• Welcome
  • Basic
  • Extra!

Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
¿Quién está en línea?
En total hay 6 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 6 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


Élite
Magic WordsTime Of HeroesExpectro Patronum
Hermanos
No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas BfaHM5eNo hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas TT9KvUfNo hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas Gubwrm5No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas Gubwrm5
Directorios
No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas NgodK5u

No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El rugido del Vehículo de seguridad blindado M1117 había sustituido a su corcel, el cual desapareció misteriosamente por la noche. El Guardián era una especie de vehículo de transporte de tropas blindado que ejercía un papel en operaciones de control de disturbios. Era el que mejor estaba en la Marine Corps Air Station New River. Hacia una hora que había abandonado Jacksonville y previamente antes de salir de la Base aérea, había acumulado la mayor parte de combustible posible logrando obtener alrededor de 10 bidones de 4 litros de combustible.

Finalmente llego a una población que mostraba un rastro notable de No-Muertos abatidos, como si hubiera habido una batalla campal. Pero lo que le llamo la atención era una muchedumbre de hombres armados con horcas, hachas, escopetas y pistolas, toda clase de armas que todo Yankee paleto estaría orgulloso de tener en su posesión. Era increíble la cantidad de armas que podía acumular un hombre rural de Estados Unidos. Al frente de la muchedumbre habían una docena de hombres vestidos con túnicas blancas y capirotes, rápidamente el vehículo blindado llamo la atención de la población la cual se volteo vociferando con rabia injustificada. Parecían estar hostigando a algo dentro de un local.

Sigismund se permitió el lujo de abrir una escotilla encima de su asiento de conductor y se asomo, al parecer al verle la multitud se relajo, quizás porque era anciano o porque era un hombre. No comprendía aun. Vio como uno de los hombres de la tunica se abria paso poniendose en frente del blindado. -Saludos Señor. Somos los habitantes de Greenville, que te trae con ese tanque a nuestra pacifica población.- Dijo el hombre sin revelar la cara. -Soy el General Sigismund. Quisiera saber porque parecéis lobos acechando a un cordero.- Dijo Sigismund con seriedad. -Mas bien somos cazadores acechando a una zorra, una zorra que nos ha estado robando los alimentos y instigando a nuestras mujeres a rebelarse contra nosotros sus maridos y padres.- Aquello ya hizo resoplar a Sigismund. Lo que faltaba, el Ku Klux Klan habia sobrevivido al Fin del Mundo.

Volver arriba Ir abajo

No sé cómo llegué a parar a aquel pueblo, Bievenidos a Greenville, rezaba un cartel a la entrada. Paré el coche con el que me había hecho tan solo unos días atrás, no le quedaba mucha gasolina así que intentaría encontrar un poco más por ese pueblo, tal vez no fuera buena idea, o sí...

Bajé del coche, cautelosa, silenciosa, mirando a todos lados y me dirigí hacia una tienducha, un ultramarinos "Smith and Bro" siento que no eran muy originales por esa zona. Al llegar a la entrada me pude fijar que en la calle había cadáveres, zombies inmóviles, de todas formas no quería averiguar si se moverían al verme, así abrí aquella puerta en el mismo instante en el que sonó la maldita campanita que anuncia la entrada en cualquier tienda. Maldije para mis adentros y cerré la puerta, miré por el cristal. Nada. Bien.

Revisé el sitio con la mirada y con el oído, nada parecía escucharse, me adentré entre los pasillos, no había apenas comida, una lata de aceitunas y otra de maíz... Había una puerta al fondo de la tienda, sería el almacén o el despacho, fui a investigar a ver si había algo que mereciese la pena, cogi del pomo, pero no se abría, tendría que usar la fuerza, agarré la palanca de hierro que tenia amarrada al cinturón y comencé a asestarle un golpe tras otro a la puerta, no se abría, volví a darle un par de veces más y conseguí abrirla, poco a poco la puerta fue abriéndose del golpe y vislumbré un cuarto pequeño, pero con mucha luz, había unas cajas, un escritorio con un ordenador super antiguo y un cajón con un candado. Miré de reojo la palanca en mi mano, y ya puestos.... Rompí el enganche del candado y abri el cajón: papeles, clips, bolis, nada importante, moví los papeles y algo había debajo: un machete! Lo tomé prestado y me dispuse a salir de la tienda para investigar alguna otra cosa cuando un bulto de gente venía como si de una procesión se tratara.

Me quedé algo parada pues venían hacia mi, empezaron a gritarme algo, no presté atención y salí corriendo, pensé en ir hacia el coche, pero estaba lejos, volví a mirar y parecían todos hombres, llevaban armas en las manos, palos, hachas, pistolas, etc... me metí de nuevo en la tienducha y comencé a apilar cajas en la puerta, de poco iba a servir, empecé a revisar los rincones, quizás podría salir por la ventana del almacén.

Un ruido de motor llamó mi atención y pude ver por la ventana sucia un tanque allí al lado y un hombre de cabellos canosos salió y entabló conversación, no escuché lo que él dijo, pero sí lo que contestaron aquellos pueblerinos "Mas bien somos cazadores acechando a una zorra, una zorra que nos ha estado robando los alimentos y instigando a nuestras mujeres a rebelarse contra nosotros sus maridos y padres". Sin lugar a dudas se habían confundido conmigo.

Puse el machete que aún llevaba en la mano en el bolsillo del vaquero de atrás y lo escondí con la camiseta ceñida por encima, la palanca la colgué del cinturón como la solía poner en la cadera derecha  y la bandolera en la izquierda, aparté los bártulos de la puerta y salí de la tienda con la esperanza de que sólo fuera una confusión tonta.

-Creo que todo ha sido una confusión... Yo... acabo de llegar...- Saludé al hombre como si le conociera -¡Hola! Te dije que no tardaría mucho en regresar!-


No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas WpiUvn9

Volver arriba Ir abajo

Los Rednecks observaron con curiosidad y cautela como Sigismund hablaba con su portavoz. El cual se diferenciaba a los demás debido a que su túnica era negra con una cruz cristiana blanca. -Encantado de conocerle General...- En aquel entonces la supuesta Zorra salio de su refugio improvisado para aquella muchedumbre. Sigismund empuño su espada sin desenvainar y camino hasta encontrarse con la morena, la cual parecía rondar mas de la treintena pero aun el par de años antes de los cincuenta. -Cariño, te dije que no te marchases sin decirme adonde ibas.- Dije antes de con descaro pero rezando para que la chica le siguiese el juego. Tomo la cintura de la chica y la atrajo hacia si mientras la llevaba hasta el blindado ligero. Después de pasar por delante del portavoz Redneck, Sigismund acerco su boca al oído de la morena para hablara. -No tengas miedo del perro, no te morderá. Sígueme la actuación y quizás salgamos de aquí sin tener que matar a nadie.- Dijo antes de dar un golpe en las nalgas de la morena y girarse encarándose al Portavoz que lucia rojo de ira. -Vas a decirme ahora que no puedo llevarme a mi mujer ?- Dijo con seriedad. -Pero la zorra...-- Llamas a mi mujer Zorra... ?- Dijo Sigismund con seriedad acercándose aun mas al Redneck.

Volver arriba Ir abajo

No parecía hostil, al menos conmigo. Casi se me habían olvidado los malditos zombies, a lo lejos vi algo raro, pero volví la vista al hombre cuando me susurró algo algo al oído. Miré de reojo hacia el interior y vi el perro, que parecía un poco a la defensiva.

Por suerte aquel hombre me había seguido el juego, quizá un poco de más de lo que habría cabido esperar. Cuando intercambiaron unas palabras el jefe de aquella muchedumbre de hombres, que más que hombres parecían borregos, y mi nuevo marido, me aseguré de que el machete seguía en mi pantalón tras el inesperado golpe en mi trasero.

La cosa empezaba a complicarse, y él se iba a meter en un lío, me acerqué y le cogí de la mano, sin hacer movimientos bruscos -Cielo, será mejor que nos vayamos, pronto será de noche- Intentaba evitar lo imposible mientras aquella muchedumbre estaba cada vez más agitada, aquellos hombres con túnicas estaban más cerca de él, de nosotros, tiré de su mano hacia mi para separarles, pero alguien me agarró del pelo fuertemente y tiró hacia sí:
-¡Que me sueltes!¡CABRÓN!- saqué el machete y acerté a ponérselo en el cuello a modo de amenaza, pero aquel idiota no me soltaba el pelo, parecía incluso que apretó más fuerte los dedos, yo le hinqué la punta del machete en la nuez, y lentamente una gota de sangre comenzó a deslizarse por su piel -¡No estoy de broma!-


No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas WpiUvn9

Volver arriba Ir abajo

No aparto la vista de los ojos del encapuchado, que parecía dudar. Note como algunos de sus "allegados", nos rodeaban, con seriedad lo observo y de reojo observo a la muchedumbre. De pronto, un el grito de dolor de la morena hizo que cual resorte, se activara y desenvainara la espada, la cual atravesó el cuello del líder. La conmoción se detuvo el lapso de tiempo que el líder soltaba su arma y se sostenía el cuello vanamente tratando de evitar desangrarse cual cerdo. -... Al ASV... ¡ Ya !- Entonces el hombre caí de rodillas mientras que Sigismund se giraba y dejaba fuera de combate mediante un golpe con la empuñadura de la espada a un hombre de túnica y daba arrebataba al hombre de la chica mientras literalmente empujaba a ella al vehículo blindado mientras el evitaba que la muchedumbre se acercara o incluso usara sus armas de fuego para disparar debido al riesgo que suponía que diesen a su compañero. Finalmente puso un pie en la escalera de acceso aun sujetando al hombre y antes de soltarlo, le arrebato su arma; Una carabina G36C, pateando al hombre en la espalda, mientras accionaba la palanca para cerrar aquella entrada y sellar el vehículo. -Salgamos de aquí.- Dijo antes de hacer que el motor rugiese y comenzase a avanzar, unos cuantos golpes resonaron, armas ligeras, algo capaz de soportar el blindado diseñado para soportar disparos de armas de bajo calibre.

Volver arriba Ir abajo

No pude ni pestañear cuando mi compañero ya le había rajado el cuello al líder de aquella manada de locos, todo lo que sucedió después fue como un remolino, golpe aquí, golpe allá, sangre por aquí sangre por allá... Cuando me quise dar cuenta estaba metida dentro de ¿un tanque? Nunca había visto ningún tanque de cerca, pero creo que los tanques no llevan ruedas al uso, como si una camioneta a lo grande fuera.
Se podía escuchar aún a la muchedumbre realmente cabreada, normal, acabábamos de matar a dos de ellos en sus narices, bueno, más bien él se había cargado a dos en un instante, seguían disparándonos, yo no tenía ninguna pistola, no podía hacer nada desde aquel tanque raro.

Me solté el cabello, pues lo llevaba en una coleta, y al haberme estirado del él el otro hombre, lo llevaba hecho un desastre. -Gracias por tu ayuda. Mi nombre es Angélica, ¿hacia donde me llevas?- Miré alrededor y vi un perro, tenía aspecto duro, pero tierno. -¿Porqué le llevas? ¿Tienes o conoces algún refugio?-
Miré hacia atrás, aquella gente se había metido en un par de coches muy destartalados, imaginé por el aspecto que poco podrían hacernos, pero yo seguía sin ser de ayuda si nos alcanzaban -Ve más deprisa, ¡¡¡VAN A ALCANZARNOS!!!


No hay piedad para los malvados. | Angelica Thomas WpiUvn9

Volver arriba Ir abajo


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.