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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Ebba Sørensen

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Cuando los zombies eran cosa de Romero #Thea Grayson y Sienna Adler

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22 de octubre de 2012 · Comisaría STARS · Nueva York · 22:00
Hoy está esto muy tranquilo... ¿Por qué? — Una curiosa Keith se paseaba por la oficina de los STARS de Nueva York con paso tranquilo. Como si anduviese sobre la barra de equilibrio, la joven de diecinueve años caminaba con lentitud hasta dejarse caer sobre la silla del escritorio de alguno de los miembros de la afamada unidad de élite. La castaña subió ambos pies a la silla, acurrucándose en esta para así impulsarse con ayuda de los brazos y poder girar. Vuelta tras vuelta cerraba los ojos mirando hacia el techo, riéndose como si fuera una cría.

Mary Keith Basanti Kästner — Su padre alzó la mirada por encima del informe para regañarla. Keith sabía que en verdad no la estaba regañando, pues de haberlo hecho habría omitido el "Mary", ella no se llamaba Mary Keith, si no que era algo que su padre utilizaba para picarla a menudo, de haberla querido regañar tan solo le habría bastado y sobrado gritar un "Keith", bien alto. Sin embargo, aquella forma poco convencional era también un método de indicarle que su paciencia estaba por venirse abajo y que requería que su hija se comportara como debía. — Si no hay nadie... — Keith se movió perezosa sin mucho ánimo por hacer caso de su padre, pues andaba ahora curioseando las cosas que yacían sobre la mesa en la que se encontraba. Era como si estas le gritaran: ¡Ven, ven! O algo así... Keith observó el nombre del propietario escrito en una de las carpetas y sonrió con picardía. Pertenecía a Hal Ferris, este era el mejor amigo de su padre y a ella siempre le había parecido, seguramente, el tipo más atractivo que había visto nunca. Tal vez un poco sieso... Pero nadie era perfecto.

Keith se puso a registrar entre sus cosas, tal vez encontrara algo interesante que quedarse, un boli, alguno de esos adornos que solían los chicos colocar en sus mesas... Pero efectivamente Hal era aburrido hasta para eso. Cualquiera de sus amigas se habría vuelto loca por estar donde ahora estaba ella, Keith sabía que siempre la acompañaban a su casa o la estación de policías para ver si lograban ver a Hal, nada más, él era el guaperas de los STARS. Se rascó la cabeza mientras trataba de impulsarse de nuevo con ayuda de la mesa, pero esta vez en la dirección del escritorio de en frente, seguro que Thea tenía cosas más interesantes. — Keith... — La joven alzó la mirada ligeramente sorprendida, su padre estaba justo a su lado y la miraba con muy poca paciencia. Su voz denotó no solo cansancio, si no que algo de decepción y ella parpadeó extrañada, nunca la había llamado así y sabía que empezaba a molestarse porque supuestamente había ido junto a él para echarle una mano, para acabar antes con aquel papeleo y así regresar a casa. — Papá lo siento... — Keith suspiró agachando la mirada ligeramente avergonzada. — Hoy he tenido un día complicado y ahora me distraigo con nada, lo siento — La joven se disculpó mientras que se ponía de pie y el señor Kästner cambiaba su expresión rápidamente. Sabía que su hija hacía poco que había empezado con el trabajo más difícil en la facultad y por eso fue comprensible.

Anda, vete a casa... — Le pidió su padre porque sabía que tardaría y su hija necesitaba descansar, además de que le dio ternura ver como de todas formas Keith se había acercado aún así para tratar de ayudarlo. — ¡No!, te ayudaré, así nos vamos juntos — Keith se apresuró, no solo a decir aquello, si no que salió disparada en la dirección de su escritorio para sentarse y repasar el papeleo que el señor Kästner acababa de rellenar, normalmente era ella la que escribía, pero hoy había ocurrido al revés. No tardó nada en leer el documento y en anotar por encima un par de cosas extrañas, a lápiz para que su padre lo corrigiera. — ¿Qué arma era? — Preguntó ella mientras que se colocaba sus enormes gafas de ver. — Beretta, una R, 93R — El señor Kästner se cruzó de brazos mientras que su hija anotaba aquello, estaba realmente orgulloso de ella. Keith era una chica inteligente, tanto que entendía incluso mejor que él incluso como rellenar esos papeles que le volvían loco, él era un tipo de acción, no de quedarse escribiendo sentado en un despacho. Lo que si sabía es que Keith acabaría siendo una gran forense, sin dudarlo.

Con su ayuda no tardó casi nada en acabar el dichoso informe, justo cuando llamaron a su padre. Él atendió la llamada mientras que Keith añadía ya los últimos detalles, pero alzó la mirada en su dirección cuando el hombre se acercó con esa mirada típica de: Ha surgido algo...Cariño, ha surgido algo y debo salir, vete a casa y avisa a tu madre — Se acercó para coger su chaqueta del perchero y le dio un beso en la frente a su hija. — No, no... Terminaré esto y me iré a casa — Keith sonrió de lado. — Ten cuidado — Le pidió ella, él asintió. — Hasta luego, no te vayas muy tarde — Pidió, ella asintió y el padre de Keith salió rápidamente por la puerta mientras que la joven se disponía ya a terminar aquel papeleo, rellanando los últimos datos, corrigiendo otros o firmando como su padre, que eso era algo que se le daba realmente bien.
Thanks Winter!


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- Genial... - Susurré mientras alzaba ambas manos y Dallas me miraba como si fuera capaz de fulminarme con la mirada. La expresión de la rubia se tornó bastante seria. - ¿Crees que puedes hacerlo mejor que yo no? - La de Texas se puso de pie tras colocarle las esposas a aquel tipo, el ladronzuelo de unos veinte años a lo sumo trató de ponerse en pie. Dallas le empujó con el pie haciendo que este cayera al suelo. - Quieto mocoso - Susurró ella mientras se acercaba en mi dirección sin apartar la mirada de la mía. Ambas serias, como si fuéramos a enzarzarnos en una pelea. Pero entonces la débil sonrisa en sus labios la delató, además de que yo ya la conocía demasiado bien como para que pese a su mal humor ya supiera que la tejana andaba de broma. - ¡Pues claro que si!, ¿qué te has creído tú? - Exclamé de golpe siguiéndole el juego, pese a dejar entrever otra sonrisa en mis labios.

- ¡Claro, ya está la que todo lo sabe! - Dallas alzó la manos quejándose como solía hacer siempre, aunque la mayoría de estas veces fuera siempre de broma. - ¡Lo cierto es que si que podría haberlo hecho mejor, casi me partes el brazo tía! - El detenido se quejó desde el suelo haciendo que Dallas se volviera hacia este. - ¡¿Qué casi me partes el brazo tía?! - Sonreí de lado al ver como ella comenzaba con su buen humor de siempre. - Ven, que te voy a enseñar yo a ti... Vamos, mueve el culo niñato - Dallas tiró del brazo de forma brusca para que el tipo se levantase. Seguidamente señaló el enorme pendiente que llevaba este en la oreja, un dilatador de esos... - ¿Y esto para qué es?, ¿para que te enganche y te lleve a comisaría o el que te pasa esa mierda os saca a pasear con un cordón atados? - Dallas agarró del hombro al chico haciendo que caminara. - ¡Vamos joder que no tengo toda la noche! - Me mordí el labio aguantando una nueva sonrisa, al par que agachaba ligeramente la mirada y los seguía a ambos en la dirección de la comisaría.

- ¿Cuantas clases te has saltado eh?, porque eres un chico listo... Vender cerca de la estación de policía... O te creías muy listo pensando que aquí no habría vigilancia o eres el tipo más idiota del mundo... - Dallas empujaba al tipo en la dirección adecuada mientras que seguía hablando con su sarcasmo, la verdad es que me encantaba su sinceridad y su forma de ser... Dallas era sencillamente única. Habíamos ido a cenar a un bar de ahí al lado, cuando al salir nos encontramos con una escena única. La persecución no duró mucho y el resultado fue aquel mismo.

Al llegar a la comisaría Dallas se llevó al chico para ficharlo, yo le prometí que subiría a la planta superior, a nuestra oficina para rellenar el informe. Así que aquel día echaría unas horas extras de demás, pues se suponía que habíamos acabado nuestro trabajo al menos una hora y media atrás. La oficina a aquellas horas estaba bastante tranquila. Pasé por la recepción saludando a quien estaba allí de guardia y subí hacia arriba por las escaleras que había al fondo. Me sabía aquel recorrido de memoria, ese lugar era prácticamente mi segundo hogar, por no decir el primero, pues me pasaba la vida allí metida básicamente. Al llegar al pasillo me acerqué a la puerta y pasé hacia el interior encontrándome con una auténtica sorpresa.

Sentada en la mesa de Frost estaba nada más ni nada menos que la hija de este, allí sola, sin nadie más. De haber sido otra persona habría puesto el grito en el cielo, pero tratándose de ella solo pude sonreír. Frost no las tenía todas con él a la hora de redactar informes y aunque no fuera bien visto solía ser su hija la que le rellenaba todo el papeleo. Al principio me pareció lo más incompetente del mundo, hasta que entonces me fijé en que los impresos siempre estaban bien, lo curioso era ver que estaba ella sin la compañía de él. Resultaba normal verla de vez en cuando, pues muchas veces Frost se llevaba el trabajo a casa. - Vaya, así que la señorita Kästner también está echando horas extra? - Sonreí a la vez que me acercaba y me sentaba en el borde de la mesa. - Keith, hacía ya un par de semanas que no nos veíamos, ¿qué tal estás? - Pregunté con un notable tono de cariño en mi voz, pues aunque llevara tal vez dos años allí, su padre más y claro, Frost y mi padre siempre se habían llevado bien, por lo que conocía a la hija de Frost desde que ella tenía unos quince años más o menos. - Tengo entendido que acabas de empezar con la universidad, ¿qué tal vas? - Y es que era más que sabido, pues Frost estaba muy orgulloso de ella y siempre le sobraban los momentos para dedicarle alguna mención, Keith estaba estudiando criminología y todos estábamos convencidos de que lo haría muy bien, tan solo había que ver como le gustaba echarnos una mano siempre que podía y lo bien que lo hacía.




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Tras aquello la joven tomó asiento en el sitio de su padre y se puso a acabar con todo aquel papeleo. Sencillo, lo cierto era que aquellas cosas le parecían bastante sencillas. Keith solía prestar atención a todo cuanto su padre le contaba sobre los casos en los que intervenía, después de aquello era tan solo rellenar un par de campos en los que se pedía aquella información, a veces le costaba entender por qué a su padre le suponía tantos problemas aquello.

Oh mierda... — Keith se quejó, uno de los campos lo había rellenado mal y ya sabía que no admitían tachones ni manchas de corrector en aquellos impresos, puedo aunque estuvieran firmados y demás podría haber llegado alguien después y haber cambiado algo importante. Sin más se levantó y se acercó al archivo que había al final de la oficina, pues prácticamente sabía donde estaban todas las cosas en aquel lugar. El problema era que las llaves la tendría su padre. La castaña se giró mientras echaba un vistazo a su alrededor, la mesa de Dick Grayson descansaba al final, presidiendo la oficina delante de una pared adornada con una enorme bandera del grupo, los STARS de Nueva York. — Bueno, espera... — Miró de nuevo hacia su alrededor para asegurarse de que verdaderamente no había nadie, su principal miedo era la puerta principal, pero aún así no le importó. Seguramente Thea conservaría alguna llave del archivador en su mesa. Así que se acercó a la mesa y tras sentarse en su silla comenzó a registrar por encima las cosas, con cuidado de no desordenar nada. Y tenía razón, las cosas de Thea eran mucho más interesantes que las de Hal. — Vaya hombre más aburrido — Exclamó justo cuando escuchó pasos que provenían del pasillo que dirigía hacia la oficina.

Keith en aquel momento sintió que le iba a dar un infarto, saltó prácticamente de la mesa de Thea cerrando los cajones como pudo y corrió lanzándose literalmente sobre la silla de su padre, justo cuando la puerta se abría y ella agachaba la mirada simulando que escribía sin enterarse de nada. Todos en la oficina conocían que Keith ayudaba a su padre con el trabajo, al menos con esa parte que podía realizar, pero claro, de ahí a que la encontraran registrando la mesa de otra persona... Richard a veces se sentía reacio a tenerla por allí y seguramente más de uno pero no lo decían, por lo que prefirió simplemente alejarse de los posibles problemas. Y cuando reconoció la voz de Thea respiró aliviada. La miró con una amplia sonrisa. Verdaderamente Keith admiraba a aquella mujer y además se conocían desde que su padre entró en los STARS, pues sus padres eran buenos amigos además, así que solían verse a menudo. De ahí la alegría de volverla a ver, pues tenía mayor confianza con ella que con el resto de STARS.

¡Thea! — Exclamó mientras veía como la morena tomaba asiento en el borde de la mesa. — Cierto, con la universidad apenas he tenido tiempo de pasarme por aquí, así que busqué un hueco para venir a saludar y a ayudar a mi padre, ya pensaba que no te vería — Puso una expresión triste al decir aquello y negó mientras sujetaba el bolígrafo con ambas manos y la miraba con cierta timidez. Le resultaba extraño estar en aquella posición, Keith en la oficina y ella como si fuera la invitada. Entonces se fijó en que había tirado algo de la mesa de Thea con las prisas, una carpeta y se sintió la peor persona del mundo.  — Si, bien, aunque me siento en otro mundo, la verdad... — Sonrió agachando la mirada, no podía mentirle a la morena, siempre había sido muy amable con ella y sin más se levantó y recogió la carpeta dejándola sobre la mesa de ella. — Estaba buscando la llave del archivador, pensé que tú tendrías una copia en tu mesa y lo tiré, lo siento... Pero, cometí un fallo con el formulario y tenía que buscar otro limpio... Y mi padre no está... Y yo estoy muy cansada — Hablaba con un evidente tono de culpa en su voz mientras señalaba en las direcciones y finalmente la miraba de nuevo a ella.  — Perdona — Susurró arrepentida al final.


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- Lo cierto es que me pillas por los pelos, me marchaba ya a casa, al final la detención de ese idiota ha servido para algo... - Sonreí levemente recordando como Dallas lo estaba torturando prácticamente. - Tendré que pedirle a Dallas que no se pase demasiado con él - Hice una pequeña mueca divertida justo cuando hablábamos de ellos. Keith por su cuenta confirmaba lo de la universidad. Siempre me pareció curiosa la carrera que había tomado, pues lo cierto era que de alguna forma intuía que acabaría en el cuerpo con nosotros o que sería una afamada reportera. Ya que la joven era una fotógrafa bastante buena en su tiempo libre. Aún así siempre me recordó a mi, y seguía haciéndolo pese a que no siguiera mis mismos pasos. No acabaría de forma directa en los STARS, pero seguramente formaría parte del grupo una vez que se graduara, y lo cierto es que me era imposible no hacer las comparaciones, ambas teníamos a padres en el equipo, los idolatrábamos y de alguna forma seguíamos sus pasos, a la vez que ambas en nuestro tiempo los ayudamos en cuanto pudimos y admirábamos aquel lugar como nada, porque si no la joven no se pasaría por allí tantas veces.

- Eso es normal, no estás acostumbrada, espera a que pase un tiempo y ya verás como te haces con el lugar y con todo, seguramente acabarás siendo de as primeras, eso lo sé desde ya - Sonreí mientras que me ponía en pie. - ¿Quieres beber algo?, creo que Dallas o Hal tenían por ahí un par de latas de cocacola - Pero Keith no me dejó ni acercarme a la mesa de alguno de los dos, pues se levantó rápidamente recogiendo una carpeta que estaba en el suelo, no muy lejos de mi mesa. La reconocí como mía y tampoco me dio tiempo a pedir explicación alguna, además de que tampoco le había dado mucha importanciaa, podría haber pasado cualquiera y bastaba con que estuviera en el borde de la mesa para que se cayera. Pero la joven me contó otra historia distinta, pudiendo haberme mentido con cualquier chorrada, que la habría creído de todas formas.

- ¡Keith por favor, no te martirices por eso! - No pude evitar sonreírle de forma cariñosa al ver su expresión, parecía verdaderamente arrepentida, como si hubiera cometido el peor error del mundo. - Mira, lo cierto es que esa llave siempre la llevo conmigo, pero por si vuelve a pasar... - Saqué la pequeña llave del llavero que siempre llevaba en mi bolsillo, se la mostré a Keith y la metí en un vasito que tenía en mi escritorio para los clips, quedaba bastante disimulada y nadie la buscaría ahí, excepto ambas ahora que conocíamos donde estaba. - Cuando te haga falta algo de ahí a sabes donde buscar - Le sonreí mientras que me sentaba en mi escritorio. Pues yo también debía rellenar papeleo de demás. Keith era una chica responsable, no me preocupaba dejar mi llave allí, sabía que podía confiar de sobra en ella. - ¿Me pasas a mi otro formulario ya que estás?, tengo que rellenar otro yo también - Le pedí con amabilidad mientras cogía mis bolígrafos y demás.

- Por cierto, ¿dónde está tu padre?, es raro no verle por aquí - Pregunté con curiosidad recordando que ella misma había dicho que Frost no se encontraba en la oficina y normalmente él solía estar por allí cuando Keith le ayudaba con su trabajo.




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¿Habéis detenido a alguien? — Keith no pudo evitar sonreír cuando Thea le confesó aquello, pese a que especificara que se marchaban ya y que no estarían seguramente de servicio, pero aún así ellas cumplieron con su obligación. Seguramente habría más de uno que habría pasado de ello por tal de marcharse a casa en cuanto pudiera. Ellas no y por tanto la joven no pudo sentirse aún más orgullosa de esa mujer y del equipo en general, como su padre, que seguramente habría actuado de la misma forma. — Eso espero, por ahora el cambio de aires me ha gustado bastante, es lo que te estaba contando, otro mundo y me gusta en verdad, solo tengo que acostumbrarme como dices — Justo antes de confesar aquel gran delito, o al menos casi que lo veía así ella. Estaba arrepentida y triste por la posible reacción de ella, pero Thea se lo tomó bastante bien, es más, tanto que hasta dejó su llave allí, de forma secreta para el resto, menos para ellas dos.

Thea, eres genial, muchísimas gracias — La castaña sonrió de nuevo, ya más relajada que antes, mientras que se acercaba a buscar la llave e iba al archivador como la morena le había pedido. No podía sentirse más contenta. Desde que había empezado a ayudar a su padre solía sentirse como si fuera casi una especie de becaria o novata en la oficina, al principio no la tomaban demasiado en cuenta, pero poco a poco se fueron acostumbrando a su presencia de vez en cuando y la saludaban prácticamente como una más. Incluso en alguna que otra ocasión había ayudado con algún caso y seguramente fue ahí cuando terminó por decidir que quería estudiar. — A ver... — Era ese afán por ayudar a la gente y esa agudeza que Keith tenía para analizarlo todo lo que acabó por decidir cual era la carrera perfecta para ella.

Por cierto esas cocacolas estarían genial ahora — Keith miró de reojo a Thea con una sonrisita pícara. Pues le echó algo de cara ya que estaba sedienta. Seguidamente volvió la mirada hacia el archivador para abrirlo con la llave y echar un vistazo por las carpetas. Aunque no tuviera llave la joven se apañó bastante bien a la hora de buscar la carpeta que contenía dichos impresos. Pues su padre ya le había dejado su llave en alguna ocasión, así que se conocía aquel orden. No tardó demasiado en hacerse con dos fotocopias, cerrar y volver para sentarse en la mesa de su padre de nuevo, no sin antes volver a guardar la llave.

Aquí tienes — Le entregó a Thea el papel que había pedido y entonces se dedicó a rellenar el papel nuevo que ya se sabía casi de memoria. Keith estaba bastante contenta con la situación. Pues se sentía de verdad como si estuviera trabajando en aquella oficina junto a los apreciados STARS. En aquel momento, a parte de fantasear con ello, la muchacha se dijo a si misma que muy pronto, seguramente al finalizar sus estudios se sumaría al cuerpo, al menos como especialista en el campo que desarrollarían sus estudios y pese a las desganas que había sufrido aquellos días por la universidad, ahora estaba deseando continuar con sus clases para progresar y cumplir aquel pequeño sueño cuanto antes.


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- Chorradas - Hice un gesto con la mano, quitándole importancia al asunto. A decir verdad ella si que era una joven increible, genial, vamos, pero no llegué a decirle nada. Keith era una chica muy astuta, ya había demostrado en innumerables ocasiones que acabaría siendo una de las mejores en su trabajo y claro, con aquellos credenciales y sabiendo lo responsable que era no iba a negarle una estúpida llave. Keith me pidió ese par de cocacolas y con una sonrisa bastante divertida me puse de pie para ir a buscar esas dos dichosas latas.

- Creo que estaban aquí... - Me acerqué al mueble donde solíamos guardar algunas botellas de agua y algo de comida por si nos daba hambre en la oficina, efectivamente habían seis latas de cocacola e incluso un paquete de patatas que cogí por si Keith quería picar algo mientras. - ¡Voilà! - Exclamé mostrando ambas cosas mientras que me acercaba a su mesa y las iba dejando sobre esta. Keith no me respondió sobre Frost, y eso me hizo sentir más curiosidad. - ¿Le han llamado? - Pregunté mientras que abría mi lata y seguidamente la bolsa de patatas fritas. - Me refiero a tu padre - Seguidamente me llevé una patata a la boca. Seguramente había habido alguna llamada y por eso Frost no estaba allí, Keith se habría quedado para terminar el papeleo de él, como la buena hija que era.

Tras aquel breve paréntesis decidí acercar mi silla hasta su mesa para que así aquel rato quedase más entre familia, sonreí ligeramente. - Así mejor - Ambas nos quedamos prácticamente al lado la una de la otra, ella con su papeleo y yo con el mío. Empezamos a trabajar en silencio, aunque de vez en cuando comentábamos algo, todo aquello mientras que dábamos buena cuenta de la bebida y el aperitivo. Eso me recordaba que al día siguiente debería reponer lo que había tomado. Ya solíamos todos decir que no importaba, que compartíamos esas cosas, yo era una de ellas, pero aún así prefería no dejar a nadie sin sus cosas para picar. Echábamos muchas horas en aquel lugar y era comprensible contar con algo para almorzar, merendar...

- Pues esto ya está - Tras decir aquello me recosté en la silla mientras me cruzaba de brazos y miraba a Keith con curiosidad. Mi informe era bastante sencillo, apenas tenía que rellenar unos datos, ahora solo debía bajar y darselo a Dallas para que ella terminara con el asunto. Eso me recordaba al pobre chico que estaría pasando un "buen" rato con la rubia. - ¿Necesitas ayuda con algo? - Pregunté a la par que limpiaba las cosas de la mesa de Frost y tiraba los restos y las latas ya vacías a la papelera. Lo que faltaba sería ensuciar la mesa de Frost, con lo que era para sus cosas el hombre. - Tengo que bajar a pasarle esto a Dallas, si has terminado puedes acompañarme, ¿qué me dices Keith? - Me limpié las manos, terminé de dejar todo en su sitio, luego recogí el papel y observé a la joven esperando una respuesta.




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Si, al parecer surgió algo y tuvo que salir — Keith observó a Thea de reojo mientras que se sentaba y comenzaba a pasar toda la información que tenía de un informe a otro. Con sumo cuidado y buena letra la hija de Frost fue rellenando el informe, mientras que Thea se acercaba hasta ella para así trabajar juntas. Sonrió al ver las latas y la bolsa de patatas que Thea había traído, cosa que agradeció de veras, pues la joven se encontraba muerta de hambre. — Acabas de salvarme la vida, aún no he cenado y me muero de hambre — Keith con la mano libre cogió un puñado de patatas fritas que se llevó a la boca mientras que con la otra seguía escribiendo con mucho cuidado el informe de su padre.

No tardaron demasiado en acabar, al parecer lo de Thea no era muy complicado y Keith prácticamente tan solo tenía que copiar todo lo que había en la otra hoja. Cuando acabó asintió a la policía mientras guardaba las cosas en su sitio y rompía el informe a sucio tirándolo en la basura. Luego su padre lo revisaría y lo firmaría. — Eso estaría genial, me gustaría ver a Dallas también ya de paso — Keith conocía a todos los miembros del equipo de STARS de Nueva York, mejor a su padre como era era evidente, luego a Thea y Dallas. Al resto los conocía de vista o de haber tenido alguna conversación banal con ellos mientras que esperaba a su padre o le ayudaba con algo. Keith no solo se dejaba caer por allí para ayudar a su padre en su trabajo, antes cuando salía del instituto se acercaba para así volver a casa con su padre, se quedaba allí sentada estudiando o haciendo sus deberes y cuando el señor Kästner terminaba su trabajo ambos regresaban a su hogar. Así que efectivamente la joven se había pasado mucho tiempo por la comisaría, era muy normal aquel trato con la gente del lugar.

Te acompaño — Keith sonrió con cariño poniéndose en pie. En cuanto Thea y Keith recogieron las cosas del lugar comenzaron a marchar en la dirección que Thea le había indicado. La oficina se encontraba en la planta superior de la comisaría de Nueva York, así que tan solo tuvieron que bajar unas escaleras hasta la recepción. Keith se colocó mejor la chaqueta cuando llegaron a la recepción. Habían bajado las temperaturas en los últimos días y allí solía hacer frío. — ¿Te acompaño? — Keith sabía que aquella zona ya era más cerrada al publico, por ello preguntó justo cuando llegaron allí abajo.

Es tarde y le prometí a mi padre que en cuanto acabara con ello me marcharía a casa, por lo que no tienes por qué preocuparte, me acercaré a la parada y esperaré a un bus — Keith en verdad no tenía muchas ganas de irse, no aún y si podía ver a Dallas las ganas de marchar ya a casa descendían. La rubia siempre le había caído en gracia y le encantaba escuchar sus chistes o simplemente charlar un rato con ella.


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- ¿Pero qué dices Keith? - Miré a la joven casi como si la fuera a matar. - ¡Es tardísimo! - Exclamé alzando ligeramente las manos. - Cuando vea a Frost se va a enterar - Empecé a decirle mientras que ambas nos preparábamos para salir, una vez que recogí todo esto. - Mira que tenerte aquí hasta tan tarde sin comer nada... - Me hice con la chaqueta que había dejado en el perchero y mientras me la ponía yo continuaba hablando. - Vamos, te invito a cenar algo en el bar de abajo y luego te llevo a casa - Cualquiera que me escuchara se echaría a reír, pues ya solía yo hacer ese tipo de cosas yo. No se trataba de despiste ni nada por el estilo, era más bien querer acabar el trabajo pronto. No había nada más.

- Pues no sé yo si la rubia estará para muchas visitas, la verdad... - Miré de reojo a Keith mientras que le sujetaba la puerta para que saliera fuera. - Ya sabes como suele ponerse... - Me llevé el dedo índice a la cabeza e hice el típico gesto de lunática. Podría decirse que Dallas no era la poli mala, si no una mezcla entre esta y una psicópata. Eso sí, siempre obtenía lo que se proponía de esos interrogatorios.

Al bajar las escaleras me acerqué a Keith, los civiles tenían prohibida la entrada a aquella zona de la comisaría, pero al ver la expresión de la chica no pude más que sonreír negando. - Prefiero que en vez de esa cara de pena me digas directamente que te mueres por entrar ahí... - Sonreí con cierta diversión negando. - Anda vamos... - Le hice un gesto con la mano a la joven para que me siguiera por aquel pasillo al fondo de este habían varias puertas, dos de ellas muy cerca, una donde estaría Dallas con ese idiota y la otra con el espejo para así ver tan interesante charla.

- Puedes pasar aquí - Abrí la habitación oscura con el enorme cristal que mostraba la sala de interrogatorios, divisé de reojo a Dallas sentada en la mesa con aquel chico. Seguramente querría saber de donde había sacado la droga. Me acerqué a la puerta de al lado, llamé y la abrí. - Sienna, ¿puedes salir un momento? - Le pregunté a mi amiga y compañera mientras que alzaba el informe además para que ya supiera de que iba tal intromisión. Una  vez que salió y cerró la puerta tras de si aparté la hoja señalando la puerta de al lado que estaba abierta, con Keith dentro. - Mira quien se ha pasado a saludar - Sonreí finalmente cuando señalé a la joven que estaba deseando ver a Dallas. - Queríamos darte antes de marcharnos esto, llevaré a Keith al bar para que cene algo y la llevaré a su casa - Me crucé de brazos mientras miraba a ambas. - ¿Te queda a ti mucho con el chico este? - Pregunté luego.




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Ya pensaba yo que me marchaba a casa, un día más de trabajo y me metería en la cama. Con el frío que hacía estaba deseando meterme bajo las mantas y dormir hasta las mil del día siguiente o hasta que tuviera que ir a trabajar. Tras un largo día de trabajo Thea y yo decidimos ir a cenar al bar de la esquina. A la vuelta nos encontramos un buen número que acabó conmigo en la sala de interrogatorios acompañando a un mocoso que seguramente aún dormía con la luz encendida por las noches. La conversación se hizo larga, pero finalmente el chico confesó y con un extra de cosas que fui anotando en la libreta con una sonrisa. Así era, aquel chico era un mocoso, no sabía ni lo que hacía con su vida y había cierto grupo de idiotas que se aprovechaba de ello. Aunque con aquellas pruebas que habíamos conseguido seguramente los apartábamos de la calle y dejaban en paz a estos chicos que los pobres no sabían ni lo que estaban haciendo con su vida. Incluso era más hasta una victima.

Bueno, la noche te la has ganado en el cinco estrellas —iba a decir algo más cuando llamaron a la puerta—. Espera aquí —le señalé el lugar, aunque ahí esposado dudaba que se fuera a mover demasiado.

Sonreí al ver a Thea en la puerta y salí fuera cerrando tras de mi mientras que le arrebataba el informe de la detención y lo releía. —Hoy estamos echando un buen día, ¿eh? —sonreí de lado mientras que revisaba el papel, quedaba rellenar tan solo un par de detalles más de los que ya se encargaría el tipo del calabozo.

¡Hey mini-Frost! —sonreí al verla, con diversión mientras me acercaba a ella y le daba un pequeño abrazo—. ¿Has visto? —señalé con la mirada al chico que estaba sentado en la silla mirando las musarañas—. Guapo, pero no muy espabilado —hice un gesto con la mano quitandole importancia.

Os acompaño entonces, llevaré a este lumbreras al calabozo y nos vamos —no dije más, fui directa hacia la sala a por el chico—. Eh lumbreras, en pie — exclamé—. Vamos a dar un paseo —le ayudé a levantarse y salimos fuera, antes miré a las chicas—. En cuanto acabe con él voy a la entrada, esperadme ahí, no tardaré.


A beautiful liar, love for him is pain. The temples are now burning, our faith caught up in flames. I need a new direction, cause I have lost my way. All we need is faith.


Silver Lake:

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