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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Recuerdo del primer mensaje :


Jugando al ratón y al gato

   
30/05/2015 ♦️ Sur de Teneessee ♦️ 5 semanas a pié ♦️ B.S.O.

Debíamos movilizar a tanta gente en tan poco tiempo, y fueron unas horas, no sólo tensas, sino de un trabajo extenuante.... podía sentir el latir de mi corazón en la cabeza, quizás los nervios me traicionase, pero intentaba mantenerme en calma, yo no era el líder de esta gente, no quería serlo. Mi compromiso no iba más allá de Emma y Leonard, dos jóvenes con los que viajé durante largos meses.... curiosamente, nos habíamos mantenido alejados de todo y todos durante mucho tiempo, pero en ocasiones las cosas se pueden liar, y es entonces cuando la casa se te llena de gente y te das cuenta de que el frigorífico está vacío.

Mis manos ayudaban a la ente a cargar sus pertrechos, e intentaba que no cargasen de más, algunos le habían cogido tanto apego a este lugar en tan sólo dos días que casi podían haber firmado unas escrituras, si en este loco mundo aún quedaran bancos. De nuevo busqué con mi mirada a la bombera, allí estaba, encima de su camión montando a toda la gente que llevaba como equipaje....

No podía tragar, de pronto me vi envuelto encabezando un convoy y atropellando a muchos caminantes, más de los que en las incursiones anteriores había visto por esta zona, caminos o carreteras. Es como si ellos también se estuviesen trasladando a un lugar donde hubiera más provisiones.... La ambulancia derrapó bruscamente cuando giré por un camino de tierra que se abría paso por la derecha, la carretera principal estaba intransitable, quince o veinte de ellos andaban por medio, como intentando decir “ey, parad, dejad que os probemos un poco”. Era tan amargo mi recuerdo, que en vez de sonreír, que era lo que tocaba ahora, dos lágrimas se asomaron a mis ojos, empecé a no poder respirar bien, a contener mi respiración mientras tomaba curvas de difícil control, esta vez miré por el retrovisor, pero no pude verla, ni a ella ni a más de tres coches atrás. El camino estaba levantando una polvareda demasiado densa a nuestro paso.

Conduje durante veinte largos minutos que por algún extraño motivo fueron apenas segundos en mi cabeza, ¿le habíamos sacado suficiente ventaja a esa horda para llegar a salvo a nuestro destino? Todos estaban muy contentos porque nos dirigíamos a una pequeña fábrica de conservas que estaba en muy buen estado, y que anteriormente, algunos de nosotros habíamos limpiado, quemado todos los cadáveres y comprobado que podríamos estar aislados del mundo exterior, al menos mientras podíamos encontrar un sitio mejor. Pero después de tanto tiempo, no creo que lo hubiera, esto lo tenía todo.



Desperté con un fuerte dolor de pierna, sobresaltado y sudoroso. Tras unos cuantos segundos de intentar calmar mi corazón y que mi ritmo cardíaco volviera a la normalidad, me incorporé como pude eché mis dos últimas pastillas a la boca, e intenté beber agua de una botella en la que no quedaba nada. Respiré profundamente guardando todas mis provisiones en una mochila vieja y gastada, la botella vacía y una manta totalmente desaliñada y que ya casi no me hacía entrar en calor.... No había encontrado el menor rastro, y esta vez, aunque había estado casi dos semanas fuera, no había conseguido siquiera insulina para Emma. Ya no me sentía parte de ese grupo, ya no me sentía parte del mundo, mi posesión más preciada era mi dolor.... con un poco de suerte, estaría de vuelta al mediodía. Apenas cinco millas para llegar a mi destino.

Silbé en señal de buenos días a Niebla, mi querido pastor belga que desde el inicio de todo siempre se mantuvo a mi lado. Mis pasos fueron creciendo su ritmo hasta llegar a una buena marcha, mis articulaciones habían calentado, y el resto del trabajo lo habían hecho los analgésicos, así que ahora seguía el sendero de vuelta, por ahí jamas había encontrado ninguna pista, y mis viajes se alejaban cada vez más del campamento base. ¿Qué habría sido de ella? Quise interrogarme a mí mismo, pero no salían palabras de mi garganta, mientras, niebla se acercaba y alejaba vigilando todos los puntos muertos desde cualquier cosa de esas podría sorprenderme, a pesar de llevar dos días sin comer aún tenía fuerzas suficientes...

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Entré al baño de la vieja casa saltando sobre la puerta que había sido arrancada a golpes y ahora reposaba en un precario equilibrio sobre la cama. Me quité la chaqueta del uniforme, que apestaba a vómito y sangre putrefacta, y abrí el grifo del lavamanos con la vana esperanza de que cayeran algunas gotas de agua, pero no hubo suerte.

Cogí una toalla del pequeño armario y comencé a frotar como pude la chaqueta para quitar, al menos en su mayor parte, la suciedad. Salí del baño y dejé la chaqueta tendida sobre la cama doble del dormitorio, luego abrí el armario de ropa y comencé a curiosear el interior. Era casi todo ropa de gente mayor: vestidos de flores, chalecos de punto... y nada que me pudiera resultar útil.

Cerré la puerta del armario con tedio y volví al salón de la casa. A paso lento, uno de mis pies chocó con la escopeta vieja que había acabado con la vida del dueño de la granja. Me acuclillé ante ella y la recogí inspeccionándola con calma, era una típica escopeta de granjero paleto, pero en lo general se parecía bastante a aquella que había encontrado casi al principio de todo esto. Seguramente aquel trasto debía de tener más años que yo, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de tener una herramienta que en algún momento podría salvarme la vida. Me incorporé sosteniendo aún la escopeta, sobre la mesa del salón había una caja de cartuchos entreabierta, quedaban algo más de la
mitad y esperaba que fueran suficientes.

[FB]_______________________________________________________________________________

Había despertado aturdida y con un ensordecedor dolor de tripa, me sentía como si no hubiera comido en varios días, y la enfermera me explicó que así era. Después de llegar al parque de bomberos me habían tenido sedada unos cuantos días para que me recuperase de la herida, y las dos niñas, Sally y Meredith, no se habían separado de mi cama en todo momento. La segunda se acercó a mi cama con un rostro muy serio y la escopeta en sus manos, se plantó ante mí y me habló con firmeza.

-Bueno, creo que te hace falta aprender a usar esto. Esta es una Ithaca 37, es una escopeta del calibre 12, a esta le entran ocho cartuchos, es de las buenas.- Meredith abrió la escopeta con una sorprendente habilidad y volvió a cerrarla, para mostrarme el sonido que hacía. -Es muy simple, tienes que apoyar la culata en el hombro, apuntas, y luego aprietas el gatillo, y bueno, cuando ya lo has hecho, tienes que tirar de la corredera para que se cargue otro cartucho.

En ese momento apenas podía concentrarme en lo que la niña me estaba explicando, no debía tener más de doce años, pero su cara y el sonido de su voz, sobre todo sus palabras, me hacían sentir que ella había vivido ya una vida entera.

-¿Cómo puedes saber eso?-
le pregunté anonadada.

-Aquella mujer que estaba en el piso no era mi mamá, supongo que lo imaginabas.-
comenzó a explicar la niña -Mi padre es un delincuente, se ha dedicado toda su vida a asaltar gasolineras, saquear casas y planear atracos a bancos que nunca funcionaban. Salió hace pocos meses de la cárcel, y bueno... vino a buscarme a casa de mamá, y me llevó consigo.- terminó el relato extendiéndome el arma. -Quédatela y aprende a usarla bien. Será mejor que no te separes mucho de ella.

[FB]_______________________________________________________________________________


Cogí la caja de cartuchos que había en la mesa y me dirigí con ella al dormitorio, la guardé dentro de uno de los bolsillo de la chaqueta que seguía extendida sobre la cama. Con el puño de la camisa limpié el polvo de uno de los cristales de las ventanas del dormitorio, ya estaba amaneciendo, iba siendo hora de ponerse en marcha de nuevo.

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Niebla corría de un lado a otro buscando con qué entretenerse, mientras y ahora con bastante más luz que cuando llegué, recorrí de nuevo los alrededores del camión buscando alguna pista, ya no de qué había ocurrido allí, sino la evidencia de que ella no estaba mal.... A intervalos no armónicos un pequeño gemido o rugido, no sabría distinguirlo, de la pequeña Sally llegaban atenuados hasta mis oídos, y me helaban el alma. Yo había conocido a esa niña jugando, corriendo y siempre feliz a pesar de lo que ya había vivido a su corta edad, no entendía como pudo pasarle algo así, y cómo Vernice, que se desvivía por todos nosotros, había sido incapaz de protegerla. Eso me llevaba a otra pregunta que me angustiaba más aún. ¿Y ella? ¿Qué había sido de ella? No encontré ningún rastro que después de cuatro meses de búsqueda insaciable no hubiese tenido la más mínima respuesta a mis súplicas.... me encontraba tan agotado que tan sólo quería tener la certeza de que ya no debía seguir buscándola.



Era un edificio de paredes blancas, ella estaba herida, y yo con mis pocos o muchos conocimientos sanitarios, era lo más parecido a un médico que había, así que me atreví a coser por primera vez. Su herida empezaba apenas un par de centímetros por encima de su cadera y llegaba casi quince centímetros hacia el muslo, aunque no parecía excesivamente profunda, a todos nos impresionó.

No contaba con anestésico así que tras una fuerte carga de analgésicos y antibióticos procedí a coserla
torpemente. Recuerdo haber pasado varios días junto a ella, vigilando constantes, comprobando que no hubiera fiebre y cambiándole el suero para que estuviese hidratada, ya que permanecía inconsciente.

Tras el accidente me sentía como en casa, quizás el cielo tras mandarnos toda esta incertidumbre nos hubiese querido dar un descanso después de casi conseguir que la perdiera. Alguno de los chicos encontraron provisiones y en la terraza del edificio hacíamos pequeñas barbacoas incluso con comida enlatada.....

Comenzó a recuperarse levemente, ocultando el dolor bajo una pausada cojera que yo quería imaginar que era por la tirantez de los puntos. En una de esas fantásticas barbacoas en las que todo se nos había olvidad, recuerdo que me dio las gracias sentada tras de mí. Estuvimos hablando durante bastante rato, mientras el fuego se iba consumiendo, y avivaba mi esperanza porque algún día, pudiésemos compartir.....

....Podía sentir incluso el calor de mi cara cuando pensé esto por primera vez. Ella acariciando mi pelo, dijo sonriendo:

-No te preocupes Gilbert, pronto mejoraré, y ha sido gracias a tu valentía al detener la infección que se hubiese causado si no hubieras actuado.

Esas palabras fueron las que me lanzaron a buscarla, ella sabía que lo que nunca se conseguiría era lo que nunca se intentaba. Ella me hizo ver que tenía que seguir adelante, hasta encontrarla viva, o una muestra de que ya no lo estaba.



Volví a la realidad, y tras comprobar que no había ningún casquillo de bala, comprendí que por extraño que pareciese no había podido disparar. Eso si era típico de ella. Lo más fácil hubiera sido correr en dirección opuesta a donde había caído el camión, aunque también es cierto que continuar en dirección por donde había venido el camión me llevaría de vuelta a la fábrica. Suspiré varias veces antes de tomar la decisión y di gracias porque la pistola no funcionase.

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Recordé la carta que había dejado sobre la mesa de la cocina y volví a por ella, di un par de vueltas por la habitación hasta dar con un rotulador y escribí en el sobre, justo encima de la anotación ya existente:

"No es necesario que entres, ya no queda nada Karen."


Lo más seguro era que esa persona jamás volviera por aquí, puede que pasaran lustros o décadas antes de que alguien volviera a entrar en esta casa, pero si por algún casual venía, y era, tal y como suponía, familiar de los caminantes de la casa, no se merecía ver lo que ahí dentro había pasado. Nadie se merecía ver algo así.

Con la carta en la mano volví al dormitorio. Me puse la chaqueta, que no había perdido del todo el olor pero al menos no tenía ya residuos encima, y guardé también las dos latas de cerveza que habían sobrado de la noche anterior, en los bolsillos, ahora mismo no me apetecía ni siquiera tenerlas cerca pero seguramente más adelante las podría echar en falta. Busqué entre los cajones y repisas hasta dar con un rollo de cinta adhesiva, y salí al porche de la casa.

Cerré la puerta apalancada, antes o después era posible que se abriera con el viento, pero intenté dejarla todo lo encajada que pude, y con la cinta dejé el sobre pegado sobre la puerta, sujeto por todos los extremos para asegurarme de que permaneciera allí durante bastante tiempo. Saqué de uno de los bolsillos de la chaqueta el spray de pintura, y lo lancé al aire dando un par de vueltas mientras decidía si hacerlo o no. Al principio, solía elegir muy concienzudamente los sitios en los que dejar la marca: que fueran bien visibles desde lejos, superficies despejadas, que contrastara bastante el color de la pintura... ahora, casi había cambiado el motivo por el que lo hacía y dejaba las marcas en cualquier punto que yo pudiera reconocer del sitio en que había estado. Suspiré observando el bote de pintura girar en el aire, y volví a cogerlo al vuelo. Agité el bote de spray y comencé a marcar el graffiti sobre la fachada del porche de la pequeña casa, cubriendo con la pintura puertas, paneles de madera e incluso el vidrio de las ventanas. Me alejé un par de metros para contemplar el dibujo desde lejos, cualquiera que se acercara a la casa lo suficiente podría verlo, pero muy pocas personas en el mundo podrían entender qué quería decir.


[FB]_________________________________________________________

Eran apenas las 18:22 de la tarde cuando el volvíamos por fin al parque. El aviso nos había hecho salir antes de la una del mediodía y por tanto, de la hora de almorzar, así que mi estómago rugía furioso y sentía tanta hambre que me habría comido hasta una piedra. Observé por la ventanilla lateral y me relamí inconscientemente viendo el Porshe Cayenne aparcado en las inmediaciones del parque.

Bajé de un salto del camión, me quité apresuradamente el uniforme dejándolo en la percha correspondiente y corrí hacia el comedor pensando en el festín. Nada más atravesar al umbral pude ver la gran caja de pasteles vacía, ni migajas habían quedado, y Gilbert de espaldas a mí, se rascaba la cabeza contemplándola.

-No me lo puedo creer... ¿No ha quedado nada?

Gilbert me miró como si le hubieran dicho que tenía que correr delante de fieras salvajes, y no lo decía por su pierna, sino por lo poco adicto al peligro que era.

-¿Qué? ¿Me pongo en medio y digo que no? ¿Con cuántos crees que podría...? De uno en uno, sin hacerme daño.-
habló encogiéndose de hombros. -Aunque pudiera detener a cuatro abriendo los brazos, saldrían manos de todas partes cogiendo pasteles. Ha sido un horror, la visión me la llevaré a la tumba.

-Vale, esto no puede seguir así.- los compañeros dormitaban en su mayor parte en la sala de descanso, y los demás se habían ido a las duchas, por si acaso, busqué un folio en blanco, un rotulador y tiré de la mano de Gilbert hacia una esquina del pasillo lejos de la mirada de todos. -Mira, esto será así a partir de ahora...- hablé con media lengua por fuera mientras dibujaba la señal en el folio. -Lo colgaré en mi ventana todos los días antes de que llegues. Si la VV está boca arriba significa que puedes entrar... Si está boca abajo, es porque he salido, da un par de vueltas hasta que nos veas entrar o haya cambiado la orientación del folio.

[FB]____________________________________________________________


A día de hoy, todas las marcas que dejaba, tenían el símbolo boca abajo...

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Saqué de mi bolsillo una hoja de papel de calco, tomé la ramita pequeña que llevaba a modo de lápiz en el bolsillo y volví a hacer una rayita, las conté: 17. Había estado andando en una dirección durante siete días, y otros siete de vuelta. Ahora aún sin saber dónde estaba, sabía que me había, no sólo desviado un día de camino, sino que además, aún podían quedarme varios antes de llegar a mi destino, que no era otro que la fábrica. Así que suspiré profundamente intentando oxigenar mi cerebro y esta vez no equivocarme ni tomar una decisión que me perdiera, era importante no volver a hacerlo....


-Ey Gilbert, ponte aquí con nosotros, rápido.- dijo el capitán de la compañía 27.

Todos los chicos incluida Vernice, estaban al lado del camión tres, la autobomba grande y majestuosa, donde solían sacarse fotos siempre que volvían de una gran intervención....

Al parecer y según venían contando con euforia, las llamas se extendían desde el segundo al noveno piso. La escala colocada a media distancia intentando refrescar los pisos superiores, y desde abajo con grandes mangas, seguramente de 40 o más pulgadas, anegando en agua los pisos inferiores. Tampoco entendía mucho del tema. Sólo sé que no hubo víctimas, que consiguieron apagar el fuego pasando de una azotea a otra y atacándolo desde arriba y desde abajo. Todo en menos de seis horas. A pesar de ver sus caras de cansancio, para ellos era importante sacarse esa foto..... Los servicios de emergencias tanto sanitarios como de la policía, tan sólo estuvimos presentes viendo la gran actuación de estos equipos de bomberos.

-Vamos Gilbert, no remolonees.- insistió ahora Lenny, al que quizás, sin poder llamarlo amistad, era el que más veces me dirigía la palabra.

“Gilbert, has traído pasteles?” “Gilbert, has venido tarde” “Oh el día que traigas café será perfecto” Qué cabrón, pensé mientras me negaba a ponerme en la foto.

Lenny cogió la gran cámara y dijo. -Esta primera la saco yo, rápido.- y me empujó para que me pusiera.

Todos abrieron lugar para que me colocara al lado de ella, que no decía nada, y aunque no creo que le importase, tampoco dijo nada al respecto. Sólo sonrió al acercarme y Lenny empezó a sacar fotos.

-Quietos, no os mováis por favor, un segundito. Joder Carl, he dicho que no te muevas... -
Me extrañó, y de repente gritó.- ¡Ahora!

Y todos salieron corriendo empujándonos uno contra el otro. Ella me miró extrañada moviendo la cabeza. Al llegar arriba, Lenny me dio la foto, cuando todos salieron corriendo disparó la cámara sacándonos tan sólo a ella y a mí. Me sentí avergonzado y la escondí rápidamente en mi bolsillo. ¿Por qué lo había hecho? Me sonrojé sin saber por qué y me dio tanta vergüenza que....

-Chicos, tengo cosas que hacer, ya nos vemos la semana que viene.- sin siquiera despedirme de ella salí corriendo escaleras abajo.

Aún recuerdo que quince minutos después aún seguía rojo, avergonzado, y esa sensación volvía a mí al contemplar la foto. Al empujarnos parecía que su cabeza estaba apoyada sobre mi hombro.




Volví a mirar la foto, vacié mi cartera dejando todo lo que tenía dentro allí, tan sólo guardando mi carnet de sanitario y mi preciada foto dentro. Sonreí, volví a tomar aire, y continué por la dirección en la que ella debía haber huido. La misma línea que marcaban la cabina del camión y la pistola.

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Dejé la pequeña casa y me dirigí hacia el primer cobertizo, el más pequeño, no estaba dispuesta a marcharme con las manos vacías y dos latas de cerveza no eran un buen botín como para darme con satisfecha. Apalanqué la puerta con el martillo y tras un par de crujidos cedió abriéndose de par en par hacia el interior de la pequeña caseta. No se veía demasiado bien el interior a causa del polvo acumulado en los ventanucos, pero cuando mis ojos se habían adaptado a la penumbra, di con una repisa cargada de tarros de cristal con conservas caseras y algunos medicamentos que enseguida guardé en mi mochila, nunca se sabía cuándo podían ser necesarios.

-Oh, sí, ¡gracias parientes de Karen!- grité girando la cabeza hacia la casa de granja, como si intentara que ambos caminantes muertos me escucharan.

Abrí uno de los tarros y metí los dedos rebuscando alguna pieza de verdura en su interior, la salmuera hacía que me escocieran las gritas de los dedos, pero no me importó demasiado. Conseguí pescar un pepinillo y me lo llevé a la boca con desesperación. Ni siquiera me di tiempo para comprobar si estaba bueno o no, masticaba rápido tragándome los trozos casi enteros, y luego volvía a buscar otro, repetidamente hasta terminar el tarro.


[FB]______________________________________________________________________________

Desde que había cumplido ocho años, solíamos pasar todos los veranos en la finca de los abuelos, eso fue después de que mi abuelo materno muriera, de otro modo, papá nunca se había atrevido a volver al pueblo. Aunque era muy pequeña para entenderlo, solía escuchar las historias sobre cómo papá había tenido que salir huyendo mientras el Abuelo Francisco lo perseguía escopeta en mano gritándole que era un ladrón y un malnacido.

Aquella tarde, la tía María Estrella se había puesto a preparar conservas, y yo maldecía por lo bajo. Hacía un día perfecto, soleado y no demasiado caluroso, y los primos jugaban al fútbol en el patio o trotaban a caballo en el picadero. Demonios, ¿por qué las niñas teníamos que quedarnos toda la tarde en la cocina a meter verduras en tarros?

-Humgf.... me aburro...-
refunfuñé entre dientes.

-No seas así Vernice, aprende lo que te está enseñando tu tía que algún día te será útil.- me regañó mamá, quien hacía lo que fuera por intentar volver a reconciliarse con la familia.

Mientras pelaba y dejaba caer las verduras en los tarros, no podía quitar la vista de la ventana, la gran planicie cultivada se extendía más allá y me estaba llamando con todas sus fuerzas. Mis tías y mi madre se habían enfrascado en una conversación sobre una tal Rosita Linda Gutierrez que era una ligera de cascos y nosequé más, así que aproveché la ocasión y me dejé escurrir debajo de la mesa sin que lo notaran demasiado, y salí corriendo al patio, antes de que tuvieran tiempo de darse cuenta para gritarme que dejara de llenarme el vestido de tierra. [FB]_____________________________________________________________________________



Mis dedos tocaban ya el fondo del tarro y comenzaba a dolerme el estómago por comer tan rápido, así que me detuve y frené el deseo de abrir otro bote más. Rebusqué por la caseta hasta dar con una vieja cartera de cuero, la llené con unos cuantos botes más, no demasiados, sólo los que cupieran sin resultar demasiado pesados, y me la colgué a la espalda.

Salí de nuevo al exterior y reemprendí la marcha hacia el este, dejando pronto la granja a mis espaldas, antes de decidir si dirigirme o no a la fábrica quería comprobar si el maldito laboratorio seguía dónde lo había dejado dos meses atrás.

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