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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Esta pesadilla que no acaba [Samantha Stryder]

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Hospital a las afueras
Norfolk, Condado de Virginia
31 de julio de 2015, media tarde, soleado


Correr.
Tener miedo.
Huir de la muerte...
Y sobre todo seguir respirando.


Al abrir los ojos lo primero que distinguí fue el cielo, y en este un par de diminutas nubes blancas que comenzaban a disiparse poco a poco en la espesura azul. Mi respiración era agitada, hasta el punto de que parecía que se me saldría el corazón del pecho en cualquier momento. Pegué mi espalda a aquella pared de ladrillo, empujando con fuerza mi espalda contra esta, como si así pudiera lograr llegarme a camuflar con ella y pasar inadvertida ante la horda de zombies que venía calle abajo.

La herida en mi brazo derecho seguía sangrando, dolía y debía coserla lo antes posible. Además necesitaría antibióticos, el hospital estaba justo en frente de mi, pero para llegar debía atravesar el aparcamiento. Este estaba atestado de vehículos, en un lateral habían viejas campañas médicas, bolsas de cadáveres y como no... más zombies.

Me encontraba contra la espada y la pared. No podía retroceder, la horda de zombies se aproximaba, pero el aparcamiento también era un peligro y cada vez me encontraba más débil. Me asomaba una y otra vez, apenas un poco, por la esquina. La horda avanzaba y no tardaría en llegar a mi posición. Así que saqué fuerzas y comencé a correr hacia el aparcamiento, lanzándome literalmente al suelo para cubrirme con uno de los vehículos y rogar porque no me hubiera visto ninguno de los zombies que pululaban por allí.

Aquello parecía un laberinto de chatarra, coches y luego los monstruos. Podría ser perfectamente el argumento ideal para cualquier juego. Acceder al edificio sin ser visto por ninguna de esas criaturas. ¿Lo conseguiría ahora yo? Desde luego tenía mucho más que perder de lo que podrías arriesgar en uno de esos videojuegos.

... — estaba a punto de suplicar en voz alta, si es que existía alguien que aún escuchara. Tapé mis labios con ambas manos y comencé a caminar lentamente entre los vehículos, gacha y siempre atenta para evitar a los zombies y esconderme bien. La venda en mi brazo se teñía de un color rojizo oscuro; debía llegar lo antes posible.

Logré llegar hasta de las tiendas de emergencia que se encontraba aún en pie, a muy duras penas, frente a la fachada principal. Antes de que me vieran algunos de los zombies del exterior me oculté dentro de estas. Los plásticos estaban rajados en la mayoría de paredes, pero servirían para ocultarme.

A través de los arañazos en los plásticos logré distinguir la puerta del hospital a unos escasos diez metros. Mi error fue dar por hecho que ya estaba a salvo. Salí rápidamente de la tienda y prácticamente corriendo hacia la puerta, tuve que frenar en seco cuando de la nada se me cruzó uno de ellos. Mi primera reacción fue retroceder varios pasos, viendo como mostraba unas fauces llenas de sangre coagulada, cuando estaba a punto de lanzarse a por mi me eché a un lado esquivándole y corrí hacia la puerta. El problema era que había logrado llamar la atención de más zombies del aparcamiento, que ahora avanzaban todos a por mi y que la puerta del hospital era de cristal. Entré veloz en la recepción cerrando y colocando una muleta en las manillas para evitar que esta se abriera. Al otro lado media docena de ellos llegaban y comenzaban a golpear el cristal... no aguantaría mucho, así que debía buscar lo que necesitaba ya y escapar.


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31 de julio de 2015 // Hospital a las afueras de Norfolk, Condado de Virginia // Media tarde // Soleado
Miré el mapa concienzudamente, pasar a través de los zombies no sería mucho problema si actuaba como ellos, el problema sería salir de virginia para llegar a Nueva York. Me había alejado bastante, también era cierto que desde que me mordieron, tampoco tenía muchas ganas de volver a mi antiguo apartamento a seguir dejando notitas...

Una vez tuve todo decidido, modo de entrada y de salida, me puse manos a la obra. Iba a ir al hospital primero. Antes de cada viaje siempre buscaba una farmacia o un hospital para hacerme con lo que pudiese, una nunca sabe con lo que se va a encontrar. Y además quería ver si encontraba algún microscopio. Quería ver si había forma de "curarme".

Cuando llegué a la parte donde empezaba a haber zombies a tropel respiré hondo, me iba a costar la vida y no siempre funcionaba. Iba con una mochila, los zombies no van con nada. Necesitaba acompasar mis pasos a los suyos, iba a ser eterno. Eternamente mortal. Me recompuse, cuanto antes empezase antes llegaría.

Empecé a andar cual zombie, respiraba lo menos posible, no sabía si los zombies respiraban o no así que intentaba que no se notase mucho si yo lo hacía o no. No emití sonido alguno. Las veces que lo intenté, sonar como ellos, fueron las peores veces. Y una vez crucé la puerta del hospital seguí igual. No quería llamar la atención una vez dentro. Pero cuando ya no vi zombies al rededor, al girar la esquina, me derrumbé en el suelo. Respiré hondo varias veces, sentía que el corazón me iba a estallar.

Y de repente escuché como la jauría de zombies se movía. ¿Cómo? Si yo había pasado perfectamente, no me había visto, me asomé y ahí la vi. -Mierda- solté amargamente. Mis planes al garete, iba a tener que darme prisa y olvidarme del microscopio. Pero vi la herida. Pintaba mal. -Necesitas ayuda, soy... era médico a punto de licenciarme en cirugía- dije levantando las manos y saliendo de mi escondite. No tenía armas a mi alcance, mi palo de golf estaba colgado en la mochila, así que no podría cogerlo rápidamente, tendría que fiarme de la mujer y en que no quisiese matarme.

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Por un instante los miré fijamente, casi como si me hubieran hipnotizado. Almas vacías, atormentadas, cuerpos muertos... ¿En eso se habrían convertido todos aquellos que me importaron? Un escalofrío me recorrió de arriba abajo, no era capaz de pensar en ello y por tanto alejé esas ideas de mi cabeza, a la vez que alguien más me pedía atención. Ahora sí que mi cuerpo se tensó, si es que era posible más.

Por favor... — susurré a modo de saludo. Alcé instintivamente las manos y me giré dejando claro que no era una amenaza. Se trataba de una mujer, de cabello claro y que estaría ya en la treintena. Aparentemente iba sola y eso aunque me tranquilizaba algo no aplacaba los nervios que suponía encontrar a un extraño.

¿En serio? Me vendría de perlas, sé coser heridas, pero... — hasta ahora había estado evitando el contacto con otras personas precisamente por eso mismo. ¿Hoy en día de quién te podías fiar? — He llegado hasta aquí buscando con que curar la herida de mi brazo; me corté con una alambrada al huir de unos zombies, puede verlo, no es una mordedura... — también sabía lo que suponía ver a alguien con un brazo sangrando. Había visto como disparaban a otros por mucho menos.

Había visto tanto en los últimos años que... incluso mi reacción tan temerosa ante su presencia se quedaba corta. Mi mirada se desviaba de un lugar a otro: de la suya, a mi brazo... y a uno de los espejos que mostraba el reflejo de lo que tenía atrás.

Ese cristal no aguantará mucho más tampoco — los zombies no tardarían en entrar. Sus continuos alaridos provocaban en mi más nerviosismo y cada golpe que daban provocaba que mi corazón latiera con más fuerza. No dejaba de preguntarme ¿sería ese golpe el definitivo para entrar y atraparme o tal vez el siguiente?

Entretanto me fijé en un carrito que había en una esquina, aparentemente estaba vacío, lleno de gasas manchadas, bolsas ya abiertas y sin contenido alguno... pero distinguí en él una que se había caído al suelo, era azul y la marca me señalaba lo que era.

Estoy viendo justo ahí una bolsa con una aguja, la necesito para coser la herida de mi brazo, por favor... — la señalé con mi mano sana. — Tengo hilo, solo necesito la aguja... — avancé rápidamente hacia ello, me hice con el paquete y corrí en su dirección escaleras arriba. — Tenemos que huir antes de que entren — si lográbamos perderlos de vista tal vez tuviéramos una oportunidad.


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31 de julio de 2015 // Hospital a las afueras de Norfolk, Condado de Virginia // Media tarde // Soleado
Sonreí de lado negando cuando empezó a decir y explicarse. -No te preocupes, hay heridas a las que simplemente no se llega o se necesita a una persona de vez en cuando, yo misma he tenido que instruir a gente para coserme- dije rápidamente. No necesitábamos sentarnos a tomar el té, pero igual la breve conversación si era efectiva para la confianza. Escasa en estos momentos.

El mordisco, instintivamente mi mano fue a mi muslo, por eso solía llevar pantalones largos desde que me mordieron, hiciera o no calor. Peor era que me vieran el mordisco. Y no sé cómo se me daría mentir a estas alturas, sin casi apenas contacto con otra gente. Igual lo hacía genial, igual no. Y como siempre, la confianza, no siempre era algo que podías dar por garantizado. Yo me podría desvivir por ayudar, pero igual la otra persona me mataba sólo por lo que llevaba en la mochila.

Los golpes de los zombies contra el cristal eran constantes, casi parecían una nana, a veces no les hacía ni caso, pero actualmente, no tenía el lujo de hacerme pasar por una de ellos. -Vamos entonces- Me fijé en el carrito donde se fijó ella y revisé por si veía desinfectante, gasas o hilo nuevo. Cualquier cosa era bienvenida. Cogí algún paquetillo de gasas sin abrir y alguna aguja que vi a parte de la que vio ella. No todos buscaban estas cosas. Y eso era música para mis oídos.

-Podemos meternos en algún baño de alguna habitación, no creo que nos persigan tanto, mientras no nos escuchen...- porque todo lo demás tenía ventanas y era fácil entrar y no esconderse. La planta de cirugía era la que más quería visitar cuando tenía tiempo, pero ¿cuándo tienes tiempo con zombies persiguiéndote? Subí las escaleras corriendo, parándome si lo que veía era imprescindible.

Una vez en la planta de arriba lideré el camino abriendo una puerta de una habitación random, no había zombies por de pronto -Si tienes una idea mejor, soy toda oidos- dije antes de entrar. Estaba aquí ya principalmente para curarle la herida y abastecerme, no iba a dejarla a la merced de esos bichos sin curarla. Vi una tubería de hierro y la cogí, nunca sabes cuando vas a necesitar una y un palo de golf... No hacía mucho.


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Los segundos pasaban a una velocidad normal, pero para mi parecían horas.

Los zombies no tardarían en entrar y ella también lo sabía. Seguí sus pasos hacia la planta de arriba. El sonido de los cristales provocó que mi corazón comenzara a latir con fuerza. Aligeré el paso y acabamos por ocultarnos en una habitación. No es que fuera el lugar más seguro del mundo, pero era un buen plan, ya que ellos no habían visto dónde nos habíamos ocultado y por tanto no podrían dar con nosotros.

Hice varios cursillos de primeros auxilios — recogí la aguja que yo misma me había llevado de abajo y rebusqué entre mis cosas y por la habitación, a parte del hilo, la aguja y unas gasas que tenía di con un bote de antiséptico en uno de los estantes, serviría. — Trabajaba en el CDC en Atlanta, nos obligaban a hacer continuamente cursillos así... — me senté en la camilla para poder apartar el paño, con mucho cuidado, dolía bastante. — Estuve con un grupo de gente al inicio además, continuamente estaba curando heridas... — necesitaba hablar para mantenerme un poco distraída mientras que limpiaba la herida con las gasas y el antiséptico, luego cosería y necesitaba esa conversación para tratar de alejar el dolor. — Éramos más de veinte personas y ahora solo quedo yo — respiré hondo y antes de comenzar a coser, la miré a ella.

¿Puedes hacerlo tú mejor? — sabía que podía coser heridas, ¿pero a mi misma? No sabía si sería capaz de aguantar el dolor, ¿y si me desmayaba?

Un repentino ruido, procedente del pasillo me hizo girar velozmente la cabeza hacia la puerta. Seguramente era algún zombie que había llegado hasta allí. Aunque no supieran que estaban ahí podría ser un problema a la hora de salir. Volví a mirar a la mujer de cabello rubio, mi expresión fue una mezcla entre puro terror y desconcierto, ¿qué se suponía que íbamos a hacer ahora? Si eran demasiados estaríamos allí atrapados. Tal vez por la ventana... pudiéramos trepar por la fachada... no, sería mejor ir por partes, primero mi herida.


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31 de julio de 2015 // Hospital a las afueras de Norfolk, Condado de Virginia // Media tarde // Soleado
Lo primero que pude notar, es que la mujer necesitaba distraerse y lo hacía hablando. No me quejaba, me gustaba la conversación, siempre y cuando no me estuviese escondiendo de zombies. Madre mía... ¡Parecía un loro! Me arme de paciencia, cada uno se las ingenia como puede y ella lo hacía así, íbamos a necesitar algo mejor que escondernos en una habitación. Íbamos a necesitar que sonasen cosas en otras para que no se centrasen en esta.

Dejé que terminase de habar todo lo que necesitase, mientras buscaba un teléfono de estos que se llamaban entre ellos por linea directa, quería llamar a la habitación más lejana para que no viniesen aquí y la escucharan hablar. Cuando dijo que eran veinte y sólo quedaba ella ahora, me quedé atónita. Era raro que un grupo tan grande acabase en una sola persona. -¿Os separasteis o han ido...?- No quise terminar la frase pero supongo que el final era obvio.

Me acerqué en cuanto pidió ayuda. Pero claro, zombies. Señalé el teléfono, recé para que hubiera linea o al menos funcionase con medios que aún no se habían roto, no era experta en esto, pero sabía que funcionaban muchas veces cuando no había energía. Hice una llamada, a la habitación de al lado, sólo podía adivinar ese número. Esperé y sonó. Rápidamente volví a la mujer, le quité la aguja y empecé a coser sin decir ni mu mientras en la habitación del otro lado, sonaba el teléfono. -Seré rápida, lo prometo- Realmente no sabía si iba a ser tan rápida, pero tenía que intentarlo por ella. Y por nosotras. Lo del teléfono no duraría mucho.

Terminé, le limpié la herida rápidamente y usé una de las gasas que había cogido para taparle la herida y se lo sujeté con cinta de papel. -Espero que no se te suelten los puntos si tenemos que salir luchando- musité con la tubería de hierro ya en la mano y dispuesta a salir por la puerta por la que habíamos entrado.


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Creo que sí, espero que algunos... sigan con vida aún, pero no lo sé — repentinamente mis ojos se humedecieron, pero contuve las ganas de llorar, aquello aún me seguía afectando y era normal, después de todo... aún no podía creer lo que había pasado.

Eso ha sido muy ingenioso — sonreí ligeramente, aquella idea nos ayudaría a despistar a esas cosas, a dejarlas más lejos de nosotras. El pasillo no tardó en ser inundado de esos seres, los gruñidos, pasos, golpes... todos en dirección hacia donde sonaba el teléfono. — ¿Eras médico, verdad? — no lograba recordar si me lo había dicho, pero yo había dado por hecho que sí. Evitaba mirar la herida del brazo o como ella cosía mi piel, el dolor era punzante, e insoportable, pero no me quedaba de otra que aguantar. Apretaba la mandíbula con fuerza y contenía el querer gritar.

A mi padre sé que no le hizo tanta ilusión que fuera científica, quería una médico en la familia... aunque sé que si me hubiera quedado con ellos trabajando bien duro en su tienda, probablemente se habría sentido igual de orgulloso, era lo único que quería, no aspiró a nada más nunca realmente — me costaba hablar, procuraba no alzar demasiado la voz, mi respiración se notaba agitada y hablaba lo más rápido posible, como si eso me ayudara a contener el dolor.

Era de Nueva York, pero me mudé a Atlanta, ¿y tú? — mi frente comenzaba a sudar ligeramente, el dolor había pasado prácticamente a un segundo plano y ahora sentía un fuerte mareo que comenzaba a nublar mi mente y a apoderarse de todo. — La cabeza me da vueltas, pero creo que aguantaré... — y cuando terminó con la última punzada tomé aire con fuerza y me dejé caer un segundo hacia atrás, cerré los ojos e hice un gran esfuerzo por mentalizarme en que ahora no era momento de descansar, aunque fuera lo que más quería ahora en el mundo. Yo misma limpié un poco por encima y cubrí la herida con una venda. Debíamos salir de ahí.

Me levanté con cuidado y miré hacia la puerta. Ahora venía la parte más difícil.

Deberíamos tratar de llamar a otra habitación mucho más lejana, dejarles irse hacia allí y tratar de salir, ¿no? — me parecía una gran idea, pero no estaba segura de si funcionaría o no. Por lo que había en juego más valía que sí.

Dados para saber si mi personaje se desmaya o logra mantenerse a raya:
Sí - Se desmaya.
No - Logra aguantar.


Spoiler:

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El miembro 'Daisy Ross' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dilemas' :

Resultados :



We are Enjoy the Silence 4.0:

¡Cinco años de zombies y los que nos quedan! ¡GRACIAS A TODOS!

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31 de julio de 2015 // Hospital a las afueras de Norfolk, Condado de Virginia // Media tarde // Soleado
-Yo tendría fe, si aguantaron al principio, esto es coser y cantar- Musité pensando en mi mordisco. No todos corrían la misma suerte, eso seguro. Pero estaba claro que algunos, teníamos o la suerte o la maldición de estar bien tras ser mordidos. No lo entendía, yo era médico, no científica y no me gustaba mucho el mundo de la investigación, pero bueno. Igual, si había más confianza en alguien experto en estos temas... Creo que ni eso. Había muchas lagunas. Nunca sabríamos que pasó a ciencia cierta, pero alguien provocó esto, la naturaleza no podía haber sido. El fondo de mi ser me decía y me aseguraba, que esto era la culpa del hombre.

-Sí, así que estas en buenas manos- dije sonriendo de lado a lado. Estaba orgullosa de serlo, aunque estuviese terminando cirugía, lo demás lo había atinado. -Tu padre estará orgullosos de ti pese a que seas científico, los padres siempre están orgullosos de nosotros, hasta cuando nos equivocamos- Algunos podrían mostrar desacuerdo con nuestras decisiones, pero en el fondo muy fondo, sólo intentaban hacer lo mejor para nosotros y una vez atinábamos con el camino correcto, lo demás carecía de importancia.

Sonreí al escuchar que era de Nueva York, una paisana, pero en cuanto dijo que le daba vueltas la cabeza... No me gustó tanto. -Vamos hermosa, no ha sido nada, tu puedes con esto y más... ¡Ah! soy de Nueva York, de toda la vida, hasta ahora no me había movido de allí- dije animando todo lo que pude en el nivel de voz que debíamos tener. La vigilé mientras se ponía en pie y me decía eso, puse mueca rara y asentí. -Deberíamos, pero tengo que encontrar la guía- dije mirando por todos lados. No quería descuidar a la mujer pero su plan era bueno y tendríamos mejor posibilidades si nos daban espacio.

-¡Lo encontré!- Exclamé bajito. Busqué la habitación más lejana del piso de arriba, era demasiado, pero igual lo lograba sino, llamaría a una de este piso, pero nos venía mejor el de arriba. Llamé, espere. El sudor me caía por la frente a gota gorda. Temía que no picasen. Pero poco a poco escuché cómo los zombies se movían. Miré a la mujer que estaba conmigo con ilusión. ¡Íbamos a tener suerte!




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