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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Don't breathe [James J. Yeager]

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Mensaje por Cassandra Baržić el Jue 15 Ago 2019, 17:53


Don't breathe

27/09/15 ♦ RÍO/BOSQUE ♦ EEUU ♦ MEDIODÍA ♦ B.S.O.
Hacía mucho tiempo, incluso años, que las vendas ya no se manchaban de sangre. Aunque Cassandra había perdido la noción del tiempo y no era consciente de ello. La herida de su mano por fin había cicatrizado y aún así ella la seguía cubriendo con una venda. Tal vez para que si se encontraba con alguien no vieran el mordisco o más bien para que ella misma no tuviera que ver la falta de su dedo anular derecho. No se sentía cómoda al verlo, aún lo podía sentir ahí y entonces recordaba que posiblemente ahora se hallaba en la tripa de un cuerpo a medio pudrir... eso le daba escalofríos.

— Mierda Cass — se obligaba a no pensar en ello, ya que una de las primeras veces incluso acabó vomitando hasta la primera papilla. Prosiguió con su paseo, que ya llevaba siendo uno de unos tres años... sin rumbo fijo, solo necesitaba sobrevivir un día más, y mañana ya se plantearía la supervivencia de el día siguiente, esa era su regla de oro. Vivir en el presente, hasta ahora le había funcionado bien. Pensaba lo justo en el mañana, guardando algunas provisiones: agua, comida...

Los bosques en aquella zona parecían tranquilos, eso le dejaba margen para respirar, pues se había pasado los últimos días huyendo de ellos, los zombies. Esos malditos no le daban ni un respiro. Pero en aquel momento pudi parar por fin, en la orilla de un río, donde fue capaz de rellenar su botella de agua y de lavarse un poco. Asearse durante el fin del mundo era ahora el mayor de los lujos.

Habría seguido un rato más allí, pues necesitaba aquella calma, sin embargo todo cambió de un momento a otro. Observó su reflejo en la superficie cristalina del río. El agua se movía lentamente, ondas comenzaron a marcarse en la superficie. Poco a poco sentía como el suelo temblaba incluso.

Una horrible criatura apareció detrás de la rubia, pues logró distinguir su reflejo en el agua. Saltó al interior del río esquivando un manotazo de este ser, que seguramente la habría partido en varios trozos, pues sus manos terminaban en unas garras descomunales. (Hunter Alpha)

Se encontraba tirada en el agua, observando como aquella cosa comenzaba a retroceder y aunque de priemeras no entendía que trataba de hacer, no tardó en comprenderlo, iba a golpearla, tomaba carrerilla... antes de que la embistiera saltó a un lado del río y comenzó a correr por la orilla, alejándomse hasta alcanzar la frontera del claro y el bosque, para así perderse entre los árboles. Incluso había dejado sus pocas cosas atrás, todas menos las que llevaba encima: el machete y una neorme camiseta que la cubría hasta los muslos. Aquello no serviría de nada contra esa criatura, seguramente.

Escuchaba sus rugidos, no muy lejanos, así que seguía corriendo entre los árboles, con todas sus fuerzas, sintiendo como el corazón comenzaba a retumbar con violencia dentro del oecho, la respiración se le aceleraba y la boca comenzaba a saberle a sangre. Pero no podía detenerse, pues eso supondría su muerte y aún así, no estaba segura de que aquel día fuera a ser capaz de salvar su vida, por más que corriera. Lo que tenía seguro era que no se rendería.

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Don't breathe [James J. Yeager]  Empty Re: Don't breathe [James J. Yeager]

Mensaje por James J. Yeager el Jue 22 Ago 2019, 21:53

El hombre que hay al otro lado del espejo, mirándole, es James algunos días. O lo que queda. Un superviviente en otros y un extraño durante los momentos en que su mente pierde noción de la realidad. Los buenos días tiene un rostro tranquilo y suave; los días malos lleva el color oliváceo sobre la piel como si fuera un castigo. A veces es un chico que está sentado en el balcón con las piernas colgando de la cornisa y un cigarro en los labios. A veces es el hombre cansado que está apoyado contra la pared, empapado por la lluvia y la espalda encorvada.

Ese día, cuando abre los ojos, los gritos de sus pesadillas no le retumban en los oídos, el pecho no le duele por algo más complicado que el miedo, ni tiene esa sensación de como si le estuvieran envasando al vacío las entrañas. Supone que ese iba a ser uno de los cada vez más escasos días buenos.

Al levantarse del colchón, que ya hacía mucho tiempo había dejado de ser uno, es recibido por un techo demasiado bajo, una pequeña ventana tapiada pobremente al fondo de una habitación estrecha y tablas de madera astillada bajo alfombras gastadas. Es su refugio ahora, después de haber sido el de algún cazador, antes de que todo se fuera a mierda. La cabaña no es gran cosa, pero está bien situada, medio escondida por la vegetación y en la base de un despeñadero de varios metros de altura.  

Al salir ese día en particular, el sol que se cuela entre las hojas de los arboles le obliga a entrecerrar los ojos, pero no es la sensación desagradable que suele darle todo aquellos últimos días. Sin embargo, basta alejarse unos cuantos cientos de metros para que la cacofonía del viento y el silbido de los pájaros sea interrumpido por un sonido ajeno. James primero oyó los pasos apresurados de alguien corriendo, y después la vio, a lo lejos. Una mujer, de estatura media, con la piel demasiado pálida y la cara demasiado roja. Parece estar huyendo. Poco después pudo ver de qué.

A partir de ese momento James deja de registrar los detalles. Solo corre, en dirección contraria, hacia el pequeño lago que sabe que hay a demasiados metros de allí. Pero él es silencioso, escurriéndose entre las ramas en lugar de saltar, y jadear, y sacudir el bosque como un estallido. No le importa la desconocida, no le importa qué será de ella si no consigue defenderse o huir o esconderse, deja de importarle todo durante los segundos que tarda en llegar al nacimiento de ese pequeño riachuelo que tanto odiaba. Allí huele a tierra mojada y a agua estancada. A descomposición y a muerte. Que un lugar así esté en un bosque como aquél es como terminar con un golpe de cencerro una sinfonía de Beethoven.

El agua brotaba de una apertura en la piedra, en la parte más baja un pequeño terraplén de un escaso metro de altura, medio oculta por flora salvaje y hiedras y musgo. James sabe que una persona adulta cabe allí dentro, y que la vegetación es tan espesa que desde afuera apenas se nota la hendidura en la roca. Y, si aquella mujer no hubiera pasado por su lado en el momento que James se escondió, empapado de agua sucia, no la hubiera ayudado. Pero antes de que pudiera convencerse de no hacerlo, alarga el brazo hacia ella y tira de lo primero que sus dedos rozan, arrastrándola al agua con él.
Había aprendido que temerle a las personas más que a los muertos es la mejor forma de sobrevivir. Pero aquello, aquello es peor que las malas intenciones de una persona, o la mordida de la boca descompuesta de un caminante.

El corazón le late con tanta fuerza que jura que aquel ser lo va a escuchar. Instintivamente presiona a aquella mujer con más fuerza contra sí mismo, a la que ha arrastrado a aquel agujero mojado y mohoso. Había acabado sentada en su regazo, la espalda chocando con su pecho, dadas las circunstancias y el escaso espacio. Con una mano le tapa la boca (no necesitaba que gritase), y la otra se la pasa por los hombros, sujetándola. Su piel le arde en las palmas de las manos y en ese momento recuerda que hace mucho que no toca a nada vivo. La suelta como si quemase pero no se mueve, en gran parte porque no hay a dónde. Fuera sigue rondando la muerte, y al fijarse en los pequeños gusanos que trepan ajenos a todo por la piedra roñosa, entre el moho y el musgo engastado, James piensa que la vida en ese agujero es hasta insultante.

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Estuvo a punto de gritar cuando sintió aquella mano aferrarse a su piel. Pero esas mismas manos se lo impidieron rápidamente tapando su boca. Aquel hedor era insoportable y cuando sus ojos se adaptaron a aquella oscuridad, las vistas no fueron mucho mejores. Cassandra trató de apartarse de primeras, pero entonces al darse cuenta de que quien la sujetaba no la dañaba paró. Por eso y porque sabía que eaa criatura la perseguía.

Se mantuvo en silencio, con los ojos bien abiertos observando aquel lugar, pendiente de que nada de eso la tocase. Después de eso, si sobrevivía, necesitaría otro baño. La manos se aflojaron y la dejaron libre, pero Cassandra siguió quieta. Temía a aquella cosa. Pero tampoco se seguía segura con aquel desconocido detrás, sin embargo lo prefería a ese monstruo.

No quería salir aún, no hasta asegurarse de que aquel monstruo desapareciera. Los minutos se sucedían y ella procuraba hasta respirar lo menos posible. Todo para evitar el mayor ruido posible.

Aquella posición era muy incómoda, ya que se encontraban en un espacio minúsculo para los dos. Aún así ella siguió quieta. Prestando atención a cualquier ruido del exterior que pudiera indicarle que estaban solos o no. Entonces tras un buen rato decidió moverse, lentamente se fue asomando y mirando a todos lados. Parecían estar solos.

Fue saliendo poco a poco y entonces se permitió mirar atrás. Era un muchacho. Cass le ofreció su mano en silencio para ayudarle a salir. Era lo mínimo dado que probablemente le acabara de salvar la vida. Aún así no se sentía tranquila, por eso no pronunció palabra alguna, temía que eso pudiera atraer a la criatura.

Dado: Sí. La criatura los está acechando.
No. La criatura ya se ha marchado.

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Don't breathe [James J. Yeager]  Empty Re: Don't breathe [James J. Yeager]

Mensaje por Agent 4.0 el Dom 25 Ago 2019, 18:37

El miembro 'Cassandra Baržić' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Don't breathe [James J. Yeager]  Empty Re: Don't breathe [James J. Yeager]

Mensaje por James J. Yeager el Mar 27 Ago 2019, 10:35

Con cada segundo atrapado allí, James siente que las paredes del diminuto escondite se cierran cada vez más sobre él, asfixiándolo, aplastando poco a poco cada gota de raciocinio, porque ya no le parece tan mala idea hacer frente a un Hunter Alpha, solo y desarmado. Empieza con un sudor frio y continúa como una leve taquicardia, y James piensa que si no sale de ahí le va a dar un ataque de pánico. A lo mejor no es para tanto, únicamente un pequeño agujero, mojado y maloliente, pero su parte irracional le repite que sí, sí es para tanto.
La velocidad del tiempo se distorsiona y el mundo consiste en el fluir del agua, los ocasionales silbidos de los pájaros y el zumbido del miedo en sus oídos. Ahora solo están los dos y un silencio sepulcral.

La desconocida acaba de levantarse y decide a salir a echar un vistazo, y James intenta luchar contra el cóctel de emociones encontradas que le contraen el pecho. El calor corporal de esa mujer anida bajo sus dedos y el ritmo del miedo permanece bajo su piel, pero ninguna de esas dos cosas consigue llenar el abismo que hay entre él y la desconocida.

La desconocida se gira primero y James se pregunta, con la adrenalina martilleando en sus venas, si está tan asustada como parece. La desconfianza le ha mantenido vivo, a lo mejor a ella también.
Sin pronunciar una palabra, ella extiende una mando que James acepta con vacilación. Al incorporarse, y cambiar el aire viciado del escondite por el aire viciado del exterior, se da cuenta de de la venda en la mano de la desconocida. James, de repente, recuerda por qué en algún punto indefinido de su viaje, dejó de ayudar a extraños. Pero no la suelta, sólo la sujeta con más fuerza, a lo mejor demasiada.
En ese momento, su apretón, de dedos largos y sorprendentemente fríos, parece más un juicio deliberado. Más aterrador que tenso, más horrible que incómodo. De pie con el agua por las pantorrillas, se oye la voz de James, dos octavas más grave de lo normal, oxidada por el desuso:

—¿Cómo? — pregunta, casi taladrándola con la mirada. También parece faltarle un dedo, e incluso con la luz poco favorecedora del arrollo, James cree que si fuera por un mordisco reciente, tendría que tener peor aspecto. Si fuera por un mordisco no tan reciente, ella ya estaría muerta, o algo peor, y él no habría acabado en esta situación.

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