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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Rápido, llega el invierno (Vernice)

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Mensaje por Gilbert White el Lun 02 Sep 2019, 00:38


Rápido, llega el invierno

05/10/2015 ♦ Internado Santa Clara ♦ 07:00 ♦ B.S.O.


Era temprano, la niebla había empezado a desvanecerse y yo, jugaba con las llaves del vehículo mientras que Emma, aún somnolienta, y Leonard aguardaban en silencio a que Vernice, la conductora del otro vehículo y nuestro acompañante terminase de hacer los preparativos para salir.

Anthony seguía en la puerta vigilando, controlándolo todo, a la espera de la señal para abrir el portalón y dejar salir al pequeño convoy que saldría esta vez a por medicamentos y algo de ropa de abrigo para los pequeños. El invierno nos estaba alcanzando de imprevisto. Los últimos días calurosos habían desaparecido dando paso a las noches gélidas, agravadas aún más por la frondosidad del bosque en que se encontraba resguardado.

Mientras esperaba me perdí en mi pensamientos observador el grosor de los muros y su altura. El internado, parecía haber sido construido, como si se tratase de un antiguo castillo medieval europeo para proteger a sus habitantes.... Aunque en este caso, eran jóvenes damisela bajo el cuidado de las estrictas monjas. Ughghhg.... un escalofrío recorrió mi columna vertebral.... monjas.

Quizá debíamos habernos llevado también al viejo Marcus, su vestuario era el mismo de siempre, y si alguien no lo remediaba seguiría siéndolo per sécula seculorum. Volví a mirar por el espejo retrovisor y allí estaba ella, en la claridad del nuevo día. Aún llevaba el pelo suelto, lo que indicaba que no estaba del todo preparada para salir. ¿Habría decidido al final traer a alguno de los niños para probarles la ropa de abrigo? ¿O me habría hecho caso y decidiría no ponerlos en peligro?

-Eh chicos, os vais a quedar dormidos.- dije moviendo mi taza de café y dando un largo sorbo, indicando a Emma y Leonard que ellos también podían hacerlo. El café no era un elemento decorativo del salpicadero del vehículo, sino que estaba ahí porque debían tomarlo para despejarse.

Emma sonrió desganada torciendo el gesto de su rostro, sólo en raras ocasiones solía levantarse de mal humor, pero cuando esto ocurría, había que darle el espacio de tiempo necesario para que recuperase la dulzura, tanto en su rostro como en sus modales.

Leonard por el contrario, seguía siendo el muchacho atento y simpático que nunca había dejado de ser, pero estaba cansado. Llevábamos demasiadas salidas seguidas para conseguir todo lo necesario antes de afrontar el invierno. Habían sido dos semanas muy duras: preparar todos los componentes de las placas solares, conseguir combustible para los generadores de electricidad, nunca se sabía cuándo podía fallar el sistema solar o al alcance de la avería, y como buen ingeniero que Leonard hubiese llegado a ser, siempre decía que era más fácil arreglar algo con el repuesto a mano.

Asomé la cabeza por la ventanilla comprobando que el aire aún cortaba.

-Vernice, ¿qué te queda?- dije intentando sonreírle a mi querida bombera.

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Desde que el grupo había llegado al internado hacía algunas semanas, todo había empezado a funcionar como una maquinaria bien ajustada. El preparar nuevas zonas de cultivo, repartirse las tareas de limpieza y mantenimiento de la gran casona, hacer guardia y vigilar el perímetro... eran las tareas que componían el horario de nuestro día a día. Y aunque éramos mayormente autosuficientes, en gran medida porque aquel lugar nos daba la posibilidad de serlo, aún había cosas que por nuestros propios medios no podíamos producir y no había más opción que salir al exterior en su busca.

Silvia había hecho un gran trabajo aprovisionando los armarios de los dormitorios, de hecho, había sido en esas circunstancias como la había conocido: revisando casas abandonadas en busca de ropa; pero supongo que no había imaginado tal variedad de rangos de edad ni cantidad de gente, así que con el invierno a las puertas comenzábamos a quedarnos escasos de ropa, sobre todo para los más jóvenes.

Andaba a paso ligero hacia el camión forestal cuando escuché el comentario de Gilbert, quien esperaba tranquilamente en su ambulancia, y no pude evitar enarcar las cejas mirando fijamente su reflejo en el retrovisor, pero en ese momento me sorprendió un bostezo desprevenida, así que no pude más que resoplar mientras escuchaba los pesados pasos de Sam que venía detrás de mí.

-¡Bieeen! ¡Bieeeeen! ¡¡De compraaas!!- gritaba el gigante con corazón de niño.

-Problema logístico, no he podido evitar que venga.- me excusé mientras comenzaba a atarme el cabello con una goma elástica.

-Doy fé.- añadió Rose, quien venía cerrando la comitiva. -¿A qué estamos esperando? ¿Vamos tirando o qué?- dijo la motera dejando la pelota en el tejado del conductor de ambulancia.

Subimos rápidamente al camión forestal. Yo iba al volante, Rose de copiloto y Sam se pasaría todo el viaje cambiando de uno a otro de los asientos traseros, pero era imposible dejarlo atrás, puesto que siempre que salíamos en el camión él insistía en estar presente. Puse en marcha el motor que arrancó con un potente rugido y saqué la mano izquierda por la ventanilla abierta al tiempo que gritaba en voz alta hacia el vehículo que me precedía.

-¡Cuando digas!

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Vi su señal a través del espejo retrovisor pero no pude resistirme. Abrí la puerta y de un salto, casi sin darme cuenta, dirigí mis pasos a la puerta del gran vehículo forestal. Subí los dos peldaños de un salto y asomando la cabeza por la ventanilla le di un gran beso a mi bombera.

-Ten mucho cuidado y prométeme que nos vamos a ceñir al plan.... Vernice, prométemelo.-
terminé mi frase lastimero. -Por favor. Son demasiadas emociones y una vez más hemos encontrado un lugar donde toda esta gente estará a salvo....

En realidad yo me sentía como un gato encerrado. Tanta gente en un recinto cerrado y con alguien como Clarisse dando órdenes, siempre había la posibilidad de que el plan fallara. Mi labor ahora era ayudar a toda esa gente a conseguir los suministros que necesitaban para vivir.

El alimento no sería problema, Marcus se había puesto manos a la obra complementando el huerto de Silvia y adaptando el campo de fútbol como terreno de cultivo, que había justo detrás de la residencia de estudiantes. Habíamos traído comida más que suficiente para pasar el invierno, pero había algo que me hacía sospechar que todos los que nos habíamos salvado, incluido yo, eran buenos samaritanos que seguirían acogiendo en su seno, y por ende su sagrada mesa, a todo aquel desvalido que pasara en un radio de 30 millas alrededor del colegio. Como si lo estuviera viendo:

"No, no importa que ya lleven víveres en sus mochilas. Pasen, coman con nosotros de dos a quince meses. Y si después quieren marcharse, les llenaremos las alforjas y les daremos para sus amigos, sean la cantidad que sean...."

Sonreí tras mis pensamientos y repetí en orden inversa las acciones hasta llegar a la ambulancia, empezando por un tierno beso depositado en la mejilla de mi amada. Tras ocupar mi asiento, relampagueé las luces para que el guardia nos abriera la puerta.

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-Mimimimimimi...- dije a Gilbert, intentándolo hacer rabiar, mientras su cabeza aún asomaba a través de la ventanilla del camión forestal. -Pues claro que sí: llegar, coger lo necesario y salir por patas. Es pan comido.- Añadí acariciando su mejilla.

-¡Uhhhhh! ¡Iros a un hotel!- dijo Rose con sorna en la voz.

-No, a un hotel no. Nos vamos de excursión Rose.- respondió Sam, siempre atento.

En cierto modo, me sentía realmente reprendida y un poco ofendida por el hecho de que sus palabras daban a entender que siempre que algún plan no salía como era debido yo estaba detrás de ello. ¡No era justo! Había miles de cosas que tener en cuenta, cientos de imprevistos imposibles de preveer. Quizá en su "mundo", los planes y las estrategias salían siempre al dedillo, pero en el "mío", el entorno y las circunstancias eran un ente con vida, voluble e impredecible, y la mayor parte de las veces había que improvisar para poder salir con vida de algún atolladero. Al final, el cumplir el objetivo era lo que marcaba el éxito de una intervención: que todos los implicados salieran con vida e ilesos, y no el que las instrucciones y la planificación se hubieran llevado al pie de la letra. En ese sentido, nuestro dos mundos eran diametralmente opuestos.

Mientras se alejaba en dirección a su ambulancia decidí cobrarme mi ofensa asomándome por la ventanilla para azuzarle.

-¡Vamos! ¡Vamos! ¿Ves? Al final eres el último en salir, tchs... si es que...

Las puertas se abrieron de par en par, accionadas por Anthony, quien estaba ocupándose de la casa de guardia, mientras una vieja canción comenzaba a sonar en la radio del camión forestal que Rose acababa de encender. Tiempo atrás había disfrutado mucho de ese tema de The Doors, pero ahora, por algún motivo incierto, me producía cierto desasosiego escucharla, como si hubiese cierto tono premonitorio o siniestro en ella.

-En marcha.- dije a mis acompañantes en voz alta mientras el pequeño convoy comenzaba a circular.

Rose reposaba sus pies sobre el salpicadero y saludaba a su padre, quien se encontraba atareado haciéndole algunas actualizaciones a la furgoneta Chévrolet, y Sam se entretenía en los asientos traseros de la cabina, jugando con una larga cuerda de lana con la que tenía que ir haciendo figuras mediante nudos y dobleces de manos, pero que a menudo, terminaba con los dedos enredados y sin poderlos mover.

El destino no estaba demasiado lejos, a unas 18 millas circulando por la carretera general en dirección oeste, llegaríamos a un pueblo que había sido evacuado desde el comienzo del brote, lo que aumentaba notablemente las posibilidades de que pudiésemos encontrar aún bastante género dentro de los comercios de la zona. Los árboles se iban desnudando poco a poco de su hojarasca, dejando una resbaladiza alfombra de hojas anaranjadas en proceso de putrefacción sobre el camino de tierra, así que habría que circular a poca velocidad y con precaución, pero no teníamos prisa y aún quedaban muchas canciones en la cinta de casette que Rose acababa de poner.

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No estaba demasiado lejos. Apenas habíamos salido del abrigo del bosque, dos o tres kilómetros quizá, tomamos la carretera que iba hacia el sur. A unas millas había un pequeño poblado que seguramente tendría todo lo que necesitábamos: una pequeña tienda, o con suerte dos, de ropa; nos haría "cargar" tal como habíamos planeado todo lo que nos pudiera servir, sin pararnos a buscar colores. Aunque como bien decía mi pequeña bombera, siempre había cosas que salían mal. Quizá ese color fluorescente la hiciera romper los planes.... pero nada más lejos de la realidad que eso fuese culpa suya. Sonreí mientras recordaba sus palabras.

Allí encontraríamos también una ferretería, a la que no nos haría mal echar un vistazo. Farmacia y alguna clínica, donde poder rebuscar los cajones en busca de medicación. Para Emma había suficiente insulina que duraría más de un año, y ahora que teníamos refrigeradores podría mantenerse mucho más tiempo. Emma parecía ya despierta y mientras terminaba su café, le sonrió a Leonard con una picaresca inusual, o que al menos yo no le había visto.

-Cada vez me cuesta más madrugar. Esto de ser mayor...- dejó una sonrisa pícara en el aire que me hizo sentir incómodo.

A punto estaba de saltar cuando pude observar a Leonard totalmente rojo y avergonzado. Oh dios mío, no podía decirle nada ahora, yo mismo me había visto en esa tesitura y color. Si una mujer estaba dispuesta a hacerte sonrojar, no había nada que pudieras hacer para evitarlo.

La colina ascendía por una pequeña y serpenteante carretera. Tras llegar a la cumbre de ésta se podía vislumbrar el pequeño pueblo que podía albergar a 2000 ó 3000 personas antes del apocalipsis. Ahora, con un poco de suerte, no encontraríamos a nadie. Avisé a los chicos que fueran preparando sus armas, ya que en unos minutos llegaríamos allí. Detuve el vehículo, la vista ahora que el sol estaba asomando, era preciosa, y aunque estuviésemos en una misión, ¿quién decía que no podíamos disfrutar el momento? Ahora se podía hacer.

-Tomemos aire antes del rock & roll.-
dije intentando que la brisa mañanera refrescara los colores del pobre Leonard. Esperé a que el camión forestal llegase a nuestra altura, haciendo una señal de que se detuviese. -Echemos un vistazo al bonito amanecer y tomemos aire. Por si la podredumbre se ha hecho con ese pueblo.

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Las señales del kilometraje de la carretera se fueron sucediendo, avisándonos de que cada vez estábamos más cerca del destino. Mientras tanto, la mortecina imagen del abandono y la devastación del norte del estado de Georgia se iba sucediendo ante nosotros como una película antigua, la naturaleza salvaje y los muertos habían ido reclamando palmo a palmo la carretera y las estructuras que la bordeaban, y seguramente en unos cuantos años ya sería imposible distinguirlas entre las marañas de maleza y escombros.

Circulábamos ascendiendo una colina, la ambulancia en cabeza y nuestro camión forestal detrás, cuando Gil sacó la mano haciendo gestos para que parásemos y yo aminoré suavemente la marcha.

-¿Qué pasa?- preguntó Rose, despertándose de una breve siesta e inclinándose hacia la luna frontal.

-No lo sé...

¿Qué podría haber sucedido para parar poco antes de llegar al destino? No parecía que hubieran pinchado un neumático, igual había sido algún otro tipo de avería o un olvido, pero al ver que Emma, Leonard y Gilbert bajaban de la ambulancia, yo también me apeé, dándole antes a Sam la recomendación de que se quedase en el asiento de atrás jugando.

-Eh, ¿está todo bien? ¿Por qué paramos aquí?- pregunté acercándome a Gilbert, con las manos en los bolsillos de la chaqueta amarilla. El frío matinal hacía que se me helaran los dedos, aunque el sol no tardaría demasiado en comenzar a calentar la mañana.

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Rápido, llega el invierno (Vernice) Empty Re: Rápido, llega el invierno (Vernice)

Mensaje por Gilbert White el Miér 04 Sep 2019, 00:33

-Este era el pueblo del que te hablaba.- le dije mientras señalaba con mi mano la lontananza -Nos detenemos aquí para poder estudiar la mejor forma de abordarlo. Esperé unos segundos y volví a señalar. -El sol nos da por la espalda, así que salvo que hagamos mucho ruido, estaremos a cubierto. Nadie, ni vivo ni muerto nos podrá ver.

La carretera se adentraba partiendo el pueblo en dos mitades casi simétricas.

-Imagino que las tiendas estarán en la calle principal.- dije pensando en voz alta pero para que ella me diera las indicaciones, ya que entendía más de urbanismo que yo. -¿No crees Vernice? Deberíamos tener suerte al pasar por la carretera principal, y allí donde veamos que están los establecimientos que buscamos, detenemos los vehículos y hacemos una rápida incursión. ¿Te parece bien? Es importante que no nos separemos y que nos mantengamos con la regla de los tres minutos. Por muchas cosas que encontremos en un lugar debemos ser rápidos y salir lo antes posible. Si esas cosas se amontonan nos pueden acorralar.

No pude evitarlo y en cuanto mi boca empezó a abrirse, sabía que me iba a arrepentir.

-¿Ha sido tuya la idea de que venga Sam con nosotros? ¿Desde cuándo lo tenías planeado?

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-Así que estudiar la situación eh...- dije apoyándome con los codos contra la puerta lateral de la ambulancia. -Me parece bien, pero... espera... No estaba entre los planes el pararse a hacer planes... ¿No? ¡Espera aquí un momento!- grité antes de salir corriendo de vuelta al camión forestal.

Rose no se había bajado, había retomado su sueño matutino donde lo había dejado, pero ahora reposaba con los pies sobre mi sillón y la cabeza apoyada en la ventanilla en un ángulo que no parecía nada cómodo. Cuando la pelirroja escuchó que la puerta se abría, se incorporó algo sobresaltada preguntando qué sucedía.

-No pasa nada. Sólo oteamos la situación. Pero necesito algo para tomar notas.

Rebusqué en los receptáculos del salpicadero hasta que di con una pequeña libreta de anillas a medio gastar y un par de rotuladores que, con suerte, aún escribirían. Bajé del camión forestal de un salto y volví junto a Gilbert corriendo, tal y como me había ido.

-Muy bien, muy bien... pero antes de que bajemos a la "Excursión"...- dije con la lengua asomando un poco por la comisura de los labios mientras me concentraba en trazar una línea recta sobre la primera hoja en blanco del cuaderno. En el primer renglón, a un lado de la línea, escribí mi nombre y al otro el de Gil. -...Cambios de planes ooooo... "improvisaciones" por mi culpa... y cambios de planes ooooo... "improvisaciones" por la tuya.- Hablé en un tono resabido y marqué la primera X debajo del nombre de Gilbert. -Vale, ahora sí. Vamos a detener los planes para hacer los planes. ¡Un plan de planes!

Guardé la pequeña libreta y los rotuladores en el bolsillo de la chaqueta y eché un vistazo al horizonte. A nuestros pies el pueblo se extendía en una llanura rodeada de colinas y la carretera se prolongaba pasando por un valle desde el que comenzaban a crecer montañas más altas. La calle principal se diferenciaba fácilmente por la mayor altura de los edificios que la bordeaban y la torre del reloj que debía pertenecer al ayuntamiento y que sobresalía más que ningún otro edificio del pueblo. Al sur había un pequeño polígono industrial, apenas una docena de naves industriales y otras pocas a medio construir. Mientras que al norte, parecía verse un centro comercial mediano y una gran explanada de aparcamientos ahora vacía.

-Bueno, en el centro comercial seguro que encontraríamos de todo, pero hay muchas más posibilidades de que lo hayan saqueado ya, pasa casi lo mismo con las fábricas, además de que puede que no sean más que talleres o almacenes de materiales de construcción. Así que... creo que sí, lo mejor sería echar un vistazo a las tiendas que pueda haber en el centro del pueblo. Y por cierto, lo de Sam no fue idea mía, se le ocurrió a él solito, listo...

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Quedé asombrado ante la perspicaz forma de actuar de Vernice. A pesar de hacerlo de un modo bromista, intentaba sacarme de mis casillas con el mero fin de hacer que me relajara. Era cierto, me gustaba que los planes se siguieran con dedicación y certeza. No me gustaba improvisar y marcaba los tiempos siempre para que no hubiese ninguna sorpresa.

-Está bien, está bien...- dije llevándome las manos a la cara. -Tienes razón, esto no estaba en los planes, pero necesito saber que no vamos a perder a nadie.- Tomé su mano y, mirando al fondo, le indiqué. -Lo primero sería encontrar una tienda de ropa. Ahí encontraremos...- Hice una pausa porque estábamos bastantes y haría falta ropa de todos los tipos. -Da igual lo que encontremos Vernice, una vez asegurada la zona debemos entrar coger toda la ropa y cargarla en uno de los compartimentos de tu camión. Mantas incluidas. No debería costar mucho trabajo y la gente no suele saquear esos sitios. Si no hay mucha cantidad de zombies, nos debería ser fácil llegar hasta nuestro siguiente objetivo. ¿Cuál era pequeña?- Dije colocándome detrás de ella y abrazándola.

Si ella estaba intentando relajar mi tensión antes de una misión, yo iba a intentar ponerla más nerviosa antes de empezarla, para que no siguiera arremetiendo contra mí. Aunque en realidad, el que notó como sus mejillas se ponían rojas y extremadamente calientes, fui yo. Me había ruborizado como un niño igual que si hubiera estado haciendo alguna trastada. Fue como cuando por primera vez rozas la mano de la compañera de clase que te gusta, sin saber si tirar rápidamente de ella y disimular o dejarla pegada a la suya....

-Vamos, ¿por qué no contestas? ¿Cuál es el siguiente punto? ¿Dónde iremos después y cómo lo vamos a hacer?

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Gilbert no solía ponerse tan afectuoso en momentos así: justo antes de salir a una misión en la que podíamos correr un peligro real, así que la explicación más lógica para lo que estaba pasando era que, simplemente, intentaba ponerme nerviosa a mí. Por suerte, él tenía muchas más neuras que explotar que yo, y creía conocerlas casi todas. Podría haberme inclinado a lamerle el brazo o la muñeca, pero ese truco ya lo conocía y quizás no surtiría tanto efecto, debía pensar en otra cosa.

Mientras hablaba comencé a fijarme en nuestro reflejo en el retrovisor, esperando diferenciar el momento en que su mirada y la mía se dirigían al mismo punto. Detrás de nosotros estaba detenido el Gigante Amarillo dentro del que aún dormitaba Rose, pero del que se bajaba Sam, quien ya se había aburrido de jugar con su cuerda de lana. Emma y Leonard debían de estar al otro lado de la ambulancia, pero hablaban en un tono muy bajo, casi un susurro, así que no podía apenas confirmar su posición. Cuando al fin vi que la mirada de Gilbert se había posado sobre la superficie especular, arrugué la nariz un par de veces en un gesto exagerado, esperando que con ello le picase la nariz a Gilbert.

-Bueno, pues creo que deberíamos entonces escribir un listado de prioridades.- hablaba mientras continuaba arrugando la nariz. -Primero ropa, después medicinas y... si pudiéramos encontrar algún sitio con equipos de radio y chismes de eso nos vendría de perlas. Supongo que con los trastos adecuados no tendrás problemas en preparar un buen sistema de comunicaciones, ¿no señor informático?

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