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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Bienvenida a tu nuevo hogar —Marianne

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Mensaje por Vincent Blake el Sáb 04 Mayo 2019, 05:43

Lunes 19 de Marzo, 2012

Luego del asunto en Raccoon City, la carrera de Vincent iba viento en popa. Lo bueno de eso es que estaba ganando mejor que nunca, lo malo es que aquello se traducía en más trabajo y reuniones, jodidas reuniones. Pero era algo soportable, toda sus experiencias en la vida le habían dejado más que claro que todos los pros vienen con sus contras.

Esa mañana la reunión en la colmena se estaba dilatando más de lo esperado, y Vincent llevaba dando bostezos desde hace media hora. Las diapositivas pasaban, el jefe de unidad hablaba. A ratos alguien pedía la palabra y hacía algún comentario, pero lo único que mantenía su atención era esa ultima gota de café que quedaba en el fondo de su taza. De pronto, todo el mundo se puso a carcajear, aquello espantó su somnolencia por un momento.

Bueno, eso es todo por hoy. Pueden volver a su trabajo, excepto las siguientes personas – el jefe tenía una pila de documentos sobre el escritorio. Documentos que habían llamado la atención de Vincent al entrar, pero que luego de toda la charla, habían pasado a segundo plano. De la pila, el jefe cogió una hoja y comenzó a dictar nombres. Ahora era cuando la cosa se ponía interesante.— Johnson, Williams, Miller, Blake, Brown, Jones, Smith, García y Davis. Necesito que ustedes se queden.

Todos los demás, abandonaron la habitación.

Todos saben que existen sobrevivientes de Raccoon City –continuó el jefe–, y que nos han estado tocando un poco las pelotas en las últimas semanas. Nuestro principal problema aquí son los empleados de Umbrella que se encontraban en Raccoon City. Ellos saben demasiado, y es importante que no hablen.– Mientras hablaba, tomó la pila de documentos y comenzó a repartirlos entre los presentes. Eran carpetas con toda la información que se tenía de los diferentes objetivos a los que debían dar caza. La carpeta de Vincent correspondía a una tal Valerie Pickton. —Si revisan los documentos que les acabo de entregar, encontrarán capturas de vídeo tomadas del CCTV de las diferentes ciudades donde se les ha visto. Además de la fecha y ubicación exacta de donde se les vio. Así que vayan y encuéntrenlos –uno a uno, los soldados comenzaron a prepararse para salir de la habitación, pero la voz del jefe volvió a resonar justo cuando el primero abría la puerta para salir – y por favor, señores. Necesitamos a esas personas con vida.

Aquello no le hacía mucha gracia a Vincent, no tenía la paciencia necesaria para no matar a los que ponían resistencia y, lamentablemente, siempre ponían resistencia.

***

Domingo 1 de Abril, 2012

Bienvenida a casa –dijo saliendo al hall para recibir a Marianne que acababa de llegar. La puerta fue cerrada por otro soldado de Umbrella que esperaba a que ella entrase, para surgir de las sombras con una Magnum AT, que apuntó a la cabeza de la recién llegada– ¿Otra vez haciendo horas extras, doctora? Llega demasiado tarde. Su esposo le dejó una nota, dice que está en casa de sus padres y que la esperan para cenar. ¿Por casualidad se le habrá descargado el teléfono que no pudo llamar?

Habían pasado dos semanas desde que le habían asignado aquella misión. Tenía fotografías de Valerie, de Richard, de Marianne y su esposo. Era una lástima, porque había un niña involucrada, y aunque fuera difícil de creer, a Vincent no le gustaba la idea de dejar a una niña sin sus padres. ¿Cuál fue la solución? Umbrella aceptó que el padre de la pequeña fuese dejado fuera del asunto, lo único que tendrían que hacer, era implantar pruebas de la infidelidad de Marianne en su casa. Aquel domingo fue el momento ideal.

Capturaron a los Pickton en la mañana, eso había sido pan comido. Durante el resto de la tarde, un auto de la corporación se instaló frente a la casa de Marianne como cada día. Sabían que los padres de la doctora les habían invitado a cenar, pues tenían los teléfonos intervenidos. A las dieciocho en punto, el hombre hizo abandono de su hogar junto a la niña. Y fue entonces cuando un equipo de la UT entró en acción, para preparar la escena de un encuentro apasionado entre Marianne y su amante, el sargento Pickman, antes de la huida de ambos.

No me mire así, doctora. Esta no es ninguna broma del día de los tontos. Usted sabe perfectamente lo que hizo y por qué estamos aquí. Así que venga conmigo, que su auto le espera a la salida –con un pequeño cuadro en la mano, Vincent se acercó a Marianne—, y llévese esto, para que tenga un recuerdo. –Se trataba de una foto familiar— Una mujer no huiría sin llevarse un recuerdo de lo que dejó atrás, ¿no?


I was born from an angel. She raised me properly... But when you reach a certain age, Your destiny, it comes to life. So don't you bite the hand that feeds you or it may cut you with its knife.

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Llegar a casa debería ser de los momentos más placenteros para una persona normal, en una vida tipo. El abrigo familiar era la mayor solución para los días difíciles. Más aún cuando la semana entera había sido como jugar a la ruleta rusa. Desde que Valerie había dado con ella en búsqueda de una mano de ayuda, Marianne ni siquiera había dudado en dársela. Era feliz de saberla con vida, pero de todas maneras había decidido evitar hablar de ello con su esposo. En cambio le había pedido ayuda a Richard, porque además de ser amigo de la familia era la pareja más estable de la agónica Valerie, muerta en vida tras la catástrofe más impresionante a nivel mundial, probablemente, desde Chernobyl. Y también la mayor mentira.

Si la empresa para la que había trabajado todos esos años desde que había vuelto de la guerra había sido capaz de volar en pedazos una ciudad entera, ¿qué serían capaces de hacer con unos pocos supervivientes y su propia familia? Los rumores desmentían a Umbrella día tras día y abrían ojos sagaces frente al poder de la gran farmacéutica. Pero había también una gran ceguera frente a la verdad. Y lamentablemente no había visto ni rastro de Pickton ni de Valerie en lo que iba de la tarde, de modo que andaba seriamente preocupada con la situación.

Por eso, con el llanto como una tormenta a punto de estallar en la base de su garganta, se había decidido entonces por incluir a Evan en el cuento. Después de todo, el Sargento Pickton era, además, uno de los mejores amigos de él.
Pero para cuando abrió la puerta y comprendió que algo andaba mal, ya era tarde. Aunque intentó pronunciar el nombre de su esposo, la voz se le quebró a la mitad de un saludo desesperado. Y en vez de él en su espera, se encontró con dos ojos azules y helados que le causaron el peor de los escalofríos.
Instintivamente Marianne miró rumbo a la habitación de su hija, como madre que era, preocupándose primero por la menor del clan. Después hizo un rápido escaneo de la sala de estar y todo lo que podía ver, con la intención de saber qué había ocurrido ahí. Nada parecía fuera de lugar, cosa que si bien anticipaba que no había habido ningún tipo de forcejeo, la inquietó aún más.

Puede que no entrar en el juego, la danza seguramente peligrosa que le proponía el rubio, fuere la mejor opción. Pero el click que hizo el arma cuando el tirador le quitó el seguro y apuntaba directamente a su hueso occipital borró la alternativa más rápido que otra cosa.
Por un momento aquella guerrera que había sido una vez y que había soportado la Afganistán y Siria había quedado atrás. Y la mujer que otrora fuera diestra en la lucha parecía ser, ni más ni menos, una mujer que poco tenía que ver con su vida actual. Se sentía corrompida y asqueada, reconociendo a Umbrella como única y total culpable de todo lo que iba a ocurrir, pero... ¿qué era exactamente lo que ocurriría?

No uses tu puta boca para hablar de ellos —gruñó entre dientes. Apretaba la mandíbula desde que había cruzado la mirada con la de él. Se refería a su familia: la sola idea de que pudieran estar haciéndoles algo era insoportable, ¿pero qué podía hacer ella en ese momento? Con el cañón de algún tipo de arma apuntándole a la cabeza— ¿Esto significa que no me van a pagar la jubilación? —preguntó dándose la vuelta, haciéndole caso más que nada para verle la cara al hijo de puta que le apuntaba a la cabeza. Si iba a matarla, pensó, mejor que lo hiciera de frente.

Se apoyó la foto familiar a la altura del pecho, ni siquiera tuvo la fuerza para mirarla, tal vez sin saber de qué sería capaz al ver a Eileen y Evan.
En dichas circunstancias creo que amerita tutearnos, ¿no te parece? —hizo una pausa para no perder la entereza— Y no lo sé, eso depende. ¿Por qué huiría, exactamente, una mujer? —quería saberlo todo antes de morir. Porque eso creyó que harían, aunque estuvieran tardándose ya demasiado.

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