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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Mi resiliencia

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Sáb 20 Abr 2019, 16:42

Los Orígenes del mal 01


27 de Noviembre de 2012 - B.S.O.

Mi cabeza colgaba en un ángulo bastante incómodo y se balanceaba ligeramente mecida por el suave traqueteo del autobús, sabía que en un par de horas me dolería el cuello por la postura, pero el cansancio había ganado esta ronda y ahora sólo quería dejarme llevar por Morfeo durante los pocos minutos que el trayecto pudiera tardar. Los pies aún calzados reposando sobre el asiento contiguo, la espalda apoyada contra el cristal... intentando ignorar en la medida de lo posible el ruido estridente del tráfico y el caos que se había desatado en la ciudad. Cada pocos minutos sentía como mi consciencia se desvanecía cayendo en un ligero duermevela, pero enseguida, algún volantazo o frenazo más brusco de la cuenta me devolvía a la realidad.

No era la única que dormitaba (o intentaba dormitar) en el autobús, pues el resto de compañeros que habían alcanzado a terminar el servicio conmigo aquella mañana estaban en iguales circunstancias. Normalmente el clima solía ser muy distinto, después de terminar un turno todos hablábamos de los acontecimientos del día, de qué se podría haber mejorado, de qué salió mejor de lo que esperábamos... y a pesar del cansancio solía hacerse un último esfuerzo por mantener la lucidez hasta la hora de volver a casa. Hoy sin embargo, todos estábamos igual de derrotados.

La situación lo ameritaba, pues aquel día había sido un completo infierno, mucho mayor de lo que nunca hubiera escuchado contar a nadie o que yo misma hubiese vivido. Era cierto que normalmente cuando se acercaban las compras frenéticas de la Navidad y algún evento importante en la ciudad las cosas solían ser más complicadas, pero lo que habíamos vivido durante todo el día anterior había sido completamente desproporcionado.

Desde el primer aviso de la mañana no habían dejado de sucederse situaciones extrañas: brotes de violencia excesiva, ataques gratuitos entre viandantes, reyertas en los hospitales e incontables accidentes de tráfico, pero lo peor es que nadie había acertado a explicar una causa de esa especie de locura colectiva que había colapsado la ciudad de Los Ángeles. Aunque a decir verdad, tampoco había tenido tiempo de parar a consultar las noticias o escuchar algún telediario en la radio a lo largo de todo el día, pues nuestro hilo musical había sido el constante ruido del PTT de los walkies durante las más de 27 horas que llevábamos en pie.

En efecto nadie se había quedado a salvo de aquella especie de brote de ira que había asolado la ciudad. Desde el mediodía nos había llegado el aviso de la fusión de varios parques para poder cubrir los turnos con toda la “normalidad” posible y aún así, habíamos seguido perdiendo a compañeros que se encontraban indispuestos para trabajar o que resultaron heridos durante los ataques espontáneos de las víctimas a quienes intentábamos ayudar. Los refuerzos naturales no estaban disponibles y también se fueron agotando a lo largo del día, y cuando el amanecer nos alcanzó extinguiendo el incendio de un edificio de apartamentos en El Sereno (junto con la hora a la que nuestro turno terminaba) el cambio de guardia aún tardó tres horas más en llegar.

El mundo estaba cayéndose a pedazos delante de mis ojos. Comenzaba a desmoronarse de forma violenta y desorganizada, como una reacción en cadena que es imposible detener... Pero en ese momento yo sólo veía el momento de llegar a casa, la misma casa en que había crecido y cuya hipoteca debería seguir pagando durante Dios sabía cuántos años, comprobar que mi madre y mi hermana estuviesen bien y deshacerme entre las sábanas dejando marchar todo el cansancio del día. Estaba convencida al cien por cien que cuando volviese a abrir los ojos tras un sueño reparador todo el desastre reinante en la ciudad habría sido solucionado por quien demonios estuviera de guardia esa noche y las cosas volverían lentamente a su cauce.

Había conseguido asumir la postura perfecta para dormir en el autobús, o al menos eso creía yo, recogiendo ligeramente las piernas contra el regazo, con los talones apoyados en el reposabrazos del asiento del pasillo y girando la cabeza un par de grados hasta recostarla contra el respaldo del asiento. Suspiré embelesada disfrutando del apoyo cervical y el descanso de las lumbares, mientras empezaba a escuchar los ronquidos de alguno de mis compañeros un par de asientos más adelante... estaba claro que había quien había conseguido encontrar una postura mejor que la mía. Con una sonrisa socarrona ante esa última idea dejé que el sueño venciera la batalla a la vigilia, y me sumergí en un sueño que era un medley desorganizado e intranquilo de todos los eventos vividos durante el día.

Había rayado el coche nuevo de Lasse... maldita sea... ¿cómo iba a pagarle la reparación? Aquella azotea en la que un padre se había atrincherado con su hijo porque su ex-mujer le había intentado atacar... La tienda de cómics en llamas y la forma en que el falso techo de cartón yeso ardía en sinuosas lenguas de fuego... La rabieta adolescente de mi hermana por irse a la casa de su amiga en el lago Tahoe... Un grupo de gamberros atemorizando a gente con sus disfraces de Halloween que se habían tomado demasiado en serio eso de el Truco o Trato... Lenny corriendo por la carretera sin pantalones tras haber estado a punto de que se le prendieran con el aceite de aquel autobús... La cita incumplida con Gilbert para tomar un café aquella mañana...

La colisión fue tan brutal que me tomó totalmente desprevenida. Nunca supe cómo ni por qué, sólo que de pronto en mi sistema de referencia fallaban todos los ejes de coordenadas. Después de un enorme estruendo el autobús comenzó a girar de lado dando vueltas de campana y todos nosotros con él. La función de techo, paredes y suelo se iba alternando entre las distintas partes de la carrocería y yo intentaba, infructuosamente, encontrar algo a lo que sujetarme para dejar de dar vueltas descontroladamente en el vacío. La velocidad de giro descontrolado del autobús se fue reduciendo, pero cada vez era más difícil distinguir nada en el interior, entre planchas de metal retorcidas, cascos, piezas de ropa y cuerpos que rotaban desordenadamente en el interior del autobús.

Dos eventos espontáneos me ayudaron a frenar mi cuerpo bruscamente. Primero un golpe en la cabeza contra la bandeja portaequipajes del techo del autobús, que me dejó algo atontada y sin fuerzas. Después un dolor punzante tras la caída contra una de las ventanillas laterales, que me rindió definitivamente dejándome clavada en un punto indeterminado del espacio. Con un gran esfuerzo abrí los ojos para constatar que el autobús se había detenido e intentar hacer una valoración de los daños, pero lo poco que pude ver fue como a través de la luna frontal, que había quedado hecha añicos, unos desconocidos entraban a rastras dentro del autobús. Suspiré para mí pensando que venían a ayudar, pero lo que no lograba entender era por qué estaban mordiendo a Lasse... Después, sólo hubo oscuridad.

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Lun 22 Abr 2019, 13:33

Despierta


30 de Noviembre de 2012 - B.S.O..
Algo pequeño... muy pequeño... tan minúsculo que no llegaba casi a tener entidad propia comenzaba a fraguarse en algún recóndito y oscuro confín de mi mente. Algo tan pequeño que no podía ni siquiera considerarse como el germen de lo que aspiraba a ser. ¿Aquello era acaso un destello de consciencia? ¿Aquello era acaso lo que quedaba de una persona cuando estaba muerto...?

Era escurridizo y efímero, por momentos parecía que iba a componer una idea pero al instante se desvanecía como si fuera humo arrastrado por el viento y se deshacía en el sombrío mar de la inconsciencia... Pero era algo terco y caprichoso, y por más que se hundiera disolviéndose en el vacío intentaba con todas sus fuerzas volver a emerger a la superficie.

Al principio su  tono era interrogativo, sintiéndose inseguro de su auténtica naturaleza, no creyéndose lo que era o si acaso tenía el leve derecho de existir, pero poco a poco, su voz se iba haciendo mayor y más fuerte, y poco a poco su forma se fue materializando en pensamiento consciente... ¿Estoy viva...? Estoy viva.

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Mensaje por Vernice Valdeviras el Vie 06 Sep 2019, 10:11

Techo desconocido


2 de Diciembre de 2012

La primera vez que abrí los ojos tras el accidente tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas, tanto que acabé agotada de ese mismo afán y caí dormida de nuevo sin haber tenido oportunidad de reconocer nada de lo que había a mi alrededor.

La segunda vez empecé a reconocer imágenes y sonidos a mi alrededor, que pertenecían a un entorno totalmente desconocido para mí hasta ese mismo día. Un falso techo blanco, salpicado de aquí para allí con tubos fluorescentes que parpadeaban a causa de un cebador defectuoso, y los quejidos de dolor de alguien no muy lejano, hasta que un rostro de una mujer desconocida pasó ante mí y me habló para constatar que no había perdido la capacidad de entender el lenguaje humano.

-No. Todavía no.- fueron todas las palabras de la desconocida antes de que, con una inyección de algún producto desconocido, me volviera a sumergir en la oscuridad.

La tercera vez ya todo aquello me resultaba incómodo e inquietante. Cuando desperté estuve varios minutos con los ojos cerrados, reflexionando sobre cuál podría haber sido mi suerte antes de atreverme a abrir apenas una rendija del ojo izquierdo, asustada porque pudiera volver a aparecer la mujer desconocida.

-¡Aquí doctor! ¡Ha despertado uno!- escuché gritar a un par de metros a la derecha.

-¿Está seguro de que está vivo...?- respondió otra voz distinta a la primera.

-Pues, ha abierto los ojos y... ¡Joder! ¡¡Agarradlo!!

Los gritos del primer hombre ahora iban acompañados de gorjeos y alaridos desesperados, y yo tensa por la situación que no alcanzaba a comprender.

-¡Vamos Sesame! ¡¡Acabe con él!!

Dos disparos resonaron en el interior de la sala y los gorgeos cesaron. Hasta el momento nunca había escuchado un disparo tan cerca y me sobrecogió el silencio y el chirrido sordo que dejaba en los oídos después. Intenté moverme, pero mi cuerpo no respondía y no me atrevía a abrir los ojos por si la desconocida volvía a aparecer, y en cuanto escuché unos pasos cerca de mí fingí con todas mis fuerzas estar dormida para no terminar como aquel pobre diablo que acababa de “despertarse”. ¿Dónde demonios estaba? ¿Era esto el infierno? ¿Era algún tipo de broma cruel?

Después de eso me costó mucho recuperar el sueño, pues mi cabeza no paraba de dar vueltas a cientos de teorías sobre qué estaba sucediendo y la intranquilidad me impedía descansar, al menos hasta que la desconocida volvió a acercarse y, con una de sus inyecciones mágicas, me hizo volver a dormir.

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