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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Adrien Zhao

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Somos diferentes cielos en un mismo mapa.
Oconee National Forest, Georgia — 29 de julio del 2018 — 22ºC — Despejado y cálido
Abrió los ojos lentamente. Estaba recostada en una cómoda cama. Se movió lentamente. Notó que había sudado en la noche, sentía su cuello mojado al igual que su pecho y su espalda. Parpadeó. Se sentía ligeramente afiebrada. Al mover las piernas sintió un dolor que la hizo fruncir el rostro. Apenas podía moverlas. Recordó haber caminado por interminables horas el día anterior. Apenas se incorporó. La luz de la mañana le molestaba en los ojos. Buscó en la cama a Joseph pero no estaba allí. En su lugar estaba Salem recostado de la forma más plena y despreocupada. Tenía la panza hacia arriba, con las patas traseras estiradas hacia abajo, y las delanteras hacia arriba. Phoenix no pudo evitar tocar la barriga del animal. Éste se sobresaltó un instante, luego se dejó hacer cariño.

Se sentó. Estaba mareada. Las tripas le rujían del hambre. Masajeó sus piernas para poder moverse con más libertad y recordó que sus pies estaban muy lastimados. Las curaciones de la noche estaban bien hechas pero tardaría al menos una semana en sanarse completamente.

Con dificultad se puso de pié. Esperó oír ruidos de alguien en la cabaña. Específicamente, que Joseph se encontrara cerca. Pero no había sonido alguno. Salió de la habitación. No había nadie. Revisó en el baño y en la cocina comedor. La asiática estaba sobresaltada ya. Quería encontrar al esposo con el que se había reencontrado la noche anterior. No había ninguna nota en ningún sitio tampoco.

Vamos, vamos, vamos... tienes que estar en algún sitio. Tú tranquila...

Descalza salió a la hierva seca del frente de la cabaña. El olor y el viento de la mañana la reconfortaron, como si algo le dijera que todo iba a ir bien.

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El amanecer lo sorprendió en estado de vigilia. La noche pasó lentamente mientras él mantenía la misma posición en la que se recostó. La observó hora tras hora, fingiendo que dormía de vez en cuando por si despertaba de algún sueño intranquilo. Era incapaz de creer que se habían encontrado por una coincidencia. Toda su vida sostuvo que las coincidencias no existían, tampoco la suerte. Todo era una serie de sucesos con conexiones difíciles de notar a simple vista, pero con un poco de análisis siempre podía identificar la raíz y la sucesión de eventos de manera lógica. Así dejaba de lado lo que era inexplicable y sorprendente. ¿Por qué Phoenix vino a Georgia? ¿Por qué nos encontramos en medio de un bosque? Fue el momento y el lugar exacto. Dio vueltas en su mente intentando descifrar el enigma. El sudor recorría su frente cuanto más ansioso estaba al no encontrar una respuesta satisfactoria. Y su respiración se relajaba al notar que su esposa respiraba tranquila y se movía un poco como respuesta de algún sueño. Estaba viva y estaba allí con él. Volvía a inquietarse al pensar en que había un Dios organizando, moviéndolo como una pieza de ajedrez. Era desesperante para él pensar en ello. Perder el control, perder el raciocinio, perder la lógica.

Dejó que su barriga hiciera ruido por largos minutos. Necesitaba comer algo. Para eso tenía que salir y cazar. Llevaría tiempo.

Se puso de pié del modo más silencioso que pudo. Se quitó la ropa de pijama y se puso las prendas con las que había estado el día anterior. Algo que le molestó en la noche y que ignoró ya que no era relevante fue el olor a humedad las telas y del lugar. Con intención de ayudar a Phoenix con eso, tomó todas las prendas adecuadas del placar y se las llevó planeando lavarlas en el lago. Tomó también algunos artículos de higiene personal y salió de la cabaña, dispuesto a cazar y traer la comida antes de que ella despertara.

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