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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Metamorfosis #Sylvia Weis

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Metamorfosis #Sylvia Weis

Mensaje por Vanessa A. Walcott el Jue 18 Ene 2018, 22:57

Tercera persona || Sueños o visiones || Primera persona

Resultaba de lo más inquietante verla dormir. No era raro entonces, que cada mañana se despertase cansada y que pronunciadas ojeras rodeasen sus ojos. Jamás permanecía estática en la cama por mucho tiempo, siempre acababa rodando entre las sábanas, movida por un sin fin de pesadillas que se apoderaban de ella hasta el punto de hacerla hablar en sueños, quejarse o incluso gritar.

A6 no lo sabía, pero la habían cambiado de habitación a una insonorizada solo para poder controlar sus gritos y que estos no molestasen al resto de habitantes de la base. Incluso había una cámara que grababa todos y cada uno de sus movimientos, además de todo lo que decía. Y ella sin enterarse de nada. Al día siguiente las pesadillas eran olvidadas y no recordaba absolutamente nada o si lo hacía, ella lo ignoraba, sin darle la menor importancia.

Rojo de nuevo. Quema, sangra, golpea, abrasa la piel... dorado sobre rojo. Risas, gritos, desesperación, cólera, miedo y amor. El peón dorado grita, teme, pero sigue adelante. El soldado rojo rompe, mata y ríe triunfante. El peón dorado agoniza, muere y renace soldado.

«Y ahora mueres.»


El grito fue ahogado, y más que un grito era una exclamación, de dolor y de sorpresa. La luz se encendió rápidamente, ella estaba sentada en la cama, con la respiración agitada y sudor en la frente. Las imágenes comenzaban a desaparecer conforme la araña metálica de su pecho brillaba.


Me dolía la cabeza, así que me acerqué a por el vaso de agua que descansaba en la mesita y di un trago, tomando una pastilla de la tableta que había allí. Eso aliviaba mis jaquecas, últimamente las sufría cada día al despertar. Había dormido bien, o eso creía, así que daba por sentado que tal vez sufriera migrañas... un dato más sobre mi que aprendía.

No había descansado nada realmente, su rostro se mostraba fatigado y cansado.

Bostecé mientras que me estiraba y me acercaba al baño de la habitación. Aún era temprano, por lo que me despejé con una ducha, tranquila, me arreglé y vestí, todo con calma, aprovechando el tiempo sobrante. Una vez lista salí de la habitación. Colocaba mis guantes mientras que caminaba sin rumbo fijo, no tenía ninguna misión, al menos no por ahora. Así que bajaría a la sala de entrenamiento para seguir mi rutina de cada día: primero tocaba practicar, algo de ejercicio y pelear. Tal vez con Anna o Carlos. Después desayunaría, siempre unas cantidades copiosas de alimentos, casi por obligación. El desayuno era la comida más importante del día. Luego bajaría a la sala de operaciones, tal vez tuviera que rellenar algún informe, hablar de alguna salida próxima, organizar otras... todo variaba dependiendo del día.

En ocasiones me enviaban a alguna salida y todo de última hora, prácticamente sin preparar nada, por lo que no me extrañaba que pudiera llegar a acabar fuera. Más aún cuando llevaba un tiempo sin salir a la superficie.

Avancé hasta la puerta de la sala de entrenamientos. La habitación estaba aún vacía, pues sabía que era demasiado pronto para que la gente fuera a entrenar y realmente me agradaba así. Solía encontrarme con muy poca gente, tal vez Anna, Carlos... y eran los únicos a los que prefería ver por allí. Nadie más. Caminé hasta el centro de las colchonetas mientras que comenzaba a estirar, poco a poco, antes de que comenzase con el ejercicio de verdad.


No memories, no pain, no life...
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Re: Metamorfosis #Sylvia Weis

Mensaje por Sylvia Weis el Vie 02 Nov 2018, 13:49

A veces pensaba en papá y pensaba en cosas buenas, nada malo. Le debía mi vida y no precisamente por ser uno de los responsables en engendrarme. Él me hizo así, él me lo enseñó todo y por tanto era el principal responsable de que siguiera con vida.

- Buenos días - respondí a un saludo sin darme ni cuenta de que lo hacía, era puramente instintivo, segunda naturaleza lo llamaban. Avanzaba por el pasillo hacia la sala de entrenamiento, tranquila, como una mañana normal y corriente, como siempre.

Lo mismo que pensaba en papá pensaba en mis hermanas, desde Angy hasta Blake. Todas excepto Angy habían muerto y eso me hacía preguntarme en si Angy y yo teníamos algo especial, pues habíamos recibido los mismos entrenamientos, las clases, las preparaciones... todo igual. ¿Suerte? No, prefería pensar en que estábamos preparadas, mejor preparadas.

Tampoco creí que acabaríamos trabajando para Umbrella y sin embargo allí estábamos, siendo uno más de sus peones. Angy estaba entrando aún, había sido probada y había superado sus pruebas con creces, yo sabía que la admitirían como a la que más. Ella era otra yo, y yo les había resultado de mucha eficacia.

Al abrir la puerta del gimnasio me sorprendió ver que no estaba sola, porque era de las que le gustaba entrenar temprano, para estar sola. Vanessa estaba allí y no pude evitar mirarla con interés, pues una vez su sangre salpicó mis manos, sus últimos alientos escaparon arrebatados por una de mis katanas y sin embargo allí estaba, conviviendo con aquella que la había condenado a aquella vida de ignorancia.

- Buenos días - sonreí, tal vez con más malicia de la que debería, pero me fue imposible no hacerlo, me divertía realmente verla allí, tan sumisa, tan seria... después de todo, de los golpes, de los gritos... Nos habíamos hecho tanto daño... y sin embargo allí estábamos ahora, trabajando codo con codo para la misma organización, aquella a la que ella aborrecía con todas sus fuerzas, al lado de una de las personas a la que seguramente más había odiado, sin darse cuenta de nada, ni de su nombre.


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