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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Sayaka Bell, Will Shafter

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Andrés, el que Llega cada Mes || Christel Flowers

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Fecha: 14/02/2013
Hora: 03:25pm
Lugar: Algún Bosque en Idaho.

Hacía calor, el sol estaba fuerte y Anna estaba realmente amargada, y seguramente se están preguntando por qué, esta bien, les diré: Annabeth estaba en sus “días”. Sí, efectivamente mí querido Watson, la joven Santini estaba en su tercer día y en el día en que más le bajaba la marea roja, todo un asco pero eran cosas que no se iban, ni cuando el mundo estaba lleno de zombies y estos estaban por apoderarse del mundo. Tampoco le agradaría la idea estando o no el mundo repleto de caminantes, pues era el día del amor y la amistad, era lo malo de que no tengas una fecha exacta para que Andrés llegue.

La morena estaba cansada de caminar con los cólicos a flor de piel así que se rindió y se sentó en lo que antes había sido una fogata. —¡Que porquería! ¿Por qué no nací siendo hombre? Esto es horrible y solo a las mujeres nos pasa.— Hablaba consigo misma, en su idioma natal, estaba comenzando a volverse loca, tal vez era el calor, además de la marea roja, pero lo que sí sabía era que si seguía así terminaría alejando a todos, incluidos los caníbales.

La Santini se comenzó a quitar el pantalón que llevaba puesto, dejando a la vista sus pantaletas matapasiones los cuales consiguió mientras robaba una tienda de ropa interior, robo algunas tangas y esa pantaletas, la usaba especialmente cuando llegaba Andrés, la hacía sentir cómoda.

Dobló los pantalones y los metió en la mochila mientras buscaba unos shorts de blue jeans para usar, pero en eso escucho pasos y gruñidos, se acercaba un caminante, la italiana se levanto con Cora en mano (Su palanca) y se armo para la batalla, buscando al bullicioso con la mirada, y al visualizarlo se acerco a él única y exclusivamente para darle un gran golpe en la cabeza y así lanzarlo al piso: —¡¿QUÉ ACASO NADIE TE ENSEÑÓ MODALES?! ¡A las damas no se les espía mientras se cambian de ropa, mal educado!— Lo regañaba mientras terminaba con su vida, quería desahogarse de una u otra manera y eso era una buena opción.

Eso le recordó a cuando fue al campamento en Francia, en donde todos se bañaban en conjunto, Alex no había ido al campamento por una pelea que tuvo con Anna pero además de ello no le agradaba este, le parecía algo poco privado o algo así, Anna si no tuvo creencia y se fue. Pero no se crean, en el campamento se podía escoger: Si se bañaban en las duchas conjuntas terminarían más rápido, si preferían ducharse en baños privados tenían que hacer fila, por lo que casi todos preferían acostumbrarse a la pena que era verse todos, desnudos y mojados, sin perderse alguna actividad y estar frescos como lechuga a oler feo si es que no esperabas, o a perderte actividades.


I'm Still Here, Fighting

—Hablo— —Pienso— —Hablo Italiano—

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Llevaba solo un día, pero en realidad se había sentido como toda una eternidad. El primer espasmo le advirtió que algo no iba bien, estaba acostumbrada a sentir dolor cada vez que pisaba con sus intentos malogrados de prótesis, el sensible muñón aullaba con el peso, con el frío, el calor, la lluvia o su propia imaginación.  Pero el dolor en su vientre había sido mayor a cualquier cosa que recordara.
El segundo espasmo le hizo saber que no llegaría muy lejos. Y el tercero la dejó en el suelo. Se recargó a un lado de un árbol para recuperar el aliento. Al parecer todo había sido momentáneo, pero el sudor en su frente y las lágrimas en los ojos mostraban el temor de sentirlo nuevamente. Por alguna razón pensó en los dolores que tenía cuando enfermaba del estómago, solo que eran peores.
Respiró profundamente por un momento, y un nuevo espasmo la obligó a retorcerse en el suelo, lavando los dedos sobre la húmeda tierra. ¿Y si al final se estaba convirtiendo? Había escuchado que la gente sufría en el proceso.

Pero todo volvió a la normalidad una vez más, salvo por la sensación de un vientre despedazándose.
Al final, no logró moverse de ahí, se sentía débil y las piernas no parecían obedecer al más mínimo comando.

El bosque parecía al menos brindarle la protección de una moribunda, pues nada se había acercado a ella desde que el suelo la arrastró. A lo lejos podía escucharse el ruido de aves volando. Típico de su huida al pasar algo que consideraran peligroso, pero Christel no podría volar con ellas, y agradecía entre gemidos no tener que hacerlo.
Cuando intentó levantarse hasta recargar su espalda contra el mismo árbol en que había pasado la noche sintió el frío de sus piernas, y al mirarse se horrorizó.

Los pantalones estaban llenos de sangre, podía ver incluso sangre en sus calcetas dispares y las zapatillas desgastadas. Christel no sabía que ocurría, pero se temía que lo peor al fin iba a ocurrir.

Y comenzó a gritar.

Gritó con absoluto terror, y el grito volvió a desgarrar su vientre, ahogando sus lamentos en el suelo.

off:
– Dados! Supero el desafío, entonces no pasa nada. Lo fallo y los apestosos me escuchan

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El miembro 'Christel Flowers' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Desafíos' :
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Resultados :
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Un grito agudo se escucho no muy lejos de ella, ¿Era la Llorona? Había escuchado esa historia cuando viajó a México por unos días, recordaba que le habían dicho que mientras más lejos se escuchara estaba más cerca. ¿Y si estaba en la mitad? ¿Estaba junto a ella o qué? Pero según ellos no salía de día, así que estaba confundida, ¿Y si ahora hasta los espantos rondaban en el día? Además de los zombies y esos monstruos, es posible, si el mundo dio un vuelco hasta la Llorona puede salir a pasear cuando le dé la gana.

Anna se preguntaba si a la Llorona también pasaría por sus días, seguro por eso tuvo hijos, para que no le viniera por 9 meses. —¡Ay Dios Mío! ¿Me matará? No no no, espero que no.— Decía en voz baja, hablando con el cadáver del zombie que había dejado en el piso. Aún semi-desnuda, agarro su palanca fuertemente y fue a buscar a cosa que gritaba, temblando un poco porque nunca la habían espantado, o tal vez sí pero nunca le dio importancia, y si era mientras estaba durmiendo no se daría de cuenta: ¡Gracias sueño pesado!

En la actualidad, Vittoria no había vivido nada igual pero de todas formas no era tarde para decir “Vi la Llorona, casi me hago pis, ¡Pero valió la pena!” Por eso se armó de valentía y se dirigió al lugar donde se encontraba esta. Anna no recordaba que estaba semi desnuda por lo que caminaba como si nada, sin pensar que alguien podía encontrarla con una toalla sanitaria y con sus pantaletas matapasiones que se robó hace tanto.

Annabeth se acercaba a la persona que gritaba, veía desde lo lejos alguien acostado junto a un árbol, —¿Ho-hola? No-No me mates, por favor.— Tartamudeaba, pero luego vió a una niña rubia, que estaba sangrando, —¡Oh Dios! ¡¿Fue la llorona?! ¿Estás bien?— Seguía temblando pero aún así se puso en cuchillas junto a ella, tratando de ver en qué podía ayudarla.


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¿Qué tan molesta podía ser una voz que sonaba lejana, pero se metía como un alfiler por el tímpano? En realidad, nada. Había dolores más fuertes, y el cosquilleo de la voz preguntando sobre lloronas era el menor de sus problemas.

El dolor cesó y la joven respiró con mucha dificultad, agitada y aterrada por un nuevo embate de su conversión en zombie. Intentó sentarse sobre el suelo una vez más, estaba hecha un caos, y cualquiera dudaría dos veces antes de acercársele, o al menos eso pensaba porque la mujer estaba ahí.

“¿Seré llorona en verdad?” – pensó, una punzada más se revolvía en su vientre, pero esta vez era débil, auspiciaba una tormenta que no tardaría en venir… Chris se imaginaba a ese dolor como las nubes ennegrecidas que tronaban a lo lejos, en un lugar más allá de donde podía ver.
Por instinto buscó la mano de Annabeth, presionándola con algo de fuerza. Buscó sus ojos con desesperación, estaba llorando y al mirarla negó con la cabeza, aterrada, No quería convertirse en zombie, al menos no sufriendo de esa forma… siempre se lo había imaginado estando muerta. Y negaba con fuerza sacudiendo sus rubios cabellos llenos de mugre y hojas secas deseando que la ayudara… o que hiciera lo que hacen con los muertos. Simplemente no quería sufrir más.

Como una respuesta divina, sin embargo, su vientre volvió a estallar, forzando un chillido agudo en Christel, quien presionó con todas sus fuerzas la mano de la italiana. Golpeó el suelo con fuerza, golpeó su pierna y buscó golpear su vientre, pero no lo consiguió, una sacudida más fuerte la hizo chillar una vez más.

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