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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Paradise city -Harvey Black-

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Paradise city -Harvey Black-

Mensaje por Will Shafter el Sáb 01 Dic 2018, 22:09

La familia que antes vivía en aquella casa realmente tenia cosas bonitas y muy lujosas, seguramente eran de las más adineradas en la comunidad. Pero ahora vivían los Shafter en aquella casa, eran un grupo no muy grande pero no alcanzaban todas las habitaciones, su hermano le gustaba hacer niños con su esposa y los chiquillos ya casi no cabían en el sitio. Y Will sabía que tarde o temprano tendría que irse de ese lugar por su propio bien mental.

No era una mañana como cualquier otra mañana, ya se sabía que aquella familia disfuncional y numerosa era muy ruidosa y escandalosa, pero quizás ahora estaban peor que nunca. —¡Buscar a tu inútil marido que solo sabe usar el pequeño trozo de carne que le cuelga con cualquier hembra que le abre las piernas no es mi maldito trabajo, vaca estúpida!—. Un pesado jarrón vuelta en dirección a su cabeza y rompe el vidrio de la ventana. Por un momento, por un momento solo se escuchan insultos del lado de su cuñada cuando, a la pobre muchacha siempre le cuesta asimilar que su hombre se mete con cualquier mujer que tenga disponible.

Pero aquella chica no es su mujer, si lo fuera, ya le hubiera enseñado algo de respeto hace tiempo. Pero siempre ha dicho que es mejor que su hermano, en todos los sentidos habidos y por haber, por lo que se da media vuelta y esquiva una sartén de hierro de tamaño considerablemente grande que apenas y le pasa raspando. —¡Deja de lanzarme cosas, maldita mujer de tetas caídas! ¡Ya te dije que iré a buscarlo!—. Su cuñada era pequeña en estatura, y estaba embarazada…pero aun así, conservaba esa fuerza bruta que a tantos hombres había atraído cuando vivían en Reacher Hill. Era una lástima que de todos los imbéciles hubiera escogido a su hermano, aunque nada le garantizaba que dos o tres de esos malcriados mocosos fueran hijos legítimos de los Shafter.

Con una tirria colosal, el rubio sale del interior de la casa en la misión de encontrar al marido de la pequeña pero enorme mujer que estaba en el interior de la casa, lanzando todo por el aire de la rabia que le provocaba no poder controlar a su hombre. William enciende el cigarrillo enrollado y mira a su alrededor, hacia tan solo unos días había vuelto de una búsqueda y ahora estaba en camino hacia otra. Al menos, en aquella ocasión estaba dentro del poblado de Friedrich.

Tratando de que nadie lo viese y mirando a su alrededor, el flacucho hombre se acomoda la camisa de leñador con gruesos cuadros y se sube el cuello de la chaqueta de cuero, antes de comenzar a caminar verifica minuciosamente que no se le notara alguna vieja marca en su piel. Tiene el aspecto de una persona que no ve el sol en mucho tiempo, no estaba pálido y aunque lo estuviera con la mugre que traía encima quizás ni se notara, pero parecía mas bien un gris enfermizo y opaco que casi le daba el aspecto de haber estado pasando una hepatitis muy fuerte. Para su fortuna, una hepatitis hubiera sido todo un milagro y un paseo por Disney.

Desde lejos se le nota que camina sin rumbo fijo sin tener menor idea de dónde buscar a su hermano. Quizás, lo que el muchacho necesitaba era pasar el duelo por la pérdida de su tío, pero ¿Y ellos que culpa tenían? Las reglas eran claras, y el gordo parecía reacio a abandonar las salvajes normas de la comunidad de Reacher Hill ¿Acaso el viejo Tío Shafter esperaba que la niña a la que intento metérsele entre las piernas se dejara dócilmente? Viejo imbécil, bien merecido se tenía que le hubieran rebanado la cabeza y el tiro en las pelotas que la chiquilla le había dado. Si hubiera estado allí, quizás se le hubiera partido de risa en la cara. Pero no estuvo, o al menos no en el momento de la ejecución. Ahora solo podía reírse imaginando la cara del viejo Shafter en el tajo.

Mientras caminaba por el medio de la calle el rubio trataba de pensar en donde podría encontrar a su pariente. Sabía que desde que hacia un buen tiempo el chico estaba metiéndose con cuanta mujer pudiera encontrar, y había que admitir que en el refugio aquel donde vivían había muchas chicas disponibles, y eso era el problema ¿Con cuál de todas? Hacía pocos días había vuelto y desde que había regresado se había esforzado en esquivar a la bruja flacucha de pelo negro y ojos asesinos…pero al final, parecía que tendría que ir con ella a preguntar sino había visto a su pariente después de todo.

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Re: Paradise city -Harvey Black-

Mensaje por Harvey Black el Sáb 29 Dic 2018, 14:28

Si vienes buscando a Harvey llegas tarde, se ha enterado del nuevo escandalo que habéis montado en casa y ha ido a partirle la cara a la zorra de tu cuñada — Mike era hombre de pocas palabras, pero ddirecto y en cuanto vio al rubio aparecer no muy lejos de la casa de Harvey quiso regodearse. Se encontraba sentado en el porche pelando una manzana con su navaja, sonrió entre dientes y no dijo nada más.

Yo misma les arrancaré la lengua uno por uno a cada miembro de esa familia de ratas y luego le sacaré los ovarios a esa estúpida coneja para que dejen de molestar al resto — Ni siquiera se mostraba enfadada, avanzaba a paso ligero y hablaba sobre esas atrocidades como quien decía que tenía que ir a comprar el pan y tal vez fue eso lo que más miedo le daba a Hunk, que seguía a Harvey prácticamente a saltos. Ella sabía que no hacía falta gritar, ni estar enfadada, que solo bastaban un par de sus palabras para asutar a la gent y eso era lo único que le hacía falta.

Subió a prisa los escalones del porche de la casa, viendo los cristales rotos, el jarrón hecho añicos en la calle... eso la hizo enfadar, pero ella nunca perdía los nervios. Abrió la puerta de una patada y allí estaba la coneja. Harvey sonrió.

¿Has visto lo que me has hecho hacer? Porque no me ha gustado nada — Pasó al interior de la vivienda mirándo de reojo la cerradura rota. La expresión de la coneja parecía aterradora, pero la de Harvey ni iquiera era de enfado, se mostraba tranquila, quien no la conociera diría que hasta amable. — A ver... ¿Qué os he dicho de hacer ruido, de molestar al resto de personas que viven aquí... y sobre todo de romper cosas? La ventana, el jarrón... y encima me obligas a mi a tener que rommper esa cerradura — Harvey se acercó a ella aún con esa sonrisa en su rostro, la agarró de su grasiento pelo y comenzó a obligarla a arrodillarse tirando de este al suelo.

¿Cuántas veces he tenido que venir hasta aquí, qué se supone que debo hacer con vosotros?


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