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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Some Normality for Good [Ethan J. McQuoid]

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15 de Mayo 2015
5:15 pm

Su pierna dolía, sí. Pero la doctora ya se estaba acostumbrando a moverla un poco más, aunque necesitase la ayuda, de sus inseparables muletas que hasta el momento; no había abandonado por nada del mundo, para todo lo que hiciera.

Aquel día, era uno de esos días malos, en los que incluso su propio cuerpo parecía rendirse ante cualquier esfuerzo extra que tuviese que hacer. Le había costado levantarse de la cama, ducharse, cambiarse y sentarse en ese pequeño sofá, que estaba frente a un televisor que estaba pegado a la pared. Donde se reproducía Los Juegos del Hambre; película que se encontraba entre una pequeña biblioteca que, con las expediciones y algún suertudo hallazgo, la morena había logrado juntar para días como ese, en los que no podía hacer más nada que acostarse en ese sofá y silenciosa, imaginar que el mundo era un lugar diferente.

Una mano se posó en esa pierna dolorida, antes de sentir como su estómago rugía con hambre, recordándole que tenía que hacer el esfuerzo por al menos llamar a alguien y pedirle que llevase algo para ella. Su corazón quiso llamar al rubio, pero su estúpido orgullo la contuvo de hacerlo y en su lugar, buscó en esa pequeña neverilla, los restos de una ensalada que no había podido terminar el día anterior, galletas, algo de queso y una bebida de manzana- Estoy peor que cuando vivía en el dormitorio... –murmuró para sí, recordando sus años de universitaria, años en los que no se hubiese imaginado que estaría allí, en el fondo marino, protegiendo su vida de muertos que caminaban las calles.

Ella deseó algo de normalidad.
Añoró algo que le diera la esperanza de ser feliz y la única felicidad que tenía, venía restringida.

Cerró sus ojos antes de exhalar, extender una mano y tomar la bebida de manzana. Y abriéndola, caminar hacia la “sala” de estar miniatura que jugueteaba con esa “sensación” de hogar, que querían entregarles en Pandemonium. Dejó las muletas a un lado y volvió a alzar su herida pierna y exhaló mientras ponía “reproducir” a la película, en la que ya estaban seleccionando a los tributos del distrito 12, Katniss Everdeen y Peta Mellark. Y pensar que iban a hacer una franquicia de aquella primera película, los planes se olían en el 2012, luego del boom en taquilla y de los fans de los libros.

No se imaginaban que no lograrían continuar aquella franquicia que seguramente hubiese sido todo un éxito.

Fue en esos dilemas, que escuchó el pitido que anunciaba que alguien había llegado de visita. La morena puso pausa a la televisión y haciendo un esfuerzo sobrehumano, se levantó con ayuda de una de sus muletas y con ella se encaminó hacia la puerta de entrada, antes de tocar el botón del panel para ver quien estaba del otro lado. Y allí estaba ese rubio...

Su corazón brincó al instante, con un estúpido entusiasmo que la había hecho morder su labio inferior, tardándose algo de tiempo en contestarle para permitirse esos pocos segundos de entusiasmo juvenil, como cuando aquel hombre guapo que conociste en el café el otro día, por fin aparecía de nuevo para esa primera cita. Se sintió absurda por ese pensamiento, que delataba su añoranza por algo de normalidad, pero no tardó en apretar el botón, colocando el código y al escuchar el “click” de seguridad de la puerta, abrirle para encontrarse con esos ojos profundos y azules que la hicieron paralizarse y pensar en...

Cuanto lo había extrañado.

Ethan... –murmuró entonces- hola... –saludo tan amateur- ¿Cómo estás?... –preguntó, antes de recibir una respuesta que la hizo sonreír un poco y finalmente apartarse para dejarlo pasar- estoy bien... –simplificó- veía una peli... –sus ojos fueron a parar en lo que llevaba él en las manos- ¿Trajiste comida? –sonrió esta vez un poco más- pues... No, no he comido, no tenía ganas de ir a la cafetería... –dijo encogiéndose de hombros para reír por lo bajo, con una tonta sorpresa dibujada en su semblante. No esperaba que él fuese así repentinamente, en una iniciativa tan... normal.

Lo que quería, después de todo- Por favor, ponte cómodo -dijo con cierto humor, que quizá delataba esos trazos de ilusión.


Some Normality for Good [Ethan J. McQuoid] AarbaIv

"It's a lie for a lie and I'm getting tired. On the other side, on the other side... "

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Aquella mañana, la central había reclamado (y necesitado) la presencia de Ethan en el centro de control, para supervisar una misión por remoto. Una de tantas expediciones de exploración, pero la zona era particularmente peligrosa y hostil. Pocos sabían que él mismo se había ofrecido a ir pero sus superiores no habían visto con buenos ojos esa posibilidad de que no regresara. Pandemonium no pasaba por su mejor momento y cualquier pérdida que acusaran sería nefasta. Más si se trataba de un cargo importante como el que Ethan ostentaba desde hacía relativamente poco tiempo.

Había ayudado a la pequeña brigada que había salido, atento al radar, guiándoles por aquel mapa interactivo a través de la radio que facilitaba la comunicación con cada equipo que abandonaba la seguridad de las instalaciones. La tensión había podido respirarse por unas horas en el lugar. Igual que ese silencio que nadie se atrevía a romper, salvo el jefe de las SSU, cuando daba indicaciones o alertaba a sus chicos para evitar desastres.

Finalmente, aquel equipo logró su objetivo, llegando a instalar una pequeña baliza que aportaría cierta información a la base. Una prueba. Un nuevo sistema que facilitaría la tareas de los más intrépidos y ayudaría a cualquier persona sana que se encontrara en las inmediaciones de aquel aparato.

Natalie se había pasado por la central para trastocar esos planes internos que sólo Ethan tenía y conocía, pidiéndole que ese día comieran juntos. Durante toda la comida, el rubio se mantuvo callado, incómodo, visiblemente molesto por esa situación en la que ella le obligaba a estar. Quizás, de haberle dicho a Samantha, habría sido la morena la que lo hubiese tranquilizado al decirle que no temía a la que aún era su mujer. Quizás, lo habría tildado de cobarde a pesar de que él lo hacía con toda la intención de protegerla. Porque sabía que Natalie podía ser particularmente cruel. No obstante, no entendía el porqué de esa fijación. ¿En qué momento aquel matrimonio había mutado de tan mala manera, hasta convertirse en una tara difícil de soportar? ¿Qué ganaba Natalie con todo aquello si ya ninguno de los dos parecía feliz con esa unión? Esa actitud posesiva resultaba tan tóxica y exasperante que nadie habría juzgado a Ethan por dejarla. Pero, por todo esas patrañas que ella le decía, apelando a ese honor inquebrantable del rubio, manipulaba la situación, a él, lo suficiente para detener toda intención de separarse que el exmilitar pudiera tener.

Sólo había una cosa que conseguía que Ethan aguantara todo aquello.

Y, justamente, fue lo que vio en cuanto la puerta de aquel habitáculo se abrió. Con la excusa de tener varias cosas que solventar, lo cual no dejaba de ser cierto, el rubio terminó por ausentarse. Revisión de vehículos, de equipos, diferentes pruebas con armas, entrenamiento, cosas que no eran nuevas pero que, obviamente, lo mantenían ocupado y ausentándose de esa vida en pareja. Pero, en cuanto pudo, también relegó todas esas tareas a un segundo plano. Se pasó por la cafetería, con la corazonada de que acertaría al tener el detalle de llevar algo de comida. Y, a pesar de todo, aquella sonrisa que la morena le dedicó nada más verlo, consiguió que Ethan se olvidara de todo mal y tensión que soportaba cuando no estaba con ella—. Ahora mejor. —contestó con franqueza, sin tardar en devolverle la pregunta:— ¿Cómo te encuentras hoy? —quiso saber en cuanto ella lo dejó pasar, consciente de lo que peor llevaba Samantha en aquella recuperación era justamente no poder llevar una rutina normal. La morena, tan observadora como siempre, terminó fijándose en lo que había comprado para ella—. Sí, traje algo... ¿Comiste ya? —volviéndose a mirarla en lo que la puerta se cerraba y, por fin, contaban con esa preciada intimidad que tanto habían aprendido a apreciar. Ethan se adelantó a la cocina para dejar lo que había comprado y así, reunirse con Sam a la altura del sofá, sin llegar a sentarse. Se le notaba precipitado, algo nervioso tal vez, pero su prisa venía respaldada por esas ganas crecientes de acunar el rostro de la mujer y besar sus labios como punto cúlmen del saludo. Porque tampoco admitiría en voz alta que había estado todo el día deseando verla. Pese a la precipitación del beso, fue lento, el primer momento de todo el día en el que a Ethan le habría encantado entretenerse el resto de la tarde. Porque cada vez que se veían, aquella relación prohibida los invitaba a dar un paso más. Uno tras otro, sin que ninguno de los dos pudiera contenerse. Y es que ambos, cada vez se estaban volviendo más adictos a la compañía del otro. Algo que podría ser peligroso si se salía de control.

Ethan terminó aquel beso mucho más lentamente que cómo lo comenzó, recreándose en esa mirada verdosa que buscó la propia en cuanto sus labios perdieron el contacto. Con una sonrisa suave, ahora tranquila, el SSU perdió altura momentáneamente para alzar a la chica con sumo cuidado, colocando sus manos tras las rodillas femeninas y la espalda. Trás la sorpresa, esperó a que Samantha recolocara las muletas, a un lado, para que no les estorbaran y, con esto, terminó sentándose, con ella en su regazo—. Listo. —anunció—. Creo que no puedo estar más cómodo. —enarcó una ceja, antes de acomodar sus manos: la que había colocado bajo sus rodillas, se deslizó hasta pasearse por el muslo exterior, más alejado de su torso y la que había dejado en su espalda, ascendió por toda ella. Una manera muy suya de compensar tantas horas de ausencia en la densa y aburrida rutina de la doctora. El reflejo de la tele captó su atención por unos segundos y fue incapaz de identificar la película—. ¿Qué andabas viendo? ¿Llego a tiempo para unirme o ya está terminando? —preguntó, antes de buscar, una vez más, esos iris glaucos que parecían no querer despegarse de su semblante.


Some Normality for Good [Ethan J. McQuoid] 6TjrGNd

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