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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Con la muerte en los talones [Libre]

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Con la muerte en los talones [Libre]

Mensaje por Taylor Hesse el Vie 06 Jul 2018, 12:14

14 de abril 2014

Mañana haría un mes por fin y aún esa herida no terminaba de curar, me levanté la fina tela que cubría mi estómago hasta quitarme la camiseta y visualicé las gasas pegadas con esparadrapo a la piel, la tela que tenía un ligero color beige a causa del día a día, la suciedad acumulada por la supervivencia y todas esas cosas mostraba además una pequeña marca roja de sangre. — Joder, si que vas a dar guerra por no haber acabado conmigo — susurré mientras me llevaba a la boca, para sujetarlo con los dientes mi último rollo de gasas. Me encontraba tirada en el suelo, apoyada en la pared del interior de una pequeña tienda de gasolinera, no había zombies en el lugar y eso fue toda una suerte.

Despegué el esparadrapo y cerré los ojos respirando por la nariz antes de mirar la herida, las marcas de los dientes estaban ahí, no eran muy profundos, lo justo para que doliera bastante y no curase bien, al rededor de cada marca la piel se teñía ligeramente de rojo, la zona estaba como un poco inflamada. Me había limpiado las manos como pude y ahora me dediqué a echar unas gotas de betadine que esparcí por la zona con cuidado, mientras terminaba de curar la herida no podía evitar recordar aquello, como me mordieron, como me dieron por muerta, como esa noche cuando dormí pensé que jamás volvería a abrir los ojos de nuevo y finalmente el desconcierto de la mañana siguiente al ver que no moría, y a esos e le sumaba el pánico cuando aquel viejo trató de matarme, cegado con la idea de que yo debía estar muerta. Elegí vivir y eso estaba haciendo, luché por ello y allí estaba ahora. Acabé con otra vida por tal de seguir con la mía. Había hecho mi elección aunque no estaba segura de si no acabaría muriendo poco a poco, ¿y si el virus me había afectado de otra forma y me convertiría poco a poco en una de esas cosas?, no lo entendía. Era la pesadilla que me atormentaba cada noche, pero tenía la esperanza de que simplemente fuera inmune. ¿Podrían existir personas inmunes al virus? Y para quitar los malos pensamientos me decía a mi misma que si, la prueba de ello era yo, pues seguía viva, ¿no? Curioso, siendo tal vez la persona que más merecía morir de todas, el karma nunca fue justo, si es que esa cosa existía.

Mierda... — me susurré con una mueca de dolor, no me quedaba tampoco más esparadrapo, así que me vi a mi misma gateando hacia un armarito, como podía, pues me sujetaba con la otra mano la gasa nueva al estómago. Abrí las puertas de este y medio me metí en el interior rebuscando por entre las estanterías, tirándolo todo a mi alrededor, joder, allí debería encontrar aquello, ¿no solías encontrar siempre estas cosas en esos sitios? Por otra parte mi forma de actuar era estúpida, pues al ponerme a tirar todo cuanto encontraba empecé a armar un buen escándalo, que o bien podría atraer a esas cosas hasta a mi o simplemente hacer que no las escuchara llegar a ellas o a alguien si entraba por esa puerta.


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Andaba haciendo fotos, para mi instagram. Era estúpido probablemente, pero me había dado cuenta tras la mordida, que debía mirar hacia delante, no solo sobrevivir, vivir. Llevaba tanto tiempo huyendo que se me había olvidado hacerlo. Encontrarme con la rubia de la cámara me había hecho ver que no sólo debía fotografiar y subir porque me sentía con la obligación de contarle al mundo lo que veía, sino para vivir, para no dejar una parte de mi atrás, olvidada.

Primero comprobé con unas piedras que de pronto no aparecían bichos. Así que preparé todo, cámara, trípode y posé para mis seguidores. Hice varias, el bar de carretera destartalado era un buen fondo, pero no solo eso, si tenía suerte, tendría comida y agua. Con muchísima suerte tendría alcohol. Una de las peores cosas que te podían pasar en estas situaciones era ser fumador o alcohólico, no podías conseguir nada en intervalos cortos de tiempo. Tendrías mono a casi todas horas. Y por ello, daba gracias de no ser adicto más que al ordenador.

Al rato empecé a escuchar ruidos, tan rápido como pude recogí todo lo que había desplegado. Lo peor de todo esto es que aún no me había hecho con un arma. Estúpido de mi parte, pero no le podía hacer mucho más. Si la tierra no proveía es que igual, no lo necesitaba y tras el mordisco, pues tenía pinta de no necesitarlo. Seguía escuchando los ruidos, eran constantes así que a la vez de querer huir quería acercarme a cotillear.

Mi instinto me decía que cuanto antes me fuese, mejor, yo solo había tirado un par de piedras por la zona pero aquello, estaba creando mucho ruido, tanto, que me molestaba. Tan acostumbrado al silencio, que era escuchar mucho ruido y querer huir pero ademas, con dolor de oídos. Quien me viera y quien me vio... Sabiendo que antes iba a discotecas y era un loco de arriba abajo y ahora no aguantaba ni un poquito de ruido.

La curiosidad me pudo. Me acerqué al bar despacio, con el trípode cogido de forma que me sirviese de bate. Avanzaba lento pero seguro. La vi, no parecía un zombie de esos asquerosos. ¿Saludaba? Parecía necesitar ayuda, pero no sería la primera vez que intentasen jugármela por comida, aunque pocos lo lograsen... Quiero decir, no me quedaba atrás, los que me habían quitado mi comida se habían quedado sin la suya, a veces me había salido bien pero otras me había salido por la culata. Pero era humano, hacía mucho que no había tenido contacto humano, igual ya era hora. -¿Necesitas ayuda?- pegunté sentándome en una banqueta de un salto.


Erick

Gracias Thea!

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Gruñí, como si fuera una de esos malditos seres, quien sabe por qué, aunque en realidad fue más bien pura molestia por todo aquello. Pero tal vez solo se estaba haciendo realidad mi mayor miedo, me estaba convirtiendo en uno de esos zombies lentamente, ¿habría algún momento en el que medio perdiera la razón y me comportase como ellos?, ¿me daría cuenta de todo cuanto hacía sin poder detenerme?, ¿les pasaba eso a todos aquellos que se habían condenado? Empezaba a divagar en mi cabeza con pensamientos muy oscuros, por eso gruñí de nuevo, más bien fue un chasquido, estaba molesta, en realidad más que molesta. No deseaba seguir pensando en aquella idea, tan solo lograba torturarme más.

Aquel armario para parecer tan pequeño era bastante grande, prácticamente me había metido en él, con medio cuerpo fuera y el otro dentro, pero al fin obtuve mi recompensa, al fondo había una caja metálica blanca. — El dueño sería un estúpido... — mascullé para mi mientras me estiraba para alcanzarlo, cosa no muy agradable, pues la herida se quejó, avisando de que seguía ahí. Cuando logré agarrar el pequeño botiquín este se cayó de la mano provocando más ruido, todo por la sorpresa de escuchar una voz humana, llevaba casi un mes sin escuchar una. Así que retrocedí rápidamente no si antes golpearme en la cabeza con el borde del mueble. — ¡Auch! — me quejé justo cuando vi al tipo. — Oh Dios (si es que hay algo, que lo dudo)... Hay gente tan idiota como yo para pasearse por esa maldita nada — pensé mientras miraba mi machete en el suelo de reojo y posaba mi mano libre sobre el mango.

El campo de golf está más al norte... — señalé en una dirección al azar con sarcasmo mirando al moreno con una ceja enarcada. — No tu ayuda — alcé la caja metálica, esta sonó, eso era buena señal, habría algo en su interior. Pero en aquel momento solo me molesté en tapar con mi mano derecha la herida que aún ni había llegado a vendar, quería evitar que viera la marca de la mordedura. Sentí el sudor en mi frente al recordar cómo había reaccionado el anciano.

¿Te importa? — cuestioné con molestia, como si realmente me avergonzara que pudiera ver algo más de la cuenta. Con la izquierda abrí el supuesto botiquín y miré con decepción su contenido: cinta aislante, un pequeño bote de aceite y unos diminutos alicates. Volví a bufar, pero en aquel momento hasta vi en la cinta aislante una oportunidad, con ella podría pegar el poco vendaje que me quedaba. Y aunque me doliera darle aquel uso al poco alcohol que me quedaba en la petaca... lo usaría como desinfectante.

Entonces le dediqué otra mirada a aquel muchacho, algo más fría, tal vez no era alguien de fiar, uno de esos locos como aquel viejo con el que me crucé o peor, que viniera acompañado y la mirada fue más del tipo; "acércate y hundo el machete en tu garganta". Si iba a hacer algo más le valía moverse ya, odiaba aquel tipo de cosas... estaba mejor sola.


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Miré lo que andaba haciendo y con lo que se iba a volver a vendar. Vale, mi personalidad me la iba a jugar de nuevo, y esta mujer tenía armas que yo no. Tampoco sabría como usarlo, ea un machete y seguro que pesaba más que yo. Me llevé las manos a la cara y suspiré, estaba a segundos de ofrecerle mi botiquín. Cinco, cuatro, tres, dos... -Oye, tengo vendas y alcohol de sobra, no me importaría dejártelas- dije mientras me sentaba en el suelo y rebuscaba el botiquín. Iba a arrepentirme o igual el karma me devolvía el favor.

-Toma- dije tendiéndole el botiquín -Mientras no toques la insulina, todo bien- No necesitaba nada salvo la insulina, y como me quitase eso... Mordería y haría lo que fuera por y para recuperar lo que era mio. Como no la veía cómoda conmigo me fui a investigar el resto del local en búsqueda de más comida, agua o alcohol. Lo que fuera que me pudiese servir. Dejé el trípode y las mochilas encima de la barra. Ahí donde podía verlas desde cualquier punto. No creía que la mujer pudiera coger todo y largarse, con esa herida, era poco probable, pero tampoco quería tentar a la suerte.

Al ver su herida o mejor dicho, las ganas de curar esa herida, recordé como había sido la mía, menos mal que era en un lugar poco visible. El primer día no pude curarla, el shock me pudo, pero en cuanto desperté logré curarla con lo que tenía. Por suerte entraba en todos los hospitales por insulina, así que aparte de eso, cogía cosas que podría necesitar como vendas, algodones y cosas así. Por eso mi botiquín siempre estaba lleno de todo. Salvo de insulina. Ojalá encontrase más de eso.


Erick

Gracias Thea!

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