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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Somos de Georgia [Erick A. Kraus]

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Somos de Georgia [Erick A. Kraus]

Mensaje por Gillian T. Eames el Vie 04 Ene 2019, 01:38

No, no supone un problema para mí, tenía que llegar este día — recogí la mochila a la vez que le quitaba hierro al asunto. Anna parecía un poco preocupada por mi, pues sería la primera vez que salía del refugio tras mi llegada. Yo pensaba que al encargarme del huerto no era necesario que saliera en partidas de búsqueda, pero los grupos llevaban ya varios días fuera y no querían saturarlos.

Preguntaré por si alguien quiere venir conmigo, pero no me importa ir sola, tranquila, estaré bien, llegué hasta aquí sana y a salvo — sonreí tratando de mostrarme tranquila, quitarle importancia, pero no... Realmente quería irme sola, en los últimos días había experimentado cosas que no eran normales, cosas que no podía contener más y necesitaba alejarme para saber hasta qué punto llegaba mi fuerza, velocidad... no quería asustar a nadie.

Me iré andando, ni siquiera sé cómo conduzco — me colgué la mochila al hombro y comencé a salir del edificio de las habitaciones/celdas. Por allí, en el pabellón principal habían diversos compañeros con sus tareas, unos cortaban verduras para la comida, otros daban clase a los más pequeños... Uno incluso trataba de reparar una radio.

¿Alguien necesita algo? Voy fuera, me ha tocado a mi — decía en voz alta mientras recogía una botella de agua para el viaje. Tras aquello fui hacia la alambrada, donde me dejaron salir sin problema. Observé aquel camino, no sería fácil, pero era mi momento. Llegar hasta allí no fue tarea sencilla, pero mereció la pena.

¡Eh Jill, somos de Georgia! — exclamó el guardia de la torre a modo de ánimo supuse. — Yo no lo sé, si eso da fortaleza... Espero serlo también — sonreí ligeramente y comencé a caminar dejando atrás las alambradas y edificios de La Prisión.


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No sé muy bien que hacía en Georgia, pero algo me había atraído aquí. Creo que eran mis ganas de ver una playa de verdad. Chicago era una gran ciudad pero no tenía una playa, y Kansas ya, ni te cuento. Podría haber escogido muchos sitios, pero me quedaba más en linea recta y siempre podía subir a ver Nueva York. Siempre había querido ver la gran ciudad pero nunca había tenido oportunidad. Aunque mucha gente dice que Chicago no se queda atrás en comparación. Así que, Georgia. En la primera estación de autobuses cogí un mapa del estado y fui haciendo grandes equis donde quería ir. Era capaz de haber llegado y olvidarme de la playa si veía algo que me gustase más, como una tienda de comics por ejemplo.

Lo primero era lo primero, revisar algún restaurante o tienda de comida para ver si tenían algo sustancioso para hoy y luego iría al hospital, a ver qué tenían aquí. Aún me quedaba insulina, suficiente como para otro mes más, pero igual quería seguir acumulando, por si acaso. Miedo me daba romper algún vial sin querer y tener prisa por encontrar más. Además que nunca estaba demás tener tiritas, agua oxigenada y esas cosas. De normal no les hubiera hecho caso, pero claramente ahora, en el apocalipsis cualquier herida tonta era un ticket para el otro mundo.

Así que dejé el coche que había usado para llegar hasta aquí medio escondido, cerré y me encaminé hacia la ciudad.


Erick

Gracias Thea!

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¿Qué...? — susurré en voz baja para mi. No había nadie, tampoco es que pudiera hablar con alguien más. Llevaba horas y horas caminando, me sentía aún con fuerza para seguir incluso algunas más, pero algo me hizo detenerme en mitad de la carretera. Un ruido, parecían pisadas, en la dirección que iba además. Mi oído era demasiado bueno, me había dado cuenta de que muchas veces escuchaba cosas que ni mis compañeros eran capaces sentir hasta un buen rato más tarde.

Aligeré el paso en aquella dirección, una ciudad comenzaba a aparecer en la lejanía, por si acaso me acerqué a un lateral de la carretera para poder ocultarme con los árboles. No estaba sola, allí había alguien más no muy lejos de mi. Eso era otra cosa que me asustaba, ¿por qué era capaz de sentir la presencia de otras personas cuando estaban más lejos de mi?


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Cogí la cámara de mi mochila y empecé a hacer fotos mientras cantaba See you again. Me encantaban los paisajes así con árboles que daban sombrita en verano, sólo me faltaba un refresco sin azúcar para hacer de esta mañana algo redondo. Me paraba cada pocos pasos para hacer fotos, tanto a los árboles como a la ciudad que había frente a mi y alguna que otra selfie. No era gran fan de estas últimas, pero en estos momentos sólo podía hacer eso o no tener contacto social. Me faltaba gente en la vida, claramente.

En una de esas me giré para ver si veía el coche, técnicamente no debería, pero asegurarme no estaba de más. Miré tanto yo como con el visor de la cámara y al usar este último vi algo entre los árboles ¿sería una persona? -¿Hola?- Pregunté a grito pelado. Si había zombies, bueno, qué le iba a hacer pero si era una persona, dios, me tiraría de cabeza tan sólo para mantener una conversación o me volvería loco.


Erick

Gracias Thea!

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Aquel grito resonó en mis oídos con tanta fuerza que hasta dolió.

Auch... — respiré hondo a la vez que me frotaba ambos oídos con las manos. Aquel muchacho parecía nervioso, el corazón le latía con fuerza y tal vez aquello era una buena señal, para mi al menos. No parecía peligroso, o eso creía yo. Respiré hondo y pensé en qué podía hacer ahora. Unos segundos, tal vez incluso un par de minutos después salí de mi escondite alzando ambas manos y saludando.

¡Hola! — respondí, pero sin elevar demasiado la voz. — Me resulta extraño dar con más supervivientes vivos — susurré mientras que me acercaba. — Soy Gillian, pero me llaman Jill — instintivamente estiré mi mano en su dirección a modo de presentación. No sabía por qué hacía ese tipo de cosas, pero sencillamente me salía hacerlas, sin más.

¿Vas a la ciudad? — no hacía falta preguntarle al joven si estaba solo o no, porque sabía que lo estaba, allí no había nadie más cercano. Algún zombie entre los árboles a juzgar por el ruido que hacían sus pisadas, pero estaban lejos, no supondrían un problema si seguíamos andando.

No debemos quedarnos aquí mucho más tiempo, hay zombies por la zona — señalé la carretera, dirección a la ciudad y reanudé mi marcha. Tal vez ir acompañada de alguien no era tan mala idea.


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Re: Somos de Georgia [Erick A. Kraus]

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