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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Uno, dos, tres... y vuelta a empezar [Freya Skarsgård]

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19 de agosto de 2015.
Base del desierto de Umbrella.

Debiste aceptar contribuir... tal vez ahora pudieras estar en Zenobia disfrutando del sol — la bandeja de comida cayó al suelo y el cristal comenzó a descender hasta volver a dejarme encerrada por completo en aquella celda, que más que una celda parecía un escaparate. Una habitación blanca, en un pasillo blanco de escaparates y más personas encerradas en su interior... a veces algunas desaparecían, se las llevaban fuera, volvían, morían, se las volvían a llevar... y yo seguía allí, esperando un día más,pensando que al siguiente vendrían a por mi y me convertirían en uno de esos monstruos que había visto en otras ocasiones.

Me acerqué a la bandeja y recogí un pedazo de pan para comer. Ignoré por completo a mi vecina de en frente, era una chica joven, de cabello negro y ojos azul cielo. Llegó ayer y parecía tan aterrada... cundo me vio en la celda de en frente comenzó a hacerme señas, estaba desesperada, gritaba pero no escuchaba nada... sin embargo a veces la veía moverse, tratando de captar mi atención y yo no quería verla. No podía volver a pasar por ello, otra vez no. Porque en un día, puede que dos o tres se llevarían a alguna de las dos y la otra gritaría, golpearía el cristal impotente sin poder hacer nada por la otra.

Había pasado tantas veces por ese dolor que no podía volver a mirar a otra persona más. Estaba sola, en aquella celda, un día más.

Terminé de comer. Coloqué la bandeja junto al cristal y volví de pie al centro de la sala. Estiré los brazos, respiré hondo...y me senté de nuevo, a esperar a la hora de cenar, una vez más... o tal vez a que vinieran a por mi.

Aquel era mi día número 1266 encerrada en Umbrella.


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Aquel día no era un día cualquiera, se trataba de una cita especial con una persona particular. Leah Hadley, senadora. Se había negado hace mucho tiempo en colaborar con Umbrella, y bien se había enterado de ello con facilidad. Tuvieron muchas insistencias, pero la curiosidad de Freya era innegable al no haber estado presente en esas negociaciones. Debía asistir en persona, visitarla y comprobar su estado. Tenía, y quería, planear un futuro experimento con ella. Mucho tiempo llevaba allí encerrada y saliéndose de rositas, pues cierto era que utilizaban normalmente personas más jóvenes para que tuvieran mejores resultados, o al menos todos los mejores que pudiera. — ¿Dónde se encuentra el sujeto? — Preguntaría en la entrada de aquel pasillo a uno de los guardias, y rápido este respondería el pasillo y el cristal que correspondía.

Muchas veces paseaba por allí, para ver de cerca cómo iban los experimentos. Aquello era puramente esencial para su trabajo, ella era responsable de todo lo que le ocurriesen a los pacientes, y muchas veces eran elegidos a dedo por ella misma, en vez de por científicos encargados con esa responsabilidad. Muchos reconocían su rostro ya, algunos reaccionaban con odio y otros con temor, aunque quizá la gran mayoría había optado ya por la indiferencia viendo la actitud de la castaña. Fue entonces que llegó al pasillo indicado y a la celda indicada. La nórdica venía junto a dos soldados que le escoltaban allá donde iba por allí para evitar incidentes, a pesar de la extrema seguridad del lugar.

Observó a la joven que tenía en frente, quien hacía escasos segundos había estado llamando la atención de la senadora y Freya se había dado cuenta desde la distancia. Se trataba de la nueva adquisición. Debía aprender modales de comportamiento en celda, hablar con otros no era la mejor actitud que tener frente a superiores. — Vaya, que joven más rebelde. — Su voz denotaba desprecio, pero no cambiaría mucho su rostro de desagrado al ver a la senadora, girándose hacía ella con una minúscula sonrisa. Fue entonces que le hizo un señal al soldado para que retirase la bandeja y cerrase ese cristal. Luego ella abriría otro de manera lateral que permitía que traspasara el sonido, pero sólo el sonido, pues era un cristal más fino. — Leah, ¿cierto? Creo que aún no hemos tenido el placer de presentarnos... ¿Sabes quien soy? O mejor dicho... ¿Quién crees que soy? — Nunca antes se habían visto, de saber sobre una figura directora de Umbrella seguramente no supiera de cómo era físicamente, pero empezar con ventaja le encantaba. Claro que su propia figura, como la de los acompañantes respecto a ella, dejaba denotar cierto rango.



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Aún con los ojos cerrados comencé a hacer mis estiramientos habituales, para después comenzar con el ejercicio como de costumbre. Tanto tiempo encerrada sin moverme no podía ser bueno para mi cuerpo, así que aprovechaba para hacer lo único que podía hacer allí, pensar y hacerme daño no era la mejor idea.

Algo provocó que abriera los ojos, la escena de siempre había cambiado, allí frente a mi se encontraba una mujer castaña, protegida por dos guardias y una expresión de superioridad que me hizo reír sarcástica. Quería hablar conmigo porque habilitó el cristal para ello. Yo seguí en el centro de la sala estirando mis brazos y cuello.

Lo siento, no me han pasado el boletín de sociedad esta semana — respondí sarcástica sin darle mucha importancia a aquello, me encogí de hombros mientras que seguí estirando, en esta ocasión me agaché para comenzar con las piernas. — Por la escoba que llevas metida en el culo supongo que otro pez gordo más de la compañía, ¿qué pasa os las regalan con el kit de bienvenida? — hacía tiempo que había empezado a usar el sarcasmo como escudo, ya no me daban miedo, ¿qué más podían hacerme? Y tal vez provocarlos y que se enfadaran conmigo sería la mejor forma de acabar con ello de una vez por todas. Sabía que no podía escapar. — Todos vais cortados por el mismo patrón, pero... sorpréndeme — susurré a la vez que la miraba fijamente a los ojos.

Los primeros días suplicaba porque me dejaran libre, después los gritaba, golpeaba la celda... y los días pasaron uno tras otro... y yo me preguntaba qué habría sido de mi familia, ¿por qué no me buscaba mi marido? Y entonces me dijeron que nadie me buscaría porque para mis amigos yo estaba muerta. Y me imaginaba a él, sufriendo mi muerte, pasando la vida, al vez enamorándose de nuevo... y a Umbrella ahí, en las sombras, controlándolo todo como pasó con la muerte de Abel... entonces la sangre me hervía y solo podía pensar en que yo seguía ahí encerrada, sin hacer nada, porque mi mejor opción era morir.


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Las contestaciones de aquella mujer parecieron no molestarla, simplemente le aburrían. Esperaba que algún día se encontrase con un sujeto que realmente tuviera más ideas en la cabeza que decirle tonterías. Dejó que terminara de hablar, estaba estirando como si aquello le fuera a servir de algo: por mucho que ejercitara, se atrofiaría por otros motivos.

Freya hizo el gesto de aburrirse, bostezando y tapándose la boca en el proceso. Luego le miró y arqueó una ceja. Tras su última frase, no pudo evitar soltar una carcajada para luego suspirar de manera pesada. La cuestión era: ¿qué haría con ella? Había infinitas posibilidades y todas ellas igual de válida, mas ninguna de ellas llevaba a una muerte, no para su desgracia. — Vaya, no sabía que teníamos un payaso aquí. ¿Has acabado? — Su voz sonaba totalmente tranquila, la nórdica no acostumbraba a alterarse con facilidad, al menos no cuando hablaba, que era distinto de otras cosas.

Hubieras sabido la respuesta de esa pregunta si hubieras elegido mejor tus cartas. — Fue su única respuesta al respecto del kit de bienvenida, realmente tampoco quería darle mucha más importancia a una cobaya.Oh, ahora que hablas de patrones. — Pasó de realmente darle una respuesta, ignorando el tema. Sacó unos guantes de la bata científica que llevaba, se los colocó -eran blancos- y sacó un tubo de ensayo vacío, junto a una jeringuilla. — Me comentaron que estabas aburrida y ha tomarte unas muestras primero. — Le informaría primero. — Puedes decirme uno de esos comentarios tontos que me has dicho antes, si es que eso te ayuda a no pensar en los tuyos y hacerte sentirte más fuerte. — No pretendía joderle la fiesta que tenía en la celda, sólo dejarle claro que ella no estaba ahí para entretenerla y aguantar a una cría que realmente era adulta.

La directora miró a sus soldados y estos tomaron una postura de iniciativa, a la espera de una orden. Fue entonces que volvió a mirar a la mujer. — ¿Vas a colaborar o te vas a comportar como el animal que eres? — No sólo dio una pausa para escuchar su respuesta, de la cual no acabaría por fiarse, sino también porque sabía que vendría uno de esos comentarios, o por el contrario decidiría por decir algo más... ¿Inteligente? No sé yo si sería capaz. Pensó. — Que pena que no veas el bien que hace Umbrella por la sociedad. Tan ciega... Algún día lograrás quitarte la venda de los ojos. — Chasqueó la lengua, decepcionada. — Te preguntaré esto por cortesía: ¿estás lista para la intervención?



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