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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Mensaje por Sayaka Bell el Mar 21 Mayo 2019, 09:04

-Bueno, aquí estamos Se nos había citado a todos en “el Poli feliz” saliendo de cumplir las labores en el departamento de policía. El lugar era bastante bonito para ser un bar, y de hecho se llamaba “East-west pub” pero a modo ritual, los muchachos iban a buscar la “felicidad”, y de ahí se acogió el nombre.
Faltaban algunas personas en el lugar, pero era impresionante ver la unidad que tenían en el departamento, no es que tuviera mucha experiencia yendo a los eventos del trabajo, pero imaginaba que debían ser menos concurridas.

Todos charlaban entre sí, los que tenían mucho tiempo de conocerse se tomaban ya una cerveza y contaban increíbles historias de eventos históricos que ocurrían en el día a día. Algunos hablaban de la proeza de agarrar a un pobre muchacho que estaba consumiendo drogas en la calle, o el coraje del agente de tránsito al evitar los accidentes que sin ellos terminarían en catástrofe. Por mi parte, estaba sentada tranquilamente en un cómodo banquito tomando agua en un lindo vaso. Soy la chica que suele platicar animadamente con todos, pero justo en ese momento no me apetecía, los recuerdos de lo que tuvimos que vivir aún seguían en mi mente, y por mucho que recomendaran y rogaran incluso que olvidaramos lo sucedido en el trabajo, a mi se me daba terrible. Podía escuchar en mi cabeza las palabras cansadas y esperanzadas de la gente, o el rugir del motor, mis manos temblando en el volante mientras corríamos a toda velocidad, con las luces de sirena apagadas y manejando en la más oscura de las penumbras, pero en mi cabeza la idea de galopar como un jinete del apocalipsis anunciando lo inevitable era más usual.

“Vamos a por ti” pensaba, incluso quería gritarlo. Había algo dentro de mí que me emocionaba demasiado con la situación. Al menos hasta que el trabajo comenzó.
Debo decir algo acerca de mí. No tengo madera de policía, y quizás haberme unido a las fuerzas haya sido el primer gran error que cometiera en mi vida. Todo lo que había logrado había sido con pasión, cada palabra que usaba con la gente para convencerles, cada intento y cada caída, todo estaba repleto de ella, pero menosprecie lo que significaba ser un policía, y cuando comprendí el enorme compromiso que había adquirido, y cuando vi todo lo que se debía soportar en el campo comprendí que en verdad solo era una niña jugando a ser alguien en la vida. Pero al menos jugaba con un helicóptero, y así la cosa no podía sonar tan mal.

En sí, la cita en el “poli feliz” era a modo de celebración. Nuestro equipo - uno improvisado y no muy unido - se había sacado la lotería con un buen trabajo realizado, trabajo que en su mayoría realizó la agente Spencer.
Me gustaría decir que hicimos un gran equipo, pero si bien suelo hablar maravillas de mi misma, he de reconocer que soy carente de la parte de “responsabilidad y profesionalismo”, cosas que a mi parecer contrastaban con la actitud de Natalie. Era una mujer fuerte, directa, parecía que de alguna forma había nacido para esto, y yo… bueno, pues yo subía los pies al escritorio. Es algo triste tener que pensar en estas cosas cuando se está celebrando el esfuerzo propio, lo sé, pero son estas cosas las que te hacen valorar realmente tu posición en la vida. Era una heroína, ella y yo, y Alex y Gustavo, todo el equipo que logró rescatar a James Clover, importante político y esas cosas que diría seguramente el capitán cuando comenzara su brindis. Sé que hice algunas cosas, se que trabajé tan duro como todos, porque a pesar de mi escaso compromiso con la responsabilidad, odiaba quedarme atrás. Incluso podría presumir que en gran parte el éxito fue gracias a mí, por las negociaciones y eso, pero enfocándolo en la realidad y a pesar de las palabras del capitán, a pesar de que jamás lo diría, creo que la verdadera heroína fue Natalie.

*Tin* *Tin*

- Ejem… Bueno. Creo que estamos todos los que vamos a estar me parecía muy interesante como todos callaban cuando alguien hacía sonar las copas. Una señal divina de que algo importante debía pasar en cualquier momento. - Creo que todos sabemos por qué estamos aquí, y quien no, puede pasar con la oficial Brians para entregar su placa, que no sé dónde carajos han metido el culo en toda la semana - todos rieron, incluso yo, una risa un poquito falsa quizás, porque las palabrotas no me iban muy bien. El cantinero me sirvió una copa con sidra, que es como la champagne de la gente pobre, me han dicho. - Ha sido una semana jodida en verdad, de esas donde me pregunto en qué momento el alcaide me llamará para que guardemos las cosas y vayamos a casa por vacaciones permanentes. Pero aquí estamos, está mi trabajo seguro, su trabajo seguro, y ese buen hombre de traje elegante en casa, seguro. A veces menosprecian a las fuerzas policiacas, dicen que nuestro Equipo Especial de Tácticas y Rescate, nuestro “S.T.A.R.S” es lo que le da renombre al departamento, pero ¿Saben que? Ellos nos están aquí el día de hoy, no señor. Ellos no se llevarán la gloria esta noche, porque me pidieron que delegara la misión y me negué, quise creer en la fuerza, en ustedes. Y aquí estamos esta noche Debía admitir que al capitán se le daba bien hablar, pero era algo egocéntrico para mí gusto. Por el otro lado de la multitud estaba Natalie, mirando fijamente al capitán, y a su lado Alex y Gustavo, tomándose la copa antes de tiempo. - Creo que es correcto decir que esta noche podemos dormir tranquilos, que atrapamos a los malos, como dicen en la tele un poco más de risas en la multitud - y se lo debemos al equipo especial “Tau”, aquí presente. El oficial Alex Bledel, el oficial Gustavo Moreno, la oficial Sayaka Bell, y su líder de equipo, la oficial Natalie Spencer. creo que todos saludamos en esa ocasión, con un típico levantamiento de copa, una leve inclinación de cabeza y una sonrisita presuntuosa, o en mi caso, apenada, incluso creo que mi inclinación fue exagerada, como las de mamá cuando saluda. - Esta noche es para ustedes, por su gran compromiso, y el excelente servicio que han realizado. Tuvieron las cosas en su contra pero lograron realizar un rescate impecable de un rehén que no podíamos haber imaginado, y gracias a su gran trabajo, James Clover está hoy con su familia, a salvo. Así que brindo por este maravilloso equipo, que forma parte de una gran maquinaría que es la R.P.D. ¡Salud! Todos alzamos las copas, algunas ya vacías y otras no tanto, yo solo mojé mis labios en la bebida por el simple gusto que me daba la sensación del burbujeo en mi boca. La gente vitoreaba y aplaudía, algunos incluso llegaron a codearme el brazo diciendo “buen trabajo Bell” a lo que yo respondía con un guiño.

- Bien, me gustaría saber si la oficial Spencer está dispuesta a compartirnos unas palabras o comenzamos de una vez con la fiesta, porque el bar cierra a las cuatro y aún no hay nadie borracho el capitán era un buen hombre, no era un tipo serio, si bien había leyendas de ser un duro, rudo y violento oficial. La gente le quería en su mayoría, yo incluida, el me dio la oportunidad de entrar a la fuerza y de participar en la misión, pensando que podría servir de algo además de repartir las rosquillas, y creo que tuvo razón, podría ser que por fin estaba encontrando mi lugar en el mundo.

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Mensaje por Masha el Lun 27 Mayo 2019, 19:46

Que la verdadera Natalie Spencer hubiera muerto hacía años, a la edad de diez en una precaria salita hospitalaria de mala reputación era (y no) una simple casualidad. Ellos no serían capaces de asesinar a sangre fría a una niña solamente para que un agente tomase su lugar siete años después. O al menos eso era lo que le gustaba creer.

La pequeña y débil Natalie había pasado los últimos dos meses de vida conviviendo con el cadáver de su madre y algunas pocas semanas también con el de su hermana gemela. Respirando sus gases tóxicos, acurrucándose junto a la muerte. El Estado Americano había dejado pudrir a la señora Spencer y solo una de sus hijas. Pero, así y todo, ninguna de las dos había logrado sobrevivir mucho más después de la muerte de la progenitora. Muertas, las tres se habían convertido en víctimas de un sistema que hacía la vista gorda a los problemas menores -como les decían- tapando los hechos y las pruebas con  dinero o, llegado al caso, una bala en medio de la cabeza. Pero en esa ocasión ni siquiera la misericordia de la muerte inmediata. La ida de aquellas niñas nada tenía que ver con un mal genético, o un destino inevitable, sino que habían sido olvidadas por su propio país y negadas de sus derechos. La sociedad les había fallado a ambas. La medicina moderna nada había podido hacer siendo que no contaban con los recursos necesarios. La ayuda era aún más cara que una hipotecta de por vida, y Natalie había caído en los brazos de la parca con un sueño profundo y eterno. Que disfrutaría junto a su familia detrás de las puertas del Señor.

Pero si Natalie Spencer pereció a la edad de diez en un pueblo olvidado, ¿quién es esa mujer que alza la copa de champagne a modo de brindis y utiliza su identidad como propia?

La copa burbujeante de champagne se alzó con delicadeza puntillosa. Parecía mentira que sus manos también empuñaban armas de fuego a rigor, pero así era ella. La historia de Natalie Spencer se había tejido de forma detallada y seguía por detrás la vida de aquella niña que había muerto como si no lo hubiera hecho. Huérfana, según su data, se había criado en un orfanato pequeño y religioso: los papeles en el último cajón del mueble en su apartamento lo constataban, y decía que ya de pequeña había soñado con pertenecer a la fuerza.
Apesar de que su vida se hubiera amarrado con bandas ficticias, Natalie Spencer se había graduado de la academia policial con honores, y aquel currículo del que era dueña eran tan real como el rasgo exótico de sus ojos.

Sabía de primera fuente lo importante que era para el Capitán de la policía el triunfo que se había llevado a cabo, y sabía también que el éxito de los S.T.A.R.S. había empezado a joderle. No es que su gente hubiera tenido algo que ver con el secuestro de Clover, pero una vez llegado el caso éste se había convertido en misión prioritaria para Natalie. Era una buena manera de ganarse la confianza del jefe sin recurrir a los favores sexuales, que -en su experiencia- muchas veces podían volverse engorrosos y confusos.

Natalie dedicó una sonrisa divertida desde su lugar a su superior, y solo se dio la vuelta para mirar a sus compañeros una vez que el hombre comprendió que no tenía ningún interés en hacer un discurso.

Uno creería que con la reciente noticia, el TAU estaría exento por algunas semanas, pero ya me veo rellenando mi caja de despido por un discurso demasiado largo —se burló haciendo engalane de su carisma habitual— Por más triunfos, compañeros.
Alzó una vez más la copa y los demás vitorearon: algunos por el cumplimiento de sus deberes y otros con la idea de la barra libre. Natalie bebió un corto trago y dejó la copa a un lado. El alcohol obnubilaba sus reflejos, y aunque estaba entrenada para no hablar de más, no había razón para tentar la suerte.

Caminó entre los presentes con su habitual ritmo sereno, dedicando sonrisas cordiales a cada felicitación y rehuyendo de las largas conversaciones. Todo había que decirlo, estaba cansada. No de ser quien era, ni mucho menos de su trabajo, sino de aquel puntual rescate que les había otorgado un mal dormir y, peor aún, una pésima dieta. Comida basura, chatarra por la rapidez. El gran veneno de América.

Qué gran farsa. Seamos sinceros, la mitad aquí no se ha movido de su escritorio por James Clover. Ni lo haría, vamos. Si alguien me lo hubiera preguntado, la mejor forma de celebrar esto habría sido a solas en mi casa, con la semana libre y una buena cantidad de horas de sueño —Natalie se acomodó junto a Sayaka Bell con las manos vacías y un gesto bromista. Pronto alguien puso una cerveza en su mano y no pudo negarse. La cerveza era mucho menos elegante, sí, pero mucho más su estilo— Claro que Bledel y Moreno no parecen estar pasándola mal... —dijo señalándolos con un movimiento de su cabeza, antes de volver a clavar sus ojos en ella— tú... ¿estás bien? —Puede que fuera parte del cargo averiguar sobre sus compañeros, sin embargo con Sayaka no era forzado. Le parecía una muchacha competente y de mucha labia, formal en la vida y su trabajo aunque siempre con un toque propio que garantizaba que el trabajar junto a ella fuera más bien un placer que un estorbo.

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Mensaje por Sayaka Bell el Jue 30 Mayo 2019, 02:17

En verdad que Bledel y Moreno se la estaban pasando genial, supongo que es cierto que cada quien celebra sus éxitos de forma distinta. Por mi parte, la idea que planteaba Natalie me parecía mucho más interesante. Estaba muy cansada por todo el trabajo que se realizó muy a pesar de que creo qeu me llevé la mejor parte del trabajo.

- Con lo que invertirán esta noche pudimos tener dos noches de hotel, piscina y una sala de masaje ¿No crees? Remojé mis labios una vez más. - Supongo que la idea de rescatar a un político que recompensará tus esfuerzos subiendo los impuestos y dando un discurso matutino frente a los medios no motiva a levantarse del escritorio. - Buscaba seguir con el buen ánimo de Natalie, entendía la honestidad de sus palabras, pero no creía que estuviera disgustada por la fiesta, y siendo sincera, las bromas contra los políticos siempre mejoraban el ánimo.
Bledel y Moreno eran buenos tipos, estaban felices con la ¿Segunda? ¿Tercera cerveza? Era difícil saber con todo el tráfico del bar. Quizás la idea del capitán no era tan mala después de todo. Usarnos de pretexto para regalar una noche de tranquilidad a todos suponía una buena estrategia, levantaba los ánimos del departamento, y con un poco de suerte, le haría quedar bien.

A veces las preguntas más simples pueden llegar a ser las más complejas

Si… supongo que todo está bien conmigo. Como sabes, todo esto ha sido nuevo para mí. La gente no suele llevarme a este tipo de trabajos, he volado y conducido, y creo que los he llevado a lugares que no pensé que visitaría. Formar parte de una operación como esta honestamente no estaba en mis planes de carrera Reí con completa libertad, me sentía bien platicando en general, y aunque no conocía muy bien a Natalie esta semana me había enseñado muchas cosas de ella, y otras me entusiasmaba descubrir.

- Bueno alcé mi copa enfrente de ella - Por un trabajo bien hecho, y el placer de haber trabajado con ustedes Me sentía feliz por todo lo conseguido, como la primera nota perfecta de un niño, o la primera vez que se podía hacer una acrobacia, ese tipo de felicidad genuina.

- ¿Tú cómo estás? No debió ser fácil cargar con toda la responsabilidad. - Tenía la impresión de que Natalie era la más capacitada para el trabajo, y aunque nos hubiesen seleccionado por nuestras aptitudes, no todos teníamos la experiencia, o la madurez para hacer el trabajo. Natalie debió cargar con muchas cosas.

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Mensaje por Masha el Jue 06 Jun 2019, 22:50

Natalie estiró una sonrisa placentera al escuchar a Sayaka y tomó sus palabras como una invitación a sentarse. Realmente creía que ni siquiera necesitaba una noche de hotel y ya le bastaba con tiempo libre en su propio apartamento, pero no sería capaz de declinar un día completo de piscina y masajes. O eso decía, porque en el fondo todos sabían que Natalie estaba en uno de sus mejores momentos laborales y frenarse le costaba un poco. A su alrededor los compañeros de ambas charlaban distendidos y aprovechaban todo lo que había para beber, y es que así era cómo disfrutaban los americanos a fin de cuentas. Mientras más consumo, mejor.

La mujer se acomodó en la banqueta y aprovechó para dejar el botellín de cerveza sobre una de las mesas que se encontraban espaciadas por todo el salón del bar. Apenas si le había dado un pequeño trago antes de apoyarlo.
Me gusta como piensas, Bell.  —Dijo señalándola con un sutil movimiento de cabeza— Tal vez en alguna otra ocasión podamos ponernos de acuerdo y conversar esto con el jefe, ¿eh?  
Se rió y esta vez buscó al capitán con su afilada mirada, como un reflejo al hablar de él. Amistoso y sin segundas intenciones. Sincero, sí, pero por sobre todas las cosas, ensayado.

Y es que a la agente rusa detrás de Natalie Spencer no le importaban los premios patrocinadores de la policía como una noche en un hotel de lujo o una día entero de masajes. Menos aún la fiesta. El reconocimiento americano por haberle salvado la vida a un hombre que era sinónimo de todo lo que odiaba le sabía demasiado amargo como para poder disfrutarlo como un logro. Y así era su vida diaria: abrumadoramente irónica.

Natalie bebió un trago de la cerveza y se inclinó hacia Sakaya acortando las distancias. Estaba interesada en la respuesta de ella, y también un poco molesta por la pésima acústica del bar favorito de los policías.
Créeme que nadie se esperaba éste incidente en medio de su carrera. Pero aquí estamos de todas formas. Siempre con la mejor disposición ¡y menos mal que aquí estamos! —alzó las cejas divertida y antes de sonreír, chocó la cerveza con la copa de su compañera, pensando de antemano la respuesta a la pregunta que, sabía, le haría Sayaka.
¿Yo? Dime, Bell, qué piensas tú de todo esto porque... No salgo de mi asombro ¿A las pocas semanas de entrar en RPD salimos victoriosos en un caso como tal? ¿Y con el jefe desesperado por mitigar a los S.T.A.R.S.? —sonrió con esa frialdad típica de alguien que ha naturalizado su deber, pero no lo suficiente como para estar muerta por dentro, y se acomodó el cabello detrás de la oreja en un movimiento natural, una manía que tenía desde pequeña—. Todo esto es, personalmente, una victoria. Pero sé que no se llega a ser victoriosa sin pelear.
No era solo que todo había salido bien, sino mejor de los esperado y sin damnificados. Detalle no menor para la entidad y el gobierno.
Pero sabes qué es lo que más me preocupa... —dijo— si todos estamos aquí emborrachándonos... ¿quién carajos está a cargo en la estación? —alzó una ceja, fijándose en ella entretenida.

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Mensaje por Sayaka Bell el Miér 19 Jun 2019, 02:13

- Dale media hora al hombre, y nos aseguramos unas vacaciones en Bahamas, o Moscú, si eres más de hacer ángeles en la nieve nunca entendería la diferencia entre una playa de Estados Unidos, o las nevadas en Nueva York, comparándolas con otros lados, a veces me daban ganas de visitar nuevos lugares para comprender esas pequeñeces, pero soy una persona que cree que lo que diferencia a un lugar del otro son las personas, y como no podía adivinar qué pensaba Natalie, y tenía por seguro que las ideas de viajes y demás venían bien, si no para compartir las expectativas, como tema de conversación.

- A decir verdad, no lo sé - dije con completa honestidad, llevándome una mano a la barbilla exagerando mi propia expresión - No soy de las que piensan en conspiraciones o va mirando por encima del hombro quien le sigue pero - me alcé de hombros, y miré a los ojos a Natalie - No quiero poner en duda nuestro trabajo, o nuestra capacidad, claro, pero para ser un pez gordo, fue como pasarse el primer nivel de Mario Bros fue solo un segundo, supongo que hablar de conspiraciones y esas cosas afecta de alguna forma nuestra perspectiva, porque en ese fragmento de tiempo vi en Natalie la expresión de alguien que no concordaba con la jovialidad que ya había percibido en ella, detalles sin importancia, supuse. Incluso las mejores personas pueden poner expresiones tristes a veces, supongo que todos tenemos derecho a ello

- Pues si no está S.T.A.R.S. haciendo su trabajo, bien podríamos tener una invasión de monos capuchino agarrando nuestras tazas de “oficial del momento” - Reí con solo imaginarme a los capitanes besando indirectamente a los monos desde sus tazas de café - En todo caso, las campañas están por comenzar y un escándalo a nadie le viene mal ¿No? O podrían intentar desviar la atención… Tal vez solo veo demasiada televisión - ahora era mi rostro el pesimista - ¿Sabes? Me gustaría ver un mundo más honesto. No me uní a la R.P.D para realizar mi sueño de tener un mundo sin maldad, pero… me hace pensar ¿Sería mejor haber salvado a una persona que estaba en peligro? O salvar a una persona que necesitaba reputación. Supongo que mientras nos manden a las Bahamas no importa demasiado, ¿No? - Me llevé la copa al fondo. Se sentía bien platicar con alguien, para variar.

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