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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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A quien madruga... zombies encontrará [La Prisión]

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A quien madruga... zombies encontrará

17/08/15 ▬ Georgia ▬ La Prisión ▬ Madrugada ▬ B.S.O.
Apenas hacía unos minutos que había salido el sol, los primeros rayos de luz incidían en los altos tejados de La Prisión y pese a estar en pleno verano, durante la madrugada hacía bastante frío, tanto que me eché una chaqueta por encima.

Aquella mañana salí de la cama pronto, solía despertarme a esas horas, pero nunca me levantaba hasta que no escuchaba a más personas hacerlo. Después de tanto tiempo empezaba a pensar que aquella idea era estúpida, si quería ayudar en aquel lugar necesitaba más tiempo.

Recogí un par de cosas del almacén de agricultura; había estado preguntando, leyendo información... y ya sabía cómo debía plantar algunas hortalizas necesarias. Cuando llegué al huerto había mejor claridad, me senté a un lado, donde no había nada cultivado y comencé a preparar el terreno con ayuda de una pequeña pala para cultivar las semillas. Sobres de semillas de tomate, zanahoria...

No recordaba haber probado aquellas cosas, ¿estarían ricas? Observé los sobres entre mis manos un momento y seguidamente continué con el trabajo. Esperaba poder terminar antes de que el sol comenzara caer con mayor fuerza.

En la alambrada comenzaron a agolparse algunos zombies, no demasiados, los observaba de vez en cuando, de reojo, sus rostros podridos, sus dientes negros... suspiré y seguí trabajando, daba igual a donde mirase, allí estarían ellos para recordarme todo lo que quería olvidar.


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Me había perdido. Estaba totalmente convencida de ello, ¿pero a caso alguna vez había sabido hacia dónde iba? Por tanto daba igual que estuviera perdida, no iba a llegar a ninguna parte.

Pero sí estaba cansada y quería encontrar algún lugar en el que pudiera descansar, sin problemas, sin zombies, sin miedo... ¿Pedía demasiado? Sólo un día sin problemas, solo un día. Pero no, los zombies seguían saliendo, seguían apareciendo cuando menos lo esperaba, me obligaban a correr a esconderme, aunque fuera imposible, aunque estuviera agotada... yo debía esforzarme si quería sobrevivir un día más.

Árboles, más árboles... y frío, era pronto. El sol había salido por fin, y lo agradecía, ya que el frío de esa maldita noche... me había helado hasta los huesos. Estaba tan cansada, solo quería dormir.

A lo lejos, por encima de los árboles comenzaba a asomar unas figuras que no eran para nada naturales. Parecía un edificio y so me hizo acelerar el paso, tal vez pudiera encontrar alguna habitación medianamente segura para esconderme y entonces vi lo que era mejor: una prisión.

¿Podría entrar, sería seguro? Estaba tan absorta en ello que no fui consciente de que no estaba sola, hasta que el gruñido resonó tan cerca de mi que produjo un escalofrío por todo mi cuerpo. Era un zombie, que aparecía a mi lado, tambaleándose y andando hacia las rejas. No me hizo caso.

Mi piel se volvió blanca.

Un segundo zombie pasó a mi derecha, siguiendo al primero, ignorándome también.

¿Qué pasaba?

Seguí a ambos lentamente. Se habían pegado a la reja, con otro grupo más de zombies que gruñían hacia el interior. Me pegué al alambre, entre ellos, los miraba aterrada, no me hacían caso, solo prestaban atención a una joven en el interior de aquellas rejas, que parecía trabajar la tierra. Coloqué una de mis manos sobre la reja y la observé fijamente. Los zombies estaban a mi lado y no pasaba nada. ¿Me había convertido en uno de ellos sin saberlo? Mis manos parecían como siempre, las movía bien, mis dedos acariciaban el metal y se agarraban al alambre sin problema, sin sangre coagulada, sin heridas, mi piel era la de siempre y me movía bien, pensaba por mi misma... pero los zombies, un total de seis ni me miraban, como si fuera una más.


Murphy’s Law doesn’t mean that something bad will happen. It means that whatever can happen, will happen.

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Con mis manos tapaba la tierra para terminar de plantar varias semillas. No me importaba la suciedad, aunque había visto a otras personas de allí utilizar guantes para evitar arañazos o esa suciedad. A mi me daba igual, quería terminar cuanto antes para comenzar otra tarea, quería avanzar con mi trabajo y sentía que los guantes me molestaban e impedían que fuera más rápida.

Observé la fina línea roja en el dorso de mi mano, un arañazo tan diminuto que en cuestión de segundos desapareció. Como siempre. Así que continué trabajando, terminando de plantar las semillas, cuando entonces me fijé en algo que captó mi atención: era una niña, junto a unos zombies, aparentemente ella también lo era. Aparentemente.

Me puse en pie y caminé lentamente hacia la alambrada. Ella estaba justo allí, sujetando el alambre con sus dedos, mirándome fijamente.

Hola — saludé en un susurro cuando llegué hasta ella. Estaba viva, lo veía en su mirada, pese a los arañazos, manchas... estaba viva, aunque pareciera uno más. — Ve hacia la puerta — señalé la alambrada donde podría entrar, la ayudaría a entrar, necesitaba saber más de ella.


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Pensaba que acabaría conmigo, que no me dejaría decir nada, tal vez eso fuera algoo bueno, ya no tendría que preocuparme por nada más y en vez de eso me dijo que me acercase a la entrada. Miré en la dirección que me había indicaddo y asentí. Comencé a caminar con calma hacia las puertas, pero en esta ocasión los zombies no me siguieron, seguían a la muchacha, frente a ella.

Alcancé las puertas y me cubrí el rostro con una mano para taparme los ojos del sol. En una torre había un vigilante a quien le hice un gesto, tal vez pensando que él me abriría las puertas de aquel lugar.

¿Hola? — pregunté al tipo mientras que con mi mano libre le saludaba. Luego busqué con la mirada a la chica que me había saludado, esperando que ella me ayudase. — La chica del huerto me ha dicho que viniera aquí — rasqué mi frente pensativa.


Murphy’s Law doesn’t mean that something bad will happen. It means that whatever can happen, will happen.

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La muchacha logró alcanzar las puertas mientras yo terminaba de acabar con los caminantes de la alambrada para que no me siguieran. Se pegaban a la alambrada y yo atravesaba sus cabezas con el cuchillo militar.

La muchacha hablaba con el hombre de las puertas, que justo acababa de abrir para que pasara cuando llegaba yo.

No pases, espera, primero me vas a ayudar a llevar esos cadáveres lejos para que no contaminen los cultivos, ¿sabes conducir? — le hice una señal al hombre de la garita. — Espera aquí, si quieres puedes dejar a un lado tus cosas y luego recogerlas cuando volvamos — volví al interior de la prisión y corrí hacia la ranchera que estaba aparcada justo ahí mismo, en la entrada. Las llaves estaban puestas, arranqué y bajé hasta la puerta, saliendo al exterior.

¡Sube! — le abrí la puerta del copiloto a la muchacha y moví el coche hasta el montón de cadáveres. Detuve el vehículo y bajé.

Soy Gillian, ¿cuál es tu nombre? — fui hasta el montón y comencé a levantar uno de los cadáveres, haciendole un gesto a la muchacha para que me ayudase a llevarlos hasta la ranchera.


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