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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Pride, Pain and Love, at war [Ethan J. McQuoid]

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5 de Mayo de 2015
8:00 pm

La salud de Sam mejoró considerablemente. En unos cuantos días le permitieron volver a su “hogar” donde continuó con su descanso, ahora ayudada por una escayola que ayudaba a mantener su pierna estable y muletas, pasó el mes de abril en cama, su sofá y repasando la colección completa de películas que tenía a disposición y aunque el rubio iba de vez en cuando a hacerle compañía, no era tanto como para ahorrarle esfuerzo. Fue en estos meses que la morena supo reconocer el mal sabor de boca que la situación dejaba en su paladar.

Cada que lo veía irse por esa puerta, para volver con su esposa.

Samantha entonces fue orgullosa y cuando 6 semanas habían pasado y el yeso fue retirado... a la mitad de mayo, engulló la fecha inicial de su verdadera rehabilitación. “Ella sabía cómo cuidarse sola” pensó para sí misma con toda la terquedad que pudiese anidar en su interior, pero nada preparaba a nadie para lo tanto que dolía el empezar a moverse y a tener que ser independiente sin ayuda y aquello le costó mucho a la morena que asistió a las primeras 3 sesiones de terapia por su cuenta, su pequeña sobrina quería ayudarla, pero era una niña, por lo que no podía hacer mucho más que pasarle cosas cuando estuviera en su compañía.

La terapia consistía en el aumento de la movilidad de la pierna, empezando por un pre calentamiento con ayuda del terapeuta y luego empezando a caminar sujetándose de las barras y ejerciendo cierta presión en la pierna para acostumbrarla a su trabajo original, terminando con más ejercicios realizados por su acompañante que masajeaba y ayudaba a aliviar la tensión y el dolor, ayudada de medicamentos para la inflamación y el dolor que le sacó lágrimas de vez en cuando. “Cuando ya no te duela, podremos empezar a trabajar los músculos de la pierna, para que ganen fortaleza” decía aquel terapeuta para ayudarla a “sentirse mejor” pero no había manera en que se sintiera así por lo que al quinto día el mal humor estaba a flor de piel.

El dolor, la inflamación, el fastidio por verlo tan complicado, por batallar cuando su pierna le fallaba y todas esas razones que le sacudían violentamente la moral, la llevaron a simplemente dejarse caer sobre aquella colchoneta, dejando a medias el caminar agarrada de la barra y agitada, perder sus ojos en el techo de aquella zona de rehabilitación, furiosa, con ella misma y el dolor palpitante, que le empañaban los ojos. Inhaló profundamente antes de acostarse de lado en el suelo, casi en posición fetal y así erguirse de nuevo y sentándose llevar su mano derecha a esa pierna que dolía muchísimo.


Pride, Pain and Love, at war [Ethan J. McQuoid] AarbaIv

"It's a lie for a lie and I'm getting tired. On the other side, on the other side... "

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Ethan hacía lo que podía.

Intentaba seguir llevando una rutina normal dentro de aquella situación que para nada lo era. Porque la realidad no era otra que el simple hecho de que estaba jugando a dos bandas. Por un lado, estaba su esposa. Mujer que, a su vuelta de Irak, había empezado a tratar todos esos miedos y malas praxis que él había adquirido, rodeado de tanta muerte durante tantos años. Cuando todo explotó, Natalie e Ethan eran simples colegas que terminaron apalabrando un matrimonio por un simple capricho femenino. Porque el rubio nunca pensó que justamente esa otra mujer que ahora también ocupaba esa otra parte de su rutina, Samantha, aparecería en su vida, rompiendo todos sus esquemas, dejando la mente y el corazón del SSU patas arriba… pero correspondiéndole como nadie lo había hecho nunca. Ella era ese otro lado, esa contrapartida que lo hacía feliz. Porque no tendría reparo en admitir que escuchar aquel te quiero de aquellos labios que ahora adoraba besar, había sido un último gran momento en su vida.
No obstante, no dejaba de tener presente esa advertencia de Natalie.

Más aún, después de que ella se enterase que la morena ya estaba consciente. Con descarada sutileza, le había hecho saber a Ethan que estaría pendiente de su recuperación… pero también del tiempo que él pasara con ella. Razón más que suficiente para que el propio Ethan se sintiera con la presión al cuello por las medidas que su propia esposa pudiese tomar. No conseguía salir del shock de descubrir que se había atado a una mujer tan retorcida.

Aún así, cada minuto con Sam merecía la pena.

Porque, a pesar de todo, Ethan se las estaba ingeniando para estar con Samantha, ocupando ese tiempo de recuperación que tanto la desesperaba. Primero en la enfermería, y después, en su propio departamento, donde tenían mucha más privacidad. No obstante, siempre acababa volviendo con aquella esposa a la que ya sólo temía.

Esa tarde, como las anteriores, había ido a buscar a la morena a ese departamento, extrañándose de que no contestara. ¿Dónde podía haber ido? El segundo e inmediato lugar al que se dirigió para buscarla fue la enfermería, donde tampoco la encontró. Sabiendo que aún no se había recuperado del todo de la pierna, no podía haber ido muy lejos. Por suerte para el rubio, la misma enfermera que los interrumpió aquel día que la morena confesó, supuso correctamente que él estaba buscando a la doctora. Así que, tuvo el detalle de acercarse a él y decirle que Samantha se encontraba en la zona de rehabilitación.

Terriblemente extrañado, el rubio se dirigió hacia allí, sin demorarse en entrar para ver a la morena incorporarse para sentarse en aquella colchoneta—. ¡Sam! —exclamó aún con sorpresa y el ceño fruncido, dirigiéndose hacia ella—. En mi vida he conocido mujer más terca que tú... —una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios antes de acuclillarse justo frente a ella—. ¿Por qué no me dijiste que habías empezado con la rehabilitación? —la miró con cierto deje de preocupación, al formular la pregunta, llegando a recorrer aquella pierna femenina con la mano, del tobillo a la rodilla, en un roce que quiso ser reconfortante. Sus miradas mantuvieron ese contacto que no dejaba de ser significativo, contándose demasiadas cosas en ese silencio establecido—. Venga, échate. —inclinó la cabeza, más que dispuesto a ayudarla, pese a que sus conocimientos sobre rehabilitación eran escasos—. ¿Qué es lo que más te duele?


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Ella era terca y no le gustaba sentirse débil y en ese momento se sentía terriblemente débil y le molestaba como no tenía idea, por lo que con sus manos intentó levantarse pero el dolor pudo con ella y su voluntad de hierro, haciéndola que desistiera y maldijera a todo dios por su mala ventura. Fue en ese momento qué pasos se escucharon...y luego… esa voz pronunciando su nombre, causándole un escalofrío que extrañaba “¿Que hace aquí? Debería irse mejor con su mujer que seguro lo esperaba con ganas” pensó refunfuñando mentalmente, agriando su temperamento al punto que solo un gruñido fue respuesta cuando terminó de acercarse a ella.

“¿Por que carajo tiene que sonreír así?” refunfuñó mentalmente al ver esa sonrisa suya que la hizo apretar sus labios y contenerse de sonreírle de vuelta, fallando un poco en esa tarea, queriendo mantenerse cabreada ¿Que por qué no le dijo nada? Por que él tenía otras cosas que hacer “Como estar con su mujer, si” los celos eran cosa seria y más viniendo de alguien como ella que se acidificaba por dentro con resentimiento agotador ante esa situación que había “aceptado” voluntariamente- Porque tienes mucho qué hacer y esto es algo que debía hacer sola… -”no vayan a verte demasiado conmigo” se tragó como si fuese un bloque de ladrillo rústico ¿debía hacerlo sola? ¿enserio? Ya ambos sabían que ella era el colmo del orgullo, la terquedad y ….se vió sometida por esa caricia reconfortante que la hizo frustrarse al punto de formar un puchero y sentir que las lágrimas se le escapaban.

Quiso oponer una resistencia y ser terca y no dejarlo tener ese efecto que tenía sobre ella, no darle la satisfacción de saber que se estremecía intensamente solo con pequeños detalles como esa caricia sutil que había llevado a ese punto de rendición. He intentó sostenerle la mirada sin evidenciar sus emociones varias, pero no pudo y así, con sus ojos empañados, reflejó el cansancio que ya venía acumulando por que le gustaba la vida dura y él entendió, por lo que, la testaruda morena se recostó y exhalando solo miro ese techo de nuevo, sintiendo su pierna palpitar con intensidad- la parte baja de la pantorrilla...cerca de la articulación del tobillo… -y en efecto, se notaba enrojecida y algo hinchada y dolorida, por el sobre trabajo que significaba empezar a caminar de nuevo, luego de haber estado inmóvil por tanto tiempo.

Apretó sus labios orgullosa, sabiendo que no tenía sentido intentar molestarse con él, por que cada pequeño gesto la enamoraba y capturaba mucho más. Cuando sintió que él empezaba a atender la zona un dolor leve la hizo emitir un quejido, mordiendo su labio inferior llevando una mano para apretar la colchoneta que amortiguaba el peso de su cuerpo, necesitaba empezar a mover su pierna con urgencia- maldición….como odio esto.... -dijo ronca, llenando sus pulmones profundamente y asi exhalar con brusquedad, buscando esos ojos del rubio para sentir que quería gritar, deseaba... ya no sabía que, pero eso resonaba en lo más profundo, reflejandose en sus ojos entre enojo, dolor y frustración, inquietud, turbación y una docilidad agresiva que solo era propia suya.


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La frustración de la morena se le hizo del todo evidente al rubio, con sólo mirar aquellos ojos verdosos, empañarse ligeramente. ¡Cuán ignorante era pensando que sólo estaba tan abatida por su lenta recuperación! O, al menos, su situación era algo a lo que no quería darle vueltas. Se sentía mal por obligar a Samantha a disfrutar de una relación con él a condición de hacerla prohibida, tan solo en la intimidad de ciertos sitios de la base. Ni siquiera cuando salieran en misiones, fuera de Pandemonium, tendrían esa oportunidad de comportarse como una pareja normal.

Aquello parecía un callejón sin salida en el que Ethan prefería no pensar.
Su tiempo con Sam debía ser escaso y, por ello, justamente, optaba por disfrutar de ella. Aunque, quizás, la morena no pensara igual, desameritándose frente a esas "otras cosas" que él tuviera que hacer. Contuvo un suspiro de resignación por ese reproche implícito pero también ese intenso abrazo que quiso darle en cuanto vio aquellos ojos verdes, con emoción contenida. Por muy hermética que Samantha quisiera ser, Ethan tenía una imprevista habilidad para leer sus miradas, las cuales se le hacían terriblemente explícita.

Ethan no apartó sus azules de ella, cuando le hizo caso y se tumbó en la colchoneta. Algo en él despertó al verla así. Por peculiar suerte, Samantha apartó la mirada, aplacando todo golpe de intensidad, haciéndole saber qué le dolía—. ¿Aquí? —palpó con la yema de sus dedos la parte superior de su tobillo, con suavidad. Y con esa misma delicadeza, masajeó la zona, notando esa hinchazón que acompañaba al enrojecimiento de la piel. No pudo decirse que Ethan no tuviera dedicación cuando repasó aquella piel, aquel músculo atrofiado y débil, por falta de uso—. Aguanta, Sam —murmuró cuando vio cómo apretaba la colchoneta con la mano—. Podrás volver a caminar, antes de lo que piensas... —quiso ser optimista, para sacarla de tanta frustración. Sabía cómo era ella. Tenaz, entregada y persistente. No le cabía la menor duda de que la morena le dedicaría el doble de horas a la rehabilitación para recuperarse cuanto antes.

Y, no sólo en cuanto a rehabilitación se refería.

Los azules de Ethan volvieron a alzarse, buscando el rostro ajeno. Fijándose entonces en aquellas facciones, al borde de un colapso emocional que el SSU quiso calmar en ese mismo momento. ¿Para qué reprimirse más? Justo en ese instante no había nadie más alrededor, lo que les otorgaba cierta libertad y, ¿para qué negarlo? algo de adrenalina al saber que, en cualquier momento, podrían verse interrumpidos y, en consecuencia, no podían regalarse algo que durase más que un beso furtivo o una mirada intensa. No obstante, quién sabe si fue la posición, esa necesidad por ella, o, mismamente, el querer dar un paso más en todos esos gestos para reconfortarla, que Ethan volvió a dejar aquel pie apoyado, para gatear sobre ella, estirándose un poco y así, finalmente, inclinar su rostro sobre el de ella y regalarle un beso. No uno rápido ni suave. Sus labios hablaron por él, en un baile que fue lento, entremezclando sus labios con los de la doctora de forma intensa. Al rubio no le hizo falta tiempo apenas para darse cuenta que Sam correspondió con un atisbo de ansiedad. Como si, a pesar del reproche, de la cara larga y toda esa inquietud, deseaba tanto como él un gesto así. Tuvieron la suerte de que nadie interrumpió ese momento, más allá de esos pulmones que pidieron mesura para recuperar el aire perdido en ese baile—. Todo lo que tengo que hacer... —susurró, sobre sus labios, instantes antes de alzar un poco más su cabeza, buscando una vez más aquella mirada clara, expresiva y turbada—. No es tan importante como ayudarte a ti. —y, el pobre hombre, en eso no mentía, independientemente de que la doctora le creyese o no. A pesar de esa coacción a la que se veía sometido por aquella que fuera su esposa, Ethan tenía sus prioridades muy claras, aunque estuviera limitado.


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Afirmó varias veces al escuchar esa petición, ella podía aguantar, realmente podía... pero era desesperante encontrarse tan limitada al punto de necesitar ayuda para casi todo. Una ayuda que no quería pedirle al rubio, en su intento de ser tan independiente como pudiese de él, porque era tan orgullosa como para tratar de no abrirse a esos lados más vulnerables, aún a pesar que lo quisiera como lo quería.

La morena, lo quería para ella solamente y era un golpe fuerte a su orgullo el tener que cuidarse las espaldas de ser vistos y escuchados por otras personas, cuando en realidad él solo debía dejar a su mujer para empezar algo con ella de la forma correcta... vamos, con el pie derecho. Pero algo le decía que no iba a pasar y eso dolía muchísimo y no mejoraba nada aquella situación el dolor que atravesaba su pierna que era masajeada con delicadeza por ese hombre que no tenía ni idea de la batalla campal de pensamientos que estallaba en su cabeza- espero.... –murmuró con una suavidad ronca, a ese comentario que buscaba alimentar con optimismo su presente. Eso esperaba, si, con muchas ganas.

Un quejido escapó de sus labios, mientras alzaba una mano y mordisqueaba uno de sus dedos, en su intento por callar el dolor que ahora parecía darle tregua gracias a los masajes que estaba recibiendo... hasta que se detuvieron ¿Por qué había parado? Abriendo sus ojos volvió a ver al rubio y entonces siguió su actuar- Ethan... ¿Qué... –murmuró, hasta que sintió su cuerpo cubierto por el suyo, en esa postura comprometedora que los unió a los dos en el silencio de ese lugar, dejándose embaucar al sentir la suavidad de sus labios reclamando de los propios, una respuesta que no tardó en llegar, porque su propio cuerpo la traicionaba y la hacía estremecer.

Perdida en los escalofríos que ese roce regalado le entregaba, haciendo que olvidara por un momento todos esos pensamientos caóticos que la atormentaban y la hicieran suspirar contra esos labios cálidos sin abrir sus ojos al menos hasta escuchar esas primeras palabras, mirándolo con tantos sentimientos impresos en ella, reprimidos y transformados en centelleos perdidos ¿en serio era así? Y era en esos momentos que deseaba bajar la guardia, quería rendirse a esas promesas y creer que realmente era así como él decía ... sin embargo, lo hallaba todo tan surreal y difícil de creer y quizá no lo creería hasta que realmente encontrara esa estabilidad que tanto añoraba algo en lo más profundo de su ser.

Perdiéndose en esa mirada profunda que la hizo liberar el aire con mayor lentitud, mientras alzaba su mano derecha y la posaba en la mejilla izquierda del rubio, acariciando suavemente su piel, sin apartar de sus espejos azules su mirada.

Y como añoraba solo dejarse abrazar por esa reconfortante sensación de estar cuidada, como quería encontrar su comodidad en esos brazos que la rodeaban y aunque dolió... sonrió como si no le doliera, como si pudiera realmente vivir así, aunque algo en lo más profundo sabía que llegaría un punto en que no lo soportaría, pero no sería ese día, en que sostuvo esa sonrisa silenciosa y deslizó sus dedos hasta su nuca, hundiéndolos en esos cortos cabellos rubios, sin palabras, ni comentarios adicionales. Alzó su rostro para capturar sus labios y regalarle un beso como respuesta a esa afirmación que le removía todo y sacudía como un terremoto- me conoces, soy así de terca... – "Y orgullosa..." pensó luego de justificarse con voz temblorosa y llena de una sedosa suavidad, dándose cuenta del efecto que ese hombre tenía sobre ella, por  más que  ella quisiera estar enojada.

Rozando sus narices juntas, la morena exhaló y se dejó recostar en el piso de nuevo, antes de rendirse a esos escalofríos "No te dejes llevar... " pensó para si en ese intento de mantener el control y el orgullo ante lo que creaba ese nudo en su garganta y pecho- podrían descubrirnos... -susurró en un exhalo profundo, sin que sus manos aflojaran su agarre, allí donde podía agarrarse de ese fuerte hombre que cegaba su perspectiva.


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