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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Octubre ¿6? ¿10?

El pecho le subía y le bajaba anormalmente mientras se alejaba de la ciudad. Jadeaba, volaba de fiebre, y sin embargo sus piernas seguían arrastrándolo cada vez más lejos. Paso a paso, primero un pie, luego el otro, y de vuelta…un pie, el otro. No se podía detener, aunque el dolor fuera indescriptible, aunque sabía que estaba cada vez peor y peor. Por el lado derecho no veía absolutamente nada, sentía frio, luego calor, de vuelta frio. El macilento hombre tenía que girar su cabeza casi por completo para poder ver con el ojo izquierdo algo del lado derecho. Respiraba una profunda bocanada de aire, y continuaba caminando.

Bien sabia el rubio que estaba dejando un completo y total desastre a sus espalas, un rastro muy fácil de seguir fuese para aquellos soldados de la muerte, para la horda del Barón Samedi, o para la maldita rata amarilla, o para quien mierda fuese que tuviese ganas de despachárselo. William, de todas formas, no daría el gusto a nadie de que pudieran acabar con su miserable vida, se metería el cuchillo en el cuello antes de ver el placer en los ojos de sus enemigos.

Pero mientras caminaba por las empantanadas aguas de aquel pueblo anegado, producto de las inundaciones descontroladas y del desborde de los ríos y lagos que rodeaban Nueva Orleans, tenía la sensación de que los animales también planeaban darse una buena comilona con la poca carne de sus huesos. Lo noto en una de las oportunidades que giro la cabeza, los troncos gigantescos que se movían, cocodrilos ¿Por qué siempre tenían que ser cocodrilos?

En una de las oportunidades estornudo de manera que todo su cuerpo se sacudió fuertemente, provocándole un gutural grito espantoso de dolor que saliese de lo profundo de su garganta. Cada paso que daba, cada vez que el viento le acariciaba el cabello, cada vez que el agua se agitaba alrededor de su cintura, cuando respiraba, le dolía la cabeza como si Thor estuviese metiéndole la verga en la cuenca del ojo vacío. Y eso era lo peor que podía sentir, la cabeza vacía ¿En que había pensado esa lunática de mierda? ¿Acaso pretendía arrancarle el cerebro por la cuenca del ojo? En una que otra oportunidad, su reflejo le devolvía la mirada y pensaba que había estado muy, muy cerca de lograrlo.

Pero terco como era, no se detuvo en su irregular andar y de esa forma atravesó el empantanado pueblo con construcciones francesas que sin lugar a dudas en algún momento había sido precioso. Ahora, con las alimañas del pantano rondando, no perdía belleza pero tampoco perdía ese tono lúgubre. Como un cementerio, un pacífico cementerio. Los cementerios eran el lugar ideal para esconderse, incluso una tumba…si, con ese pensamiento, continúo andando. Pensando en la tumba…

Habían pasado varios días desde que había salido por los pelos de Nueva Orleans, muy mal herido y demasiado cabreado como para detenerse a pensar por un momento en que sería el siguiente paso que tomaría. Obviamente no tenía forma alguna de salir con vida, no tenía medicamentos, ni hierbas medicinales para ponerse en el ojo vacío. Tenía la sensación pegajosa en la barba y en el resto de la cara, y la fiebre era tan alta que parecía como si estuviese quemándole literalmente la piel y abrasando la carne de sus músculos. Respirar, era una tortura.

Pero aun así, el hombre de montaña no parecía abandonar esa esperanza de acabar muriéndose. En una mano, sostenía el cuchillo que había jurado meterse en el cuello o en el pecho, para matarse así mismo antes que darle el placer a alguien más. En la otra, sostenía la ballesta cargada con una sola flecha. El maldito caballo, el muy maldito caballo de mierda, se había llevado todas las otras flechas. No sería un problema, era un excelente rastreador, ese animal se había condenado así mismo al haberlo dejado tirado.

Por otro lado, no sabía que tanto estaba esperando la muerte ¿O es que no era un estúpido mas del montón? La vieja mansión de corte francés, vacía, saqueada, vandalizada, abandonada, húmeda y oscura, era un excelente refugio para estar esperando a la parca. Allí estaba el macilento hombre, quien apenas y podía mantener la consciencia por un rato, sentado con la espalda contra la pared y medio cuerpo echado hacia delante. Miraba por la única puerta de la enorme habitación, con la ballesta apuntando contra ella. Tenía fuerzas suficientes como para hacer el disparo, y probablemente acabaría muriéndose. Escucho pasos, William trato de enderezar la cabeza, un hilillo de baba le caía de la boca y entre temblores espero a que la puerta se abriera. Disparo contra la figura que estaba en el portal, medio intento sonreír. —Espero haberte dado—. Susurro muy bajo, con mucho cansancio, aun burlándose de la persona o del animal. Queria dejar claro que, hasta lo ultimo, era un tipo peligroso. Un tipo duro, con el que ni siquiera moribundo era mejor meterse.


Lenin, the mouse
Nowhere to run, nowhere to hide [Sayaka Bell] CT3VIah

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- Hubiera preferido que no lo hicieras estaba muerta de miedo. Tenía la flecha clavada justo a mi lado todavía temblando por el impacto contra la puerta, aunque creo que yo temblaba más todavía.


Aún no lograba comprender porque le había seguido. Es verdad que al principio la mera sensación de quedarme sola había sido insoportable, y el secuestro de esa muchacha en toda la conmoción había hecho que el terror se apoderara de mí, por lo que huí tan lejos como pude, y entonces lo vi. Estaba tan lastimado como la última vez, rengueaba en lugar de caminar y se tapaba la cuenca del ojo que había perdido. Ya había visto casos tan desastrosos como ese, hace mucho cuando estaba de servicio. Pero antes ya todos estaban muertos y ahora él parecía tener una oportunidad.

Me hubiera gustado decir que le seguí porque alguien debía ayudarle, porque era lo correcto y porque no podía soportar saber que alguien había muerto cuando pude ayudarle. En verdad era una sensación noble aquella, pero la realidad distaba mucho de ser así.
Estaba aterrada y no quería estar sola. Seamos honestos, yo no sabía nada de medicina y seguramente él tampoco porque no se tomó el tiempo de atenderse, así que salvarlo sería un milagro en esas circunstancias.

- Vamos a intentar no matarnos ¿Te parece bien? Ya tuvimos suficiente muerte como para darle el gusto a esos monstruos acaricié mi mejilla en la zona donde la flecha me había dado, era un pequeño arañazo en cuya apertura corría un hilillo de sangre, ardía pero sobre todo me daba cierta tristeza saber que mi cara tenía ahora un corte, quizás fuese una exageración, pero me gustaba bastante mi rostro tal y como estaba. En todo caso, si aun en ese estado seguía defendiéndose, su orgullo debía estar por delante incluso que su vida, no cometería el error de negar el apoyo de alguien que quería verlo vivo también, y yo ganaba un aliado, aunque fuese para salir de ese infierno. Me acerqué lentamente a él, mostrando mis manos desnudas esperando ganar su confianza.


Esta era una experiencia que definitivamente forma parte del “Top 10 de malas ideas de Sayaka” aunque no se merece el primer lugar. Resulta ser que seguir a un moribundo por las ciénagas del Mississippi no es tan buena idea como sonaba al principio, y después del segundo - y enorme - cocodrilo, el terror por los hombres de la ciudad no sonaba tan… aterrador. Cuando se pone en perspectiva y ves a los enormes lagartos acercándose curiosos por ver si lo que se mueve puede considerarse parte del menú, se puede entender lo bella y pacífica que podría ser la muerte entre sus colmillos cuando la otra opción es un sacrificio provocado por una multitud fanatizada por la muerte. Poniéndolo en perspectiva - otra vez - preferiría morir alimentando a un dinosaurio que a la perversión de esas personas, si bien la opción “C” (seguir a un hombre moribundo) podía considerarse lo más inteligente después de lo vivido. Me arrodillé frente a él, deseando con mucha fuerza que no tuviera otro regalo que aventarme en la cara.

- No debe doler tanto ¿Eh? Esperaba que si tenía la fuerza para intentar matarme, la tuviera para un poco de humor, aunque a decir verdad las palabras eran más para darme valor a mí. La herida se veía terrible, y él no inspiraba la confianza de alguien que viviría un día más. De hecho, aún no entiendo cómo hice para no vomitar, supongo que después de todo lo que vivimos en Nueva Orleans esto era lo más cercano a los créditos de una película.

- Tenemos que lavar esa herida, y te voy a ser sincera, te va a doler... Mucho ¿Que más podía decirle? Con lo poco que sabía de primeros auxilios, en su estado el dolor podría matarlo. - Quiero ayudarte, en verdad, no sé cómo… en verdad no tengo la más mínima idea de que voy a hacer, y no sé si vas a despertar mañana, Solo sé que quiero ayudarte que significaba básicamente “Te tengo que salvar la vida para que no me dejes sola”

- Por favor, déjame ayudarte - “Por favor, no me dejes sola”

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