• Welcome
  • Basic
  • Extra!

Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
¿Quién está en línea?
En total hay 10 usuarios en línea: 2 Registrados, 0 Ocultos y 8 Invitados :: 1 Motor de búsqueda

Dante De Witt, Nicholas Robles

[ Ver toda la lista ]


Élite
Magic WordsLacim TenebrisTime Of HeroesExpectro Patronum
Hermanos
Directorios

Los últimos pasos hacia el fin [Roger Maxon]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

28 de noviembre de 2012.
Madrugada, Ciudad de Nueva York.


Observó su reloj de pulsera; habían pasado apenas unos minutos de la media noche. Tal vez fuera extraño, pero la mujer comenzó a reírse y tan repentinamente como reía se llevó ambas manos a la cabeza y empezó a llorar de forma histérica. Había habido un momento durante aquella mañana en el que creyó que no llegaría con vida al día siguiente y al parecer se equivocaba, había logrado sobrevivir un día entero en aquel infierno que comenzaba a resurgir en las entrañas de la mismísima Nueva York.

Abby se miró en el espejo, su rostro estaba ligeramente manchado: polvo, tierra e incluso sangre, al igual que sus ropas. Apresuradamente se quitó la camisa y comenzó a frotar la mancha de sangre con agua que dejó caer del grifo, solo consiguió difuminar la mancha y hacer que se extendiera algo más sobre la tela. Al ver esto cerró el grifo de un solo manotazo, lanzó la camisa a un lado y se dejó caer en el suelo del baño entre sollozos. Cuando se llevó ambas manos a la cara las escenas que había vivido apenas hacía unas horas la invadieron y comenzó a sentir aquella sensación de histeria de nuevo: ¿cómo era posible aquello?, ¿qué estaba pasando?, ¿era de verdad real?

Había visto morir a varias personas, entre ellas a Antonio y eso provocó que comenzara a llorar aún más, aquel hombre había sido su compañero de trabajo en más de una ocasión y juntos habían logrado sobrevivir a más de un infierno, pero no a aquel, no a ese que era sin duda un millón de veces peor que todo lo que había vivido: ni Kabul, Gaza, Homs... Abby, como reportera gráfica, pensaba que ya lo había visto todo, se equivocaba. Apenas era capaz aún de dar crédito a lo que había vivido y eso que lo había visto con sus propios ojos, sin embargo, una parte de ella se mostraba aún reticente; deseaba haber perdido el juicio, que aquello fuera producto de su imaginación o la peor de sus pesadillas, pero no despertaba.

Cuando el teléfono comenzó a sonar Abby corrió a él para contestar: prácticamente en todo el día no había sido capaz de usarlo, pues la líneas estaban saturadas.

¿Alissa? — Preguntó tartamudeando el nombre de su jefa. Era ella. — No, yo... — Empezó a decir. — Alissa, esto es demasiado, no sé si seré... — Su jefa, que se encontraba fuera de la ciudad y no era capaz ni de imaginar por lo que estaba pasando Abigail insistía en que la necesitaba allí: al parecer no tenía a nadie más, solo había logrado contactar con ella. — Alissa, se está desarrollando una guerra aquí, en pleno suelo americano y no cualquier guerra es... — Claro estaba que Alissa sabía como tocarle la fibra a Abby para convencerla: solo tuvo que recitarle el propio lema que ella misma tenía. Abigail siempre que se encontraba en una situación así se decía lo mismo. Así que tomó aire y aceptó. — Está bien — El problema era que mientras que la motivación de Abby era más personal y humanitaria que otra cosa, la de Alissa era movida tan solo por el dinero y la idea de tener una exclusiva.

Se colocó la chaqueta y decidió salir del baño, se había encerrado en el lavabo de una cafetería: esta estaba desvalijada, la gente había huido a la primera de cambio. Las sillas y mesas estaban tiradas por el suelo, incluso había algún que otro rastro de sangre aún fresco entre el mobilario. La mujer comenzó a caminar en dirección de la salida: fuera no se veía gran cosa. Caminaba con su cámara colgada del cuello, y entre ambas manos la pata de una silla rota. Cuando se acercó a la salida asomó la cabeza a la calle, no se veía ni un alma y eso le dio valor para salir, Abby se había confiado ahora que en la calle no veía nadie, sin darse cuenta de que el peligro procedía de dentro de la cafetería. Detrás de la barra se había levantado el antiguo dependiente, con el rostro desencajado, heridas por toda su anatomía, ropas rasgadas y llenas de sangre... La mujer no se había dado cuenta y esta hora iba a por ella.


Gracias:

Volver arriba Ir abajo

28 de noviembre de 2012.
Madrugada, Ciudad de Nueva York.


La madrugada envolvía al SEAL con aquella ventisca que en cualquier otro momento hubiese sido agradable, de no ser porque traía consigo un silencio sepulcral, calles muertas, si, tan muertas como los cuerpos que estaban sobre ellas, personas inocentes que no sabían ni por donde llegaban, había sido un día bastante trágico para su grupo, hicieron lo que estuvo en sus manos para ayudar a movilizar a los civiles a zonas seguras y atender a los heridos. Aún que a cambio de varios buenos hombres al mando de el Teniente, sus placas estaban ahora colgadas en su cuello, cómo un recordatorio de su partida.

Tuvo que separarse de su grupo tras crear una distracción para darles tiempo a sus compañeros y a un par de civiles heridos, acordaron mantener contacto por los radios y encontrarse en el punto de Reunión Alfa, el estacionamiento subterráneo de la estación de policía. Cubriéndose con cada auto y en cada esquina posible, avanzó, acompañado únicamente de su Cuchillo militar, fiel compañero en ese campo de batalla abandonado por dios, no podía detenerse a llorar las muertes de sus compañeros, lo haría en otro momento, cuando estuviese seguro por ejemplo. Mientras avanzaba, revisaba a través de las ventanas de los comercios en busca de alguna señal de vida sin mucho éxito.

Fue en aquel momento en el que corrió pasando de una esquina a un callejón, cubriéndose mientras pegaba la espalda a la pared más cercana, acercándose a la orilla de la misma, observando la situación de la calle. Para su sorpresa una silueta femenina salía del interior de un edificio a escasos metros de el callejón. Desenfundo aquel largo cuchillo y lo empuño con fuerza. salió a cuclillas, avanzando con cuidado de no hacer ruido, aún que en el momento en el que salió se dio cuenta de que en realidad era una civil, la forma en la que sostenía aquel trozo de madera le indicaba que estaba dispuesta a luchar por su sobrevivencia.
Aquella postal se vió amenazada por una figura que avanzaba torpemente en dirección a la fémina, tenía que ayudarle.

Apresuró el paso aún a cuclillas y estando a una distancia más corta el hombre comenzó a correr, esta vez completamente recto. Soltando una brutal estocada con el largo y afilado cuchillo en la sien del infectado. Se les había autorizado el uso de fuerza bruta para garantizar la sobrevivencia de los civiles y la propia y si algo había notado tras la pérdida de los suyos, era que cualquier impacto lejos de la cabeza era un malgasto de munición o energía. Retiro su cuchillo y el acechador se desplomó, soltando un quejido seco, más parecido a un suspiro.

Observó al humanoide a sus pies, viendo cómo brotaba aquel carmesí con fragmentos de materia gris. Negando con la cabeza, levando la mirada para encontrarse con la mujer que, por su expresión, parecía no haberse dado cuenta de que tenía un "admirador" siguiendo.

- ¿Está bien? - Preguntó, observando a la mujer un poco más claro, la luz de la luna no les ayudaba mucho a notar los detalles a su alrededor. -Debemos movernos, las calles no son seguras. - Comentó en voz baja, mientras se acuclillaba nuevamente con la intención de limpiar su cuchillo, embarrando la ropa del muerto con su propia sangre, tras estro, procedió a levantarse de nuevo y guardar su arma en su funda, con suma precaución. - Soy el Teniente Roger Maxon, de los Navy SEAL's, le guiaré a una zona segura, donde se asegurarán de brindarle la ayuda que necesita.- Se presentó, indicando con un movimiento de su cabeza que le siguiera, tomando aquella postura nuevamente tras acuclillarse y avanzar en dirección a la esquina contraria a la que lo había llevado a aquella calle, llegando a la esquina, donde repitió el modo de comprobar la siguiente calle, asomándose un poco desde la esquina, notando un par de vehículos abandonados, uno a escasos metros de la esquina, otro callejón a mitad de la calle del lado contrario y algunos sujetos agresivos más.
Giro su cabeza para ver sobre su hombro a su contraría. - Hay unos cuantos, avanzará con cuidado al auto que está enseguida, voy detrás suyo para cubrirle, debe de confiar en mi. - Indico en voz baja, desenfundando su cuchillo de nuevo, colocando su espalda contra la pared, asomando un poco su cabeza nuevamente en dirección a la calle, empuñando el cuchillo con fuerza mientras observaba los movimientos torpes de las criaturas, tratando de anticipar sus movimientos para proceder con el avance camino a la estación.

Volver arriba Ir abajo

El frío de la noche le heló la sangre: pero no era solo aquello, sino la situación. Era demasiado para ella, demasiado para cualquiera. Resultaba triste admitirlo, pero ella por un lado estaba acostumbrada a ver el caos, la guerra... pero siempre en lugares diferentes, lejanos y sin embargo hoy la sangre corría en pleno centro de una de las ciudades más importantes del mundo. La cabeza le daba vueltas aún: ella siempre se había creído a salvo en casa, ¿pero qué pasaba cuando su casa era destruida como estaba ocurriendo? Aquello no era ni comprable con otras tragedias vividas por la ciudad, todas ellas quedaban olvidadas en comparación a esta: un virus extraño, algo que hacía a la gente enfermar y levantarse para devorar a otros y continuar con ese circulo vicioso de sangre y vísceras.

Los disparos resonaron en la lejanía, a Abby se le erizó la piel. Sujetó aquel palo con fuerza entre sus manos y se dispuso a salir del comercio. Se sobresaltó cuando se dio cuenta de que no estaba sola, alguien se acercaba a ella, de primeras le dio la sensación de que la iba a atacar y a punto estuvo de alzar la pata de la silla para defenderse. Entonces lo vio, el zombie que se abalanzaba sobre ella y como el soldado llegaba en el momento justo de acabar con él antes de que la matara a ella.

Yo... — palideció, el palo se le cayó de las manos. — He estado a punto de... — un escalofrío la recorrió de arriba a abajo y prefirió no pensar en ello. — Gracias, debí estar más atenta — era un SEAL, el Teniente Roger Maxon, Abby estaba acostumbrada a tratar con ellos y no, no solían caerle muy bien a la reportera, que siempre se veía obligada a discutir con ellos para hacer su trabajo, además de que por lo general solían ser muy creídos. Ser la fuerza élite del ejército americano les tenía el ego por encima de las nubes, la diferencia era que este acababa de salvarle la vida.

Abigail Roth, trabajo para... — a Abby no le dio mucho tiempo a decir nada más, pues el hombre se dirigió en otra dirección alegando que la llevaría a un lugar seguro. Eso la tentaba, pero no estaba segura de si primero debía seguir con su trabajo o descansar algo. La segunda opción era tan tentadora...

Eh... eh, espera, espera — empezó a seguirlo, exclamando entre susurros. Había soltado aquel palo, porque con el SEAL se sentía más segura, pero no se había olvidad de su cámara. Avanzó gacha tras él, la escena era... ¿absorbente? Como fotógrafa había aprendido a fijarse en la belleza de la escena, por horrible que fuera o en detalles de los que otros pasaban. Alzó su Nikon, observó a través del visor, y encuadró la escena que robaría para siempre. El soldado de cuclillas, cubriéndose con un edificio a la derecha y en frente la ciudad completamente desolada. El flash saltó a la vez que presionaba el botón. Ahora de seguro que habría captado su atención.

Es lo que trataba de decirle, trabajo para Associated Press — dijo ella detrás de él, tranquilamente, mientras revisaba la foto que acababa de tomar y luego se señalaba el parche amarillo fosforito de su chaqueta donde rezaba un "PRENSA" y debajo un "صحافة".


Gracias:

Volver arriba Ir abajo

Estaba tan concentrado en proteger y garantizar un avance seguro que descuido sus acciones, sin prestar atención a la contraría, quien bien podía haberle atacado mientras estaba observando la calle continua, un buen golpe a la cabeza y listo, ahí quedaba el esfuerzo de años en entrenamiento militar. Giró justo a tiempo para observar el por que la chica seguía hablando en vez de avanzar. Justo a tiempo para lo peor.
El golpe en la cabeza hubiese sido mejor opción que recibir aquel llamativo golpe de luz. Y es que era llamativo tanto para el, cómo para los infectados cercanos, su suerte lo había llevado a recibir el golpe de luz directo en los ojos. En otra situación no habría sido tan escandaloso, pero sus ojos estaban ajustándose a la oscuridad por las fallas en el sistema de iluminación publica, por lo que la luz le afecto más de lo que podría haberse imaginado.

Comenzó a abrir y cerrar los ojos, tratando de recuperar la percepción de lo que ocurría a su alrededor. Escuchando atento lo dicho por la mujer, escuchando los quejidos y el cómo realizaban un avance en su dirección. Cerró los ojos y realizó una mueca con desagrado, abriendo tras unos segundos, su vista volvió. - De todos los momentos que podrías elegir para jugar con tú cámara, tenía que ser éste. - Dijo con notable descontento, asomándose un poco por tercera ocasión en dirección a la calle por la cual tenía pensado avanzar. La luz los atrajo, cómo moscas, podía distinguir su forma de avanzar tan torpe pero desesperada, estaban ya a unos cuantos metros de distancia. El correr a tomar cubierto detrás del auto era suicidio en ese punto.

Se levantó y enfundó su cuchillo, avanzando en dirección a su contraria, por el avance tan pequeño en cada paso de los infectados, podía calcular que tenían dos minutos, tres en el mejor de los casos para esconderse. Y aún que fuese un error garrafal que posiblemente no considero, no podía dejarla ahí abandonada y ver como se convertía en una de ellos a cada mordisco.

La sujeto del brazo, guiandola al edificio más cercano, aún que tratando de no ejercer demasiada fuerza cómo para lastimarla. Para su suerte era el edificio del que había salido el sujeto al que le hizo una lobotomía casera con su cuchillo, una especie de cafetería o restaurante. El sitio estaba en la ruina, como si aparte de todo un huracán hubiese surgido de la nada en medio del establecimiento y voltease todo de cabeza. La guió en dirección a una puerta cercana a la barra, misma que asumía era la de la cocina por la falta de perilla y una ventana circular en ella. Soltó la mano de la que asumía era una fotógrafa de la prensa por su presentación. Desenfundo nuevamente su cuchillo con la diestra y abrió la puerta empujándola suavemente con la mano izquierda, empuñando su cuchillo con fuerza, preparado para cualquier sorpresa. El tiempo corría y podía escuchar los quejidos ya cerca, por lo que le indico a la chica que entrara para hacer lo mismo detrás de ella.

Efectivamente, era la cocina, tenía lo básico y era pequeña, no había nadie más, ni un cuerpo ni nada, solo un montón de utensilios tirados y un desorden en el suelo. Se pegó a la puerta, observando a través de la pequeña ventana, aún que había una especie de ventana en medio de la cocina que daba con el interior de la barra, el sitio donde pasaban las órdenes y reciben los pedidos. Se podía observar perfectamente el exterior del local por la ventana de la cocina, gracias a los ventanales del negocio. Ya comenzaban a moverse enfrente de el sitio, reduciendo su paso poco a poco mientras soltaban quejidos y gimoteos.
- No más fotos, no más flash y sobretodo, haz lo que indique para garantizar la sobrevivencia de ambos. - Susurro, girando un momento para verle a los ojos entre aquella oscuridad no tan profunda, localizando en aquel vistazo una puerta trasera, centrando su atención sobre la misma. - Y bien Roth, quedo claro? - preguntó en voz baja clavando su mirada sobre lo poco que veía de la chica.


Vestimenta:

Volver arriba Ir abajo

La imagen no estaba mal, una emblemática calle de Nueva York, completamente desolada y el militar mirando hacia atrás con aire preocupado. Podría ser una de esas fotos que marcan a alguien, que no quedan simplemente vistas y a otro tema. Pero la cara del soldado ahora era un poema.

Ups... Culpa mía, no me he dado cuenta, al igual que usted Señor Teniente Maxon, estoy haciendo mi trabajo — la voz de Abigail fue disminuyendo en el tono poco a poco hasta que prácticamente la última palabra casi fue imperceptible.

Ni siquiera le dejó decir algo más, tiró de si y la hizo seguirle hacia el interior de la cafetería donde se había refugiado momentos antes de aquel encuentro. En esta ocasión a la cocina, permanecieron en silencio, él viendo como llegaban esos seres a la calle, ella rezando porque no nos hubieran visto y al menos de primeras estában teniendo suerte. Abigail había sido muy irresponsable y no se sentía orgullosa de ello, lo que más le molestaba era que la regañina del soldado era certérea. Pero lo peor era que ella siempre tenía cuidado, ¿qué le había pasado en esta ocasión?

Sí, señor... Pero, ¿y fotos sin flash? — Abigail estaba tan cansada que su tono de voz fue algo sarcástico. — Su trabajo es salvar esta ciudad y el mío informar — añadió justo después, ya con más seriedad y en un tono de voz bajo. — Está muriendo gente, he perdido a mis compañeros de toda la vida, si nadie cuenta lo que está pasando... Todas esas personas habrán muerto en vano, seguro que usted lo entiende — trató de apelar a sus propios ideales. El trabajo de ella no era tan noble como a lo mejor lo era el de aquel soldado que se jugaba la vida por otras personas, pero ella también luchaba por esas personas, no de forma directa, pero sí para que esas vidas perdidas no quedasen en el olvido y lo más importante, que se supiera la verdad.

Y ahora, señor teniente, dígame cuáles son nuestras posibilidades — Abby trató de mirar en su propia dirección, pero él era más alto y ella no logró distinguir apenas nada del exterior de la calle. Lo bueno era que no se habían perctado de que se habían refugiado allí, lo malo... que tal vez tuvieran que esperar a que la zona se despejara.


Gracias:

Volver arriba Ir abajo

No sabía ni por dónde comenzar, la actitud de la periodista no le ayudaba en lo más mínimo a lidiar con sus nervios, podía manejar un escuadrón de 20 hombres, incluso pudo dirigir uno de 60 en días recientes, pero por una extraña razón la mujer le superaba, era exasperante, pero lo que más le tocó los nervios fue la comparación que hizo. Quería entender, por más que quería hacerlo el coraje le ganaba, se giro a la ventana, observado nuevamente por la misma sin decir nada. Distinguía a las criaturas enfrente, dando vueltas afuera del sitio, de haber tenido más tiempo inclusive hubiese podido colocar una mesa en la entrada cómo barricada.
El comentario lo hizo estallar - No hay punto de comparación, vienes a decirme que tus compañeros murieron por un reportaje ? Perdí a hombres valientes y que conocía de años, inclusive jóvenes reclutas con la vida por delante, todos ellos protegiendo de verdad a personas cómo tú, que no tienen cuidado, personas con problemas, ayudando a los civiles a salir de sus hogares y guiarlos a puntos seguros, en los cuales ya estaríamos de no ser por un descuido de cierta listilla que creyó prudente una foto cuando estamos a mitad de una de las peores crisis de América.   - Terminó, en voz baja y diciendo todo de golpe, interrumpiendo cada posible espacio que pudiese dejar para que la chica diera argumentó.

Se movió con cuidado de no pisar las sombras del suelo, no sabía que fuese que, con nada más que la pequeña luz de su reloj, iluminó un poco el suelo, sin llamar mucho la atención, apenas lo suficiente para no tropezar o pisar algo que alertará a sus perseguidores.
Llegó a la puerta trasera y giro la perilla, para su suerte, la huída de todos los hizo olvidar cerrar la puerta, misma que conectaba con un vacío callejón y salía a la calle continúa, por la que debían continuar camino a la estación de policía. - Hemos tenido suerte. - Dijo, girándose a la chica, la luz de la luna ahora entraba a la cocina por la puerta trasera, solo iluminaba un poco el suelo, lo que le garantizaría a la chica un avance seguro. - Sabe, lamento lo de hace poco... Estoy un poco... Entiende ¿Cierto? - Preguntó, mirándose arrepentido de verdad pues no solía ser así, era tranquilo, pero el que dijera que su reportaje fuese tan importante cómo la tarea de sus compañeros. - ¿Puede continuar? o ¿Necesita que paremos un poco para que descanse? - preguntó en voz baja, entrecerrando la puerta de la cocina una vez la mujer estuvo cerca de la misma.

Volver arriba Ir abajo

Abigail escuchó con impotencia porque no le dejó hablar, su mandíbula se tensó y en cuanto él calló...

¡No has entendido absolutamente nada! — Abigail quiso gritarle, pero se limitó a hablar en voz baja con notable frustración. Reconocía que ya los había metido en un problema, como para que ahora por su culpa la situación se agravara más, así que se limitó a hablar en voz baja. — Pero que típico de vosotros los soldaditos que a la primera que os hacen una comparación ya os sintáis ofendidos, porque claro, jurasteis proteger la bandera estadounidense y con ella bla bla bla... — hizo gesto de aburrida y señaló con el dedo al tal Maxon, en aquel momento Abby iba a soltar todas y cada una de las cosas que se había callado, porque estaba cansada de que la tratasen como una hiena carroñera de desgracias, ella tenía unos principios por los que luchaba, y sus principios podían ser tan nobles como los de él. — En ningún momento he desmerecido tu labor o la he puesto por debajo de la mía, eso que conste, pero no me vengas ahora a exagerar como hacéis todos y ridiculizar mi oficio, porque todavía no me he cruzado con ningún militar que no se crea el rey dem mambo y menos con los SEAL, que con el ego que tenéis no cabeis por las puertas de vuestras casas — sí, definitivamente Abby se estaba quedando a gusto y sabía que luego se arrepentiría de ello, porque si era cierto que estaba molesta con el Teniente Maxon, desde luego que no era para tanto. Pero llevaba prácticamente un día sin dormir, estaba agotada, preocupada, había visto morir a gente de formas que jamás podría haberse imaginado posibles, horribles sobre todo, la sangre de sus compañeros aún manchaba sus ropas y su piel, olía a barro, sangre, pólvora... Y lo peor de todo, estaba aterrada como nunca, porque por una vez en mucho tiempo no sabía lo que iba a pasar.

No se trata de conseguir un reportaje, ni de la fama, ni del prestigio o los premios que te puedan dar una imagen... Se trata de documentar, de mostrar qué es lo que está pasando. ¿Sabías que tus compañeros que han muerto hoy son listas vacías oficialmente de cara al resto del mundo? Han acordonado la zona y los medios no somos capacyde contactar con el exterior, mi jefa está ahora en su despacho tratando de hacer lo imposible para que esto salga a la luz — Abigail señaló fuera, estaba muy enfadada, pero podría echarse a llorar en aquel mismo momento.

He visto morir a un hombre que ha estado informando sobre conflictos por todo el mundo, que ha sobrevivido a disparos, explosiones, secuestros... Y hace unas horas he visto como lo devoraban vivo. Tú luchas por tu país, nosotros a nuestra manera también, si el mundo no conociera lo que ocurre ahí afuera tu trabajo apenas serviría para nada más que mataros unos a otros — habló tan veloz como él, pues no se iba a callar hasta que no terminase su argumento. Sentía las lágrimas en sus ojos, pero no se permitió llorar. En cuanto soltó la última palabra fue por la puerta que había abierto él y salió rápidamente al callejón.

Estoy bien — no, no lo estaba, pero eso a él le daría igual y ella necesitaba seguir, ni siquiera sabía hacia dónde, solo era consciente de que no podía parar, descansar o mucho menos pensar en lo que estaba pasando o entonces se derrumbaría. Por ahora seguiría con él, aunque después de todo esa idea... no le terminaba de gustar. Ya se arrepentía de haber estallado con él, sabía que en su trabajo debía ser más calmada y sobre todo guardarse sus opiniones para sí misma, para evitar conflictos como aquel.

Salió al callejón y respiró hondo, aquel frío le sentó bien hasta cierto punto, pues era pleno invierno y lo que en un principio fue un alivio para sus ideas, más tarde se convirtió en una tortura para sus extremidades. Caminó por el callejón en sigilo, hacia la salida, se preguntaba a dónde irían.

¿Me estás pidiendo perdón? — Abby se giró hacia el Teniente extrañada, enarcando una ceja. — Eso es nuevo, los militares nunca os disculpais con los periodistas, sé que podemos llegar a ser un incordio... — eso se lo reconoció. — Supongo que yo también lo siento, esto... no es fácil — miró a su alrededor, aún lo hacía con incredulidad.


Gracias:

Volver arriba Ir abajo

Vaya que habían sido pesados los días para ambos, el hombre cargaba con el peso de compañeros que conocía desde su ingreso en los cuerpos de la marina, aunque también el de reclutas que llegaron como primera línea de defensa,  carne de cañón para una misión suicida, todos lo sabían, menos ellos.
Dirigió a sus hombres, hizo lo mejor que pudo para el y los suyos, incluyendo los ciudadanos desprotegidos y sin entrenamiento, lo que tenía por seguro era que le esperaban sus compañeros restantes en la estación de policía, la habían mantenido a raya y las barricadas ya dejaban mucho que desear, pero pasaron de ser la primer línea de defensa a parte de los últimos oficiales en servicio en la ciudad, sabían muy poco de fuera de la ciudad.

Pese a todo el estrés acumulado sabía que había dejado salir gran coraje que tenía con el mismo por el sentimiento de culpa que conllevaba el estar a cargo de tanta gente, era algo que no podría permitirse, no de nuevo y menos por un coraje que podría hacer que la reportera terminara corriendo el mismo destino que sus compañeros o los suyos, todo se evitó con aquella disculpa, ella tenía razón, pero el nunca fue más o menos por un cargo, siempre se mantuvo apegado a sus ideales de justicia y eran los que lo obligaban a mantener la compostura y la cordura, ya habría tiempo para alegar con la reportera, no era ni el lugar ni el momento.

- Núnca será fácil de nuevo si no hacemos nada al respecto, por el momento, agradecería que me siguieras a la estación de policía, evitando exponernos, llegando hablaremos al respecto de lo ocurrido sobre tus compañeros y veremos la forma de evacuar al lado de los demás, entiendo tú lucha, entiendo tú trabajo, pero no vas a llegar lejos y a exponer lo ocurrido si sigues arriesgándote de esa forma. ¿Entiendes?   - Utilizo un tono bajo y menos agresivo que al inicio, no quería volver a ponerle los nervios de punta y que hiciera algo que los pusiera en peligro nuevamente, el lado positivo es que la calle por la que tendrían que moverse para continuar estaba ahora vacía, pues sus perseguidores habían cambiado de calle.

Se colocó en la esquina del callejón para dar un vistazo, efectivamente, no había ni una sola alma o cuerpo deambulante.
Empuñó su cuchillo militar, caminando cerca de los autos, sin intentar recargarse en alguno para evitar alguna posible alarma, pensando que de volver a aparecer algún infectado podría tomar cubierto y pensar en un plan de acción.
Continuó avanzando, guiando a la periodista sin alejarse mucho de ella al avanzar.
Llegó a la esquina de la calle, siguiendo con la cautela de asomarse un poco primero antes de continuar, había un par merodeando un local a unos metros, pero una hilera de autos del otro lado de la calle, podrían avanzar sin problema.
- Irás primero, avanza al otro lado, agachada y lo más rápido que puedas, toma cubierto con el primer auto de la calle, entonces me esperarás. Yo te cubro. - Indico girando en dirección de la chica, que estaba detrás de el, antes de volver a observar la calle, esperando siguiera su indicación.  
Si algo había aprendido era que no podía confiarse, si comenzaban a correr les seguirán y si llegaban a toparse con algunos más no podrían regresar con ellos detrás suyo.

Volver arriba Ir abajo

Lo sé, asumir la muerte es parte de mi... del trabajo, ¿no? Pero sí, seré más cuidadosa — Abby habló en plural al final, ella siempre había pensado que si vivía con miedo sería incapaz de vivir, de hacer su trabajo, atormentarse solo conseguiría atarla y una vez que asumió que moriría tarde o temprano le dio mayor libertad para trabajar. Eso no quería decir que fuera una imprudente, porque siempre trataba de tener cuidado, simplemente había asumido que su trabajo era peligroso y punto.

De acuerdo — la fotógrafa, escondida tras uno de los vehículos, se asomó apenas un poco para comprobar la situación, asintió a las palabras de Roger y asintió. Sujetó la nikon entre su manos, no tenía pensado tomar ninguna imagen, simplemente quería que la cámara la golpease mientras se movía. Cabizbaja y ocultándose tras los coches, Abby comenzó a recorrer aquella distancia lo más sigilosa, rápida y prudente que podía. De vez en cuando echaba un vistazo hacia atrás para mirar a Roger y comprobar que iba bien.

Respiró hondo y prosiguió, con sumo cuidado, avanzando tras los coches poco a poco, apoyando su mano en la carrocería de algunos de ellos, observó a través del cristal y al otro lado de la calle vio a aquellas cosas, no sabían que ella estaba ahí. Abby se permitió un par de segundos para analizarlos. Hasta ahora no los podía haber visto así. ¿Cómo era posible que se tratasen de personas? Era el colmo de la humanidad, se había estado avisando de que las personas estaban destruyendo el mundo, cargándose la naturaleza… y ahora era literal, el ser humano estaba acabando con el ser humano. Fin de todo. ¿Era aquel de verdad el final? Un escalofrío la recorrió de arriba abajo y prosiguió con su camino.

Apenas faltaban dos coches, no era más un paseo de unos diez metros, algo que habría recorrido con los ojos cerrados, pero aquella situación el camino se le estaba haciendo eterno. Se permitió observar a través de los cristales del siguiente coche, bien, seguían caminando por la calle sin ser conscientes de que ellos estaban ahí. Miró hacia atrás en busca de Roger, no lo diría en voz alta pero el teniente la hacía sentir más segura. Jamás se había sentido así en ninguna otra parte, pero claro, en Gaza, Homs, Kabul… ni ninguno de esos sitios se había encontrado en esa situación: no habían zombies que pudieran darle la muerte más terrible de todas como era morir devorada viva, lentamente sintiendo como te arrancaban la piel a tiras, allí te pegaban un tiro con suerte y se acabó. Recordó a Antonio y al cámara, quiso vomitar, llorar… pero no pudo, no hizo nada, ni siquiera fue capaz de avanzar.

De la nada, sí de la nada, porque no se había percatado hasta ahora. En el cristal del coche en el que estaba apareció un rostro, fugazmente. Era un rostro repulsivo, de una mujer, lleno de sangre, estaba en el interior del coche, gruñó con fuerza y se lanzó sobre el cristal golpeándolo. Abby se dio el susto de su vida, pero mantuvo la compostura y no gritó, lo que no pudo evitar fue el susto y caer hacia tras sobre la acera, torpemente. No había sido su culpa, o tal vez sí por detenerse algo más allí… pero esa cosa estaba haciendo mucho ruido y los zombies de la calle iban hacia allá. La fotógrafa buscó con la mirada a Roger, con desesperación y comenzó a correr hacia adelante, para evitar que la vieran, rodeando el coche.


Gracias:

Volver arriba Ir abajo


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.