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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Yipi ka yei [Alexandra M. Gibson]

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Yipi ka yei [Alexandra M. Gibson]

Mensaje por Ezra Drake el Jue 28 Jun 2018, 15:27

NORFOLK, 02 DE AGOSTO DE 2015.

¿Eso lo aprendiste en la guardería? porque me dan ganas de reírme... — dejé escapar una leve carcajada, cansada, dolorida... los golpes comenzaban a hacer mella en mi. — Cierra la puta boca o juro que... — el tipo tensó la mandíbula, sus labios se convirtieron en una linea recta. — ¿Cansada princesa? — el hombre bufó y salió de la habitación.

Dejé caer mi pesado y maltrecho cuerpo, sintiendo la presión y el dolor en las muñecas, tosí y escupí algo de sangre. Atardecía, los últimos rayos de luz se filtraban por entre los tablones de madera que cubrían las ventanas de la sala y yo no hacía más que sentirme un completo idiota. No debí fiarme de esa panda de idiotas.

Alcé la mirada y me fijé en el hombre de en frente, tendido por las muñecas de unas cadenas al techo, sin camiseta, lleno de golpes, sangre reseca... esbocé una mueca de dolor y él también lo hizo. — Te ves de pena... — le susurré a mi reflejo en aquel espejo. Comenzaba a hacerme una idea de por qué seguía vivo: habías escuchado hablar algo a esos gilipollas. Para cenar hoy se servirían mi pierna derecha, y mañana o pasado tal vez la otra... joder, si los zombies eran un problema solo había que pensar en los que habían sobrevivido.

Fui un completo idiota, me encontré con aquellos tipos a las afueras de la ciudad, tenían problemas y como no parecían mala gente me ofrecí a ayudarles, cuando menos me lo esperaba uno de ellos trató de noquearme, desencadenando en un severa pelea, que acabó conmigo medio inconsciente en la parte trasera de mi propio jeep. Me llevaron hasta una casa, no muy lejos del centro comercial y el resto era historia.

Eso me pasaba por alejarme más de la cuenta del refugio. Si no salía de allí pronto... iba a acabar bastante mal. Había visto un clavo no muy lejos de mi y ahora que había logrado echar a mi vigilante, solo tuve que balancearme hasta que mis pies, descalzos, tocaron el clavo y lograron arrastrarlo hasta donde estaba. Ahora la parte más jodida. Logré sujetar el tornillo con ambos pies, hice fuerza con las manos y comencé a levantarme para pasarme el tornillo a las manos. No fue fácil y uve que repetir el proceso un par de veces hasta que lo logré, los golpes no ayudaban a hacer aquel esfuerzo. Una vez con el clavo en las manos comencé a tratar de forzar la cerradura de mis esposas. Momento en el que entró de nuevo el mismo tipo de antes.

¿Ya vuelves de lamerle el culo a tu jefe? — pregunté como si nada, no tenía por qué darse cuenta de lo que hacía. — Sigue, esta noche seguro que no eres tan gallito... — me miró fijamente, estaba cabreado. — Eso si llegas con vida a esta noche — había logrado soltar las esposas, pero ahora me agarraba yo a estas para evitar que él se diera cuenta de que me había logrado soltar. Él se carcajeó de mi, yo ascendí y separé amabas piernas para agarrarlo entre estas y dejarme caer sobre él golpeándole en la cabeza con todas mis fuerzas, varias veces. Cuando caímos al suelo no se movía ya.

Quien avisa no es traidor — respiré hondo, me sentía bastante cansado, estaba siendo un día jodidamente malo y aún quedaban seis más fuera. Registré entre las cosas del idiota hasta dar con una beretta que no dudé en agenciarme, junto a su cinturón de armas que me coloqué. Revisé el arma, le quedaban once balas. — Me sobran cinco... espero — resoplé y miré hacia la puerta, debía ser muy cauto.


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La cabeza le da vueltas y apenas tiene fuerza para separar los parpados, tosiendo con dificultad al notar pinchazos a lo largo de todo su cuerpo entumecido. A sus oídos llega lo que parecen voces distorsionadas por la distancia y las paredes que la encierran, teniendo que mover lentamente la cabeza para dar con el foco de las voces siendo totalmente en vano, el eco hacía que parecieran que provenían de todas y ninguna parte.
Sabe que esta tumbada porque nota la fría pieza de metal contra su espalda desnuda por lo que trata de encogerse aunque algo se lo impide. Se niega a abrir los ojos, no quiere chocarse con cruda realidad que la envuelve pero, el sonido de una puerta cerrarse de golpe hace que sus parpados se abran totalmente.
No era la suya...
Un suspiro de alivio se escapa de entre sus labios y mueve la cabeza para ver como sus muñecas siguen atadas por unas cuerdas manchadas de su propia sangre. La piel donde terminaba su mano estaba rozada y en carne viva a causa de sus intentos de escapar, pero ya había desistido. Mira el techo de madera esperando una señal, algo que le dijese que todo iba a acabarse para ella.

Se zambulle en el sueño, recordando como había llegado allí... Había sido tan estúpida. Llevaba caminando unos días sin rumbo fijo hasta que un coche se cruzó con ella. Parecían buena gente de lejos, pero al hablar y ella negarse a sus mandatos las cosas se pusieron feas. Saltaron del coche y la golpearon hasta noquearla...
*****
Sus ojos habían vuelto a cerrarse durante unos minutos pero, ahora, miraba la pared a su izquierda con extrañeza. Podía escuchar el sonido de unas cadenas moverse y algo parecido a un forcejeo, pero todo cesó demasiado deprisa como para poder sacar algo en claro. Mira a su alrededor con nerviosismo, sigue sola en la misma habitación y la única puerta que había estaba cerrada. Forcejea de nuevo, apretando los dientes por el dolor y fue entonces cuando le vino la idea, como una bombilla sobre su cabeza...
Se arrastra por la mesa hasta dejar la cabeza justo entre sus dos manos, casi colgando por el borde y se estira lo que puede para empezar a morder las cuerdas. Las fibras comienzan a clavarse en sus encías y labios pero le da igual, solo quiere soltarse cuanto antes y, pronto, el sabor de la sangre empieza a llenar su boca.

Tras unos minutos de duro esfuerzo consigue soltarse de ambas manos, encogiéndose en posición fetal durante unos segundos, abrazándose a si misma para tapar la desnudez de su torso, siendo un pantalón corto la única prenda que llevaba. Cada articulación de su cuerpo le produce una descarga de dolor al llevar tantas horas en la misma posición, aprieta los labios aún tragando su sangre y se incorpora lentamente, mirando a su alrededor temblequeando. No había absolutamente nada salvo un trozo de tela sucio y polvoriento en una esquina... Suspira entrecortadamente y se levanta ligeramente encorvada caminando hacía la esquina, tomando la tela y tapándose con ella.

Unos pasos rápidos se mueven fuera de su habitación y ella avanza hasta la puerta, pegando la oreja para intentar escuchar todo mejor aunque los pasos ya se han ido, fuera quien fuera tenía prisa por salir. Entreabre la puerta lentamente feliz de que no estuviera cerrada y, cojeando un poco, sale por ella a paso lento. Esperaba que no la confundieran con un zombie a causa de las cicatrices que la recorrían, lo sucia que estaba y su forma de andar... pero necesitaba salir de allí cuanto antes.

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Re: Yipi ka yei [Alexandra M. Gibson]

Mensaje por Ezra Drake el Jue 09 Ago 2018, 16:05

Ni siquiera sabía por dónde salir. Esos idiotas me habían traído con un saco en la cabeza y aún algo aturdido por los golpes que me habían dado cuando me capturaron.

Y luego los zombies dan miedo... — comenté para mí mismo en un susurro. Caminé hasta la puerta y la abrí apenas unos centímetros, con mucha cautela y cuidado de no hacer ruido. Salí a un pasillo, me encontraba aproximadamente en la mitad de este, o a saber, porque realmente desconocía cómo narices era esa casa.

Avancé un par de pasos hacia una de las esquinas, lo bueno de que me hubieran quitado el calzado era que así podía ser más sigiloso. Al asomarme a la esquina vi a un hombre de perfil a mi, fumaba un cigarrillo apoyado en una de las paredes, con la mirada fija a unas escaleras que descendían.

Los cojones... — susurró con una posterior risotada. Escuchaba una conversación que procedía de la parte baja. ¿Podría acercarme a él por detrás sin que me viera? Tenía mis dudas. Pero si no lo intentaba no ganaba y entonces perdería, con lo que eso conllevaba. Instintivamente acaricié una de mis piernas con la mano libre, al recordar las palabras de esos capullos.

Si disparaba ahora podría liarla muy gorda, respiré hondo y caminé en la dirección de ese capullo, que era además uno de los que me había goleado antes. — Eh Jack, acércate y diles a esos... — por un momento me detuve cuando pareció hablarme, hasta que me llamó Jack, no se había dado cuenta el muy idiota y cuando se dio cuenta fue tarde. Se giró a la vez que le arrebataba el machete de su cinturón y lo hundía en su garganta. Encima el mismo machete que me había robado antes. Observé como terminaba de morir sin poder hacer nada, tratando de gritar, sujeté finalmente su cadáver y lo acompañé hasta el suelo para que al golpearlo no hiciera ruido. Si no me confundía aún quedaban cuatro, abajo.

Cuatro.

Respiré hondo. ¿Qué debía hacer ahora? Tal vez el tal Jack... el susto fue inevitable.


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El pasillo esta vacío, avanza tambaleandose hasta llegar a una esquina donde puede escuchar perfectamente el sonido de alguien ahogándose y luego, el deslizar de unos pies por el suelo de madera. Se asoma despacio y ve a un hombre de espaldas a ella dejando un cuerpo rebosando sangre sobre los tablones. Se esconde de nuevo y aguanta unos segundos la respiración, tratando de crear una locura de idea que podría desencadenar en algo catastrófico.

Mira el trozo de tela que tapa su cuerpo, es lo suficientemente largo como para simular que lleva un arma  debajo. Inspira con fuerza por la nariz y lo suelta despacio...
-Aléjate lentamente, suelta el arma y girate despacio - Murmura mientras se expone a su visión, a cuatro o cinco metros de él. -¿Donde están mis cosas? - Levanta las manos por debajo de la tela simulando que agarraba un arma y le "apunta". -No hagas movimientos bruscos.

Habla con un tono de voz bajo y apagado, intentando ser lo más firme y clara que puede. Cojea mientras rodea al hombre sin dejar de mantener su postura, mirándole de arriba a abajo y, seguidamente, mirando el cuerpo en el suelo. ¿Sería alguien como ella que trataba de escapar y lo habían visto?
Escucha voces en la planta baja y sus ojos pasan por la escalera de soslayo, esperando que no les escuchasen hablar.

-¿Cómo se sale de aquí? - Pregunta alzando un poco la cabeza, moviéndola para apartar el pelo de su cara y traga saliva. Se está arriesgando a que al hombre le de todo igual y se tire a por ella, en ese caso estaba perdida. Ya podía imaginarse el dolor al sentir como cortaba sus extremidades y el terror se dibuja en su cara rápidamente, poniéndose nerviosa y empezando a temblar

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Re: Yipi ka yei [Alexandra M. Gibson]

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