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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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The Stars and Stripes | Privado. | E.S

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The Stars and Stripes

16/08/15 ♦️ Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen
A pesar de que de pequeño sintió un asco por la figura que representaba Estados Unidos de forma global, como los salvadores del mundo libre y vencedores contra las fuerzas del mal llámese fuerzas del mal a la Alemania Nazi y posteriormente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Sigismund los veía como un país formado por terroristas y piratas, debido a que el patriota del Imperio Británico le decía a gritos que aquel país era un símbolo de la mayor derrota de Inglaterra y sus dominios coloniales. Ahora veía el susodicho país en la ruina, literalmente estaba hecho cenizas. Cualquiera hubiera pensado que Estados Unidos habría sido destruido tras una tormenta de misiles nucleares lanzados por sus rivales contra el y el hubiera devuelto el ataque al tiempo que lo recibía. Pero no... el propio país se había fragmentado en si mismo debido a su propio capitalismo y libertad empresarial.

El andar de Sigismund era calmado, el anciano "caballero" observaba su alrededor cual águila inspeccionando sus dominios de vuelo, pero no se inquietaba por la presencia de los No-Muertos, estaban distraídos y alejados de el como para fijarse. Su atención se centraba en cadáveres calcinados en autos ennegrecidos. Pero aun a pesar de la tranquilidad, necesitaba un descanso dado que llevaba caminando por las calles desde el amanecer y ya era medio día. Le resulto irónico que el lugar donde decidiese acampar fuese el Thomas Jefferson Memorial.

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The Stars and Stripes - Privado - Sigismund Van Der Arnheim

El sol despuntaba el alba y Ebba se puso en marcha nuevamente. Sus pasos eran lentos, precavidos, cansinos. Tanteaba con ellos el suelo que pisaba de manera temerosa como lo hacían también sus ojos con sus alrededores. Sabia que el lugar no era seguro, que las probabilidades que algo sucediera, saliera mal, eran altas pero, la creciente necesidad la empujaba a ignorar tales. El hambre y la sed nublaban su mente y la desesperación que producían la llevaba a adentrarse hasta aquel lugar.

Era una equivocación, se decía a si misma a medida que las horas avanzaban y seguía en aquella búsqueda infructífera. Los minutos volaban para Ebba sin registrarlos debidamente. Tenía que buscar refugio antes que la noche la atrapara y pensar un mejor plan. Ella no quería tener que quedarse demasiado tiempo por allí, en donde más de aquellas cosas pululaban libres las calles, buscando su alimento como ella lo hacia. Un mal movimiento y ella seria su almuerzo aquel día.

A lo lejos pudo divisar el gran monumento a la memoria de uno de sus presidentes y suspiró. No era un lugar propicio como refugio en la noche pero si para tomar un descanso momentáneo de los rayos incesantes del sol que la golpeaban sin misericordia. Sujetando fuerte su hacha se encamino hacia allí con el corazón latiendole en el pecho por el constante miedo que se erradicaba dentro.  







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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

A pesar de la visibilidad que ofrecía el interior del monumento a Jefferson, Sigismund se sentía cómodo. Los accesos eran sencillos de controlar, por ello no resulto difícil ocultarse entre las columnas al observar como aquella rubia armada con un hacha se acercaba. Se notaba por sus cambios de mirada que estaba nerviosa... y con razón. Sigismund había aprendido que los núcleos urbanos como ciudades del tamaño de Manchester y/o Bristol, eran zonas de muerte. Pero la necesidad le había llevado a aquellas ruinas.

Un silbido junto un golpe leve del extremo del Palo de Golf contra una columna como aviso de su presencia. -Solo te lo diré una vez, jovencita.... Estas sola y piensas matarme?- Dijo con extrema seriedad mientras mantenía el palo bien agarrado por si debía enfrentarme a ella. -Si piensas que por ser viejo, soy presa fácil... vas muy equivocada...- Advirtió tras la pregunta, la niña podria llegar a ser su hija, pero en aquel mundo, la piedad habia dejado de ser una virtud casi.

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 La mano que sostenía el hacha le temblaba. El miedo se acrecentaba dentro suyo con cada paso que daba en dirección a aquel monumento donde había decidido descansar solo un rato. Sabia que cualquier paso en falso, sonido o atención sobre ella misma atraería a una horda hambrienta sobre su persona en segundos. Trató de mantener su respiración controlada y no pensar en que mala idea había sido adentrarse en la ciudad, sin importar la imperiosa necesidad de comida o agua que experimentaba.

A poco de llegar, subiendo escalón por escalón lentamente, se sobresaltó al escuchar un ruido que se asemejaba mucho a un golpe metálico en las cercanías, seguido por una voz de hombre. Giró no solo su rostro, sino también su cuerpo por instinto en dirección a este, logrando de inmediato encontrar al propietario de aquella voz que había escuchado. Los orbes claros de Ebba se ensancharon ante la figura corpulenta de un sujeto a unos meros metros de ella. Estupefacta por la sorpresa de encontrar no solo a otro ser vivo por allí sino también por no avistar su presencia antes, tardó varios segundos en procesar lo dicho por este — no..noo... eh.. yo...— titubeó al responder, no pudo decir nada más dado que todo pensamiento parecía haberla abandonado, dejando su mente en blanco y por ende su boca vacía sin lograr soltar más.

Por unos segundos Ebba pensó en echarse a correr, alejarse en dirección contraria de aquel hombre cuya apariencia se veía amenazadora y qué le había echado una advertencia — Yo no quiero ningún problema — dijo al cabo de unos segundos, recuperándose de la impresión del encuentro y dejando el brazo que sostenía su arma descansar flojamente en su pierna cercana  — Yo no quiero ningún problema — repitió nuevamente, ignorando las preguntas del desconocido por completo, dejando que sus pies comenzaran a retroceder hacia atrás. Ebba no podía fiarse de nadie y de nada en ese nuevo mundo en donde la muerte les rondaba, tratando por todos los medios de arrastrarles con ella aprovechando momentos y encuentros como el que se estaba produciendo en esos instantes  — No sabía que el lugar estaba ocupado. Y como ahora lo sé, solo me iré por donde vine y lo dejaré tranquilo — aseguró sin despegar sus ojos de la figura y por ello obviando lamentablemente sus alrededores.

Fue por el rabillo del ojo que Ebba notó movimientos hacia sus lados. Algunos muertos estaban en la tarea de subir las escalinatas de manera torpe pero empecinados en lograrlo, atraídos de seguro por aquel encuentro entre dos desconocidos — Claro que esto podía empeorar más — soltó para ella misma mientras dejó que sus ojos se posaran momentáneamente en el otro peligro que pronto la rodearía sino huía de allí lo antes posible mientras las salidas aún se mantenían libres.



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

La joven estaba literalmente muerta de miedo. Solo le falto que el tuviese una mascara de halloween y ella se moriría de un infarto por el susto. -No te dicho que te tengas que ir. Solo me aseguro que no vayas a clavarme un cuchillo por la espalda ni degollarme mientras duermo.- Dijo antes de que su nariz olfatease. El podrido olor de los No-Muertos. Su mirada se giro y los observo, eran pocos. Se acerco a la muchacha y tomando pero no arrebatando su hacha, le impuso que se calmase. -No te haré daño. Pero mejor que me ayudes... no quiero dormir con cobardes que no se atreven a luchar por un lugar en el que descansar.- Era sencillo. Una vez solto su hacha, fue directo a enfrentarse a los No-Muertos que se acercaban. Alzando el palo de Golf, lo dejo caer frente al primer No-Muerto, reventando la mitad de su cabeza en un amasijo de carne podrida, el cuerpo caío inerte. El Segundo tratando de "vengar" a su compañero, se abalanzo frente a Sigismund pero este le golpeo con el palo, atravesándolo para luego recuperar el bastón haciendo un destrozo en su cerebro, aun quedaban algunos mas.

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No pudo evitar fruncir el ceño ante las palabras del extraño. Como jamás tuvo intención de quedarse a pasar la noche en ese lugar como dejaba implícito este, a Ebba le importó muy poco el comentario afrentoso en que sugería que fuera una asesina —  Oh, quédese tranquilo. No tengo un cuchillo conmigo— dijo sarcásticamente y, aunque sabía que no debía provocar al hombre en ese tenso y mal momento podía agregar, no pudo evitar sus palabras. Este hombre estaba en lo correcto a exigir y desconfiar en extremo de ella, no hubiera podido de sobrevivir hasta aquel punto de no ser por ello y aquello, debía admitir, eran rasgos que ambos compartían en ese momento.  

Sus ojos se desviaban por momentos hacia los muertos caminantes que, aún con torpeza, estaban logrando ascender los escalones de aquel monumento. Fue en ese momento que el hombre se le acercó y tomó su hacha sin quitársela, captando toda su atención. El cuerpo de Ebba se tensó  ante la acción osada del desconocido. Lo escuchó una vez más, apretando sus labios para no gritar que la soltara pero, así como aferró su arma, la liberó y se alejó de ella — No pensaba quedarme a dormir aquí contigo — dijo a la espalda del hombre que se alejaba de ella para cargar hacia los primeros cadáveres que se acercaban. Con precisos golpes de aquel palo de golf en su mano, el desconocido se deshizo de dos zombies sin problemas. Mientras que Ebba se movía e iba con su hacha preparada al encuentro de otros que se les aproximaban — Odio esto — susurró al mismo tiempo que hundía su arma en la cabeza del muerto más cercano a ella.



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

"chaff" El sonido de la cabeza podrida cual fruta ya pasada de temporada en exceso sonó con cierta suavidad, cual silenciador que dispara emitiendo su sonido ahogado. Escucho su comentario respecto la cuestión de abatir a los No-Muertos y se permitió un momento para hablar con sinceridad y lógica. -Mejor que sean No-Muertos a que sean vivos. Si hubieran sido hombres de la carretera, se habrían encargado primero de mi matándome o neutralizandome para luego divertirse torturándome y a ti te harían cosas peores simplemente por ser mujer... y bastante atractiva- En tiempos de caos y anarquía, lo peor de las personas salia a la luz; el padre modélico que luego resulta ser un reprimido sexual y viola a toda mujer atractiva u el reverendo que resulta ser un pedofilo. -Como te llamas, chica ?- Pregunto Sigismund tras eliminar a otro No-muerto al derribar lo y aplastar su cabeza de un pisotón directo a la frente, aunque se lamento de hacer eso pues ahora su pie estaba con una sensación de haber pisado fango.


OFF: Soy de hacer post cortos pero explicativos para asi no acabar los temas rapidos y poder disfrutar de ellos. No me gusta hacer biblias, tu puedes hacer lo que quieras, no me sentire intimidado si haces una biblia.

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Con esfuerzo sacó su hacha del cráneo de un zombie, dejando que la gravedad hiciera su trabajo y el cadáver cayera al suelo bajo sus pies. Su respiración se volvió un poco agitada ante el esfuerzo que le tomaba despachar a los muertos que se lanzaban por ella. Mientras eran un grupo muy reducido de estos, que venían a por ellos de diferentes direcciones, Ebba sabia que, si hubieran sido unos cuantos más en números, una horda, no hubieran tenido más alternativa que salir huyendo mientras podían de allí o luchar, como lo estaban haciendo ahora y perder posiblemente sus vidas por eso. Por suerte sus cifras estaban disminuyendo a su alrededor dándoles un respiro — ¿Bastante atractiva? — susurró por lo bajo entre labios apretados mientras se atrevió a posar sus ojos en la figura del desconocido. Casi suelta un gracias de manera sarcástica, su antigua personalidad tratando de hacer una aparición en un mal momento para cortar la seriedad de esas palabras pero aún ella no había perdido su juicio. Lo último que quería era provocar una discusión con el extraño por ser mordaz — ¿Cree que no sé eso? Mi vida no sido exactamente un paseo por el parque desde que el mundo comenzó a llenarse de muertos caminantes — dijo con voz suave y dejó que el brazo que empuñaba su arma descansara unos instantes — Buenas y malas experiencias me han ocurrido igual que a muchos otros y casi todas ellas con personas que aún tenían pulso — dejó de mirar al hombre para poner su atención a la próxima amenaza que se le acercaba por las escaleras. No quería ponerse a pensar en sus malas experiencias, donde en algunas fue por ser "atractiva" lo que le había traído problemas. Aquel tipo no decía nada nuevo para ella.

Sabia que todo había cambiado, que las antiguas leyes ya no existían y muchos ya no se regían por el sentido común o la moral del viejo mundo. Casi toda la humanidad se había transformado o adaptado para sobrevivir a los nuevos códigos de aquella tierra, lamentablemente muchos para mal. Hasta tal ves aquel hombre allí con ella fuera uno de estos por todo lo que podía saber Ebba. Por ello tendrá que tener los ojos abiertos y la guardia alta, como siempre — Pero mantengo lo que dije ante... odio esto — dijo tercamente y para enfatizar esas ultimas palabras, Ebba clavó el hacha con fuerza en la cabeza de aquel muerto frente suyo que era no más que harapos y huesos.  

Echó otra mirada al hombre — Ebba — jadeó su propio nombre cuando este le preguntó, dejando notar el cansancio que ya se estaba colando por su cuerpo — ¿Tú?— preguntó Ebba mientras que su rostro reflejó cierto desagrado el ver al desconocido pisar con su bota la cabeza de uno de esas cosas, desparramando y embarrando materia putrefacta en ella.



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

Sigismund evitaba bajar todos los escalones del monumento por si llegaba un contingente mayor, pero por suerte solo habían pocos. Finalmente se permitió el lujo de bajar hasta el ultimo que quedaba, un No-Muerto que se arrastraba cojeando pues carecía de pie excepto un muñón. Sigismund escucho la contestacion respecto el nombre de la chica y se permitio tomarse algo de tiempo con el No-Muerto, mediante la cabeza, atrajo al No-Muerto provocando su caida al suelo al perder ya su endeble equilibrio. Posteriormente le golpeo la cabeza pero no lo suficientemente fuerte al parecer, por lo que remato al No-Muerto clavando el palo. Posteriormente volvio al monumento. con tranquilidad. -Sigismund. Aunque mis amigos me llaman Sigis para abreviar.- Dijo volviendo a su campamento improvisado.

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Observó los alrededores cerciorándose de que ese caminante, el cual desconocido estaba despachando, fuera el último tratando de arrancarles la carne de sus cuerpos para el almuerzo. Volvió sus ojos hacia el sujeto cuando este hubo terminado la tarea y dijo también su nombre  — Un gusto haberme topado contigo, Sigismund — no hizo comentario de lo extraño que su nombre le pareció al escucharlo o esa idea que pasó por su cabeza en que jamás ella llegaría a llamarlo Sigis porque no tendrían la oportunidad de desarrollar una amistad. Ebba luego de descansar un rato se marcharía de allí y seguiría su camino en la búsqueda de alimento y agua, suponiendo que nunca más cruzaría su camino otra vez con aquel hombre.

Por unos segundos su respiración se entrecorto ante el pensamiento de volver a estar sola de nuevo. Era tan difícil vagar sin rumbo sin nadie a tu lado en aquel mundo tan peligroso, pero no tenia otra opción, debía seguir adelante, ser fuerte y mantenerse viva. No dejó translucir en su rostro su pequeña cavilación y siguió a Sigismund con pasos lentos de nuevo al lugar en que se habían encontrado — Si no te molesta solo me quedaré un rato para descansar y luego seguiré mi camino — dijo para luego solo dejarse caer al suelo y sentarse, agazapándose a los pies de aquella estatua que era el escenario central del monumento.




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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

Sigismund entro en el recinto monumental seguido por la rubia a la que observo el rumbo que seguía. Tras ponerse a manipular una especie de fogata artesanal donde parecía cocinar algo de carne, algo que era mejor no saber pero tampoco era infectado. Al verla sentada en el suelo agazapada cual niña perdida, Sigismund decidió acercarse con una manta algo raída para ponérsela por encima. -De que trabajabas antes de que el mundo se fuese a la mierda ?- Pregunto mientras ponía la manta de la forma que haría un padre o en este caso, un abuelo a su hija. Posteriormente siguió en la tarea de cocinar.

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Con su cabeza descansando sobre sus rodillas, Ebba observaba como Sigismund aún se movía con agilidad después del gran desgaste de energía que hubieron hecho juntos hacia minutos atrás matando a los zombies que notaron su presencia en aquel monumento. El hombre prendió un fuego y comenzó a cocinar algo que olía como a carne sobre la fogata, el aroma llegó hasta donde estaba sentada y provocó que su estómago rugiera de hambre. Se encogió un poco sobre si misma, tratando de ignorar ese sentimiento. Levantó su rostro cuando el hombre dejó lo que estaba haciendo y se acercó a ella con una manta en las manos, colocandola sobre sus hombros.

No se tensó ante la cercanía de Sigismund al ver tan claramente sus intenciones ante sus ojos pero si le sorprendió el gesto — Gracias — dijo de inmediato, agradeciendo su gesto amable. Su cuerpo se incorporó para buscar una posición cómoda sobre el suelo duro cuando la pregunta de él llamó su atención. Dejó de moverse y sus ojos se clavaron en los de Sigismund tratando de saber el porque de su curiosidad pero Ebba creyó que era algo natural el hacerlo, ella también sentía algo de curioseo — Eh... era una estudiante — en sus labios se asomó algo parecido a una sonrisa — de música. Mi madre es... — carraspeó un poco, sintiendo como su pecho dolía y se llenaba de tristeza al recordar a su madre, que hasta el momento Ebba no sabía que pasó con ella o su padre y hermano cuando el mundo termino — era una pianista concertista. Desde pequeña me gustaba escucharla tocar el piano en casa y, al crecer ese gusto se convirtió en pasión por el instrumento y las melodías que soltaba. Decidí seguir esa pasión igual como mi madre lo hizo — resumió, tratando de distraerse de la angustia de hablar sobre su madre, dejó que sus dedos se movieron un poco, ante ojos inexpertos parecían como espasmos involuntarios, pero ella sabía lo que eran, la simulación de tocar las teclas de un piano — ¿Y tú que hacías antes de todo esto? —  se concentró en el hombre, esperando su respuesta.  



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

Sonrio al escuchar el agradecimiento de Ebba ante la manta, aunque no era gran cosa era un gesto de confianza y humanidad. La humanidad que parecía estar aniquilándose entre ella mientras era devorada por los No-Muertos. Escucho su respuesta, una estudiante de música... una vez llego a pensar en que su progenie se dedicase a la música. Entonces ella pregunto su oficio, una sonrisa afloro en sus labios. -Era militar. Pero no en Estados Unidos... Pertenecía al Cuerpo de Marines del Ejercito Británico... Desde que era un cachorro estuve rodeado del ambiente marcial y castrense. Un padre que lucho en la Segunda Guerra Mundial incluso lucho en las playas de Normandia y una madre relacionada también con el ejercito.- Explique antes de volver al fogón. -Cuando el mundo se fue al Infierno, era General.- Dije antes de permitirse una sonrisa de orgullo.

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Sus palabras llamaron la atención de Ebba inmediatamente, sorprendiéndola. Al parecer Sigismund, antes de que el mundo viniera abajo, había sido un militar de alto rango británico y por su descripción, esta misma corría fuerte por sus venas, gracias a sus padres y abuelo. Ella no dudo de su relato, tenían cierta coherencia, dado que ahora podía comprender no solo el acento extraño al hablar, sino también aquellos movimientos eficientes y rápidos que había hecho al matar y su fuerza, como parecía no haberse cansado ni un ápice por ello, estaba entrenado para realizar aquella clase de trabajos — ¿General? ¡vaya eso es impresionante! — dijo, dejando colar en su voz cierto grado de admiración — Pero si eres un General británico ¿Qué hace tan lejos de su país? ¿Qué le ha pasó? — preguntó curiosa por saber era lo que estaba haciendo alguien como él por allí. ¿Acaso estaba retirado de su profesión o algo más lo había traído hasta Norteamérica?. ¿Vacaciones quizás?. ¿Una misión secreta? Dejó que su mente revoloteara unos instantes en esa idea para luego volver a la cuestión del asunto. Aún así lo más importante: ¿Porque no había contactado a alguien del gobierno para el que trabajaba para que le sacara del país cuando todavía no había sido demasiado tarde?.

Que extraña suerte la suya, toparse con ese hombre mayor que seguro poseía toda clase de destreza y conocimientos. A Ebba se le hacia un personaje de lo más interesante a cada minuto y ahora ya no estaba tan apresurada a abandonar el lugar.



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

Sigismund siguió atento en la comida. Habia procurado hervir el gato para eliminar todas las posibles bacterias y agentes enfermizos del gato. Sonrió al escucharla hablar con cierta sorpresa sobre su cargo en el Ejercito de Su Majestad Británica. No contesto hasta que fue con ella con dos platos con una especie de estofado. -No es para tanto.- Dijo dándole un plato el cual tenia un tenedor, Sigismund se permitió sentarse al lado viendo la curiosidad de la rubia. -Mi pais se vio en la misma situación que aquí. Huimos en un Portaaviones... el Ark Royal. Pero una tormenta nos hizo encallar en la Bahía de Chesapeake... Y bueno. La cosa se jodió cuando nos vinieron los No-Muertos y grupos unificados de Forajidos.- Dijo comiendo aquel estofado. -Aun sigue ahí el Goliath del Ark Royal... poderoso y imponente como el monumento al Líder militar del Independentismo Estadounidense.- Dijo refiriéndose al Monumento a Washington

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Sigismund trató de minimizar la importancia de su antiguo trabajo aunque no le funcionaria con Ebba, dado que la rubia ahora veía aquel hombre como una fuente de  sabiduría militar, por ende, un posible maestro si este aceptaba a una joven entusiasta que sabía poco y daba tumbos por los caminos, con el pensamiento de solo sobrevivir en mente.

Dejó que sus pensamientos se centraran nuevamente en el general, quién acercándose, le ofreció un plato de comida. No tenía porqué, pero lo hizo y sin pedir nada a cambio, su amabilidad seguía sorprendiéndola — Gracias..—susurró, sus ojos iban del plato hacia el rostro de Sigismund hasta que este se sentó a su lado con uno también en sus manos. Escuchó al hombre hablar mientras se le hacia agua la boca por agradable aroma a comida que desprendía aquel platillo, provocando a  su estomago rugir con mas fuerza. Hacia mucho tiempo que no probaba nada hecho, solo de latas o paquetes dado que no tenía suficiente habilidad para cazar nada — ¿Así qué esto sucedió en todas partes del mundo? — soltó, sintiéndose tonta de inmediato al hacer esa pregunta, a la vez que sus esperanzas de encontrar un lugar libre de infección se había desvanecido completamente. Era algo obvio que esta extraña pandemia hubiera tenido un alcance mundial con la forma que tenía de propagarse, rápida y letal. Antes que las autoridades de otros países se dieran cuenta, era posible que sus fronteras ya habían sido violadas, permitiendo entrar algún infectado — Su gente.. las personas que vinieron con usted en el portaaviones ¿Donde están?— sospechaba saber la respuesta dado que el General parecía viajar solo. Todos muertos.

Removió el mejunje en su plato con el tenedor proveído por Sigismund pensando en lo que él le había dicho. Creyó imprudente preguntar si en el portaaviones quedaban armas o provisiones que aún se pudieran usar, eso si los "grupos unificados de forajidos" hubieran dejado algo al arrasarlo y con los zombies merodeando su interior, muchos de ellos sus propios hombres, que estuvieron bajo su mando, tal vez era también de mal gusto. Decidió evitar ocasionar dolor al hombre, de recordarle su pérdida.

Observó con detenimiento la comida y lo que parecía flotar en ella. No pudo evitar fruncir el ceño y abrir su boca — ¿Qué es lo que estamos por comer? — aunque famélica, su inquieta mente le gritaba que tenía que saber que era lo que iba a tragarse. Después de todo, solo lo había conocido hacía unos cuantos minutos y no tenía confianza ciega en el sujeto, el General. Aún, susurró una voz que sonaba como la suya, en lo recóndito de su ser.  



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Washington, D.C. ♦️ Privado ♦️ Ebba Sørensen

Sigismund se alimento mientras ella preguntaba. -No. La ultima vez que vi suelo nacional Ingles, estaba cerca de un infectado o varios cadáveres y los edificios en llamas.- Dije antes de observar como ella se observaba su plato. -No lo se. Espero que vivos.- Dijo antes de escuchar la tan esperada pregunta que le hizo sonreír. -Es gato. Mejor ellos que nosotros... Nosotros ya nos han comido suficiente en los últimos tiempos- Dijo mostrando total falta de cariño animal, al menos por los felinos. Aunque en si Sigismund siempre fue de perros, un gato no te ayuda a cazar un ciervo ni un jabalí u te avisa de la llegada de un No-Muerto, al menos nunca lo he visto.

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La tragedia había tocado cada pedazo de suelo habitable y Ebba solo se resignó, una vez más, a aceptar esa nueva realidad, o mejor dicho pesadilla, que estaban viviendo con la gran posibilidad de que llegara aún a peor con el tiempo — Seguro que así es — afirmó con esperanza, apoyando de manera suave una mano temblorosa sobre el brazo de Sigismund, tratando de mostrar  apoyo ante la pérdida del hombre.

Su cabeza daba vueltas a la poca información que había podido sacar del tipo sentado a su lado. Ebba creyó prudente dejar que el silencio les acompañara un rato pero cuando este le dejó saber que era lo se llevaría a la boca de manera tan fría, Ebba no pudo más que jadear y dejar el plato sobre el suelo, cerca de sus pies, antes que este se le resbalara de sus dedos temblorosos — ¿Acaso esta de broma, verdad? — su voz era solo un hilo suave, demasiado pasmada ante la revelación para soltar un grave grito. Sus ojos acusadores se posaron sobre el rostro insensible del General — ¿ De que esta hablando? — preguntó alejando aquella mano que había posado sobre Sigismund como si el contacto la hubiera quemado —¿Mejor ellos que nosotros... qué? — repitió una parte de lo que le dijo, aún sin entender lo que tenía frente a sus ojos. Ese hombre había encontrado un gato.. y... lo había matado, preparado como comida. Comenzó a darle vueltas la cabeza — Los gatos tienen toda clase de enfermedades, más si son callejeros. No puedo creer que usted haya solo.. agarrado uno como comida. No sabe que pueden de acarrear ahora con esta infección por todas partes. No sabe si este animal se alimentó de carne de un muerto infectado — espetó por lo bajo, palideciendo ante la idea, asustada ante tal prospecto. No cabía en sus pensamientos ahora nada más que en lo que podía pasarle a aquel hombre, que con su corta interacción, había dejado que en Ebba creciera una chispa de ilusión, de que si este lo quisiera, podía tal vez de convertirse, en el futuro, en una especie de mentor para la rubia.

Se levantó de un brinco abandonando su lado junto a él, la manta deslizándose de sus hombros, cayendo al suelo —Deje de comer eso, puede hacerle daño — pidió ella, insegura. Aunque cabía la posibilidad de que el hombre mayor fuera como ella. Que la infección no lo convirtiera en una de esas cosas muertas con el tiempo. Ebba no lo había hecho, no se había convertido. Si, era posible que nada le pasará. De manera inconsciente, Ebba se frotó la herida cicatrizada expuesta en su brazo que le había dejado la mordida de un caminante hacia tanto tiempo atrás, mientras caía sin poder evitar, en un torbellino de preocupación por el hombre allí con ella.



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Sigismund no era de bromear muy seguido. Por ello no contesto a aquella pregunta respecto si estaba bromeando, lo que le hizo apartar la vista del plato ya medio vació fue la explosión de emoción y preocupación que mostró. La observo y se permitió reírse ante su preocupación. -Por si no lo sabes... cualquier tipo de bacteria y o mal contagioso que pudiese tener el felino. Ha sido eliminada...- Dijo antes de fijarse en su cicatriz de mordida. -... Que. Es. Esa. Marca ?- Dijo cazando el ultimo trozo de carne de gato del plato y levantándose tras dejar el plato en el suelo. Sin preguntar y de forma tosca, tomo su brazo y la observo. Observo que correspondía a una dentadura humana pero la fuerza con la que estaba impresa era impresionante y ella parecía tan sana que era imposible que fuese reciente. -Eres de esa gente que es Inmune.- confirmo para si mismo al meditar todas las posibles hipótesis.

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Quedó atónita al escuchar su risa. Era obvio que no le importaba nada de lo que Ebba le había dicho sobre las enfermedades que podía portar aquella carne, ahora echa estofado — ¿Cómo ha sido exactamente eliminada? ¿Porque solo la cocinó?— preguntó, aún mirando al hombre testarudo a la cara que ignoraba sus palabras como preocupación — Hay muchas bacterias que ante el calor proliferan y no sabemos si este virus o lo que sea que levanta a los muertos sea destruido por esta — ese hombre tomaba un riesgo muy grande al consumir algo sin saber a cierta si estaba bien hacerlo.

La tomó por sorpresa su reacción, cuando se levantó de repente y sujetó del brazo de manera ruda — ¡Hey, qué cree que hace! — dijo entre dientes ante el trato por este. Trató de zafarse del agarre, tirando de su brazo y clavando sus uñas en las manos que la atrapaban, sin éxito, hasta que notó que los ojos de Sigismund estaban clavados en su brazo, específicamente en la vieja cicatriz de mordida en ella — Puedo explicarlo — soltó nerviosa ante la inspección. Tenía miedo que la considerara un tipo de peligro y le hiciera daño — ¿Inmune? yo no lo se — frunció el ceño al no esperar esas palabras. Ebba recuerda cuando una de esas cosas la había mordida, al principio cuando todo comenzó. En ese momento no supo la magnitud de lo que significaba la mordedura que había obtenida en su primer ataque — Sucedió al principio, cuando esas cosas comenzaron a levantarse y atacar a las personas. Cuando nadie sabía que estaba sucediendo — comenzó a recordar y relatar lo que le había sucedido — No se sabía que se contagiaba a través de una mordida. Que esta era lo que permitía al virus o lo que fuera infectarte y matarte al final. Cuando supe eso yo...  solo sabía que no me pasó, que no me convertí en uno de esos muertos caminante — sus ojos se llenaron de lágrimas que amenazaban con caer de ellos. Era difícil contar aquello, luego de ver a través de los años que otros no tuvieron tal suerte. Aún trataba de soltarse inútilmente de su subestación, pero ya hacia tiempo que desistió en usar sus uñas en la piel de su mano.



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