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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Historias junto al Fuego || Phoenix - Joseph

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Norte de Atlanta — 10.08.2015 — Despejado y templado — En la noche. — Soundtrack

La noche no tardo en caer. Sigismund había apilado los cuerpos de los Zombies los cuales había decapitado, en una pila que no dudo en prender fuego junto sus cabezas metidas en un contenedor de basura el cual ardió también. Tras ocuparse de los No-Muertos, decidió ocuparse de poner a salvo a su corcel, poniéndolo en un garaje cercano, el cual había habilitado un espacio lo mas cercano a la comodidad posible para que el equino pudiese descansar en condiciones.

Ya su reloj marcaba las nueve de la noche cuando bajo la persiana de metal del garaje. Cuando entro en el recinto del Motel observo al matrimonio, dado que poseía una cantidad de latas en conservas saqueadas de numerosos almacenes decidió compartir unas cuantas con ellos. Atrapando una bolsa de plástico, salio de la suit que había adoptado para dirigirse a la suya. Al llegar a la puerta de la suit del matrimonio, golpeo con suavidad la puerta tres veces con ritmo. Esperando a que abra Joseph o Phoenix.

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Se había instalado en la mejor habitación con su esposa y el felino. Las sábanas de la cama matrimonial estaban limpias, pero todo emanaba un aroma a humedad y vejez que por fortuna pudo mitigar un poco con algunos productos aromatizantes que encontró en el sector de limpieza.

Siempre me ha costado comprender la psicología humana. Tú eres excelente en ese campo. Si por mi fuera evitaría el contacto con las demás personas, me resultaría más cómodo. Pero me temo que también podría ser contraproducente. Tú me has mostrado antes que hay que tener contactos, relaciones con las personas correctas para llegar a un fin concreto. En éste momento tenemos que sobrevivir. Éste hombre tiene conocimientos que nosotros no tenemos y de los cuales podríamos sacarle provecho. Esos conocimientos que tiene también nos pone en una situación de desventaja si pretende hacernos daño.— Se sentó sobre la cama un momento y vio a Phoenix con atención. —Comprendo la encrucijada de pensamientos que tienes y me temo que no puedo ayudarte a crear una conclusión. Más puedo decirte que te apoyaré con la decisión que tomes y actuaré con cautela.

Minutos más tarde la puerta sonó. Fue a observar por la mirilla y vio que era el General. Abrió la puerta. Se veía que Joseph se había cambiado las prendas de vestir y se mostraba aseado.

Haremos la cena en la recepción de entrada, ya que el área de cocina no se encuentra en condiciones. Tenemos comida enlatada para calentar.  Y tendremos tiempo de conocernos más y ver si podemos ser de ayuda mutua.

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La habitación era agradable. Había agua en las cañerías. Tardó en salir el óxido de la ducha. Logró darse un baño decente. También pudo vestirse con ropa limpia que traía en su maleta. Se puso unas zapatillas deportivas, un short de jean y una remera verde militar. También ató su cabello en una rosca para estar más cómoda.

Había logrado bañar a su gato también, quién había sido un trabajo algo arduo con algunos rasguños como marcas de la pequeña lucha que tuvieron. Quedó más negro y esponjado. Aunque bastante malhumorado.

Sé que me entiendes. Es fácil conocer personas que sobreviven forzosamente. En parte puedo compartir las experiencias con ellos. Pero cuando me encuentro con personas que han sido profesionales antes... uff... es más complicado. Tiendo a pensar que me van a engañar de algún modo. No es que no confíe en mí, sabes eso.

Hizo una pausa y se sentó al lado de su esposo. Se recostó y suspiró.

Es complicado...

La puerta sonó y vio cómo Joseph iba a atender. Era momento de ir a cenar. Tomó las latas de comida y las colocó dentro de una bolsa. Tenía platos y cubiertos plásticos que tal vez podrían ayudar a alimentarse y no tener que lavar luego. Ahorrar el agua era esencial.

Se asomó por la puerta.

Hola. Vi por la ventana que te has encargado de los occisos. Gracias por eso. Tenemos aquí arroz con pollo, algo con carne de cerdo y esta lata... la etiqueta está un poco corroída pero parece que dice algo de champiñones.

Mostró la bolsa con las latas de comida. Era obvio que todas estaban caducas, pero tenía la esperanza que el estar envasadas al vacío hiciera que aún se conservaran en buen estado.

Y si no podemos comer ésto, tengo otras opciones. Intentemos no intoxicarnos con comida. Sería el colmo.

Salió al pasillo y caminó en dirección a la recepción.

Fuera se oían movimientos habituales. Seguramente caminantes persiguiendo algún animal salvaje en la lejanía. O tal vez simplemente la fauna del lugar. Todo sonido parecía escalofriante en la oscuridad de la noche.

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Buenas noches.- Contesto a Phoenix antes de recibir su opinión sobre la incineración de los cuerpos. -Protocolo estándar en casos de guerra Biológica... o Química.- Dijo recitando la frase de manual antes de escuchar el menú. -No te preocupes. Si no tienen ningún orificio de ninguna clase, son comestibles.- Dijo garantizando eso. Entonces tal como vino se fue pero nada mas comenzar a bajar las escaleras escucho algo que le tenso y hizo sujetar su espada. -Mierda...- Odiaba los Cerberus. El Can gruñía con fuerza pero pronto noto un gemido de dolor. Que le hizo ladear el rostro... Era un perro no-infectado. Envainando la espada, se acerco y pudo observar totalmente el can. Era un ejemplar de pastor ganadero australiano, cojeaba de su pata delantera izquierda. -Sientate...- El perro observo con atención a Sigismund y obedeció tras olfatear el suelo. Sigis doblo la rodilla y estiro el brazo izquierdo. -Pata... Dame la Pata.- El perro con cierta dificultad dio la pata. Cosa que aprovecho Sigismund para observar posibles heridas, poseía un corte producto de alomejor unos supervivientes hambrientos o otros depredadores que no lograron cazarlo. El perro pronto olfateo la bolsa que llevaba y empezó a gimotear, se notaba que el animal estaba hambriento. Decidio ir a donde iban a comer y atrapar un cuenco para sopas y vació una lata de Albondigas. Las cuales no tardaron en ser devoradas por el can que andaba medio famélico. Al poco rato escucho llegar a Joseph y Phoenix -Mirad que rastreador mas idóneo ha llegado... Según parece es un perro militar. Tiene una chapa en el collar.- Dijo mientras leía la chapa. Ponía el rango de su dueño pero estaba algo oxidada en el nombre aparte de que pertenecía a los Rangers y el nombre era Albondiga.

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La recepción era un sitio que le resultaba desagradable. Había polvo en el suelo, con algo de tierra seca. Las paredes estaban manchadas de varios fluidos ya secos. El aroma era mejor que en las habitaciones donde hubieron muertos, más no podía decirse que olía bien.

Phoenix. Esta travesía se está volviendo insulsa. Este sitio me resulta incómodo. La habitación donde estábamos era más reconfortante. Creo más conveniente subir a la terraza. Tendremos aire fresco, una vista más pintoresca de la noche estrellada y estaremos más al tanto de los movimientos que puede haber a los alrededores.— Comentó mientras la observaba. Notó que llevaba ella toda la comida, entonces decidió que era mejor que él llevara los alimentos, así como las botellas con agua potable y los utensilios para cenar correctamente.

El General se hizo presente con un can tísico. Se limitó a observar y no hacer comentarios al respecto. Tener un animal de compañía siempre le había parecido complicado ya que requerían muchas atenciones. Más comprendía que muchas personas los tuvieran. El acariciar la cabeza de Salem le generaba una buena sensación de reciprocidad.

Iremos arriba, a la terraza. Ese animal se encuentra muy débil. Tal vez deba cargarlo.— Sugirió al señor Van Der Arnheim. —Y si me permite, me gustaría que me enseñe algunas técnicas de supervivencia, que seguramente usted conoce muchas. Verá, somos sólo civiles que usamos nuestro inigualable ingenio para sobrellevar las adversidades actuales. Se conservarán más seres humanos si especialistas como usted instruyen al sobreviviente común.

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Están bien cerradas, así que no tendría que haber problemas entonces.

La recepción era un buen lugar para quedarse, a su criterio. Pero viendo con cuidado las palabras de Joseph, él tenía razón. Era mejor subir y estar alertas ante cualquier amenaza.

Observó al can. Le pareció amigable, pero prefirió no entrar en contacto con él. Más que nada por Salem. Había tardado mucho tiempo en desparacitarlo. Y el perro se veía descuidado. Si fuera por ella, si estuviese sola, sí le hubiese ofrecido su cariño. Prefirió priorizar a Salem, quien observaba al can desde una distancia prudente.

Es buena idea ir arriba.

Caminó hacia las escaleras. Estaban manchadas de sangre seca. Al pisar las manchas éstas no se pegaban a la zuela de sus zapatos. Supuso entonces que éstas estarían desde el brote. Desde el primer día. Le gustaba predecir cómo se habían sucedido los hechos en los lugares donde iba.

Una vez arriba, en la terraza, pudo ver en el suelo un enorme cartel pintado en negro que solicitaba "AYUDA", más tres cuerpos tan consumidos que parecían secos. Habían muerto esperando ayuda.

Tal vez sea bueno sacarlos de aquí. Creo que tenemos ya suficiente. No es por despreciar ni faltar el respeto. Pero vamos, merecemos estar tranquilos. No sabemos cuándo podremos quedar como ellos.

La última frase había sido muy poco feliz. Pero fue sumamente sincera. Le preocupaba morir. Más ahora que había encontrado a su esposo.

Entonces. ¿Estás de acuerdo en enseñarnos algo útil?

Continuó con el hilo de conversación que su esposo había iniciado. Quería saber si el hombre mayor estaba dispuesto a instruirlos de algún modo.

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Sigismund se entretuvo dejando que el can devorase la lata de albóndigas. Noto como el gato de ellos observaba al can, el cual también lo había visto pero al parecer este lo ignoraba y demostraba tener ya familiaridad con ellos. A pesar de la sugerencia de Joseph de cargar al perro para subir las escaleras, Sigismund lo vio innecesario dado que la comida le había aportado algo mas de energía al can, el cual se puso a lamer la mano del veterano como si le diese las gracias.

Al subir arriba, observo el panorama. Entonces escucho la peticion de enseñarles lecciones de supervivencia. -Lo primero que necesito saber para enseñaros es... Que experiencia teneis en combate y supervivencia ?- Pregunto con seriedad. Si no conocia sus experiencia previa no podria mejorarlos.

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