ti como a un cordero. ¿Qué te pasó? -preguntó Julio. Y ahora el preocupado parecía él.

Ryan alzó la vista a Julio, pensando en cuánto le recordó a Joan, el difunto hermano mayor del jardinero, así que simplemente se encogió de hombros y acomodó el parasol del lado del acompañante para comprobar desde el espejito qué era lo que ocurría detrás. Ya se habían alejado suficiente de la última curva como para no ver el coche que debía de seguirles.
¿Dónde están...? —preguntó más al aire que a otra cosa, pero su ansiedad necesitaba respuestas— Oye, Mex, no están. ¡No están! Venían detrás nuestro...

Julio comprobó que la carretera no se desviaba justo antes de lanzar un vistazo por el retrovisor.
Tranquilo, ellos saben cuál es el punto de encuentro —dijo el oriundo de la ciudad de Juarez—. Conociéndolos habrán tomado un atajo —acotó sin preocuparse y aceleró el ritmo del Volkswagen.

A medida que se acercaron a la granja los muchachos divisaron el gran camión rojo en el que había salido Vernice y sintieron ambos una oleada de alivio. Ryan se acomodó en su asiento y hecho una mirada al costado de ambas rutas, buscando más motores conocidos.
Al llegar hasta donde estaba también Ryuko les dedicó a ambas una mirada a modo de saludo desde abajo, como si estuviera contado a todos los presentes.
¿Nadie más? —se había encajado la mano sobre la frente en un intento por cubrir sus ojos de la resolana del mediodía. Como un reflejo, se fijó en el horizonte como si pudiera ver lo mismo que veían las chicas desde arriba del camión.

¿Se ve algo? ¿Buenas noticias? —preguntó animándose a escalar por el camión también, pero a último momento escuchó unos sollozos graves y dolidos. Descubrió entonces a Wilhem, sosteniendo a Lana y comprendió todo. A Ryan le hizo falta llevarse la mano a la boca para ahogar un quejido lastimero.
Wilhem... —murmuró con voz queda. Todos sabían lo que ocurriría después. No lo dudó y, después de una mirada significativa a Koi, se metió para ayudar al matrimonio. O al menos a la mitad que quedaba de él.

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Mensaje por Invitado el Jue 14 Mar 2019, 01:48


Aquella moto era una reliquia -aunque no sabía nada de vehículos, podía sentirlo-, y encontrarla era un claro regalo de mis deidades. Mis piernas eran rápidas y fuertes, pero no podían recorrer enormes distancias en poco tiempo. No tenía casco, pero de haber estado junto a la moto, tampoco lo hubiera usado. No era para gente como yo: me despeinaría esos rizos despeinados que tenía... ¡Aún más! Además, que el cabello ondeara al viento me daba un look aún más savage. La I-16 estaba desierta, a excepción de algún vehículo o zombie que esquivar. Nada que girar de tal forma que mi pelo rozara el suelo no pudiera solucionar.

Estaba de camino a la fábrica de carne, para visitar a todos. Tuve que separar a JM de su cuerpo para que cupiera en la mochila, e iba quejándose de eso, pero también gritándome que bajara la velocidad.

"Nos vas a matar", no dejaba de repetir.

¡Pero si tú ya estás muerto y yo soy inmortal! —Le respondía al principio, a estas alturas, había optado por cantar cualquier melodía que llegara a mi cabeza, ignorando los gruñidos de insatisfacción de mi acompañante—. Si no te gusta, bájate. Ah, espera... —Sonreí con malicia—. ¡No tienes piernas!

Y solté una carcajada. JM se enfadó y se quedó callado. Y yo me quedé sin nadie con quien conversar. Nota mental: buscar una cabeza de repuesto con la que hablar. Como si eso fuera fácil. Podía haber miles de cabezas rugiendo por ahí, pero pocas tenían la inteligencia de mi amigo. Intenté que hablara, pero continuó sin responder, por lo que supuse que se habría dormido y se despertaría de buen humor más tarde. O por ello rezaba.

En el camino me desvié para buscar refugio, y en una granja reconocí el graffiti de Vernice. Me dolía el cuerpo de mantenerme en la misma posición durante tanto tiempo, pues sólo había parado algunas veces para llenar el depósito de combustible. ¿Qué podía pasar si me quedaba allí? Nada. El granero era uno de los lugares más seguros que existían. No es como si hubiera estado alguna vez antes... O sí. Sí, sí. Lo admito, lo hice. ¡Pero es que necesitaba dormir! Justo como en ese entonces, que la oscuridad cernida sobre mí me arropaba. También me daba ganas de salir a cazar, pero no existía un alma viva a kilómetros a la redonda. Sólo me quedaba tirarme y dormir; así que lo hice. El suelo del granero se sentía como si fuera el lecho de los Dioses, por lo que no me desperté hasta varias horas más tarde, cuando el rugido lejano de motores me alertaron. Fruncí el ceño extrañada, miré la moto a mi lado, a JM armado y acostado, intentando morderme la nariz. Si la moto estaba ahí, y el zombie también, entonces el zombie no se había llevado la moto. ¿Qué era eso? Al levantarme sentí que un vehículo paraba fuera. Pero aún había más ruidos, más motores. Voces. ¡Esa voz! Tomé a JM en brazos y trepé a lo más alto del granero, salieron por un tragaluz del techo y quedando de pie sobre la chapa resbaladiza que cubría el tejado.

Ellos estaban allí, ¿venían a visitarme? Tomé la manito de JM y lo hice saludar.

¡VERNICEEEEE!¡HOOOLAAAAAAAA! —Me controlé de no saltar para que mi apoyo no cediera y terminara quebrándome—. ¿ES UNA FIESTA?¿ESTOY INVITADA? ESPERA, ESPERA, YA VOY.

Vi algo que me llamó la atención, así que bajé con cuidado y, una vez en el suelo, reparé en algo. ¿Qué se escondía en esa caja que ponía: "frágil"? Oh, sólo sprays extraños. Me los quedaría de todas formas.

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Habíamos repelido la primera oleada de caminantes, escapando la mayoría de nosotros por la entrada sur. Pero ahora por ese mismo acceso, atraídos por el ruido, se nos avalanzaba una segunda horda.

Robert conducía el autobús en el que iba Marcus, ellos sabrían llegar perfectamente a la granja. Al igual que Rose, que llevaba la Pick-up con Stephen. Detrás, junto a la gran cantidad de provisiones y el remolque con las motos del viejo mecánico y su hija, viajaba Louise, una joven que con un largo palo de labranza iba alejando a los caminantes que se acercaban a la pick up, con la furia asesina de quien nunca había conocido paz ni descanso, y no tenía la más mínima intención de hacerlo.

Mi ropa estaba totalmente ensangrentada. Sangre podrida y vísceras, entonaban un cántico en el camuflaje del que antes había sido un impoluto uniforme militar. Había visto salir a casi todos los vehículos: el de Vernice, la moto de Ryuko, el autobús de Marcus con los niños, el de Julio desde el que Clarisse hacía un gesto indicando que nos marchásemos todos ya...

En un último intento de comprobar que no quedaba nadie, Jean y Lucy traían a un herido hasta la ambulancia. Jonás y Leonard corrieron a ayudarles y Emma recogió la silla de ruedas del pobre Bernard. Abrí la puerta lateral de la ambulancia y fueron pasando uno a uno. Niebla, mi joven perrita, alertó de que un par de caminantes más nos estaban cortando la retirada y mientras Emma pasaba atrás junto a Lucy y Jean, Leonard cerró la puerta y entró dentro de la cabina.

Tomé el destornillador que llevaba en la cintura del pantalón y esperé a que Niebla derribara al caminante para darle el golpe mortal. Después, ya casi desganado y cansado de la lucha que se había emprendido hacía años, monté en el vehículo y lo puse en marcha.... Tomé todo el aire que podía entrar en mi caja torácica y dejé que saliera lentamente mientras con la mirada intentaba encontrar algún superviviente más.

-Vámonos Gilbert.- dijo Leonard. -Es ahora o quedarnos aquí.

Aceleré el vehículo sanitario dentro de sus posibilidades. Evidentemente no era como el que Leonard y yo habíamos preparado antaño, las únicas mejoras con las que esta ambulancia contaba, era una rejilla de acero para proteger el motor de los impactos frontales....

_______

Una hora más tarde, tras un rodeo por un bosque que desmerecía su esplendor otoñal, comencé el descenso hacia la granja. Pude ver el color de el “Gran Rojo” y fue cuando respiré, pero aún debía asegurarme de que la bombera estaba ahí. También pude ver el autobús conducido por Robert y la Pick-up de Rose.... y los vehículos de Ryuko y Julio.... Estaban todos ahí. No faltaba nadie. El plan había funcionado a la perfección. El último vehículo debíamos de ser nosotros. Así que desde lo alto de la loma esperé unos segundos para confirmar que no venía nadie y que tendríamos tiempo para reorganizarnos todos.

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El sueño terminó.

Era algo impredecible la duración de las cosas en fechas recientes. No había pasado mucho tiempo desde que se combatió a la última horda de muertos y ahora, además de los muertos, tenían a un grupo de bastardos usurpando lo que con duro trabajo se construyó. Y aunque le costara admitirlo, en el fondo nada de lo que había ocurrido le sorprendía. Era un buen lugar, grande, con muros, cultivos, enfermería y claro, una reducida población de gente fuerte para proteger a una mayoría incapaz de defenderse. Mucho menos sobrevivir por su cuenta.

¡Lucy!— En medio del caos, Jean se había encontrado con la enfermera tratando de arrastrar a un hombre herido no muy lejos de la enfermería, donde trató de coger lo más posible dentro de una bolsa de plástico. El médico se amarró la bolsa al cinturón sin perder el tiempo para cargar al hombre con heridas de bala, —¿Dónde están Pipper y Ryuko?— Preguntó con una calma impresionante acomodando al hombre en su espalda. Lejos de estar calmado, mantenía la compostura para demostrar fuerza porque no sólo necesitaba a la doctora Hoffman para tratar las heridas de trauma o a Ryuko para que les ayudara a escapar, necesitaba asegurarse que estaban bien. Mientras corrían a través del humo, gritaba el nombre de ambas viendo en cada dirección. La adrenalina de la situación le hizo olvidarse de que, además que no necesitaban protección, la doctora contaba con un “guardaespaldas” de casi dos metros de estatura y considerable masa muscular y su hermana, bueno, sería desafortunado el bandido que se topase con ella.

Llegó un momento en el que parecía que sólo quedaban ellos y los muertos, pues el sonido de las balas había cesado junto con los gritos de pánico. Necesitaban salir de ahí antes de que se vieran rodeados, pero se habían llevado los vehículos, ¿Habría logrado salir Pipper? De repente vieron la ambulancia —¡Hey, hey, hey!— llamó el médico antes de que se pusieran en marcha y con ayuda del joven Leonard pudieron subir a la unidad.

En el camino, instruyó a la enfermera para que presionara las heridas del hombre mientras él buscaba algo útil para ayudarle a mantenerse con vida hasta que encontraran a la experta. —No, no, no…— murmuró al ver que perdía la consciencia por el choque hipervolémico. Durante el trayecto se la pasó tratando de reanimar al individuo o de otro modo, iba a morir.


Cuando el vehículo se detuvo, cambió sus instrucciones. —Lucy, busca a Pipper.— imperó con un tono agitado por el esfuerzo. Había pasado más de cuarenta minutos tratando de reanimar al sujeto, ya debía darlo por muerto, pero tenía la esperanza de que la doctora Hoffman pudiera hacer algo… Pero al final, recibió las mismas palabras que había pensado. No sólo era demasiado tarde, en cualquier momento, el hombre regresaría.

Otro muerto… Otra persona que no pudiste salvar

Su deteriorada salud mental empezaba a hundirlo en el momento menos oportuno. Lo último que necesitaba en ese momento era disociarse de la realidad y mucho menos, dejar entrever a los demás que no estaba tan bien de la cabeza como aparentaba. Bajó de la ambulancia con las prendas llenas de sangre y la mirada perdida. Ni siquiera supo en qué momento Lucy le tomó de la mano para guiarle hacia donde estaban todos reunidos. Sin embargo, logró estabilizarse una vez que vio a Pipper y a Ryuko. Y también al niño Bradley cargando la maceta con Mary Jane. —¿Están bien?— alcanzó a preguntar antes de coger la maceta. Se acercó un poco más a su hermana. —¿Estás bien del todo? ¿Tuviste algún problema?— preguntó en voz baja a Ryuko, dándole a entender con la mirada que se refería a su condición especial. Si alguien debía estar entera era ella, pero no había tenido tiempo para investigar a fondo el origen de sus nuevas habilidades. —Necesito que me ayudes con algo— finalizó señalando la ambulancia con la cabeza.

Me subo a la ambulancia con Lucy y se nos muere el paciente. Estoy a un paso de perder la chaveta cuando encuentro a Ryuko y le pregunto su estado.

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Los vehículos iban llegando como un lento pero constante goteo. La primera en aparecer fue Ryuko, la asiática cabalaba sobre su vieja Harley como una auténtica salvaje, pero se detuvo con una total suavidad junto al camión forestal. Ofrecí mi mano para ayudarla a subir al techo del vehículo, pero ella no tuvo ningún problema durante el ascenso y accedió a la cubierta por su propio pie. Ante su pregunta, no pude más que tragar un amargo nudo que se había instalado en mi garganta. Sabía que lo que había hecho formaba parte del plan de huida prefijado, pero eso no quitaba para que me sintiera como una rata cobarde, de las que huyen en primer lugar cuando el barco comienza a hundirse. No pude más que darle un abrazo cómplice poco antes de sentarnos, dejando que los comentarios que había hecho se quedaran flotando en el aire, congelados en la incertidumbre del tiempo.

El vehículo verde en que debía de viajar la "troope" de Marianne (y el desaparecido Pickton), fue el siguiente en llegar al horizonte, pero se me hizo llamativa la ausencia de la médico militar. Mientras Julio estacionaba el wolkswagen scirocco según el plan, Ryan empezó a subir también al camión forestal, pero su escalada se quedó a medio camino, entrando en la cabina junto a los ocupantes de la misma. Extrañada porque esperaba más personas que bajasen de ese coche, me asomé a la ventanilla abierta descolgándome boca abajo y contemplé a los pasajeros.

-Ray, ¿habéis llegado bien? ¿Y Marianne? Creí que iba a ir en la moto escoltando vuestro coche. ¿Kaley no debía viajar con vosotros...?

Intentaba retener las preguntas dentro de mis labios para no acosar a Ryan, que poca culpa tendría de las ausencia, con todas mis preocupaciones. Desvié mi atención hacia Jasmine y Joyce, las dos más recientes incorporaciones a nuestra comunidad, con quienes no habíamos tenido la mejor carta de presentación con este ataque y huida apresurada. Habíamos prometido un refugio seguro y tranquilidad, pero en los tiempos que corrían ambas cosas eran susceptibles de desaparecer en un segundo.

-¿Estáis bien?-
pregunté a las dos chicas -¿Necesitáis algo?

Sam, el enorme gigantón de veintitantos pero con corazón de niño, sollozaba nervioso montado en el asiento del copiloto, mientras se balanceaba acunando a su inseparable jirafa de peluche.

-Sam, tranquilo. Ya pasó todo ¿Lo ves? Pronto estaremos en la casa nueva y los que muerden ya no podrán hacerle nada. Además... Ray, Jasmine y Joyce no van a dejar que te pase nada, ¿verdad que no?- inquirí con una mirada significativa, intentando que el gigantón depositara su confianza en ellos, pero fui interrumpida por la repentina aparición de la última persona a la que en este momento hubiese podido esperar...

La voz entusiasta y desquiciada de Hope, que por algún extraño motivo venía del interior del gallinero, hizo que me incorporase de nuevo sobre el techo del camión forestal, para asegurarme de que no se trataba de una alucinación auditiva.

-¡¡¿¿Hope??!!

Aquella muchacha, la "loca del coche del centro comercial", parecía tener el superpoder de aparecer de la nada en los lugares más inesperados y si había algún contratiempo, ella siempre estaba entremedias. No había pasado demasiado tiempo de la última vez que nos habíamos visto, cuando Marcus, algunas semanas atrás, había llegado a La Fábrica con un bebé, un muchacho asiático y la joven Hope debilitada por la deshidratación y anemia. Ahora la chica parecía cargada de energías y, como siempre, con un nivel de euforia que podría hacer que un tren se frenase en seco. Enseguida mi mente trabajó rápido: Hope-techo del camión-canalizaciones aéreas del depósito de agua...

-¡¡¡Hope!!! ¡¡No saltes!! ¡¡Que no se te ocurra intentar andar sobre las canales de agua!! ¡¡Hope es muy peligroso!! ¡¡¡Te puedes caer!!!


Distraída como estaba con cuál sería el próximo movimiento de Hope, no caí en la cuenta de los vehículos que seguían llegando a la explanada de la granja, pero cuando alcé la vista la gran mayoría de los vehículos ya estaban presentes. Al poco rato, llegó la ambulancia cerrando al fin la comitiva y respiré tranquila. Ahora tendríamos que pasar lista sobre todos los presentes y los ausentes, pero al menos ya sabía que él había llegado sano y salvo.

Estuve apunto de bajar del techo del camión con un sólo salto, pero en vez de eso, me dejé deslizar hacia el suelo, asiéndome de una de las barras de protección laterales del vehículo. En cuanto mis pies aterrizaron sobre el terreno, eché a correr rauda hacia el lugar en que la ambulancia se había detenido, dispuesta a comprobar que Gilbert estaba dentro y darle un abrazo en cuanto saliera de la cabina.

Interacción con Ryuko, Ryan, Jasmine, Joyce y Hope.
Mención Ryuko, Gilbert y pasajeros de la ambulancia.

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Y el ciclo volvía a comenzar... Ataque, muertos, huir a un nuevo lugar, seguir sobreviviendo. Así era la vida en el nuevo mundo, todo aquello se repetía sin parar. La gran diferencia radicaba en que está vez no sólo eran los muertos los que atacaban, los vivos, y los de la peor calaña habían atacado el hogar de todas aquellas personas; algunas que ni siquiera podían defenderse por sí mismas. Por ello aquel ataque había dejado a varios muertos y otros tantos heridos, uno de ellos se encontraba en sus brazos para cuando Jean llegó a ella y jamás en su vida había sido tan feliz de verlo. Con rapidez lo ayudó a acomodar al herido mientras ella se colgaba la mochila de ambos, porque por alguna razón del destino ella atinó a tomar todas las pertenencias de él y correr con estas; quizás solo era la esperanza de que él estuviera bien y salieran juntos de aquella situación como muchas otras veces.

Una de las cosas que ella admite sin problemas, es que ellos dos son un buen equipo y que sea como sea el pediatra es una persona espléndida. Y eso lo demostró una vez más cuando preguntó por la doctora Hoffman y su hermana la insufrible Ryuko. -A Ryuko no la he visto, pero estoy bastante segura que Pipper está con su esposo e hijos, vi al niño correr a su auto así que deben estar bien. - Aquello era lo único que ella podía decir al respecto, pero eso más que un informe también era una esperanza de que la buena doctora estuviera bien.

Por suerte para ellos la ambulancia aún quedaba en el lugar y con ayuda de otro de sus compañeros lograron huir en ella. Lucy y Jean pasaron casi cuarenta minutos tratando de mantener vivo a su paciente, pero era claro que por más que lo intentarán sería un caso perdido, las heridas eran demasiado graves y necesitarían operar de inmediato y la idónea para ello estaba de seguro en otro auto huyendo de desastre al igual que ellos. Sin embargo el tono de ruego y la mirada que Jean le dedicó le partió un poco su corazón; ese mismo que todos piensan que es de piedra le tomó la mano con suavidad y negó con su cabeza. -No creo que ella pueda hacer nada ahora...- Aquella era su sutil forma de dejarle saber que estaba muerto, de confirmarselo y buscar que no se empeñara en aquello.

Los segundos siguientes parecieron horas, pero debían bajarse y revisar que todos estuvieran allí a salvo... O al menos una gran mayoría de ellos. Dejó que el doctor se bajara del auto mientras ella cubría el rostro de quien fue un compañero más antes de salir del auto para acompañar al pediatra. Ella no es idiota y ha notado infinidad de veces como la situación afecta al moreno y ella de una forma u otra siempre lo hace salir de su trance; aunque honestamente la mayoría de las veces es a punta de gritos, aquella vez solo lo arrastró junto a los demás y sonrió de lado al ver que un buen número estaban a salvo.

Dejó a Jean con la japonesa para ir directo a revisar a los diferentes niños y adultos que estaban allí, segurandose así que nadie más perdiera la vida. Saludó con un gesto de la cabeza a la doctora que por primera vez la notaba con un ligero gesto de enojo, pero siguió con su trabajo al menos hasta que Jean se separara de Ryuko y pudiera  hablar un momento; de verdad hablar... Sin ánimos de matarlo como de costumbre.

Interacción: Ryuko, Jean y Pipper

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El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica] Empty Re: El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica]

Mensaje por Invitado el Mar 19 Mar 2019, 13:03

Les habían prometido un lugar seguro y lo único que de momento habían recibido era una escapada a toda leche en un camión de bomberos, aquello parecía la típica película en la que parecía que cuando todo empezaba a mejorar daba una vuelta de tuerca y las cosas volvían a ponerse mal y posiblemente peor que antes… ¿Acaso les había mirado un tuerto? En ese mundo todo era posible, desde que las cosas se fuesen a la mierda hasta el punto de que te diesen un mordisco y todo se fuese a la mierda, era así de simple.

Menuda mierda… – murmuró para sí misma, que nadie más la escuchase.

Al menos esa gente había tenido la decencia de llevarles con ellos y no dejarlas tiradas, suponía que eso era bueno, que eso demostraba que eran buenas personas, pero no se fiaba, no hacía mucho tiempo atrás estuvo en una granja con una familia que parecían buenas personas y poco después se enteró que ella iba a ser un plato más del menú para aquella familia, por suerte cuando lo descubrió ellos habían salido y pudo escaparse.

Cuando por fin hubieron llegado, la que había conducido aquel camión de bomberos la miró y le preguntó si estaban bien y si necesitaban algo, Joyce, con la simpatía que la caracterizaba procedió a responder.

Con que no me cocinéis tengo de sobra y… con una cama. – se encogió de hombros.

Lo primero, suponiendo que eran buenas personas, era bastante fácil de conseguir, la cama ya a lo mejor era diferente, no sabía  si quiera si el punto de reunión era ese por algún motivo o simplemente por que ya habían pasado varias veces por ahí y era un lugar relativamente fácil de llegar, no sabía absolutamente nada.

¿Tú qué opinas de todo esto? – preguntó, mirando a Jasmine.

No la conocía de mucho, quizás un par de días, pero al menos empezaba a confiar un poco en ella y eso ya era mucho decir conociendo a Joyce.

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El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica] Empty Re: El punto de encuentro [Supervivientes de La Fábrica]

Mensaje por Invitado el Mar 19 Mar 2019, 17:38






Demasiadas cosas en muy poco tiempo. La escapada peligrosa, encontrarse con Hope —una de sus amigas que creía perdidas y muertas—, zombies, desconocidos que intentaban ayudarles… nada en ese lugar era normal. Pero, ¿acaso a día de hoy algo lo es? La humanidad como tal se había ido a la mierda, no pudieron sobrevivir ante una enfermedad o lo que haya sido que haya atormentado a la humanidad hasta el punto de destrozarla. Los supervivientes (personas como Jas) hacían lo posible para no contagiarse ni morir con los pocos recursos que se le quedaba, pero no iba a ser posible que de un día para otro todo vuelva a ser como antes. Para el resurgir de la humanidad tendrían que pasar años… muchos años.

Sin separarse de Joyce, estaban calladas sin decir nada. Ella no dejaba de mirar a Hope, de preocuparse por ella. “Definitivamente tengo que hablar con ella cuando todo esto se calme”, se decía a sí misma en su mente mientras agarraba la mano de su nueva amiga. La peliblanca había sido un gran apoyo para la morena, pero en parte era una sustituta de lo que en su día fue Hope porque su ida fue un duro golpe para alguien tan dependiente y temerosa como Jas. Ahora que tenía a su “rey”, no le hacía falta buscar a nadie más.

Cuando ya hubieron llegado por fin al refugio de todos los que las decidieron acoger en el furor del problema, la conductora se dirigió a ellas dos que habían estado apartadas. Jas estaba algo incómoda, así como aun algo asustada y necesitado el apoyo de su amiga. Cuando la contraria —la que quizá era más adulta que Jas— les preguntó, antes contestó Joyce con un gesto bromista. La miró directamente con un gesto extrañado, rodando sus ojos mientras reía. Su actitud tan desinteresada por la vida y bromista le hacía sentir tan bien, como si no pasase nada. Era bueno tener a alguien como Joy en su vida.

Ahora le tocaba a ella hablar porque la propia albina le dio la palabra. Aclaró su garganta y, con una media sonrisa, negó con su cabeza.

No te preocupes por nosotras, estamos bien. Nosotras queríamos dar las gracias por habernos acogido con vosotros y, bueno… Si necesitáis algo, lo que sea, ayudaremos. —Aseguró la más sensata de la pareja de dos, sonriéndole a Vernice; supo su nombre de manera muy rápida en el furor de los sucesos anteriores. Después de ello, volvió a dirigirse a Joyce. — Oye, me gustaría buscar a la que se hace llamar Hope. ¿Te acuerdas que te hable de ella? —Le recordó su amiga, enseñándole el anillo de compromiso que tenía en la mano izquierda en su dedo anular; decidieron ponérselo allí para que no pareciera otra cosa sino algo más informal y simbólico. — Tengo que preguntarle muchas cosas sobre como pudo sobrevivir, porqué se marchó y hablarle seriamente, pero... me alegro que este bien.

Jasmine echó una mirada hacía todas las personas que habían allí. Demasiados que no conocía, por eso no quería acercarse todavía porque no habían tanteado el terreno. Era una situación muy tensa, ellas estaban cansadas y tenían algo de hambre. Además, no sabían nada de lo que les había pasado, y… Jasmine solo quería poder tener un momento para hablar con la que tanto había echado de menos.

Mención a Hope y a los supervivientes (una mirada a cada uno de ellos por encima). Interacción con Vernice y Joy.

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La cabeza colgante de Vernice apareció por la ventana y Ryan le echó un vistazo ladeando un poco la suya, en algo así como un reflejo visual. Wilhem, en cambio, tenía toda la atención puesta en Lana. Con las piernas manchadas de su sangre fresca sollozaba ya sin tapujos, y la sostenía con una fuerza que tenía más que ver con el cariño que con el enojo. Koi, a su lado, parecía cohibido por aquel hombre derruido y ya no le veía sentido a la tarea de sostener las gasas ensangrentadas.

¡Vernice! —dijo el atleta con sorpresa al ver aparecer su rostro. Sostenía, al igual que el dependiente de cómics, apósitos con la mano derecha. Ryan hizo el intento de concentrarse tanto en la tarea que se había encomendado como en las preguntas que le había hecho la bombera, pero lastimosamente no había respuesta en su cabeza. Solo pudo mirarla con un tinte de preocupación en sus pupilas y encogió sus hombros con pesar—. No... no lo sé. Creimos que todos venían detrás nuestro... —dijo manteniéndole la mirada a la mujer. Apesar de que hacía ya tres años que vivía en la incertidumbre de un mundo post apocaliptico, el muchacho de Kansas aún no se hacía a la idea de perder compañeros. Y el shock del ataque del que acababan de escapar aún le perduraba en el cuerpo— Y Kaley... ella... no... —dejó la frase en el aire, incapaz de hacerle frente a la idea de que la dulce enfermera ya no estaba con ellos.

Aquello fue suficiente para desviar los ojos de la mirada curiosa de Vernice, que seguro había comprendido lo que ocurria. El recuerdo de Kaley le volvió a la cabeza, pero por suerte la voz de Julio lo sacó de aquella pesadilla.

¡Oh, por Dios! ¡Lana! —y sin esperar más, entró para ayudar a Ryan y Wilhem a sacar a la mujer del Gran Gigante. Ninguno sabía ya cuánto tiempo quedaría.

Fuera del gran camión, el hombre seguía balbuceando palabras en su idioma natal. Palabras que a pesar de que Ryan no comprendía su lengua, sí que las entendía semánticamente. Y el dolor del hombre era desgarrador.
Wilhem, lo siento mucho de verdad. Pero ya sabes lo que tenemos que hacer... —murmuró, rompiendo el hielo de la manera más fácil. La historia siempre se repetía y sin embargo parecía más difícil cada vez. Ni el oriundo de Kansas ni Julio se percataron entonces de lo que se sucedía a su alrededor. Se dispusieron simplemente a esperar que el de pelo blanco se despidiera de su mujer de toda la vida para acabar en cuanto pudieran de la manera más sensible posible.

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Mensaje por Invitado el Miér 20 Mar 2019, 01:45

La había visto a lo lejos, con una chica peliblanca a su lado. No cabía duda de que era Jas. Tenía que ser ella. Se la presentaría a José María y él estaría encantado de conocer, por fin, a la chica que me había sacado del psiquiátrico hacía años, la única persona por la que no me habría tirado directamente encima del camión, a abrazar a Vernice; por la que había decidido tomar el camino seguro, porque quería verla. Dejé a mi amigo dentro, sabiendo lo escrupulosa que podía llegar a ser la latina; no era un buen reencuentro si acababa vomitando de sólo verme. ¿O sí? La idea chocó contra las paredes de mi cabeza a medida que avanzaba a zancadas, como una pelota de pingpong, pareciéndome graciosa la anécdota que resultaría de ello. Estaba a mitad de camino cuando un olor me obligó a frenarme en seco. Desde que hubiera sido mordida, se me hacía fácil sentir la esencia del virus en los demás. A unos metros de mí, efectivamente estaba la última víctima mortal del grupo, siendo sacada de uno de los vehículos. Conocía a esas personas de vista, o eso me parecía. No había prestado tanta atención cuando acabé en la Fábrica. Pero de algo me sonaban.

El malestar era general, y yo sentía que podía oír los latidos de su corazón, cada vez más débiles y distanciados, aunque ya no eran los suyos, sino los de la bestia. El virus estaba por reanimarla definitivamente.. Cerré los ojos, respiré hondo. En mi mente se dibujaba el mapa de su cerebro, reviviendo. Lo único que se iría, realmente, sería su lado humano. Sin darme cuenta, había retenido el aire en mis pulmones. Lo solté antes de agacharme, coger una roca y correr hacia la mujer, que ya no era mujer; ya no era nada, salvo una amenaza. Su alma estaba aún atada a ese cuerpo, pero fuera de él. Me miraba, suplicante, y supe por sus ojos que ella sí pasaría el Juicio de Osiris. Yo rezaría por ello.

Un único golpe, seco, al contrario que la sangre que salpicó en todas direcciones. Sobre la cara del anciano y del muchacho por partes iguales; sobre la mía la que más. Más y más pecas que dejaron un rastro marronuzco cuando pasé la manga de la sudadera por ellas. El tiempo pareció detenerse a mi alrededor, miré en dirección al espíritu, que no se soltaba del viejo.

Osiris te guiará hacia tu nueva vida. —Murmuré con una sonrisa. En mi interior ardía la alegría de un trabajo bien hecho, de a poco la imagen se desvaneció y las manecillas de un reloj en un sitio recóndito volvieron a moverse—. No veas qué cara te ha quedado.

Solté una risita hacia el muchacho, le saqué la lengua y le limpié las mejillas y la frente con mi puño. Hice lo mismo con el anciano, que se mostró reacio, pero estaba tan destrozado que carecía de ganas de pelear.

Ahora, debía seguir mi camino. Corrí hacia Jas y me tiré sobre ella, provocando que cayéramos las dos al suelo. Rodé con ella por el césped, besuqueándole la cara con gran afecto: los besos en los cachetes no eran peligrosos, ya lo había puesto a prueba con objetos de sacrificio.

¡Cuánto te he echado de menos!¿Has crecido?¡Yo creo que sí! —Me acurruqué contra ella, poniendo mi cabeza debajo de su barbilla—. Sabía que Shai nos volvería a juntar, que estarías bien. He pedido mucho por ello.

La mayoría de mis rituales tenían como objeto el bienestar de mis amigas, desperdigadas por el mundo. Sabía, en el fondo, que estarían bien; habíamos pasado por cosas peores que un apocalipsis zombie. O al menos para mí eran peores.

Hago el trabajo sucio y tan sucio.
Interactúo brevemente con Ryan y Wilhem.
Interactúo muchísimo más con Jas.

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No necesitaba ser un genio para saber que Pipper estaba más que cabreada conmigo. No tendría derecho a estarlo porque le salvé la vida, claro estaba, pero jamás me daría la razón. Hacía mucho que había aprendido eso, por lo que dejaría que estuviese enfadada si eso garantizaba su seguridad, pero es que hombre, todo había pasado tan rápido…

De repente estaba trabajando en el motor de la camioneta y, de un momento a otro, ya estaba cargándola como un costal de patatas junto con Michael para sacarlos de ahí. No tenía idea de qué demonios pasó, nunca supe si se cayó un muro o si habían forzado la entrada. Ni siquiera tenía idea de a cuantos maté antes de llevarme a mi familia hacia el carro, pero la verdad me tenía sin cuidado en ese momento. El objetivo principal era llegar a salvo a la granja que Vernice alguna vez señaló en el mapa para ser nuestro “plan B”. Mientras conducía, escuchaba en el asiento trasero a la señora María murmurar lo mismo una y otra vez en su lengua materna, asumo era una oración religiosa o algo por el estilo. Por el retrovisor vi a Pipper fulminándome con la mirada haciendo desviar inmediatamente la mirada, —¿Cuánto falta, Mikey?— le pregunté a mi hijo, a quien le indiqué ser mi copiloto porque leía y se ubicaba mejor que yo en los mapas.

No faltaba mucho, pero el carro decidió fallar a medio camino. —Quédense aquí.— dije en tono imperativo, puesto que era el único que podría sobrevivir sin un arma a la intemperie. Unos 500m atrás pasamos una estación de autobuses que afortunadamente contaba con una refaccionaria, así que un encuentro con un obeso caminante más tarde, regresé con la herramienta adecuada para hacer un arreglo temporal al motor que nos permitiera seguir. Llegamos cuando ya estaban Vernice y unos cuantos más. No tardó en llegar la ambulancia de Gilbert, de donde bajó el desaliñado doctor lleno de sangre que se dirigió a Pîpper. En ese momento me di cuenta que Michael había cargado con la maceta de “marihuana medicinal”, como le llamaba el doctor. Los dejé un momento para ir a donde Vernice. No era muy cercano a la joven, pero confiaba plenamente en ella desde que nos halló en ese sótano. —¿Tienes idea de qué está pasando?— murmuré retóricamente porque era obvio. Se infiltraron bandidos y caminantes a la vez, pero mi pregunta era más dirigida a lo que ocurriría.

Una vez que los demás terminaron de dar el reporte de su estado, volví a dirigirme a ella. —¿Cuál es el plan?— dije finalmente en un tono que dejaba claro mi plena disposición para lo que necesitara hacerse en el momento. De igual modo, mentalmente ya había considerado regresar a la refaccionaria en cuanto todo se pusiera en orden para darle acondicionamiento al auto, pues en caso de volver a correr no tendríamos que preocuparnos por quedarnos a medio camino.

Mención: Pipper, Michael, Gilbert, Jean y Vernice.
Interacción: Michael y Vernice.

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Justo antes de que me diera tiempo a sentarme sobre el techo del vehículo, Vernie zanjó todas las preguntas que había hecho con un abrazo, un abrazo de reencuentro, pero al mismo tiempo silencioso y guardaba una alta carga de sufrimiento. Nosotras no éramos de las que huían, pero tras lo ocurrido, no se podía haber tomado otra decisión. Cuando tienes que elegir si vivir o morir, no te pones a pensar si te gusta o no el plan o si huir es de meros cobardes, pienso que ya hemos pasado por demasiadas pérdidas como para ahora tener que estar todo el tiempo preocupadas por no haber plantado cara a esos hijos de puta.
Suspiré y acepté el abrazo de mi amiga, es más, pasé mis brazos por su cuello para corresponder dicho abrazo, algo que era bastante raro en mí, pero Vernie y yo habíamos pasado por mucha mierda juntas...
—Tranquila, son fuertes, seguro que se las arreglan para llegar hasta aquí sanos y salvos. No son gente "fácil de matar".—dije mientras nos sentábamos y le guiñaba un ojo de manera cómplice para tratar de quitar hierro al asunto.
Estaba segura de que nuestra familia llegaría bien hasta aquí.

Estuvimos un buen rato calladas, contemplando el horizonte y esperando con todas nuestras fuerzas ver que llegaban todos sanos y salvo. La espera y la incertidumbre nunca han sido una buena mezcla y odiaba tener que esperar sentada de brazos cruzados sin saber nada de nadie. Y trataba de no pensar en Jean porque me martirizaría a mí misma. Sabía que estaba con Lucy, la "perrito" faldero que no se le quitaba de encima, era enfermera y con esa excusa había hecho buenas migas con mi hermano. La verdad es que no la aguantaba, pero debía reconocer que había salvado el culo a Jean varias veces y cuando nos separamos, fue gracias a ella que Jean lograse sobrevivir y sanar su pierna.
Al rato ambas nos levantamos con el corazón en un puño al escuchar y vislumbrar cómo el vehículo de Marianne llegaba desde el horizonte.
Pero cuando aparcaron justo al lado del de Vernie, Marianne no estaba con ellos, ni ella ni Pickton... Todo era muy raro, ¿dónde estarían?
Guardé silencio y dejé que Vernie fuera la que hablase, se le daban mejor esas cosas que a mí, no tenía la paciencia suficiente ni las ganas de preguntar sobre el tema.
Me quedé mirando a las dos últimas incorporaciones de nuestro desafortunado grupo, dos chicas jóvenes que se veían perdidas entre la multitud, sin saber todavía si habían hecho la elección adecuada al venir con nosotros, pero Vernie las calmaría y se preocuparía por ellas.

Seguí admirando el horizonte, a la espera de saber nuevas noticias sobre Jean, esperaba de verdad que no se demorasen demasiado en llegar, pues yo había tenido que quedarme hasta el final para tratar de acabar con todos los bandidos y zombies posibles para evitar que siguieran al convoy que se daba a la fuga y jugar con ellos al "despiste".
Me levanté para poder caminar un poco sobre el techo mientras cruzaba los brazos preocupada.

Que el tiempo transcurriese sin más nunca era una buena noticia.


El siguiente vehículo en llegar fue la ambulancia en la que viajaba Jean con Gilbert. Abrí los ojos de par en par al visualizar cómo aparcaba en batería a un lado del resto. Salté del camión a toda velocidad para reunirme con Jean. Necesitaba ver si se encontraba bien. Sabía que su salud mental era muy frágil y que con gran frecuencia, volvía a sufrir ataques de ansiedad, los putos cambios no eran nada bueno para él.
Al verlo bajar con la ropa manchada de sangre, hizo que casi se me detuviera el corazón, pero vi que caminaba bien, por lo que deduje que esa sangre no era suya. Gracias al cielo ¡joder!
Jean preguntó si se encontraban bien, y después al verme, se acercó de inmediato hasta mi posición. Al verlo con la mirada perdida, sabía lo que sufría su alma con todos los acontecimientos sucedidos. Le abracé con fuerza, transmitiéndole que a mi lado estaría seguro y que nada malo le pasaría.
—Jean, menudo susto me he llevado al ver tu ropa llena de...
Bueno da lo mismo, estas bien y eso es lo que realmente importa. —
dije quedándonos ambos abrazados durante unos largos segundos. Miré por encima de su hombro a Lucy, la cual parecía estar impaciente de que Jean volviese con ella. La fulminé con la mirada y después me separé lentamente de Jean.

Cuando me preguntó por mi estado, me demoré unos segundos en responder.
Ni si quiera yo sabía qué era lo que me ocurría, no tenía respuestas de por qué, de repente, mi fuerza y agilidad habían aumentado de manera casi inhumana y mis ojos se habían aclarado. Al principio pensé que el virus T tendría algo que ver, pero no me había convertido en uno de esos seres y mi organismo no era ya del todo humano, eso era lo único que sabía. Necesitaba obtener respuestas, pero estaba más perdida de lo que jamás en mi vida lo había estado.
—Estoy bien.—respondí de manera breve sin nada más que añadir.
Intentaba ocultar mi condición al resto, pues no sabía cómo podrían reaccionar, prefería que quedase entre mi hermano y yo hasta que averiguase qué coño me pasaba. —Lucy te espera como si estuviera conteniendo un palo con su culo, no parece querer aguantar mucho más. —dije sonriendo a la castaña de manera perversa. —Nos reuniremos después, es mejor que atendáis a los heridos sin dilación. No nos sobran manos...—dije mientras me alejaba de Jean algo molesta.
Pero noté que me agarraba del hombro y me obligué a girar para mirarlo seria a los ojos. Con un movimiento de cabeza, Jean señaló la ambulancia y me explicó que necesitaba de mi ayuda con "algo". Intrigada por qué podría requerir mi ayuda, me encogí de hombros suspirando.
—De acuerdo, ¿en qué necesitas mi ayuda oniisan?

Interactuo con Vernie y Jean
Nombro a Marianne, Pickton, Lucy y a Gilbert

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En medio del caos lo primero que Pipper hizo fue asegurarse de que Leon y Michael estuvieran bien. Al último le entregó las mochilas que faltaban subir al auto y a Salem, el cual estaba temblando de miedo en medio de todo eso; lo cual es raro porque es muy valiente para ser... Bueno un gato. Michael estaba actuando tan bien, que incluso salvo la pequeña planta de Jean. Pero en fin, cuando la mujer se aseguró de que el niño estuviera en el auto con la Señora Maria a la cual sacó de la cocina con prisas. Se puso a gritar buscando a Jean y ayudando a todo aquel al cual pudiera, armada con su hacha y sin su espada se sentía poco confiada, pero al menos para algo servía.

La forma en la cual llamaba a su amigo era casi desgarradora, pero debían agradecer que no fue a Leon o a Michael a quien perdió, porque si así llamaba al doctor por su pareja quizás... Y solo quizás... Ya hubiera roto su juramento. Y hablando de su pareja... Este la encontró antes de que ella lo encontrara a él y la subió a su hombro como si fuera un saco de papas. En un segundo pasó de preocupación a enojo por sus acciones. Ella no era una niña y podía defenderse y debía ayudar a otros y lo más importante debía ayudar a sus amigos. Por suerte si logró ver como salieron varios del lugar y eso la tranquilizaba, así como pensar que Jean es un hombre fuerte y que estaba con dos grandes mujeres como son Ryuko y Lucy.

En el camino mantuvo su enojo para ella misma, porque en definitiva no era el momento ni el lugar para hablar de ello con él. Dejó que Salem y Michael fueran adelante mientras ella calmaba a la señora Maria y a su nieto. En el camino el auto se detuvo y su Rocky saldría a buscar lo necesario para repararlo, ella bajó corriendo con su hacha a tomarle la mano y detenerlo, por más que estuviera enojada; odia que el salga solo y la preocupación por él siempre es evidente. -Cuídate. - Le pidió en un susurro que parecía más una suplica antes de regresar al auto con lo demás. Por suerte todo fue bastante bien y llegaron pronto al punto de reunión.

No se puede describir el alivio que sintió Pipper al ver a todos sus seres queridos, la única que faltaba por allí era Marianne pero algo le decía que pronto la vería también. Le sonrió a Verenice nada más verla así como a Gilbert dejando que esos dos se encontraran. Y su alivio fue aún mayor al ver a Jean hablando con Micky, se acercó a ellos sin dudarlo y le besó la sien a su hijo antes de apretarle el brazo con cariño a Jean y mirarlo con alivio. -Gracias a todo lo bueno que estas bien.-  Antes de poder seguir su colega se acercó a su hermana y lo dejó estar y ella se movió al lado de Leon que le hablaba a Verenice sobre lo que seguiría. Mientras Salem pululaba con Niebla como asegurandose que su canina amiga estuviera bien.

-Yo creo que debemos revisar a todos los heridos, que logramos sacar de provisiones y qué no. Mientras esperamos a que lleguen los que falten, así como... Bueno enterrar a nuestros muertos. - Aquello era imprescindible, despedir a sus seres queridos como se debía y así hacer más llevadero el dolor, aunque jamás se iría, despedirse ayuda a cerrar la herida. - Y tú y yo debemos hablar. - Le susurró a su novio antes de ir directo a su auto a buscar el botiquín totalmente dispuesta a atender a los heridos.

Mención: Verenice, Gilbert, Lucy, Marianne y Ryuko.
Interacción: Leon, Michael y Jean

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Paré el motor.

-Mantened los ojos abiertos.- Les dije a Leonard y Jonás, bajando del vehículo de un salto, todo el salto que podía dar con mi pierna lesionada.

La urgencia del evento no me había permitido tomar ni un sólo analgésico y empezaba a pasarme factura. Lo importante, era que mi pequeña bombera estaba ya ahí, esta vez no había hecho ningún acto heroico que la llevase a perderse de nuevo. La estreché fuertemente entre mis brazos susurrándole al oído.

-Qué bien que estás aquí.- Y aunque no era el momento, continué. -Lo siento, ya sabía todo lo que había en la bolsa: magdalenas y la foto... Una foto que mantuve hasta que casi perdí la esperanza de volverte a tener, pero tenía que dejarte ganar.- terminé mi susurro con un pequeño mordisquito en la oreja. -Sé que no es el momento, pero me he asustado bastante.

León irrumpió en la escena exponiendo sus preguntas sobre qué hacer a continuación.

-Bien muchachos, esperaremos aquí tal como habíamos acordado en el plan. Seis horas más tras la llegada del último coche, que empieza a contar a partir de ahora. Pero no vamos a dejar a nadie atrás, si a las seis de la tarde no han vuelto los ausentes, deberíamos tener el campamento preparado para defenderlo y pasar la noche aquí.


Apreté la mano de Vernice porque, a unas malas, sabíamos que podríamos sacar partido del oscuro secreto que ocultaba la granja.

-Emma, ayuda a Jean y Pipper a trasladar a los heridos hasta aquel granero. Es el que mejor disposición tiene para ser defendido.


La joven se giró hacia mí.

-Bernard ya no está herido... Él ha muerto, Gilbert.

Esas palabras me helaron el alma. No quería ni pensar en cómo se sentiría Marcus tras todos los cuidados y el tiempo que le había dedicado a Bernard a raíz de su pequeño brote de “inactividad”. No quería tener que ser yo el que se lo contara.

-Emma, sabes lo que tienes que hacer.- le dije para que diese el golpe final con su pincho metálico en la sien de nuestro compañero.

-Ya está hecho Gilbert.- respondió mientras Leonard y Jonas cargaban el cuerpo sin vida fuera del vehículo de urgencias para colocarlo junto al pozo.

El señor Whilhelm se encontraba también cerca llorando a su esposa, y él permanecía sentado junto a al cadáver de Lana, cabizbajo en una escena dantesca. La sangre le cubría de arriba a abajo e igual había sido él mismo quien había tenido que acabar con su sufrimiento. Fue el segundo escalofrío que recorrió mi cuerpo.

-Aparcad los vehículos sin bloquear el paso unos de otros. La salida hacia la autovía está un poco más adelante. Sacad algunas provisiones y la medicación para los heridos, y no dejéis que se infecten esas heridas, no sabemos cuánto tardaremos en llegar a nuestro nuevo destino.

Casi lo decía sin confianza, el ataque y todas las imágenes que no había conseguido borrar de mis retinas me mantenían algo desganado, pero era el momento de ser fuerte, ahora más que nunca.

-Ey Vernice, no te alejes, y donde tengas que ir me llevas contigo.

Menciones: Marcus, Jean, Pipper, León
Interacciones: Vernice, respuestas a León e instrucciones sobre qué hacer a continuación. Jonás y Leonard sacan al cadáver de la ambulancia y lo llevan hacia el pozo, cerca de dónde está la esposa fallecida de Whilhelm.

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Insufrible. Esa es la palabra que Lucy siempre va a usar para describir a Ryuko; pero aquel juego de joder... Pueden jugarlo dos. Espero hasta que los dos "hermanos" terminaron sus asuntos, para acercarse a Jean de nuevo. Aunque claro en medio de eso saludó a la doctora y a su hijo; vio como Jonas y el otro sacaban el cuerpo y le sonrió cinica a Ryuko. - Una excelente idea, debemos atenderlos. - Le dijo a Jean firme pocos segundos antes de que Gilbert diera el plan general. La castaña asintió con un movimiento seco a las palabras de Gilbert antes de finalmente acercarse a Jean quizás más de lo que debía y limpiarle la cara con su mano siendo exageradamente suave con esto, aquello más que una limpieza de la sangre ajena, era una suave y cariñosa caricia con toda la intención de que Ryuko la viera.

-Todo va a estar bien ¿Vale? Ahora sonríe un poco y vamos a revisar a todos. Vamos que tú sonrisa es linda. - Ella misma terminó sonriendo suave para él sin estar segura de porqué y le acarició suave al brazo antes de tomarle la mano con cariño y hasta estrelazar sus dedos con él para llevarlo donde estaban poniendo a todos los pacientes. Todos los que la vieran tomar esa actitud pensarían que está loca, que todo el ataque la ha hecho perder la cabeza o que los zombies le cambiaron el cerebro; pero no, ella solo quería joder a Ryuko y si para eso debia ser cariñosa con Montana pues... No era un problema. Le beso suavemente la mejilla cuando llegaron al lugar antes de ponerse a atender a los pacientes. - Si quieres Pipper y yo comenzamos a revisar mientras tú te cambias de ropa, tu bolso está en la ambulancia  yo lo metí. Y si puedes tráeme algo para mi que también estoy asquerosa... Mejor que mejor. - Le informó. Había una doble intención en aquello y era que no atendiera a los pacientes cubierto de sangre contaminada. Le apretó la mano con suavidad antes de soltarsela y mirar al rededor para comenzar ella a ayudar.

Podía notar que faltaban algunas personas, unos contaban ya entre los muertos y otros aún faltaban por llegar. Si le preguntaban no estaría del todo segura del nombre de cada unos, porque todos saben que ella es bastante cerrada aunque  siempre está dispuesta a ayudar a quien sea. Por lo menos sabía que la doctora Marianne faltaba así como su novio, y que Kayle estaba muerta, con ellas dos había tratado alguna vez por cuestiones de trabajo. La señora Heather, otra insufrible más, estaba a salvo con su hijo y meciendole para que dejara de llorar. Pero lo bueno es que la mayoría se había salvado, aunque casi todos tuvieran un aspecto destruido... No eran tan diferente ese aspecto al de todos los otros días del apocalipsis.

Interacción: Jean principalmente pero Pipper y Michael también.
Mención: Ryuko, Marianne, Gilbert y Jonas.

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Diario de Michael
12/09/15
No más fábrica. Siempre le hemos temido a los zombies, pero quizá a los que tenemos a un lado sean más peligrosos.

Todo pasó demasiado rápido como para que Michael lo asimilara por completo, pero intentó ser tan útil como podía. Los habían atacado, y le pareció que se trataba de un grupo de personas y no sólo de los entes portadores del virus, no obstante, no preguntó nada. Se limitó a asegurarse de traer todas sus pertenencias en la mochila, obedecer las órdenes de su padre y llevar la Cannabis sativa de Jean en los brazos. Al principio lo hizo por reflejo, por tener algo vivo a qué aferrarse, pero tal vez resultaría en algo bueno, un: «Te doy la planta si te alejas de Pipper». De entre todas sus preocupaciones el volverse un zombie era una de las peores, y es que no sólo temía perder todo el raciocinio, lo que a veces lo hacía despertarse agitado por la noche, sino que su padre decidiera hacerle lo mismo que le hizo a su madre. Pipper era un alivio, pero el tiempo que a veces pasaba con Jean lo asustaba. ¿Y si su padre hacía una tontería y Jean aprovechaba el momento? En el fondo, no le caía mal el médico, pero estaba celoso y atemorizado. Ya había perdido todo una vez y no quería volver a pasar por eso. Le pesaba tener que irse de la fábrica, mas no se comparaba con el sentimiento de que su familia se deshiciera otra vez.

Jesús, María y José —Fue lo único que entendió Michael de todas las palabras que María no paraba de repetir entre los maullidos del nervioso Salem al lado de él y las lágrimas del nieto de la mujer. El chico aprovechó que las cosas parecían más seguras arriba del automóvil para volver a revisar su mochila. Estaba el diario, un par de libros de ciencia y los suministros. Entre su ropa sintió el frío del revólver que se había robado también y se preguntó si debía dárselo a su padre, pero cualquiera que hubiera visto cómo los sacó de allí a Pipper y a él habría estado de acuerdo en que Leon Bradley era un peligro, o eso creía. Deseó llorar también, pero eso complicaría más todo. Y ya era un adolescente… La voz de Pipper era lo único bueno en todo ese ruido. Volvió a revisarlo todo. Dos veces era mejor, y eso lo distraía de todas las invocaciones demoniacas que se escuchaban en la parte trasera del vehículo y que la cariñosa traumatóloga intentaba apaciguar.

«Ya no tengo 10 años»; Leon le había llamado Mikey otra vez. Como toda la vida, como si nada hubiera cambiado en todo ese tiempo. Suspiró y no dijo nada; intentó no demostrar que le molestaba. Miró a su padre un momento y por extraño que pareciese por lo que acababa de pasarle por la cabeza, se sintió tranquilo. Podía seguirle diciendo Mikey cuanto quisiera siempre y cuando todos siguieran juntos.

Mmm, a esta velocidad unos dieciocho minutos —Le habría gustado poder calcular el tiempo exacto, con todo y segundos—. En unos dos kilómetros, donde haya una brecha hay que seguir a la derecha —dijo a pesar de que no había otro camino de todas formas. Era eso o seguir sobre el sendero en el que estaban, pero a Michael le gustaba ser el copiloto y no perder detalles—. Sí, a la derecha —confirmó tras ver de nuevo el mapa, pero el auto no tardó en fallar. Eso era lo único que les faltaba. Habría aprovechado la oportunidad para decirle a Pipper lo del arma, mas la señora María iba a escucharlo.

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Cuando llegaron al punto que se había pactado con antelación en caso de un desastre, desde el automóvil Michael empezó a hacer un recuento rápido de los que habían llegado. Faltaban personas… Bajó del auto con la planta en las manos y su mochila en el hombro. Michael ya había aprendido que existía gran diferencia entre estar bien y estar vivos, y los rostros adultos mostraban todo menos bienestar en ese momento. Cuando Jean se acercó le dio la planta sin titubear, ya que el médico parecía bastante necesitado de su medicina. «Me debes una», pensó pero no lo dijo. Estaba seguro de que habían muerto muchos. El beso que recibió de Pipper lo tranquilizó, sin embargo, el niño se le quedó viendo a Lucy cuando se acercó a Jean como si fuera el único que notara que algo claramente no estaba bien en la castaña. Siguió a Pipper; ella le había prometido enseñarle medicina y quien sabe, tal vez podía ser de ayuda. Imaginó que su padre iba a quedarse con Vernice y Gilbert. El chico revisó con cuidado su mochila.

¿Puedo ayudar? —preguntó a Pipper una vez seguro de que su diario y todas sus cosas estaban todavía en su lugar.


Interacción: Leon, Pipper y Jean.
Mención: Lucy, Vernice y Gilbert.

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Mi corazón estuvo en un puño hasta que vi que, efectivamente, Gilbert bajaba de la ambulancia de una sola pieza. El tiempo había estado pasando muy lentamente hasta ese instante concreto y, ahora, todo a mi alrededor parecía acelerarse y me hacía más consciente de todo lo que habíamos perdido en esta mañana aciaga. Recorrí al trote la mayor parte del trayecto que nos separaba, pues vi que su cojera parecía hoy algo más acusada, y correspondí a su abrazo con fuerza, para comprobar que realmente era él en carne y hueso, ni un espejismo ni un fantasma. Fue entonces, después de que empezara a hablar, cuando la culpa de nuevo hizo que se me cayese el alma al suelo y las palabras de Ryan volvieran a resonar en mi cabeza.

-No...- musité, notando cómo se me rallaban los ojos y hundiendo la cara contra el pecho de Gilbert para evitar que nadie más pudiera ver las lágrimas. -Gilbert, Kaley...- Dejé la frase inconclusa, aunque no creía que hubiera necesidad de terminarla para que se comprendiese su significado. -Marianne y Pickton está desaparecidos y...- miré alrededor, intentando reconocer la ausencia de más compañeros en medio de la multitud, pero aquello parecía una tarea imposible.

Yo también me alegraba de que él estuviera bien, de que estuviese ahí... de que no nos hubiésemos vuelto a separar, ¿pero por qué no era capaz de decírselo? Sentía que con ello estaba traicionando en cierto modo la memoria de los caídos durante el ataque, que me estaba dejando llevar por mi propio egoísmo dándole a una persona un valor por encima del de los demás. Notaba el peso de las responsabilidad cargado sobre mis hombros y no hacía más que dar vueltas en mi cabeza a todo lo que había salido mal, como cuando en cualquier día de trabajo normal, antes de que todo esto sucediese, pasabas el resto del turno reconstruyendo mentalmente las intervenciones, y calculando en dónde podría haberle robado un par de segundos extra al tiempo.

En el momento en que iba, por fin, a decirle a Gilbert que yo también me alegraba de tenerle cerca de nuevo, Leon se acercó presentándose dispuesto a continuar con el plan. Los pocos minutos que nos podíamos permitir para los saludos y la emotividad, parecían haber pasado y ahora había que ponerse manos a la obra. Apreté la mano de Gilbert antes de despegarme de su pecho, esperando que entendiese el gesto como todo aquello que no había sido capaz de decir en su momento, y luego me separé de él limpiándome, disimuladamente, los ojos enrojecidos con la manga desgastada del chaquetón del uniforme.

-Sí, tenemos mucho trabajo que hacer.-
dije girando sobre mí misma para buscar las posibles formas de organizar el campamento. -Deberíamos organizarnos en pequeño grupos y que cada uno se ocupe de una tarea, así no nos estorbaremos y podremos trabajar más rápido. Hace falta instalar a los heridos en algún lugar seguro y donde puedan trabajar nuestros sanitarios. Como Gilbert ha dicho, hay que reorganizar los vehículos aparcados para no cortarnos el paso en caso de una segunda huida. Alguien debería empezar a pasar lista, de los presentes, para que podamos saber con seguridad quiénes faltan y poder prepararnos para recibirlos o... Bueno, aunque ahora mismo es algo secundario, habría que repartir algo de comida entre la gente. Y por supuesto, inspeccionar el perímetro y montar las trampas para estar prevenidos ante cualquier posible ataque. Pipper, ¿necesitáis más gente para comenzar a organizar el "hospital de campaña"?

Por el rabillo del ojo pude ver a dónde estaban llevando a las víctimas mortales del ataque, Lana, Wilhelm... dios sabe cuántos más no llegaron si quiera a subir en los vehículos... Para mi gusto, demasiado cerca del pozo de la granja y su turbio secreto, así que otra tarea pendiente sería el cavar algunas tumbas alejadas de esa localización.

Hice un gesto con la cabeza señalando al pozo, asegurándome de que Gilbert me entendiese, y me acerqué hacia el pequeño grupo reunido alrededor de los cadáveres, por algún macabro motivo, ahora mismo Ryan, Wilhelm, Hope y algunos más, estaban cubiertos de salpicaduras de sangre, y el anciano contemplaba el cuerpo de su esposa con el rostro desencajado.

-Pero qué... ha...- comencé a preguntar, aunque imaginé que no era necesario completar la frase. -Hay mucho trabajo que hacer.- Dije dirigiéndome en términos generales a todos los presentes. -Necesitamos voluntarios para preparar las trampas alrededor de la granja, alguien que ayude a pasar lista de los presentes y.. bueno, me temo que cavar algunas tumbas. El terreno es más blando ahí detrás,- Dije señalando hacia el espacio vacío entre el gran corral abandonado y el primer cobertizo del conjunto, -se ve que era tierra de cultivo y será más fácil cavar ahí.- y añadí esperando que el comentario fuese el suficiente como para distraer la atención del maldito pozo.

Por algún motivo, Jasmine y Hope parecían bastante cercanas, pero no sabía realmente cuánta confianza tenían entre ellas. Lo que era seguro, es que esta noche no íbamos a poder cumplir con las expectativas de Joyce, una cama bajo techo era algo que hoy no podríamos ofrecerle, pero al menos, teníamos víveres suficientes para todos y ninguno elaborado con carne humana, tal como el ácido sentido del humor de la chica había sugerido.

-No tardaremos en repartir algo de comer, también necesitaríamos un voluntario para eso.-
dije, esperando que alguno de los presentes pudiera ocuparse de esa tarea. -Pongámonos manos a la obra y acabaremos enseguida. Por cierto...- Recordé decir, antes de que se alejaran. -Si alguno de vosotros ve a Ryuko, ¿puede decirle que la estoy buscando?

Ryuko era nuestra mejor baza para encontrar a los desaparecidos: con su veloz motocicleta y su completa ausencia de precaución a la hora de conducirla, era la más rápida de todos los presentes. Solo seis horas... seis horas de margen para esperar a los desaparecidos... El tiempo que habíamos acordado entre todos que debía de ser más que suficiente para llegar hasta el punto de reunión, pero un margen que, yo imaginaba, acabaría extendiéndose hasta el amanecer del día siguiente.

-Venga, ¿vamos a mover esos coches?- sugerí mirando hacia Gilbert y tirando de su mano, haciendo tal y como había dicho él: llevarlo donde yo fuese. En cuanto acabásemos de organizar los vehículos, aún quedaría mucho trabajo por hacer.

Interacción: Hablo con Gilbert, Leon, Pipper y los demás presentes alrededor de la ambulancia. Luego hablo con el grupo que está alrededor de los cadáveres (Jasmine, Ryan, Joyce, Hope). Pido que localicen a Ryuko. Voy con Gilbert a reorganizar los vehículos.

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