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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Nicholas Robles


Hasta siempre, compañeros.
28 y 29 de Noviembre del 2014.

Base de la fuerza aérea Nellis, Las Vegas - 28 de Noviembre, 3:20 am.

- ¡Todos al suelo! Gritó Frederick con desesperación. Nos tiramos al suelo, lejos de puertas y ventanas, en posición fetal cubriendo nuestros oídos. Louis no dejaba de llorar, y Boo, aunque era una niña más grande, también se encontraba perdida en un llanto inconsolable. El ruido de la lluvia de balas contra la fachada de la base, rompiendo vidrios a su paso, era ensordecedor. No puedo negar que estaba asustado, muerto del miedo, pero debía mantenerme fuerte para proteger al bebé que lloraba en mis brazos. Ahora comprendía por qué Jill no quería que trajéramos niños a la base. ¿Pero cómo iba a saber que algo como esto ocurriría?

Todo comenzó el día anterior, cuando Frederick y Zoey salieron a buscar agua, pues ya se estaban agotando los recursos con los que contábamos. Utilizaron el viejo cacharro que Fred tanto apreciaba. Por supuesto llevaron varias armas para defenderse. Según contaron después, la misión marchaba sin mayor inconveniente, hasta que, al entrar en un supermercado, se hallaron frente a frente con un grupo de soldados de uniforme negro y máscaras anti gas. Todos sabemos a qué clase de soldados se referían. Los siervos de umbrella fueron los primeros en abrir fuego contra mis compañeros. Ambos, altamente entrenados en tácticas ofensivas y defensivas, respondieron al instante ante la amenaza. Acabaron con dos de los tres soldados de umbrella. Sin embargo, el tercero, ese maldito cerdo, consiguió escapar, o mejor dicho, Zoey y Frederick tuvieron piedad y lo dejaron escapar. Ese fue el error que nos condenó a todos.

Pocos minutos antes de las tres de la mañana inició el ataque. Primero nos despertamos con el sonido de las hélices de un helicóptero, o dos. En la oscuridad de la noche no lográbamos divisar el objeto volador, pero a cada segundo que pasaba se escuchaba más cerca. Uno de nuestros compañeros, Samuel, decidió ir hasta la torre del centinela a ver si desde allí lograba descubrir al helicóptero. Nadie puso objeción. Samuel salió del búnker y corrió hasta la torre. Subió las escaleras y esa fue la última vez que lo vi con vida. Pocos minutos después, la ráfaga de balas comenzó. Samuel fue la primera víctima. Todos fuimos a refugiarnos en el enorme comedor, teniendo siempre como prioridad la seguridad de los dos infantes.

La lluvia de balas pareció detenerse al rededor de las 3:30 am. Pero los helicópteros seguían rondando por ahí. Varios soldados con su típico uniforme negro bajaron de las naves con armas en mano. Entonces comprendimos que debíamos huir. En ese momento no estábamos preparados para enfrentar tamaña amenaza. Algunos logramos llegar hasta el último búnker y encerrarnos allí hasta el amanecer. Otros no tuvieron tanta suerte. Muchos miembros de nuestro grupo fueron capturados o directamente asesinados. Jill se mordía el labio hasta sacarse sangre, pensando que no podía hacer nada para salvarlos. Y no era la única que se sentía así; seguramente las catorce personas que estábamos allí reunidas, sentíamos lo mismo.

Ya con el sol puesto en el firmamento, los helicópteros partieron y pudimos salir de aquel búnker. Mis ojos se llenaron de horror al presenciar la masacre. Tuve que llevar a Louis a otra parte para que no viera lo que había afuera. Chris consolaba a Jill, que lloraba de frustración. Mientras yo alejaba a Louis de la escena, recuerdo que mis piernas todavía temblaban como gelatina. Nunca antes me sentí tan indefenso e impotente.

Base de la fuerza aérea Nellis, Las Vegas - 29 de Noviembre, 2:45 pm.

- ¡No podemos permitir que vuelva a ocurrir algo así! Alegaba Frederick luego de haber golpeado la mesa con su puño. Nos encontrábamos reunidos en la mesa del comedor. Sólo catorce sillas ocupadas, cuando alguna vez fueron cerca de treinta. Ni siquiera habíamos terminado de limpiar toda la sangre que quedó afuera, cuando ya estábamos discutiendo cómo íbamos a tomar represalias en el asunto. -Estoy de acuerdo, pero no dejamos de ser insuficientes. Respondía Jill todavía con los ojos rojos e inflamados. -No podemos quedarnos de brazos cruzados. Todavía tenemos nuestras armas. Ellos ya saben nuestra ubicación y podrían volver. Chris hacía parte de la conversación. En tanto, Marcus se levanta de la mesa, toma la mano de Boo y sale por la puerta, no sin antes decir: -Yo me largo. No estoy aquí para correr el riesgo de que me metan una bala en la cabeza. Nos vemos. Y tan rápido como se unió al grupo, se separó de él. Ya nos esperábamos eso de Marcus, nunca fue muy entusiasta, y siempre velaba por su propia seguridad y la de Boo.

La reunión continuó por un par de horas más, mientras todos se ponían de acuerdo sobre qué hacer. Al final, la decisión fue entrar al área enemiga y esperar el mejor momento para el contraataque. Zoey se emocionaba ante la idea, y los que alguna vez fueron miembros del ejército, ya preparaban todo su equipamiento para marcharse. Frederick, a pesar de no tener tan buenas habilidades como los otros, iría sólo por proteger a Jill. Por otra parte. -Eryn, no tienes que hacer esto. No es necesario que vayas. Le rogaba a ella, con Louis en los brazos. -Debo ir. Ellos van a necesitar asistencia médica. Te prometo que volveré. Me dio un beso que fue el último, acarició la cabeza de Louis y se despidió también de él. El bebé no entendía la situación, pero le agarró su dedo para no dejarla marchar. Cualquier intento fue en vano, porque ella ya había tomado su decisión de irse con los demás. Al final, yo era el único que me quedaba, porque debía cuidar a mi hijo. Jill me cedió el mando del grupo hasta que ella volviera.

Recuerdo muy bien la última vez que los vi. Llevaban sus grandes mochilas cargadas de ropa y suministros, además de las mejores armas con las que contaba y se especializaba cada uno. Se repartieron en dos equipos. Eryn me mandó un beso desde la distancia, antes de subirse a la camioneta. Ambos vehículos se pusieron en marcha, y desde la ventanilla, todos me miraban con una mezcla entre pena y melancolía.

A día de hoy, después de más de cuatro meses, ya no guardo esperanza de que regresen. En la tierra de la base yacen cruces con sus nombres.

¡¡¡Celebrando el mensaje número 900 en el foro!!!

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