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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield.

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10 de octubre 2015.
Alrededores de Atlanta.
16:00 hs.

El día del ataque a La Fábrica Marianne supo que los bandidos que irrumpieron la tranquilidad de su pacífico refugio no eran carroñeros que buscaban aprovecharse de lo que tenían construido. A pesar de aparentar ser simples bandidos -tal vez incluso algunos lo fueran-, había algo mucho más amenazante en otros de ellos. Más de uno parecía, incluso, poseedor de entrenamiento y táctica militar. Y aunque Marianne había repasado una y otra vez el plan de emergencia frente a los ataques tanto de humanos como de zombies, cambió de idea a último momento y montó su Ducati Monster para preparar una huida en solitario.

¿Que si se sentía culpable? Demasiado. Pero no podía darse el lujo de avanzar hasta la granja en el norte de Georgia con la idea de que estaban siguiéndola. No quería poner en peligro a sus compañeros, amigos la mayoría, y aunque en algún momento se le había cruzado la tonta idea de pedirles ayuda, temía que todo saliera mal. Y es que, si estaba en lo correcto -y creía que lo estaba- parte de ese ataque se debía a los hijos de puta de Umbrella. Ya se los había cruzado unas semanas atrás cuando habían capturado a Richard Pickton en la pequeña aventura a Washington. Y en La Fábrica, o lo que quedaba de ella, creía haberlos visto de nuevo. Marianne sabía (después de todo lo ocurrido)que con la empresa no había razonamientos ni habladurías. Pero también había comprendido que no la querían muerta a primeras siendo que, de ser así, ya la hubieran asesinado al haber tenido la primera oportunidad.

Con tres años dentro de ese mundo caótico e infernal, se había vuelto una gran luchadora gracias al sargento que la entrenaba día y noche con el único objetivo de sobrevivir. Y ahora, después de que él le hubiera salvado la vida en más de una ocasión, tal vez y solo tal vez, le había llegado el momento de hacer por él lo que tantas veces había hecho por ella. ¿Prudente? Para nada. Y lo sabía, ¿pero qué podría perder si ya lo había perdido, prácticamente, todo?

Había pasado más de un mes desde la última vez que había visto a sus cohabitantes, y aunque siempre renegaba con la idea de asentarse donde sea, esta vez la vida de nómada le pesaba demasiado. Aunque también traía de regreso personas del pasado, como el caso de Chris Fowler, a quien había encontrado en el pequeño y moribundo pueblo de Braswell unos pocos días atrás.

...y, de hecho, la verdadera razón por la que viajaba sin rumbo por las carreteras de los alrededores de Atlanta era una que aún no se había permitido admitir. Y aunque le daba vueltas, e intentaba convencerse de que lo que había visto no había sido más que una ilusión sin sentido por el recuerdo de la guerra, el salto que había dado su corazón al verlo a él decía lo contrario. ¿Podría ser que estuviera vivo? ¿Podría ser que después de todo ese tiempo lo hubiera encontrado... atacando su refugio? Marianne sacudió la cabeza en un vago intento de deshacerse de esos pensamientos y aceleró un poco más la Ducati, sin un rumbo en especial.

No era él. Aquel que había visto no podía ser Evan.

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Se encontraba muy lejos de Zenobia, y esperaba no tardar en regresar mucho más tiempo. Había sido un simple viaje hacia la base de Umbrella en Washington para tratar ciertos temas que requerían de su presencia. Menos de dos días de viaje y estaría de regreso. Hacía muy poco tiempo que le habían asignado aquel puesto en Zenobia y quería dar una buena imagen, por eso aunque hubiese dejado atados todos los cabos él quería regresar lo antes posible.

Evan pisó a fondo el acelerador y cambió de marcha para ir a la máxima velocidad que el jeep le permitía. Pero entonces, en la lejanía algo le sorprendió, en mitad de esa carretera desértica había un coche abandonado. Redujo considerablemente la velocidad hasta detenerse a unos metros del obstáculo. Podía avanzar por el baldío terreno a su derecha, pero había una gasolinera a su izquierda que llamó su atención. Tal vez encontrase algo de utilidad. No estaba muy lejos de Atlanta, se encontraba a las afueras y aunque tenía pensado rodearla, comenzaba a pensar que no sería tan mala idea echar un vistazo. Hacía poco tiempo que se había ganado su cargo gracias a que ayudó a deshacer un asentamiento de supervivientes, si daba caza a los que se habían escapado sabía que Umbrella le recompensaría muy bien.

Al bajar del vehículo se colocó sus viejas gafas de sol. Unas que se adaptaban bien a sus ojos, no sabía de dónde las había sacado, pero sí que eran suyas desde hacía mucho. Odiaba esos modelos grandes, de aviador, Ray Ban cuadradas... vestía una camiseta negra con el logo de Umbrella en el hombro y unos vaqueros sencillos, ya que no se encontraba oficialmente en una misión, simplemente de viaje. El vehículo era negro y no poseía ninguna seña de identidad. Se acercó a la puerta de la tienda, tras comprobar que los surtidores no funcionaban y observó a través de los cristales. No veía nada. Abrió la puerta de un solo golpe y una de esas criaturas, ataviada con el típico uniforme de aquella cadena de gasolineras salió veloz a "recibirlo". Evan no estaba armado y aún así acabó con ese ser en menos de un minuto. Lo agarró con fuerza y empujó al suelo bruscamente, entonces pisó su cabeza repetidas veces hasta que el cráneo se partió por completo. Apartó los restos de su bota contra las ropas de el cadáver y se adentró en el interior del local en busca de algo que le fuera de utilidad.

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Marianne descubrió a lo lejos un coche en medio del camino. No era la primera vez que veía algo de ese estilo. Una trampa, quizá. O la mala fortuna. Cuando detuvo la moto, a unos varios metros del coche, sopesó la idea de darse la media vuelta y regresar por donde había venido... sin embargo algo más llamó su atención. Desde hacía no mucho se había convertido en una auténtica ladrona de coches. Había que admitirlo. Y estando sola ese atributo se había vuelto una verdadera necesidad. Los automóviles tenían sus ventajas. No había ni que nombrarlas. Pero para empezar si se encontraba bajo buen resguardo no había necesidad alguna de salir de él para descansar. Por eso, en cuanto vio que el automóvil en el camino no era el único, sus dudas desaparecieron.

Debía ser rápida, indispensable el atributo. La moto apenas si tenía gasolina ya: viajar ida y vuelta por Atlanta buscando un fantasma del pasado no era precisamente el mejor modo de ahorrar su consumo.

Si bien antes de la propagación del virus Marianne no había viajado al sur de los Estados Unidos con mucha regularidad, desde el fatídico día, Georgia se convirtió en el estado que más frecuentaba. Y aunque no tenía consigo el mapa que había guardado con tanto recelo desde hacía unos dos años; sí que contaba con el plano en su cabeza. No era difícil, junto con el sargento Pickton habían recorrido Atlanta y sus alrededores por más de diez meses, encontrando supervivientes que asistir o salvaguardar y ayudar a llegar al Campamento Militar antes de que los mismos desertaran y todo se volviese caos. Si era lo suficientemente rápida, podría hacerse con el coche y escapar por alguna ruta de fácil acceso antes de que cualquiera llegase a darse cuenta.

La médica dejó la moto unos metros antes de la gasolinera y se apresuró en un salto enérgico para corretear agazapada hasta el coche y abrir la puerta del lado que daba a la calle. El vehículo estaba en demasiado buen estado para que estuviera abandonado. Solo hacía falta ver el que obstaculizaba la carretera para comprender la diferencia. Puentear un vehículo cualquiera ya era cosa de todos los días en el mundo que Umbrella les había dejado para vivir, de modo que sin mucho culpa y utilizando fuerza considerable, le propinó una patada firme a la tapa inferior del interruptor de encendido, con toda la intención de abrirlo para ponerlo en marcha. No fue suficiente con uno, ni con dos, pero al tercero la cubierta se quebró.

Hacía lo posible por mantenerse agachada, hasta que algo la hizo mirar hacia la gasolinera de pronto.

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Evan Cauldfield ya no era el mismo hombre que en antaño. Y eso se demostraba por sus acciones. Algo habían hecho en Umbrella con él que iba mucho más allá de salvarle la vida. Por ejemplo su audición ya no era la misma, se percataba mejor de cuanto le rodeaba y gracias a ello fue que se dio cuenta de que no estaba solo en aquella gasolinera.

Salió de nuevo al exterior y vio como alguien se metía en el interior del vehículo de forma sigilosa, aunque no lo suficiente para él. Con paso decidido y tranquilo se acercó a la puerta de vehículo, abrió esta y bruscamente sujetó pro el hombro a la mujer que estaba agachada en el asiento tratando de puentear el coche. Evan la tiró al suelo sin muchos miramientos.

No es tu día de suerte — se limitó a decir a la vez que se agachaba y giraba a la mujer para ver su rostro. En principio esto debía darle igual, sin embargo el hombre se quedó mirando a la mujer durante un par de segundos. Sintió que su rostro le resultaba familiar, que... no sabía explicarlo, pero aquello no importó mucho más tiempo, porque la araña en su pecho actuó. Aquellos pensamientos fueron fulminados de su mente a la velocidad de la luz, sus ojos parpadearon rápidamente y el hombre se levantó obligando a la morena a seguirle hacia la parte trasera del jeep.

La colocó contra la puerta trasera del vehículo y sonrió.

Yo te conozco — Evan no apartó la mirada de su rostro. Se sentía muy satisfecho con aquello.

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Por un momento creyó que iba a lograrlo. Hasta que... pasó lo que pasó.

No fue tanto la violencia con la que la zarandearon fuera del auto lo que le llamó la atención, ni siquiera la fuerza. Se había quedado anonadada solo con el rápido vistazo que le había echado al hombre justo antes de que la agarrara del hombro y la empujara.

Evan.

Marianne se golpeó la cabeza contra la puerta del coche, desbaratada de todas sus defensas por culpa de una gran sorpresa. Quiso llamarlo por su nombre al verlo, de verdad, pero en vez de eso emitió un suspiro angustioso en lo que recuperaba el aire.
Soy yo... —murmuró. Le ardía la frente, justo en donde se había dado contra la puerta, y cuando el hombre la giró para mirarla, creyó que terminaría el malentendido. Es que eso era nada más. Por eso sonrió al verlo. Porque aunque lo hubiera perdido todo, al menos lo había encontrado a él.

Pero la ilusión duraría menos de un minuto.

Acompañó el movimiento que la obligaba a hacer simplemente porque le parecía menos violento, no es que él necesitara ayuda, se daba cuenta de eso. La facilidad con la que se encargaba de su peso era escalofriante y sin embargo no podía ponerle atención a ello. Evan estaba vivo.
Vivo. Evan estaba vivo. Un atisbo de culpa cruzó su mente, pero no tardó en poner las dos manos sobre los hombros de él en un gesto desesperado, y se aferró a su cuello como antaño.
¡Evan! ¡Evan! Sí, soy yo, mi amor. Soy Marianne, soy yo. —Subió las dos manos hasta el rostro de él como en un intento de tranquilizarlo, había visto lo que el fin del mundo le había hecho a muchos supervivientes, y no sería de extrañar que alguien que hubiera luchado tres años por mantenerse con vida reaccionase así, como lo había hecho él. O al menos eso fue lo que quiso creer—. ¡Estas vivo, Evan, no puedo creer que estés...! —Y, sin más, intentó besarlo. Qué más daba ahora mismo. Tenía tantas cosas que preguntarle.

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Se quedó un momento atónito, tal vez porque no esperaba aquella respuesta tan aliviada por parte de ella y entonces creyó que se la estaba jugando. El hombre no se movió ni un centímetro, manteniendose completamente rígido, por más que ella tratase de acercarse. Apartó bruscamente las manos de su cuello, pues aunque ella pareciera ir con cariño, él se sintió totalmente desprotegido, como un animal que trata de proteger una parte débil de su anatomía. Evan agarró por el cuello a la mujer con su derecha y con la izquierda la obligó a bajar ambas manos haciendo que estas quedasen contra la chapa metálica del vehículo.

Formas parte de ese grupo con el que nos topamos hace poco — como si fuera de casualidad, como si hubiera sido un sencillo encuentro... esas palabras sonaron hasta crueles al salir de su boca. — Cuando te lleve a Umbrella conmigo se te quitarán las ganas de actuar — él seguía mostrándose igual de satisfecho, convencido de que ella solo quería engañarlo. Lo mejor de todo sería cuando apareciera en la base, lo iban a recompensar bien por aquella captura y entonces, por más retorcido que fuera, su humor mejoró mucho más.

Vamos — ni siquiera la dejó caminar. Prácticamente la levantó al peso, como si se tratara de una niña y fue hacia la parte trasera del vehículo, abrió la puerta y la dejó caer en el maletero. Se hizo con la correa que servía para transportar su saco militar y se sirvió de ella para empezar a atarla.

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Tal vez el dolor, la culpa en realidad, de haberlo dado por muerto todo esos años hubiera aflorado de manera inmediata... si no fuera que los ojos de Evan le devolvieron el vacío mismo. Frialdad purísima. Tanto que el pecho se le oprimió en una confusión auténtica. El rostro de Marianne demandaba respuestas, su ceño arrugado era interrogación pura, pero lo más rotundo en ese momento fue la fuerza con la que el hombre la apartó de manera tan desarraigada.

¡Evan! ¡Evan! ¿Eileen está con—se cortó de inmediato al escuchar lo que pronunciaban los labios de él— ¿Qué...?

La voz que otrora hubiera sido melodiosa para los oídos de Marianne eran simplemente cuchillas que afirmaban lo que ya sabía, pero que había negado con firmeza hasta ese mismo día. La fuerza le hubiera fallado frente al grandísimo empuje de él, pero no era capaz de hacerle frente al que alguna vez había llamado el amor de su vida. Ni siquiera lo hubiera sido siendo tan vigorsa como en ese momento demostraba él. Al menos no hasta que mencionó la palabra clave. La peor de todas. La que había hecho pedazos no solo su vida, sino el mundo entero. Umbrella.

Si acaso hasta el momento el rostro de la mujer reflejaba desconcierto, el terror se dibujó en tan solo un instante. Y, aunque pataleó y forcejeó para deshacerse del agarre, todo pareció inútil.
¡No! Evan, soy yo. ¡Evan, por favor, tienes que escucharme! —repitió. Imbécil parecía, o lo era realmente, porque la coraza de él parecía impenetrable. Como si fuera nada más que un saco de patatas, pero ella se aferró a él para no caer sobre el maletero... con uñas y casi con dientes.

Nunca se habría imaginado tal cosa en todo ese tiempo. Hacía años que había dejado de soñar con un reencuentro junto al padre de su hija... pero todo lo que había soñado, nada tenía que ver con ese.

Marianne lanzó una patada en un ataque de desesperación absoluta en un intento de apartarlo, para salir y echar a correr sin embargo... todo parecía en vano. Así que no tuvo más remedio y aunque el pulso le temblaba utilizó ambas manos para alzar su Glock 17 y apuntarle al padre de su hija en un último intento desesperado por huir... no de él, sino de su destino en la empresa de la muerte.
¡No me obligues, Evan! —dijo. Pero, ya convencida por su mirada oscura —muy a pesar de ser azul— de que no iba a detenerse, apretó el gatillo.

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Fue incapaz de terminar de atar a la mujer. Ella no solo forcejeaba, si no que también estaba armada. ¡Que gran error se había permitido! No había revisado sus armas, aunque él en un principio creyó que no estaba armada.

El disparo resonó con fuerza, uno detrás de otro.

La primera bala, por la posición desesperada de la mujer dio en la bota izquierda de él, rozando su pie. Un pinchazo de dolor recorrió su cuerpo entero, pero al instante supo que aquella herida no sería un problema, sin embargo la segunda era otro tema a parte. Observó la camiseta, como en la parte superior de su abdomen aparecía una mancha apenas visible en la oscura tela y luego miró a la mujer.

Parpadeó varias veces y observó a la mujer sorprendido. Aquella punzada de dolor produjo un fogonazo rápido en su cabeza. Su expresión seria se tornó más humana, una mezcla de incertidumbre e incluso miedo apareció en sus ojos.

¿Marianne? — preguntó aterrado al no comprender por qué su mujer tenía un arma entre sus manos y él una herida de bala. Como si acabase de ser consciente de una terrible pesadilla.

No comprendió nada más. Sus ojos se quedaron en blanco a la vez que caía de rodillas en el suelo. La araña en su pecho brilló con fuerza bajo la tela de su camiseta y Evan volvió a parpadear. De nuevo el hombre que había sido una vez desapareció. Sus manos se acercaron a la herida y sus dedos se hundieron en la carne, la sangre brotaba manchando su piel, no se mostraba ni un poco dolorido, simplemente arrancó la bala y la tiró al suelo.

No debiste hacer eso — pronunció lentamente, fijándose de nuevo en ella.

DADOS: según los dados, ambos disparos han sido acertados, uno en el abdomen y otro en el pie izquierdo.


Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. T9TUX28

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El miembro 'Evan Cauldfield' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 'Dilemas' :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. YiHr3lS
#1 Resultados :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. Z1o9h5H Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. Z1o9h5H

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#2 'Anatomía' :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. UYynX5y
#2 Resultados :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. TaBFOG9 Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. XvPXT1R


Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. CUHaM1B
We are Enjoy the Silence 4.0:
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. JQA0Htu
¡Cinco años de zombies y los que nos quedan! ¡GRACIAS A TODOS!

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Que él pronunciara su nombre fue su ruina. El rostro de Marianne se contrajo en una expresión de dolor insoportable, tal vez como si fuera ella misma quien había recibido el balazo, y se alzó cuanto pudo más preocupada que otra cosa. Dejó entonces el arma a un lado al ver ojos de él, esta vez plenos. La había reconocido como si todo lo que acababa de sucederse no hubiera ocurrido, y la médica acercó ambas manos a la herida del abdomen de él con un gesto lleno de culpa.

Nonononono... —apenas si podía hablar al ver lo que había hecho. Acababa de dispararle a Evan, a quien alguna vez había llamado amor de su vida. A quien había estado buscando todo ese tiempo. Al padre de su hija. Las manos le escocieron como si hubieran tirado ácido sobre ellas, y se encontró agazapada junto a él solo para descubrir que los ojos azules y cariñosos de su esposo habían desaparecido tan rápido como los había encontrado.

¿Ev...? —ni siquiera llegó a decir su nombre.
Evan no parecía en lo absoluto dolorido por dos balas que tendrían que haberlo tumbado. El hielo volvió a su garganta con ese tinte despreciable que había obligado a Marianne a apretar el gatillo tan solo unos segundos antes— Evan, escúchame, tienes que recostarte puedo ayudarte... —dijo.O al menos eso creyó que había hecho, pero él decidió ignorar por completo todo lo que ocurría y como una especie de humano robotizado se quitó la bala con sus propias manos.

¿Qué estás haciendo? —su voz tembló mientras lo miraba aterrorizada. Para cuando Marianne subió los ojos a él, se encontró una vez más con ese hombre que desconocía y que se jactaba de haber arruinado su estabilidad.


Se quedó de piedra unos segundos, inmóvil, justo antes de que sus ojos descubrieran el logo de Umbrella es la camiseta de él. No importaba qué tan culpable se sentía, al ver la cruz blanca y roja que pertenecía a la compañía que le había arruinado la vida —y que al parecer seguía haciéndolo— intentó salirse el maletero con un salto enérgico, pero la bloqueó antes de que pudiera salir corriendo.


dado:
 Marianne logra salir del maletero, ¿si o no?

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El miembro 'Marianne Evans C.' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dilemas' :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. YiHr3lS
Resultados :
Cuidado con lo que deseas || Evan Cauldfield. WIRXPBN

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