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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Un encuentro inesperado || Richard Jackson

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Hace frío. Mis brazos rodean mi torso y mis manos se agitan con cierta rudeza sobre este esperando así que algo de calor se forme por la fricción. Mi estómago ruge como cada día, ya casi no recuerdo como era la comida de verdad, la que preparaba en casa para Simon... No, otra vez no, él ya no esta, ya no debo pensar más en eso. Es el pasado y allí debe quedarse...

Miro de nuevo a través de la cortina para volver a ver la profunda oscuridad de la noche cerniendose en el bosque, donde cada ruido parecía estar hecho para que mi corazón sufriera un pequeño infarto. Desde la última vez que estuve un lugar como ese había pasado mucho tiempo... Extrañaba la casa de James... Extrañaba a James, era un buen hombre y sin él, no estaría hoy aquí.
Sacudo la cabeza de un lado a otro como un perro hace con el agua para alejar esos tristes recuerdos de mi cabeza. Ahora debía estar alerta, en silencio y lo mejor escondida posible. Nunca se sabía que o quién podía aparecer por la puerta. Me acuclillo en la esquina más cercana a esa ventana y miro la chimenea durante un segundo... No, encenderla daría mucha luz y no queremos que nos encuentren.

La guardia se hace eterna y un largo suspiro desencadena un bostezo que culmina en que mis ojos se cerraran más de lo que debían, terminando dormida en aquella oscura y fría esquina... Una mezcla de sueños y pesadillas se forman en mi cabeza. Lloro, río y huyo, huyo como he hecho en los últimos años. Mis amigos, familia y pareja me persiguen transformados en no muertos, pútridos y agujereados, dejando a la vista todos los órganos que les quedaban intactos...
Y, de pronto, el crujir de la madera del porche de la casa me despierta. Aprieto en mis manos el atizador que había encontrado al lado de la chimenea y me arrastro por el suelo para acercarme a la puerta y apoyarme contra la pared. Podía escuchar perfectamente como mis rodillas chocaban entre si por el temblor de estás ante el terror de que, otra vez, una de esas cosas me hubiese encontrado
Levante el trozo de hierro y, cuando la puerta se abrió, grité con todas mis fuerzas mientras apretaba los ojos y movía el arma a diestro y siniestro.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Otro día de mierda, en un mundo de mierda. Para colmo el tiempo estaba empeorando y esa noche hacía frío. Richard conducía su nuevo humvee por el camino de un bosque, mientras rezaba por encontrar un refugio seguro. De suministros no andaba mal, pues aparte de nuevos horrores para su mente había conseguido medicinas y alimentos para un buen tiempo gracias al trato con Izz.

Aún así iba saqueando todo lo podía y nunca dejaba de moverse, algo tenía que hacer o se volvería loco. Por más que trataba de cerrarle la puerta al pasado este no dejaba de rezumar por las aberturas… la guerra, las montañas Arklay, Racoon city, Washington D.C… había perdido a tantas personas amadas que había jurado proteger.

No, no podía seguir pensando en esa vida, Chris Fowler ya no existía, había muerto al fracasar en su misión y en proteger a quienes más quería, ahora solo quedaba Richard Jackson y ya nada importaba. Tras el oscuro camino encontró una cabaña en el bosque.

En otra situación, una donde el mundo no estuviera muerto eso podría ser el comienzo de una película de terror, pero en zombieland todo era una película de terror, y esa cabaña su salvación para esa noche. Detuvo el humvee delante de la cabaña y salió del coche con su machete en la mano derecha y su bolsa militar en la otra.

Trataba de hacer el mínimo ruido posible, pero la madera del porche demostró ser demasiado vieja cuando emitió un inesperado crujido. Los nervios de Richard se sobresaltaron durante un momento, y tuvo que respirar hondo para tranquilizarse. Miró a su alrededor esperando no haber atraído a los caminantes, el ruido podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Cuando estaba a punto de entrar una loca salió de la cabaña, con los ojos cerrados mientras movía a diestro y siniestro un atizador, lo peor eran sus estridentes gritos que parecía una invitación directa a que todos los caminantes del lugar se acercarán para cenar. Tal vez si Richard se hubiera parado a analizar la escena se hubiera reído de ella, tal vez hubiera simplemente la hubiera tratado de tranquilizar, pero su instinto reaccionó ante lo que detecto como una amenaza y tomó el control de su cuerpo.

Con ágiles reflejos esquivo los primeros golpes del atizador, y con un preciso pero fuerte movimiento de su machete golpeó el atizador liberandolo de las manos de su dueño y mandandolo por los aires. Acto seguido toma por los hombros a la chica y la pone contra la pared, con el machete enfrente del cuello, a muy corta distancia. Impidiendo así que realice cualquier movimiento. Solo entonces, una vez neutralizado el peligro se percata de lo que realmente ha sucedido y de que la muchacha no es la amenaza que parecía cuando el atizador estuvo a poca distancia de tocar su rostro.

-Silencio, niña, atraerás a los muertos -le advirtió con severidad con el rostro cerca del de ella y el machete contra su cuello, pero sin llegar a lastimar. Tenía suerte, si sus instintos le llevarán a matar en lugar de incapacitar ella no lo contaría. Antes del apocalipsis ya la habría soltado, pero no se fiaba, todo eso podía ser un truco y ella mucho más peligrosa de lo que parecía -Voy a apartar el machete, pero tú no volverás a gritar ni a hacer otra estupidez ¿De acuerdo?

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Todo pasó tan deprisa que no supe como acabé contra la pared con aquel machete en el cuello, con aquel hombre rubio de ojos grises mirándome fijamente. Las lágrimas brotaron en un parpadeo dejando húmedos surcos en mis mejillas y comencé a temblar. Estaba tan asustada que las suplicas no salían de mi garganta y un molesto nudo se formó en mi traquea dificultándome el respirar... Después de todo lo que había pasado, después de que Simon diese la vida por mi, después de ver morir a James... ¿Así es como me tocaba morir a mi?...
Sentí nauseas y quise gritar pero la voz del hombre se alza antes que la mía y, para mi sorpresa, solo suelta una advertencia sobre los no muertos a lo que yo solo puedo reaccionar cerrando la boca con fuerza. Segundos después, el vuelve a hablar y yo asiento lentamente con la cabeza lo que la afilada hoja me permite.

No podía apartar mis ojos de él, ni siquiera en el momento en el que me suelta, llevando las manos a mi cuello aún con el dibujo del pánico pintado en la cara. Lo siguiente que hice fue mirar a mi alrededor esperando que; como él había dicho; algún no muerto se hubiese visto atraído por mis estúpidos gritos.
Tragué saliva lentamente y, sin despegarme de la pared y volviendo a fijar mis ojos en los suyos, me desplazo lentamente hacia la puerta por la que había salido y espero paciente con la cabeza baja a que entre. No era algo que me gustase mucho, pero podía entender perfectamente que había sido una tonta al reaccionar así y que igual que yo, aquel hombre podría necesitar algo de ayuda.

Una vez entra, cierro la puerta y miro el bate de madera detrás de esta, queriendo recordar donde esta por si fuera necesario utilizarlo... La casa estaba igual o más oscura que el exterior ligeramente bañado por la luz de la Luna pero no fue difícil guiarle hasta el pequeño salón que tenía con sofás de cuero viejo y un par de estanterías con fotos olvidadas.

Ahora el problema es que no sabía que decirle después de sentir sus fríos ojos clavados en mi al igual que la cercanía de su arma. Tenía miedo. Me daba miedo... ¿Debía darle la oportunidad? Estaba tan confusa que no me di cuenta de que me había quedado mirándole fijamente quieta en el sitio, como si estuviese hecha de piedra.

-Dis-Discúlpame - Me atrevo a decir con un hilo de voz y mis dedos se mueven automáticamente hacia un mechón de mi corta melena.- No sabía que podías ser y, me asusté... ¿Necesitas descansar? - Inmediatamente me arrepentí de las palabras que salieron de mi boca, pero se le veía cansado y caminar de noche era peligroso... Tampoco tenía porque ocurrir nada.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Estaba aterrorizada, no había que ser un lince para que ver que no era algo fingido. Las lágrimas salieron de sus ojos sin control, y parecía que quería hablar pero las palabras no salían de su boca. Richard noto algo revolverse levemente en el estómago y los remordimientos tratando de entrar en su cabeza, pero los ignoró por completo. Solo la soltó cuando ella confirmó con la cabeza que no volvería a hacer ninguna tontería.

Le dio la espalda y miró a su alrededor, entre los árboles se veían leves movimientos como si algo se acercará lentamente pero estuviera muy lejos como para verlo en la oscuridad. Richard recogió la bolsa militar y con la otra el atizador, podría necesitarlo si la noche era demasiado fría.

Tras esto se internó en la cabaña, sin siquiera prestar atención a la chica que se había quedado al lado de la puerta. Camino hasta una estancia con sofás de cuero y fotografías. No se sentó, en su lugar se dirigió hacia la ventana, estuvo observando unos instantes viendo como los zombies comenzaban a llegar hasta la cabaña. En esa oscuridad era imposible precisar cuántos eran, tenía que esperar a la mañana para decidir qué hacer.

Se estaba disculpando y encima le invitaba a descansar. Hasta hace unos segundos le parecía imposible encontrar a alguien tan inocente; era tan improbable encontrar a alguien así de inocente en aquel mundo muerto como de encontrarse con un unicornio… y sin embargo, ahí estaba. No le recordó que seguía viva solo porque él lo permitía, ni tampoco que sí quería echarla de ahí y dársela de comer a los zombies o simplemente matarla podía hacerlo sin mayores complicaciones. Realmente si todo era una interpretación, y en realidad ocultaba a alguien peligrosa debajo de tanta vulnerabilidad se merecía un maldito Óscar por su interpretación.

-Eso lo entiendo. -dijo en un movimiento de su mano que le quitaba importancia al asunto -¿Pero qué hacías ahí plantada, con los ojos cerrados, y moviendo el atizador como una posesa? -dice mientras camina a la chimenea y devuelve el atizador a su sitio -¿Espantar moscas?
Tras eso camina hacia ella con movimientos seguros y firmes mientras la miraba con seriedad.
-Mira, niña, si quieres sobrevivir más vale que la próxima vez que decidas atacar a alguien seas precisa con tus golpes. -le dijo plantandose ante ella como si fuera un líder militar sermoneando a un soldado que acaba de cagarla -Si no eres capaz, simplemente olvidate de esa mierda y corre o escondete. Pero no vuelvas a hacer el idiota de esa manera… jamás.

Tras eso le dio la espalda para sentarse en uno de los sillones y buscar en su bolsa su paquete de cigarrillos, necesitaba tranquilizarse. Antes de eso encontró un sobre de comida. Lo observó durante unos momentos y luego se fijó en la jóven que tenía ahí asustada, sin duda viendo su debilidad le costaría encontrar comida por su cuenta. Normalmente no lo haría, pues era evidente que esa chica moriría dentro de poco y por tanto no merecía la pena preocuparse por ella, pero esta vez una sensación amarga le impulsó a hacer algo diferente.
-Eh, niña, ¿tienes hambre? -dijo mientras extendía hacia ella el brazo para acercarle el sobre de comida.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
El hombre se desenvuelve bien por la casa a oscuras, caminando tranquilamente por el salón mientras examina lo que sea que estuviese viendo por la misma ventana que había mirado yo minutos atrás. Mientras, le miro desde la distancia, observando sus movimientos y gestos hasta que habla consiguiendo así que de un pequeño sobresalto en el sitio...  
Sus palabras hacen que me sonroje de la vergüenza y, conforme él avanza hacía mi, yo retrocedo instintivamente hasta que mis talones chocan contra una estantería con fotografías. Apreté la espalda contra el frío cristal intentando fusionarme con él, bajando con la cabeza como a la niña a la que regañan por hacer algo malo... Pero, quisiera o no, ese hombre decía verdades como puños. Yo no servía para pelear, todo me asustaba y controlar mis emociones es algo que no se me da bien... Por eso, el pensamiento de que por mi culpa aquel hombre pudiese sufrir algún tipo de daño hace que un sentimiento de tristeza me invada...

Se aleja de mi dejándome con ese mal sabor de boca para sentarse en un sofá mientras, poco a poco, yo me voy alejando de la estantería para sentarme en el otro sillón frente al que se encontraba el hombre. Entrelazo los dedos unos con otros nerviosa. No sabía que decir o que hacer pero; como no; él se adelantó primero para, esta vez, ofrecerme un sobre de comida que me quedé mirando con evidente hambre.

-¿De verdad puedo quedármelo? - Mis manos se estiran despacio para agarrar el paquete y observarlo detenidamente, buscando las instrucciones de preparado. Sobre el plástico plateado rezaban unas pequeñas letras con varios dibujos explicando que, lo único que iba a necesitar, era agua caliente.

Mis ojos se dirigieron automáticamente a la cocina y luego a la chimenea, ya que esa era la única fuente de calor posible para calentar agua. Había madera de sobra y en la cocina habían ollas y sartenes... Pero me daba tanto miedo llamar la atención de las cosas que había ahí afuera que no me atrevía si quiera a intentar encender una chispa pero, inmediatamente, miré al rubio y torcí los labios en un gesto de duda...
-Hace falta agua caliente... - Murmuro mientras miro seguidamente al gran mueble que era la chimenea. - ¿Sería peligroso encender la chimenea? - Pregunté para luego bajar más la voz seguida de mi cabeceo - Los monstruos podrían encontrarnos... ¿verdad?

No sabía si trataba de informarme o de autoconvencerme de que encender una luz era una absoluta locura, pero el rugir de mi estómago empezaba a hacer más ruido que nuestras propias voces.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
La chica no encajaba para nada en este mundo de mierda. La manera en que le miraba asustada, la forma en que se sobresalta cuando le habla o el color rojo de sus mejillas y su forma de retroceder cuando él le encara directamente le recuerdan más a un cervatillo asustado que a una humana de zombieland. Se podría decir que le resultaba tierna, pero a su vez le cabreaba porque sabía que moriría pronto.

El mundo era un lugar triste y oscuro y la gente se había endurecido y perdido su inocencia para sobrevivir, eso cuando no había perdido por completo la cordura. Era todo un milagro que alguien tan inocente hubiera sobrevivido tanto tiempo, pero los milagros tenían fecha de caducidad y la suerte no duraba para siempre, en ese mundo no.

¿Realmente se lo estaba dando? Toda lógica decía que esa chica no sobreviviría mucho tiempo y por tanto darle esa comida no era más que desperdiciarla. Y sin embargo…
-Sí, cométela antes de que me arrepienta -le respondió asistiendo secamente con la cabeza. Realmente no temía arrepentirse por quedarse sin comida, tenía de sobra, pero preocuparse por alguien que ya estaba condenada no era más que preocuparse en vano… incluso aunque solo fuera darle de comer.

Entonces ella le preguntó si era peligroso encender la chimenea. Por lo que sabía Richard los zombies reaccionaban sobretodo ante el ruido y el olor, al igual que un licker, pero no tenían esa inteligencia como para encontrarlos. Aún así no era eso lo que llamó la atención de Richard, si no que no parecía tanto buscar una respuesta como que alguien tomara dicha decisión por ella. Como si lo necesitará. Fácilmente podría decirle, ¿pero que haría si estuviera sola y no hubiera nadie para decirle las cosas? No, ella tenía que tomar sus propias decisiones.
-Qué dilema, ¿eh? -dijo Richard con una media sonrisa, por fin encontró el paquete de cigarrillos se llevó uno a la boca y lo encendió para darle una calada -Si enciendes un fuego podrían devorarte los lobos, pero si no lo haces te morirás de hambre. ¿Entonces qué harás, caperucita? ¿Te arriesgas o no?
Le cuestiono mientras concentraba su mirada en ella esperando que ella tomará su decisión, al ver su indecisión se encogió de hombros
-Yo no lo decidiré por ti -dijo mientras daba una calada y le dedicaba una media sonrisa.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
El hombre se toma unos segundos para responder y, cuando lo hace, no puedo evitar que mis labios se abran un poco con un ligero gesto de sorpresa para luego, enfurruñar la cara tratando de ocultar un sonrojo cuando me llama Caperucita. No me terminaba de gustar la actitud de ese tipo. Llegó y entró por la casa como si fuese suya cuando yo ya estaba allí, me atosigó e invadió mi espacio personal y ahora se ponía a fumar como si nada... Quería replicarle pero, el gruñido que sale de mi estómago resuena en el silencio de la sala que poco a poco se va impregnando de humo...

-Al menos me ha dado comida- Pienso a la par que me levanto y voy a la cocina tanteando en la oscuridad sin soltar el paquete. Estiro los brazos y toco la pared para luego introducirme en la cocina, llegando hasta uno de los armarios de donde consigo una pequeña cazuela de metal. Giro a mi alrededor despacio y consigo distinguir las formas del fregadero, al cual me acerco para abrirlo con el fuerte deseo de que un chorro de agua. Giro la manilla despacio escuchando como chirría y... nada. Ni una misera gota de agua sale por la boquilla. No puedo evitar bufar molesta. Si quiero comer, tendré que gastar la poca agua que me queda...

Vuelvo al salón con la cazuela en la mano y me acerco al sofá donde estaba él, sacudiendo la mano para apartar el humo a la vez que me arrodillo y meto la mano bajo el mueble de cuatro patas, sacando la mochila que me ha estado acompañado los últimos años, sucia, fea y agujereada por casi todas partes. Camino hacía el otro sofá donde había estado sentada anteriormente y tomo el mismo lugar, sacando la botella de plástico que contenía menos de la mitad del contenido y procedo a vaciarlo en su interior, dirigiendo mis azulados ojos al hombre de cabello largo que fumaba frente a mi. No sé porque lo hice, no sé si esperaba que me dijese algo, no sé si estaba pidiendo permiso, no lo sé, el caso es que lo hice y, por un segundo, me recordó a un James mucho más joven que esperaba a que empezara a tomar las riendas de mi vida...

Sonrío...

Vierto el contenido y amontono un par de trozos de madera en la chimenea, buscando luego algo que poder utilizar para encender el fuego. Todo en aquel lugar podría acabar entre las llamas, ya nadie lo iba a reclamar pero... ¿Y el respeto? Allí hubo alguien en algún momento, alguien que le dedicó tiempo a labrar ese hogar en mitad de la nada. Tal vez la compró, sí, pero ahí estaban sus recuerdos y, suficientes muertos había como para perturbar otros... Finalmente, mis ojos dan con un libro de números telefónicos de la ciudad y, sin pensarlo mucho más, saco del bolsillo de mi pantalón trasero el zippo de James, prendiéndolo para acercar la pequeña llama al libro el cual no tarda en empezar a arder. Coloco la cazuela enganchada en el hierro que cruza el interior de la chimenea y me siento delante, observando como el fuego crea sombras danzantes en su cubículo de piedra...

-¿Cómo te llamas? - Pregunto mientras mis brazos rodean mis piernas, abrazándolas para apoyar mi cabeza en las rodillas.

Spoiler:
-Si: Hay agua ya que la casa dispone de un aljibe potable
-No: No hay ni un agota de agua.  

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Le sorprendió ver que era capaz de tomar una decisión, pensaba que simplemente su indecisión la llevaría a no hacer nada y morirse de hambre. Parecía bastante nula en lo que era defenderse pero al menos parecía tener cierta iniciativa. Eso le daba una mínima posibilidad no más que a una niña de diez años pero… ¿quién sabe? sí era capaz de tomar una decisión ella sola y prepararse la comida tal vez no era un caso completamente perdido.

Además que no pudo emitir una leve risa ante su cara de sorpresa que terminó en un rostro enfurruñado. Cuando directamente se puso roja no pudo evitar contener la risa. Sí, su inocencia resultaba divertida.

La pequeña hizo uso de una guía de teléfonos para prender un fuego, Richard tuvo ganas de decirle algo porque como prendiera el lugar iban a tener problemas con los bichos de fuera, pero no lo hizo. Simplemente dejo que actuará mientras esperaba lo mejor y se preparaba para lo peor.

Richard se quedó observando el fuego, era hipnotizante, sorprende como algo que podía destruirlo todo también podía salvarte la vida permitiendote comer o calentandote cuando hacía frío. Todo dependía del uso que se le diera. Curioso, muy curioso. Ojalá todas las cosas fueran como el fuego, ojalá todo lo que destruye también pudiera salvar vidas en lugar de solo matar.

Le sorprendió la pregunta de ella ¿Su nombre? ¿Qué importaba eso? La mayoría del tiempo ni siquiera lo utilizaba.
-¿Acaso importa? -pregunto de forma directa mientras alzaba una ceja -Los nombres no son nada cuando no queda nadie para darles significado.
No, su nombre no era algo que viera importante, y saber el de ella… tal vez solo lo hacía doloroso si, como era de esperar, terminaba muriéndose. Al menos podía inventarse tantos nombres como quisiera, daba igual, los usaría hasta que tuviera que desprenderse de ellos. Y eso le hizo pensar: ¿Así que cuál era el problema en decirle para que se sintiera mejor?

-Puedes llamarme Richard -pronunció tras un largo suspiro.
Tampoco quería saber el suyo, nombre sin significado de una chica que no tardaría en morirse. Sí, llamarla la chica condenada, futuro zombie andante o la chica perdida eran mejores nombres que cualquier otro.

-Bueno, Caperucita, deberías saber que los lobos no te encontrarán porque cocines en la cabaña, no necesariamente. Suele atraerlos más el olor de una niña tierna gritona, oh, y sus gritos.Hacer ruido es la manera más fácil de echartelos encima. De hecho, si pudieran entrar aquí ya lo habrías hecho -dijo antes de mirar por un segundo hacia as ventanas -porque por tu grito de antes tenemos a varios en la puerta.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
¿Importaba su nombre?... Cielos, ¡por supuesto que si!. ¿Quienes somos sin nuestros nombres, sin nuestra identidad? Si, en cierta manera lo que había dicho el hombre rubio tenía razón, sin nadie que le diera un significado todo era mucho más triste pero, ¿acaso no estábamos nosotros allí para perpetuar ese significado que le dieron? Cruzo mi mirada con la de él y me tomo unos segundos para intentar adivinar en que piensa pero, finalmente, lanza su nombre al aire y una pequeña sonrisa se forma en mis labios dispuesta a decirle el mío... Cosa que no hago ya que vuelve a hablar y a llamarme Caperucita tornando mis mejillas del mismo color que las llamas.

Abro la boca para quejarme por el apodo impuesto por él pero sus palabras me hacen enmudecer, girando mi cuerpo lentamente hacia la ventana que había a varios metros de mi espalda. La luz de la chimenea se reflejaba en las cortinas blancas haciendo difícil ver al otro lado, pero tampoco había que ser muy listos para saber que, las sombras que se movían fuera, eran no muertos buscando a la presa que podría haber sido minutos antes.
Busco el bate con la mirada que sigue justo al lado de la puerta y luego miro a Richard con la duda dibujada en el rostro. ¿Debíamos hacer algo con ellos?.. El recuerdo de James vuelve a mi mente: "La noche es peligrosa"... Y con eso en mente yo no voy a salir a encararlos si él no me acompaña. Se le ve mucho más entendido en sobrevivir, su aspecto, su forma de mirarlo todo, como habla y se mueve... Parecía que había pasado por una guerra y, con como era ahora el mundo, no lo dudaba en absoluto.

-¿Crees que podrán entrar? - Murmuro por encima del ruido de la madera astillarse. -¿Deberíamos salir? - Abro la boca para preguntar otra vez pero la cierro inmediatamente para darme cuenta de que, por mi culpa, aquellos muertos estaban allí. Debía hacer algo...

Sin cambiar mucho la postura de mi cuerpo, me coloco a cuatro patas en el suelo y comienzo a gatear rápidamente hacia la puerta para tratar de alcanzar el bate sin apartar mis ojos de los vidrios agrietados. Estiro la mano... Solo un poco más y ya estaría entre mis dedos, un poco más...

Mis dedos rozan la madera del alargado arma y esta resbala por la pared cayendo al suelo con un fuerte ruido. Los no muertos de afuera contestaron con sus aullidos, comenzando a golpear la puerta con insaciable sed de sangre. Agarro el bate con fuerza y retrocedo mordiéndome los labios para aguantar las ganas de gritar hasta que mi espalda choca contra la escalera que daba al segundo piso... De forma rápida, busco a Richard con los ojos de forma asustada, deseando esconderme detrás de él y sentirme a salvo de una vez.

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Ante la revelación de que había zombies a la puerta ella hizo una pregunta muy pertinente: -¿Crees que podrán entrar?
-No… por ahora. Los caminantes no saben abrir puertas, pero no podemos permitir que se acumulen demasiados.
Le explico mientras volvía a mirar hacia la ventana mientras calculaba si realmente era la mejor decisión. -Por la noche supone un gran riesgo enfrentarse a los muertos, ya que la falta de luz no les supone un problema, pero para nosotros sí. Mañana a primera hora nos encargaremos de ellos.
Hablaba por instinto, explicar esas cosas se sentía tan natural… era como volver a su antigua vida, ser capitán de los Stars, cuando había gente que dependía de él. Ya no quería esa vida, no quería pensar en ese pasado ni hacerse cargo de la gente y sin embargo…

Caperucita comenzó a moverse, a cuatro patas y tratando de no levantar ruído, otra señal de que no estaba tan perdida como había parecido en un principio. Bueno… tal vez sí que lo estaba un poco… ya que al tratar de coger su bate se le cayó haciendo ruido. Los caminantes se lanzaron contra la puerta dejando claro que el antiguo plan se había ido a la mierda.
Richard se incorporó como un resorte, dispuesto a pasar a la acción, como cada vez que se acercaba el peligro el instinto se hizo cargo de la situación. Sin dudas, pesares o cabreos. Solo el cerebro y el cuerpo trabajando en conjunto y lo más rápido posible para solucionar los problemas uno a uno.

Caperucita estaba aterrada, temblaba con un cervatillo asustado, pero por lo menos no había gritado como era de prever, Richard no sabía cuanto podría aguantar sin caer en el pánico más absoluto y perder el control de sí misma… pero la mirada que le dedicó dejaba claro que no mucho.

Con decisión caminó hasta ella y la tomó con suavidad de los hombros, volteandola para que diera la espalda a la puerta y su mirada se concentrará sólo en él.
-Eh, eh, mírame, olvídate de ellos. Respira hondo. En esta casa estás a salvo, conmigo a tu lado no te pueden tocar.  -dijo despacio para que sus palabras llegarán hasta ella a pesar del terror en el que se encontraba y hablando de una forma cuidadosa y tranquilizadora para poder calmarla, reducir su miedo a algo que pudiera manejar -Tranquilízate y mírame solo a mi, nada más existe. Ahora respira hondo y cuenta hasta cinco. Dime, ¿Cómo te llamas?
Como había dicho los nombres no eran importantes, no para Richard, pero era una buena manera de que dejará de centrarse en el peligro y así superar el peligro de dominarse por completo por el pánico. No podía permitir que su compañera cayera en estado de pánico pues de esa forma solo conseguiría ponerlos en peligro a ambos. Necesitaban tener la mente clara.

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Fuertes, atronadores e intensos eran los golpes en la puerta que temblaba como si fuese a salirse de sus bisagras y a caer al suelo, dejándome indefensa frente a los monstruos que estaban al otro lado. Pude verlo, pude ver como entraban y me alcanzaban con sus manos, como se abalanzaban sobre mi para empezar a clavar sus dientes en mi carne, desgarrándola a la vez que la sangre brota de mi como una fuente. Veo sus caras, sus ojos... La falta de humanidad, de empatía, de dolor... La falta de todo menos de una cosa, el hambre.
Mi pecho sube y baja contra el bate al cual me aferro como si de un salvavidas se tratase, como si agarrarme a ese objeto me hiciese invulnerable a cualquier daño y como si fuese a darme las fuerzas necesarias para salir de allí... Y, cuando noto las manos de Richard sobre mí, no puedo evitar hacer otra cosa que zarandearme para tratar de soltarme al pensar que podía ser una de esas cosas... Pero no, ahí estaba él, hablándome de esa forma tan tranquila y tratando de que volviese al mundo de los vivos.

Me hundo en su mirada y trato de prestar toda la atención posible a sus palabras a la vez que aún continuo escuchando los golpes a mi espalda. Tengo la necesidad de girarme y salir de allí corriendo, de empujarle, apartarle de mi y dejarlo allí para volver a encontrar un refugio limpio donde poder estar tranquila y en paz... Pero sus frases causan efecto en mi y, con voz temblorosa le respondo... -A-A-Alexia...

Poco a poco suelto el bate para llevar una de mis manos hasta una de las suyas y, luego, abrazarle con fuerza rodeando sus costillas y pegando así mi cara a su pecho buscando un refugio que no sabría si podría tener.
Huele a sangre seca, humedad y el indescriptible olor de un hombre. No me desagrada, me hace pensar en el tiempo que hacía que no estaba tan cerca de una persona... en el tiempo que llevaba sin tocar a alguien así. Un fuerte suspiro se escapa de entre mis labios y trato de esconder más y más mi cara en su pecho para alejar el ruido de la puerta de mis oídos... Cuento hasta cinco.

Uno... Dos... Tres... Cuatro... Cinco...

Abro los ojos despacio y, aunque el ruido sigue ahí, Richard también lo está... -Gr-Gracias... - Murmuro aún con la voz tiritando. Si él no hubiese estado allí, tal vez no se habrían acercado los no muertos... Pero en el caso de que lo hubiera hecho igual... Daba gracias de que se hubiese quedado conmigo

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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Funciono. Aunque era obvio que lo haría, sabía que hacer y cómo hacerlo. En cierto modo su estado natural era estar en peligro, luchar con uñas y dientes por sobrevivir. Pues eran momentos en que las dudas quedaban en segundo plano y eran sustituidas por la adrenalina recorriendo todo su cuerpo, la excitación, la energía. Y lo mejor era que aunque podía hacerlo solo también era un hombre de equipo. Podía guiar a los demás a través del fuego y que sobrevivan a él. Esa vez no iba a ser diferente.

Caperucita era como un cervatillo tembloroso que podría caer en pánico en cualquier instante, primero se revolvió ante su contacto pero poco a poco logró atraer su atención y comenzará a tranquilizarse. Le reveló que su nombre era Alexia, Richard asistió con una sonrisa tranquilizadora.

Lo siguiente que hizo Caperucita le pilló completamente por sorpresa. Se acercó a él y lo rodeo con sus brazos pegando la cara a su pecho. Hacía tiempo que no recibía muestras de cariño, del tipo tierno, así que no estaba preparado para ello. Se quedó paralizado durante unos momentos con su mente bloqueada, sin saber qué hacer. Tuvo la tentación de apartarla, pero no lo hizo, la rodeo con su brazo izquierdo mientras con la mano derecha acariciaba su nuca de forma tranquilizadora.

Cuando el abrazo tierno término y Caperucita estuvo tranquila Richard la miró directamente y volvió a hablar igual con  claridad y calma para que lo entendiera:
-Vale, tengo una idea para sacarnos de este lío, pero necesitare tu ayuda, Alexia -dijo conteniéndose de llamarla Caperucita en un momento así de delicado -¿De acuerdo?

Tras eso se movió por la casa encendiendo luces, para tener algo de resplandor desde fuera, y mirando por las ventanas hasta encontrar una buena zona para matar a los caminantes. Tras eso fue a la cocina y busco algo de metal, hasta conseguir un cucharón.
-Necesito que hagas ruido por esa ventana, todos los caminantes tienen que moverse hacia ahí. Esto te servirá -dijo antes de darle el cucharón y luego la volvió a tomar por el hombro con suavidad para acercar un poco su rostro al de ella mientras le dedicaba una sonrisa de confianza -puedes hacerlo.

Lleno de convicción, si él creía que ella podría hacerlo ella terminaría por creerlo también y entonces sería como lo haría bien. Finalmente se acercó a la puerta dispuesto a salir por ella, en cuanto los zombies dejarán de golpear y fueran donde debían. Pero antes sintió que debía decirle una última cosa a la pequeña.
-Eh, Caperucita... dijo para llamar su atención una última vez, confirmando que lo de llamarla Alexia había durado poco, pero mirándola a los ojos añadió: -no tiene nada de malo tener miedo, pero si lo es dejar que controle tu vida. Si realmente quieres vivir deberás volverte más fuerte que tu propio miedo.




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Un encuentro inesperado

05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Me siento bien ahí, entre sus brazos, sintiendo como me acaricia el cuello despacio. Es relajante. Hacía tiempo que no estaba tan relajada aunque supiera que al otro lado de una puerta estaba la muerte esperando por nosotros... Pero como todo el la vida, aquel abrazo tuvo que acabar y con ello esa sensación de protección y calor.

Asiento a su petición y le sigo con la mirada cuando se levanta y va a la cocina encendiendo todas las luces que puede por el camino, volviendo así con un cucharon de metal en la mano que me entrega. Trago saliva y lo miro detenidamente unos segundos mientras me acerco a la ventana que me ha indicado. ¿De verdad va a salir él solo a por ellos? No me siento nada segura ante eso pero, al sentir su mano sobre mi hombre y ver su rostro cerca del mío... No puedo evitar sonrojarme y asentir lentamente, inspirando profundamente mientras miro su espalda alejarse hacia la puerta.
Vale, puedo hacerlo, solo tengo que asegurarme de que todos los no muertos de ahí afuera vengan hasta aquí... No es tan difícil ¿no?... Levanto el cucharon y, justo cuando estoy dispuesta a hacerlo sonar contra el marco de la ventana, la voz de Richard me asusta haciendo que el utensilio metálico bailara en mis manos apunto de caerse...

Es inspirador tener a alguien como él cerca, alguien que desprende tanta seguridad y confianza y... para que negarlo, no me desagrada que me llame Caperucita.

Hago chocar el cucharon contra el metal y, el sonido en el silencio de la noche, es como si un trueno partiera el cielo en dos. Los escucho gruñir, como arrastran los pies y, aunque aún no los veo desde el otro lado de la cortina, se que se están acercando cada vez más, y más, y más hasta que, de pronto, una mano pútrida a la que le faltan varios dedos choca contra la ventana dejando una horrible huella en el cristal. Me muerdo los labios y contraigo la cara en una mueca de asco y miedo, viendo como sus rostros se pegaban al cristal en busca de atraparme.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis muertos se agolparon contra el vidrio, junto con otras manos ajenas a los rostros que podía ver. Tal vez había ocho u nueve, no estaba segura, pero lo que si sabía a ciencia cierta, era que aquel hombre estaba poniendo su vida en serio peligro.

-R-Richard son muchos... No sé si esto es buena idea - Pero mi mano no dejaba de hacer sonar el cucharón... Él dijo que todo iba a salir bien, que podía hacerlo... Miro el bate en mi otra mano aún manchado con la sangre del último muerto al que había abatido. Si las cosas iban  mal debía salir a ayudarle.

Dado = Nº de No-Muertos


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Iba a salir a pelear él solo contra nueve caminantes, eso pintaba mal hasta para él. ¿Realmente debería pedirle ayuda? ¿Qué hiciera más? Ni de broma, solo había que ver su actuación de antes para imaginarse cuáles eran sus habilidades de combate. Lo mirara como lo mirara luchar contra nueve era feo, pero hacerlo al lado de alguien que lo único que sabía hacer para defenderse era agitar un atizador con los ojos cerrados era todo un suicidio. Podría terminar mal parada contra el primer caminante y todo se pondría peor por tener que protegerla. Mejor que se quedará en la casa.

Ella ya estaba poniendo el plan en marcha, aunque mostraba sus dudas, como era normal, eran 9 malditos zombies.
-Tal vez, pero es la mejor que tenemos -dijo con determinación dispuesto a aceptar lo que tuviera que pasar. Pero antes se volvió hacia Alexia una última vez -tranquila, todo saldrá bien.
Dijo antes de guiñar un ojo y salir por la puerta, aprovechando que los zombies se habían movido.
Había llegado el momento de usar lo que mejor se le daba: el combate. Y esa pintaba una lucha encarnizada.

Estaban justo donde él quería, pero ojalá no fueran tantos, no importaba, igual podría hacerlo. Corrió hacia ellos y cuando estaba cerca del primero saltó hacia la derecha para apoyar sus pies en la pared y con el impulso del rebote dar una patada a ese primer zombie.
No perdió el tiempo en dar un rápido tajo vertical clavando el machete en la cabeza del segundo zombie. Antes de que llegaran los demás, se dio el tiempo para bajar el machete y clavarselo en la nuca al primer zombie.

Ese movimiento lo dejó algo desprotegido pues esos segundos que se tomó hizo que un zombie estuviera a escasos centímetros de atraparlo. Lo esquivo haciendo una voltereta hacia atrás que le dio la distancia que necesitaba para recuperar distancia del zombie. Aprovecho para incorporarse y adelantarse clavando el machete en la cabeza del zombie.

Un zombie se le lanzó encima pero lo esquivo moviéndose hacia un lado mientras giraba sobre sí mismo, a la par que movió el torso también los brazos con el machete en la mano que se clavó en la cabeza del zombie. Le dio una patada al zombie que lo envió contra la casa a lo que volvió a golpearlo con el machete. Pero esta vez se quedó enganchado, trato de sacarlo pero fue justo un zombie se le echó encima haciendo que el machete se le cayera al suelo. Estuvo a pocos centímetros de morderle el pecho pero Richard se lo quitó de encima con un fuerte empujón. Pero eso le dejo rodeado de cinco de ellos y antes de que pudiera hacer algo un zombie estuvo a punto de morderle el cuello pero se protegió con el brazo recibiendo el mordisco en el antebrazo.

-¡Hijo de puta! -Gritó Richard furioso y dolorido antes de comenzar a darle puñetazos en la casa con furia -eso me dejará cicatriz, cabrón.
Finalmente lo derrumbo de una patada y aplastó su cráneo con la bota. Como el resto estaba muy cerca los apartó de una patada giratoria. Ese segundo de respiro lo aprovechó para recuperar su machete y salir corriendo. No debían volver a acorralarlo de esa manera y necesitaba recuperar el aliento.

Corrió una distancia prudencial antes de darse la vuelta y esperar que llegaran los zombies, entonces le dio un tajo preciso a uno de ellos. Cayó al suelo y aprovechó para mover el machete de forma horizontal y acabar con otro. Entonces dio varios saltos hacia atrás para ganar distancia y salió corriendo en la dirección contraria a la que llevaba. Solo quedaban tres y repitió la maniobra. Tajo frontal al primero y tajo lateral al otro. Tras eso volvió a correr y situarse en una distancia segura, el virus ya luchaba contra su sistema, pero con uno podría. Espero que llegará hasta él para meterle otro tajo certero en la frente. El cuerpo cayó entero y justo entonces a Richard se le salieron las tripas por la boca vomitando todo, lo que había comido y lo que no, encima del zombie.

Caminó tambaleándose ya le empezaba a doler la cabeza, camino lento y tambaleante hacia la puerta y volvió a entrar a la cabaña. Cerró la puerta tras de él y se recargó en ella.
-Odio a los no-muertos  -profirió en bajo como si se tratara de una maldición. No sabía cuánto tiempo le quedaba consciente. Finalmente se miró la mordedura del brazo con fastidio.
-Sí, definitivamente esto va a dejar cicatriz. -por un momento se había olvidado de que no estaba solo -Me cago en los muertos.
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Desafió ganado: los mata a todos sin sufrir grandes daños
Desafió perdido: Richard es mordido


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05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
Cuando abre la puerta un impulso nace de mi y mis labios se separan a punto de decirle que no, que entre, que es una muy mala idea pero, cuando quiero darme cuenta, ya a cerrado la puerta y se esta encarando contra los muertos. No dejo de hacer sonar el cucharon a la vez que mi cara se pega al cristal para tratar de ver que es lo que ocurre fuera, donde las sombras de algunos muertos se giran para encararse contra el rubio.

Los golpes no tardan en hacerse sonar, como Richard poco a poco los va tumbando con golpes y machetazos que brillan bajo la luz de la Luna. Los no muertos se ponen ansiosos ante la llegada de carne fresca. Lo rodean. Uno más cae al suelo...
No me he dado cuenta en el momento en que mi mano dejó de hacer sonar el utensilio metálico para llevar mis dedos a mis labios y comenzar a morderme las uñas con evidente nerviosismo. No veo nada, solo unas sombras moverse de un lado a otro, golpes y quejidos. Ya no se quien es Richard y quienes son los no muertos y, siento que no puedo aguantar más cuando escucho su malsonante grito hacer eco en el bosque...

Avanzo hasta la puerta cuando los golpes terminan y, cuando voy a abrirla, el rubio magullado y sangrante aparece por esta recostándose contra el trozo de madera. Afuera todo a vuelto a la inquietante paz que había.
-¡Richard! - Exclamo mientras me arrodillo a su lado soltando tanto el cucharon como el trozo de madera. Se había herido por mi culpa... por mi estupidez... podía haber muerto... Las lágrimas brotan con un parpadeo y el sollozo se hace fuerte en segundos. -E-Es por mi culpa... Todo es por mi culpa... - Muevo mis manos hasta el trozo de tela empapado y tiro lentamente de el para ir descubriendo la herida poco a poco -Si no hubiera gritado tu no estarías así y... y... y los muertos no nos habrían encontrado y... si yo fuera un poco más... - Mis palabras cesan en el momento en el que la herida queda totalmente descubierta, viendo como de esos agujeros con forma de dientes brotaba una cantidad de sangre considerable.

Mi cara se convierte en el poema más triste y desolador que se pueda leer. Me pongo casi tan blanca como la luz de la Luna y mi mandíbula se desencaja levemente de su lugar natural. Le habían mordido. Le habían mordido por mi culpa... Como a James...

-N...No... No... No, no, no, no, no, no.... - Empiezo a repetir mientras mis piernas terminan de fallar y mi trasero toca la fría madera del suelo. No podía estar pasándome eso otra vez... otra vez no por favor... -R-Richard.. No... - Retrocedo un poco y miro la ventana en la que antes había estado. Podía haber salido a ayudarle y no lo hice y ahora iba a morir... Por mi culpa.


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Todo giraba y giraba a su alrededor mientras su mente se estaba marchando. Ya ni siquiera sabía dónde se encontraba, unos momentos estaba apoyado contra una puerta mientras la mordida ardía, y ardía tanto que tenía ganas de arrancarse el brazo. Pero luego viajaba a otros tiempos, los tiempos mejores donde tenía lo que más quería, donde su vida tenía sentido. Sería tan fácil dejarse ir, pensar que esa vez sí, que esa vez si todo terminará. Sería hermoso pensar que sería el fin del dolor, dejar ese mundo de mierda atrás, y no sería tan malo porque al otro lado le estarían esperando.

Su cuerpo perdió fuerza y su espalda resbaló por el suelo, hasta terminar sentado en el suelo, a medida que el pasado iba ganando fuerza el presente se desvanecía. Cuando estaba a punto de dejarse ir una voz lo trajo de vuelta.

Era una chica guapa que en ese momento ni siquiera recordaba, ni fue capaz de entender sus palabras, pero en cierta manera hizo que el presente recobrará algo de fuerza, era la que momentos había movido el atizador como posesa, tal vez debería hacer memoria para recordar pero no tenía fuerzas, su mente seguía desvaneciéndose.

Solo sabía que se estaba preocupando por él, llevaba tiempo en que nadie lo hacía, pero lo sabía por sus ojos, por su forma de hablar, había alguien que se preocupaba por él… y a esas alturas resultaba tan extraño, agradablemente extraño.

Cuando ella miró su herida recordó, volvió a recordar que lo habían mordido y lo que sucedía cuando eso pasaba.
-Estoyyyy bien, no me voy a conv… solo… solo no me aplaste la cabez…a.
Trato de decir, a pesar de lo débil que se encontraba, tal vez lo mejor sería no decir nada y que solo lo rematará creyendo que terminaría convirtiéndose, volvería a estar con sus seres queridos y dejar ese mundo atrás… pero saber que había alguien, no importa quién, que realmente se preocupaba por él hizo que realizará un último intento por sobrevivir, antes de caer en la negrura.


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05/10/2015 ♦️ Cabaña en algún bosque al noroeste ♦️ 23:28 ♦️ 16º
La voz de Richard llega débil a mis oídos y siento como mi corazón se encoje. Dudas. Miles de dudas vienen a mi cabeza tras sus palabras. ¿Era buena idea? Lo único que sabía hasta el momento es que si te mordían, podías decir adiós a tu vida para pasar a la no vida e ir tras todo ser vivo que estuviera frente a ti... La cabeza de Richard cae a un lado y me muerdo los labios con fuerza. ¿Qué hago? ¿Debería...? Miro el bate a mi lado y luego el rostro tapado por su cabellera rubia...

Dejo caer el cuerpo del hombre sobre el sofá y caigo al suelo resoplando por el esfuerzo. El agua olvidada hierve sobre las llamas de la chimenea y tomando con rapidez y cuidado la pequeña cacerola, tomo el paquete de comida vertiendo ahí el líquido. Lo agito un poco apretando la apertura para no salpicar nada y lo dejo reposar para volver al lado del cuerpo masculino que respiraba de forma brusca. No había sido capaz de matarlo... No sé, lo acababa de conocer pero, sus palabras... Tal vez no le habían mordido tan fuerte...

Agarro mi mochila y saco de ella el último paquete de gasas empaquetadas, suspirando fuertemente para luego posar mi vista en el brazo herida y la camiseta del rubio. Esta tan manchado de sangre que tratarlo así es una tontería... Iba a tener que hacerlo...
Me siento mal, siento que desnudar a alguien sin su consentimiento no esta bien, pero la camisa esta asquerosa y, además, así puedo comprobar si tiene alguna otra herida... Y, de igual manera que antes, mi cara se contrae en una mueca de triste sorpresa al descubrir ciertas cicatrices. Su vida debía haber sido dura, tanto antes del fin del mundo como después... Zarandeo la cabeza y me doy un golpecito en la mejilla haciendo que las marcas de las lagrimas terminaran de escurrirse por mis mejillas. Debo centrarme en lo importante ahora, curar su herida.
Rebusco entre las cosas que hay por ahí hasta que doy con una botella de agua que a saber cuanto tiempo ha estado metida en ese armario. Mojo la gasa y, tras arrodillarme al lado del sofá, comienzo a limpiar lentamente la herida mientras que, con la mano izquierda, toco la frente de Richard para notar lo caliente que esta, incrementando así mi preocupación... Él lo había dicho, que no le hiciese daño... que estaba bien... Pero, ¿y si algo salía mal?... La incertidumbre me esta matando.

Voy a la cocina y rebusco en los cajones hasta dar con unas tijeras, volviendo al salón a la vez que corto todo el borde de mi camisa para utilizarlo como venda y así sujetar las gasas a la herida. No había tenido mucho tiempo de explorar la casa en profundidad, pensé que conseguiría estar más tiempo tranquila y, la verdad es que no tenía pensado dejarlo solo ahora mismo. Termino de atarle la tela en torno al antebrazo. Repito el mismo proceso con mi camiseta para, esta vez, mojar los trozos y colocarlos sobre su frente, acomodando luego su cuerpo sobre el sofá de forma que se viese más cómodo... No tenía sentido hacer todo esto si al final se convertía pero... Esperaba que ojala no sucediera.

Bostezo con fuerza y miro las ventanas y la puerta. No me fío nada de lo que pueda suceder a partir de ahora. Así que, confiada de que lo que estaba a punto de hacer era lo correcto, muevo un par de muebles bloqueando así las ventanas, dejando como única salida la puerta principal que Yo iba custodiar... Grrr... Pero primero a comer algo.
Vuelvo al lado del paquete de comida y, tras cogerlo con cuidado, voy a la cocina a buscar un tenedor, abriendo el paquete para que un intenso olor a pasta con salsa de tomate me llene las fosas nasales. Mi boca se hace agua y me sorprendo a mi misma de como devoro los primeros trozos, casi llorando ante el sabor. Ya no me acordaba lo bien que sabía y, si acaso aquello no era cien por cien fiel, a mi me sabía a gloria... Me siento al lado del sofá donde Richard aún descansa y miro el paquete... Él también necesitará comer cuando despierte...

Me siento contra la puerta donde largos minutos antes había estado Richard agonizante, pero yo esperaba poder vigilar bate en mano toda la noche. Necesito estar despierta por si diespierta de una forma u otra- Necesito estar preparada para correr hacia afuera o hacia él. Necesito vigilar que nada ni nadie entre o salga de aquí... Necesito... Necesito... Dormir...


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