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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Una oportunidad más | Abigail Roth

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Diario de guerra: Día 954


Hoy es 12 de agosto, sería el día en el que mi madre cumpliría 60 años. Seguramente la familia se reuniría en casa, papá estaría haciendo sus típicos chistes sobre coreanos mientras asaba los bistecs en su amada parrilla. El tío Colt estaría presumiendo de las cifras que había ganado ese año mientras la tía Maggie se dedicaba a desacreditarlo con alguna frase irónica refiriéndose a lo abandonado que estaba su matrimonio. Aunque yo no estaría allí, posiblemente estuviese destinado en Afganistán, pero no dudaría en compartir un rato de videollamada con los míos, para decirle a mi madre que la quiero y para pedirle por enésima vez a papá que se afeite el bigote, no le queda como a Sam Elliott por mucho que él piense que sí. Pero bueno… Ya no lo piensa. Hoy no hay fiesta de cumpleaños, todo eso ha quedado muy atrás. Ya ni siquiera soy capaz de recordar el sabor de la carne asada con barbacoa, el olor a césped recién cortado… O la colonia que se ponía mi madre en las ocasiones especiales.

Las cosas habían mejorado, entre tanto dolor, muerte y destrucción habían cobrado sentido. Mi cordura… Todo se había marchado junto con ella. No es tiempo de seguir buscando culpables, no es tiempo de seguir pensando en todo lo que le dije, sin embargo, no puedo sacar esas malditas palabras de mi cabeza. Como tampoco puedo borrar la imagen que tuve al despertarme y ver que Abby se había marchado. Había dejado alimentos y agua en la gasolinera por si ella regresaba, inspeccioné los alrededores concienzudamente, peiné todas las zonas cercanas y no obtuve la respuesta que había deseado.

Sé que tengo que ser positivo y esperar, pero toda esta situación es como lanzar una puta moneda al aire y que elija el azar. ¿Acaso quieres verme roto? Sé que Él quiere hacerme un daño irreparable, lo noto… He debido cabrear a Dios de sobremanera. No encuentro otra explicación. Ahora solo me queda el recuerdo, he encerrado a mi sonrisa en cautiverio, ya no quedan motivos para mostrarla. No sé si la encontraré, no sé si volveré a ser yo… ¿Me he vuelto loco?

Tengo el rastro de un grupo de hombres, he esperado a que se separen, no soy ningún suicida. Actualmente tres de ellos se han dirigido a un pueblo cercano a buscar suministros. Debo establecer contacto con ellos y a averiguar si saben algo del paradero de Abby, ¿tengo más opciones?


[...]

Chris había hecho un pequeño agujero junto a un árbol, allí escondió todas las armas que pudiesen poner en alerta a aquellos hombres, no quería problemas, pensaba que cuánto menos peligroso lo viesen sería más sencillo todo. Establecer contacto, obtener información y abandonar la zona. Era un plan fácil de seguir, algo seguro, no había ningún motivo por el que pudiese salir mal, no… Ninguno. Chris era sigiloso, no le costó adentrarse en el pueblo, siguiendo el rastro de los tres hombres que habían entrado en él. Ellos habían hecho el trabajo sucio de eliminar a los muertos que danzaban por los alrededores, por fortuna tampoco quedaba en el pueblo un número elevado de caminantes, lo que haría la misión menos peligrosa.

Siguió al trío hasta un bar, allí sería dónde los abordaría. No podía esperar más, si esos tipos sabían algo de Abby debían decírselo, de inmediato. Chris entró por la puerta, con las manos elevadas. — Calmaos, no he venido a haceros daño. Solo quiero algo de información y me marcharé. — Murdock se mantuvo sereno, no hubo rastro de duda o miedo en su voz, más bien se trataba de ansiedad, una ansiedad por encontrar a la persona con la que había compartido en cierto modo su tiempo los últimos tres años. Los hombres apuntaron de inmediato a Chris, aunque esto no le amedrentó en absoluto. Era cierto que sudaba, sí, pero era por el calor que hacía en pleno mes de agosto.

¿Qué solo quieres información? — Preguntó uno de ellos incrédulo. — Mike regístralo, puede que tenga algo interesante. — Añadió mirando a su compañero mientras mostraba una sonrisa podrida y se reafirmó apuntando a Chris directamente a la cabeza. El tal Mike se acercó, agarró a Chris de malas maneras y comenzó a registrar los bolsillos del pantalón, al ver que no había nada de interés se volvió al que había hablado primero y negó con la cabeza. — Nada. — Esto no debió hacerle mucha gracia al que había llevado la iniciativa pues la sonrisa desapareció de su rostro y frunció el ceño. — ¿Nada? ¡Nada! — Se acercó peligrosamente a la posición en la que se encontraba Chris y mirándole a los ojos le espetó. — ¿Te presentas ante nosotros sin nada? ¿Y cómo se supone que has sobrevivido todo este tiempo? ¿Qué nos estás ocultando bastardo? — Chris se mantuvo calmado y se limitó a responder. — Lo único que quiero es información, estoy bus… — Lamentablemente no tuvo tiempo de acabar la frase pues recibió un golpe en la cara con la culata del arma. Chris cayó al suelo y tuvo tiempo de saborear la sangre que empezaba a emanar de sus labios antes de recibir otro golpe en la sien, golpe que lo dejó inconsciente.

No podría decir cuánto tiempo había pasado, Chris comenzó a abrir los ojos. Sentía un terrible dolor de cabeza, la boca seca y aún tenía ese regusto a sangre. Intentó adaptar sus ojos a la oscuridad que tenía ante sí. Era de noche y estaba a la intemperie. Al parecer lo habían subido a la azotea de un pequeño edificio, presumiblemente el bar, la parte positiva era que no le habían sacado del pueblo. Chris sacudió la cabeza, había sido una mala idea hacer aquello, desde luego. Su intención no había sido la de morir allí, en absoluto, pero iba a hacerlo, iba a morir sin tener la oportunidad de decirle a Abby lo mucho que lo sentía. Observó con calma a su alrededor y observó que Mike estaba sentado cerca. — Vaya… Veo que te has despertado. Pensábamos que Ed te había golpeado demasiado fuerte y que morirías aquí. — Mientras Mike hablaba, se dedicaba a juguetear con algo entre los dedos. La visión de Chris aún estaba un poco borrosa por lo que no alcanzó a ver al instante que se trataba de su característico colgante en forma de estrella. Cuando advirtió de qué se trataba se encendió y aún con la garganta seca gritó. — Devuélveme eso, ¡inmediatamente! — Mike sonrió. — Eres un puto idiota. Vas a morir y te preocupas por esta mierda. Quiero que sepas que me lo voy a quedar y ahora vas a recibir una lección por tratar de darme órdenes. — Tras decir esto Mike se marchó por una puerta que conducía a las escaleras de la planta de abajo, dejando completamente solo a Chris, que ya había empezado a maquinar una forma de salir de allí con vida.





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Re: Una oportunidad más | Abigail Roth

Mensaje por Abigail Roth el Sáb 24 Nov 2018, 18:28

Esto será de utilidad... — sujetaba entre sus manos una camiseta sencilla de manga corta, seguramente era de hombre, pero estaba limpia, tal vez en otra época se hubiera preocupado más de su estilo, ahora solo quería ropa cómoda y limpia, lo demás importaba bien poco. Guardó la prenda en su mochila y prosiguió registrando algunos de los percheros de esa pequeña tienda.

Había llegado unas pocas horas antes, y en su largo viaje decidió descansar un poco y conseguir algunas cosas de utilidad, como por ejemplo ropa limpia, o lo más parecida a ella, pues la fotógrafa tuvo que sacudir las prendas varias veces y aún así dudaba que hubiera conseguido eliminar todo el polvo que acumulaban. Iba a proseguir con su particular momento de compras cuando un ruido la alertó, tal vez fuera mínimo, seguramente en otra época ni le habría prestado la menor atención, pero ahora cualquier ruido podría marcar la diferencia entre morir o vivir un día más. Había aprendido de ello.

Caminó lentamente entre las perchas hacia un lateral del polvoriento escaparate y se asomó apenas un poco por este. Daba por hecho que vería zombies y se sorprendió al errar. Un hombre de mediana edad caminaba tranquilamente por la calle como si jamás en la vida las palabras Apocalipsis Zombie hubieran tenido mucha importancia. Eso la hizo preocuparse algo. Había sobrevivido durante mucho tiempo como para haber conocido a diversos tipos de supervivientes y las características de este le hacían poner la alarma a todos sus sentidos. Era hora de marcharse, esa fue su conclusión.

Salió por la puerta de atrás y caminó entre los callejones de algunos edificios, alerta en todo momento, se agazapaba tras los contenedores y observaba antes de salir, Abby sabía que allí había gente y evitaría cruzarse en su camino, su instinto era lo que le estaba pidiendo a gritos.

La morena estaba a punto de salir detrás de un contenedor cuando una voz la obligó a volver a esconderse. Eran dos hombres, bien armados, caminaba por la calle central anexa al callejón donde se encontraba ella.

(...) seguro que lo ha escondido por los alrededores — logró escuchar, pero apenas prestó mucha atención a las palabras, sus ojos tan solo se fijaron en el colgante que descansaba del cuello de quien habló. Dio un pequeño respingo, nerviosa, reconoció aquel colgante y no podía tratarse de una casualidad. Abby volvió a ocultarse, completamente rígida, perdida en una maraña de pensamientos, ideas... planes incluso y cada uno más estúpido que el anterior.

Aquel colgante era de Chris, estaba totalmente convencida de ello. ¿Estaría él allí?... ¿Y si le habían...? Ni siquiera se permitió terminar de pensar aquello, negó rápidamente, tratando de alejar aquellos pensamientos. Aquella era la pista más sólida que tenía del soldado en meses, no podía ignorarla. Cuando se marchó creyó que fue lo mejor que podía haber hecho en aquellos tres años, ahora se arrepentía tanto de ello que se había pasado los últimos meses buscándole. Ahora hasta echaba de menos sus quejas cada vez que ella pulsaba el botón de su cámara y él escuchaba el sonido del obturador.

Aquellos dos tipos, que no parecían muy simpáticos, ya se habían alejado y Abby había tomado asiento en el suelo tras el contenedor. ¿Qué debía hacer? Porque estaba claro que no podía presentarse ante ellos como si nada, saludar y preguntar por el colgante. Así que decidió seguirlos y ver qué hacían o hacia donde iban y en función de lo que viera tomaría una decisión u otra.

Ellos iban por mitad de la calle, tranquilamente, como quien daba un paseo. No había apenas rastro alguno de zombies y si salía alguno en mitad del camino ellos acababan con él de forma muy grotesca. Abby los seguía agazapada tras viejos vehículos abandonados, contenedores de basura... cualquier cosa que la tapase a la vista de esos dos, que finalmente llegaron a un edificio mayor, el cual ella no supo identificar qué habría sido anteriormente. En la puerta había otros dos hombres, armados, vigilando. El del colgante los saludó y pasó dentro junto al que le acompañaba. Aquello no pintaba en absoluto nada bien.

Rodeó el edificio sin ser vista, en la parte de atrás de este había una ventana, bastante alta para alcanzarla, pero si se subía sobre el contenedor de basura que había justo en frente... No fue agradable, pero al menos estaba prácticamente vacío y fue capaz de empujar el contenedor hasta la pared bajo la ventana. Abby subió a esta y pasó por el marco al interior, tras previamente haberse asegurado de que no había nadie en aquella habitación. Se dejó caer al interior y prestó atención: aquella estancia parecía un pequeño almacén, lleno de estanterías metálicas. Se acercó a una puerta y la entreabrió con suavidad, lo justo para ver que fuera había un pasillo, algo estrecho y vacío. Salió de puntillas.

El corazón le iba a mil por hora y comenzaba a pensar que lo peor de que la pillasen no sería que la encontraran, si no que el susto tal vez le provocaría un ataque al corazón por culpa de la tensión que sentía.


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Chris empezaba a cuestionarse si su capacidad para la estrategia era tan buena como él siempre había creído. Observó la situación, estaba encadenado a un saliente de ventilación en una azotea, en un pueblecito, lejos de sus hombres, aunque éstos ya habían muerto en la batalla de Nueva York, de su familia, los cuáles no habrían tenido la más mínima posibilidad de sobrevivir teniendo en cuenta la edad de sus progenitores, lejos de todo lo que le importaba. Y ahora, tratando de buscar a la única persona en el mundo por la que sentía algún tipo de vínculo estaba empezando a perder la cordura. Sacudió ligeramente la cabeza, acto seguido trató de luchar con las cadenas, con la fuerza de sus brazos y tronco solo logró hacerse aún más daño, pero no obtuvo éxito en su labor para romperlas.

Idiota… — Murmuró para sí con hastío. ¿Cuál se suponía que era el plan del perfecto soldado? ¿Presentarse antes unos tipos que no conocía de nada, describir brevemente a la morena y esperar que le dijeran la ubicación? — Una idea estupenda. — Pensó en voz alta entre suspiros. Trató de echar mano a una herramienta multiusos que guardaba en la bota, pero no lograba alcanzarla con los dedos de las manos. Chasqueó la lengua y volvió a intentarlo sin éxito. Debía asumir que estaba completamente solo, sin recursos y sin medios para salir de allí. Eso sin contar que a la mínima aparecería un tipo y le dispararía en la cabeza, si era afortunado, o en el cuerpo si tenía que ponerse en lo peor, se desangraría lentamente y moriría con una inusual agonía.

Escuchó pasos, Chris iba a abrir la boca pero aguardó, no era buena idea hablar sin pensar. Saboreó nuevamente la sangre seca en sus labios. El primer hombre con el que había hablado en un primer lugar había subido al lugar dónde se encontraba el soldado. — Mis hombres están registrando los alrededores buscando tu refugio o a los tuyos. No hemos encontrado nada de momento. Y estoy empezando a pensar que no eres más que un loco que vaga por este mundo sin rumbo. — Si Chris hubiese podido hacerlo se habría encogido de hombros, sin embargo, aguardó en silencio. — Podría meterte una bala entre ceja y ceja, eso nos ahorraría tener que ver ese careto durante más tiempo, pero sería una pena desperdiciar una bala en ti. Tal vez sería mucho mejor degollarte el gaznate. — Mucho mejor, no iba a recibir un balazo, iba a sentir el frío acero cortando su cuello, esa idea le hacía menos ilusión si cabe que el disparo en el pecho.

Os he dicho la verdad. Estoy completamente solo, buscaba a alguien y pensé que vosotros tal vez podríais saber algo, aunque preferiría que no os hubieseis encontrado con ella viendo como sois. — El tipo pareció divertirse ante la respuesta de Chris, se rio de forma escandalosa, señaló con el índice de la mano derecha al inmóvil Murdock y espetó. — No puedo creer que estés haciendo esto por una zorrita. ¿La has perdido? ¡Todos hemos perdido gente chico! Es hora de que lo asumas y pases página. Ahora vas a morir por una tía que está muerta. — Estas palabras no le hicieron ninguna gracia al ex SEAL que apretó los dientes con fuerza. En su interior sentía que Abby estaba viva, lo sabía, necesitaba saberlo, sentía una potente culpa en su interior que no se curaría hasta no dar con ella, a pesar de que no era él el que la había dejado atrás, era consciente que había sido por el efecto de palabras que habían salido de sus propios labios.

Cierra la maldita boca. ¡Si vas a hacer algo hazlo ya! ¿A qué estás esperando? ¡Vamos! — Chris empezó a desafiarlo, mientras se revolvía entre las cadenas tratando de liberarse, de levantarse, quería golpearlo, deseaba hacerle tragar las palabras que le había dicho, estaba cometiendo un grave error, desafiar al tipo que lo tenía cautivo y a merced de sus golpes… Golpes que no se hicieron esperar. El hombre se abalanzó sobre el militar, golpeado su rostro con el puño repetidas veces. Chris resistió, aguantó la mirada del tipo y trató de golpearle con su propia cabeza, pero estaba demasiado lejos y solo logró hacerse más daño. Tras varios puñetazos más y un par de patadas en las costillas las fuerzas de Chris se resintieron, sentía de nuevo en su boca el sabor a sangre, pero esta vez no era seca, estaba fresca, debía haberle hecho heridas internas… Lo que sumadas a las externas provocaban un dolor terrible en la cara del militar.





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Re: Una oportunidad más | Abigail Roth

Mensaje por Abigail Roth el Vie 07 Dic 2018, 21:05

¿Qué estaba haciendo en aquel lugar? Iba directa a la boca del lobo, sin ni siquiera estar segura de que aquel colgante fuera de verdad el de Chris, podría ser perfectamente otro, una casualidad... «Nunca hay casualidades en nuestro trabajo». Aquella frase de su jefa le vino a la mente como un fogonazo, se había guiado con aquella premisa siempre en su trabajo de investigación. Suspiró. Así que ahora hizo de tripas corazón y siguió hacia adelante. Investigaría aquello hasta el final, en realidad aquello no se diferenciaba mucho de su antigua labor... sujetó su fiel cámara entre sus manos, siempre la llevaba colgada del cuello. ¿Era una locura que aquel simple objeto le diera fuerzas para seguir? La hacía recordar sus viejos tiempos, su labor periodística y eso hacía desaparecer el miedo, bueno, al menos apartarlo a un segundo plano.

Aquel pasillo tomaba dos direcciones, ¿por cuál debía seguir? No escuchaba nada, visualmente tampoco había algo que llamase su atención, era un pasillo simplemente, gris y lúgubre. Así que lo decidió a suertes, esperaba que no fuera la suerte quien condenara su vida.

Sus pasos eran guiados en una dirección, aquel silencio era ensordecedor, no sabía si bueno o malo. Abigail llegó hasta otro lugar en el que el pasillo se dividía. No sabía hacia dónde girar y entonces... unas voces la hicieron ocultarse en una de las direcciones, se pegó a la pared y esperó con atención.

Saldremos y seguiremos buscando, ya sabes lo que ah dicho el jefe — Abby se quedó completamente rígida, llevando una de sus manos libres al mango del machete, dispuesta a usarlo si era necesario. Pero esos dos tipos pasaron de largo, por donde Abby había venido, sin mirar atrás si quiera. Así que la morena decidió seguir por dónde había decidido, llegando hasta unas escaleras, comenzó a subir, lentamente, sujetando el machete entre sus manos. Comenzó a escuchar golpes, cada paso que daba provocaba que esos ruidos fueran más perceptibles. Y entonces las escaleras se terminaron llegando a la puerta que parecía dar a una azotea. El ruido había cesado y lla se preguntaba si había hecho bien en subir hasta ahí.

Acercó su oreja a la puerta, no se escuchaba nada. Tal vez lo mejor sería volver a aquella ventana y huir ahora que estaba a tiempo. Y entonces la puerta se abrió.

Sus ojos marrones dieron de lleno con los de un rostro bastante rudo y en apariencia un tipo de pocos amigos. La miró confuso, al menos en un primer momento.

Buenos días, soy... ¿ha oído hablar del círculo del lector? Soy lo mismo pero en fotógrafa — sonrió alzando la cámara ligeramente. La puerta se cerró y el tipo se echó a reír. — Tienes que estar de coña... — empezó a reírse a carcajadas, Abby se rió nerviosa también con él, sin saber de qué se reían. — ¿Tú eres su zorrita, no? — exclamó entre carcajadas.

¡Ehhh... eso está muy feo! — enarcó una ceja, algo molesta, dejando de reír automáticamente. — ...pero... ¿Y de quién dices que soy una zorrita? — inquirió con curiosidad.

No le dio tiempo prácticamente ni a terminar la frase, el tipo avanzó un paso en su dirección y Abby, con una buena reacción de reflejos se echó a un lado impidiendo que la sujetase, el tipo dio un traspié por estar al lado de las escaleras y se tambaleó hacia adelante a la vez que Abby corría en dirección a la puerta. Empujó la hoja metálica, la luz del día le dio de lleno en su rostro; había alguien allí, sentado en una silla de espaldas a ella.

¿Chris...? — parecía él, pero fue incapaz de avanzar, unos brazos la agarraron desde atrás y tiraron de ella hacia el interior del edificio, las puertas se volvieron a cerrar y ambos entraron de nuevo en el edificio. — Maldita idiota, me das hasta pena... — Abby comenzó a patalear y dar manotazos en diferentes direcciones, tratando incluso de golpearle con el machete. — ¡Suéltame! — exclamó ella, forcejeando con él. El machete cayó a un lado del suelo y el hombre alzó la mano golpeándola en un lado de la cara. Abby trató de propinarle un rodillazo en el muslo, tal y como una vez el propio Chris le había enseñado, para dormirle la pierna y que cayera, no la típica patada en la entrepierna que solo servía para cabrear más a tu contrincante. Ni uno ni otro, fue incapaz de defenderse, así que optó por la opción más vieja que se le podía ocurrir, encendió la cámara, levantó el flash, cerró los ojos, apuntó a aquel tipo e hizo la foto.

Abrió los ojos, entre los insultos de él, logró soltarse y correr hacia la azotea. Corría con todas sus fuerzas hasta alcanzar aquella silla, giró quedando frente a él y el corazón le dio un vuelco. Era Chris, o al menos una versión muy desmejorada de él.

¡¿Chris?! — prácticamente se abalanzó sobre él para tratar de soltarle. — Maldita sea, pero... ¿qué te han hecho? — sus manos se movían torpemente sobre las cadenas, no se podía creer que lo hubieran atado con aquello.

¿Buscas esto zorra? — otro golpe, ni siquiera lo vio venir, simplemente sucedió, golpeó su cara tirándola al suelo. La cabeza le daba vueltas, los oídos le pitaban, la nariz le dolía horrores... escuchaba los insultos, aunque era incapaz de entenderlos, trataba de levantarse y cuando estaba a punto de hacerlo pateó su estómago, otro grito de dolor. Tosió y él seguía hablando, pero ella no entendía nada más que el dolor en su cuerpo o que debía levantarse. El tipo la sujetó del pelo mientras seguía hablando, tiró de ella obligandola a ponerse en pie, Abby se tambaleó, quería soltarse, pero aquel dolor... era horrible. No sabía qué hacer, tiraba de ella hacia Chris y entonces vio su propio machete, él lo portaba en su otra mano libre y lo acercaba peligrosamente al cuello de Chris.

¿Qué podía hacer ahora? ¿qué iba a pasar, lo iba a matar? Tal vez fuera la desesperación, tal vez el instinto... solo vio su cámara colgada de su cuello, tiró de ella, la sujetó con su derecha, golpeó con todas sus fuerzas a aquel tipo en la cabeza, el primer golpe lo desorientó, los demás fueron para salvar sus vidas. Una y otra vez hasta que la soltó tanto a ella como el machete. Fragmentos de la cámara salieron disparados en varias direcciones, pero seguía golpeándole. Ambos cayeron al suelo, ambos a los pies de Chris, pero aún así Abby no se detuvo en ningún momento. Esta vez con ambas manos siguió golpeándole, una y otra vez, pese a que la sangre lo manchaba todo ya, que la cabeza de aquel tipo comenzaba a convertirse en una masa incomprensible de carne, huesos, materia gris y sangre... pese a que los fragmentos de la cámara comenzaron a herir sus propias manos... no quería morir, no quería que él muriera, no después de todo aquello, no así.


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Esta última paliza le había costado mucho a Murdock, a un solo puñetazo de quedarse inconsciente… No lograba enfocar de forma nítida con la mirada, todo se sentía demasiado oscuro e imperceptible. Trató de articular palabra, pero la boca de dolía, sentía que su mandíbula se iba a desprender del resto de su cabeza de un momento a otro, quizá así se le hubiese aliviado una mínima parte del dolor que advertía en sus propias carnes. Su respiración era entrecortada, trataba de enviar oxígeno a sus pulmones a toda costa, pero tenía las fosas nasales empapadas de sangre, cada vez que respiraba sorbía un poco de ésta y el sabor que le dejaba en la garganta era aún más desagradable. Aquello era el final, no podría escapar de la muerte, no cuando estaba siendo abrazado por ella. — …Ab…by… — Gorgoteó con pesadez. Tras el cese del pitido que había estado sufriendo en sus oídos pudo alcanzar a escuchar las últimas palabras del hombre responsable de su estado. — …eres un cabronazo obstinado. Eso puedo concedértelo, pero ya no nos sirves para nada. Serás pasto de los cuervos. — Chris trató de buscarlo con la mirada, aunque solo pudo ver como el hombre se dirigía hacia la puerta para abandonar el lugar.

Y entonces sintió que realmente había alcanzado el cielo, debía estarlo. La dulce voz de Abigail resonó en su cabeza, lejana, tal vez con un tinte de nervios en su tonalidad, pero para él era clara, se trataba de la intrépida fotógrafa que tantos problemas y comederos de cabeza le había dado en el pasado. ¿Significaba aquello que ella también había muerto? Si era así ya de poco importaba, él le había fallado y ahora se iban a reunir en el Más Allá, si es que existía pues hasta su catolicismo se encontraba en entredicho en aquel momento. Risas. Y nuevamente esa dulce melodía. — …by… — No se originaba en su cabeza, esa voz estaba cerca y a la vez lejos de él. Esa voz era partícipe de una conversación, sí… Hablaba con el hombre que acababa de propinarle una brutal paliza. Chris forzó su mente y posteriormente su cuerpo para abrir los ojos y mirar hacia la puerta por la que se acababa de marchar aquel tipo y fue entonces cuando la vio en todo su esplendor. Abby estaba allí de pie, pronunciando su nombre y en un primer instante su mente fue invadida por una sensación poco habitual en los últimos meses, alegría. Una alegría que no duró mucho cuando las fuertes manos del enemigo arrastraron a la reportera al interior.

Quiso gritar, levantarse, después de haber recibido semejante paliza ver a Abby le había inyectado una importante dosis de adrenalina, aunque no duró mucho pues pelear con aquellas cadenas fue completamente inútil y para lo único que sirvió fue para hacer daño a un ya roto Chris. Oía ruidos, pero nada más, pronto el cansancio y el dolor volvieron a apoderarse de Murdock y las fuerzas que había sacado para no poder hacer nada lo habían abandonado de nuevo. Y la puerta volvió a abrirse para dar paso a Abigail. Todo podía estar borroso y oscuro a pesar de estar a plena luz del día, pero el rostro de Abby brillaba con nitidez en las pupilas de Chris. Su olor inundó a Chris, superando así todo rastro de sangre que pudiese haber en las vías respiratorias del soldado. Era ella, de verdad, de carne y hueso. Chris quería sonreírle, decirle que no estaba tan mal como aparentaba, quería abrazarla… Su estupidez no podía llegar a tales extremos. El hombre que lo había capturado volvía a la carga. La tormenta de golpes cayó sobre la reportera ante la impotente presencia de Chris.

¡No sé quién coño te crees que eres! ¡No sé quiénes coño sóis! Sabía que no estaba solo, voy a mataros, a los dos. — Agarró a la morena del cabello, obligándola a levantarse y tiró de ella con machete en mano. — Primero voy a cargarme a este idiota. Después te violaré yo y luego lo harán mis hombres, uno a uno. Por delante y por detrás, hasta que no te quede otra que suplicar por tu patética vida. — Chris sintió fuego en su interior, no estaba bien y eso era evidente, pero no iba a perder a Abby, no otra vez, no podía dejar que ese animal la tocase. — ¡DESPÍDETE DE ÉL ZORRA! — Gritó alzando el arma dispuesto a decapitar al soldado. Chris se agitó con más fuerza que nunca, sin lograr resultado alguno y el arma empezó a oscilar violentamente para rajar su cuello, el tiempo se ralentizó un instante, para Chris solo existía Abby. Había perdido, iba a morir y no podría hacer nada para evitarlo, quiso decirle algo a la fotógrafa antes de perderlo todo, él quería decirle… Pero Abigail reaccionó. Golpeó de forma contundente a aquel asesino, desviando la trayectoria del machete al pecho de Chris infringiéndole un leve corte.

Otro golpe, otro más y otro… El tipo cayó, liberando a Abby y soltando el arma. La morena fue con él, siguió golpeándolo. Lo que una vez fue la herramienta de una de las mejores reporteras gráficas del mundo se había convertido en arma homicida, a cada golpe la cámara se rompía un poco más al igual que el cráneo del hombre. Chris era consciente de lo que estaba pasando, sintió el impulso de levantarse para abrazarla, para detener los embistes, para decirle que todo había terminado, simplemente no pudo. Las cadenas no se lo permitían y no estaba precisamente sobrado de fuerzas. — Abb…y… — Murmuró. — Detente Abby… Lo… — Hablar no era fácil y no por la paliza, el cansancio o haber estado a menos de cinco centímetros de la muerte. Lo verdaderamente difícil era poder hablar con Abby sin explotar en un mar de lágrimas. — Lo has conseguido… — Alcanzó a decir. — Déjalo ya. Tienes… tienes que salir de aquí antes de que vuelvan.

Era muy consciente de las dificultades que todavía tendrían ante ellos si trataban de salir juntos, sería mucho más fácil si Abby se marchaba sola. Él ya tenía su propósito, saber que la morena estaba bien, reunirse una vez más con la reportera había sido un regalo caído del mismísimo cielo, pero si Abby no se detenía y se marchaba ambos podrían morir y tanto sufrimiento no habría servido para nada. Él no podía dejar de mirarla, quería rodearla con sus brazos, pero se obligó a seguir hablando. — Toma el machete, sus armas, levántate y sigue. Yo… — Tenía tantas cosas que decirle y tan poco tiempo, no sabía por dónde empezar así que trató de disculparse. — …Desde que te perdí yo no he… No sabía… — Desgraciadamente el tiempo les jugaba en contra, una voz se oyó con total claridad a fuera, se trataba de Mike, uno de los tipos más influyentes en aquel grupo de asesinos.  — El jefe está tardando demasiado, voy a subir y ver qué coño pasa.

El tiempo jugaba en contra, la morena debía moverse rápido, aclarar su mente y tomar decisiones, era difícil, pues su cámara, lo único que había permanecido junto a ella desde el principio de todo e incluso desde mucho antes, el objeto que se había esforzado en cuidar y proteger ahora era un amasijo de piezas, había servido para salvar la vida del soldado y la suya propia, pero… ¿A qué precio?





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Re: Una oportunidad más | Abigail Roth

Mensaje por Abigail Roth el Sáb 08 Dic 2018, 23:08

La sangre salpicaba sus manos, ropa... pero ella no prestaba atención a nada más, sus movimientos eran puramente automáticos y entonces sus ojos se fijaron en las letras de Nikon, blancas en un pasado y ahora manchadas de sangre... la voz de Chris, él hablaba, la traía de nuevo a aquella realidad que tanto odiaba.

Sus manos se detuvieron en seco, sus ojos se abrieron de par en par observando fijamente los restos de la cámara que cayeron lentamente sobre los restos de aquel tipo. Un grito ahogado escapó de sus labios al ser consciente de lo que acababa de pasar; los ojos se le llenaban de lágrimas, Abby se vio obligada a desviar la mirada de sus manos, que comenzaban a temblar con fiereza.

Sus ojos se clavaron en los de Chris.

Le-le... le he matado — alcanzó a susurrar. Se levantó lentamente, en notable estado de shock, Chris hablaba, ella apenas era consciente de lo que decía, hasta que dio a entender que debía marcharse sola. — ¿Qué? — preguntó incrédula mientras negaba rápidamente, aún muy nerviosa. — No, no, no... — seguía negando, mirando en diferentes direcciones, notablemente alterada, había escuchado las voces y no sabía qué hacer. Buscaba en diferentes direcciones, como si algo de lo que hubiera por allí pudiera darle la solución.

Él, él tenía la llave... — recordó rápidamente cuando alcanzó a Chris, como aquel tipo le había enseñado algo. Se acercó veloz al cadáver de ese hombre, no podía mirarle a la cara, pero rebuscaba entre sus manos, bolsillos... y entonces encontró una pequeña llave. Corrió rápidamente hacia Chris. — ¡Es la llave, la llave del candando! — logró alcanzar el candado que ataba las cadenas de Chris, la llave funcionó. Rápidamente soltó sus cadenas. No tenían tiempo y era consciente de ello, pero necesitaba abrazarle, después de todo aquello lo necesitaba.

Lo siento — alcanzó a decir. Durante todo aquel tiempo, después de que se le pasara el enfado se sintió como una idiota por haberse dejado llevar tan fácilmente por una estúpida pelea. Pero ahora... después de ver como se encontraba él, de lo que acababa de pasar... Abby se sentía tan estúpida que solo quería echarse a llorar y que él le confirmara; había metido la pata hasta el fondo y tal vez ahora fueran a morir por su culpa. Irónico que fuera tantos meses después de su separación.

¡Venga ya, baja de una puta vez, que estamos esperando! — por un instante sentía como si el corazón se le paralizase de nuevo. Miró a Chris aterrada, no podría pasar por lo que acababa de ocurrir ahora. Solo quería encogerse y echarse a llorar en una esquina; había pasado por tantas situaciones... pero jamás, jamás había matado a nadie, nunca había pasado por algo así. Sin embargo ahora no podía detenerse y aunque no quería levantarse, tenía que hacerlo si querían vivir un día más. Y reaccionó.

Chris, no podemos morir ahora, no después de todo esto — se esforzaba por no llorar. — Necesito que me ayudes una vez más, por favor — lo miró fijamente, tan cerca de su rostro que podía observar cada una de sus heridas y sentirse aún peor. — Saldremos juntos de aquí — se agachó para recoger del suelo su machete y entonces se fijó en la destrozada cámara a un lado. Abby se acercó a ella y revisó el compartimento lateral, lo abrió y extrajo la tarjeta de memoria que en apariencia seguía intacta. El cuerpo aún portaba un arma; un revólver en su funda con algo más de munición que Abby se quedó para ella. Seguidamente corrió hacia la puerta y se colocó a un lado de la pared, empuñando el machete y respirando hondo. No estaba segura de lo que iba a pasar a continuación, pero sí de una cosa: en cuanto esa puerta se abriera lucharía por sus vidas.

Joder tío, que te estoy... — la puerta se abrió, el tipo dio un paso hacia la azotea, Abby le esperaba en un lateral, pegada a la pared y no le dejó terminar la frase. Dejó caer el machete que portaba sobre su cuello, con todas sus fuerzas, clavandolo en su piel no de forma muy limpia. El tipo, sorprendido a la vez que aterrado, se sujetó la herida, como si eso fuera a detener la sangre o salvar su propia vida. Cayó al suelo desangrándose, ahogándose en su propia sangre... en una muerte lenta y agónica para él. Abby no era una asesina, no sabía matar, se sentía tan horrorizada como él de aquello y lamentaba no haberlo podido hacerlo en el acto, aunque él realmente no mereciera esa piedad. Sólo había un único pensamiento en el interior de la cabeza de la reportera:

¿Y ahora, qué la hacía a ella mejor que ellos? Se había convertido en una más. Una asesina más.


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Chris podía entenderla, quitar una vida nunca había sido una tarea fácil. La primera vez que él disparó para arrebatar una vida fue sometido a un torrente de pensamientos, había arrebatado de un plumazo un montón de años a una persona, le había quitado la posibilidad a mucha gente de reunirse nuevamente con un ser querido, a una madre de abrazar a su hijo, a una esposa de besar a su marido y a unos niños de crecer junto a su padre. Había sido un muy duro y lo único que podía decirse a sí mismo es que estaba cumpliendo órdenes, tomar otras vidas para salvar la suya y la de los suyos. Dicen que después de la primera se empieza a hacer más fácil, de algún modo esto es cierto, pero ¿por qué? Porque perdemos parte de nuestra humanidad cuando esto sucede.

Como cuando eres un niño y ves por primera vez a alguien rebuscando en la basura, te conmueve, tiras de la manga de tu madre y le preguntas; Mamá, ¿qué está haciendo ese señor? Y durante un tiempo sigue doliendo, tratas de apartar la vista cuando lo ves porque duele, porque no quieres sentirte en esa situación, pero con los años lo acabas considerando algo normal y ya ni siquiera te sorprende verlo, es ahí cuando entiendes que has perdido parte de tu humanidad. Ahora la vida nos ha igualado a todos, todos somos trotamundos en la miseria y llega un punto en que arrebatar la vida ajena se convierte en una necesidad.

En ese punto se ha encontrado Abby, ha tenido que romper con su bondad, ha tenido que doblegar la nobleza de su corazón para salvar la vida de Chris, para evitar que el acero termine con uno de sus últimos vínculos… Ha tenido que sacrificar el último vestigio de su pasado, el último rastro que la conectaba con su vida pasada, con su profesión, con su pasión… Se ha visto obligada a adentrarse en el inframundo de la desesperación, la misma desesperación que la hizo actuar, golpearle una vez… Y otra. Chris lo detectó, sintió su mirada rota y le puso la piel de gallina. Quería consolarla, deseaba calmarla, pero el tiempo nunca jugaba a favor, o se movía y se marchaba o morirían, no habría servido de nada. A pesar de las insistencias del soldado para que escapara, la fotógrafa no había llegado hasta ahí para marcharse sin él.

Chris quiso replicar, pero la dejó hacer. Ella armó aún más su alma de valor y rebuscó entre los restos mortales del hombre que acababa de ajusticiar. Encontró la pequeña llave que suponía la libertad del soldado y lo liberó. Chris sintió sus músculos entumecidos, las articulaciones le dolían, el rostro le ardía y el corazón palpitaba con fuerza, casi desbocado. ¿Por la libertad? No… Chris había sido prisionero de sus propios pensamientos durante demasiado tiempo y unas cadenas no lo hicieron menos esclavo de ellos, fue el abrazo de la morena la que le insufló fuerza. Correspondió a la periodista, rodeó la cintura de la chica con sus propios brazos y la atrajo para sí mismo, colocándola con ternura en su regazo, cerrando los ojos y deleitándose del olor que desprendían los cabellos de ella.

Su disculpa congeló su corazón, no quería oírlas, no las necesitaba. Tenía todo lo que quería y sobraba todo lo demás, a pesar del daño que había recibido aquello era un bálsamo. — No… Tú me has salvado, tú nos has salvado. — Respondió con un hilillo de voz a la altura del oído de la chica. La voz de Mike hizo que probablemente ambos regresasen a la realidad, pero Chris se tomó un poco más de tiempo clavando su azulada mirada en los ojos de la morena, a continuación la deslizó hasta los labios de ella y volvió a subirla hasta las oscuras pupilas de los ojos vidriosos. Contempló por un último instante el rostro de Abby, cubierto de sangre, sangre del enemigo, de la vida que ella acababa de tomar con sus propias manos y asintió. — No pienso dejarte sola, nunca más. — Sentenció con dulzura.

Cuando ella se levantó para recoger sus cosas y observar la cámara Chris luchó por levantarse, con algo de torpeza avanzó lentamente hacia la puerta. No llevaba ningún arma así que tendría que dar de hostias al hombre que se había reído de él minutos antes. Abby se adelantó, se posicionó inteligentemente junto a la puerta y aguardó a que el hombre atravesase la puerta, una vez más la chica lo hizo, mató a otro hombre a golpe de machete, Chris observó el cuerpo del hombre desangrándose a gran velocidad sin sentir pena alguna. Abby se había cobrado demasiadas vidas para que él pudiese vivir un día más, sabía que aquello pasaría factura más tarde y no quería que el alma de la periodista se corrompiese más ese día. Chris se agachó junto al nuevo cadáver, él también necesitaba un arma si quería hacerse cargo de la situación. Encontró un viejo revólver en el pantalón de Mike y lo tomó. Revisó las balas, había pocas, pero suficiente para salir de allí, tomar las cosas que había guardado en el bosque y largarse lo más lejos posible.

Son ellos o nosotros Abby. — No serviría de mucho, pero tal vez esas palabras le darían arrojo suficiente a la fotoperiodista para luchar un poco más. — Lo has hecho bien, pero ya sigo yo. — Abrió la puerta por la que acababa de entrar el hombre y comenzó a bajar lentamente las escaleras, no sabía cuántos más habría por allí, esperaba poder escapar con ella sin hacer uso de las armas, con sigilo y algo de suerte. Agarró de la mano a la morena y tiró de ella por el pasillo, lo más sensato sería ir por la puerta de atrás, contando que existiese una, pues así evitarían a los matones de delante. Siguió el pasillo de paredes grisáceas, avanzando con pesadez y tratando de mantener las rodillas semi-flexionadas para evitar hacer ruidos innecesarios. Le dolía el costado y no tenía el oído especialmente fino por lo que tardaba mucho en analizar lo que podrían encontrarse girando tras cada esquina.

Llegaron al fin a la planta baja. — Camina agachada. — Susurró sin girarse. Él se detuvo a observar la puerta delantera, había dos siluetas tras el cristal. Se trataba de dos hombres que estaban hablando, no logró a alcanzar a oír lo que decían. Hizo un gesto con la cabeza a la fotógrafa, para que se moviera en dirección contraria, él prefería cubrir su retaguardia y si los hombres decidían traspasar la puerta recibirlos con fuego, pero no ocurrió, al parecer había habido suficientes muertes en un solo día. — Por allí. — Indicó Chris, aunque posiblemente ese era el mismo camino que había seguido la chica, lo que hizo que Chris no pudiese evitar preguntarle, en un tono de voz lo suficientemente bajo como para que solo pudiese ser percibido por la morena. — Abby, realmente me alegro de verte. Pero… ¿en qué momento has considerado que era una buena idea meterte en un edificio lleno de tíos armados? — Él no era precisamente el mejor ejemplo de actuar con cautela, pero conociendo a la reportera su mente sería un hervidero de dudas en este momento y hacerle pensar en otra cosa, tal vez, solo tal vez, no fuese una mala idea.





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Re: Una oportunidad más | Abigail Roth

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