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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Un vistazo al pasado [Marcus Cropper]

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Un vistazo al pasado

15/09/2015 • Georgia • Marcus

Su objetivo principal era llegar a un poblado pequeño donde abastecerse por un tiempo, tal vez no se imaginó terminando en una granja ubicada en medio de casi nada, no obstante, peor sería si no tuviera ninguna opción y estuviera improvisando. Dejó su camioneta oculta en las afueras de la granja, antes de descender y aventurarse en ella. Previamente había recibido un daño moderado en su brazo debido a una explosión, si no fuera por su botiquín de primeros auxilios —sobretodo, el First Aid Spray— que tenía guardado, no la habría contado.

La ventaja que tenían esos lugares, es que la cantidad de zombies era relativamente muy pequeña y controlable, a diferencia de las ciudades. Incluso el mismo cercado limitaba el acceso de los caminantes, sería un lugar perfecto para descansar y pasar algunos días por allí.

Solo había un total de tres caminantes por la entrada a la granja, no tardó en eliminarlos con su hacha, los tres de la misma forma: un tajo sólido y certero a la cabeza. Caminó hasta llegar a la casa que observó a la distancia, la revisaría primero que a los graneros y establos, sobretodo, porque de cerca era muy grande para ser una casa de granja—. Allá vamos... —susurró, colocando sus dedos en la manija de la puerta antes de soltar un largo suspiro, para su sorpresa, estaba abierta.

Ante aquello, no dudó en empuñar su hacha a dos manos, caminando de esa manera en el vestíbulo. Como sospechó, claramente se escuchaban quejidos típicos de zombies, provenían del estudio. Rhys se acercó con sigilo y empujó la puerta de esa habitación, que ya estaba medio abierta.

Se encontró con un no-muerto, que al ver al castaño, se puso de pie y caminó hacía él. No obstante, su torso estaba esposado a la herrería de la ventana, así que eso le detuvo y quedó incapaz de avanzar más, solo extendiendo su mano disponible hacía el ex-policía—. Demonios —gruñó, estaba listo para atravesarle la cabeza con el hacha hasta que observó cierta hoja en el suelo. Al ser curioso, no dudó en agachase y tomarla en entre sus manos para leerla.

El granjero escribió:Por favor, he sido mordido y no quiero ser uno de esos monstruos. Si llego a convertirme, pido como última voluntad y como último favor, el que me quiten la vida, no quiero estar atrapado en mi propio cuerpo. Lorraine, si lees esto, no te separes de mamá y cuida mucho de Roger, es solo un niño aún. Yo sé que ustedes sobrevivirán y verán un futuro donde todo este infierno haya terminado, háganlo por mí, porque yo ya no podré...  

Esa carta le trajo un recuerdo sumamente amargo, con su madre. Tragó saliva y apretó el mango de su hacha, dando un largo suspiro antes de elevarla y dejarla caer contra la cabeza de aquel zombie, desenterró su arma dando apoyando su pie en el vientre del granjero y dándole un fuerte empujón con él.

Rhys se quedó observando al cuerpo inerte por unos minutos, mientras razonaba que el granjero no tuvo que ver morir a su esposa o hijos, al menos se fue con esa paz en su interior, ningún padre de familia merece ver eso.

Sacudió su cabeza para sacar esos pensamientos, finalmente dirigiéndose de nuevo al pasillo de la casa. No obstante, escuchó crujidos en suelo de madera de la casa. Por el ritmo de los pasos, se planteó la idea de que eso no era un zombie, sino, un humano. Guardó su hacha y sacó del compartimiento de su costado el revólver.

No sabía si aquella persona había ingresado a la casa por el otro acceso o por cualquiera de las ventanas, pero cual fuera el lugar del ingreso, tenía que ser cuidadoso y estar precavido—. Puedo oírte, ¿sabes? —dijo en un volumen alto con tono sarcástico—. Si buscas problemas, los tendrás. Pero, ¿porqué llegar a ellos cuando existe el diálogo? —vociferó, estando alerta de cualquier señal de aquel otro humano.


I find it kind of funny.

I find it kind of sad.
But in a mad world, only the mad are sane.

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Un vistazo al pasado

15/09/2015 ♦️ Georgia ♦️ B.S.O.


Lo mismo que me enseñaban y me hacían feliz, me regañaban y me quitaban toda la ilusión. ¿Qué mal había en dejar siempre un coche preparado con suministros? Después de la última vez yo no quería que volviese a ocurrir nada parecido... Las palabras de Gilbert habían sido claras, y las de Clarisse... incluso Vernice que siempre me miraba con cara tierna había movido su nariz de forma extraña, puede que eso le gustase a Gilbert, pero a mí me daba miedo.

¿Acaso yo era un niño que tenía que pedir la asignación semanal o enfrentarme a padres y abuelos (que cada uno se repartiese el papel al gusto) para conseguir lo que quería? ¡No! Yo ya era uno más y era totalmente autónomo. Ellos me lo habían dicho. ¿O qué pasaba con los comentarios que escuchaba a mis espaldas? "Cómo ha cambiado Marcus, se ve mucho más resuelto." "Sí, si, se ve capaz de controlar la situación" ¡Claro! ¡¿Cómo no iba a controlarla?! Si la mayoría de las "situaciones" las provocaba yo... Marcus, no te disperses o se te pasará el enfado...

Moví mi pelo recién cortado como si fuera una melena al viento, gesto copiado de la señora María a quien le quedaba de un modo espectacular, y entré en la ranchera apartando a Robert a un lado. Tras poner el vehículo en marcha salí por las puertas del internado con mi coche lleno de verduras y algunas viandas por si encontraba alguien malherido... ¿Qué mala idea era esa? Nunca y para nadie lo hubiera sido, salvo ahora, para los "señores de la guerra" que cada vez querían fortificar más mis lechugas.

Había conducido al menos dos horas y ahora, debía ser sincero conmigo mismo.... ¿Dónde estás Marcus? ¿La has vuelto a liar precioso?

-No, no...

Moví mi cabeza hacia los lados mientras detenía el vehículo al llegar a un cruce. Intenté buscar rastro de dónde había venido o de cuánto tiempo había estado "viniendo" debió ser bastante porque la línea del combustible marcaba poco más de medio depósito, sólo esperaba que no acabara de ser rellenado, porque si no, tendría que elegir entre mis verduras o la camioneta. Había venido por una carretera interestatal y ahora me encontraba en un cruce con una carretera secundaria.

-Espera, espera...- Dejé el coche en el arcén, justo debajo de algunos árboles que me abrigaban con su sombra. Una brisa suave entró por la ventanilla y totalmente decidido me hice la pregunta. -Marcus, ¿qué es lo que te ha traído hasta aquí? No estabas enfadado realmente.

Me rasqué la cabeza con ambas manos. Era verdad... sólo estaba enfadado conmigo mismo. Había vuelto a perder a Marc, mi buen amigo, y el sentimiento de impotencia inundaba todo mi ser, tanto que cualquier comentario lo sentía como un reproche. Y todos sabían cómo podía ser yo con un reproche: volví a a imaginarme vestido de soldado enfrentándome al mundo entero como en esas películas que tanto me gustaban.

Un ruido llamó mi atención, así que cogí el bate de madera del asiento y las llaves del vehículo, y a través del follaje circundante vi un pequeño camino, que antaño debió ser para bicicletas o senderismo, y que descendía una escarpada ladera hacia una granja muy mona. El primer edificio era un cobertizo y justo, cuando estaba a unos metros de él, se alzó ante mis ojos una gran casa como aquella en que me había criado cuando mis padres aún eran mis padres. No es que ya no lo fueran (que ya no lo eran), quiero decir que ya no estaban en este mundo; pero no "no estaban en este mundo" como esos seres que mordían y que "sí que estaban en este mundo", mis padres fueron bien enterrados y su muerte había sido cien por cien efectiva, así que ya no estaban en este mundo pero no habían dejado de ser mis padres... ¿A qué venía todo esto...?

Sin darme cuenta, y como solía hacer cuando era niño, entré por la ventana de lo que creía que sería la cocina. Aquella cocina en la que me solía colar junto a mis hermano para robar las tartas que mamá podía a enfriar.

-Marc, te habría encantado esto...

—Puedo oírte, ¿sabes? Si buscas problemas, los tendrás. Pero, ¿porqué llegar a ellos cuando existe el diálogo?


¿Me había vuelto a traicionar mi imaginación? ¿O había alguien hablando? Recordé una vieja película: "uno de nuestros enemigos" en la que el protagonista hacía varias voces para hacer creer al asesino que no estaba solo.

-¡¿Eres tú Louise?!- dije con una voz ronca intentando que no se pareciese en nada a la que yo tenía y que había usado momentos antes.

-¡No, no soy yo, Robert! ¡Habrán sido los muchachos pero no he llegado a entenderlo con la conversación de Gilbert!


Ya seríamos al menos ocho... y eso debía asustar al más pintado. Volví a cambiar mi voz y vociferé.

-¡¿Qué has dicho chico?! ¡No te he entendido! ¡Repítelo!

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