• Welcome
  • Basic
  • Extra!

Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

¿Quién está en línea?
En total hay 15 usuarios en línea: 6 Registrados, 0 Ocultos y 9 Invitados :: 1 Motor de búsqueda

Annabelle Kidman, Carlos Jimenez, Daniel Harris, Dante De Witt, K-Mart, Max Brown

[ Ver toda la lista ]


Élite
Magic WordsLacim TenebrisTime Of HeroesExpectro Patronum
Hermanos
Directorios

Veintidós de agosto en Nueva York [Libre]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Había vivido en Nueva York, estaba convencida de ello y necesitaba recordar quién era. Hasta el momento sabía muy pocas cosas de mi:

1º Mi nombre es Step, es lo que viene grabado en mi collar, así que seguramente es Stephanie, el cual me resulta familiar. Stephanie Wayne. Recordé mi apellido el primer día tras despertar.

2º Soy inglesa, mi acento y el de otras personas con las que he hablado lo delataron. No me agrada mucho el acento americano.

3º Vivía en Nueva York, no estoy totalmente segura de ello, pero recordé algo, una cafetería en una calle, me gustaba su té y lo tomaba todas las tardes.

Es extraño tener que conocerse a uno mismo, pero es lo único que puedo hacer ahora. Pensé en viajar a Nueva York con la esperanza de recordar más cosas y pese a que me han avisado de lo irresponsable y peligroso que es por mi parte... viajé a la Gran Manzana.

4º Esto me da otro dato importante sobre mi, puede que sea valiente o una irresponsable, pues después de todo lo que he visto y me han contado... no tengo ni la menor pizca de miedo en visitar una de las ciudades más pobladas del mundo.

Encontrar a la población zombie, tal vez más numerosa del mundo me importaba bien poco, lo principal para mi era recordar quien soy. Así que tras escuchar algunos consejos, historias y datos importantes sobre los no muertos, puse rumbo hacia Manhattan.

Con tan solo una pequeña mochila que había podido llenar con cosas útiles por el viaje y ropas oscuras, de color marrón, llegué a la ciudad, ocultándome y evitando a todo tipo de criaturas, e incluso a los vivos, de quienes me habían avisado que podían ser incluso peores que los no muertos. Tan solo un machete descansaba en mi cinturón y debería bastar para defenderme. Los edificios estaban destrozados, basura, cadáveres, huesos... dudaba que todo aquello pudiera hacerme recordar algo, pero había hecho el viaje, ya estaba allí y no me iría hasta lograr mi objetivo.

Avanzaba por calles que se suponía que conocía, pues giraba en intersecciones, recordaba algunos establecimientos... pero el estado de deterioro en el que se encontraba todo no ayudaba en nada a mi memoria. Eso me enfadaba, pues no podía pasearme por aquellas calles tan peligrosas como si de una turista fuera. No podía perder el tiempo, pero tampoco sabía que estaba buscando exactamente.

Las malas hierbas habían comenzado a crecer a través de las grietas que se habían formado en el asfalto y en las aceras, resultaba incluso difícil caminar con normalidad por ellas. De un segundo a otro me agaché lo más veloz posible, evitando a unos zombies que habían aparecido al final de la calle. Cerré los ojos un instante, con suerte pasarían de largo, al abrir los ojos de nuevo descubrí la cafetería que buscaba; delante de mis narices, con el letrero desgastado y a medio tapar por las frondosas ramas de un árbol que había crecido más de la cuenta. Miré a mi alrededor, aquellos edificios comenzaban a parecer algo más familiares. Los zombies parecían pasar de largo, sin percatarse de mi presencia, por lo que con disimulo y cabizbaja, comencé a caminar hacia la cafetería. ¿Encontraría algo de utilidad allí?


Volver arriba Ir abajo

¡Click!

El arma estaba vacía. Jane miró la inútil Glock antes de recibir un codazo en su mejilla que la aturdió. La científica retrocedió en busca del cuchillo de cocina que su compañera le había regalado tres semanas atrás, pero ya no estaba. En ese momento se dio cuenta que estaba un paso atrás que la alemana pues adelante tenía a la chica con el afilado cuchillo entre sus dedos y una sonrisa ladina. El cuchillo voló por el aire incrustándose en el hombro de la mayor y un grito se escuchó por la vieja farmacia. Jane cayó al suelo arrepintiéndose de tener tan buen corazón, de haber pensado que esa chica de rostro dulce era alguien digno de ayudar, y levantó su mirada a la agente.

-No es personal... ¿lo sabes? - dijo Mick poniendo el pie sobre el cuchillo para hundirlo lentamente haciendo que la otra se retorciera de dolor. -Me pidieron que fuera una muerte dolorosa... - la muchacha torció una mueca de indiferencia. -Podría hacerlo, pero estoy cansada de escucharte llorar. Creo que es tu día de suerte, lo haré rápido. -

Mick se agachó para arrancar el cuchillo y lo volvió a plantar entonces en la cabeza de la científica. La joven agente se retiró con el cuchillo sucio en sangre fresca pasando por debajo de un estante caído. Como si no hubiera sucedido nada, Mick salió de la farmacia y se paseó por la acera sin miedo alguno. Había limpiado su agenda y ahora podía hacer lo que quisiera, y eso era asomarse a una cafetería que no quedaba muy lejos. Supuso que allí encontraría algo de comer, o si tenía suerte, alguna arma a la mano de alguien ya caído.

Volver arriba Ir abajo

Logré pasar al interior de la cafetería, realmente no la recordaba así, tan sucia, polvorienta... Las fotografías caidas, mesas, papeles... Había una mesa en una esquina y fui directa a ella, para tomar asiento. Al mirar por la sucia ventana vi aquella escena tan familiar. Sí, yo había pasado allí largas horas... ¿Pero dónde había vivido? Seguramente mi hogar no estaba lejos de allí o tal vez mi trabajo.

Me levanté y me acerqué a la barra, tal vez pudiera encontrar alguna bolsa de té. Efectivamente había una cajita con diversas bolsas de té, además el fuego parecía funcionar, salia gas. Rebusqué entre las cosas, limpié una tetera, la llené con agua de una botella y comencé a hervirla. Deposité una bolsa de té verde y menta en una taza, después el agua hirviendo y algo de miel. Aquel aroma... era tan familiar, ni siquiera recordaba que ese tipo de té me fuera a gustar, simplemente lo puse. Con la taza entre las manos tomé asiento en el mismo lugar y cerré los ojos, tratando de recordar, de recrearme en esas tardes en aquella cafetería y saber qué hacía y hacia dónde iba.


Volver arriba Ir abajo


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.